Capítulo 2

Punto de vista de Angélica:

Durante la primera clase estuve distraída, de hecho, no escuché ni una palabra de todo lo que dijo el profesor. Y no solo eso, podía sentir a César mirándome todo el rato. Una vez que terminó la clase, me mordí los labios con fuerza, sostuve el dobladillo de mi falda y fijé mi vista en él con valentía.

Estaba rodeado de un grupo de chicas y algunos chicos. Pero, él parecía un dios en medio de ellos. Él estaba sonriendo inocentemente, haciendo que las chicas babearan por ello.

Al notar como todos mis compañeros pensaban que era un buen chico, sentí un pequeño dolor en mi corazón. Yo ya sabía que aquella actitud encantadora era una actuación para poder engañar a personas desprevenidas. César realmente era malvado y cruel por naturaleza, sin duda alguna era la reencarnación del diablo.

Durante esos últimos cuatro años, siempre me pregunté a mí misma por qué él había intentado abusar de mí. Sin embargo, lo que más me angustiaba, era que no se arrepintiera en absoluto. La sonrisa malvada que me había dedicado aquel día en tribunal quedó grabada en mi memoria. Por alguna razón, él había actuado como si me conociera, pero yo no sabía quién era.

Lo conocí ese día tan desafortunado. Yo solo era una chica buena con una vida normal. Nunca me metí con nadie, así que no me imaginé que alguien quisiera vengarse de mí. En ese instante, tenía un dolor de cabeza terrible, por lo tanto, ya no quería pensar más en el pasado.

"Angélica, ¿qué pasó? ¿Por qué llegaste tarde hoy?", preguntó Isabel, mi mejor amiga, mientras caminaba hasta mi asiento con una expresión inquisitiva en su rostro.

"No pasó nada, solo me desperté tarde", respondí con simpleza.

"De acuerdo. ¿Conoces a César?".

Mi corazón dio un vuelco ante la mención de ese nombre, y todo mi cuerpo comenzó a temblar al tiempo que sujetaba mi falda con fuerza.

"¡No, no lo conozco!", negué rápidamente, cerrando inconscientemente mis piernas con fuerza.

"¿Qué? Pero él dijo...".

"Isabel, por favor ayúdame a pedir permiso. No me siento bien". Al terminar de hablar, guardé mis libros y mi material en el bolso.

El miedo que tenía estaba incrementando. No podía olvidar la mirada maligna que tenía César al llamarme "puta" unos momentos atrás. Instantáneamente, un escalofrío recorrió mi columna, y tenía pánico de sofocarme si me quedaba un minuto más.

Después de reunir el valor suficiente, sujeté mi falda y me levanté. ¡Bang! La silla se estrelló contra el piso al levantarme tan rápido; el sonido fue tan fuerte que todos voltearon a verme. Incluso las que estaban babeando por César fijaron su atención en mí.

En seguida, me puse pálida. Algunos comenzaron a murmurar y a mirarme con ojos sospechosos. Todos pensaban que actuaba de manera extraña, así que aparté mis ojos de sus expresiones interrogantes y decidí marcharme. Pues, las cosas se complicarían si me veían entrando en pánico. Así que salí corriendo lo más rápido que mis piernas me permitieron.

Al tiempo que el horrible suceso de aquella noche se repetía en mi cabeza una y otra vez, podía escuchar la voz de ese demonio, la cual me decía que me quedara tranquila. Lloré con fuerza y seguí corriendo, mi vista estaba borrosa debido a las lágrimas. Por fortuna, el pasillo estaba vacío, por lo que no me topé con nadie.

Así que seguí mi camino hasta el estacionamiento. Jadeé intentando tomar aire, y apoyé mi peso sobre un auto que estaba cerca. Mi corazón latía rápido, estaba muy cansada. El estacionamiento no tenía mucha iluminación, y pocas personas iban allí durante el horario escolar. Pero, de repente, comencé a escuchar pasos. Entonces, me agarré el pecho, y contuve la respiración para voltear hacia el sonido.

"César", murmuré asustada.

Él se acercó majestuosamente. La tenue luz hizo reflejos en su cabello negro, pero no podía ver bien su rostro. Sentía que tenía el corazón en la boca mientras más se acercaba él. Era la última persona que quería ver.

'¡Huye!'.

Eso era lo único que pensaba.

Al instante, corrí rápidamente hacia mi auto y abrí la puerta. Y justo cuando me iba a sentar, un par de manos me apartaron para cerrar la puerta de nuevo.

"Estudiante número uno, ¿a dónde crees que vas? ¿Acaso intentas escapar de mí?".

Mientras me hacía esa pregunta en un tono cruel, colocó sus manos al lado de mi cuerpo y me atrapó. Me apoyé contra el frío auto y quedé estática. Hice un sonido de miedo, no quería abrir mis ojos y verlo.

"Ah, ¿quieres subir al auto? Entonces, ¿quieres que continúe lo que inicié hace cuatro años? ¡No te preocupes, haré lo que tú quieres!".

Tras esas palabras, César abrió la puerta del auto, se sentó en el asiento del conductor y me llevó con él. Luego, hizo que me sentara sobre su regazo.

La puerta estaba entreabierta, pero igualmente me costaba respirar, puesto que su aura maligna me ahogaba.

"Quédate tranquila. ¡Déjame ver!".

César usó una de sus manos para sujetarme con fuerza. Se me puso la piel de gallina mientras temblaba.

Él levantó la falda de mi uniforme y metió la mano por mi ropa interior.

"¡No! ¡Por favor, no lo hagas!", grité y supliqué. Sentí mi cuerpo débil mientras las lágrimas caían nuevamente por mi rostro.

En ese instante, haciendo caso omiso de mi súplica, acercó su dedo índice a mi lugar más privado, sin inmutarse. Después, comenzó a frotar mi clítoris con la yema del dedo.

De repente, sentí el bulto de su virilidad en mi trasero. Me encogí debido a su toque mientras seguía temblando.

"Déjame ir. ¡Por favor!".

"¡Uhm! Estás muy mojada. Tu líquido se está deslizando sobre mi dedo. ¡Mira!", dijo César, para luego retirar la mano e intentar mostrarme.

De inmediato, giré la cabeza rápidamente, negándome a ver. Él me obligó a mirarlo, volteando mi cabeza sin piedad. Sin embargo, en un ataque de ira, retorcí mi cuerpo y lo abofeteé.

Su rostro instantáneamente se volvió sombrío y me empujó fuera del auto, haciendo que cayera al piso. No tardé mucho en sentir un dolor fuerte en las rodillas, puesto que estaban raspadas y llenas de sangre.

Él salió del vehículo con una expresión macabra y se puso en cuclillas frente a mí. Luego, señaló su otra mejilla y dijo: "Vamos, pégame en esta también".

Lo miré y no dije nada, preferí no hacerlo.

"¿Qué esperas? ¡Hazlo!", rugió enojado.

Me asusté por su grito y cubrí mis heridas para suplicar como una niña.

"César, por favor, ¿por qué me haces esto?".

"¡Ja, ja! Eso es porque... Eres mi presa", dijo él, para luego sacar su lengua y lamer sus labios lentamente. "Angélica, mi buena chica. Te he echado tanto de menos. No pude sacarte de mi mente durante estos últimos años. ¿Cómo está tu madre? ¿Sigue moviéndose libremente en este mundo?".

Aunque sus palabras habían sonado raras, no les presté mucha atención. Lo único que quería era huir de ese chico malvado antes de que me hiciera más daño.

Sin pensar demasiado, levanté mi mano para abofetearlo de nuevo. Sin embargo, él fue más rápido, y agarró mi muñeca con fuerza. Fue entonces cuando notó las manchas de sangre en mis dedos, luego, fijó su vista en mis rodillas y vio que estaban heridas.

"¡Ay, Dios mío! ¿Te duele?".

Su pregunta me dejó completamente sorprendida. Incluso había sonado un poco preocupado. O, pensándolo bien, quizás solo fue mi imaginación.

Entonces, reuní lo que me quedaba de fuerza y lo aparté. Y debido a mi inesperado movimiento, él cayó al piso. Mientras se retorcía de dolor, aproveché para subir a mi auto y cerré la puerta.

"¡César, pervertido! ¡Eres el diablo en persona!", exclamé, llorando de manera desconsolada.

Y aunque estaba un poco a salvo, no me atreví a verle la cara, puesto que su expresión tal solo me asustaría más.

Así que sin esperar más, puse el motor en marcha y pisé el acelerador. Manejé rápidamente fuera del estacionamiento sin mirar atrás.

"¡Mamá!", grité con tristeza tan pronto abrí la puerta de la casa.

Pero, aunque llamé varias veces, nadie me respondió. La sala también se encontraba vacía, parecía que ella no estaba. Encontré eso raro ya que mi madre debería haber salido del trabajo en ese momento. Una extraña sensación se implantó en mi pecho. Algo estaba mal. Me coloqué las pantuflas y entré.

Allí, encontré una nota en la mesa de la sala de estar, justo al lado del florero. Era la letra de mi madre, y decía: "Querida Angélica, tuve que salir a un viaje de negocios de emergencias. Cuídate en mi ausencia. Te llamaré. ¡Te quiero!".

Al terminar de leerla, sentí mi corazón hundirse y dejé la nota sobre la mesa. Estaba tan asustada que simplemente caí sobre el sofá. En esa situación tan difícil, debía quedarme sola. Mi madre tenía un viaje de negocios, por ello no podía contarle mi problema.

Mientras más recordaba los toques de César, más me asustaba. Y después de pensar mucho tiempo en qué hacer, decidí llamar a mi mamá.

"Hola, querida. ¿Regresaste hoy temprano de la universidad?", dijo ella.

"Sí. Mamá, ¿cuándo vuelves a casa?", pregunté.

"Ay, cariño. Lo siento, pero no sé exactamente cuándo terminaré. No te preocupes, te lo diré cuando haya una fecha segura".

"Mamá, yo... Te extraño".

"Mi bebé, yo también lo hago. No suenas muy bien. Además, ¿por qué volviste tan temprano? ¿Pasó algo en la universidad?".

"¡Él volvió!".

"¿Quién?".

"¡César Hernández!", solté con fuerza, mientras apretaba el puño.

"¿Eh? Angélica, no hablemos de eso ahora. Volveré a casa de inmediato cuando termine mi trabajo".

"Mamá, sabes lo que él me hizo, ¿no es así? Todavía estoy intentando recuperarme de ese horrible incidente. Ahora ha venido a arruinar mi vida en esta ciudad. ¿Por qué me hace esto?".

"Escúchame. Hay algunas cosas que no puedes saber, no importa qué tan curiosa seas. Espera a que vuelva. Entonces, lo manejaremos. Te amo. ¡Adiós!".

En ese momento, quería abrirle mi corazón a mi madre, pero ya había colgado.

'¿Qué debo hacer ahora? ¿Cómo puedo alejar a ese demonio? ¡Ah! ¿Y si viene a mi casa? ¿Cómo me defenderé?', al pensar en ello, mi miedo se intensificó. No podía ni imaginar lo que me haría estando sola.

Sostuve el celular en mis manos, estaba aturdida sentada en el sofá. En la mesa junto a este, estaba nuestra foto familiar. La tomé y la sostuve en mis brazos, mientras más lágrimas recorrían mi rostro.

"Papá, cuánto deseo que aún estuvieras aquí conmigo".

Como era alguien indefensa estando sola, decidí llamar a mi novio, Félix.

"Hola, Félix. ¿Puedes venir a mi casa para hacerme compañía?". "Está bien, nena. Voy en camino", respondió él de manera cariñosa.

Treinta minutos después, alguien llamó a la puerta, así que me apresuré a abrir sin mirar quién era. Luego, mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a mi novio allí parado y, rápidamente, lo abracé con fuerza.

"Bebé, ¿qué pasa?", preguntó Félix preocupado, mientras palmeaba mi espalda. En ese momento, me di cuenta de su preocupación por su tono de voz.

"Quiero ir a una nueva universidad...".

Él, al ver mi humor, me abrazó con fuerzas mientras seguía con sus caricias.

"¿Qué pasó? ¿Por qué ahora, tan de repente?".

"Ehmm... No es nada". Sacudí mi cabeza y sorbí por la nariz.

"Cariño, ¿has estudiado demasiado estos días? ¿Estás descansando? Creo que necesitas relajarte".

A pesar de saber que Félix estaba genuinamente preocupado, no me atreví a contarle nada acerca de César. Estaba segura de que él se volvería loco si le contaba, y seguramente querría enfrentarlo. Desafortunadamente, César no nos dejaría ir tan fácil. Ese chico era un demonio despiadado.

Tras ello, Félix colocó las manos sobre mis hombros y me llevó a la habitación. De manera gentil me ayudó a acostarme y me metió en la cama.

"Que duermas bien. No pienses en nada. Estaré contigo todo el tiempo. No te preocupes".

Luego, me dio un beso en la frente y sonrió. Al sentirme tan segura, me dormí al cabo de unos minutos. Sin embargo, escuché a lo lejos a Félix hablar con Isabel mientras yo descansaba.

Capítulo 3

Punto de vista de Félix:

Luego de arropar a Angélica en la cama, vi como se quedaba dormida casi de inmediato. Unos minutos después de eso, recibí una llamada de Isabel. "Oye. ¿Qué tal va todo?".

"Ella acaba de dormirse. Debemos esperar un poco más. Quiero asegurarme de que esté totalmente dormida".

"¡Apresúrate! ¡Puaj! Te he estado esperando durante mucho tiempo. Mi paciencia se está agotando".

"Isabel, por favor, espera un poco más. Prometo ir pronto. Sé buena niña".

Le aseguré en tono dulce.

Una hora después, salí de la casa de Angélica, cuando estuve completamente seguro de que estaba dormida y no notaría mi ausencia. Cuando abrí la puerta de la casa de Isabel, lo primero que vi fue a ella acostada en el sofá de manera provocativa con una copa de vino en su mano.

Llevaba puesta una lencería de encaje y podía ver sus pezones. Su rostro estaba sonrojado, y sus labios estaban más rojos de lo habitual debido al vino. Al mirar todo su cuerpo, tragué saliva y me comenzó a doler la entrepierna debido al deseo.

Isabel me miró con cariño, y comenzó a caminar seductoramente hacia mí. Luego, acercó la copa a mi boca.

"Finalmente llegaste. ¿Esa estúpida está dormida?", preguntó ella, con desprecio.

Ignoré sus palabras y tomé su mano, para luego colocar su dedo índice en mis labios y chuparlo seductoramente.

"¡Cariño, es tan dulce!".

En ese momento, pude sentir a mi virilidad reaccionar ante la belleza que tenía frente a mí. Lo único que quería era explorar su cuerpo.

"Dices que soy tu cariño, pero siempre me haces esperar cuando tenemos una cita...", se quejó Isabel, en tono coqueto.

Sin embargo, en lugar de decir algo para consolarla, preferí tomar su barbilla y besarla. A pesar de que giró su cabeza para evadirme, pude rozar brevemente sus húmedos labios.

"¿Sabes la manera tan estúpida en que actuó esa perra hoy? Incluso intentó seducir al nuevo...".

Mientras ella hablaba, yo tan solo podía sentir el impulso de mi cuerpo intensificarse. No podía esperar para besarla de nuevo. Así que a mitad de su habladuría, capturé sus labios y la besé apasionadamente. Hice un recorrido desde su cuello hasta el escote.

"Pequeña sirena. Déjala tranquila. No hablemos de algo tan insignificante. ¡Divirtámonos esta noche!".

Sin avisar, la sostuve en mis brazos mientras continuaba con el beso, luego, la llevé lentamente hacia el balcón. Una vez allí, presioné su cuerpo contra la barandilla y besé lentamente su cuello tan blanco como la nieve. En eso, bajé mi mano hasta la ropa interior y la toqué hábilmente. ¡Ella estaba empapada! Al instante, Isabel no pudo evitar gemir de placer. Al ver que reaccionó tan bien, la coloqué de espaldas e introduje mi dura erección. Me quedé quieto unos segundos, para luego comenzar a moverme hacia adelante y atrás en su húmedo interior. Ella estaba tan apretada y mojada que no pude evitar ir más rápido. Isabel colocó sus manos en la barandilla y dejó escapar suaves gemidos.

Su espalda estaba completamente arqueada, abrumada por las sensaciones. Pero, de repente se tensó, y sujetó mi mano con miedo. "Para. Alguien... Nos está viendo...".

Gemí de placer, y sostuve su delgada cintura con una mano para apretar su pecho en la otra. Eché un rápido vistazo hacia abajo y no vi a nadie allí.

"Cariño, no veo nada", intenté hablar para convencerla, y le di un beso en el lóbulo de la oreja.

En ese momento, ella perdió el control de nuevo. Y gimió suavemente.

Punto de vista de César:

Con un cigarrillo entre mis dedos, fijé mi vista en los dos cuerpos que estaban enredados en el piso de arriba. Fruncí el ceño disgustado y me volteé para ver la habitación con la cálida luz amarilla de al lado. Después de terminar mi cigarrillo, toqué mis labios y me burlé. Dejé de mirar a aquellas dos personas y me fui.

Cuando llegué a casa, busqué el interruptor de la luz con mis dedos. Y antes de que pudiera presionarlo, una mujer me abrazó y puso sus brazos alrededor de mi cuello.

"Bebé, ¿por qué volviste tan tarde? ¿No te gusta tu nueva universidad?".

En lugar de responder, tan solo encendí la luz y entré lentamente.

"¿Qué ocurre? ¿Por qué no me respondes y me ignoras?".

Uno de los tirantes de su camisón se deslizó por su hombro, dejando al descubierto su escote mientras hablaba. De repente, se inclinó hacia adelante y besó mis labios.

"¡Vete a la mierda!", dije disgustado, para luego empujarla en el sofá más cercano.

En ese momento, su presencia solo hacía que mi ira creciera. Desaté mi corbata y la arrojé al suelo. Sin siquiera mirarla, me acerqué a la barra del bar y me serví un vaso de whisky, del cual tomé la mitad. El alcohol me calmó al chocar con mi garganta.

Sin embargo, Vitoria no se dio por vencida a pesar de mi trato. Ella se puso de pie y se quitó el camisón, exponiendo ante mí sus pechos blancos y grandes. Luego, caminó hacia mí con sus caderas balanceándose de un lado a otro.

"Cariño, ¿estás de mal humor? Puedes descargar tu ira sobre mí en la cama. Además, es aburrido beber solo".

Con esas palabras, tomó lo que quedaba de mi vaso de whisky y lamió el borde con su lengua.

De inmediato, entrecerré mis ojos con disgusto y la sujeté de las muñecas para sacarla fuera de la habitación.

"¡No quiero verte esta noche!".

Cerré la puerta con fuerza luego de gritarle, y apreté el puño para golpear la pared. "¡Maldita sea!", murmuré, frustrado. Mi mente estaba nublada debido a esa estúpida mujer.

Punto de vista de Angélica:

"Hay mucho ruido. ¿Quién arruinó mi sueño? ¿Por qué la gente no puede ser civilizada?".

Giré en la cama para tomar una almohada y tapé mis oídos en un intento por reducir el sonido. Debido a la aparición de ese demonio de ayer, se me había dificultado volver a dormir, y sentía un par de ojos feroces mirándome toda la noche. ¡Humph! Todo era su culpa. ¡Ese bastardo!

Después de restregar mi rostro, me obligué a abrir los ojos, bostecé con cansancio y me pasé los dedos por el cabello mientras salía de la habitación. Mi vista estaba un poco borrosa debido al mareo. Cuando llegué a la sala de estar, vi a Félix sentado en uno de los sofás. Me froté los ojos y de manera natural caminé hacia él y me senté a su lado. Con los ojos cerrados, coloqué mis brazos alrededor de su cuello y lo acaricié con cariño.

"Buenos días. Hay mucho ruido. ¿También te despertaste por eso?".

"¡Sí!".

Al escuchar su respuesta, me acerqué más a él, apoyé mi cabeza en su hombro y traté de conseguir una posición cómoda, ya que seguía cansada.

"No sé por qué la gente no puede hacer sus cosas sin ocasionar tanto ruido. No pude dormir bien. ¡Mira mis ojeras!".

Él tocó mi cara lentamente luego de escuchar mis quejas. A diferencia de cómo las tenía antes, sus manos se sentían un poco ásperas. Él masajeó las bolsas debajo de mis ojos por un tiempo, haciéndome sentir cómoda. Además, yo tenía sueño otra vez.

"¿No dormiste bien? Entonces deberías descansar un poco más", mientras me decía eso, él colocó sus manos en mi cintura.

En ese instante, una alarma sonó en mi cabeza, esa familiar y terrible voz me hizo despertarme de inmediato. En seguida, mis ojos se abrieron y vi el rostro de la persona frente a mí. No pude evitar jadear sorprendida.

¡Era César, el diablo!

Cerré los ojos y comencé a negar con la cabeza. No, no. Eso era imposible. ¿Cómo podría estar allí? ¡Simplemente era un sueño! No podía creer lo que acababa de ver. En ese momento, concluí que era mi imaginación, ya que no había dormido bien. Así que respiré profundo y volví a abrir los ojos lentamente, pero lo único que vi fue su rostro sonriente.

Me puse pálida al instante y me estremecí. Rápidamente, me levanté y salí corriendo.

César me jaló hacia atrás cuando solo había dado unos pasos. Luego, sostuvo la parte de atrás de mi cabeza y me dio un beso sin piedad.

Lo golpeé repetidas veces en el pecho y luché con gritos ahogados, pero eso solo empeoró las cosas. Ese bastardo siguió con el beso e incluso metió su lengua en mi boca. En un ataque de ira, le mordí el labio inferior con todas mis fuerzas.

Y con una sonrisa malvada, César se tocó el labio y limpió la sangre con su lengua. Después, me tomó de las muñecas y me llevó al sofá, presionando su cuerpo contra el mío. Él me besó de manera ruda, su larga lengua se movía dentro mi boca. Parecía que quería dejarme sin oxígeno. En ese momento, él apretó más mi cuerpo y me hundí en el sofá, podía sentir un ligero bulto en sus pantalones. Como yo no podía moverme de aquella incómoda posición, lo único que podía hacer era quedarme tranquila bajo su cuerpo.

De repente, levantó la cabeza, me miró y dijo: "¡Buenos días, hermosa!".

Escucharlo decir eso solo me molestó más, así que lo observé y levanté mi mano para abofetearlo, pero me detuvo.

"¿No fue suficiente ayer? ¿Quieres continuar dónde lo dejaste?". En seguida, César tomó mi mano y la colocó en la mejilla que había abofeteado. "Todavía me duele. No debiste pegarme así, cariño".

Al notar la burla en sus ojos, luché por apartar mi mano, y en ese momento, la voz de Félix sonó desde la cocina: "Cariño, ¿estás despierta?".

A decir verdad, escucharlo me sorprendió. Fue entonces cuando entendí que mi novio también estaba en la casa.

"Sí, ya desperté. ¡Buenos días!", respondí rápidamente. El ruido era muy fuerte y temí que no me escuchara, así que tuve que gritar.

"¡Maldita sea! La campana extractora se descompuso esta mañana, y no deja de hacer ruido. La estoy arreglando. Disculpa todo el escándalo. Por cierto, el presidente de tu club vino a verte. Por favor, atiende a tu visita primero. ¡De verdad no puedo irme de aquí hasta arreglarlo!".

Al escucharlo, abrí los ojos sorprendida y miré al hombre que se encontraba frente a mí. Intenté digerir lo que había dicho Félix.

¿Presidente? ¿Qué presidente?

César, al ver mi confusión, levantó las cejas y me dio un beso en la nariz. Luego, susurró: "Querida Angélica, es un honor para mí ser tu presidente. Espero que podamos construir y mantener una relación cordial. Por favor, coopera conmigo de ahora en adelante".

Sabía que él había hecho hincapié a propósito en la palabra: "cooperar". Mi instinto me decía que me encontraba en un grave peligro. Al ver aquel destello maligno en sus ojos, comencé a temblar como una hoja. Apreté los puños con fuerza y mis uñas afiladas se hundieron en mi palma. Sin embargo, no sentí ningún dolor.

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