El corazón de Jessica se aceleró, pero se esforzó por formar una expresión que reflejaba confusión. "¿De qué hablas?".
Matthew frunció el ceño y espetó: "¡Explícame de dónde salieron esos chupetones que tienes en el cuello! Jessica, sé que no he satisfecho tus necesidades en nuestros tres años de matrimonio, ¡pero esa no es justificación para engañarme! ¡Te aprecio mucho, pero no puedo pasar por alto algo así!".
Jessica recordó cómo su marido siempre había sido amable y atento, pero ahora se había tornado agresivo, transformándose en alguien a quien ella apenas reconocía.
La chica se burló por dentro; parecía que los hombres, independientemente de sus propios actos cuestionables, jamás tolerarían la infidelidad de sus esposas.
"No te engañé. Estas marcas solo son picaduras de mosquitos", explicó Jessica con calma. "Anoche estuve en casa de Braelynn. Si no me crees, puedes llamarla y preguntarle".
"Ella es tu mejor amiga, así que es posible que ella mienta por ti". Matthew se mantuvo escéptico.
"Entonces, ¿por qué no revisas las grabaciones de las cámaras de vigilancia para ver si realmente estuve en su casa?", sugirió Jessica.
Sin dudarlo, el hombre le ordenó a alguien que revisara las grabaciones; realmente estaba decidido a llegar al fondo de esto.
Justo cuando Matthew estaba a punto de presionarla más para que confesara sobre el verdadero origen de las marcas, la chica rápidamente avanzó hacia él, agarró el cuello de su camisa y reveló las marcas de lápiz labial en su cuello. "¿Y tú me podrías explicar de dónde salieron esas marcas rojas?".
Preso del pánico, el hombre apartó su mano y retrocedió lentamente. "Yo... ¡Estoy sufriendo de una reacción alérgica!".
Jessica esbozó una sonrisa de ironía. "¿En serio? ¿Cómo pudo aparecer una alergia así de grave tan de repente?".
Mirándola fijamente, Matthew asintió y dijo: "Sí, durante un viaje de negocios, me quedé en una habitación de hotel donde las sábanas estaban muy sucias. Por eso tuve esta reacción alérgica que todavía no se cura".
En ese momento, la secretaria de Matthew le confirmó que Jessica sí estuvo en la casa de Braelynn, ya que las imágenes de vigilancia mostraban la llegada y salida de la chica.
Con un tono más gentil y una sonrisa reconciliadora, el hombre se acercó para disculparse: "Lo siento. Me equivoqué al dudar de ti. Sucede que esta tarde acudí con un especialista y me realizaron algunos estudios que confirmaron que tengo algunos problemas de potencia. Esto me hizo sentir inseguro y por eso...".
De repente se comportó como un marido arrepentido, quien se sentía culpable por no satisfacer a su esposa; si Jessica no hubiera visto esa foto condenatoria, podría haber creído en su acto. Las lágrimas se acumularon en sus ojos; si Matthew quería montar un espectáculo, ella estaba dispuesta a seguirle el juego hasta poder reunir evidencias sólidas para comprobar su infidelidad.
"Está bien... Solo no me vuelvas a juzgar mal", dijo Jessica suavemente.
De manera inteligente, la chica le pidió a Braelynn que preparara imágenes de vigilancia falsas justo después de salir del hotel esa mañana, anticipando que su marido podría hacer algo como esto.
"¿Te dieron algún medicamento?", le preguntó Jessica. "¿Por qué no lo intentamos esta noche? Reconozco que antes no me mostré muy proactiva, pero ahora estoy lista".
Como era de esperarse, Matthew se apartó rápidamente y retrocedió. "No. El médico me recomendó que tomara medicación y descansara durante un par de semanas antes de intentarlo de nuevo".
Obviamente él estaba conservando su energía para su amante.
Jessica sonrió, desempeñando perfectamente el papel de esposa comprensiva. "Está bien. Podemos esperar lo que sea necesario".
Al día siguiente, Mabel Hopkins, la madre de Matthew, llegó con varias sirvientas, cada una de ellas llevando consigo bolsas repletas de remedios herbales y brebajes caseros.
A lo largo de los años, la mujer había probado toda clase de métodos y remedios tradicionales para ayudar a Jessica a concebir.
La chica siempre tomaba obedientemente los remedios para ayudar a Matthew a ocultar el hecho de que su matrimonio carecía de intimidad. Desgraciadamente, esas sopas amargas siempre la hacían sentirse mal, e incluso llegaba a vomitar.
En esta ocasión, Mabel les ordenó a las sirvientas que prepararan los brebajes como de costumbre, pero Jessica finalmente decidió ser honesta: "Matthew y yo no hemos tenido sexo ni una sola vez en estos tres años".
Anteriormente, ella tomó los remedios porque amaba profundamente a su marido, pero después de su infidelidad, ya no tenía ganas de ocultar nada.
La taza de té en la mano de Mabel se cayó y se rompió al estrellarse contra el suelo; segundos después, ella explotó de ira. "Si vas a mentirme, ¡al menos hazlo creíble! Llevan tres años casados y mi hijo no es impotente. ¡¿Cómo es posible que no te haya tocado durante todo este tiempo?!".
Jessica mantuvo una actitud firme e inquebrantable. "Matthew es el único responsable. ¡Si no me crees, pregúntaselo tú misma!".
El ceño fruncido de Mabel se profundizó al notar la formalidad con la que esta chica ahora se refería a su hijo; en el pasado, siempre solía llamarlo cariñosamente 'Matt', pero era Matthew a secas.
"¡Jaja! ¡Ustedes dos solían ser inseparables! Matt incluso hizo una huelga de hambre para poder casarse contigo. ¡Si no hubieras sido tú quien lo salvó de ese accidente automovilístico, jamás te habría aceptado yo en la familia Hopkins!". Mabel dejó salir una risa burlona y continuó: "Si hubieras recuperado el atractivo que tenías antes del matrimonio, ¡no seguirías sin un hijo!".
Al escucharla, Jessica quería darle un puñetazo.
Desde que se casó con un miembro de la familia Hopkins, hizo todo lo posible por ganarse el favor de su suegra, a pesar de la constante desaprobación de esta. Pero Mabel jamás perdía la oportunidad de hacerle la vida miserable a su nuera.
Antes, por el bien de Matthew, Jessica lo toleró todo, tratando siempre de evitar la confrontación, pero eso estaba a punto de acabarse.
"Si la seducción pudiera solucionarlo, no dudaría en intentarlo". Jessica se encogió de hombros y añadió: "¿Pero qué se supone que debo hacer cuando mi marido es impotente?".
Esta fue la primera vez que ella le respondió de forma desafiante a su suegra. En un arrebato de furia, Mabel llevó a Jessica al departamento de ginecología del hospital, exigiendo que se sometiera a un examen exhaustivo.
Para la chica, esta situación le pareció realmente absurda. ¡Ella no tenía la culpa de todavía no procrear un hijo!
Esa tarde, el departamento de ginecología estaba repleto; una multitud de mujeres se había reunido alrededor de una sala determinada.
Jessica miró el cartel, el cual decía: "Sala 211, Doctor Andrew George".
Un médico varón le haría el chequeo; pero a esas alturas, Jessica pensó que no había diferencia si el médico era hombre o mujer.
Después de esperar más de una hora, finalmente la llamaron.
La cortina de la sala de consulta estaba corrida a medias, dejando que un rayo de luz iluminara el rostro del hombre, cuyos rasgos permanecían algo oscurecidos.
La chica entró y tomó asiento.
El hombre se inclinó ligeramente hacia atrás, dejando sus rasgos a la vista con claridad; poseía una nariz respingada y sus labios estaban ligeramente fruncidos.
Jessica no había previsto que el médico sereno y profesional que tenía frente a ella fuera el hombre que la hizo gemir apasionadamente la noche anterior.
Cuando el médico reconoció a Jessica, un breve destello de sorpresa cruzó por su rostro; nunca había esperado volver a encontrarla después de la apasionada noche que compartieron juntos, y mucho menos en tales circunstancias.
Adoptando un comportamiento profesional, el médico preguntó: "¿Qué problema tienes?".
Anoche, este hombre irradiaba un encanto salvaje y embriagador, ataviado en una camisa oscura y exhibiendo una sonrisa que fue suficiente para acelerar el corazón de Jessica. Pero ahora, estaba sentado detrás del escritorio de consulta, llevando puesta una bata de laboratorio blanca; con la tenue luz iluminándolo desde atrás, lucía serio y distante, como alguien inaccesible.
En ese momento, la chica inesperadamente se sintió nerviosa. "Para comprobar si sufro de infertilidad", respondió ella.
"¿Estás casada?". El médico rápidamente frunció el ceño mientras revisaba su historial médico en la computadora; como era de esperarse, su estado civil aparecía como casada.
Una sombra cubrió el rostro del hombre; resultó que ayer se dejó llevar por sus impulsos y cometió el error de pasar la noche con una mujer casada. Aun así, mantuvo un tono profesional: "¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo?".
"Anoche". Jessica apoyó la barbilla en su mano y lo observó atentamente: "Él se mostró bastante vigoroso. Creo que lo hicimos unas siete u ocho veces. Incluso terminé hinchada".
El médico se detuvo, con sus dedos congelándose sobre el teclado. En un tono frío, él respondió: "Me refería a tener sexo con tu marido".
Inmediatamente después de que sus palabras salieron de su boca, recordó que la noche anterior esta chica había perdido la virginidad; eso significaba que nunca había tenido intimidad con su marido.
Jessica hizo un gesto desdeñoso y respondió: "Mi marido y yo nunca hemos tenido intimidad. Siempre hemos mantenido un matrimonio célibe".
"Dado que no has tenido sexo con tu marido, no contamos con los criterios suficientes para determinar si padeces infertilidad o no", él habló con un tono frío mientras echaba otro vistazo al rubro que señalaba su estado civil. "Señora Hopkins, lo más conveniente es que tu marido acuda con el urólogo. No tienes nada que hacer aquí en el departamento de ginecología".
Jessica no se movió y esbozó una sonrisa entrañable, como si ambos fueran viejos amigos. "Doctor George, vine aquí principalmente para que me realizaran un chequeo físico completo...".
Él frunció el ceño y replicó: "¿Acaso planeas quedar embarazada?".
Jessica vaciló. Decir que sí parecía apropiado, pero negarlo tampoco sonaba tan mal. "Digamos que lo estoy considerando. Además, un chequeo completo no me vendría mal".
El médico cerró la cortina y comenzó a explicarle: "Las mujeres que no han tenido relaciones sexuales generalmente reciben exámenes pélvicos externos. Como tú estás casada y ya eres sexualmente activa, procederemos a realizar un chequeo interno".
Él se puso unos guantes esterilizados y una mascarilla azul, dejando visibles únicamente sus ojos fríos, los cuales exudaban un aire de calma.
La chica miró los fríos instrumentos médicos que estaban a su lado. "Doctor George, ¿podrías ser lo más gentil posible y no lastimarme? Me... preocupa un poco que pueda doler".
Fue entonces que Kevan se dio cuenta de que Jessica lo había confundido con otro médico: Andrew George.
Se suponía que Andrew debía atenderla ese día, pero un imprevisto obligó a Kevan a reemplazarlo.
Pero no vio razón para corregir el error, así que decidió no mencionar nada sobre el malentendido.
"Por favor, abre las piernas", le ordenó.
El médico la miró fijamente.
Aunque se sentía cohibida, Jessica comenzó a quitarse los pantalones lentamente.
Kevan de repente comentó con sarcasmo: "Anoche parecías menos cohibida en la cama. ¿Por qué ahora luces tan tímida?".
Jessica inhaló profundamente antes de apresurarse a quitarse los pantalones y colocarse según las instrucciones. Sus mejillas se pusieron tan rojas como duraznos maduros, lo que hizo que Kevan inconscientemente recordara los momentos apasionados que compartieron la noche anterior.
El médico realizó un examen minucioso, utilizando con cuidado un hisopo de algodón para recoger una muestra de líquido, la cual procedió a colocar en un tubo pequeño. "Esa zona de tu cuerpo se ve un poco hinchada", comentó.
Luego tomó un ungüento antiinflamatorio refrescante y se lo aplicó él mismo.
Acostada en la mesa del consultorio, Jessica no podía ver sus acciones, pero sus otros sentidos se intensificaron; su cuerpo de repente se volvió demasiado sensible. ¡Increíble! ¡El hombre con el que tuvo sexo la noche anterior, ahora le estaba realizando personalmente su examen pélvico! Ella sintió que toda esta situación era demasiado surrealista.
Kevan alzó la vista y dijo: "Ahora se puso demasiado... húmedo".
Jessica giró la cabeza hacia un lado y respondió: "Es simplemente la forma en que reacciona mi cuerpo".
"También podría deberse a períodos prolongados de abstinencia. Si ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que tuviste sexo con tu marido, podría ser una buena idea que tu esposo se haga un chequeo completo con un especialista en urología para detectar cualquier problema como impotencia o eyaculación precoz. Debe recibir el tratamiento necesario pronto".
Después de aplicar la pomada, Kevan tiró sus guantes a la basura. "Tendrás los resultados de la prueba mañana como máximo. Toma este ungüento. Te recomiendo aplicarlo nuevamente antes de ir a la cama, después de ducharte. La hinchazón debería disminuir si lo usas durante tres días".
Después del chequeo minucioso, Jessica sintió una ligera transpiración; cada contacto de los largos y delgados dedos de este hombre le traía recuerdos del intenso placer de la noche anterior.
La chica de repente tomó una decisión y reunió todo su coraje para proponerle: "Doctor George, ¿te parece bien si intercambiamos información de contacto?".