Recuerdo bien aquella noche de agosto en la que te ví por primera vez. Fue el primer día de escuela y el momento más natural de mi vida. Ese día entendí que nada en esta vida es nuevo, y que solamente recordamos las cosas que alguna vez ya hicimos y vivimos.
Te veías tan hermosa a la luz de la luna, creí que estaba soñando y que no podías ser más perfecta. No pude evitar mirar cada curva de tu cuerpo y cada línea que se dibujaba en tu rostro; cansancio, desesperanza y desesperación eran las líneas que no se escondían debajo de tu sonrisa.
Nadie podía ver más allá de tí y saber que la mujer extrovertida y risueña, estaba viviendo por vivir. Mire el borde de tus pechos y tu cintura, y me perdí en el color de piel. Tratando de imaginarme tu cuerpo sin nada y a la luz de la luna. Tan frágil y suplicando una caricia verdadera, una con amor y no con lujuria.
— Ella es Fernanda — interrumpió la voz de Sofía, señalándote.
Te mire y con una mirada perdida me notaste, por primera vez me notaste.
Sonreíste y te acompañe hasta la salida, te ofrecí mi suéter y me lleve la negativa más dulce y tierna de mi vida.
— No, gracias. Ya tengo una, no te preocupes — respondiste amablemente, y con una risa nerviosa.
No pude dejar de mirarte esa noche, te llevaste mi atención y sin saberlo, una parte de mi alma.
No quería despedirme de ti porqué tenía miedo, miedo de que al día siguiente no te encontrará y que aquella noche se quedará en un recuerdo nada más. Sofía se fue y yo tenía que irme con ella, pero no sin antes despedirme de ti. Sin vergüenza alguna y sin moral, me acerque a ti y te bese en el centro de tu mejilla, te bese suavemente pero pegando bien mis labios a tu mejilla. Todavía puedo recordar tu rostro de impresión y el de tu amiga; todavía puedo sentir el frío de tu mejilla y ese olor dulce de tu perfume que recorría cada centímetro de ti.
2
El director me ha dicho que las cartas si llegan, y que debe ser algún error del correo, o que solamente no me quieres responder. Son puras mentiras de el.
— Marín, deje ya de escribir tonterías y mejor póngase al corriente con el encargo que le pedí. — advirtió el director — Haga lo que le digo, o ninguna carta volverá a salir de éste acogedor lugar...
No dejaré que nada ni nadie me separé de ti, ni siquiera estás cuatro paredes que me alejan de ti cada vez más.
Siempre me dijiste que la historia de como nos conocimos te encantaba, siempre me pedías que te la contará. Así que hoy te la vuelvo a relatar. Fue una noche corta y todo paso muy rápido, pero para mí ese momento en el que te encontré será eterno, y pasará muy lentamente cada que lo recuerde.
Te amo, para siempre y por siempre.
Carlos Marín.
El cielo empieza a pintarse azul de nuevo y la vida me está llamando una vez más. Las nubes se están moviendo en la dirección correcta y está vez creo que iré con ellas, creo que te iré a buscar. Estoy un poco cansado y no puedo levantarme de mi catre, estoy atado al olvido.
Fue una noche fría y sola aquella vez que te vi llorando, cuando después de días te volví a ver. Seguías tan hermosa como todos los días y como siempre puse el tono de voz más elegante y dulce para hablarte.
— Fernanda, ¿Estás bien? — te pregunté.
Te encogiste de hombros, derrotada y cansada me miraste una vez más.
— Si, todo bien... — contestaste sin ganas.
Note que tú corazón se había fracturado de nuevo, y que aquel novio no fue lo que tú esperabas. Días antes estuve detrás de ti mirando como se besaban y se perdían mutuamente en sus besos y caricias.
Sentí que debía decirte algo más, darte las mejores palabras de aliento o decirte que todo estaría bien, no pude hacerlo mejor.
— Escuché que terminaste con tu novio, lo siento mucho.
— No era mi novio, pero estoy bien, no te preocupes.
— bueno, tranquila.
Con una sonrisa débil te despediste de mi y nos perdimos entre la multitud, de nuevo.
Verte llorar y no poder abrazarte fue la sensación más cruda e irritante de mi vida. No pude hacer nada y solamente me quedé esperando que tus lagrimas dejarán de caer y que tu alma dejara de llorar.
Ese día me propuse hacerte feliz, no sabía cómo lo iba hacer y tampoco si me dejarías acercarme. Yo solo era el extraño amigo de tu amiga, que noches atrás te había besado en la mejilla arbitrariamente.
Los recuerdos me hablan todas las noches Fernanda, puedo escucharlos y puedo vernos a ambos aquí, juntos y felices. Algunas veces puedo oír tu voz antes de dormir, y por unos segundos solo te escucho a ti y no a los locos que gritan desde sus celdas.
Mañana se cumplen 8 meses desde que terminamos y sigo sin entender que está pasando. Te pido que si estás ahí no dejes de cuidarme, estoy asustado y estar aquí me da miedo; quiero volver a sentir tus brazos alrededor de mi cuerpo y que no me sueltes.
— Hora de la comida, todos fuera. — anuncio una voz al final del pasillo.
Tengo que irme, pero seguiré escribiendo para ti. Cumpliré la promesa que siempre me pediste...«Nunca me dejes, nunca me sueltes», nunca amor.
Te amo, para siempre y por siempre.
Carlos Marín