EMMA
Prepárate, tú puedes, ya no eres una niña, eres una mujer, necesitas valerte por ti misma, debes hacerlo por tus hijos, Noha, John, Tommy no pueden cargar con nosotros por siempre. Me repito una y otra vez mientras termino de arreglarme.
— Mami, te ves muy linda.
— Gracias Valentina.
— Dime Tina.
— ¿Tina?
— A Donato le dices Don, a mi dime Tina.
— De acuerdo. —Mi niña me mira con esos ojos aguamarina, se parecen a los de Demetri, pero también podría ser por mi color de ojos.
— Mamá, ¿Tina?
— estamos aquí hijo, ¿qué sucede?
— Te ves preciosa, como una reina.
— Don, ¿por qué eres así?, las chicas se volverán locas por ti.
— Yo solo te querré a ti y a Tina, seré como el tío Noha.
— Si él nos quiere y cuida de todos.
— Mmm, eres muy despistada mamá.
— ¿A qué te refieres?
— Nada solo tengo 5 años ¿qué puedo saber yo? —Miro los ojos de Donato, ese color de avellana que tanto se parecen a los que vi cuando desperté esa mañana, los ojos de Prieto.
— De acuerdo niño de 5 años, prométeme que te comportaras y cuidarás a tu hermana. Debemos dejar una buena impresión.
— Sí, pero si los niños preguntan porque si somos mellizos, somos diferentes ¿qué les digo? ¿O hago como me enseño el tío Noha?
— Nada de golpes, le dirás la verdad, que Tina es más baja, porque se parece más a mí que soy bajita y tú... eres más alto...
— ¿Cómo mi padre?
—... —Si, esa era la verdad, los gemelos Constantini son altos, sea cual sea su padre, Donato saco su altura.
— ¡Papá Noha!
— Hola princesa, hola, campeón, hola linda.
— Hola guapo.
— ¿Por qué se hablan como si fueran pareja?
— ¿A qué te refiere Don? Siempre nos hablamos así desde pequeños con Noha. —miro a mi niño confundida por lo que dice.
— Si, pero ya no son pequeños.
— Tú madre siempre será muy especial para mí, ahora dime campeón ¿cuál es tú problema? Porque no me saludas.
— Te volviste a tatuar, y no fue mi nombre, y lo habías prometido.
— Don, Yo le pedí a Noha que no lo hiciera, a ninguna mujer le gustaría ver el nombre de otro niño que no fuera su hijo en el cuerpo de su esposo. No queremos causarle problemas a Noha el día que se casé. —y no sé porque decir eso me hace mal.
— No te preocupes Don el próximo será tu nombre quiera o no tú mamá.
— No voy a discutir en este momento, bien niños vamos.
— Ya es la hora, ¿irás así? —Noha me mira de arriba abajo.
— ¿Que tengo? —¿acaso me queda mal la ropa?
— Estas demasiado hermosa.
— Me haces sonrojar, grandulón. No te preocupes, nadie se fijaría en mí.
— ¿Por qué no puedes ver la belleza que posees? — ¿Por qué tienes que decirme siempre cosas tan bonitas? ¿Noha, que quieres de mí?
— ¿Y yo papá?
— Tú eres sin lugar a duda más hermosa que tu madre.
— Si, lo sabía. —mi pequeña festeja.
— Estos niños no sé a quién salieron tan astutos. —dice Noha sonriendo.
— A mi seguro que no. — Y dicho eso, me quiero morir, Noha me mira de esa forma, pero ¿qué puedo hacer? Es la verdad, no tienen mi inteligencia, solo la heredaron de su padre, sea Prieto o Demetri Constantini, ¡maldición! ¿Hoy los veré?
— ¿Quieres que te lleve? —pregunta cambiando de tema y lo agradezco.
— ¿Podrías? O me tomo un taxi y después——
— Yo te llevaría a donde quisieras. — ¿Por qué me habla siempre así? ya no somos niños y él, él es Noha Emma no lo olvides, tu buen amigo Noha. Pero, aun así, ese bronceado permanente que tiene, y esos ojos color miel y esa boca…
— Emma, ¿qué sucede? ¿Te perdiste en tú mente?
— No, solo estoy nerviosa, vamos. — Me gustaría que Donato se pareciera a Noha, tiene ese bronceado tan delicioso. ¡Pero Emma que piensas! es tu amigo.
— Ahora que los veo bien ¿quién les compro esa ropa?
— Noha. — Me giro para mirar a mi amigo, muy hermoso amigo, ¡basta Emma que te sucede!
— No debiste gastar tu dinero en esto, ellos ya tienen ropa.
— No digas nada, mis niños tienen que vestir siempre bien, deben dejar una buena impresión, que ella sepa que los cuidas bien.
— Shhh, Camelia Constantini ni siquiera se debe acordar de nosotros.
— Eso espero. — No sé porque Noha le tiene tanto rencor a la familia Constantini, no es solo porque me echaron, lo sé, esto viene de antes.
Luego de un pequeño viaje, descendemos del auto, y nos detenemos en la acera de la gran empresa Constantini. Se valiente Emma.
Giro para ver a Noha, desde pequeña cada vez que necesitaba valor para hacer algo, solo bastaba con ver a mi amigo a los ojos y me llenaba de coraje.
Pero en ese momento mi lengua fue más rápida que mi cerebro, y me despedí de él como nunca lo había hecho.
— Adiós cariño.
—...
Noha se acerca a nosotros a una velocidad inhumana.
— ¿Que sucede? — pregunto tratando de hablar con normalidad.
— ¿Cómo me llamaste? — ¡¿DIOS como lo llame?!
— Ca-ca- ¿cariño?
— Eso me gustó, cariño, suena bien. Adiós mi vida.
Estoy parada con los niños agarrados de mis manos, totalmente avergonzada, y Noha solamente se agacha le da un beso a Valentina, y me da un beso en la frente, que creo que dura un poco más de lo adecuado, me mira a los ojos, esa mirada de nuevo... y luego se dirige a mi niño, dejando mi corazón alborotado.
— Recuerda Donato, eres el hombre de tu familia. —le dice con toda seriedad.
— Y yo respondo por estas dos joyas, no te preocupes, lo tengo. —Le da la mano a Don y se va hacia el coche.
Definitivamente Noha sería el padre perfecto. Me golpeó mentalmente y vuelvo a la realidad, camino hacia la empresa, bajo la atenta mirada de él.
— Hola Emma.
— John, como me ves, ¿estoy bien vestida? —le pregunto a mi amigo, nada más al entrar.
— Estas perfecta con ese conjunto blanco de chaqueta y falda y el negro de la blusa destaca.
— Papá sabes mucho de ropa, ¿tú ayudaste a papá Noha a elegir la nuestra?
— Eso es obvio Tina, tienes un conjunto blanco como mamá. A Noha no se le hubiese ocurrido. —John se muestras orgulloso por su buen gusto.
— ¿Y tú por qué no?
— Yo me visto como Noha, esto es todo lo que necesita lucir un hombre Jean, camiseta, chaqueta, no un---
— ¡Donato! Recuerda donde estamos.
— Si mamita. — Este diablito con su lengua afilada.
— Bien Don, a lo contrario de lo que dice Noha, en este lugar, se visten con estilo, es una empresa de modas y hay ciertas reglas, no te preocupes, tu ropa es el estilo de Noha, pero también lo elegí yo. Por lo tanto, estas bien vestido. Ahora vamos. Nuestro sector tiene su guardería en nuestro piso.
Entramos al penúltimo piso, nos presenta con la persona que cuidara de mis niños.
— Hola soy Carla, puedes estar tranquila, los ayudaré con los deberes del colegio y si queda tiempo nos divertimos.
— Gracias, ellos habitualmente terminan rápido sus tareas, son bastantes listos, son demasiados listos, no te dejes engatusar con sus encantos.
Ella solo ríe, y me gustaría decirle que la advertencia es enserio, Valentina juega a ser dulce, tranquila y servicial, pero es solo el sebo, mientras Donato te analiza y saca tus puntos débiles para manipularte, solo Tommy y yo descubrimos su táctica. Ellos realmente son especiales, tienen el intelecto de un adulto.
Entramos a la oficina de John y casi me muero. ¡Es tan grande! Tiene una vista maravillosa, la decoración minimalista y desprovista de emociones me señala que no la decoró él.
— ¡Esto es maravilloso John!
— ¿Te gusta? hace unos días que la obtuve, me ascendieron.
— ¿Por qué no lo dijiste? hubiéramos celebrado.
— No tiene importancia, ahora lo importante es que serás mi secretaria, por lo tanto, esta será también tu oficina.
— ¡¿En verdad?! Pero ¿crees que estoy capacitada para este puesto?
— Lo estás, créeme, solo es que estás acostumbrada de que Noha resuelva todo por ti, y yo quiero que veas, que realmente tú puedes hacer de todo.
— Sí, Noha realmente se ocupa mucho de mí... ¿Crees que es porque piensa que no puedo yo sola o hay otra razón?
— Eso debes hablarlo con él, bien, te explicaré lo básico que tienes que hacer y después a medida que surjan las cosas te ayudaré, ¿qué te parece?
— Señor Rodríguez, como usted diga.
— Eso estuvo bien, pero solo John, señor Rodríguez dejémoslo para los demás empleados y recuerda, estamos arriba en el nivel de mando, que a ti también te llamen señorita Johnson.
— De acuerdo. — Las horas pasan, aprendo rápido lo que tengo que hacer, esto es muy fácil, John me felicita y al fin de mucho tiempo me siento útil.
— Bueno Emma ya es hora de tu salida, los días que tengas que rendir me avisas y saldrás más temprano.
— De acuerdo ¿tú no vienes?
—No, salgo una hora más tarde que tú.
— Oh bien, iré por los niños. — A solo unos metros de nuestra oficina está la guardería, por lo que no tardó mucho en llegar.
— Tus hijos son realmente únicos, estoy maravillada.
— Gracias Carla, espero no te hayan causado problemas.
— Para nada, Valentina es un amor, y Donato... es único. — Me río sé a qué se refiere. Al salir de la empresa Tommy espera por nosotros
— Hola Tommy.
— ¿Listos? Pasaremos a dejar a los diablitos e iremos a buscar los apuntes para comenzar a estudiar en casa.
— Bien.
— Tommy, ¿tienes novia?
— No, Don, ¿por qué?
— ¿Pero te gusta alguien?
— Por ahora ninguna en especial, ¿por qué lo preguntas?
—Curiosidad, Noha, y John, están enamorados, pero tú y mamá, no, debe ser porque todavía no maduran.
— ¡Pero mira las cosas que dices! Además, el único enamorado es John.
— Claro mamá, lo que tú digas. — Puedo ver la cara de esos dos diablitos, ¿que se traen entre manos?
Después de terminar mi largo día, vuelvo más que muerta.
— Llegue familia.
— ¿Y cómo te fue todo?
— Llegue a la conclusión que no acudiré a clases de consulta de no ser necesario, solo me concentraré en presentar los exámenes. Extraño demasiado a mis pequeños. Y estoy muerta, a donde están todos, por cierto.
— Tommy, llego hace un momento y se fue a su habitación, al igual que John, y los niños duermen. ¿Quieres cenar?
— Gracias Noha, pero ya comí un bocadillo.
— Bien siéntate y te haré un masaje así te relajas.
Hago lo que me pide, y esto es la gloria, sus enormes manos recorriendo mis pequeños hombros y cuello. Trato de recordar cuando fue la última vez que me hizo masajes.
— ¿En qué piensas?
— ¿Cuándo fue la última vez que me hiciste masajes?
—Mmm, no lo recuerdo, fue hace mucho.
— ¿Estás enamorado?, Auch. — Mi hombro quedó con un pequeño hormiguero ya que apretó más de la cuenta.
— Lo siento, creo que apreté de más. —está nervioso, lo sé.
— No, descuida, ¿me vas a contestar? — Agarro su mano para que se detenga, me giro poniéndome de rodillas en el sofá y así mirar su cara, la cual está sería.
— ¿Por qué la pregunta?
— Donato... dijo que tú estabas enamorado...y... ¿qué me dices?
— Si estuviera enamorado... ¿qué pasaría?
— ¿¡Qué, que pasaría!? Estaría muy feliz de que encontraras a alguien de quien preocuparte aparte de nosotros.
— .... Es mejor que vayamos a descansar, es tarde. — ¿Pero qué paso? Porque esta triste. Corro detrás de él y lo abraso por la cintura. Y le doy un beso en esa enorme espalda que tiene.
— Gracias, por preocuparte por nosotros, pero, debes buscar tú felicidad Noha, ahora buenas noches. Te quiero. —Mientras voy a la habitación lo observo, se quedó parado inmóvil, ¿en qué estás pensando amigo?
Genial estos diablitos están ocupando mi cama. Ni modo me deje caer en la cama de al lado, si hoy dormiré en la cama de Donato.
NOHA
— ¿Y ahora que sucede? — La voz de John me hace salir de mi miseria.
— ¿Por qué lo dices?
— Hace 10 minutos que estás parado inmóvil a mitad de la sala.
— John, ¿se nota que estoy enamorado de ella?
— Noha, es muy obvio para todos, incluso los niños ya lo saben.
— Pero ella no.
— Creo que no quiere verlo.
— ¿Por qué? Sé que no soy lo suficiente para ella, pero...
— ¿Por qué tú la confundes?
— ¿La confundo?
— Ella piensa que la cuidas porque es débil, tonta, madre soltera...
— Emma no es débil y mucho menos tonta.
— Pero así la haces sentir, por eso le ofrecí el trabajo hermano, que ella vea que es capaz, y quizás así se dé cuenta que tú preocupación es porque la amas, ahora trata de descansar.
— Te debo una disculpa, creí que querías que se fuera, sabes, cada día que pasa, me cuesta más estar alejado de ella, muero por besar sus labios, en fin. ¿De ese asunto que sabes? —John sabía perfectamente a lo que me refería.
— Lo que te dije, estaban los hermanos Arias y los Bracos tienen que ser uno de ellos, a los gemelos Constantini los descarto porque al ser iguales ella no los habría diferenciado, es decir, Emma dijo que fue con uno y amaneció con otro, a ellos no los hubiera diferenciado, la hubieran engañado, incluso yo los confundo a pesar de trabajar tantos años juntos.
— Bien déjame el resto a mí.
— ¿Qué piensas hacer?
— Que paguen por su dolor.
— Ella no quiere nada de ellos.
— Ella llora cada noche, desde que Donato le preguntó porque su padre los abandonó.
— De acuerdo, pero ten cuidado, sabes que cuando Emma se enoja...
— Lo sé, lo sé. El carácter de Emma cuando se enoja no se compara al nuestro, ella es de temer cuando se enfada.
— Sí, recuerdas cuando por un descuido, dejé caer a Don del sofá.
— Como podría olvidarlo, Emma te noqueó de un solo golpe. —Y así terminó nuestro distanciamiento, pasamos unas pocas horas recordando el mal humor de mi eterno amor.
EMMA
Ya ha pasado un mes, y todo va más que bien, mis inquietudes eran infundadas, no he visto a ninguno de los Constantini, mi única preocupación ahora radica en mis mellizos y su plan de hacer que Carla conozca a Tommy. Esos dos ahora tratan de trabajar de cupido.
—Emma, lleva estos documentos a la oficina de Marco. — Demonios, era demasiado bueno para ser cierto.
— ¿La oficina de Marco? ¿Se los entregó a su secretaria?
— No, pide hablar con él, espera a que los firme y los trae.
— Enseguida. —Emma, no estés nerviosa, tú puedes.
Subo hasta el último piso. Y apenas salgo del ascensor me encuentro con la secretaria.
— Hola, necesito entregarle esto al señor Constantini, me envió el señor Rodríguez, soy su secretaria. — Me mira de arriba a abajo.
— Dámelo, yo se lo llevaré.
— No, gracias, se los tengo que entregar yo.
—...Entonces vuelve luego, está ocupado.
— Bien. — En ese momento se abren las puertas y sale Marco junto a Bianca.
— Nancy, saldré... ¿Emma? ¡¿Emma Johnson, eres tú?! —Marco no ha cambiado en nada, incluso su sonrisa amistosa y llena de cariño sigue allí.
— Hola señor Marco, veo que todavía me recuerda. — Antes de lograr estirar mi brazo, para ofrecer mi mano a modo de saludo, él me abraza.
— ¡Emma! ¡Esto es maravilloso! Bianca, ven, ella es Emma, ¿la recuerdas?
— Como no recordarla, ¿cómo has estado?
— Bien, gracias.
— Pero ¿qué haces aquí?
— Es la nueva secretaria de Rodríguez. Trajo unos papeles. —dijo con desdén la secretaria de Marco.
— Señor Rodríguez, Nancy, no lo olvides. — Vaya, Bianca mostró su mirada asesina. Entonces, siente algo por John. Quizás yo también pueda trabajar de cupido.
— Bueno, justo íbamos a tomar un café, vamos, acompáñanos.
— La verdad es que tengo trabajo...
— Nada de eso, Nancy, dile a John que Emma, saldrá con nosotros. Ahora vamos. Y otra cosa, a ella nunca la hagas esperar, solo debe ingresar. —Bueno, el señor Marco me trata igual que siempre, aunque Bianca me mira de arriba abajo.
Una vez en la cafetería me sentí más cómoda.
— Dilo ya. — Bianca me traspasa con la mirada.
— ¿Que? —pregunto confundida.
— Porque me abandonaste, fue horrible el colegio sin ti.
— Si Emma, dime, ¿por qué dejaste el orfanato y el colegio? — Bien esto era lo que me esperaba, soy una adulta, yo puedo manejarlo.
— Yo no deje nada, me echaron y sin la beca no podía asistir a ese colegio. —trato de hablar con calma, la menos ahora sé que Marco no sabía nada.
—.... — La cara de Marco, daba miedo, vi el momento justo donde se oscureció su mirada. Mientras Bianca me miraba sin entender nada.
— ¡¿Quién te hecho?! ¡Solamente yo tengo ese poder y jamás te hubiera echado! Ese orfanato es mío, y ¡nadie más que yo tiene derecho de hacer algo semejante!
— ¿Quién se atrevió a ir en contra de mi padre? — Esto pasaría tarde o temprano ¿verdad?, es hora de hablar.
— Primero quiero aclarar que ella tenía sus motivos. La señora Constantini me echó porque... me embarace y lo entiendo, traicione cualquier tipo de confianza---
— ¡¿Que?! ¡¿Estabas embarazada y mi madre te echo?! No tenías nada, ni a nadie y ella te hecho con solo 16 años. —Bianca me mira sin poder creerlo.
— Después de tener a mis hijos, ella me dio un mes para decidir si se los daba en adopción, o que juntara mis cosas y me fuera, jamás pienso renunciar a mis hijos, asique a las tres semanas cuando me sentí mejor, empaque y me fui.
— ¿Tus hijos?
— Si Bianca, tuve mellizos.
— Ahora entiendo porque mamá te los quería sacar, porque eso era lo que quería, ¿lo entiendes verdad? Ella quería quitártelos. — la voz de mi antigua amiga de colegio suena con pura indignación.
— Si lo sé, los chicos me lo dijeron.
— ¿Que chicos?
— Noha y John, ellos me recibieron en su casa y se ocuparon de nosotros, cuidaban a mis niños mientras terminaba la preparatoria, después se nos sumó Tommy el hijo de la cocinera, y así es como he podido tomar clases en la universidad, nos ayudamos entre todos, somos una familia. — digo llena de orgullo.
Bianca tenía lágrimas en los ojos, ella a diferencia de esos dos malditos, era muy diferente, era hermosa por dentro y por fuera, fue mi única amiga en aquel entonces, pero el que me preocupaba era el señor Marco, no decía nada, solo miraba un punto fijo, con una mirada asesina.
— Lo que hizo Camelia es imperdonable, pero ¿por qué no acudiste a mí?
— Como podría, señor Marco una persona como yo, que no tiene padres, molestar a alguien como usted por cosas insignificantes.
— ¡¿Es insignificante que con 16 años estés en la calle con dos bebés a cuesta?!
— En realidad, pensé que usted...
— ¡¿Estaba de acuerdo con mi esposa?! Jamás. Y te explicaré por qué, yo tengo una deuda eterna contigo y tus padres.
— ¿Mis padres? — Ya casi no tenía recuerdos de ellos y que él los nombrara era raro, no creí que se conocieran.
— Tú padre, Greco, trabajaba para mí, era un leal empleado, en aquel entonces... mis negocios eran otros, el día del accidente, él pidió permiso para salir de la ciudad quería llevarlas a pasear, y yo le ofrecí mi coche, era más cómodo que el que habitualmente usaba. Yo nunca pensé que alguien había organizado un ataque en mi contra, cortaron los frenos, por eso... Greco no pudo frenar y chocó de frente con la pared de soporte de la montaña.
En mi interior todo era caos, perdí a mis padres porque alguien quiso dañar a Marco, fueron un daño colateral.
—... Perdón, pero no sé qué decir, esto... me supera.
— Se lo que estás pensando, ese día era mi familia y yo la que tendríamos que haber muerto.
— No, solo, el hecho de que alguien conociera a mis padres... yo casi no tengo recuerdos de ellos.
— Ya tendremos tiempo de hablar de Greco y Blanca. Ahora, dime ¿cómo quieres que te compense lo que hizo mi esposa?
— Eso ya no importa, ya ve, estamos bien de todos modos.
— ¿Quién es el padre?
— ¿Disculpa Bianca? — trato de ganar un poco de tiempo, aunque es absurdo.
— Si, ¿quién es el padre de los mellizos?
— Prefiero no hablar de ello.
— Te embarazo y se fue, ¿verdad?
— Nunca supo, y nunca sabrá de mis hijos. No merece que lo llamen padre, Y lo siento, pero se me está haciendo tarde, debo recogerlos en la empresa.
— Dios, ¡¿tus niños están allí?! Muero por conocerlos.
— Bien vamos y te los presentaré.
— ¡Por supuesto! Papá, ¿vamos?
— No, tengo algo que hacer.
— Hasta luego señor Marco.
— Dime Marco a secas, entre tú y mis hijos no hay diferencia, es lo menos que le puedo ofrecer a la hija de Greco.
— Como diga.
MARCO
— Hola, investigadores grup ¿qué puedo hacer por usted?
— Soy Marco Constantini, ya no es necesario encontrar Emma Johnson, ahora necesito saber quién es el padre de sus mellizos.
— No se preocupe jefe, lo averiguaremos.
— Eso espero.
EMMA.
— Hola Emma, aquí están estos diablitos.
— Bien hasta que te diste cuenta como son. Nos vemos mañana.
— Emma, ¿ya sales? — John me alcanza de camino al ascensor y recordé los papeles que me pidió que firmara Marco.
— Sí, oh rayos me olvide los documentos, en la cafetería.
— No te preocupes, el señor Marco ya los tiene, me los dará mañana.
— Bien, necesitamos hablar, pero será en casa, con los muchachos.
— ¿Qué sucede? — Bianca contesta en mi lugar.
— Muchas cosas de las que si dependiera de mí no sabrías nada.
— Bianca, hola, te ves hermosa.
— Deja de coquetear John, ¿por qué no me dijiste que Emma estaba viviendo contigo?
— Fácil, ¿cómo conquistaría tú corazón si te dice que vive con una mujer, dos hermosos niños y dos monos? — Mi hijo es totalmente descarado.
— Donato, compórtate, perdón Bianca, te presento a mi hijo Donato y ella es Valentina.
— Dios, ¡son muy hermosos!
— Gracias, tú también eres muy hermosa, me gustaría estar en el lugar del tío John, no te dejaría escapar.
— Don, pequeña sabandija, si sigues hablando tendrás que dormir con un ojo abierto.
— Oye, deja de espantar a mi pretendiente John, Donato cariño dame la mano y sigue hablando. —Bianca está encantada con mi niño.
— Hola tía Bianca, ¿me darías a mí también la mano?
— Estoy a punto de morir de tanta belleza, por supuesto Valentina. Ustedes sigan hablando de trabajo, yo me llevaré a estos bombones abajo.
— Eso fue muy raro. —los observo sorprendida y asustada.
— ¿Que? ¿Que un niño consiga alagar a Bianca más que lo que yo eh logrado en años?
— No, que Valentina, le ofreciera la mano, ella... no acepta tan rápido a las personas, es desconfiada.
— Quizás como Don simpatizo con el amor de mi vida. Le dio la confianza para interactuar con ella.
— Deja de suspirar así, es solo un niño. Nos vemos en casa.
Bajo y no los veo, al que si veo es a ¿Noha?
— Hola belleza.
— Hola, ¿qué haces aquí?
— Vine a recogerlos, Tommy está en el restaurante, ¿dónde están los niños?
— No lo sé, salieron con Bianca. ¿No los viste?
— ¿Bianca Constantini?
— Si
— Pero...
— Emma, te estamos esperando en el auto. Eh... ¿hola, Tommy?
— no, soy Noha, tú debes ser Bianca. —mi amigo la corrige mientras la saluda, tratando de ser amistoso.
— Bien, ya que se conocen iremos con él y tú nos sigues. —le explico a la rubia.
— No, Emma, quiero quedarme con los niños, digo en el auto, no creas que soy como la loca de mi madre. — Los tres reímos, y es que Camelia es muy peculiar, por no decir otra cosa.
— Bien, yo iré con Noha y tú con los mellizos.
Mientras subía al auto Noha estaba con cara de " estás loca", ya sabía lo que pasaría. Y paso, apenas subimos al auto.
— ¡¿Estás loca?! Como le dejas los mellizos a una extraña.
— Cariño, por favor, Bianca era mi amiga, bueno lo sigue siendo, ella no robara a mis hijos. —Lo miro, porque sé que seguirá discutiendo, pero él solo me mira, con esos ojos capaces de derretir incluso el metal, como si de hielo se tratara.
— Me encanta que me digas cariño. — Mierda, lo hice de nuevo, ya que, no importa.
— Sabes, podríamos dejar a los niños con John y Bianca, y salir a divertirnos. —me dice emocionado.
— ¿Qué?, ¿Estás loco?
— ¿Por qué?, ella quiere estar con los niños, John quiere estar con ella, Tommy está en el restaurante, y tú y yo podríamos hacer algo distinto.
— No digo que no, pero recién hoy me reencontré con ella, no creo correcto---
— Tienes razón, además ¿qué diversión puedes tener conmigo? —sus ojos dejan ver tristeza, y mi corazón duele.
— Oh grandulón, no seas así, déjame organizar todo para el domingo. —le propongo como consuelo.
— ¿Mañana viernes?
— El restaurante se llena los viernes y sábados, Tommy no podrá solo.
— De acuerdo tú y yo el domingo, es una cita.
Y no sé porque me puse nerviosa, es algo estúpido, la única cita que tuve en mi vida fue cuando el imbécil de Prieto me engaño, pero él es mi buen amigo Noha, no es que corra algún peligro, o que fuera a pasar algo, solo somos amigos, ¿verdad?
La noche transcurrió entre bromas y anécdotas, Bianca era una de los nuestros.
— Gracias por todo, me divertí mucho.
— ¿Quieres que te lleve a tu casa?
— John, vine en mi auto, pero gracias, eres casi tan tierno como Donato. — Todos reímos y Bianca se fue, prometiendo volver el domingo a cuidar con John a los mellizos, la noche se hizo larga, y todavía faltaba.
— Bien chicos ahora que los niños se durmieron quiero compartir con ustedes algo que me entere.
— ¿Que paso linda? —Noha automáticamente coloca su gran mano en mi cintura, y no sé porque empiezo a sentir calor donde él toca.
Trato de concentrarme y les digo lo de mis padres.
— No lo puedo creer, era su leal empleado y ¿no te llevo a vivir a su casa? ¡¿Quedaste huérfana por su culpa y lo mejor que hizo fue ir a tirarte a un orfanato?! — Noha estaba indignado.
— Los ricos son todos iguales. — Tommy parecía estar de acuerdo con Noha. Miro a John que está muy concentrado.
— En que piensas.
— Tiene sentido, él siempre te trató diferente, digo, cuando iba al orfanato solo hablaba Contigo, y es lógico que no te llevara a su casa, tengo entendido que Marco estuvo involucrado con la mafia.
— ¡¿Que?! ¿Quieres decir que mi padre era un asesino?
— No, claro que no, no lo malinterpretes. Puede que trabajara de chófer o algo parecido.
— En fin, solo les digo lo que me entere hoy, de todas formas, no importa, aclare lo sucedido con Marco, no quería que pensara que era una mal agradecida que se fue sin decir adiós. Ahora me iré a dormir.
Me despedí de mis amigos, pero un simple buenas noches no era suficiente para mi Noha, a él le di un beso en su mejilla y así aproveché a oler su magnífico aroma.
EMMA
Apenas regresó de dejar a los niños en el colegio voy al restaurante a ayudar a Noha, mientras Tommy sigue buscando trabajo.
— ¿Hola, cariño, en que te ayudo? —él me observa y sus ojos brillan, ¿por qué?
—.... La mesa 5.
Pongo manos a la obra, hoy está muy movido, y mi teléfono no deja de sonar, pero no lo puedo atender.
En este momento estoy con la máquina de expreso. Noha lo toma y contesta.
— Dice John que te necesita más temprano hoy. — Y no sé porque el hecho de que él me coloque su mano en la cadera y que me hable al oído me altera de tal manera que dejo caer el café en mi mano.
— ¿Estas bien? Déjame ver. —se ve tan preocupado, que casi no siento dolor, casi.
— Mierda, no es nada no te preocupes.
— Emma ven aquí.
Toma mi mano la revisa y me lleva a la parte de atrás de la cocina a curarme, pero para mi sorpresa me levanta y coloca arriba de uno de los muebles, como si fuera una niña pequeña. Lo miro incrédula. Me veo tan pequeña a su lado, Noha mide 1.98.
— ¿Que? —pregunta sin comprender, ¿en serio?
— ¡¿Por qué me tratas como si fuera una niña?! —respondo molesta.
— No te enfades, eres muy baja, me harás doler la espalda, ahora quédate quieta.
Y mientras me cura lo observo, ese cabello largo un poco ondeado, color almendra, su piel bronceada naturalmente ni muy claro ni muy oscuro, veo su nariz perfecta, esa barba ni tan larga ni tan corta un tanto desaliñada, que lo hace ver tan intimidante, aunque claro con todos esos músculos saliendo de él, todo él grita peligro, y esos labios tan gruesos, tan tentadores. Me pierdo tanto en él que no siento nada de lo que está haciendo en mi mano, ni escucho lo que dice, solo soy consciente de levantar mi mano sana y colocar un mechón de cabello detrás de su oreja, y ese contacto, me pierde en tiempo lugar, espacio, todo, simplemente y como estúpida, después de colocar el mechón de pelo detrás de su oreja, mis dedos empiezan a descender lentamente por su pómulo, rascando un poco su barba y su cuello, yo solo miraba mi mano y el recorrido de esta, hasta que llego a su cuello, y antes de dejarla caer, levante la mirada y me encontré con sus ojos, esos que últimamente me miraban distintos.
— Perdón. — Fue lo único que atine a decir. Podía sentir la sangre golpeándose en mi cara.
— Tú puedes hacer conmigo lo que quieras Emma. — ¿Por qué su voz suena tan ronca, como cargada de deseo? Pero, que...yo no... ¿O si quería? Tengo que salir de aquí o... ¿lo besare? ¡DIOS!
— Me voy al trabajo. — Bajo del estante de un salto y salgo disparada.
— Deberías faltar hoy. Tienes la mano---
—No, ya ves, John me necesitas. Le pediré a Tommy que busque a los niños y los lleve a la empresa. —Y con esa escusa salgo casi corriendo.
Qué demonios te pasa Emma, eres idiota o que. Noha es tu amigo, no lo olvides.
Con eso en la mente llegó a la empresa.
— Emma, menos mal que llegaste, cuando terminen de imprimirse las copias, llevarlas a la oficina de Marco tengo una reunión con él y voy tarde.
— Si. — Le contesto no muy convencida a John.
— ¿Sucede algo? —a pesar de lo apurado que estaba se detuvo al ver mi rostro.
— No, no, nada, he, la secretaria de Marco, ¿me dejará entrar?
— No te preocupes le diré a él que te estoy esperando.
— Bien.
Eso me deja más tranquila, esa mujer no me mira nada bien.
Pobre John, se ve tan atareado tal vez sería conveniente pedirle que me deje trabajar la jornada completa... pero Noha necesita ayuda. ¿Rayos cómo podría ayudar a los dos?
Una vez que tengo las copias ordenadas subo a la oficina de Marco.
— Hola, el señor Rodríguez me está esperando.
— Pasa. — ¿Qué le sucede a esta mujer? ¿Por qué me mira así?
Me apresuro a golpear la puerta.
— Adelante. —es lo que recibo de respuesta.
Ya que tengo mi mano quemada, se me dificulta abrir la puerta y tener las carpetas con la mano sana, optó por girar y empujar la puerta, pero para mí enorme vergüenza me tropiezo y caigo hacia delante, sin embargo, antes de caer contra el piso alguien me agarra.
— ¿Estas bien? —cada musculo de mi cuerpo se tensa, esa voz.
— Demetri. — digo apenas en un susurro.
— ¿Tu? —su cara es de asombro absoluto.
Definitivamente hoy no era mi día. Demetri, los años te han favorecido aún más si eso es posible, es mucho más alto que la última vez que lo vi, casi tan alto como Noha, siento su agarre, tan masculino, me mira con esos ojos color aguamarina, ahora tiene una barba definida y tupida, tan rubia como su cabello.
— ¿Estas bien Emma? — Conozco a John, se apresura a ayudarme a quedar bien derecha, pero también lo hace porque Demetri no tenía intenciones de soltarme.
— No sabía que se conocieran. — Y eso sonó exactamente como lo que era, un reproche.
— No, es decir lo vi un par de veces en el colegio. — Opte por mentir, y ruego que haya sonado a verdad.
— Realmente me asombras Emma, hijo, ella es Emma Johnson, la hija de Greco, el hombre que salvó nuestras vidas.
— Hola, es un placer saber tú nombre. —Me reusó a mirarlo, en su lugar miro a Marco y trato de sonreír. John se mantiene en silencio. Y sé muy bien que está analizando todo.
— Realmente me sorprende que sepas que él es Demetri, digo, solamente nosotros, su familia, los podemos diferenciar, para el resto es imposible. —En ese momento alguien entra, me mantengo en mi sitio, rogando de que sea Bianca y John deje de mirarme de esa forma acusadora.
— Lamento la demora. —solo quiero morir, no, los años no me dieron el valor para esto. El solo hecho de escuchar esa voz, hace que mis piernas tiemblen. Tengo ganas de vomitar. Mi corazón se acelera siento mi cara arder, y mis ojos comienzan a cristalizarse, no, por favor no llores Emma, ¡no lo hagas!
— Pasa, pasa, Prieto, déjame que te presente a la hija de Greco, ella es Emma Johnson, y trabaja aquí junto a nuestro querido amigo John.
— Hola. Un gusto conocerte Emma. — Me giro conteniendo el aire y allí está el culpable de todo.
— Prieto — Y el muy perro sonríe, sus ojos adoptan un brillo casi siniestro. Lo dejo con la mano extendida y solo le hago un gesto con la cabeza.
— Pero, si eres tú. La amiga del colegio de Bianca. Recuerdo que una vez mi hermano preguntó por ti, nunca pude recordar bien tú nombre, Gemma, Elena, resulta que era Emma. —Dice con diversión y trato de contener mis lágrimas, sé que lo hace apropósito, para humillarme aún más, para que vea que para él fui solo un pedazo de carne más en su cama. Su juego para pasar el tiempo, sin embargo, para mí fue el causante de que odiara a los hombres, a todos, menos a mis tres amigos.
— Bueno ahora sabes cómo se llama y de quien es hija. —dice Marco con toda seriedad.
— John, aquí está lo que me pediste, si no me necesitas. Me retiro.
— Sí, ve.
Salgo lo más tranquila que puedo, trato de respirar pausadamente, para tranquilizarme. Desciendo al piso donde trabajo, lo hago bien, aún me mantengo en una sola pieza, Hasta que las puertas del ascensor se abren.
— Mami.
— Oh, mi niña. — y cuando la abrazó... me quiebro, mis lágrimas salen sin poder evitarlo.
— Mamá, ¿qué sucede, acaso alguien te molesto?
— Mi pequeño bravucón ven aquí.
— Emma, ¿qué te pasa?
— Nada Tommy no te preocupes, es solo que pasé a golpear mi mano cuando salí del ascensor. —miento, de ahora en adelante es lo único que puedo hacer.
— Déjame ver, Noha me dijo que te quemaste.
— No es nada ya pasará. — Para mi suerte aparece Carla, que mejor distracción que esta.
— Hola niños.
— Hola, mira él es el tío Tommy.
— Ho-hola.
Y eso fue todo, Tommy se enamoró y Carla estaba perdida, y es ¿que quien no? Tommy tenía un cuerpo en forma, con su cabello aún más rubio que el mío, su piel blanca, esos ojos azules y ese trasero, si, era todo un chico modelo. Nos miramos con los diablitos y los tres pensábamos lo mismo.
— Nos vemos más tarde. — Creo que ninguno me escuchó, y los niños simplemente se fueron a hacer sus deberes, dejando a esos dos babear uno por el otro.
— ¡Emma! — El grito de John me asustó y me levante de inmediato de la silla.
— ¿Qué, que sucede John?
— ¡¿Los Constantini?!
Y cuando lo dijo supe perfectamente a lo que se refería, Donato era tan astuto por John, y es que si, mis hijos no tenían un padre, tenían tres, de los cuales absorbían sus personalidades, y a John lo caracterizaba su tranquilidad y astucia. Como a Noha su perseverancia y temperamento. Y a Tommy su carisma y comprensión. Si, Donato tenía la astucia de John, el temperamento de Noha, y el carisma de Tommy. En cambio, Valentina, era tranquila, perseverante, y comprensiva.
— ¡Emma! ¿En qué piensas? Te hice una pregunta. —el cuerpo de John temblaba y sé que es de pura ira.
— No entiendo---
— ¿En verdad Emma? ¿No entiendes a lo que me refiero?
— ¡NO! no entiendo, deje en claro que no hablaría más del tema y ¡ni tú ni nadie tiene porque hablar de ello! Si le dices a alguien... te juro John que no volveré a dirigirte la palabra en toda mi vida. Dejaras de ser mi amigo, te odiare hasta el día de mi muerte.
Él simplemente vino a mí y me abrazó. La histeria que estaba por adueñarse de mi desapareció, él me entendía y lo agradecí, pero si él lo sabía, ¿cuánto tardarían los demás en saberlo? la única que ha podido mantener un secreto era yo, y basto con que estuviéramos todos los involucrados en una misma habitación para que John lo descubriera.
Después de que John me jurará que no diría nada, me tranquilice y seguí tratando de trabajar.
La tarde se hizo muy corta y las ganas que tenía de pedirle a John trabajar tiempo completo, se esfumaron, ahora que ellos sabían que estaba por aquí, ¿qué pasaría?
— John.
— ¿Sí?
— ¿Necesitas ayuda en la mañana verdad?
— Sí, pero tú necesitas ayudar a Noha---
— No, no me refería a eso, estaba pensando en Tommy.
— Y te quejas de que los niños quieran hacer de cupido si tú eres igual, vas por la vida formando parejas, en el restaurante, la universidad y ahora aquí.
— Solo me preocupo, porque tú y Bianca estén juntos y Tommy hace una linda pareja con Carla, ¿no lo crees? se nota que es una buena chica. —Me encojo de hombros como si fuera algo de lo más lógico.
— ¿Y Noha?
— ¿Que sucede con Noha?
— ¿No le buscas pareja?
— Él no necesita una pareja, es decir… se ve feliz así...creo. — No sé porque lo que dijo me molestó, no me gustaba pensar en compartir a mi amigo, creo que ninguna mujer lo cuidaría como él necesitaba.
— Si tú lo dices.
John no vuelve a tocar el tema, cuando al fin es mi horario de salida, me sorprendo de que Tommy se quede un tiempo mas con Carla, pero a la vez me alegra que continúen hablando.
— Bien me voy, nos vemos en casa. — me despido de ellos y salgo con los niños, y cuando entramos al ascensor estaban ellos, maldición, por lo menos también estaba el señor Marco.
— Emma, ¿estos son tus hijos? —los ojos de Marco brillaban.
— Sí, niños él es el señor Marco, él es Donato y ella Valentina.
— Hola señor Constantini. — Donato se ve tan respetuoso.
— Hola abuelito. —dijo mi niña y se escuchó una carcajada, se perfectamente de quien es, el maldito de Prieto se burlaba de mi niña. No se lo iba a permitir. Pero Donato se adelantó.
— Disculpe señor, no es propio riese de esa forma, y menos de mi hermana, si no se sabe comportarse, yo podría enseñarle. — Dios, mi pequeño niño se veía.... ¡igual a Marco en la cafetería, esa mirada asesina jamás la había visto!
— Él es un digno nieto de Greco. —dijo Marco inflando su pecho, yo solo pensé y suyo también. Prieto lo miraba desafiante, ¡idiota es solo un niño!, en cambio Demetri lo miraba, ¿maravillado? Y un segundo después subió la mirada para clavarla en mis ojos. Por lo que quite la vista de inmediato.
— Tú puedes decirme abuelo, pequeña Valentina. Y tú pequeño caballero llámame, Marco. Ellos son mis hijos, Prieto y Demetri.
— Hola señor Prieto, señor Demetri. —Mi hijo se comportaba como todo un hombre, haciendo un asentamiento de cabeza hacia los gemelos. Mi niña al mirar a su hermano en esa pose seria y desafiante solamente dijo.
— Caballeros. —Y giro su rostro hacia delante enfadada, por la burla de Prieto.
Las puertas se abrieron y salimos con ellos pegados a nosotros, sentía que me asfixiaba.
— Tengo entendido que no tienes auto, ¿quieres que te llevemos?
— No es necesario Marco, Noha viene por nosotros. —Y mientras yo hablaba con Marco en la acera escuche que Demetri le hablaba a mi niña, lo que provoco mis nervios.
— ¿Cuántos años tienes?
— Es descortés preguntar la edad a una mujer.
— Pero tú eres una niña, y muy hermosa, como tú madre.
— Créame señor Demetri, tanto mi hermana como mi madre saben lo hermosas que son, no es necesario que un extraño lo diga. Pero si tanta curiosidad tiene le diré, tenemos 5 años.
— Cada vez estoy más sorprendido, hasta tus hijos pueden diferenciar a este par de gemelos. —el comentario de Maco solo me hacía más difícil el respirar.
— Debe ser un don. — Dije casi sin aire, Dios ¿por qué no se van? miro a Demetri y veo que mientras los mira.... ¿saca cuentas? ¡No! ¡Por favor NO!
— ¿Cinco años?
— Sí, Emma quedo embarazada a los 16. — Le responde su padre. Tierra tragarme, por favor, trágame.
— Entonces---
— Preciosa, perdón por la demora. — Cuando me giro tengo a Noha a mi lado dejando un beso sobre mi coronilla. Y automáticamente me relajo. Mi Noha siempre al rescate.
— Papá, Noha. —Tina salta a sus brazos.
— Hola princesa, campeón, ¿cuidaste a las joyas de la familia?
— Por supuesto Noha, estas joyas están tan seguras conmigo como contigo. —y acto seguido hacen un choque de puños.
— Bien, así se habla muchacho. — Marco hizo un sonido con su garganta, para hacer notar su presencia.
— Hola Marco, los años no pasan para ti.
— Pequeño Noha, realmente has crecido.
— Cuando de niño dijiste que un día tendríamos que levantar la vista para verte, ¿te referías a esto?
— Siempre tan simpático Constantini. —mi amigo forzó una sonrisa.
— Sí, así nos llaman cuando no nos saben diferenciar.
— Bueno Prieto, que te sucede, ¿puedes comporte como un adulto? — Y esta vez fue Valentina la que soltó una carcajada, al escuchar como Marco regañaba a su hijo.
— Tengo entendido pequeña que es de mala educación reír de esa forma. —reprocho el idiota.
— No cuando eres pequeño. _ se burló mi niña.
— Bien se nos hace tarde, para abrir el restaurante, vamos linda. —dijo mi amigo.
— Si cariño. — Y esta vez fui consciente de mis palabras, perdón Noha, pero hoy serás mi escudo. Si ellos piensan que estamos juntos no me molestarán.
— ¿Tienen un restaurante?
— Es de él Marco, trabajo desde los 16 años, allí, y lo termino comprando. — Dije llena de orgullo mirando a mi mejor amigo.
— Vaya mucho, muy bien por ti.
— Sí, papá Noha siempre cuido de todos nosotros. —mi niña ve con adoración a mi amigo y yo también.
— Eso está muy bien, eso es lo que hace grande a un hombre.
— Gracias Marco. Y que estén bien. — Noha tomó las manos de mis pequeños me sonrió y nos dirigimos al auto. A él nunca le gustaron los Constantini.
— ¿Cómo está tu mano? —pregunto apenas ingresamos al vehículo.
— Está bien, nada grave.
— Igual la revisaremos cuando lleguemos.
— Como digas.
DEMETRI
Voy todo el camino pensando, y me estoy por volver loco. Pero aun así trato de mantener la calma.
— Demetri, dile a Bianca que hoy cenaremos fuera.
— De acuerdo papá, ¿le digo a mamá también?
— No, no creo que le guste el lugar al que vamos.
— De acuerdo. Prieto ven.
— ¿Que?
— Acompáñame. — Odio cuando se hace el idiota. Mientras caminó le envió un mensaje a Bianca con la orden de papá.
— ¿Que sucede Demetri?
— ¡¿Era verdad que no sabías su nombre?! ¿O también hoy mentiste?
— Rayos otra vez lo mismo, ya te lo dije durante años, el mes que salí con ella la llamaba "mi chica despeinada”, siempre estaba con esas trenzas a medio hacer, como hoy. No iba a perder tiempo en aprender su nombre.
— Sigo sin entender ¿por qué lo hiciste?
— A ti te gustaba y yo quería una virgen ¿qué es lo difícil de entender? — Levanta sus hombros como que fuera lo más natural y yo tengo ganas de matarlo.
— Porque no me dijiste que habías dormido con ella, tú solo fuiste me buscaste y me dijiste tú amor platónico te espera en el cuarto, yo pensé...
— ¿Que? estaba ebria, desnuda y podías aprovechar la oportunidad, no finjas, no eres mejor que yo, además ya habíamos compartido novias más de una vez.
— ¡Pero no en la cama! Eso fue enfermo.
— Si, si, lo has repetido hasta el cansancio, ahora deja de fastidiar.
— Espera, ¿acaso no te perturba que tenga mellizos de 5 años?
— No, porque debería, solo me perturba....
— ¿Que?
— No sé, quizás el hecho de saber que fui el primero, pero muero por estar entre sus piernas otra vez. — No sé porque, pero lo tomé del cuello y lo estampé contra la pared.
— Déjala tranquila.
— Demetri, no me hagas reír, ¿acaso todavía estás pensando en ella de ese modo?
— Mejor vete, no quiero golpearte.
No vale la pena decirle nada, Prieto es así, pero no puedo evitar pensar, 5 años, y esa niña... esa mirada, se parece a mí, pero los ojos de la niño, ¡maldición!