Capítulo 2

La celebración había llegado a su final y Amanda por fin estaba en su habitación, despojada de todo el brillo, fotos y miradas con malicia. Ella no sabía qué sentir y solo se entregó a lo que el destino tenía escrito para ella.

—El señor está terminando de despedir a las personas que estuvieron presentes y ordenó que informara que debía estar lista para salir cuando termine.

Ella ya estaba lista, pues había llegado a ese lugar con la ropa que traía puesta y un remolino de pensamientos en su cabeza.

Se sentó y esperó a quien se había convertido en su esposo. Él entró y ella lo miró con terror.

—¿Estás lista? ¡Nos vamos!

—Sí, señor.

Juntos abandonaron esa mansión y llegaron a otra mansión igual de lujosa e inmensa.

—Aquí es donde vamos a vivir y tendrás que desempeñar tu rol de esposa.

—Sí, señor.

Elliot no soportó más, y se dirigió a ella dejando claro su descontento.

—Ahora soy tu esposo y no tu superior en el campo de entrenamiento. Lo único que exijo es respeto, pero nada de señor.

Ella asintió y tembló de frío por las bajas temperaturas y lo descubierto de su vestido.

—Mi padre me enseñó respeto, pero si no te sientes cómodo lo entiendo.

Él la abrazó al verla temblar y ambos quedaron mirándose a los ojos. —Eso me parece muy bien. Ahora veremos si es de verdad —ella lo miraba a los ojos y esto le envío una descarga electrónica a todo su cuerpo —¿Qué sientes en este momento?

—Miedo.

Fue cuando se apartó de ella —Aunque lo parezco, no soy ogro.

—¡No lo pareces! En realidad eres muy guapo.

—¡Ah, sí! ¿Entonces a qué le temes?

—A todo lo desconocido que llegó a mi vida en solo un día.

—Todo esto lo vas a entender más adelante. Ahora te haré una pregunta y quiero que me respondas con sinceridad —ella asintió —¿En realidad eres virgen?

Luego de agachar la cabeza por vergüenza, le respondió. —¡Así es!

—Antes de cualquier otra cosa soy un caballero y, aunque lo que sigue es la consumación de nuestro matrimonio, no deseo obligarte a nada.

—Eso solo cambiaría el destino de las cosas. ¿Acaso no fue por lo que pagaste?

Elliot era un hombre sumamente engreído y no permitía que nadie pasará por encima de él, así qué tomó sus palabras como un insulto y solo dio la espalda sin decir más.

—Ya me tomó como pago ¿Por qué le quieres dar largas al asunto?

Le gritó Amanda antes de que él saliera de aquella habitación, haciendo que se devolviera y la llevará contra la pared sosteniendo su cuello.

—¡Jamás vuelvas a faltarme al respeto! Yo no te tomé como pagó. Si estás aquí, es solo por qué decidí ayudar a que tu padre no cometiera un disparate por desesperación.

Ella lo miraba aterrada, pues no esperaba la reacción que había tomado.

—Yo…

—Te daré una advertencia y lo haré una sola vez. “Cuida muy bien tus palabras para dirigirte a mi persona o dejaré que tu destino te alcance”

Enojado, soltó su cuello y azotó la puerta cuando salió, haciendo un gran estruendo.

Momentos después entró Sarah y se acercó a la joven que seguía aterrada.

Ellas conversaron por unos minutos y fue cuando Amanda se puso de pie y tenía muy claro lo que debía hacer en ese momento.

—Solo actúa cuando te sientas lista. —Le sugirió Sarah.

—Debo estar lista. En algún momento le prometí a mi padre ayudarlo y ha llegado ese día —¿Dónde se encuentra el señor Walton?

—Él está en la habitación principal, le voy a preguntar si desea recibirte.

—No Sarah. Yo soy su esposa y no debo pedirle permiso para consumar nuestro matrimonio.

Terminando esas palabras, Amanda salió del balcón y se dirigió a la habitación principal. Con cada peldaño que avanzaba, se informaba a sí misma de que iba dejando su inmadurez, inocencia e ingenuidad atrás, pues al llegar a la habitación principal debía entregar su pureza y la virginidad que soñó entregarle al hombre de su vida.

Él estaba tomando un baño y ella aprovechó ese momento para quitar toda su ropa y quedar totalmente desnuda. Con su cabellera cubría sus senos y se mantuvo allí de pie temblando, hasta que él salió del baño y sus ojos se encontraron.

—Te dije que esto no es necesario —le informó mientras no podía apartar su mirada de aquella delicada piel que tenía desnuda frente a sus ojos.

—¿Acaso es por qué no me deseas? —En ese momento colocó su cabello en una coleta, quedando completamente desnuda ante la mirada de quien en ese momento se había convertido en su esposo y su dueño.

—Eres una mujer sumamente hermosa y delicada como una flor.

—Pero no me deseas…

Elliot había quedado hipnotizado ante la desnudez de aquella chica, y aunque sus labios quisieran pronunciar alguna otra cosa, su mirada lo delataba, pues la miraba con deseo, solo quería caminar hacia ella y poseerla para consumar el matrimonio.

—No quiero hacer nada por la fuerza.

—Estoy aquí por voluntad propia, dispuesta a cumplir con lo pautado, ya que tú también lo has hecho.

Como él se había quedado en ese lugar sin moverse. Ella caminó hacia él, y sosteniéndose de su cuello lo besó, fue un beso profundo, cerró sus ojos y se entregó a lo que el destino tenía para ella, aunque no lo conocía.

Esa noche Elliot se dejó llevar por lo que su cuerpo estaba sintiendo y lo que aquella hermosa chica provocó. El inicio fue un sofocante beso que ambos disfrutaron.

Muy pronto, Elliot exploró el cuerpo de aquella chica con su lengua y sintió su cuerpo temblar ante su tacto. Cosa que lo enloquecía.

—¿Te sientes cómoda?

—No te detengas.

Un matrimonio consumado, una promesa cumplida y una deuda saldada. Esa noche, en una lujosa mansión, Amanda Zúñiga entregó su pureza a quien se había convertido en su esposo.

Después de ese momento su cuerpo se sentía distinto, pero el cansancio la venció y quedaron dormidos en aquella inmensa cama. Habían pasado muchos años antes de que Elliot pasara una noche tan tranquila y durmiera plácidamente sin despertarse varias veces durante la madrugada.

Amanda fue la primera en despertarse y trató de salir de la cama sin hacer ruido, pero el de inmediato abrió los ojos.

—¡Buenos días! ¿Cómo te sientes? —le preguntó mientras ella solo lo miraba con su rostro totalmente sonrojado.

—Me siento cansada, perdón por despertarte ¡Buenos días!

—Si te sientes cansada, no entiendo por qué vas a dejar la cama.

—¿Esta será también mi habitación?

—¿No te sientes cómoda en mi compañía?

—Todo lo contrario, soy yo quien no quiere provocar incomodidades.

—No lo haces —él la observó toda despeinada, acabando de despertar con las marcas de las sábanas, y aún así la veía hermosa.

—Eso quiere decir que me puedo quedar.

—Sí —respondió volviendo a acomodar la cabeza en la almohada.

Ella se acomodó en su lado de cama y ambos durmieron hasta mediodía. Cómo era domingo y parte de la luna de miel, Elliot había ordenado preparar un desayuno especial y cuando Amanda llegó al comedor quedó sorprendida.

—Toma asiento, debes alimentarte bien después de una noche larga —le susurró al oído mientras acomodaba la silla para que ella se sentará.

Amanda, toda sonrojada, lo miró —¿También estás débil?

—Todo lo contrario, me siento renovado y todo gracias a ti.

Solo había pasado un día de conocerlo, de convertirse en su esposa y su mujer. Todo era nuevo para Amanda, pero no podía negar sentirse cómoda en su compañía.

Juntos almorzaron y la mirada de aquella chica y su belleza robaban toda la atención de aquel importante hombre de negocios. Jamás se le había visto tan cómodo y a gusto en compañía de alguien.

—La habitación principal ya está lista —le informó María.

Él volteó con molestia evidente y la miró a los ojos —Fui muy claro cuando pedí que no nos molestarán ¿Qué haces tú aquí?

—Yo. Yo solo he venido a trabajar como de costumbre.

—¡Sarah!

Él había pedido no ser interrumpido por nadie, así que el ama de llaves enseguida se acercó e hizo salir a María.

—Esa mujer es una bruja ¿Ya viste como la trata el jefe con apenas un día de conocerla?

—Creo que se casó para tener una compañera o acaso me equivoco.

—Sabes que le tocó pagar las deudas del viejo llorón para hacer todo esto posible.

—¡Cállate! No son tus asuntos.

—Voy a vigilar muy de cerca a esta mujer, pues pienso que ella y su padre tienen un plan en contra del señor Walton.

—¿Deseas ir y contarle tu inquietud al jefe?

Ella miró a Sarah enojada, pues siempre le restaba importancia a lo que ella le informaba y era totalmente fiel a las órdenes de Elliot.

Capítulo 3

Después del almuerzo, Elliot decidió mostrarle su nuevo hogar y ella sentía otro trato por parte de su esposo, así que disfrutó de su compañía.

¡Ring, Ring, Ring! 

Una llamada los interrumpió. Elliot se apartó a tomar la llamada y Amanda observaba el hermoso jardín de la entrada. Ella amaba la naturaleza.

—Aunque no estaba en mis planes, me toca salir —le informó molesto, pues deseaba seguir conociendo a su esposa.

—¿Vas a tardar mucho tiempo?

—No —se acercó y después de acariciar su rostro, besó sus labios.

—Entonces te esperaré en el jardín, acabo de verlo durante el día y es hermoso.

—Adelante. Puedes hacer lo que sientes que te haga feliz.

Después de un segundo beso, él se fue a tomar un baño y ella bajó hacia el jardín. Estaba enamorada de los girasoles y la diversidad de flores que emanaba en aquel lugar. Parecía estar en un sueño.

En el momento que intentó acercarse a la inmensa fuente que estaba justo en la entrada, sintió como unas grandes manos rodearon su antebrazo y ella de inmediato impidió que se acercará tomando distancia.

—¿Quién eres tú?

—Eso no importa, solo debes decirme si eres Amanda.

—¡Así es! ¿Pero usted quién es?

—Yo soy tu futuro esposo, el hombre que le resolverá la vida económicamente a tu padre y le dará esa tranquilidad que tanto desea.

—¡Eso no puede ser!

Ella no podía asimilar lo que estaba sucediendo, pues acababa de contraer matrimonio con un desconocido y justo 24 horas después, cuando se estaba acostumbrando al nuevo giro inesperado que dio su vida, escuchó tal cosa.

—No temas.

Héctor Rinaldi: un hombre alto de unos 45 años, con aspecto fuerte, cabellos oscuros, ojos claros, su presencia y tenor de voz eran totalmente intimidantes. Él no podía apartar la mirada de aquella hermosa joven, pues robó su corazón desde que la vio y la escuchó hablar.

—No sé quién es usted y no me gusta de la manera en la que me está mirando.

—¡Perdón! Mi nombre es Héctor Rinaldi. Tu padre y yo quedamos en una cena para poder conocerte, pero me adelanté y creo que hice lo correcto.

—¿Mi padre? 

—Sí. El señor Zúñiga me habló de su hermosa hija y la necesidad que tiene actualmente económica. Lo dudé por un momento, pero ahora que conozco tu hermoso rostro no queda ninguna duda y pienso cerrar nuestro acuerdo.

Él se acercó a ella intentando acariciar sus manos y ella dio varios pasos en retroceso, pues aunque no entendía lo que sucedía, tampoco iba a permitir que le faltaran al respeto.

—No intenté tocarme.

—No tengas miedo, jamás intentaré hacerte daño.

Él ordenó que llevaran a una persona desde su teléfono y en ese momento Amanda vio ingresar al jardín a su padre.

Con él también llegaron los escoltas de la mansión.

—¡Hija, mía!

Ella lo miró y no sabía qué sentir hacia ese hombre desconocido. Él estaba lleno de prendas de oro, llevaba anillo en cada uno de sus dedos y la miraba con una sonrisa estúpida.

—¡No me toques! —dio varios pasos en retroceso para evitar que su padre se acercará más.

—Creo que estás enojada porque no sabes de qué trata todo esto, pero quiero que conozcas a Héctor. Él es la persona que nos va a ayudar a salir adelante.

—¡Ah sí! ¿Y qué sucede con Elliot? —le preguntó mirándolo a los ojos, indignada.

—¿Quién es Elliot? —escuchó a ese hombre de aspecto tenebroso preguntar.

—Hija, debemos hablar —él se acercó para intentar hablar sin que Héctor los escuchara —No vuelvas a mencionar a Elliot, estoy a punto de hacer una sociedad con Héctor, que nos resolverá la vida.

—¿Cuándo me volví a un objeto sin valor ante tus ojos? Te miro y no te reconozco. —Sus ojos se humedecieron.

—No eres un objeto y no sabes el gran valor que tienes para mí. Ven con nosotros y hablemos sobre lo que está sucediendo.

—No me puedo ir.

—¿Por qué no te puedes ir? Yo soy tu padre.

—Ayer en horario de la tarde fui casada con Elliot Walton.

—¿Qué? ¿Cómo se atrevió a desposarte sin haber terminado nuestro acuerdo?

—¡No soy un objeto padre! —ella gritó fuerte de rabia —Te equivocas si piensas que me vas a seguir vendiendo al mejor postor.

—Eso no sucederá preciosa. Yo seré tu esposo y el único hombre que te tocará, seré tu dueño absoluto, tu padre y yo ya lo hemos hablado.

Ella suspiró pesadamente, sintiendo una decepción desde lo más profundo de su corazón. En ese momento, la admiración, el respeto y todo lo que durante años sentía por su padre se había derrumbado.

—No me iré a ningún lugar, pues creo que estoy en casa.

El señor Manuel observó aquella imponente mansión y no podía dudar del gran poder que tenía el señor Walton, pero había hecho un trato con Héctor muy provechoso para él.

—Lo entenderás más adelante. Vamos.

—¡No quiero ir!

Héctor dio un paso al frente e intentó tocar a Amanda, para hacerla entrar en razón de que acompañara a su padre. Él estaba seguro de que, después de escuchar la generosa propuesta que tenía para ella y su padre, Amanda caería rendida ante su poder.

—¡No vuelvas a tocar a mi esposa! —escucharon la voz de Elliot, quien se acercaba acompañado de cuatro de sus escoltas.

Amanda al verlo acercarse corrió hacia él y lo usó como protección personal.

—¿Tu esposa? —lo enfrentó Héctor de inmediato. Luego se volteó quedando de frente a Manuel. —No dijiste que el negocio sería con una virgen.

Elliot, miró a Manuel con desagrado, pues no podía creer lo que estaba sucediendo.

—Tienen 5 minutos para que salgan de mi propiedad. Si desean comunicarse conmigo o con mi esposa lo deberán hacer mediante abogados.

—Usted faltó a su palabra ¿Cuándo se casó con mi hija?

—Yo no he faltado a mi palabra, fue usted quien no se presentó a la reunión.

—Siendo de esa manera no tenía el derecho de tocar a mi hija, y mucho menos llevarla al altar. Mi hija es menor de edad y ahora, lo voy a demandar.

Él dio la espalda quedando frente a Amanda, ella lo estaba mirando a los ojos —¿Eres una menor de edad?

—No. Hace poco cumplí 20 años. —Él acarició suave su rostro y volvió a ponerse de frente hacia donde Manuel.

—Lo último que le diré, es que no soy el responsable de que no se haya presentado a la reunión por estar buscando más propuestas cuando quedamos en un acuerdo, también le recuerdo que firmó un documento el cual está en poder de mi abogado. Yo no he hecho nada ilegal. —él miró su reloj —Le queda un minuto para salir de mi propiedad.

—Amanda, debes venir con nosotros, yo soy tu padre y es en mí en quien debes confiar.

—Haciendo tu voluntad, ayer contraje matrimonio con este hombre, y para que olvides tus negocios estúpidos. Ya no soy esa niña virginal a la cual estás vendiendo.

—¿Qué ha dicho? —cuestionó Héctor en cuanto la escuchó.

—Lo que has escuchado, que después de contraer matrimonio, amanecimos haciendo el amor ¿No es lo que se hace en la noche de boda?

Amanda estaba confundida con todo lo que sucedió. ¿Cuándo llegó a ese punto? ¿Con quién debía permanecer? En ese momento solo siguió los latidos de su corazón y este le indicó permanecer en ese lugar, aunque pronto tomará otra decisión.

—¿Cómo se atreve a faltarle el respeto a mi hija de esa manera? ¿Acaso no le enseñaron a respetar a una dama?

—Creo que estás confundido cuando hablas de faltar al respeto. Yo jamás lo haría, ni con la mujer que hoy es mi esposa, ni con ninguna otra.

Héctor, aunque las circunstancias no eran favorables, jamás apartó su mirada de aquella hermosa chica. Es que de solo conocerla y mirarla, se enamoró; fue amor a primera vista. En ese momento no le importaba si era virgen, casada o cualquiera que fuera su situación, él solo sabía que esa mujer le pertenecía y debía estar a su lado.

Sin decir ninguna palabra y sin apartar una mirada posesiva de aquella chica, se marchó, lo hizo enojado.

—Mañana pasaré por su oficina, señor Walton.

—Mañana estaré ocupado señor Zúñiga. Yo le enviaré una cita para nuestra reunión.

—Yo quiero estar presente y así saber cuál fue el precio.

Ignorando por completo las lágrimas de su hija, se dirigió una vez más a Elliot, esta vez lo hizo de manera desafiante, pues estaba enojado por el negocio que acababa de perder.

—No quiero que me hagas esperar, pues ya obtuvo lo que quería y le toca cumplir con su parte.

—La reunión será lo más pronto posible, pero tengo una petición más. Jamás regresé a mi mansión sin antes anunciar su visita. No lo haga usted, ni ninguna de las personas malintencionadas con la que se está reuniendo últimamente.

—Aquí está mi hija y dónde está ella, puedo estar yo como su padre.

—Lo hará si ella así lo decide, pero de otra manera conocerá mi parte oscura.

—Hija, sé que estás confundida por todo lo que está sucediendo, pero permíteme explicarte.

—Ya no soy tan ingenua como piensas, no tienes que explicarme nada, pues ya sé todo lo que sucede.

—Nunca dejes de confiar en tu padre y recuerda que desde siempre solamente hemos sido tú y yo.

Ella, sin decir nada más, dio la espalda y empezó a caminar hacia el final del jardín. Cuando Manuel intentó ir detrás de ella, Elliot se lo prohibió y le indicó la salida, pues él no iba a permitir que ese hombre llenara la cabeza de Amanda con estupideces como es la que estaba acostumbrado a hacer.

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