En la estación de policía de Detroit:
Eran aproximadamente las ocho de la noche cuando Lulú entró en el edificio de la estación de policía.
Se acercó al primer escritorio que se cruzó en su camino y dijo al joven oficial que ahí se encontraba:
"Hola, soy Lulú Landon. Hace un par de horas recibí una llamada del comandante Lewis".
"Buenas noches, señorita Landon. Acompáñeme, por favor", respondió el oficial al tiempo que se levantaba de su silla.
Posteriormente guio a Lulú a través de un pasillo abarrotado de escritorios, hasta la oficina del comandante.
El oficial tocó a la puerta y solo unos segundos después escuchó la voz de su superior:
"Pase, por favor".
Lulú y el oficial se dispusieron a entrar en la oficina del comandante, la cual era muy espaciosa y tenía una ventana enorme que daba a la avenida principal de la ajetreada ciudad de Detroit.
El comandante Lewis, quien era una hombre de mediana edad, alto, castaño y fornido, se encontraba sentado en su silla ejecutiva de cuero, revisando algunos documentos. Pero cuando su subordinado y Lulú entraron en su oficina dejó los papeles sobre el escritorio y se dispuso a encender un habano.
"Disculpe que lo interrumpa, comandante. La señorita Landon desea hablar con usted", informó el oficial. "Gracias. Ya puedes retirarte", respondió el comandante Lewis después de expulsar una bocanada de humo.
Al escuchar la indicación de su superior, el oficial se dio la media vuelta, salió de la oficina y cerró silenciosamente la puerta detrás de él.
Con una expresión solemne en el rostro, el comandante dijo a Lulú:
"Señorita Landon, tome asiento, por favor".
Al escuchar la indicación del hombre, Lulú se sentó en la silla blanca de cuero que se encontraba frente al escritorio.
"Comandante, ¿qué sucede con mis padres?", preguntó la mujer con voz entrecortada.
"Esta mañana recibimos una llamada del comandante del aeropuerto del Condado de Wayne para informarnos que el avión con destino a Paris que abordaron sus padres ayer por la noche desapareció mientras volaba en su espacio aéreo", respondió el hombre sin preámbulos.
En una fracción de segundo los ojos de Lulú se llenaron de lágrimas y un nudo se instaló en su garganta, impidiéndole pronunciar palabra alguna.
El comandante Lewis levanto el auricular de su teléfono de escritorio y marcó el número de extensión de su asistente.
"A sus órdenes, mi comandante", dijo una voz femenina al otro lado del teléfono.
"Traiga un vaso de agua a mi oficina, por favor", respondió el hombre después de dar una calada a su habano.
"¡Entendido, comandante!".
Un par de minutos después una mujer rubia de aproximadamente veinticinco años de edad, enfundada en un uniforme policial azul marino y con el cabello atado en una cola de caballo, entró en la oficina del comandante y colocó una vaso de cristal sobre el escritorio.
"Gracias. Ya puedes retirarte", dijo el hombre.
"A la orden, mi comandante", respondió la mujer solemnemente y se retiró. "Señorita Landon, beba un poco de agua", dijo el hombre a Lulú.
La mujer tomó el vaso de agua del escritorio y cuando lo acercó a su boca para beber un sorbo, el vaso se resbaló de su mano y se estrelló en el piso al tiempo que su cuerpo se desvanecía sobre la silla blanca de cuero.
En el jardín de la mansión de la familia Smith:
John sacó su celular de su bolsillo, abrió la lista de contactos y buscó el número telefónico de George.
Después de tres timbrazos una voz grave respondió:
"Mi querido, sobrino! ¡Vaya sorpresa!".
"Hola, tío".
"¿A qué se debe el honor de tu llamada?".
"¿Aún está en pie tu propuesta?", preguntó John, titubeante.
"¡Desde luego que sí!".
"Tío, no quiero pasar el resto de mi vida encerrado entre las cuatro paredes de una oficina. Ahora que me gradué de la universidad mi padre quiere que de inmediato me haga cargo de Smith Group".
"Comprendo. Pero, ¿estás seguro de lo que quieres hacer?" preguntó George con voz seria.
"Sí, tío. No me importa perder mi herencia y mi apellido. Estoy dispuesto a todo por hacer realidad mis sueños".
" De acuerdo. Sabes que puedes contar conmigo, pero también debes recordar que una vez que abandones tu casa no habrá marcha atrás...".
Cuando Lulú abrió los ojos, no sabía dónde se encontraba.
Miró a su alrededor y pudo ver a un médico arrodillado junto a ella y al comandante Lewis sentado detrás de su escritorio con una expresión imperturbable en el rostro.
"¿Qué me pasó?", preguntó la chica presa de la confusión.
"Señorita Landon, se desmayó después de que le informé que el avión en el que viajaban sus padres desapareció mientras volaba en su espacio aéreo. Lamento mucho decirle que esa es toda la información con la que contamos hasta el momento".
Al escuchar las palabras del comandante, el rostro de Lulú palideció y estalló en llanto.
"Los cuerpos de rescate se encuentran trabajando en la zona donde aparentemente el avión despareció, pero hasta el momento no hay rastros de él ni de las noventa y cinco personas que iban a bordo", agregó el comandante.
Sin decir una palabra más, Lulú se levantó, tomó su bolso y caminó lentamente hacia la puerta de la oficina del comandante Lewis.
"Señorita Landon, nos comunicaremos con usted tan pronto como recibamos noticias del comandante del aeropuerto. Le aseguro que los cuerpos de rescate están haciendo su mejor esfuerzo por localizar el avión donde viajaban sus padres", dijo el comandante Lewis antes de que la chica saliera de su oficina.
Como un autómata, Lulú levantó una mano y, sin siquiera voltear, respondió: "Gracias".
Cuando la chica salió de la estación de policía comenzó a caminar bajo la fría lluvia de otoño.
Sus lágrimas se confundían con las gotas de lluvia y su cuerpo entero comenzó a temblar…
Después de caminar aproximadamente cinco kilómetros, decidió abordar un taxi para regresar a casa.
En la mansión de la familia Smith:
"Hijo, creo que deberías pensar las cosas con más calma. Tu padre te dio dos semanas para que tomes unas vacaciones. ¿Por qué no aprovechas ese tiempo para reconsiderar tus planes?", preguntó Aura a Joseph.
"No, madre. He tomado una decisión y no hay marcha atrás".
"Pero, ¿dónde vivirás? Tu padre ha cancelado todas tus tarjetas de crédito", preguntó la mujer visiblemente angustiada.
"Ya hablé con tío George y él me recibirá en su casa mientras encuentro un lugar donde vivir. Además, aún tengo la herencia que mis abuelos me dejaron. Madre, convertirme en agente secreto es lo que realmente deseo y no voy a renunciar a ese sueño aunque padre se oponga", respondió John.
"De acuerdo, hijo. ¿Cuándo te marcharás?", preguntó la mujer entre sollozos.
"Hoy mismo. Mi vuelo partirá a las once y media de la noche".
Mientras tanto, Joseph se encontraba en su estudio leyendo el periódico cuando su celular sonó.
"Jefe, nos acaban de informar que esta noche su hijo tomará un vuelo con destino a Filadelfia", dijo una voz al otro lado del teléfono.
Al escuchar las palabras de ese hombre, el rostro de Joseph se distorsionó de ira y arrojó su celular contra la pared.
Después de beber un vaso de whisky de un trago, Joseph gritó: "¡Thomas!".
Casi inmediatamente el asistente personal del señor Smith entró en el estudio y dijo:
"A sus órdenes, jefe".
"Llama a Rachel. Dile que necesito que esté aquí en treinta minutos, que use su ropa más seductora y que no olvide su elixir de amor".
Thomas se llevó ambas manos a la boca en señal de sorpresa y espantó, y preguntó: "Jefe, ¿qué es lo que planea hacer?".
Esbozando una sonrisa taimada, el señor Smith respondió: "Jugaré mi última carta para evitar que mi hijo se vaya de la ciudad".
"¡Jamás se me habría ocurrido esa idea!", exclamó Thomas con un brillo de admiración en los ojos.
El señor Smith siempre se distinguió por ser un hombre sin escrúpulos, capaz de cualquier cosa con tal de alcanzar sus objetivos…
Joseph tenía un hermano mayor de nombre George.
Cuando eran pequeños su relación filial siempre fue muy buena, pero cuando su padre murió y George tenía que tomar el control de Smith Group, los celos y la envidia se apoderaron de Joseph y contrató a un grupo de matones para que desaparecieran a su hermano y de esa forma ser el único heredero de la fortuna de su padre.
Ante la mirada de la gente fingía ser un hombre intachable e íntegro, pero en realidad era un ser sin escrúpulos y manipulador, de forma que no estaba dispuesto a permitir que su único hijo emigrara a otra ciudad y mucho menos que se convirtiera en agente secreto como siempre lo había soñado.