Capítulo 2

Se encontraban dentro de la casa, ya se había presentado, estaban en la sala de estar, la joven ve aquel interior de la casa, todos los muebles están cubiertos de tela blanca, algo que le extraña ver y que el señor alto, algo gordo, moreno y de cabello negro ve la expresión de la chica y dice:

—Su madre fue quien ordeno cubrir los muebles.

Ella continúa mirando y asiente solamente, sin decir nada, comprendía y no le sorprendía para nada.

—Gracias señor Rolando, mis padres lo estimaban mucho.

—Y nosotros a ellos señorita, se parece usted a ellos.

—Gracias, como veo todo se encuentra bien.

—Claro que si señorita.

—Solo dime Olivia.

—Señorita Olivia, desde que ustedes dejaron la casa y su padre me ordeno cuidarla, desde su ausencia la casa se ha mantenido en perfectas condiciones, y lo mucho que le tengo estima a su padre, estoy a sus órdenes.

—Muchas gracias Rolando, seré franca con usted, no tengo decidido aún que quiero hacer con la casa, pero me quedare solo por esta semana.

Continuaron hablando sobre la casa, informándole sobre que tiene todos los servicios, mientras continúan recorriendo mostrando el señor Rolando parte de ella y del jardín muy bien cuidado que se da cuenta Olivia.

En eso se encuentran ellos en la cocina, ella por un instante abre la puerta del refrigerador, el señor Rolando intento evitar que abriera, pero ella ya lo había hecho, que no tenía nada, ni estaba encendido, algo que hizo reír al sonreír y decir:

—Bueno, debo a comprar comida, me ayudaría.

—Si.

—Vámonos.

Los dos salieron de la casa platicando, es como ella se da cuenta que se encuentran ya las personas, niños, abuelos, abuelas y mascota caminando por la calle, en eso suben al jeep, pero ven llegar a un chico adolecente.

—Papá.

—Ramiro, es mi hijo señorita.

Él chico se acerca a ellos, al ver que su padre esta con una joven pelirroja muy linda que sonríe.

—Hijo, ella es Olivia Baquero.

Ambos se estrechan las manos.

—Hola solo dime Olivia, gusto en conocerte Ramiro.

—Igual.

Su padre lo mira, esperando que le diga que sucede.

—Mamá dijo que estabas en la casa Baquero.

—Bueno íbamos al súper.

—¿Quieres venir? —pregunta ella.

—Si gracias.

—Subamos al auto.

Todos ya estaban dentro, ella comenzó a manejar, mientras Rolando y ella iban platicando, mientras él le indicaba a donde ir. En eso ve ella que llegan a un pequeño supermercado, estaciona el carro y bajan, en eso entran, solo compra lo indispensable y algunas cosas más.

Volvieron a casa, ambos la ayudaron, mientras Ramiro el chico adolecente de 15 años de ojos cafés se encuentra guardando las cosas en el refrigerador.

Mientras, ella está mirando algunos trastes que también se encuentran envueltos en papel periódico, mientras que el señor Rolando se encuentra en el jardín, es cuando escucha sonar su celular de que alguien está llamando, y que no lo tiene a la mano ya que se encuentra en la mesita central de la sala, corre a contestar.

—Espera no cuelgues. —dice al ir directo a tomar rápido el móvil.

Pero cuando llega encuentra que ha perdido la llamada, mira quien llamo, al leer el nombre Guillermo, piensa que después ella lo llamara.

En eso voltea hacia la ventana que tiene cerca, y que da al jardín, se acerca ella, y ve a Rolando hablando con un muchacho de pelo marrón oscuro, de ojos azules y alto, lo mira ella de tal forma al verlo platicar que es guapo y alto, solo sonríe al mover la cabeza ignorando lo que piensa.

Se dice que quizás es su vecino, y ahora que lo recuerda, en la casa de al lado antes vivían sus tíos, Carolina y Fernando, siendo que el murió hace ya tiempo, al contagiarse de una terrible enfermedad y que ahora su tía, volvió a casarse con alguien más, teniendo tres hijos, siendo ahora cuatro, con el hijo que tuvo con el tío Fernando.

Y ahora que murieron sus padres, ella aviso a la familia, al ser que la mayoría se presentaron a la misa, y que cuando se lo anuncio a tía Carolina, recordó lo que una vez su madre le dijo, no decir nada a su tía, algo que aún no entiende y que ninguno de sus padres le explicaron, pero eso no evito hacerlo, pensando que ella no tiene que ver en eso y las cosas son diferentes, es como tía Carolina y su esposo estuvieron presente y le dieron el pésame.

En eso desvía ese recuerdo, mirando de nuevo al chico marrón, al pensar que no puede pensar en alguien más, al ser que aún se recupera del rompimiento con Guillermo, ella da la vuelta para volver a la cocina riendo, que nada que ver al ser que no le afecto demasiado romper con su ex.

—Termine Olivia.

—Gracias Ramiro. —contesta ella.

Mientras los dos hablan de la escuela, para conocerse un poco más, ven que llega el señor Rolando, que menciona otras cosas de la casa y el jardín, asegurando que el día de mañana llegaría temprano a terminar.

Mientras tanto, debían volver a casa y así fue que Rolando y su hijo Ramiro se despidieron de ella, sin antes decir:

—Tiene mi teléfono para cualquier cosa.

Ella mueve la cabeza al decir:

—Claro, gracias.

Los despidió hasta la puerta, los vio irse desde la ventana, ella decidió subir por las escaleras al dirigirse a su antiguo cuarto, el cual ya había entrado antes, cuando Rolando se lo dijo, al hacer ese pequeño recorrido.

Solo entro, lo vio unos minutos para después salir de la habitación y ahora sola con los brazos cruzados, y mirando toda la pieza que se encuentra cubierto de telas.

No le era extraño que su madre hubiera querido conservar cada mueble, cama y objeto de la casa, y que su padre accediera a eso, al ser que ha visto que algunas cosas pueden donarse o ser vendidas, y estar en su cuarto, que tiene algunos posters pegados a la pared, algo desgastadas, algo viejas y casi las palabras no estaban visibles.

Toca algunos de sus posters de películas, cantantes, dibujos o actrices, mira los muebles al quitarle la tela que los cubría, mira la ventana, ella se acerca y sé queda para mirar parte del jardín, el cual observa de vivos colores.

Visualiza en una pequeña parte de esa vista al vecino de cabello marrón, solo sonríe, pareciera ver que revisa esa parte de su, jardín, aunque de repente desaparece, aunque Olivia quiere ver a donde va, le es imposible, pero es como su mente la reconforta, al solo quizás pensar, que solo vuelve a su casa.

Continúa mirando distraída, al sentarse junto a la ventana con sus piernas dobladas hacia ella, al tener sus brazos alrededor de ellas, recordando parte de su niñez, a los 10 u 11 años, que desde esa parte donde ahora mira a su vecino, aun a quien miraba antes, era a su primo y mejor amigo, de alguna forma a olvidado su nombre, algo que aun la confunde y que insiste que tiene su nombre en la punta de la lengua, pero algo evita recordarlo.

Quizás se queda por algunos momentos más mirando a través de su ventana, se da cuenta que hay otro chico y tiene lentes con similar color de cabello, hablando y riendo, se les queda viendo, ella creyendo que tal vez son hermanos, hasta que es interrumpida por el timbre de su teléfono que vibra y suena en su bolsillo trasero de su pantalón.

En eso revisa enseguida, al descubrir leyendo que quien aparece llamando es su amiga Susana, a quien enseguida le contesta aun sentada.

—Susana.

—Olivia hola, llegaste con bien.

—Si.

—¿Qué tal la casa? —pregunta su amiga.

—Grande y muy bien cuidada por el señor Rolando, y descubrí que mi madre fue quien ordeno cubrir todos los muebles, y cosas de la casa con sabanas.

—Te lo creo y te lo dije amiga, tu madre era de esas que no desechan nada, ya tienes pensado que hacer.

—Sí, algo.

Siguen hablando mientras ella se levanta alejándose de su ventana, saliendo de la habitación y bajando las escaleras, mientras escucha lo que dice Susi sobre su trabajo.

—Tal vez puedas venir. —dice Olivia, insistiendo a que venga.

—Me encantaría, lo sabes.

—Si.

—Pero miraras televisión.

—No puedo ver televisión, Susi.

—La casa no tiene luz.

—Claro, la casa tiene luz, lo que no es televisión por cable, solo contrate el internet mientras me quedo esta semana, así veo si vender o rentar la casa, así podría ganar algo de la casa, porque veo que mantener la casa no es tan fácil como la mantenían mis padres.

—No piensas irte a vivir haya.

—No, para nada, tal vez sea mi casa de campo, pero causa que debería darle el mantenimiento que ha tenido siempre, no sé si tendré el tiempo y el dinero, he notado que es más común en vender que en rentar, lo pensare.

—Ya sabes que tienes mi apoyo.

—Si amiga, lo sé y gracias.

Olivia estaba en la cocina abriendo su mochila, sacando el topper con algunos sándwiches que aún le quedaban, y tomando de la hielera una lata de soda.

En eso que continuaba hablando con su amiga, para luego despedirse ambas, ella colgó, guardo el teléfono de nuevo y tomo, todo volviendo a subir por las escaleras, pero hacia la habitación que era antes de sus padres, en el cual ella se quedaría a dormir y todo eso.

Se acomodó a la cama a mirar una serie a través de su laptop, mientras comía, en eso que termina el capítulo de la serie y de haber comido, deja las cosas sobre la cama, se levanta y va hacia el armario, el cual abre y claro, no hay nada dentro, solo algo de polvo que ha adquirido, solo vuelve acerrarlo y va a la cama, toma el traste y la lata vacía, sale del cuarto y baja.

Al estar en la cocina prefiere recorrer de nuevo la casa y mirar cada armario de las cuatro habitaciones que se encuentran en el segundo piso, se lleva tiempo haciéndolo sin encontrar solo el vacío, polvo, telarañas de polvo, nada, sigue viendo y revisando, creyó que quizás encontraría ropa, fotografías, algo de ella o sus padres, llega la noche y solo va a dormir.

A la mañana siguiente, temprano, se levantó en pijama, antes de tomar un baño o hacer cualquier cosa, Olivia se pone los tenis que tiene a la mano y sale de la habitación, baja las escaleras para salir y mirar el jardín, el cual ve al recibir y oler aquellos olores de tierra mojada, viene a su mente la silueta de su madre.

—Hola, buenos días vecina.

Una voz masculina la distrae y voltea a ver al hombre, que está al otro lado de la reja, mira sus ojos azules y su sonrisa con aquel cabello marrón.

—Hola, buenos días. —saluda y se acerca a la reja.

Capítulo 3

Se quita uno de los guantes que trae puesto y es como ambos se estrechan las manos, ver a esa preciosa pelirroja que aún no cree que sea ella, pero que el señor Rolando afirmo respondiendo unas sencillas preguntas que hace un vecino, cuando le extraña ver movimiento en la casa vecina y ahora tenerla de frente, en pijama.

—Me llamo Olivia.

—Alejandro.

—Un gusto, tienes mucho tiempo viviendo en Leima.

—Desde niño y ¿Tú? Olivia.

—Estoy de visita.

Continuaban hablando un poco sobre Leima y sus lugares para conocer.

—Alejandro, ya me voy, regreso al rato.

—Miguel ven a saludar a nuestra vecina Olivia.

Es como ella ve al chico de antejos que vio ayer desde la ventana, sí que estaba alto, de ojos oscuros, cabello marrón rebelde, enseguida saludo a Olivia.

—Hola Olivia soy Miguel.

—Hola Miguel.

Ver a los dos ahí juntos, no evito que ella preguntara:

—Son ¿Hermanos?

—No, somos amigos Olivia, debo irme no quiero llegar tarde a la universidad, es un gusto, nos vemos. —dice Miguel al irse.

—No eres la primera que nos lo dice. —comenta Alejandro.

—Buenos días.

Los dos voltean y ven que es el señor Rolando.

—Buenos días. —saludan al unísono ambos.

—Bueno, debo irme, un gusto conocerte Alejandro. —le dice Olivia.

—Igual para mí, te veré después. —contesta Alejandro.

Ella asiente y la ve irse, él decide entrar a su casa dejando los guantes, Alejandro se encuentra llamando a su madre, está sonando el teléfono, ella no contesta para nada al enviar a buzón de voz que solo cuelga al decidir en hacerlo más tarde, deja su móvil en la cómoda, sube al segundo piso yendo a su habitación, se desnuda, ya hay entra al baño para darse una ducha.

Gusta alejar su celular de él por cualquier distracción, al ser que cuando trabajaba y se convirtió en una persona obsesionada de tener cualquier aparato electrónico como su teléfono, que siempre interrumpía las horas en cualquier momento, y provocaba en él un nerviosismo, estrés y obsesión al obtener algo de fama, se diría la cual no pudo resistir ni equilibrar a su beneficio.

Borra cualquier pensamiento de eso, pensando en Olivia, tanto tiempo sin haberla visto, aún recuerda la promesa que ha sido cumplida por amor, lo que le extraña es que ella no lo reconociera de quien es él, termina de bañarse, sale y se viste deprisa, al ser que debe ir a la tienda de abarrotes, sale de la casa y sube en su automóvil.

Olivia iba en su camioneta manejando, después de hablar con el señor Rolando quien se quedó trabajando en el jardín, ella se dirigía a varias tiendas, papelerías y demás que decidió ir a ver y comprar cosas, sabía que sería rápido, solamente se estaciono y entro a la primera papelería que llamo su atención.

Olivia nota que la señora la mira con mucha confianza, algo que ella ignora, continúa comprando algunas cosas de la tienda de abarrotes, donde hace unos momentos entro y se encuentra hay aún.

—Nunca olvido una cara, aunque la tuya no ha cambiado, aun reconozco a la niña Baquero.

—Lo siento, no la recuerdo.

—No lo sientas, eras muy chica, pero conocí a tus padres, siento mucho lo que les sucedió, mi nombre es Mónica.

Olivia mira a la señora de ojos negros, con esa sonrisa que muestra felicidad y en eso a su memoria viene un recuerdo corto.

—Usted, era quien siempre venía con su carrito de yogur.

La señora Mónica asiente.

—¿Cómo está usted? —pregunta ella.

—Bien hija.

—Me alegra.

—Cuanto te quedaras.

—Por algunos días, bueno debo irme.

—Claro, espero hayas ya visto a tu primo.

—Si ya, adiós señora Mónica.

Solo respondió al irse de esa tienda preguntarse a que primo se refería, al ser que el hijo de tía Carolina trabaja en la ciudad, ella solo subió a su camioneta y se fue a casa, sin tomar mucho interés a ese tema.

Alejandro aún se encontraba en la tienda atendiendo a las personas, mientras conversaba con uno y otro, en eso la señora Mónica de cabello corto oscuro no muy alta, pero algo gordita le dice a él:

—No sabía que tu prima había venido.

—Mi ¿Prima? —responde enseguida, porque realmente le sorprendió que se lo dijera.

—Si Alejandro, tu prima, no me vengas que por haber cambiado tus apellidos creas que ella ya no lo es, ella seguirá siendo tu prima y hace poco vino.

—No sabía que había venido, sé que es mi prima Mónica, pero ella solo viene de paso.

Iban a continuar hablando, cuando algunos más clientes entraron a la tienda.

Ya en casa, Olivia se encontraba ya en su trabajo hablando con su compañero, el señor Rolando, continuaba en el jardín, ella había ordenado un poco las cosas que compro, al ser que el día había comenzado sin ninguna novedad disfruta, pero Olivia, ya tenía planeado que hacer, después de trabajar bajaría al sótano que tenía la casa, pensando que algo hay debía a ver guardado.

—Señorita Olivia.

—¿Si? Rolando. —le dice ella sin dejar de teclear.

—Ya terminé.

Olivia detiene lo que estaba haciendo, al decidir ir con Rolando hasta el jardín, donde ve que ha compuesto la manguera y algunas otras cosas.

—Gracias señor Rolando.

—Tiene mi teléfono para cualquier cosa.

—Claro gracias.

Ambos se despiden, al volver ella a la casa y quedándose sola, volvió a su laptop, guardando lo que había hecho y la cerró, decidió ir hasta el sótano donde ahora se encontraba, al ser que ya era tarde, encendió la luz al ver cajas empacadas y escritas, algunos muebles cubiertos de tela, comienza a buscar y checar.

Alejandro se encuentra de nuevo en casa, volviendo a llamar a su madre, quien vive en la ciudad, mientras espera a que ella le conteste tiene el altavoz encendido, al hacer otras cosas.

—Bueno.

—Mamá.

—Alejandro ¿Cómo estás? —pregunta su madre.

—Bien mamá, quiero saber algo.

—Si hijo, dime.

No quería decirlo tan directo, solo averiguar la verdad de ello.

—Has visto a mi tía Edith y a mi tío Jorge.

Nota que su madre tarda un poco en contestar, a lo que decide decir:

—Alejandro, hace unos días ellos murieron por un accidente.

—¿Murieron?

—Si hijo, Fernando y yo estuvimos presentes en la misa, no puedo pensar como este tu prima.

—Veras mamá, ella está en Leima.

—Cómo crees.

—Así es mamá.

—Ya la viste.

—Sí, parece que ella no se acuerda de mí.

—Debes entender, ella muy chica dejo Leima.

—Pero ¿Porque no me dijiste? mamá de que ella vendría.

—Hijo como yo lo iba a saber, desde que tus tíos se fueron de Leima perdimos contacto, hasta que hace ya algunos días Olivia me contacto para invitarnos a la ceremonia de sus padres.

Alejandro solo mueve la cabeza.

—Ok mamá.

—Ella ¿Cómo está?

—Bien mamá, no se la verdad, no la he visto mucho y no sé cuánto se quede en Leima.

Aunque su madre no comenta mucho, decide ella preguntar:

—¿Qué tal la tienda?

—Muy bien mamá, mañana temprano llega un pedido.

—Qué bueno hijo, quiero saber la verdad.

—De ¿Qué? mami.

—La otra vez te llamé a casa y Miguel contesto, pero me comento que te han llamado y visitado tu jefe como compañeros de trabajo.

Alejandro mueve la cabeza, era cierto, últimamente ha tenido llamadas de su jefe, amigo y compañeros de trabajo, diciendo que es hora de volver al trabajo, ha recibido visitas de amigos y personas importantes en casa buscándolo, para que él regrese al trabajo, algo que simplemente niega en volver y ellos solo deciden despedirse y volver a la ciudad, sin él.

—Si mamá, es cierto, pero no me siento listo para volver.

—Lo respeto hijo, pero lo sabes yo siempre te apoyare.

—Lo sé mamá, y te lo agradezca mami.

Continuaron hablando por algunas horas más, hasta que vio llegar a su amigo Miguel, ambos se saludan al mover los labios diciendo:

—Mi mamá.

Miguel solo asiente, al subir por las escaleras.

—Bueno mami, debo cortar, Miguel ya llego y vamos a comer.

—Claro hijo, salúdame a Miguel y por favor cuídate, y ten cuidado.

Al principio se sacó de onda con lo último que dijo su madre, mas no hizo caso y solo se despidió, colgando el teléfono, de ahí subió las escaleras para ir a la habitación de Miguel, quien se encuentra acostado a la cama.

—Hola.

—Hola Ale.

—¿Tienes hambre? —pregunta él.

—Si.

—Entonces ven a ayudarme.

Miguel arquea la ceja, al asentir, los dos se encuentran bajando las escaleras, yendo a la cocina van hablando de todo.

—Entonces piensas presentar examen.

—No, estoy exento.

—Felicidades Miguel.

—Gracias y que prepararas para comer.

—Prepararemos unas sabrosas albóndigas con espagueti.

—Está bien.

Ambos empiezan a preparar, no era la primera vez que lo hacían, desde que se conocieron hicieron una buena mancuerna, al ser que a él lo conoció cuando comenzó a trabajar de mesero del restaurante en el que Alejandro trabajaba de chef, y repostero.

—Entonces hablaste con tu mamá.

—Si un poco, me dijo sobre lo que le dijiste.

—Es tu mamá, debía saberlo, ya te decidiste.

Niega con la cabeza.

—Debo cuidar el jardín, y desde que murió mi padre y mi mamá volvió a casarse, yo quise encargarme de la tienda.

—Te has quedado en Leima por mucho, dejando de ser el chef y repostero famoso, si hacemos cuentas casi tienes cinco años aquí, ya estas viejo.

Medio sonríe Alejandro, al recordar que sí, su vida fue agobiante en la que debía él mismo salvarse de la mejor forma, volviendo a su hogar donde creció, algo que agradece demasiado a su madre.

—Me dices viejo.

Los dos se molestan por un rato en lo que comen, en eso Miguel dice:

—Y Olivia, es la prima que te gustaba.

Escuchar esas palabras, lo hace sentir tímido al solo pensarlo.

—Aja.

—Piensas irla a ver de nuevo, o ignoraras que ella este aquí.

—Tal vez, no lo sé, estaré ocupado en la tienda.

Miguel conoce bien a su amigo y sabe bien que eso es un pretexto.

—Porque no solo le preparas una deliciosa pasta, tú me contaste que de niños la pasta le encantaba.

—No lo sé.

—Llévale lo que sobra del espagueti.

Alejandro lo mira negando con la cabeza. En eso terminan de comer, levantan la mesa y miran algo de televisión, al ser que el día de mañana que era viernes, muy temprano debían despertar ambos.

—Javier, lleven esto a los estantes de arriba. —ordena Alejandro.

Continúo trabajando en la tienda, esta vez Miguel por la mañana le comento que no llegaría a casa, al ser que sus amigos y él planearon ir al cine, esto lo hizo pensar en preparar aquella pasta de la que hablo su amigo.

Ahora se encuentra Alejandro frente a la puerta, ha tocado el timbre y escucha:

—¡Ya voy! —grita ella.

En eso la ve con un short y su sostén deportivo, ella se sorprende de verlo y que huela el aroma del espagueti con pequeñas albóndigas.

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