Su turno había terminado, y ya era hora de volver a casa. Después de despedirse de Leticia, Olivia tomó el camino a la salida, tenía que cruzar todo el centro del hotel para poder llegar a la misma. Mientras avanzada, Olivia sentía que estaba siendo observada por todos, no le agradaba sentir que todos la miraban.
Se preguntó si era por su atuendo, después de trabajar, las empleadas podían salir del trabajo con el uniforme puesto. Pero a ella no le atraía mucho que digamos salir vestida así, le gustaba usar un lindo vestido, ¿Eso qué tenía de malo?, muchas mujeres usaban vestidos, además, siempre los encontraba a buenas ofertas. No podía desaprovecharlos.
A más de que, le lucia muy bien, y prefería ponerse un vestido, que unos vaqueros. De todos modos, sus atuendos no eran vulgares, no comprendía por qué la miraban como si tuviera algo raro encima. Luego negó, quizás eran ideas suyas y solo estaba siendo algo paranoica.
Lo que pasaba es que a Olivia no le interesaba ser el centro de atención de nada, prefería pasar desapercibida que estar haciendo escándalos.
Miró la hora en su reloj, fijándose que con un poco de suerte podría agarrar el transporte del hotel que la acercaba a su casa. Y si no, le tocaría tomar el autobús en la parada. Al salir del hotel, ella se fija que el transporte arrancaba, alejándose del edificio.
—¡Ay, no! —Exclama corriendo hacia el mismo —. Espera, por favor —Pero fue inútil. El autobús ya estaba lejos —. Demonios, voy a tener que caminar hasta la parada.
Caleb presenció la escena de esa chica desde el interior de su coche, se preguntó muy curioso porque esa jovencita corría detrás del autobús del hotel, ¿sería una empleada?, pero con esa vestimenta lo dudaba mucho.
La mayoría de las veces que observaba a los empleados salir del hotel, todos llevaban puestos el uniforme de sus trabajos. Y una huésped mucho menos podría ser, quizás, el chófer le hacía el favor de llevarla a alguna parte. Esa teoría le hizo fruncir el ceño.
No es que fuese un jefe gruñón, y mucho menos egoísta, pero el transporte de su hotel no era para prestar servicios a las amistades de los empleados. El CEO observa detenidamente a la joven, parecía enojada porque la dejaron, pero también la detallo muy bien y por un segundo le resulto…
< ¿Qué diablos me resulto?>
Se pregunta al momento de negar, Caleb se bajó del coche olvidando ese detalle de la chica del transporte, ya resolvería ese asunto. Pero antes necesitaba recoger algunas cosas en la oficina, para marcharse a casa antes de salir a su cita de esa noche.
Olivia soltó el aliento al ver su transporte alejarse, la joven se da la vuelta, pero al hacerlo se fija en el sujeto que había entrado en la boutique. El hombre bajaba de un impresionante coche, llevaba puesto el mismo traje con el que lo vio ese día. Y allí estaba, nuevamente, su corazón, volviéndose loco con un completo extraño.
La joven traga saliva al verlo entrar en el hotel, se imaginó que tenía que ser huésped, ¿Por qué, que otra cosa haría allí dentro? Y sin darse cuenta, ella lo estaba observando como una fisgona. Cuando de la nada, él voltea y le echa el ojo. Inmediatamente, Olivia gira el rostro y se encamina hasta su parada.
<Dios santo, quien me manda de andar de fisgona. Seguramente me pillo viéndolo como una chismosa o pervertida. Estas cosas, solo me pasan a mí, espero y solo sea un huésped que no se quede mucho en el hotel>
Se reprocha mientras que caminaba toda erguida a la parada de autobuses, lo que menos deseaba era voltear y tener que encontrarse con la mirada de ese hombre. Qué vergüenza seria eso.
No fueron ideas suyas, esa muchacha lo estaba mirando desde que se bajó del coche. ¿Acaso lo conocía? Él no recordaba haberla visto en ninguna parte, aunque eso no tenía nada que ver. Muchas personas los miraban sin detenimiento alguno, pero por alguna razón Caleb se quedó un momento en la entrada del edificio observando a esa mujer. Frunce el ceño cuando la deja de ver, ya que cruzaba la calle y se perdía por la cuadra.
Suena las llaves del coche en sus manos, para luego negar y adentrarse en el interior del edificio… No tardo ni diez minutos cuando regreso a su coche emprendiendo la marcha hacia su casa.
De camino, una pequeña llovizna nada fuerte, pero sí de las que te moja empezó a caer. Caleb enciende el parabrisas, y justamente cuando las aspas de goma limpian el parabrisas, él se percata de que aquella joven que vio en el edificio minutos antes, se encontraba sola, debajo del techo de la parada de autobús.
Caleb disminuyo la velocidad del coche, no supo por qué, pero lo hizo. Paso muy lentamente del otro lado de la calle, pero sin quitarle la mirada a esa mujer. No se estaba mojando por completo, pero la brisa comenzaba a golpearla con más insistencia, no tardaría mucho en empaparse.
De pronto la detalla con más detenimiento, estaba mucho más cerca que hace rato. A quien se le ocurría salir con un vestido a esas horas de la noche, seguramente, se congelaría en minutos.
El CEO frunce el ceño, ¿Por qué estaba pensando en esas cosas? ¿Y por qué ella le resultaba intrigante?, posiblemente era por qué la había visto intentar subirse en el transporte de su hotel. Pero por más que intentara recordar, no le venía ningún momento a la mente en donde ella estuviera presente.
Era extraña la sensación que estaba experimentando, pero no podía dejarse llevar por esas emociones sin sentido. Desde cuando sentía ese tipo de impresiones por alguien que apenas y había visto un momento.
Regreso la vista al frete y acelero el coche. Tenía que llegar a casa…
[...]
Mierda, la lluvia estaba jodiendo su noche. Primero perdía el transporte, luego ese sujeto la pilló espiándolo y, encima, terminaba por mojarse con la lluvia. Es que no podía ir peor su día.
Y para completar su noche, el autobús estaba tardando un montón, mientras que ella seguía mojándose con la brisa. Mala suerte el haber elegido un vestido para salir, pero qué demonios iba a saber que llovería. No era climatóloga.
La joven levanta la mirada a medias y se da cuenta de que un coche se aproximaba y empezaba a disminuir la velocidad a medida que se acercaba a la parada, este automóvil le resulto un poco familiar. Se parecía el coche del tipo del hotel, pero, ¿cuánto podría ser el porcentaje de posibilidades de coincidencia de que fuese el mismo coche?, y desde luego el mismo conductor.
Sea lo que fuera, no quería averiguarlo. Así que ella baja la mirada, e implora al cielo que el autobús llegará lo más pronto posible… pero de la nada, el carro acelero y se perdió por la avenida. Olivia frunce el ceño al mirar las luces traseras del auto, y justamente en ese momento, las luces blancas del autobús se acercaban.
—¡Bonita hora en la que apareces! —Masculla.
Pero sus ojos estaban fijos en las tenues luces rojas que aún se podían distinguir a lo lejos, era imposible que fuese el coche del mismo sujeto. Se confirma internamente.
—Entonces que, ¿hiciste algo anoche? ¿Saliste a conocer a alguien?
—No, Leticia. No fui a ninguna parte —Olivia rueda los ojos.
—Qué aburrida eres, es increíble que siendo tan guapa y joven no lo aproveches.
—Sé que voy a conocer al hombre indicado en cualquier momento, no hay porque apurar las cosas.
—¿Y cuándo será eso? ¡Cuando seas una vieja decrépita!
Olivia niega ante el comentario de su compañera, era muy insistente con eso de que se buscará un novio. No es que no lo quisiera, pero tampoco pensaba apresurar las cosas con un hombre, y menos, cuando había pasado por decepciones con sus últimas citas. Todos mentían, siempre mentían al final.
Era muy difícil encontrar a un hombre, fiel, pero sobre todo sincero. De pronto ese rostro le vino a la mente, arrasando con todo a su paso. Olivia se irguió, sintiendo un fuerte estremecimiento en su interior. ¿Por qué estaba pensando en ese hombre? Ni siquiera lo conocía como para que viniera a ocupar sus pensamientos.
Rápidamente, niega… no tenía sentido que le viniera a la mente ese tipo.
En eso, el teléfono de la tienda comenzó a sonar. Leticia contestó cordialmente mientras que Olivia continuaba limpiando los vidríales de las vitrinas.
—En seguida, no se preocupe por eso —La castaña escucho decir a su compañera, para luego mirarla colgar la llamada.
—¿Qué ocurre?
—Necesito que subas al último piso del hotel y recojas una prenda que será devuelta.
—¿Devuelta? Pero si no se aceptan devoluciones, Leticia. ¿Estás loca? Si la jefa se entera, nos echará.
—Este es un caso diferente, sube al último piso y ve a por ese vestido. Revisa que esté en perfecto estado.
—¿Y por qué tengo que subir yo? Tú has sido la que atendió la llamada.
Olivia se negaba a subir, ella sabía que los últimos pisos del hotel eran oficinas. Mayormente, donde se la pasaban personas importantes.
—Porque yo tengo más tiempo que tú trabajando en esta tienda, así que tú iras por esa prenda.
—¿Y por qué no lo envían con alguien?
—Olivia, por favor —Su compañera se cruza de brazos.
La castaña suelta el aliento, no tenía otro remedio que subir… mientras que el contador de números del ascensor aumentaba, Olivia soltaba el aliento cada dos por tres. Su cerebro no paraba de refunfuñar, todavía seguía pensando por qué no enviaban la prenda con alguien.
Ella no fue contratada para buscar vestidos a las oficinas, era injusto que la enviasen como si trabajará como mensajera. Se cruza de brazos sintiéndose molesta, Leticia era una mala compañera, se basó del tiempo que tenía trabajando para enviarla a ella.
Olivia miró el marcador de números, fijándose que ya había llegado al último piso. De pronto las puertas se abren y ella se encamina hasta la oficina que le indico Leticia. La castaña se topa con una atractiva secretaria que no paraba de escribir.
—Buenos días, vengo de la boutique del hotel a recoger una prenda —La rubia levanta la mirada.
—Pasa, la están esperando dentro.
< ¿Pasar? ¿Y por qué rayos no me dejaron el maldito vestido con la secretaria?> ella mira la puerta de la oficina y se lo piensa un momento.
—¿Vas a pasar o te piensas quedar allí parada todo el día? —La secretaria la miro como si le estorbara su presencia.
—Sí, claro —Asiente.
Oliva camina hasta la puerta, cuando escucha el teléfono de la odiosa sonar. Inmediatamente, contesta y en cuestión de segundos la voz de esa mujer la detiene.
—¡Espera! —Olivia se da la vuelta —. No entres, yo entrare por el vestido.
La mujer se pone de pie y pasa a la oficina. La castaña suelta el aliento de alivio, algo le decía que no entrara en esa oficina. Menos mal que la secretaria fue la que entro, mira de reojo el sofá y decide esperar sentada.
En tan solo un par de minutos, la puerta de la oficina se abre y por esta sale la secretaria con una bolsa que lleva el logotipo de la boutique. Olivia hace amago de ponerse en pie, cuando de la nada de la oficina surge ese hombre que había visto en la tienda y luego en la entrada del hotel.
La castaña vuelve a sentarse sintiéndose petrificada, ¿Qué estaba haciendo ese hombre en esas oficinas? Se pregunta, ¿no era un huésped del hotel? Ella parpadea varias veces, mientras rogaba al cielo que ese hombre no se diera la vuelta.
Estaba tan nerviosa, que ni siquiera presto atención a la conversación que mantenía con la secretaria. Simplemente, observaba lo ancho de su espalda, y esa manera tan arrogante con la que se paraba. Olivia traga saliva, esa sensación de nerviosismo no la había experimentado con ningún hombre. Pero con él sí, ni siquiera lo conocía.
Para cuando Olivia reacciona, se fija que él pretendía darse la vuelta. ¡Mierda, la iba a ver! Los instintos actuaron de inmediato, tomó una revista de una mesita a su lado y rápidamente metió el rostro en medio de las hojas. Su corazón latía muy rápido, si a él le daba por hablarle o preguntarle algo estaría perdida.
Caleb, al terminar de hablar con su secretaria vuelve al interior de su oficina, pero al darse la vuelta, nota la presencia de una joven sentada en su sofá. Se detiene un momento para mirarla, llevaba lo que parecía ser un uniforme, se imaginó que sería la enviada de la boutique para recoger el vestido.
El castaño frunce el ceño al ver que no podía ver el rostro de la muchacha, estaba metida de lleno en aquella revista que por cierto estaba al contrario, ¿Qué diablos estaba leyendo?, intentó acercarse a ella para quitarle la revista, cuando su línea privada comenzó a sonar.
Necesitaba atender esa llamada…
Vuelve a la puerta de su oficina, pero no sin antes decirle algo a esa muchacha.
—Debería darle la vuelta a la revista —Luego de eso cierra la puerta.
Olivia explaya los ojos al darse cuenta de que la maldita revista estaba al revés. Y ese hombre se había dado cuenta de ello, ¡Por todos los cielos! Era tan estúpida que no se percató de que estaba haciendo el ridículo.
Cuando escucho el sonido de la puerta, bajo la revista y observo a la secretaria de brazos cruzados.
—¿Estás loca?
—¿Y el vestido?
—Si no querías verlo, te hubieras inventado otra excusa que utilizar la revista al revés.
—¿Dónde está el vestido?
—Ten.
El deber de Olivia era revisarlo allí mismo, pero no quería arriesgarse a que ese hombre saliera de nuevo y la encontrara. Tomó la bolsa y salió disparada hacia el ascensor.
Sujetaba la bolsa con fuerza sobre su pecho, las coincidencias si existían, quien iba a pensar que el mismo que vio entrar en la tienda fuese el que llamo para devolver el vestido. Dios santo, estaba de malas.
Pero lo peor de todo era, ¿Por qué carajos no quería que él la mirase? Que tenía de malo que la viera, es que no encontraba ninguna razón explicable. Porque se tenía que paralizar cuando lo veía, ella niega.
—Ese hombre debe ser muy importante para estar en estas oficinas. ¡Ay joder!, y yo vine hacer el ridículo —La joven golpea su frente un par de veces con la palma de la mano —. ¿Por qué hice eso?, que me costaba dar la cara, bruta, eres una bruta Olivia Millán.