Capítulo 2

Llego a casa enojada por lo que pasó hace unas horas. Él estaba buscándome hace mucho y juro que me va a encontrar. Ahora tengo que pensar que hacerle. Sé que parezco una niñata inmadura, (parezco no, lo soy) pero esto no puede quedarse así, él me las va a pagar sea como sea. Voy a llevar esta guerra hasta el final.

Me bajo de mi moto y entro a casa, al parecer no hay nadie ya que hay mucho silencio y mis padres son algo escandalosos, solo un tilín. Voy directo a mi habitación para darme una ducha de agua caliente.

Cuando termino me pongo un pijama porque sé que no voy a salir a ningún lado, recojo mi cabello en una mini coleta y me acuesto. Sí señores esta es mi triste y pobre vida. Agarro el mando y prendo el televisor para ver Scooby-Doo, ¿infantil?, na, no creo. Puedo tener cincuenta años y aún así seguiría viendo esos muñes. Al cabo de unos minutos siento mis ojos pesados y caigo rendida en los brazos de morfeo.

~•~•~•~•~•~

Me despierto de un salto por una horrorosa música que viene de afuera y al pararme por la ventana veo al espécimen de mi vecino con una maldita fiesta montada en su casa, pero lo lindo es que solo son él y dos de sus amigas, vamos lo que me faltaba: fiestecita privada. Ya esto es el colmo, son las 12:00am y...esperen, ¿ por qué dormí tanto?, nada en fin, detalles que no vienen al caso. ¿Cómo mis padres no se han quejado?.

Bajo las escaleras a ver si encuentro a mis padres abajo y no están, ¿dónde se habrán metido estos señores?.

No sé qué hacer, quiero seguir durmiendo pero el espécimen no me lo va a permitir, con su fiesta privada y música horrible, es que a eso que él esta escuchado no se le puede llamar música.

Por inercia salgo y camino en dirección al patio de su casa y al llegar busco los alta voces y los desconecto, al fin siento que mis oídos están en paz. Doy la vuelta para irme y siento que me agarran del brazo.

-¿Quién mierda te crees qué eres para venir a mi casa, desconectar mi equipo e inturrumpir mi fiesta?

-Emm deja lo pienso- cierro los ojos y me pongo la mano en la cien.- Ah ya sé!, soy Hela María Benett la vecina que estaba placidamente durmiendo hasta que pusiste esa horrorosa música, mucho gusto.- estiro mi mano para que la tome y la aparta de un manotazo.

-No te hagas la listilla conmigo Hela.

-No me hago Owensito, yo soy, y, ¿por favor me puedes soltar?- hago un puchero.

-No- me dijo y apretó el agarre, por tercera vez en mucho tiempo me vuelvo a fijar en esos ojos verdes que se parecen tanto a los míos y me pregunto como alguien tan ostinado y arrogante puede tener unos ojos tan hermosos y cautivadores.

¿Te gustan sus ojos?

No, nunca dije eso. Te encanta sacar las cosas de contexto hija mía.

-Vamos Owen deja a esa perra aburrida y ven a divertirte- exclamó una rubia oxigenada.

-¿Qué dijiste?- rompí el contacto visual con Owen, lo aparté y quedé de frente a la rubia oxigenada con complejos de modelo de revista.

-Que eres una perra aburrida, ¿lo repito?

Y se queda tan ancha, pégale.

Iba a agarrarla del cabello y darle una paliza pero Owen me cargó como si fuese un costal de papas y me sacó de su patio.

-¿Qué escenita fue esa María?, ya no eres una niña para estar queriendo pegarle a todo el que te diga algo o te mire feo. Se supone que tienes diecinueve años, lo que significa que tienes que ser madura Hela.

-Déjame en paz, que esto fue por tu culpa, además yo le pego a quien quiera y cuando quiera- digo encogiéndome de hombros y haciendo muecas extrañas.

-Madura de una vez Hela.

-Habló de putas la tacones.

-¿Por qué eres así Hela?

-Porque así me parieron, no sé digo yo.

-Cada día te aguanto menos Hela.

-¿Dime algo que no sepa?. No sabes el placer que me causa escucharte decir eso, es como música para mis oídos Owensito divino.

-Y aquí vamos otra vez con el "Owensito", te puedes ganar un pasaje con destino a casa de la mierda.

-¿Lo pagas tú?

-Hela, Hela. Me estás colmando la paciencia y te voy a matar, lo juro.

-Hijo solo preguntaba, quería saber si ibas a ser todo caballeroso como demuestras por ahí.

-¿Quieres qué sea caballeroso contigo Helita?

-No Owen. Fue sarcasmo.

-Lo mío también genia.

-Ayyy gracias, no me había dado cuenta.

-Dios eres tan ostinada.

-Dios eres tan imbécil e inmaduro.

-Oigan quién habla.

-En mi defensa, madurar es para frutas Owen y pues yo, soy un bombóm.

-Narcisista de mierda.

-Cabrón inmaduro.

-Niñata de los cojones

-Espécimen

-Hela...

-Owen..

Nos quedamos en silencio por un momento. ¿Qué acaba de pasar?, ¿a dónde tan tontos e inmaduros mis señores?. Él decidió romper el silencio:

-Mejor ve a dormir Hela, esta conversación no va a terminar bien.

-Sí, es lo mejor que puedo hacer, por cierto Owi te vas a cagar, porque ya apunté esta también.

Caminé hacia la puerta de mi casa y escuché que Owen gritó: -Voy a estar encantado de devolverte lo que me hagas. - Y eso me encendió por dentro, pero al mismo tiempo me gustó, ¿me gustó?, no, no puede ser.

Sí que te gustó bandida.

Sí, pero en el sentido de que voy a tener un buen rival, o eso parece.

Ya verá mañana en la universidad.

Entré a casa, me tomé un vaso de chocolate caliente, cerré todo y subí a mi habitación. Encendí las luces y miré por la ventana. Todavía estaban ahí pero no tenían la música puesta. Dios te amo, gracias por cumplir mis peticiones. Cerré las cortinas para evitar otra discusión y para evitar romperle la cara a uno de ellos. Me acuesto y me duermo enseguida. Mañana va a ser un día de diversión.

Capítulo 3

Paso una plancha por mi flequillo para que quede tal y como quiero, termino de aplicarme rimel y brillo labial para salir de casa e ir a la universidad.

A veces quisiera no sé, tener a una amiga a la cual pasar a buscar para ir juntas a la uni, salir de fiesta, maquillarnos, compartir pulseritas, resumen: esas cosas que hacen las amigas, pero creo que nunca la tendré. Cuando estaba en la secundaria le pegaba a todos y todas, creo que por eso nadie se acercaba a mí, supongo que ni yo me acercaría a alguien así tan agresivo. Siempre he tratado de controlar mis ataques de ira pero me es imposible y no he buscado ayuda porque simplemente no me interesa buscarla, prefiero jugar a que me sé controlar y ya está.

Aprieto el acelerador, porque no quiero pensar más en eso de tener amigas, ni en mis ataques de ira. Siento como el aire me da en la cara y despeina mi cabello.

Llego a la universidad minutos después y aparco la moto donde siempre. Agarro las llaves, miro al cielo, suspiro y me doy ánimos para entrar a clase.

-Buenos días profesor.

-Buenos días señorita María, le quería preguntar algo, ¿puedo?

-Sí, aunque ya me está preguntando algo- murmuro y una risita amenaza con salir.

-Bueno a lo que iba: ¿por qué no asistió ayer a clase?

-Ah, eso- aprieto los labios y sujeto el asa de mi mochila- Me sentía un poco mal, por lo que decidí coger algo de aire en las gradas.

-¿Segura?

-Sí profesor, gracias por la preocupación- él asiente y yo me dirijo a mi puesto.

Saco el cuaderno de apuntes y tomo algunas notas que me servirán para el seminario que orientarán dentro de unas semanas.

Media hora después toca el timbre y voy al comedor en busca de un jugo y un sandwich. Muero de hambre madre mía. Cuando voy llegando veo al espécimen sentado con la rubia oxigenada de ayer y paso por su lado sin mirarlo y con la cabeza en alto. Justo ahora no estoy para inmadureces, ni pleitos.

Mi estado de ánimo cambia en cuestión de segundos, supongo que soy bipolar o algo así. De repente estoy súper feliz y de la nada empiezo a sobrepensar las cosas y me deprimo. Me he dado cuenta de que no tengo término medio, o estoy muy feliz o estoy muy deprimida. Mamá me dijo que siempre que cambiara de humor pensara en algo que me gustara mucho, en algo que me hiciera sonreír o que cantara. A veces me funciona y a veces no.

Voy y pido un jugo de manzana y me siento en la mesa  que está en frente del espécimen y no le presto atención. No había otra maldita mesa, no hombre esto es una cosa pero bárbara. Me quedo mirando un punto fijo hasta que siento un grito y me alarmo.

Cuando veo de donde proviene el grito me paro y me dirijo hasta el espécimen y la rubia oxigenada para chismosear, porque sí señores soy doña chisme.com, el chisme es mi pasión. Al llegar veo que esta cabeza de chorlito está gritando porque un conejito pequeño que no tengo ni la menor idea de donde salió, se durmió en sus pies, me quedo mirando la escena por unos segundos hasta que me doy cuenta de sus inteciones de pisar al inocente conejito y rápidamente corro hacia ella y la empujo.

La rubia cae sentada en el piso y yo me agacho a recoger al hermoso conejito blanco de ojos grises que está asustado e indefenso. Lo estrecho entre mis brazos y paso mi nariz por su pequeña cabecita, me voy a girar pero siento que la rubia me empuja y me desestabilizo por unos segundos, logro ubicarme en tiempo y espacio y miro a la asquerosa rubia oxigenada con rabia.

Pongo al conejito en mi mochila y me dirijo hacia donde está la rubia mirandome con una sonrisa burlona en su rostro.

Tranquila muñeca que esa sonrisa te la voy a borrar de un putazo justo ahora.

Llego hasta ella y la agarro del cuello.

-¿Qué te hace creer que puedes tocarme?- escupo mirando como se tensa.

-Lo hiciste primero perra.

-Sí, lo hice primero, pero fue porque ese pobre animalito al que ibas a pisar vale más que tú y todos los que te rodean.

-¿En serio crees que esa mierda vale más que yo?, que equivocada estás, es una simple rata, n

¿no ves?, es un animal asqueroso y sucio.- agarra mi mano y la aparta de su cuello para luego darme una cachetada que me deja atónita.

Ya colmó mi paciencia. Odio que maltraten a los animales y además me acaba de tocar.

Sí, definitavamente me acaba de dar una cacheta.

La miro con rabia y le pego un puñetazo en la nariz que la hace retroceder, entonces aprovecho para arremeter contra ella y darle la paliza del siglo, uno, dos, tres, cuatro ...perdí la cuenta de cuantos golpes le he dado. Intento contenerme pero no puedo y sigo golpeando hasta que siento que me zafan de ella y me llevan a la fuerza hacia el estacionamiento.

Camino enrabiada y me doy cuenta de que estoy llorando, perdí el control nuevamente . A mis padres no les va a gustar, se van a enojar y a decepcionar. Me duele un poco la mano derecha y me quedo mirándola fijamente.

Pasan unos minutos y levanto la mirada para encontrarme con los ojos verdes de Owen. Tiene el cabello negro desordenado. Lleva una camisa negra y jeans ajustados.

-Esto se te quedaba- dice casi en un murmuro estendiendo mi mochila.

-Gracias- la agarro y saco al lindo conejito para pasarle la mano.

-Hela...

-Owen no quiero escucharte.

-Solo quería acercarte a casa.- lo miré confundida ya que según el me odia, entonces si me odia tanto porque quiere acercarme a casa?, bueno lo dejaré pasar por hoy.

-Vale- él asiente y caminamos hasta mi moto en silencio.

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