Al amanecer, en el apartamento de Dannia, gritos se escuchaba, así como golpes en las ventadas, en las paredes y en la puerta, se levantó un poco desubicada por lo que podría estar pasando. Salió y abrió la puerta, sus amigas entraron consternadas, la miraban de forma extraña y no decían palabra alguna.
¿Qué estaba pasando? ¿qué significaba este escándalo?
Se sentó en el sofá, soltó un bostezo y las miró esperando alguna respuesta de su parte, una respuesta que tardaba en salir.
—¡Ay bueno ya! —dijo desesperada —me van a explicar que es lo que está pasando, están actuando muy extrañas y saben que eso me cae muy mal, díganme qué es lo que sucede que merita esos rostros serios y preocupados, hablen ya.
Sus amigas estaban tan asustadas, tenían miedo de haber arrastrado a Dannia a sus cochinadas.
—¿Dormiste sola? ¿aquí? ¿sin nadie? —cuestionó Fernanda, tomando el valor.
—Sí, dormí sola, aquí, sin nadie, ¿por qué? ¿qué pasa? —respondió sin entender nada.
Fernanda miró a Diana y luego a Karly sin decir una sola palabra, Dannia no tenía tiempo para esto, estar sentada en el sofá jugando a las miradas, no, debía comenzar por bañarse y desayunar.
Su celular sonó justo en el momento indicado, la maquilladora estaba por llegar y quería estar segura que todo estuviera en orden, sus amigas seguían mirándola de forma extraña mientras hablaba por teléfono.
—¿Me van a decir que está pasando? —cuestionó nuevamente, pero molesta.
—Creímos que habías amanecido con uno de los chicos de anoche —Anunció Fernanda avergonzada.
—No Fer, vine a casa, ustedes tres estaban muy ocupadas con aquellos chicos.
—Pero, y ¿el cuarto chico? —preguntó Diana
—Eran tres, no cuatro, creo que mucho alcohol las dejó un poco confundidas. Antonio me trajo a casa y se fue, no sé qué pasó en aquel lugar … —intentó hablar, mas Karly la interrumpió.
—Es mejor amiga, fue pura perversión, nada que ver contigo.
Las tres parecían avergonzadas, pero conociéndolas como Dannia lo hacía, lo habían disfrutado y mucho, podía imaginarse que cosas habían hecho la noche anterior para que estuvieran así y aún más cuando creyeron que la habían arrastrado a hacer lo mismo.
—Dejemos eso de lado y comencemos por bañarnos, la maquilladora ya va a llegar y necesitamos estar bañadas, así que las quiero ver moviditas muchachas —dijo Dannia tronando los dedos.
Minutos después unos golpes en la puerta la hicieron dejar el desayuno a medias, abrió la puerta y había un ramo de rosas blancas y una tarjeta “para la mujer más hermosa del mundo” y firmado por Bruno. Las tomó y las llevó adentro, las colocó en un jarrón y las contempló por varios minutos con una sensación extraña en el pecho.
—¡Son los nervios! —se dijo a sí misma o al menos eso quería pensar, pues, ¿Por qué Bruno enviaría rosas cuando sus flores favoritas eran tulipanes?
—¿Las trajo el novio? —era la voz de Angela, la maquillista.
—Sí, son hermosas ¿no? —preguntó Dannia con duda, mirando las rosas.
—¿No te gustan? —la cuestionó, viendo cómo dudaba.
—Son hermosas, pero me gustan más los tulipanes, esas son mis flores favoritas.
Dannia sentía un poco de nostalgia por las flores, pero Angela tenía razón en una cosa, la intención era lo que contaba y debía estar feliz por eso, a pesar que era la primera vez que Bruno no le enviaba tulipanes.
—Fuera tristezas, fuera dudas, fuera todo, tienes que estar tranquila, relajada, tú eres hermosa, divina, vas a ser feliz con ese hombre —decía Angela tratando de animarla y no perder su trabajo.
—¡Sí! —gritaban sus amigas desde la habitación.
Dejó su nostalgia de lado y Angela comenzó su labor, el maquillaje debía ser sencillo al igual que el peinado, su vestido era en corte A, era simple al igual que su ceremonia, era pequeña de unos doscientos invitados, familia, amigos y algunos colegas.
—Te dejaré hermosa Dannia, tienes una piel hermosísima.
Ella sabía que esas habladurías eran solo para hacer su trabajo, pero la hacían sentir bien, quería disfrutar de su día al máximo pues no habría una primera boda.
—Ve a ponerte el vestido, quiero ver como luce el maquillaje con todo el conjunto.
Fernanda le ayudó a colocar su vestido de novia sin estropear el trabajo de Angela, puso sus zapatos y caminó hasta Angela otra vez.
—¿Qué tal? —preguntó Dannia girando.
—Me gusta como luces, te vez hermosa Dannia, lo digo muy enserio, debes creer que mis palabras son por hacer mi trabajo, pero créeme que no, lo digo porque de verdad luces hermosa —anunció Angela.
Corrió a abrazarla, pues sus palabras la hicieron soltar algunas lágrimas de felicidad.
—Estás preciosa amiga —le siguió Karly, derramando algunas lágrimas de felicidad.
—Karly tiene razón, estas hermosa, me harás llorar —dijo también Fernanda.
—¡Chicas! —las abrazó con fuerza.
Ellas se habían convertido en hermanas, en el transcurso de estos años, las unía más que una amistad.
—No quiero verlas llorar, me estropearan mi trabajo y me enojaré con ustedes cuatro —las regañó Angela
Afuera de la casa había llegado la limosina que el padre de Fernanda mandó para las cuatro chicas, para él, Dannia era una hija más al igual que Karly y Diana, tanto que, a veces bromeaba diciendo que las adoptaría porque de su casa no salían
—Estamos listas ¿verdad? —preguntó Fernanda.
—Lo estamos —anunció —solo falta mi ramo.
—Yo lo llevó —Anunció Karly.
Fernanda le ayudó a salir hasta el jardín del que hasta hoy fue su hogar por dos años, un hombre mayor abrió la puerta de la limosina y le ayudó a entrar, allí adentro iban las cuatro rezando porque todo saliera bien y pudiesen disfrutar del día, tanto esmero entregó para su día que era lo menos que merecía.
—La iglesia está repleta amiga —mencionó exaltada Fernanda
—¡Ay no! estoy muy nerviosa amigas, que miedo, ¿es normal? —preguntó con angustia.
—Supongo que sí —dijo Karly aterrada.
—Eres la primera que saca, ¿nosotras que vamos a saber? —habló por primera vez Diana, aunque un poco molesta, un secreto se guardaba, uno que jamás debía revelarse.
—No la molestes Diana, la pobre esta nerviosa y tú no ayudas mucho —le gritó Fernanda, quién siempre defendía a Dannia.
—Ustedes dos no peleen —le ordenó la novia, a quien estaban poniendo nerviosa —debemos bajar, ya están desfilando.
El conductor colocó la limosina justo en la entrada de la iglesia, estaba realmente aterrada ahora que todo se estaba haciendo más real, se iba a casar con Bruno, el hombre que su corazón amaba y adoraba.
La iglesia estaba perfectamente decorada, los tulipanes eran las flores que más se destacaban en el lugar, así como los mantos que colgaban en las sillas.
Allí ya Bruno se encontraba, sin una pisca de remordimiento por lo que había hecho a solo horas de casarse, mucho menos le remordía lo que por más de dos años venía haciendo.
Cosa que Alejandro evitaría que pasara, así fuera el responsable de impedir esa estúpida boda, Dannia no se casaría con alguien que definitivamente no la merecía.
—Apúrate Antonio —le exigía él.
—Ten paz, Alejandro, llegaremos a tiempo —dijo con risa, disfrutaba de cierto modo, la idea de al menos una vez en sus patéticas vidas, arruinarle algo a Bruno, devolverle algo de todo lo que alguna vez le hizo a Alejandro.
—Necesito llegar a tiempo y estar allí, cuando el desfile, necesito que me vea y que sienta que es su día —dijo con sarcasmo Alejandro, dispuesto a hacer de este día un gran teatro.
Pero como no todo sale como se planea, el tráfico en San Francisco era un dolor de cabeza, y justo tenía que ser el día de la boda de Bruno Flores.
—¡Tenía que ser justo hoy! —se expresó molesto y lleno de desesperación, Alejandro.
—Ya, relájate —expresó Antonio, quizá más estresado que Alejandro —ya casi llegaremos, aunque para ser honestos, llegaremos para provocar un divorcio.
Alejandro le dio dos miradas consecutivas y soltó la risa, eso no lo había pensado, pero la idea sonaba bastante tentadora.
La ceremonia dio inicio, con el desfile de Bruno y sus padres Roger y María.
Todo estaba saliendo a la perfección, excepto por un dispositivo conectado al equipo de sonido, que revelaría ahora sí, la verdad que Bruno escondía.
Alejandro, llegó un poco tarde, pero al menos vería desfilar a su empleada y en la parte de: "¿Alguien se opone a esta boda?" ambos se pondrían de pie y gritarían a todo pulmón: "Nosotros nos oponemos" un acto muy dramático, pero debían dar una buena función.
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Sus amigas desfilaron antes que ella tirando pétalos de flores sobre la alfombra donde desfilaría Dannia, justo en la puerta estaba su padre, Marc, con su rostro lleno de lágrimas al verla como la princesa que siempre soñó, aunque no con Bruno.
—Estás tan hermosa hija mía —la envolvió en sus brazos y llenó su mejilla de besos.
—Gracias papito, luces hermoso —respondió ella, aguantando sus ganas de llorar.
La melodía nupcial comenzó a sonar, tomó varios respiros antes de comenzar a caminar, su papá mantenía sus manos acunando la suya, dando pequeñas palmadas tratando de calmar sus nervios.
Frente a ella estaba Bruno, hermoso como lo imaginó, su traje azul marino ajustado lo hacían ver tan elegante, junto con su peinado que no tenía ni una hebra de cabello desacomodado.
Alejandro la vio desfilar y se dijo: —está hermosa, parece una reina más que una princesa.
La siguió con su mirada hasta que llegó al altar.
—Te pido que la hagas feliz, Bruno, que la cuides y la protejas como piedra preciosa —le ordenó Marc, sabiendo que en ese hombre había algo que no le cuadraba.
—Lo haré señor Marc, no se preocupe —le dijo con una gran sonrisa.
Bruno extendió su mano y su padre le entregó lo más sagrado que tenía en su vida, su hija, de la mano, la acercó a él y le dio un beso en la mejilla, se giraron hacia el hombre que los uniría en matrimonio y sonrieron.
—Sean todos bienvenidos —dijo el padre cuando fue interrumpido por lo que parecían unos gemidos de placer, allí estaba el plan que Laila había armado,, pues había pagado para que aquel que estaba encargado se hacer sonar la música, también reprodujera la grabación —quiten eso —ordenaba el sacerdote desesperado.
Dannia desconcertada por lo que estaba escuchando, miraba a todos lados buscando una respuesta, ¿de dónde venían esos gemidos?, fue hasta que escuchó la voz de Bruno decirle: —¿Tuviste sexo con otro hombre?
En la iglesia hubo un silencio profundo al escuchar la preguntas de Bruno, una pregunta fuera de lugar, una pregunta que no tenían sentido para Dannia.
—Por supuesto que no Bruno ¿qué te pasa? —cuestionó ofendida ante sus palabras.
Alejandro y Antonio se volvieron a ver, cuestionando tal situación, ya que Alejandro sí sabía de quién se trataba y de quién era esa voz.
De repente una voz de una mujer se comenzó a escuchar, eran más gemidos y suplicas, Dannia estaba consternada por lo que estaba pasando, este debía ser el día más feliz de su vida, no un espectáculo donde creyeran que aquella mujer vil y pecadora, era ella.
—¡Vamos Bruno más rápido!
Tan audible fue aquella suplica que las miradas se posaron en aquel hombre, que ahora tenía sus ojos bien abiertos, y un golpe en su pecho retumbó al escuchar su nombre en esa grabación.
Sin embargo, fue Dannia quien sintió morir, cuando miró a su prometido pálido y estático.
—¡No fuiste capaz Bruno! —su voz se quebraba y evitaba llorar, no quería humillarse ante él —dime que no, por favor, no, Bruno, no.
—Laila eres insaciable —se escuchó de fondo en aquella grabación, tapó su boca con su mano —¡que rico! Eres una perrita maldosa.
Era repugnante escuchar aquellas palabras que ambos se decían.
Pero claro que fue capaz de hacer semejante improperio, esa era su maldita voz, era la voz de Bruno con la supuesta asistente que tenía en aquel hospital del centro.
—Dannia, por favor, no es lo que parece, déjame explicarte mi amor.
Estaba allí de pie frente a los invitados sin saber que hacer o que cara poner, ahí estaba ella frente a una iglesia completamente decorada para el mejor día de su vida.
Pero Bruno, él le había sido infiel y quién sabe desde cuándo: —No quiero que me expliques nada Bruno, nada —suplicaba.
Sentía que su respiración se cortaba, estaba hiperventilando y sus amigas se acercaron a ella e intentaban abrazarla, pero quitaba sus manos, le estorbaba, ellas le estorbaban, todo a su alrededor estorbaba.
Todas estaban tan sorprendidas como todos los demás, pero Diana, ella estaba preocupada en ser descubierta, nadie debía saber que ella y Bruno habían tenido tres deslices durante el noviazgo y compromiso de él y Dannia.
—Gran despedida de soltero me has dado Laila, lástima que hoy será nuestro último encuentro.
Su pecho dolía, sentía su cuerpo debilitarse, temblaba, pero sobre todo intentaba no derramar lágrimas, quería ser fuerte, no quería demostrar que le dolía, aunque la realidad, era que estaba por desmallarse.
Dio unos pasos hacia atrás para retirarse de la iglesia y se detuve, se devolvió y acertó un golpe, un puño cerrado en el rostro de Bruno, justo en la mejilla, quitó el anillo de compromiso y se lo tiró en los pies.
—Eres un maldito idiota Bruno, espero que estés contento con haberme lastimado de esta manera, hubiese dado mi vida por ti, ahora, solo eres una pesadilla que quiero olvidar, te vas a arrepentir de haberme hecho esto.
Ya era imposible no llorar, había sido humillada de la manera más baja que una amante hubiese hecho, salió de la iglesia y las manos de su padre la detuvieron por la cintura, se acurrucó en su hombro como una niña y rompió en llanto, ya no soportaba, tal vez no había sido tan buena persona como creía, pues ¿por qué tuvo que pasarle esto?
Antonio y Alejandro vieron a Dannia salir corriendo de la iglesia, atrás de ella iba Bruno suplicante, ambos negaron y decidieron salir de la iglesia, ya nada tenían que hacer allí, definitivamente nada.
—Dannia, mi amor, te juro que lo puedo explicar, no pienses mal de mí, déjame explicarte, por favor, te lo ruego.
Lo miró de reojo y estaba hincado frente a ella con sus manos juntas en forma de súplica, solo que, a ella no le importaba que tuviera que decir, había estado con otra u otras mujeres y aún así se atrevió a culparla de algo que no había hecho, ¿qué podría explicar?, no había nada que justificara su traición y tampoco importaba.
—Eres hombre muerto, Bruno, quítate o te patearé el trasero —le habló Marc furioso, apunto de golpearlo, aunque fue detenido por los brazos de su hija.
Frente a ella estaban los padres de Bruno desconsolados, su madre era quién más lloraba, escuchó un golpe y su padre, Roger, estaba a su lado con sus manos hechas un puño, había abofeteado a su hijo por primera vez.
—Eres un cobarde, no te críe para hacer este tipo de cosas, das vergüenza Bruno, das vergüenza —soltó con furia y enojo, pues todo lo que quería era un hijo para bien.
Dannia y su padre, comenzaron a alejarse, iban directo hacia Antonio y Alejandro, quien la miraba deseoso de al menos abrazarla.
—Lo siento mucho Dannia — dijo Antonio de primero —lamento que te hayan herido de esa manera, no merecías esa canallada, pero te aseguro que la vida se encargará de hacerle pagar el dolor que ha causado en ti.
Soltando el llanto abrazó a Antonio con fuerza, se alejó de él e hizo una reverencia a Alejandro, sin prestarle mucha atención.
—Gracias por venir —les dijo y pasó a su lado, caminó hasta el auto donde estaba su padre, quitó su tiara con el velo y los tiró a un basurero que había cerca.
—Sácame de aquí papito, quiero irme, llévame lejos de aquí, por favor —suplicó
Subió al auto, volvió a llorar, no le importaba donde su padre la llevara solo quería salir del radar de todos, ya no quería ser más la humillación de esos dos.
—¿Quieres ir a casa? —preguntó ofreciéndole la suya.
—Quiero cambiarme el vestido.
Hicieron una parada al apartamento y allí se quitó el vestido y lo empacó, quitó su maquillaje en medio de un llanto, ya que de verdad se veía hermosa en la forma que en Angela la había maquillado, se aseó y salió con su maleta.
Su apartamento había sido rentado días atrás por una pareja y ya no se podía hacer nada, debía buscar un nuevo sitio donde vivir.
—Te llevaré a comer pizza, iremos solo tú y yo hija mía, como en los viejos tiempos —le dijo su padre tratando de restarle importancia a su desdicha, para no alimentar más su tristeza.
—Gracias papito, pero quiero acostarme un rato y dormir, ¿puedo quedarme en casa contigo?
Extendió sus brazos y volvió a llorar en su hombro, su sueño se había derrumbado, había sido traicionada y eso le desgarraba por dentro, se preguntaba si alguno de los que estaban en la iglesia lo sabían, quería preguntar si alguno sabía de las porquerías que esa tal Laila y Bruno hacían a sus espaldas, esas interrogantes le carcomía por saber la verdad.
—Dannia, hija, sé que es difícil esto que estás atravesando, no era esto lo que como padre quería que vivieras, sabes que siempre deseé amor y felicidad para ti.
—Pero tenías razón papá —lo interrumpió al recordar aquellas pláticas donde le decía que Bruno ocultaba muchas cosas y que no estaba seguro de su relación con él —me dijiste muchas veces que Bruno no me convenía porque mirabas en él algo extraño que no encajaba, tenías razón papá, esto era lo que no encajaba.
Intentaba parar de llorar, pero nada le resultaba, ni siquiera las caricias de su padre sobre su cabello.
—En este momento es posible que no entiendas porqué te sucedió esto, pero más adelante encontrarás la respuesta, trata de ser fuerte hija, no estás sola.
—No me pidas que sea fuerte papá, me humilló, me lastimó papá y delante de los invitados, me siento burlada, padre, te juro que me siento que todos se deben estar burlando de mí —le respondió hiperventilando por tanto llorar.
—Eso no es así hija, créeme que nadie tiene en aquella iglesia tiene un corazón tan frío como para burlarse de algo tan cruel como lo que te hizo Bruno junto con esa mujer, nadie se burlará de ti hija mía, saca esos pensamientos de la cabeza.
Se despegó de él y recibió un beso en su frente, nada hacía que el dolor disminuyera, pero al menos lo tenía a él, quien siempre había sido un pilar en su crecimiento como persona a pesar del abandono de mamá.
—¿Comemos pizza? —preguntó Marc con sonrisa.
—Sí, pizza y una botella de coca — respondió y devolvió la sonrisa, una que disfrazaba las ganas de destruir todo a su alrededor.
—Bruno no merece tus lagrimas hija, mírame, un hombre que se atreva a herir a una mujer solo para jugar de hombre no merece siquiera llamarse hombre, sé que esto duele y mucho, sé que vas llorar y está bien, pero te vas a levantar y le vas a demostrar que tú sin él puedes —él tenía la convicción que su hija podía salir adelante-
—Sí papito, prometo que de esta me voy a levantar como siempre lo he hecho, pero ahora solo quiero ir a casa y estar allí contigo.
Era una ridícula pregunta para Marc, Dannia era su fiel compañera de vida y regresaría a casa, las veces que fuera necesarias.