Todos estaban desayunando, Claudia apartó el plato y los ojos de los presentes se concentraron en ella.
—Es que… no me siento bien —se levantó y puso sus manos en la boca.
—¿Vas a vomitar? —preguntó Gabriel.
—Si lo vas a hacer, ve al baño —sugirió Tomás que era el más asquiento de todos.
—¿Te sientes muy mal? —inquirió Gera.
Claudia se agarró de una silla, Mateo la tomó de un brazo con miedo de que fuera a perder el equilibrio.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Alejandra levantándose de su silla, así como los demás.
—Solo es un mareo, es el embarazo —explicó Mateo.
—Pero no se ve bien, vamos a ver al médico o algo —dijo Gera un poco preocupada.
—No… es normal en los primeros tres meses —tranquilizó Mateo—, amor, vamos al baño ¿o quieres recostarte?
En ese momento Claudia se fue en vómito, Tomás rodó la mirada mientras todos sus adentros se revolvían.
—Ay, Claudia, no te ves muy bien —dijo Keidys.
Aparte de Mateo y Tomás (que sabían sobre embarazos) para los demás era algo muy extraño ver a alguien muy cercano a ellos con esos síntomas.
—Ver a Claudia así me hace acordar a mi madre cuando estaba embarazada de Nicolás, con solo oler algo vomitaba —dijo Tomás cuando todos estaban sentados en el patio.
Claudia estaba acostada en las piernas de Mateo que le acariciaba el cabello para que pudiera estar más tranquila mientras se le pasaba el malestar.
—¿Y eso pasa muy seguido? —preguntó Keidys.
—Sí, pero después de los tres meses los malestares desaparecen y la barriga empieza a notarse —explicó Claudia.
—¿Será niño o niña? —Gera miró a todos bastante animada.
—¿Ya tienes los nombres? —inquirió Gabriel.
—No, estamos pensando eso —respondió Mateo.
—¿Y no piensan casarse? —interrogó Tomás.
—Bueno… Estamos considerando la idea, no queremos tener el bebé fuera del matrimonio, las cosas hay que hacerlas con orden, ¿verdad, amor? —Mateo le dio un beso a Claudia en la frente.
—Qué lindo… —Alejandra se ruborizó y Gera también hizo lo mismo. Keidys apartó la mirada, sentía una cierta apatía y envidia al ver a aquella pareja.
—Ahora ellas querrán casarse y quedar embarazadas —se burló Tomás.
—No… Con esos hombres que nos ganamos no creo que pasará algo así, primero terminamos nosotras con ustedes antes que quedemos embarazadas. Es como si Keidys quedara embarazada, con ese adicto al trabajo… Lo más seguro es que sería madre soltera antes que Josef se case con ella —dijo Alejandra. Todos soltaron la carcajada, excepto Keidys.
—Hablando de eso, voy a terminar con Josef, —informó Keidys— esto no va a ningún lado, estoy pensando en volver a vivir con mi tía, lo estuve pensando toda la noche. Aún todo es inseguro y… no sé en verdad qué hacer, pero… es lo más probable que suceda.
Todos quedaron en completo silencio mientras procesaban la información.
—Espera, ¿qué? —soltó Tomás.
—Oye, si es por lo que acabo de decir, solo fue una broma, no lo dije en serio —Alejandra empezó a asustarse.
—¿No crees que debes pensar mejor las cosas?, te mudaste y compraste esta casa para estar cerca de él, lo amas, eso no lo hace cualquiera —recomendó Gabriel.
—Lo dijiste bien, para estar junto a él, pero mira, ahora es cuando más lo necesito y él no está aquí, prefiere estar más en su estúpido trabajo que conmigo, yo tenía algo para decirle y- —Keidys se detuvo enseguida, sus amigos ya empezaban a sospechar que algo pasaba allí.
—¿Qué le ibas a decir a Josef? —preguntó Mateo. Claudia se sentó en el mueble y miró fijamente a Keidys.
—No es nada, eran cosas entre él y yo —respondió Keidys un poco preocupada, sabía que sus amigos no la dejarían salir de esa así de fácil.
—Cuenta ya, ¿qué está pasando de verdad?, lo tuyo no fue un simple desmayo, ¿cierto? —dijo Alejandra.
—¿Estás enferma? —interrogó Tomás.
—No… Basta, por favor —a Keidys se le inundaron los ojos de lágrimas.
—Dinos ya, por favor, nos estás asustando —insistió Gabriel.
—Amiga, nosotros te podemos ayudar —dijo Gera.
—Estoy embarazada —soltó Keidys. Todos hicieron completo silencio y la joven soltó el llanto.
—¿Pero, por qué lloras?, estar embarazada no es malo —replicó Claudia sin entender la situación.
—Keidys… ¿Qué? —Gabriel no dejaba de reparar a su amiga—, ¿qué vas a hacer ahora?
—Tenerlo, ¿qué más va a suceder?, —cuestionó Gera— es obvio que no lo va abortar, ¿verdad, Keidys?
—Entiende, ella es modelo reconocida, no es como Claudia que no tiene a toda la prensa al pendiente de lo que hace o no —explicó Gabriel—, Keidys no está casada, su familia es demasiado importante y que sea madre fuera del matrimonio será un gran escándalo, su familia no lo tomará para nada bien.
—¿Por eso no dejaste que tus papás nos acompañaran? —preguntó Alejandra.
—Pero debes hablar con Josef, se pueden casar antes de que la barriga se note y será su secreto, no deben por qué contarles a sus familias que el bebé nació fuera del matrimonio —sugirió Mateo.
—Ese maldito Josef, él debería de estar aquí, pero prefirió irse a su viaje de negocios que estar conmigo —soltó Keidys.
—¿Vas a terminar con él? —preguntó Gera.
—Sí, cuando regrese de su absurdo viaje. —Dijo Keidys mientras se limpiaba las lágrimas— yo… no voy a abortar a mi bebé, siempre he querido ser mamá, pero lo voy a criar sola, él no se va a enterar que es su hijo; este será nuestro secreto, ¿sí?
—¿Qué?, Josef tiene el derecho de saber que va a ser papá, no le puedes impedir que conozca a su hijo —replicó Mateo.
—¡A él no le importa tener una familia!, muchas veces traté de hablarle de conformar una y siempre dijo que nosotros no tenemos tiempo para esas bobadas, lo más seguro es que él me haría abortar, su familia no le gustaría la idea de verlo casado con una actriz, dicen que es algo muy escandaloso. ¿Es que acaso se les olvidó lo que pasó hace seis años con su abuelo?, él solo accedió porque era un noviazgo de “jovencitos inmaduros”. Hace dos meses los escuché hablando sobre ese tema, hablaban de una tal Carolina, la hija de uno de sus socios, al parecer su abuelo quiere que ellos lleguen a casarse, como dicen ellos “sería un buen negocio”. Este noviazgo es una farsa, ayer me di cuenta de eso, por eso voy a acabarlo —Keidys terminó de hablar y todos hicieron silencio absoluto mientras se miraban los rostros.
—Josef no sería capaz de hacer algo así —soltó Tomás bastante serio.
—¿Si no es capaz de hacer algo así por qué no está aquí? —cuestionó Keidys mientras una lágrima rodaba por una de sus mejillas.
Tomás se levantó y después salió de la casa.
—¿Qué va a hacer ese tipo? —preguntó Mateo levantándose.
—¿Será que va a llamar a Josef? —inquirió Gabriel bastante preocupado.
—No… Debemos detenerlo —dijo Mateo y los dos salieron corriendo detrás de Tomás.
Cuando los chicos salieron las mujeres se miraron unas a otras, ninguna era capaz de decirle algo a Keidys.
—Quiero dormir, voy a descansar un rato —informó Keidys levantándose de su sillón para adentrarse a la casa.
Cuando Claudia, Gera y Alejandra quedaron solas, empezó el debate:
—¿Creen que Josef sea capaz de una cosa como esa? —preguntó Claudia.
—No lo sé, él ha cambiado mucho últimamente, muy poco habla con nosotros y siempre está de viaje —explicó Alejandra.
—Pero hay un bebé de por medio, si él se entera, tal vez cambie —dijo Gera.
—Keidys no quiere que nosotros le contemos, es un tema de ellos dos, no debemos meternos allí —Alejandra se levantó de su sillón y se adentró a la casa.
Keidys soltó el llanto cuando estuvo acostada en su cama, después escuchó el sonido de la puerta abriéndose, Alejandra pasó y se sentó al lado de su amiga, una de sus manos le hizo masajes circulares en su espalda:
—Ay, amiga, creo que tal vez estás exagerando las cosas, yo pienso que Josef, aunque es un completo idiota él… te ama, deberías de hablar con él, no armes una película antes de tiempo; él no está aquí para defenderse de todas las cosas que estamos diciendo de —dijo Alejandra. Keidys se sentó en la cama y limpió las lágrimas de sus ojos.
—Es que todo lo que he visto por ahora me dice que Josef ya no me quiere, se va a casar con esa tal Carolina y solo para poder ganar más dinero —Keidys volvió a soltar las lágrimas y un pequeño grito.
—¿Y tú vas a dejar que esa tipa te lo quite?, recuerda que eres quien lleva con él más de seis años y ahora le vas a dar un hijo, debes de demostrarle a Josef que se está equivocando al dejarte a un lado solo por su maldito trabajo. Debes de darle un susto, yo no sé… Puedes ponerle una prueba —las dos quedaron en silencio mientras pensaban en algo.
—¿Cómo así?, ¿ponerle una prueba? —Keidys reparó a Alejandra. Pero no era porque estaba pensando en “la prueba”, sus ojos se enfocaron en la barriga de la joven—. Oye, estás gorda, te salió un rollito.
—¿Qué? —Alejandra inclinó la mirada, era cierto, tenía buche— Este… Estamos hablando de Josef, no de mi peso, Keidys.
—Es que te reparé y me di cuenta que estás gorda.
—Es por mi trabajo, tengo que pasar mucho tiempo sentada escribiendo los libros, son más de ocho libros que tiene la saga, ese es el costo de mi fama —las mejillas de Alejandra se ruborizaron por completo.
—Me imagino, pero bueno, eso no es importante, tú no te preocupas por esas cosas —Keidys dejó salir un suspiro mientras recogía sus piernas y las abrazaba.
—Claro que no, eso es una tontería, Gabriel me quiere tal cual como soy —dijo Alejandra no muy convencida y tragó en seco.
Alejandra salió de la casa de Keidys y vio en una esquina a sus amigos conversando, parecía que Gabriel trataba de explicarle algo a Tomás, quería acercarse para preguntar, pero por algún motivo decidió irse a su apartamento. “Debería de esperar a Gabriel, pero no quiero verlo por ahora” pensó Alejandra.
Cuando llegó al apartamento empezó a recoger los vasos que había dejado sobre su escritorio, encontró muchas botellas de gaseosas en la cocina y un gran arrume de platos sucios “¿Gabriel llegó al apartamento y vio todo esto sucio?” pensó, tragó en seco y respiró hondo.
Entró al cuarto y en una mesita de noche había un portarretratos de ellos dos con una gran sonrisa desplegada.
—¿Quién es él? —recordó lo que le dijo una amiga.
—Es mi novio —contestó ella.
—¡No te creo!, qué hermoso, mira esos ojos tan lindos que tiene, te fajaste Alejandra —dijo la chica emocionada.
Alejandra tomó el portarretratos entre sus manos, después lo dejó acostado en la mesita, ¿por qué de repente se sentía tan insegura?
—Basta Alejandra, no puedes comenzar con lo mismo, tú también eres muy hermosa, él fue quien se ganó la lotería contigo —caminó hasta el espejo y se quitó la camisa para verse mejor, se puso de perfil, después se acercó para mirarse más de cerca su rostro— ¡ay, me salió una espinilla! —gritó—, es cierto, me está saliendo pansa —se puso las manos en su rostro—. ¿Cuándo me puse tan fea?
Se tiró en la cama meditando sobre su situación:
—Gabriel no le importa el físico, me lo ha dicho. Tenemos tres años de relación y ahora vivimos juntos… Eso es, Gabriel está loco por mí desde hace muchos años y yo también lo amo mucho —se sentó en la cama, se asustó al ver que Gabriel la estaba observando.
—¿Estabas hablando sola? —le preguntó un poco confundido.
—Ah… Solo estaba pensando en el final del libro, se está acercando la fecha de entrega y no lo he terminado aún, estoy un poco atrasada —explicó.
—Entiendo. Oye, el departamento es un desastre, está muy sucio, solo estoy una semana por fuera y esto parece un basural —Gabriel se veía bastante molesto.
—Lo siento, es que no he tenido tiempo para limpiar —se excusó mientras se levantaba de la cama.
—Estás todo el día aquí, ¿cómo es posible que no puedas limpiar lo que tú misma ensucias? —Gabriel caminó hasta la cocina y Alejandra lo seguía—. Mira esta cocina, no hay espacio si quiera para poder prepararse un café. Llego cansado, quiero dormir, pero no puedo hacerlo porque tengo que limpiar —Gabriel se remangó la camisa negra que tenía puesta y empezó a lavar los platos.
Alejandra salió de la cocina hacia la sala y empezó a recoger el desorden que había allí, encontró el computador portátil de Gabriel, “no debería revisarlo, solo hay cosas de su trabajo” pensó. Siguió limpiando todo, había pasado dos horas, su novio se encontraba durmiendo tranquilamente en su cuarto. Alejandra trataba de escribir el final de su historia, pero la curiosidad le ganó y tomó el computador de su novio, se sentó en un sofá de la sala, abrió la galería de fotos y encontró una carpeta “personal”, todo estaba muy organizado con nombres o fechas, el joven le gustaba tener todo en completo orden, por eso se enojaba al verse rodeado de suciedad.
Alejandra empezó a ver fotos, algunas eran paisajes, él, Keidys, algunos amigos comiendo tranquilamente o…
—¿Haciendo ejercicio? —Alejandra le sorprendió, ¿desde cuándo Gabriel se ejercitaba?, se suponía que a él no le gustaban esas cosas. Él viajaba mucho, su trabajo lo obligaba a irse por un mes, o más, por eso su grupo de amigos les había recomendado no irse a vivir juntos ya que notarían mucho la ausencia del otro, tal vez en todo ese tiempo Gabriel cambió y comenzó a hacer ejercicio y ella nunca lo notó.
Alejandra siguió revisando las fotos, aparecía mucho el rostro de una muchacha, sabía que era una modelo, llegó a verla en las sesiones de fotos en las que pudo acompañarlo. Al parecer Gabriel y ella eran bastante unidos.
Gera estaba despertándose, escuchó el sonido del agua en el baño, caminó hasta allí y entró.
—¿Ya te tienes que ir a trabajar? —le preguntó a Tomás.
—Sí, yo no tengo el privilegio de llegar a la hora que quiera al trabajo como tú —terminó de quitarse el jabón en todo su cuerpo.
En ese momento Gera entró y lo abrazó por la espalda.
—Me gustaría quedarme más tiempo contigo, así, los dos arrunchados dejando que pasen las horas, solo tú y yo —Gera dejó salir una pequeña risa traviesa.
—Pero no se puede, tengo cosas que hacer —Tomás hizo que Gera lo dejara de abrazar.
—Hoy voy a preparar una cena, te espero a las ocho, no vayas a faltar —informó. Tomás volteó a verla—. Estoy hablando en serio, prepararé una cena.
—No he dicho nada. Ahora deja que me termine de bañar —Tomás hizo que saliera de la ducha.
—Está bien… Ay, eres un seco de primera, tienes corazón de hielo —se burló la joven mientras salía del baño.
—Sí, de hielo sólido —escuchó que dijo Tomás mientras ella cerraba la puerta.
La joven caminó con una sonrisa desplegada hasta la cocina y preparó un café sin azúcar que empezó a beber, después de quince minutos Tomás bajó y tomó un poco de café mientras se preparaba un pan con jalea de mora. Gera reparó la camisa blanca remangada que tenía puesta Tomás, sus brazos fuertes se veían demasiado bien con esa camisa y aquel pantalón jeans.
—Cada vez me parece que te ves más guapo ¿qué es lo que haces? —dijo Gera, después mordió su labio inferior.
—Lo que tú ya no haces —respondió el joven.
—Sabes que no tengo tiempo, además, no creo necesitarlo, por más que coma no subo de peso —Gera arrebató el pan de las manos de Tomás y lo mordió, él dejó salir un resoplido.
—Se me hace tarde, tengo que irme —limpió sus manos con un pañuelo que estaba en el mesón de la cocina y se dirigió a la entrada del departamento.
Gera hizo un puchero y después caminó hasta el cuarto para empezar a alistarse. Se acercó a una ventana donde corrió un poco la cortina para poder mirar hacia la calle, allí estaba el carro de Tomás saliendo del edificio.
—Y no sé qué hacer, cada vez me veo más gorda cuando me miro en el espejo y Gabriel está muy extraño conmigo, ahora se va a ir de viaje con una amiga; imagínate, una amiga. Yo encontré una foto en su computador, tiene que ser ella ¿tú crees que me está siendo infiel? —Alejandra mordió su labio inferior mientras sus manos jugaban entre sí.
—¿Por qué me cuentas todo esto a mí y no a Keidys? —cuestionó Tomás.
—Ella está estresada con su problema del embarazo y la situación con Josef, además… No suelo hablar estas cosas con Keidys, como todos creen que yo no le pongo atención a mi peso… Tú me entiendes, prefiero hablarlo contigo, no preguntes por qué —Alejandra hizo un puchero mientras inclinaba su rostro.
—Entiendo, pero oye… No creo que Gabriel te esté siendo infiel, desde un principio sabías que él se rodeaba con modelos y que a ti te gusta comer despreocupadamente, esa es una muy mala combinación ¿no crees? —Tomás recostó su espalda al espaldar del sillón y carraspeó su garganta para que Alejandra alzara la mirada. Ella con algo de miedo miró a su amigo—, era muy raro que ustedes tuvieran una relación estable, por naturaleza propia eres una mujer demasiado complicada de entender; aunque, lo de tu peso puedes resolverlo, empieza a hacer ejercicio y lo de Gabriel… Tienes que hablar con él, las cosas siempre se solucionan cuando hay comunicación.
—¿Tú me ayudarías con los entrenamientos? —inquirió Alejandra.
—¿Por eso viniste a mi trabajo? —Tomás respingó una ceja.
—Sabes que yo te amo, ¿verdad? —Alejandra desplegó una sonrisa.
—Ese amor tuyo es tan interesado —Tomás soltó una carcajada.
—¿Cuándo comenzamos? —Alejandra se levantó del sillón que estaba en la oficina.
—Es cierto, te está saliendo barriga, Keidys te fue bastante franca —Tomás se cruzó de brazos.
Alejandra dejó salir un suspiro y se miró la barriga:
—Sí… Es que escribir todo el día hace que no me mueva para nada, por lo menos en la universidad tenía el estrés de las clases y eso hacía que bajara de peso, pero ahora no… Las pizzas son muy deliciosas y más si las acompaño con gaseosa negra bastante fría, eso me está costando tener una barriga enorme, Keidys y Claudia tendrán una barriga grande, pero es porque están embarazadas, yo no…
Tomás soltó una gran carcajada y Alejandra lo fulminó con una mirada.
—Tú eres quien hace que me burle, dices todas esas cosas y yo no puedo soportar la risa, mi naturaleza es burlona, no puedo hacer nada. Pero mira el lado positivo, puedes tomarte una foto con ellas e imaginar que tú también estás embarazada —Tomás volvió a soltar la carcajada.
—No sé por qué vine a verte, contigo no voy a resolver nada. Si tan solo Josef estuviera en la ciudad para poder hablar con él… —Alejandra salió de la oficina del restaurante de comida Fitness.
—Alejandra, espera… Ay, no seas tan aburrida, solo estaba molestando —Tomás salió de la oficina y tomó de un brazo a la muchacha al alcanzarla.
—Oye, te burlas porque tienes un buen cuerpo y Gera es delgada y hermosa por naturaleza, no entenderás lo que es sentirse con la autoestima por el piso porque con solo recordar que tu pareja está rodeada de hermosas modelos todo el día y viaja con ellas y no sabes… si te está engañando… Es horrible, pero claro, tú no me entiendes, no sé ni por qué te digo todo esto —Alejandra se sorprendió cuando sintió el abrazo de su amigo.
—Tranquila, claro que te entiendo, pero no es un problema tan grande; solo haces un poco de dieta y ejercicio y volverás a tener tu bello cuerpo de vuelta. Tampoco es que estés tan gorda, no hagas una tormenta en pequeño e insignificante vaso —consoló Tomás.
Santiago estaba sentado en frente de su hermana Keidys, ella hablaba por teléfono sobre el escándalo que hubo por su desmayo, al parecer ya todo lo estaban arreglando y la prensa poco a poco apagaba el fuego.
Santiago dejó salir un suspiro, entró a la casa en busca de algo para comer.
—Alejandra… Que no lo he visto, lo más seguro es que está en su estúpido restaurante que acabó de abrir. A todas estas ¿para qué quieres hablar con él? —se escuchó la voz de Gera.
—Tengo un asunto pendiente con él, no vayas a pensar cosas malas ahora —esa era la voz de Alejandra.
—Claro que no, ni que fuera celosa —replicó Gera.
Las muchachas se sorprendieron cuando entraron en la cocina y encontraron a Santiago allí comiendo un pedazo de sandía.
—¿Qué? —inquirió el muchacho—, ¿quieren un pedazo?
—Cada vez que llego a esta casa te encuentro comiendo, ¿es que no sabes hacer otra cosa? —Gera hizo un gesto de desagrado.
—Es la casa de mi hermana, puedo hacer lo que me plazca, así que deja tu bobada —Santiago también hizo un gesto de fastidio mientras abría la nevera para sacar un poco de agua y un postre que allí había—, tiene fresas, delicioso.
—Pareces un maldito cerdo comiendo —bufó Gera mientras se cruzaba de brazos.
—Bueno, ¿eso a ti qué te importa?, deja de darte mala vida, rana platanera —se enojó Santiago.
—¡Por favor, dejen de discutir, parecen niños! —regañó Alejandra—, van a terminar enamorados como sigan en esas.
—Cállate… Deja de invocar al demonio —replicó Gera.
—Uff… Como si tú fueras muy hermosa, ni loco me metería contigo; yo soy demasiada carne para tan poco perro —Santiago barrió a Gera con la mirada. La joven soltó una carcajada sarcástica.
—Primero me vuelvo vegetariana antes que comerme esa carne, además, parece ser de mala calidad —soltó Gera.
—Ay no, ya comenzaron ustedes a discutir. Lo menos que quiero ahora es escucharlos con sus tonterías. Santiago, recoges tu desorden cuando termines de comer y Gera, si vas a preparar comida con Alejandra hazlo sin discutir con mi hermano, tengo un dolor de cabeza que no aguanto, estos malestares me están matando. ¿Ya llamaron a Claudia?, porque no quiero que me incendien la cocina —dijo Keidys cuando entró en el lugar.
—Claudia ya viene en camino —informó Alejandra.
—Bueno, por cierto, ¿para qué estás planeando hacer una cena?, eres terrible en la cocina —Keidys se cruzó de brazos tratando de no dejar salir una sonrisa de burla.
—Es que, hoy Tomás y yo cumplimos un año y quiero decorar el apartamento, hacer una deliciosa cena y pasarla rico —el rostro de Gera se volvió rojo de la emoción.
Se escuchó la fuerte carcajada de Santiago.
—Qué feo, a Tomás se le olvidó que están de aniversario —el muchacho empezó a comer el postre que tenía entre sus manos.
—Ay, no digas eso… No creo que a Tomás se le olvide algo tan especial. No le prestes atención Gera, lo más seguro es que él también te está planeando algo muy lindo —contradijo Keidys.
—Sí… Tomás no es así, lo más seguro es que te de un lindo regalo, ¡solo de imaginarme me emociono! —Alejandra soltó un pequeño grito que las demás acompañaron.
Santiago salió de la cocina burlándose de la situación.
—Qué feo, la van a dejar plantada —soltó.
—Estúpido ese, ¡cállate! —regañó Keidys, se quitó una sandalia y la lanzó a la cabeza de su hermano que se agachó por el dolor mientras se sobaba el lugar donde recibió el golpe.
—Se lo merece —bufó Gera.
Claudia llegó animada con unas bolsas que las chicas le ayudaron a cargar.
—¡Saca esa bolsa grande, ten cuidado, vienen unos huevos allí! —decía Claudia a Santiago que sin saber por qué terminó ayudando a las muchachas.
Claudia les explicaba a las chicas cómo picar las verduras y poner el fuego indicado a cada sartén.
—Santiago, tienes que revolver más rápido la salsa, mira… se te está subiendo, baja la llama… ¡Santiago que revuelvas más rápido! —decía Claudia al muchacho que ya le empezaba a sudar la frente.
—¡Ya sé…! —gritó Santiago corriendo por la cocina en busca de una cuchara más grande.
Claudia empezó a empacar todo en platos hondos.
—Antes de servir todo debes calentarlo, no le sirvas mucho a Tomás, he visto que come en porciones medianas, por cierto, traje dos vinos y unas velas aromáticas para que todo quede perfecto —decía Claudia. Volteó a mirar a Santiago—, lava los platos, nosotras vamos a acompañar a Gera a organizar el apartamento.
—¿Qué? —el joven volteó a ver la enorme montaña de platos sucios y sus dedos con algunos quemones.
Las muchachas salieron de la casa y Santiago quedó en completo silencio, un gato de raza Angola color blanco entró a la cocina con el sonido del cascabel que se movía en su cuello, empezó a sobarse en los pies del muchacho.
—¿Es en serio que tengo que limpiar todo este desastre? —se preguntó.
Gera, Keidys, Alejandra y Claudia empezaron a organizar el apartamento, decoraron el comedor, el cuarto y cuando el reloj marcaba las seis de la tarde todo estaba terminado.
—Ahora debes arreglarte, ah… y no se te olvide poner la música que te descargué, será perfecta para la noche —Alejandra le guiñó un ojo a Gera.
Cuando las muchachas se fueron, Gera entró al baño para darse un buen baño muy alegre, después maquilló su rostro y arregló su cabello para verse muy bella y vaya que quedó hermosísima. En ese momento escuchó el timbre de la puerta, su corazón se estremeció, seguramente era Tomás quien llegó más temprano de lo habitual.
Se puso los tacones altos y quitó algunas arrugas de su vestido, abrió la puerta con una gran sonrisa desplegada, pero la borró al ver que se trataba de Santiago quien la reparó de arriba abajo un tanto impresionado.
—Se te olvidaron las rosas en la casa de mi hermana —entró al apartamento como si se tratara de su casa.
—¡Cuidado con el piso! —gritó Gera fastidiada, Santiago inclinó su mirada y vio que había pétalos de flores rojas que hacían un camino hasta el comedor.
—Uy, tremendo detalle —masculló—. Voy a dejar las flores en la mesa —salió del camino hecho de flores.
—Sí, pero no toques nada ni dañes la decoración —pidió Gera.
—Ay sí… Deja el drama —entró en la cocina y buscó un florero.
—Tienes la camisa toda sudada —soltó Gera.
—¿Será porque hoy ustedes me tuvieron como su sirviente? —inquirió el muchacho mientras llenaba el florero con agua.
—Bueno, pero es por una buena acción —Gera salió de la cocina hasta su cuarto, empezó a quitar las arrugas de la cama que tenía pétalos rociados sobre ella. Quedó reparando el lugar por un momento y desplegó una sonrisa—. Anda, no me he echado perfume.
—Ya puse las flores en la mesa… —informó Santiago entrando al cuarto, observó que Gera estaba con un rostro serio mientras recibía una llamada.
—No, está bien, entiendo —a la joven se le salió una lágrima de uno de sus ojos.
Santiago quedó inmóvil, no sabía qué hacer, ya imaginaba la situación y no le gustaba para nada estar en medio de ella.
Gera tiró el celular al piso y se sentó en el borde de la cama, el silencio inundó el lugar, después soltó un fuerte llanto y se levantó de la cama desordenando toda la decoración.
—¡Tranquilízate, basta! —Santiago la abrazó para que así no volviera el lugar un desastre.
Gera se agachó hasta quedar sentada en el piso del cuarto soltando un gran llanto:
— ¡Se le olvidó todo!, ¡¿por qué me hace esto?! —soltó entre los sollozos.
La piel de Santiago se erizó cuando la escuchó decir aquello, la pobre chica lloraba desconsoladamente. Se sorprendió cuando ella agachó su rostro hasta el piso y soltó un fuerte grito.
Santiago salió del cuarto mientras llamaba a Tomás, el celular sonaba una y otra vez, el joven se paseaba por todo el apartamento que estaba arreglado con tanto detalle que se dio cuenta que la joven se sentía destrozada al quedar allí plantada después de estar todo un día trabajando en su gran regalo.
—¿Dónde estás? —preguntó al escuchar la voz de Tomás.
—Estoy llegando a la casa de Josef, acabó de llegar a la ciudad, necesito hablar con él urgente y ya sabes de qué —explicó Tomás.
—Eso no es tan importante ahora, estoy en el apartamento de Gera y no te imaginas el problema en el que estás metido —contó Santiago.
—¿Por qué estás allí?, ¿no se supone que ustedes no se soportan?
—Idiota, hoy ustedes están de aniversario y ella te preparó un gran regalo, ahora está llorando terriblemente, no sé ni qué hacer, debes venirte ya, ¿cómo se te pudo olvidar eso Tomás?, solo de verla así me da una rabia contigo que tengo ganas de partirte la cara —Santiago colgó al escuchar un fuerte grito de la joven, entró al cuarto y la vio tirada en el piso llorando descontroladamente.
Santiago no era tan bueno para esos casos, quería llamar a las amigas de la joven, pero sabía que Gera se enojaría al él hacerlo, así que prefirió llamar a la persona que provocó aquel inconveniente.
—Oye, levántate, ven… Vamos a sentarnos en la sala —la tomó de los brazos, se dio cuenta que esa chica estaba tan destrozada que no tenía energías para caminar con aquellos altos tacones, se los quitó y después observó el rostro de la muchacha, su maquillaje se dañó por completo—. Este… Vamos a sentarnos mejor en la cama.
Los dos estaban sentados en el bordillo de la cama, Gera había dejado de llorar y solo mirada un punto fijo en la pared blanca.
—Tenías razón cuando dijiste que a él se le había olvidado nuestro aniversario, Tomás nunca me ha amado, para él solo he sido un estorbo que no sabe quitar de su vida. ¿Qué debo de hacer?, yo estoy enamorada de él, estaba tan feliz de saber que por fin pude tenerlo para mí… por eso planeé esto, quería que hoy fuera una noche perfecta, todo el mes esperé este día —la voz de Gera estaba completamente quebrada.
—Pero si él no te ama, lo más conveniente para estos casos es que lo dejes y sigas tu vida. Soy malo para estas cosas, pero… es que es obvio Gera, tú misma lo has dicho, él no te ama y si solo eres un fastidio para Tomás… ¿Cómo es posible que aguantes todo esto?, yo ya me habría ido lejos, le daría un puñetazo y nunca más lo vería, ante todo el orgullo ¿no crees?, si quieres yo le doy el puñetazo y después me voy —desplegó una sonrisa, pero la borró al ver que Gera lo miraba con rostro totalmente aburrido—. Lo siento, no soy bueno para estas cosas, ya te lo dije antes.
—Lo llamaste, ¿verdad?
—Sí, no sabía qué hacer, yo solo vine a traer unas flores y mira en qué problema estoy metido, no quiero irme, me da miedo que vayas a suicidarte y después quede con peso de conciencia —Santiago tragó en seco. Gera soltó una pequeña sonrisa.
—Nunca me suicidaría por un idiota como él. Esta mañana me había dado cuenta que él se le había olvidado, como suele pasar a final de mes, pero yo pensé “no… esta vez es muy especial, él se va a acordar”, fui tan tonta, Tomás desde que nos conocimos siempre me recalcó que no quería nada conmigo, que… yo no era su tipo de mujer, ¿cómo pude soportar esto por tantos años?
—Tomás no es la gran cosa, tiene una personalidad egocéntrica y a veces suele ser bastante odioso, además, por naturaleza propia es mujeriego, ¿qué le viste?
—No lo sé —Gera inclinó la mirada—, una vez lo observé por la ventana de la casa de mis padres mientras trotaba y yo… Me pareció guapo y en ese tiempo solía ser bastante loca, muchas veces le incité tener sexo y él se negaba, después eso se volvió un juego que solíamos tener hasta que sucedió y nuestra relación se volvió una muy extraña, después le dije que debíamos formalizar todo, él aceptó y bueno, ahora pasó esto.
—Espera, ¿tú le dijiste que fueran novios?, ¿qué rayos? —Santiago quedó con la boca abierta—, oye… si yo fuera una mujer como tú nunca haría eso, mírate, eres hermosísima y he visto los muchos pretendientes que tienes ¿por qué te rebajas hasta esa altura?
—¡Tú no lo entiendes, yo lo amo, es eso! —gritó Gera, lo miró fijamente—, no sé qué hago hablando esto contigo, eres tan bruto que será imposible que estés en mi lugar, solo sirves para comer en la casa de tu hermana y no hacer nada en el resto del día.
—¿Ahora te desquitas tu enojo conmigo?, ¿por qué no eres así de valiente y le dices las verdades al estúpido de Tomás?, y para tu información yo no soy un flojo, tengo que trabajar todo el día y solo tengo tiempo un día para poder visitar a mi hermana que está mal, ah… y te recuerdo, ese día es hoy y tú lo gastaste con tu idiota sorpresa para tu estúpido novio que ni te quiere. Deja de ser tan pendeja y quiérete un poco, por ser así es que Tomás juega contigo y hace lo que se le venga en gana, por eso te deja plantada. Ya me enojé, mejor me largo a darme un baño, por tu culpa ahora huelo a pollo mojado —se levantó de la cama y salió del cuarto.