Portada de la novela Elegida por el CEO

Elegida por el CEO

8.9 / 10.0
Abby Collins vive bajo la sombra de sus inseguridades, creyendo que su apariencia es el obstáculo para enamorar a su jefe, el magnate Callan Meison. Mientras él se deja seducir por Susan, Abby recurre a lo sobrenatural para transformar su destino. Su llamado atrae a Eros, un demonio sombrío que desarrolla una fijación por ella. Para obtener la belleza prometida, ella deberá pagar un precio carnal: entregarle su pureza a este ser oscuro y posesivo.

Elegida por el CEO Capítulo 1

Una chica de estrecha cintura y larga cabellera rubia se bajaba de un taxi frente al edificio donde trabajaba… Abby dejo unos billetes al chofer del coche y salió deprisa hasta el interior de la edificación. Llegaba tarde, nunca le había pasado una cosa como esa. Siempre era puntual con la hora de su entrada.

Pero la noche anterior se había dormido tan tarde terminando con el trabajo que la pesada de Susan le había encargado. Le caía tan mal esa mujer, era tan molesta. Pero por desgracia era su superior y nada podía hacer. Abby no le gustaba quedar mal, era responsable y le agradaba su empleo.

Abby trabajaba para la mayor agencia de seguros de vida, era una compañía muy importante en la que no podías encontrar empleo fácilmente. Pero por fortuna, ella era buena con los números y por ende había conseguido un puesto un tanto importante. Desgraciadamente le habían asignado a la peor supervisora de todas.

Pero le había tocado el jefe más sensual y atractivo que había conocido en toda su vida, Callan Meison todo un macho viril. Seductor nato, y playboy. Del que se rumoreaba que se había llevado a la cama a la mitad de las chicas de la oficina, todas menos a ella… en eso la puerta del ascensor donde subía la rubia se abrió sacándola de sus cavilaciones y justo en ese momento el rostro de su encantador jefe se encontraba ante ella.

— ¡Abby! — Este mira su reloj — ¡Llegas tarde! Me sorprende— La mira con aquellos ojos azules que la derretían por completo.

—Señor Meison, lo lamento. Es que anoche tuve mucho trabajo y Su…

—¡Callan! Estas aquí, justo a tiempo — Dice una morena llegando a su lado muy sonriente.

Era Susan, como siempre interrumpiendo las pocas oportunidades que tenía Abby de estar sola con Callan. La morena siempre que la pillaba cerca del jefe esta llegaba en segundos. ¡Claro! sabia porque lo hacía, Callan estaba follándose a su asistente desde hace mucho tiempo.

Y aunque Abby lo sabía no comprendía porque aún no podía sacarse a ese hombre de la cabeza. No le convenía, él solo se acostaba con las mujeres pero con ninguna se quedaba al menos para una relación seria.

—¡Ah! Abby, llegas tarde… — Está la mira de arriba hacia abajo — Se te sumara más trabajo— Expresó con evidente fastidio.

—Bueno, ustedes arreglen ese asunto. ¡Ya debo irme! ¿Necesitabas algo de mi Susan?

—¡Eh! Si, necesito que firmes unos documentos importantes. Es para la reunión de esta tarde.

—Muy bien, los firmare en mi oficina.

Callan le dedica una mirada a Abby que jamás le había brindado… la rubia sintió las mejillas arder y por un momento pensó que se había sonrojado. Pero la sensación no le duro mucho, ya que Susan lo había tomado del brazo para llevarlo hasta la oficina.

Así que su atractivo jefe se fue sin decirle una maldita palabra… y como siempre todo era culpa de Susan.

—Ponte a trabajar Abby— Demanda la morena dedicándole una mirada asesina al mirarla por encima de su hombro.

Sin más remedio, esta solo suspira. Llevándose la carpeta negra al pecho con un montón de papeles. La chica camino hasta el cubículo que era su oficina dejando todo sobre la mesa de escritorio.

Desde su puesto, tenía acceso visible hasta la oficina de su jefe. Allí dentro observo como Susan se le insinuaba a Callan, las persianas de la oficina estaban a medio cerrar pero aun así se podía ver como la morena casi que se le tiraba encima al apuesto empresario. Ella era la única que tenía el privilegio de estar tan cerca de él, era su asistente y Abby solo era la que asistía a Susan… o bueno, mejor dicho le hacia el trabajo. Y aunque pareciera un trabajo horrible le pagaban mucho mejor que en cualquier otra parte.

Abby volvió a levantar la mirada, fijándose que su jefe metía una mano por debajo de la falda de la morena quien sonreía como una maldita perra. La sangre de la rubia hervía por mera rabia, mordió sus labios. Odiaba albergar aquellos sentimientos no correspondidos por Callan, él ni siquiera la volteaba a ver y ella sabía porque.

Su aspecto era el culpable de todo, no había nacido con el don de ser hermosa. Sus senos eran pequeños, y carecía de un buen trasero y por si fuera poco tenía un rostro como el de una adolecente. ¡Por dios! Tenía 24 años ¿Cuándo iba a dejar de aparentar ser una niña? Ya era una mujer, una que tenía necesidades. La chica se sentó en su silla, encendiendo el ordenador… a veces envidiaba a la idiota de Susan, ella era hermosa y seductora. Además, poseía cualidades por las que un hombre se pondría de rodillas. Y lo más importante de todo, no era una lerda como lo era ella. Apostaba que era toda una diosa del sexo, y que Callan lo disfrutaba.

Esta negó mentalmente, abofeteando sus pensamientos irracionales… desde luego que lo disfrutaba, él era un playboy. Y si los rumores eran ciertos de que se había follado a media oficina, no le quedaba dudas que la estúpida de Susan era muy buena. Con ella había durado más que con nadie se preguntó ¿Por qué?

La rubia empezó a teclear el ordenador. Cuando se fija que Susan abandona la oficina de su jefe y minutos después este también sale acomodando su corbata. Abby lo mira, sintiendo que sus bragas se humedecen. Le causaba tantas sensaciones al mismo tiempo, si tan solo él supiera lo que ella sentía por él. Un enamoramiento por más de 3 años no podía ser normal, a veces pensaba que ya era suficiente de todo aquello. Que debía amarse un poco más, quizás encontrar a alguien que la amara de verdad. Pero entonces…

—Hasta luego Abby— Le dice su jefe, a lo que su maldito corazón se vuelve loco.

—Que le vaya bien, señor Meison.

Este medio sonríe encaminándose hasta el ascensor… y allí estaba la razón del porque no podía dejar de amarlo. Esos pequeños e insignificantes detalles la enloquecían. Y solo acrecentaba su enamoramiento enfermizo hacia su jefe. Ningún hombre lograría sacarle de la cabeza a Callan Meison.

nota: actualizaciones diarias por las noches mis bellas... sin falta.

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