Cris condujo hacia la casa de su nueva jefa y compañera que se encontraba a quince minutos del trabajo, un apartamento situado en la zona residencial. Aparcó el carro frente a un edificio de 4 plantas, demasiado clásico para su gusto.
Entraron al ascensor y tuvo apretarse contra la pared, aquella maldita cosa era pequeña en comparación con su gran tamaño. No le importaba estar en el mismo lugar que su pareja, a su lobo le encantaba pero olía la incomodidad de ella. Después de tantos años buscando su pareja, su bestia no la dejaría tan fácilmente incluso si la parte humana de él no se sintiera de la misma manera. Las puertas del elevador se detuvieron último piso y fueron a la única puerta en el pasillo.
Alisha le dio sus llaves y le tomó algunos segundos recordar cuál era su trabajo, tenía que enfriar su mente. Revisó todo el apartamento, sin que se le escapara ningún lugar donde pudiera esconderse alguien, de paso aprovechó para pasar su mano por algunos lugares dejando impregnado su olor, una necesidad de hacerlo lo dominaba. Sintió a Alisha soltar el bolso sobre el gran sofá de la sala y dirigirse a la cocina una vez que el dio el ok a la habitación, por lo visto era una rutina con todos los anteriores guardaespaldas, la revisión de su hogar, y eso la hacía estar tranquila.
Se tomó un minuto para deleitarse con el pintoresco apartamento, la paredes estaban pintadas en color marfil que contrataba con las grandes y gruesas cortinas de color rojo vino. Los muebles negros eran amplios, pero a diferencia del otro lugar aquí había alfombras de complejo tejido sobre el suelo o en la pared a modo de tapiz, el contraste era raro pero se encontró admirándolo.
-Mañana ven a recogerme a las 5: 30, quiero organizar algunos papeles antes de ir a la reunión- la voz de ella lo hizo girarse.
Alisha se había quitado la chaqueta quedando solo en la simple camisa blanca de mangas largas, al no tener puesto sus altos tacones tuvo que bajar más la mirada. Sin esa prenda adicional de ropa pudo apreciar mejor su cuerpo. Su cintura estrecha, seguro que la podía rodear solo con la mitad de su brazo. Las caderas aunque no tan voluminosas se equilibraban con el resto de su anatomía, pero con el tamaño perfecto para complacerlo a él.
Asintió con un leve movimiento de la cabeza.
Girándose volvió a meterse en la cocina. Mujer de pocas palabras. Cris supo que la conversación había terminado, pero su lobo no quería irse. Tuvo que emplear más fuerza que la que pretendía para poder moverse, a ella no le gustaba la familiaridad y menos con los empleados. Si quería a su compañera a su lado iba a ser una tarea difícil.
Se subió al auto y notó que su respiración se entrecortaba a causa del esfuerzo. Apretó el timón tan fuerte que sus nudillos se volvieron blancos. Su cuerpo comenzó a doler de la excitación y la sangre golpeó en sus oídos. Nunca imagino que dejar a su pareja atrás podría ser tan difícil y aun no se habían acoplado. Necesitaba una ducha fría, ahora.
Manejo lo más rápido que pudo hacia su casa ignorando alguna que otra señal de tránsito, , la urgencia quemaba su cuerpo. El viaje que normalmente duraba cerca de 20 minutos, desde la muy pequeña ¨ciudad¨, hasta la propiedad donde vivía, lo hizo en la mitad de tiempo.
Entró por la puerta de un tirón llamando la atención de los presentes y sin hacer mucho caso corrió hacia su cuarto directo a la ducha dejando en su camino parte de su ropa hecha jirones. El agua helada lo golpeó casi quitándole el aliento pero alivio una décima su dolor. Apoyó las manos en la pared y dejo que esta fluyera por cada poro de su piel. No se dio cuenta que gemía hasta que sintió su boca seca.
Oyó un golpe en la puerta del baño que había dejado abierta, ya sabía quién era.
-La has encontrado- la madera del marco de la puerta rugió bajo su peso cuando éste se recostó.
-¿Cómo sabías que era mi pareja?- rugió con sus colmillos sobresaliendo de su labio superior y los ojos de un dorado encendido
-No creas que solo me siento en mi escritorio a leer papeles y a mandarlos a ustedes- Serguei apenas se inmutó por su tono
-¿Estas bien?, por como entraste parece que te habían picado el trasero- y ahora el que faltaba
- Cállate Dylan- Cris soltó otro gruñido al guardián, que se quedó detrás del hombro de su alfa. Aunque no le tenía miedo, no quería lidiar con un beta descontrolado.
-Dylan- oyó a su alfa llamarlo- pídele a Louva que suba.
El lobo tomó la posición de soldado aceptando una misión y desapareció en unos segundos escalera abajo.
Serguei observaba a su amigo y aunque estaba feliz, le tuvo envidia. No por el hecho de que ahora estuviera en una deliciosa agonía sino porque había encontrado a su compañera. Él era 100 años mayor que él y aunque podrían vivir cerca de los 1500 años, no tenía la certeza de encontrar su alma gemela.
Otro gruñido de su beta le llamó la atención. Todos los cincelados músculos de su cuerpo se marcaban dolorosamente sobre la piel. Su cabello largo y rubio caía en una cascada desenfrenada y furiosa sobre su espalda y rostro. Gotas de sangre salieron de las pequeñas heridas auto provocadas en su labio. La boca abierta soltando hasta el último gramo de aliento y los ojos cerrados duramente inquietó al alfa.
Louva llegó en ese momento y entró al baño con cautela. Asintió con la cabeza a su líder y caminó lentamente hasta el sufrido hombre. Dijo su nombre pausadamente. En estos momentos no era bueno alarmarlo. El lobo estaba al mando y era más peligros que cualquier cosa. Antes de poder tocar su hombro vio como la piel de este se comenzó a cubrir de tupido pelaje castaño. Su larga melena se fundía, sus manos parecían más garras que se incrustaban en el mármol arañándolo. Su rostro se había desfigurado hasta formar una combinación que no era de hombre ni lobo.
Louva se acercó más confiado y tocó la espalda y dejando su palma sobre la bestia tranquilizándolo, era el más viejo de todos ellos con sus 610 años y conocía la naturaleza salvaje de su especie y como tratarla. Sacó una pequeña jeringa de su bolsillo y lo insertó lentamente entre el cuello y hombro descubierto. El pelaje debajo de su mano fue cediendo hasta desparecer bajo la piel ligeramente bronceada del cuerpo ya totalmente humano de Cristian.
-¿Estás mejor?- Serguei entró por fin al baño, sabía que si lo hubiera hecho antes, su figura de más de dos metros podría hacer sentir agredido al lobo de su compañero.
-¿Me veo mejor?- Cristian pregunto irónicamente aun aguantándose de la pared dejando caer la cabeza agotado y algo humillado por su falta de control.
-No te sientas así colega- El lobo albino le palmeó el antebrazo como leyendo su pensamiento- es un comportamiento que los machos no podemos evitar, forma parte de nuestra naturaleza, es la forma que tiene tu lobo de soltar la ansiedad por haber conocido a su pareja y de separarse de ella.
-Ansiedad- se rió escéptico- no tienes idea de lo que se siente que apena puedas respirar, en serio prefiero que me degollen el cuerpo entero a volver a pasar por ello.
-No volverá a pasar, solo ocurre una vez, es la prueba de que encontraste a tu verdadera pareja, además te puse un calmante que mantendrá a tu lobo tranquilo por algunas horas, así que aprovecha y duerme sino más tarde tu cuerpo será el que te pase factura.
-Hablando de factura, el arreglo del baño va por tu cuenta- Serguei soltó serio pero con un toque de broma al final de la oración.
Los otros dos miraron la losa agrietada bajo sus manos. Cristian no tenía ni fuerzas para reír-
-Tacaño-
-Louva salgamos, nosotros ya terminamos pero él tiene aún un asunto que atender-
-A que te refieres- el lobo mayor levanto una ceja blanquecida curioso.
Serguei señaló con su rostro a la entrepierna de Cristian.
-Tienes razón, no creo que en eso seamos se ayuda, por hoy yo termina mi trabajo-
Cristian seguía excitado y la evidencia marcada en sus boxes era bastante reveladora. No tenía ganas de moverse pero en esa situación no le quedaba otra opción. Suspiró sonoramente apartando el pelo del rostro.
-Bueno colega te dejamos en la intimidad, tú y tu amiguito, si necesitas ayuda en otra cosa nos llamas- Serguie dejo una toalla cerca de él.
-Ya pueden perderse - pero sus palabras se desvanecieron en el aire pues este había salido cerrando la puerta tras de sí.
Enfocándose en el tema, le sería más fácil si tuviera a alguien que le hiciera la labor, su compañera le vino a la mente y se endureció más todavía, soltó un gemido temblando ligeramente. Solo de recordarla activaba cada fibra de su cuerpo. Bajo una mano acariciando sus marcados abdominales hasta llegar a la tela la cual desgarró. Se acarició de arriba abajo recordando cada detalle de ella, la forma en que caminaba, el olor de su piel.
-Demonios- las palabras apenas las pudo articular, aumento la presión y la velocidad buscando la gloriosa liberación que segundos más tarde sacudió cada parte de su cuerpo. Le tomó más de lo que esperaba enfocar nuevamente las baldosas ante él y recuperar el aliento, había sido el orgasmo más fuerte que había tenido en toda su vida. Si eso era solo con su imaginación, tal vez moriría cuando fuera de verdad. Una sonrisa curvo sus labios y protestó ante la pulsada de dolor por su magullado labio.
Terminando el baño, se secó lo mejor que pudo y se tiró desnudo sobre su enorme cama dejando que sus cansados y sofocados miembros descansaran. La imagen de su pareja volvió a su mente y su cuerpo volvió a calentarse intuitivamente. Pero ya no podía moverse más. Esa iba a ser una difícil pero deliciosa siesta.
Alisha abrió la puerta dejando pasar al gran hombre. Su reloj marcaba las 5:00 de la mañana y él había llegado a tiempo. Su jornada comenzaba. Tomó la cartera y unos archivos de encima de la mesa y saliendo seguida de él se dirigió al auto. Se restregó suavemente la zona por debajo de los ojos. No había dormido mucho aquella noche. Además de todo el trabajo pendiente, las pocas 4 horas dentro de su alcoba fueron un total suplicio. Cuando cerraba los ojos la imagen de su nuevo empleado se visualizaba en su mente, los abría encontrándose con el techo de su cuarto y volvía a cerrarlos y ahí estaba de nuevo. No podía negar que el hombre estaba en su mejor etapa de la vida, no era ciega. Pero una cosa era que estuviera para comérselo y otra es que ella se lo quisiera comer. Había renunciado a tener una vida amorosa desde que empezaran sus sospechas por el acoso. No se permitía confiar en nadie. Si te enamoras eres vulnerable y si ella quería seguir con vida una relación no era la vía más factible.
Se recostó sobre el espaldar del asiento cerrando los párpados relajándose unos segundos. Estar siempre fuera de su casa la hacía sentir intranquila, pero, por un momento, dentro de ese auto junto a ese hombre le hizo sentir la mujer más segura del mundo. Cristian vio con interés la expresión de Alisha por el retrovisor y disfruto cada centímetro de su rostro. Sus labios siempre apretados estaban ligeramente abiertos y eran más rellenos que cuando los torturaba en la dura mueca. Las largas pestañas oscuras por el maquillaje descansaban acariciando sus mejillas amoratadas por la falta de sueño. Cris frunció el ceño, su pareja no descansaba suficiente, un sentimiento protector recorrió su pecho. Si ella estuviera reclamada no la dejaría trabajar tan largas jornadas.
Alisha se enderezo y encendió la pequeña portátil sobre sus piernas y él, el motor del auto. El día comenzaba y prometía ser largo.
***
La sien del lobo latió dolorosamente. Ya no recordaba cuantos lugares había recorrido entre tiendas especializadas, centros comerciales y boutique. Su trabajo era de guardaespaldas, no se ayudante de compras. La mujer salía de una tienda a otra sin acabarse de decidir por las prendas que quería. Seleccionaba una de aquí y otra de allá, de la cuales eran pocas la probabilidades que las comprara, y no era precisamente por la falta de dinero. Ella tenía que entender que un hombre de casi dos metros, hombros anchos y de más de 140 kilos de puro músculo, le era difícil moverse entre tanta gente y más su la vida dependía de él.
-Bajemos a comer- le soltó más tarde dándole las ultimas jabas de papel que tomó y agrupó con el resto que tenía en la otra mano. No pienso cocinar hoy, así que aprovecharé la oportunidad de que estoy aquí, tengo un conocido en el restaurante que nos dará un buen servicio-
-En mi opinión deberíamos volver lo antes posible, en un lugar tan concurrido las probabilidades de que te ataquen son más altas-
-Ese es tu trabajo, protegerme si me atacan, no quiero renunciar a la vida que tengo solo porque unos tipos que no tienen nada que hacer se la pasen persiguiéndome- paso por su lado rozándolo.
Cristian tenso los músculos del brazo y el abdomen reteniendo la ola de excitación y calor que lo recorrió y tomo una respiración profunda calmándose a su vez. La paciencia era un don que la naturaleza se había negado a darle, la única razón por la que no arrancaba su lengua venenosa era porque de solo mirarla su cuerpo se postraba ante ella. Necesitaba sexo y rápido o la violaría hay mismo.
Alisha no se equivocó cuando se refirió al buen servicio del restaurante. Tal vez trajera al resto de los centinelas consigo, lo que por turnos o la despensa de ese hombre se agotaría en segundos. Los platos además de exquisitos eran abundantes y de sabor fuerte y condimentado, justo como le gustaba a él. Por un momento ella se quedó mirándolo como no pudiendo creer que él pudiera comer tanto. La mitad del menú estaba sobre la mesa.
-Qué, ustedes las mujeres deben saber que la labor de comprar gastan más energías que un día entero en el gimnasio, jornada intensa-
-Al menos ya sé que esos músculos no son solo de ejercicios, tienes que meter todo eso en algún lado-
Ella pestañeó y por primera vez él pudo ver lo que pudo ser un reflejo de sonrisa en su rostro antes de ser opacada por el bocado de helado. Él quería ser ese helado. Sentir su lengua recorrer su cuerpo...La sola idea en su mente lo calentó tal punto que se removió incómodo en la silla. Ella estaba tan concentrada en lo suyo que no se dio cuenta, aunque al lobo le gustaría que fuera más consciente de su presencia.
***
Cristian abrió la puerta del departamento y todos sus sentidos se agudizaron. Dio un paso atrás y puso su cuerpo protectoramente ante su pareja. Sintió en su espalda el calor de las manos sobre su espalda y un ligero temblor en ellas. Un gruñido salió desde lo más profundo de su garganta y le tomó más de lo que pensó contener a su lobo. Volvió a aspirar el aire sin reconocer el apenas imperceptible nuevo olor. No lograba descifrarlo, pero alguien había estado allí y no era humano.
Treinta minutos más tarde el timbre de la puerta sonó y apareció un nuevo invitado. Si Alisha pensaba que el hombre junto a ella era alto estaba equivocada. El inquilino superaba a Cristian en al menos 10 cm y tenía unos cuantos kilos más de músculos o eso pudo percibir ella bajo la gruesa chaqueta de cuero y piel. Por un momento se sintió intimidada y tembló notoriamente sintiendo el miedo amenazando en su estómago. Cris debió haberlo notado tocando su hombro de una forma, que si no fuera porque casi colapsa de los nervios lo hubiera sentido demasiado íntimo.
-Meyer, él es Dakota, uno de mis compañeros- le dio una mirada de advertencia al hombre mayor. Sabía que el comandante de la manada era intimidante en toda la expresión de la palabra, incluso un poco más que su alfa, y después de haberlo levantado de su cama sabía que su humor no era el mejor.
Para su sorpresa el hombre interpreto su mensaje y relajó los músculos intentando verse menos amenazador.
-Un placer conocerla- extendió su mano a modo de saludo
Alisha vaciló un momento y retomó la compostura, estiró la espalda y estrechó su mano aun temblorosa.
-El placer es mío, disculpe que lo hallamos molestado a esta hora de la noche, mi guardaespaldas insistió en llamarlo.
-E hizo bien, ahora si me disculpa, me gustaría hablar un momento con él-
Se incorporó y siguió a su beta hasta la cocina, cerciorándose de no estar en el rango de audición de la joven.
- que fue lo que ocurrió- pudo ver a Cris removerse incómodo recostado en la meseta.
-Alguien estuvo intentando entrar en el apartamento, sentí el olor, muy leve, pero estaba ahí. No es humano Dakota, ni lobo-
El lobo mayor frunció el ceño
-Esto se está saliendo de las manos, tendré que consultarlo con Serguei y aumentar la protección, si dices que no puedes definir que es, la situación cambia-
-Por esta noche me quedare aquí, no confió en que se estén tranquilos, y no quiero dejarla sola en el estado en que esta.
-Así que esta es tu pareja, aun no lo podía creer cuando el alfa me lo contó- le palmeó el hombro- felicidades-
-No me felicites antes de tiempo, me está costando más trabajo de lo que pensé, los malditos escritos siempre mencionaron una pareja sumisa y dispuesta a emparejarse con nosotros, pero me da la impresión que si le toco un cabello me castra hay mismo-
-Las mujeres modernas ya no siguen en pensamiento racional de las de antes Cristian, pero eres un lobo dominante, hazte notar como su alma gemela y si es necesario medidas extremas, tómalas-
-Dakota, te has dado cuenta de un simple detalle- su comandante levanto una ceja dubitativo- ella no es lobo, es humana, creo que ni siquiera siente el vínculo.
Dakota pestañeó reaccionando y restregó su cabello enredándolo entre los dedos.
-Tienes razón, en los textos no hay nada de un lobo emparejado con una humana, solo con cambiaforma como nosotros- gruñó y Cris temió que Alisha lo oyera.
-No te preocupes, yo me encargo, solo hace poco que la conozco y tampoco la he querido presionar-
-Pero piensa en tu lobo, tienes alguna idea de cuánto va a aguantar, si esperas mucho, puede que no puedas controlarlo en el primer apareamiento.
-Lo sé, lo sé- se revolvió el pelo frustrado- haré algo pronto, sé que soy una bomba de tiempo, lo puedo sentir-
-Hablaré con Louwa sobre esto, él debe saber algo, es el más viejo de nosotros-
-No vuelvas a mencionar su nombre y la palabra viejo en una misma oración o te arrancará los ojos, recuerda lo que le ocurrió a Vladic- Cris sonrió
-Bueno, yo daré unas vueltas en la zona antes de irme a ver si puedo encontrar algún rastro de la procedencia del olor, enviaré en la mañana a alguien, no te preocupes ella no se dará cuenta, lo último que queremos es que entre en pánico.
Dakota le dejo un juego de ropa que mantenía siempre de reserva en su camioneta para después de cada transformación, donde las prendas nunca salía ilesa. Podía estar un poco más tranquilo sabiendo que su comandante se quedaba al tanto de la situación.
Conocía a Dakota desde que era un cachorro y había estado a su cuidado después de conocer sus potencialidades como beta. Aunque solo era 57 años mayor que él, el hombre era todo un genio en el arte de la guerra, no creía que hubiera técnica que no conociera. Incluso su alfa consultaba su opinión cuando la situación se tornaba tensa.
Cris vio salir a Alisha de la ducha rato más tarde. Se veía más calmada y su piel algo más sonrojada por el vapor del agua caliente. El cambiaforma tuvo que sujetar el borde de la meseta para mantener en control su cuerpo. Su respiración se atraganto en sus pulmones. Sintió su miembro a punto de explotar de la excitación. Los mechones aun húmedos se pegaban a cada lado de su rostro y las gotas de agua acariciaban su cuello y se perdían en el escote del ropón grueso de dormir. Chasqueó la lengua inconforme. Preferiría algo más ligero que le permitiera devorar todo ese cuerpo con la mirada. Dakota tenía razón, tenía que apresurar el reclamo o no tenía idea de lo que pudiera ocurrir, su lobo arañaba el interior de su conciencia y reclamaba para hacer eso que el tanto se limitaba, dejar libre su comportamiento puramente salvaje y primitivo.
Pidiéndole permiso a Alisha se metió lo más rápido que pudo al baño y alivió su cuerpo con el agua fría. El impacto de la temperatura mando estremecimiento a todos sus nervios pero su cadera se negaba a desistir. No le quedó más remedio que aliviarse con su mano. No supo si era por ser la casa de ella o el olor impregnado en cada objeto dentro del baño, pero no le costó más de pocos minutos llegar a la deliciosa culminación. Jadeó satisfecho y con temblores que lo recorrían de arriba abajo erizando el vello de su nuca.
-Demonios, esto no puede durar mucho más-
Poniéndose la ropa prestada encontró a la mujer sentada relajadamente en el sofá con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados. Como un imán se acercó sigiloso como una fiera tras su presa, evitando despertarla. Se puso a su lado pero el pomo sobre la mesa llamó su atención. Lo levantó y leyó el nombre de unas pastillas de dormir.
Gruño. Su pareja había llegado al punto de tomar pastillas para descansar y por la cantidad que quedaban era una costumbre que las consumiera.
-Meyer- la llamo ligeramente rozando sus dedos en su brazo. El simple contacto le hizo cerrar los ojos y contener su lobo, aún estaba sensible. La chica no se movió. La única razón que indicaba que estaba viva era el ligero movimiento de su pecho.
-Alisha- no pudo contener decir el nombre más sensualmente y aumentando el contacto sobre su piel, pasando sus dedos hasta el inicio de la garganta, donde la piel se volvía suave y cremosa.
Lo único que recibió como respuesta fue un ligero movimiento de sus labios. Cris lo siguió y trago en seco. Sin poder contenerse paso el brazo por el respaldar del sofá calzando su peso y acerco sus labios a los de ellas tocándolos con miedo a despertarla. No sabía cuan efectivas eran esas pastillas.
Maldijo internamente. El simple roce lo tuvo literalmente sintiendo mariposas en su estómago. Aumentó la presión girando un poco su cabeza amoldándose a ella. Saboreó cada centímetro de la tierna carne con la suyo y los repasó con la punta de su lengua. Con su mano libre acaricio su barbilla y la movió hacia abajo permitiendo entreabrir un poco sus labios y el tener acceso pleno en su interior. Sus garras salieron y se enterraron en la tela del mueble cuando sintió su sabor en su paladar. Gimió internamente, ese era el sabor de su mujer, de su pareja, y sabía que no había forma que se cansara de él. Enroscó su lengua con la de ella inclinando más su cabeza arqueando la de ella permitiendo un acceso más profundo. Ya no le importaba que se despertara, no tenía control sobre sí mismo, su cuerpo proclamaba por el de ella. Acarició su cuello rozándolo con la punta de las uñas sin hacerle daño mientras aun devoraba su boca, sintió un gemido saliendo de su garganta y sonrió complacido. La piel de ella había aumentado ligeramente la temperatura. Llevo su palma hasta el bulto formado sobre el camisón de algodón. La cerró allí y permitió que su peso se acoplara perfectamente en sus dedos. Era perfecta, había sido moldeada para él.
Un temblor en ella le hizo ver una luz de raciocinio. Levantó la cabeza y se corrió hacia atrás tropezando con la mesa incapaz de mantener el equilibrio, se aguantó de la butaca. Se pasó la mano por el cabello y limpió el sudor en su frente. Tanto él como ella estaban jadeando. Más él que Alisha. Le costó unos segundos darse cuenta del pelaje carmelita que comenzaba a cubrir sus brazos. Sus uñas ya no eran humanas, sino largas y filosas como las de su lobo y los colores delante de él se habían distorsionado a tonos azules y amarillentos. Si hubiera continuado no pudiera garantizar permanecer humano. Demonios, no tenía idea de que colgaba de un hilo.
Se desplazó por la sala una y otra vez calmando su cuerpo y revirtiendo la transformación con más trabajo del que pensó. Su lobo se negaba a ceder. Después de casi media hora logró tomar el control total. Se acercó a su pareja y bloqueando todos sus sentidos la cargó y la depositó en su cama. Necesitaba sacarla de su vista por la seguridad de ambos. El olor del cuarto lo abrumó nuevamente y tuvo que salir casi corriendo para no reclamarla en su misma cama. Abrió la puerta del balcón y dejó que el aire de la noche calmara su cabeza y enfriara sus revitalizados miembros. Encontrar a su pareja era lo mejor que le había ocurrido pero nadie lo había preparado para lo que eso implicaba.