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—Despierta.. —escucha una voz.
Al ponerse de pie, observó: alo lejos veía unas antorchas clavadas en el suelo, daban un poco de luminosidad. Eso la llena de entusiasmo, se sentó como pudo y se tocó el rostro. Sintió una herida en su lado derecho.
—Me duele...
—Te pasó por descuidada, habías visto el precipicio y fuiste igual.
—Tienes razón, veo antorchas, quiero ir a ver qué es.
Se puso de pie, al avanzar 2 metros, se tropezó con algo. Su cuerpo fue hacia adelante. Aunque detuvo la caída con ambas manos. Mira por encima de su hombro, se espantó.
—¡Dios mio..!
Un cuerpo, un cuerpo sin vida, estaba arrojado en el suelo. Tenía puesto un vestido, de esos de hace 300 años. No podía verle el rostro, estaba mirando a una dirección contraria.
Asustada, se acercó. Tocó el pulso, y no lo encontró.
—No deberías hacer eso... ahora dejarás tus huellas puestas en ese... Cuerpo misterioso.
—Pero hay que ver si está bien ¿no
..?
—Efectivamente está muerta.
Ella dió una mueca, rodeó el cuerpo, y se asustó. Ella era misma, vestida de época.
—¡Soy yo..! Soy yo... —murmuró completamente asustada.
Dejó caer su cuerpo, sintió el césped húmedo en su trasero.
—¡Levántate!, tiene que tener una explicación.
—No, estoy muy asustada. No puedo parar de verme, estoy con los ojos cerrados y sin pulso.
—Estás viva, tal vez... lamentablemente sea una hermana gemela o algo así.
—Sí, tienes razón.
Se puso de pie, se quitó las lágrimas y comenzó a caminar. Se acercó a aquellas antorchas, la luz le transmitía un poco de confianza y menos ansiedad.
La noche era espesa, sentía que los árboles las estaban tragando en la oscuridad. Suspiró de alivio, aunque se giró. Observando al cuerpo, apenas se veía por la oscuridad.
—Tienes que avanzar —la regañó.
—Entonces... Supongo que eres mi conciencia —dijo mientras daba pasos inseguros.
—Supongo que sí.
—¿Por qué te escucho?, ¿por qué estamos teniendo una conversación en este momento?
—No lo sé, tal vez lo haces a propósito para no sentirte sola.
La joven asintió, al terminar el pequeño camino iluminado, se sintió más aliviada. Sin embargo, algo le inquieto.
Encontró frente a ella, una gran puerta de madera. Más bien, era un portón de 4 m de ancho, y muchos metros para arriba. Para ella, era un sitio bastante inquietante y más por su pequeño tamaño.
Dió un leve golpeteo, estaba asustada y no sabía a quién recurrir. Las puertas se abrieron de golpe. Dió un paso hacia atrás, del susto.
No sabía que encontrar, y sobre todo a quién vería.
Los minutos bastaron para tragar saliva, sentir los latidos de su corazón golpeándole el pecho. Cuando tuvo visibilidad del otro lado, vió las patas de un caballo. Al seguir levantando la vista, encontró a un hombre. El hombre más guapo que había visto en toda su existencia.
"¡Es hermoso..!"
Cabello rubio, unos ojos azules y una piel sumamente blanca. Había puesto una sonrisa de adorno, y unos músculos, que decoraban su cuerpo.
—Buen día princesa —comentó con una voz ronca y sensual.
—Hola —comentó.
—¿Se encuentra bien..? la estábamos buscando.
—Estoy bien.
—Lo lamento, algo le ha pasado —dijo y dejó de mirarla. Ella no entendió, hasta que él volvió a hablar: —Está con ropa interior —miró a su costado y dijo:— tú dale algo a nuestra princesa.
—Enseguida señor.
Una mujer un poco regordeta, quien al verla, se aproximó y la envolvió en una manta.
—Gracias, tenía frío.
—¿Y tú quién eres..? —preguntó.
—Pues soy Elian, el príncipe ¿Acaso no me recuerdas..? —preguntó un poco confundido.
—En verdad no, ni siquiera sé dónde estoy, ni cómo me llamo.
—Entra, seguramente el rey te debe estar esperando.
No dijo nada, prefirió ser parte del silencio de la noche. La subieron al caballo y ella nunca había estado en uno o eso recordaba.
—¡Me voy a caer.! — bociferó.
—Tienes que calmarte —la regañó de nuevo esa voz y ella asintió.
No lo haría sola, además delante de ella estaba el príncipe. Lo abrazó, sentir su calor debajo de sus manos, la llenó de una satisfacción extraña. El príncipe ni se inmutó. Aunque no comprendían dónde estaba, ¿acaso aún existía la monarquía?
No tuvo mucho tiempo de pensar, el caballo se detuvo, y todas las personas a su alrededor también lo hicieron.
A lo lejos, o mejor dicho a pequeños metros de distancia, se alzaba como una especie de Castillo.
"¡Es un castillo!"
Asombrada abrió los ojos con sorpresa.
—Llegamos.