Capítulo 2

Los días pasaron, consumiendo a Olivia en la depresión. Dormía mucho, salía poco y había perdido peso. Su prima, Violeta, se mostraba comprensiva y la apoyaba durante las pesadillas.

Con el tiempo, Olivia descubrió la realidad de la casa: nada era lo que parecía. Los gritos eran constantes. Su tío Leonardo era violento y su tía Leonor era cruel. Se sorprendió al ver que solo Violeta salía a trabajar; con diecinueve años, ella mantenía la casa, mientras su tío bebía o se iba de fiesta. Sus tíos se estaban aprovechando de Violeta

—¿QUÉ ES ESTO? —escuchó que su tío gritaba desde la habitación de Violeta. El grito la sobresaltó.

—¡NO TENGO MÁS, LO JURO! —gritaba su prima.

Impulsada por el miedo, Olivia corrió hacia la puerta abierta de la habitación. Escuchó un fuerte golpe y entró. Violeta estaba sobre la cama, cubriendo su rostro. Al apartar la mano, un hilo de sangre bajó de su labio inferior. El tío estaba de pie, con el rostro enfurecido.

—¿Qué... qué sucede? —preguntó Olivia.

—Nada, Olivia, vuelve a tu habitación, cariño —le dijo Violeta.

—LO QUE SUCEDE NO ES ASUNTO TUYO. O SÍ, DEBERÁS SALIR A TRABAJAR TAMBIÉN, ESTA CASA NO SE MANTIENE SOLA —espetó Leonardo.

—No hay problema, tío, yo puedo salir a trabajar, pero... no es necesario que golpee a Violeta.

—YO PUEDO HACER CON MI HIJA LO QUE SE ME DÉ LA GANA, ES MI HIJA. ¡Y MI HERMANA ERA UNA IDIOTA, ELLA Y SU MARIDO CRIARON UNA INÚTIL!

Olivia abrió los ojos enormes por la ofensa a sus padres.

—Yo no le pedí venir aquí, fue usted quien me trajo. Mis padres eran seres maravillosos que no eran capaces de maltratarme como usted lo hace con su única hija.

Violeta se interpuso entre ellos. Leonardo la empujó con fuerza hacia la cama y luego abofeteó a Olivia. Su mejilla le dolió, pero el shock le impidió llorar.

—Mira, muchachita altanera, ten cuidado cómo me hablas, o te irá muy mal —amenazó.

—Yo quiero irme a mi casa —gimoteó Olivia.

—Tú ya no tienes casa —dijo burlón.

—Regresaré a mi pueblo, a la casa de mis padres, y Violeta vendrá conmigo.

—¿A cuál casa? ¿De qué casa hablas? Yo la vendí —dijo en tono cruel. —Esa casucha ya tiene nuevos dueños.

—¿QUÉ? —Olivia lo miró con ojos enormes, las lágrimas cayeron sin control.

—Así como lo escuchas. La vendí. ¿Cómo creerías que cubrí los gastos fúnebres? Mi hermana y el inútil de su marido no tenían ni un centavo. —Se encogió de hombros.

—Pero... pero... era lo único que me quedaba.

—Era, ya no es. Y mejor que vayas buscando un trabajo. La casa tiene gastos y debes ayudar con ellos o tendrás que irte a dormir a la calle. —Se giró y se marchó.

Olivia sintió los brazos cálidos de su prima rodearla.

—Lo siento mucho, Olivia. —se disculpó Violeta.

—¿Por qué te golpeó? —preguntó Olivia triste.

—Porque no traje suficiente dinero —se encogió de hombros—. Siempre es así.

—¿Eres tú quien cubre todos los gastos? ¿La tía tampoco trabaja? —Violeta asintió. —¿Y les entregas todo el dinero que trabajas?

—Antes sí, pero desde hace poco empecé a esconder dinero. Estoy ahorrando para irnos lejos de ellos. Podemos irnos juntas.

—Yo... me cuesta tanto asimilar todo esto. Pero, supongo que juntas podemos salir adelante. ¿Cómo el tío fue capaz de vender mi casa?

—Mi padre es capaz de eso y muchas cosas más —dijo con amargura—. Ahora no tengo nada, ni padres, ni hermana, ni siquiera una casa.

—Pero me tienes a mí. Tú y yo lograremos salir de aquí. Estoy juntando dinero, solo necesito un poco más de tiempo.

—Desde mañana saldré a buscar empleo —secó sus lágrimas—. Entre las dos será más fácil.

—Conseguir trabajo aquí no es fácil, Olivia, si no tienes experiencia no te tomarán en serio.

—Eso no importa, yo aprendo muy rápido. No quiero que él vuelva a golpearte.

—Olivia, lo que te pagarían no alcanzaría para nada. Traigo grandes sumas de dinero y aún así no es suficiente.

—Quizás, puedas llevarme a trabajar contigo.

—No, Olivia, lo último que quiero es que tú te involucres en mi mundo.

—¿A qué te refieres? —preguntó frunciendo el ceño.

—Mi trabajo no es decente, Olivia. Yo... trabajo como dama de compañía—dijo avergonzada, y Olivia abrió los ojos enormes ante esa confesión.

—¿Qué? —preguntó Olivia con voz ahogada.

—Sé que no es fácil de entender, Olivia, y no es algo de lo que me sienta orgullosa —explicó Violeta.

—Pero... ¿por qué? —gimió.

—Porque ningún trabajo normal cubre las exigencias de mis padres —bajó la mirada—. Los sueldos son una miseria y ellos siguen pidiéndome más y más. En una noche les traigo más dinero del que ganaría en un mes. Es obvio que lo saben.

—Violeta... ¿no te desagrada dormir con esos hombres? —le preguntó Olivia con ojos llenos de lágrimas.

—Mis clientes son exclusivos; hombres con mucho dinero que pagan por mi tiempo. Prefiero llamarlo ser una dama de compañía, una escort de lujo. No es agradable, pero aprendes a vivir con ello. —Se retiró un poco—. Es mi manera de sobrevivir en este mundo. Si no, mi padre me golpearía diariamente.

Olivia volvió a su habitación, sin asimilarlo. Qué triste y dolorosa era la vida de su prima. Ahora su propia vida había cambiado: necesitaba encontrar urgentemente un empleo. No podía volver a su casa, porque ya no tenía, ni podía arriesgarse a ser golpeada. Tenía que conseguir un trabajo que le permitiera ayudar a Violeta y evitar la calle.

A la mañana siguiente despertó muy temprano. Se colocó sus mejores jeans, una linda blusa, su chaqueta desgastada y salió.

—¿A dónde vas? —le preguntó su tía Leonor.

—A buscar un empleo —dijo tranquilamente.

—Mas te vale volver con algo de dinero —le dijo su tío Leonardo ásperamente—. No estoy para mantener vagas.

Ella evitó contestar y salió. El ambiente era frío, y a pesar de su agotamiento y hambre, caminó durante mucho tiempo. Preguntó en muchos lugares, pero al explicar que no tenía experiencia, era rechazada.

—Aprendo muy rápido, solo denme la oportunidad.

—Lo siento, niña, necesito a alguien con experiencia —era la respuesta constante.

Después de tanto caminar, una amable mujer le dio una oportunidad en una cafetería. Se dedicó a limpiar las mesas y atender amablemente a los clientes. A media tarde, la mujer le permitió tomar un pan con una taza de café, lo cual agradeció enormemente.

Llegó la hora de cerrar. Olivia ayudó a recoger y limpiar, y se fue feliz a casa. La mujer le había dado un pago por su medio turno y le aseguró que al día siguiente le iría mejor y que podría ganar buenas propinas.

Al llegar a la puerta, sacó el poco dinero, apartó un billete y guardó el resto en el bolsillo de su pantalón.

En cuanto entró, su tío y su tía estaban en el sofá mientras Violeta recogía la mesa.

—Hasta que apareces —le dijo su tío—. Pensé que te habías perdido.

—Pude encontrar el camino y traigo buenas noticias, tío. Una mujer me permitió trabajar en su café y me pagó. —Se acercó a él y le extendió un par de billetes.

El hombre tomó el dinero, lo miró y alzó su furiosa vista hacia ella.

—¿Qué... qué sucede?

—¡Debes estar bromeando! ¡ESTO ES TODO LO QUE TE PAGARON! —gritó furioso.

—Sí, tío, me esforcé mucho. La mujer solo me pagó medio turno porque empecé a la una. Ella dice que mañana me irá mejor.

—Esto es una miseria, Olivia, no alcanzaría ni para una lata de verduras —dijo burlón.

Olivia quiso llorar. Se había esforzado, y él solo la gritaba porque no era suficiente.

—Mañana traeré más, tío —dijo nerviosa, temblando. Le asustaba la actitud de su tío, tan distinta a la de sus padres, que habrían valorado su esfuerzo.

—Eso espero, Olivia, porque esto no alcanzará para que vivamos.

—Ven, cariño —le dijo su prima—. Te serviré de cenar.

Olivia lo agradeció. Se sentó a comer después de lavarse las manos, sintiendo la frustración de que su tío no valorara su trabajo. Se había quejado del dinero, llamándolo miseria, pero bien se lo había echado al bolsillo del pantalón.

Capítulo 3

Olivia comenzó el día con ánimo, decidida a que todo saliera bien. La cafetería estuvo muy concurrida y algunos clientes le dejaron pequeñas propinas.

Al cierre, guardó las propinas aparte, dentro de su chaqueta, para ayudar a Violeta a ahorrar. El sueldo intacto lo metió en su bolsillo. Estaba contenta, era más del doble que el día anterior, y rogaba porque su tío estuviera satisfecho.

Su sorpresa fue espantosa. Al entregar el dinero a su tío Leonardo, él lo miró con desprecio y la abofeteó con tanta fuerza que la arrojó al suelo. El dolor se expandió por su cara y las lágrimas se acumularon en sus ojos.

—¡ESTO DEBE SER UN CHISTE, OLIVIA! —le gritó furioso—. ¡ME DIRÁS QUE ÉSTE ES TU SUELDO DE HOY!

—Sí lo es, tío, lo juro —se levantó lentamente—. Trabajé todo el día.

—¡ESTO NO ALCANZA PARA NADA! ¡NI SIQUIERA PARA MIS CHICLES! ¡NO CUBRIRÍA LO QUE COMES!

—Lo siento, tío —dijo nerviosa—. ¿Qué se supone que haga?

—¡BUSCA OTRO EMPLEO! —gritó.

—No es nada fácil, no tengo experiencia, no me contratan. Yo me esfuerzo mucho... nunca he trabajado.

—Eso es evidente, eres una inútil. Mañana buscarás otro trabajo, un lugar donde te paguen mejor.

—Sí, tío —dijo dócilmente, temblando, con la cara ardiendo.

—Ahora, vete de mi presencia —dobló los billetes y se los guardó—. Violeta dejó tu comida servida. Come algo. —La tía Leonor la miró con burla y luego desvió la mirada.

Olivia se fue a la cama, llorando amargamente por la vida que estaba llevando. Rogaba internamente por una escapatoria.

Los días siguientes no mejoraron. Violeta traía más dinero, pero Olivia no conseguía un nuevo empleo que pagara más que la cafetería. Había decidido dejar ese trabajo para buscar algo más lucrativo, pero solo había encontrado más rechazos. Su tío se enfurecía cada día más. Ella llegaba a casa con miedo, frustrada.

En cuanto abrió la puerta, la voz de su tío la detuvo.

—Olivia.

—Sí, tío —dijo caminando hasta él.

—Dame buenas noticias, hermosa. ¿Cuánto tienes para mí, hoy?

—Yo... Lo siento, tío. No pude encontrar nada. Nadie me da la oportunidad... —se detuvo cuando él se levantó rápidamente, la tomó del cabello con fuerza y la elevó unos centímetros.

—Por favor, por favor tío, me duele... —sollozó débilmente.

—Hoy no comerás nada —le dijo acercando su rostro.

—Pero tío, ayer... tampoco comí, tengo demasiada hambre —lloró, pensando en lo poco que había gastado en alimentarse mientras buscaba trabajo.

—Me importa muy poco cuánta hambre tengas. No trajiste dinero, no hay comida. Qué enorme estorbo resultaste ser, tan bonita y tan inútil. —La arrojó con fuerza contra la pared, dejándola sin aire.

Se alejó con dificultad. Contuvo las lágrimas; estaba realmente hambrienta.

Llegó a su habitación y se percató de que la puerta de Violeta estaba entreabierta. Fue hasta allí y llamó. Violeta le abrió, vestida y maquillada, retocándose.

—Hola, cariño. En la cocina he dejado tu cena.

—El tío dijo que hoy no podré comer —Violeta se giró hacia ella con el ceño fruncido—. No pude encontrar nada hoy.

—Te lo dije, cariño, no es fácil —suspiró.

—Además, el tío dice que si no encuentro algo... tendré que ir a dormir a la calle —sus ojos se llenaron de lágrimas—. Tengo tanta hambre, Violeta.

—No llores —Violeta se acercó—. Te prometí que te protegería, te he fallado. No puedo protegerme ni a mí misma.

—No te preocupes, Violeta, tú eres buena.

—Podrías esperarme despierta, o yo te despertaré cuando llegue de trabajar. Te traeré comida, lo juro.

Olivia sintió el ardor en su estómago. Miró a su prima intensamente y dijo:

—Llévame, Violeta. Iré a trabajar contigo —acababa de tomar una decisión desesperada.

Violeta la miró en silencio por algunos minutos, se alejó un poco, su mirada se tornó sería y preocupada.

-No, No Olivia, yo no te quiero en este mundo, esto no es para ti.

-¿Entonces qué hago, me dejó morir de hambre, dejó que el tío me muela a golpes, me voy a dormir a la calle dónde puedes pasarme cosas peores?- dijo angustiada- ésta no es una decisión fácil, Violeta, pero es la más inteligente.

-No, Olivia. . .

-Me has dicho que son hombres. . . elegantes, exclusivos, así los llamaste, ayúdame Violeta.

-No puedo, no puedo porque conozco en carne propia todo el dolor que esta vida te deja, es muy difícil salir luego que entras.

-No tengo nada que perder, Violeta. No tengo padres que puedan avergonzarse, ni una hermana a la cual darle ejemplo, ni siquiera tendré mi sueño de estudiar y superarme por ellos, no tengo nada, más que el miedo a ser golpeada y el hambre que me atormenta.

-Olivia. . .

-Tu puedes ayudarme- le dijo convencida- así será más fácil para vas poder reunir el dinero que necesitamos para irnos de aquí, Violeta, tu y yo saldremos adelante, pero ayudemonos.

-Olivia. . . Olivia. . .

-Por favor, te lo ruego, no lo soporto más, al menos con el dinero él estará feliz, y podré guardar un poco, todo mejorará para ambas.

-¿Alguna vez has estado con un hombre?- le preguntó sin apartar la vista de ella.

-No- respondió sinceramente- pero solo necesito que me ayudes, explícame lo que debo hacer.

-¿Te das cuenta, Olivia? hasta eso perderás, la oportunidad de estar con alguien por amor- la miró preocupada.

-Una cosa, compensa otra, por ahora solo necesito alimentarme y sobrevivir, lo demás lo veré sobre la marcha- Violeta la observó por largo tiempo.

-Me mataría la culpa, Olivia.

-No, no será tan difícil, al menos eso creo.

-Te engañas a ti misma- otros largos minutos en silencio- Bien, Olivia, pero todo se hará como yo te diga, debes seguir mis instrucciones al pie de la letra.

-Se hará como tú digas- le aseguró Olivia.

-Ahora vé y toma una rápida ducha, debemos prepararte.

Media hora más tarde se observaba en el espejo, se buscaba en el reflejo y no se hallaba, aquella parecía una mujer más adulta, más madura, una mujer que no era ella. Aquel vestido rojo se pegaba a su esbelto cuerpo, realzaba sus pechos y estrechaba aún más su cintura, los zapatos de tacón alto la ayudaban a darle mas estatura. Violeta había tomado su cabello y lo había peinado todo hacia un lado, haciendo un moño que dejaba al descubierto su cuello, ella aseguraba que eso era lindo y resultaba llamativo. Su boca estaba pintada con labial rojo, sus ojos no llevaban sombra de color pero sus pestañas, ellas si tenían muchas capaz de pestañina, sus ojos dibujados con lápiz negro, su mirada resultaba felina y las notas verdes de sus ojos parecían brillar más que nunca.

-Estás preciosa- le dijo Violeta.

-Es impresionante, ni siquiera parezco yo- dijo asombrada.

-Eso es bueno. Olivia, pasaremos a un restaurante y comeremos algo primero, la mayoría de los clientes te piden que le acompañes a beber una copa y no es bueno hacerlo con el estómago vacío.

-Te agradezco mucho, tengo demasiada hambre.

-Lo segundo, es que no debes beber demasiado- le advirtió.

-Nunca lo he hecho- dijo preocupada.

-En ese caso, acepta la primera copa que te ofrezcan, e intenta no llegar a la segunda, bebe de a sorbos pequeños y delicados.

-Bien, puedo hacerlo.

-Por lo general a ellos les encanta presentar su oferta, que de seguro será bastante alta, al verte por primera vez en el lugar, explica de forma sutil que jamás has intímado con un hombre, y triplica su oferta.

-¿Triplicarla?- la miró con ojos enormes- pero si tú misma acabas de decir que ofrecen mucho dinero.

-Triplicarla- corroboró- no importa cuando ofrezcan, tu triplica el monto, esos hombres tienen muchísimo dinero, es mucho para nosotras, más de lo que podríamos ganar en mucho tiempo, pero para ellos es quitarle un pelo a un gato, así que, será tu primera vez, asegúrate de que paguen bien.

-De acuerdo- asintió.

-Olivia, suelen ser hombres respetables y de mucho honor, pero deja en claro que el dinero es en efectivo y por adelantado.

-Parece que estuviésemos hablando de que van a comprar papas- dijo nerviosa.

-Esto es un negocio, cariño, y no queremos que nos vean la cara, toma apuntes de todo lo que estoy diciendo, con suerte, ésta noche conseguiremos buenos calientes y volveremos con mucho dinero.

-Violeta. . . en cuánto a. . .ya sabes, ¿Qué debo hacer?- dijo angustiada y con la vergüenza brillando en su rostro.

-Aunque no me creas, será algo de instinto, solo imita lo que él haga, intenta relajarte, sé que es difícil, pero eso ayudará mucho. Mientras más relajada estés, mejor resultará todo- aconsejó.

-Bien, prometo que no olvidaré nada.

-Si recuerdas lo que he dicho y controlas tus nervios, todo estará bien- la miró con ternura.

-De acuerdo.

-Ahora vámonos, la noche está bastante avanzada ya- en cuanto llegaron a la sala, se encontraron con Leonardo y Leonor, frente al enorme televisor- ya nos vamos- dijo Violeta, reclamando la atención de ambos.

-¡Mira nada más que belleza!- Leonardo se puso en pie y fue hasta ellas- veo que al fin te has animado a trabajar de verdad- la tomó de ambas mejillas y besó su frente, Olivia quiso retirarse, pero se mantuvo.

-Olivia ha decidido ir a trabajar conmigo.

-Una decisión magnífica, seguro le irá muy bien, pero si mira nada más lo preciosa que está- sonrió ámpliamente y Olivia se sintió asqueada de llevar su misma sangre- ahora terminen de marcharse, que les vaya muy bien, traigan mucho dinero a casa, mis niñas.

Y así, sin escuchar nada más, salieron a la calle, en cuanto Violeta cerró la puerta tras ellas suspiró pesadamente.

-Es un cerdo- dijo de su propio padre.

-De los peores- aseguró Olivia- le tengo tanto miedo.

-No es para menos- volvió a suspirar- ahora, esperemos un taxi, vayamos a comer y luego al club, con suerte hoy tendremos clientes exclusivos.

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