Portada de la novela El Secuestro de Lucía

El Secuestro de Lucía

8.7 / 10.0
Con dieciséis años, Lucía vive atrapada en el rencor por el divorcio de sus padres y el rechazo hacia su nuevo hogar. Su insomnio y ansias de escape terminan abruptamente cuando cae en las garras de una organización de trata liderada por el «Pantera». En medio de la violencia y el control de la mafia, la joven descubrirá que la realidad que tanto detestaba era, en verdad, un paraíso frente a la brutal perversión del mundo criminal que ahora la rodea.

El Secuestro de Lucía Capítulo 1

QUIERO DEDICAR ESTE LIBRO A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE HAN SIDO VÍCTIMAS DE ABUSO SEXUAL, A TODOS AQUELLOS QUE HAN VIVIDO LA TRATA DE BLANCA, YA SEA EN CARNE PROPIA O DE UN FAMILIAR.

A TODOS AQUELLOS QUE AÚN VIVIENDO TODO ÉSTO, SIGUEN ADELANTE, LUCHANDO Y GUERREANDO POR TENER UNA MEJOR VIDA, A TODOS LOS QUE LUCHAN POR NO SENTIRSE VÍCTIMAS, PORQUE SON UNOS SOBREVIVIENTES.

ÉSTE LIBRO ESTA DEDICADO A QUIENES A DIARIO SE LEVANTAN POR SUS SUEÑOS, SIN IMPORTAR EL PASADO QUE HAN VIVIDO.

A USTEDES, MI RESPETO, MI AMOR, MI CARIÑO Y ORACIONES, PARA QUE SUS VIDAS ESTEN LLENAS DE DICHA ABUNDANTE Y MUCHO AMOR.

ESTE LIBRO ES MI GRITO PARA DECIR. BASTA A LA TRATA DE BLANCA, BASTA DE ABUSOS, BASTA DE MALTRATO.

**********************

¿Cuántas veces te has quejado de tu vida?

¿Cuántas veces has deseado morir?

¿Cuántas veces has pensado que lo mejor seria desaparecer?

¿Dejar de existir?

Cuidado con lo que deseas, porque podría volverse realidad.

***********

-¡Lucía, Lucía cariño, arriba!- escuchó la voz de su madre y se removió enfadada.

-No quiero levantarme, déjame dormir- se quejó malhumorada. No tenía la más mínima intención de levantarse de la cama.

-Debes ir al instituto, vamos arriba- insistía su madre. Todos los días era lo mismo.

-¡Tuve una mala noche, tengo migrañas, déjame en paz!- le espeta furiosa.

-Ya basta de grosería Lucía, estoy cansada de eso- cansada, agotada y frustrada, así era exactamente como se sentía con la actitud de su hija, no sabía qué estaba haciendo mal con ella, pero no lograba hacer que al menos la respetará o se dirigiera respetuosamente a ella.

-Me importa muy poco que estés cansada, porque yo también lo estoy, me quejo y a nadie le importa, ¿por qué debería importarme que tú lo estés?- se sienta en la cama y la mira con brazos cruzados y ceño fruncido. Sus ojos azules, tan idénticos a los de su madre, le reflejan desprecio. La odiaba, lo sabía porque su pequeña hija no hacía nada por disimularlo.

-¡Soy tu madre, no puedes hablarme así!

-Puedo hablar como quiera- la reta con la mirada- ¡estoy cansada de ti, de tu esposo y de tus hijos!- escupe con tanto desprecio que su madre tiene deseos de llorar. Siempre se refería así a sus pequeños hermanos que eran tan inocente como ella, en todo aquel mundo de confusiones.

-¡Son tus hermanos! - le dijo intentando controlarse.

-No me importa, no los quiero- le dice enojada, no te quiero a ti y no lo quiero a él.

-¡No sé qué hacer contigo!- su madre gime frustrada. Estaba cansada de aquellas peleas diarias, de su mal humor matutino, de la manera en que la hablaba, de sus desprecio a sus pequeños hermanos. Sentía que su hija estaba saliéndose de sus manos.

-Fácil, envíame a vivir con papá - la miró sin pestañas, lo dijo sin titubear.

-¡Eso es lo único que te importa!, ¡tu padre!

-Sí- reconoce altanera- mi padre es lo único que me importa, y al único que quiero. ¡Odio esta casa!, ¡la odio!- le grita con fuerza y su madre la mira con ojos vidriosos.

-Pues lo siento Lucía Carter, siento que nos odies a todos, pero con Neithan, no puedes vivir.

-¡¿Por qué?!- pregunta al borde de las lágrimas. Ella también se sentía frustrada de no ser escuchada, de no poder estar con el único ser con el que encontraba paz.

-Esa respuesta ya la sabes. Tienes diez minutos para que estés lista y bajes a desayunar. - Se giró para irse y escuchó como su hija renegaba nuevamente de ella.

Lucía, sintió como las calientes lágrimas se deslizaban silenciosas por sus mejillas.

Odiaba su vida, la odiaba profundamente.

No quería estar allí rodeada de esa familia en la que se sentía una intrusa, quería estar con su padre. El único que realmente la amaba.

Se levantó furiosa a tomar un baño. Había tenido una noche terrible, no logró dormir sino hasta bien entrada la madrugada y eso sólo generaba que pasara todo el día de mal humor.

Después de vestirse para el instituto, tomó su mochila y la llenó con lo que necesitaría ese día. Decidió dejar su cabello suelto para que así pudiese secarse libremente.

Bajó al desayunador y encontró a sus hermanos a la mesa. Sin decir nada se sentó y comenzó a servirse cereal.

-Hola, Luci- le dijo la pequeña de ojos castaños.

-Hola, Lorena. . . y antes de que te quejes, hola, a ti también Lucas. -

El pequeño le sonrío alegremente, mientras la miraba con absoluta adoración. Amaba mucho a su hermana mayor, aunque ella siempre parecía estar enojada.

-Hola. Que linda te ves hoy- Lucas siempre tenía la necesidad de adularla, esperanzado en conseguir más que sólo un par de palabras de parte de ella.

-Gracias- le dijo cortante y comenzó a comer. Pronto apareció su madre, con dos platos de fruta, y después trajo zumo de naranjas.

-¿Está bien así o quieres que te sirva más?

-Yo solo comeré cereal- dijo sin mirarla, su madre suspiró resignada, pensando en lo difícil que era lidiar con una adolescente. Nada la alegraba, nada la relajaba, nada la hacía feliz. . . bueno sí, una sola cosa y era estar con su padre.

-¡Buenos días, familia!- se escuchó la profunda voz masculina y Lucía, cerró los ojos y apretó la boca con fuerza para evitar decir una obscenidad, quería respetar la presencia de sus hermanos. Pero odiaba a aquel hombre, lo odiaba.

-¡Buenos días, papi!- gritaron ambos niños a la vez. Entonces él tomo asiento en la cabecera de la mesa.

-Buenos días, Lucía.

-¿Tienen algo de buenos?- le preguntó con desprecio.

-Nunca he comprendido tu actitud hacia mí- ella levantó la mirada y lo miró con ojos cargados de odio.

-Déjame en paz, ¿quieres?

-¡Lucía!- la voz de su madre reclama su atención, sus ojos azules la miran enojada.- ¡evita responder así frente a tus hermanos!- ella sencillamente se encogió de hombros y siguió comiendo- date prisa o te dejará el transporte.

-Yo podría llevarte al instituto Lucía, a fin de cuentas me queda de camino a la oficina.

-No quiero, ni necesito, que me lleves a ningún lado. Si el transporte me dejara, prefiero caminar.

-Es un buen ofrecimiento hija. . . – empieza él, generando un estallido de furia de parte de la chica.

-¡NO SOY TU HIJA, NO SOY TU HIJA!-grita mientras golpea la mesa y se pone en pie.- ¡NO VUELVAS A LLAMARME ASÍ, YO TENGO UN PADRE Y NO ERES TÚ!

-Lucía, respeta a Rafael- la amenazó su madre. Entonces ella pateó a la silla, tomó su mochila y salió corriendo de la casa, conteniendo las lágrimas y el nudo en su garganta.

Corrió hasta la parada, sintiendo que sus pulmones se quemaban por la falta de oxígeno. Debía esperar unos cinco minutos hasta que pasara el transporte escolar.

Su teléfono comenzó a timbrar y cuando lo sacó de su bolsillo, notó que el aparato se alumbraba con una foto de su padre.

Sonrío secándose las lágrimas.

-Hola, pa.

-Hola, princesa hermosa. ¿Qué tal amanece mi nena hoy?

-Con dolor de cabeza- le dice.

-Creo que te llevaré a ver a un médico, me tienes preocupado, princesa.

-No es nada grave, pa, solo que no duermo bien.

-En ese caso, también debo llevarte al médico, quizás te recete algunas pastillas para dormir.

-Lo pensaré. Pa. . . ¿por qué no puedo vivir contigo?- le preguntó con tono lastimero.

-Princesa, ya lo hemos hablado. Soy policía, trabajo muchas horas de noche, en ocasiones hago dos y tres guardias nocturnas. Estarías sola en casa y no haré eso. No te dejaré sin ninguna protección.

-Pero estaría en casa- le dice casi llorando.

-Pero sola mi amor. No es lo que quiero, necesito saber que estas bien, que estás cuidada y en casa no lo estarías, estarías sola, nena.

-Pero prefiero estar allá. . . no quiero vivir con mamá.

-¿Por qué, cariño?

-Porque quiero vivir contigo- le dice conteniendo un gemido de desesperación.

-No se puede, princesa. Al menos no por ahora.

-No quiero estar en esa casa.

-¿Qué es lo que realmente sucede que no me has dicho, Lucía?, ¿Rafael te trata mal?, ¿Se ha propasado contigo?- pregunta con voz tensa. Su hija es la adoración de sus ojos si alguien le hiciera daño. . .

-No. No es nada de eso- dice con un suspiro- solo que no me siento en casa, odio ese lugar en el que siento que soy una intrusa.

-No lo eres cariño, es la casa de tu madre.

-¡Es la casa de Rafael!- gime- allí está su esposa, sus hijos y yo. . . yo solo soy la hija de ella con alguien más. Soy una intrusa, no es mi casa, no es mi familia. Solo quiero estar contigo, pa.

-Dejémos el tema por ahora, lo conversaremos en persona. Te invito a cenar- le dice con tono animado.

-¿En serio?- le pregunta emocionada.

-Así es, mañana tengo guardia en la tarde, quizás quieras quedarte hoy conmigo.

-¡SIII!- gritó feliz- ¡por supuesto que sí!

-Bien- dice riendo- te recogeré cuando salgas del instituto. Avísale a tu madre.

-No, pa. Llámala tú. ¿Sí?, me he peleado con ella.

Lucía sabía lo desagradable que era para su padre, hablar con su madre, pero por esta vez no estaba dispuesta a ahorrarle el mal trago ya que ella no deseaba para nada llamarla y hablar con ella en ese momento, así que tendría que hacerlo él.

Su madre se había comportado como una cualquiera, engañando a su padre hacía ya ocho años y saliendo embarazada de su amante, al descubrir su embarazo, el producto de su infidelidad, lo había abandonado para ir a vivir con Rafael.

Obtuvo su divorcio y se casó con el padre del hijo que esperaba.

-Está bien, princesa. Nos vemos en la tarde.

-No vemos pa, te amo.

-Y yo a ti, niña consentida.

Después de cortar la comunicación con su padre, se siente más tranquila y feliz. Se quedará con él, reirán, verán películas y la pasarán en grande.

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