Capítulo 2

A la mañana siguiente, Caroline no fue al hospital, sino que se encontró con una abogada. La oficina estaba en el piso treinta de un rascacielos de cristal con vistas a toda la ciudad. Le pareció apropiado: por fin estaba adquiriendo una nueva perspectiva.

Le entregó a la mujer un expediente que contenía su acuerdo prenupcial y un resumen de sus bienes. "Quiero solicitar el divorcio", afirmó con voz tranquila. "Necesito que prepare los papeles ahora, y así estén listos para firmar en cuanto me decida".

La abogada, una mujer muy astuta de apellido Davis, la miró con simpatía profesional. "Por supuesto, señora Santos. Podemos tener todo redactado y listo, solo a la espera de su señal".

Al salir de la oficina, Caroline sintió una ligereza extraña, no de felicidad, sino de liberación. Se detuvo en una pequeña cafetería y compró una sopa de pollo con fideos y un té caliente, el que le gustaba a Blake cuando estaba enfermo. Era pura costumbre, el eco de un deber que había cumplido durante años.

Cuando llegó al hospital, se detuvo frente a la habitación de su esposo. A través del panel de cristal de la puerta, vio a Aria sentada junto a la cama del hombre. Intentaba darle de comer sopa, pero sus movimientos eran torpes. De hecho, derramó una cucharada sobre la bata y luego otra sobre las sábanas blancas.

"¡Lo siento mucho, Blake!", exclamó Aria, limpiando el desastre con una servilleta. "Soy tan torpe...".

"Tranquila", respondió él con voz ronca pero suave. Luego le secó una lágrima de la mejilla, diciendo: "Solo es sopa".

"Pero te lastimaste por mi culpa", sollozó ella, temblando. "El médico dijo que haber inhalado tanto humo fue muy grave. Pudo haberte dañado los pulmones, las manos... tu carrera...".

"Shh", la tranquilizó él. "Valió la pena. Mientras tú estés a salvo".

Aria lo miró con los ojos muy abiertos y brillantes de adoración. "Siempre quisiste ser neurocirujano. Renunciaste a tu sueño de ser pintor por convertirte en médico".

Con una mirada más suave, él respondió: "No renuncié a él. Me convertí en cirujano por ti".

Aria lo miró confundida. "¿Qué quieres decir con eso?".

"¿Recuerdas ese día en el colegio?", le preguntó Blake en voz baja. "Te caíste de las gradas y te golpeaste la cabeza. Estuviste inconsciente casi un minuto. Nunca había tenido tanto miedo en mi vida. Ese fue el día en que decidí que quería ser médico. El mejor médico. Para poder estar siempre ahí y salvarte si me necesitabas".

Al escuchar eso, Caroline soltó la sopa que tenía en las manos, pero no lo notó, ya que las palabras que acababa de escuchar resonaron en su cabeza como un rugido ensordecedor. Toda su carrera y su ambición era por esa mujer.

Aria jadeó y se llevó la mano a la boca. "Blake... No tenía ni idea". Luego se arrojó a sus brazos y enterró el rostro en su pecho. "Blake".

Él vaciló solo un segundo, con la mirada fija en la puerta, como si intuyera algo. Sin embargo, después la abrazó con fuerza. Eran la imagen perfecta y dolorosa de amor y devoción.

Caroline sintió un dolor agudo y sofocante en el pecho, y, de repente, se le empezó a nublar la visión. Conmocionada, se dio la vuelta y se alejó con pasos silenciosos y entumecidos. Dejó la sopa y el té en el suelo, frente a la puerta.

Abajo, en el vestíbulo del hospital, se topó con uno de los colegas de su esposo, el doctor Evans. Este se acercó con prisa y una pila de archivos en las manos. "¡Caroline! Justo venía a ver a Blake. ¿Cómo está?".

"Está bien", respondió ella con voz apagada.

"Bien. Oye, tengo una cirugía de emergencia. ¿Puedes darle esto?". Le puso una carpeta de manila en las manos. "Son los documentos de su renuncia al consejo de investigación. Tiene que firmarlos".

"¿Renuncia?", preguntó la chica, confundida. A Blake le encantaba su puesto en ese consejo.

"Sí, va a dejarlo para financiar una nueva clínica privada. ¡Qué locura! Sacrificar su propia investigación... pero dice que es por alguien importante". Al instante, el bíper del hombre sonó y dijo: "¡Tengo que irme!".

Salió corriendo y desapareció por el pasillo, dejando a Caroline sola en el bullicioso vestíbulo, agarrando la carpeta. Cuando la abrió, le temblaban las manos. Adentro estaba la carta oficial de renuncia de su esposo, y junto a ella la propuesta comercial para la nueva clínica.

Era un centro de salud mental y bienestar de última generación. La principal beneficiaria y directora que figuraba en la propuesta era Aria Whitfield. Se quedó en shock: Aria no solo era el pasado de su esposo, sino también su futuro. Toda su vida giraba en torno a Aria. Se había convertido en médico por ella y ahora estaba renunciando a su prestigioso puesto de investigador para construir un santuario con esa mujer.

Caroline solo era un nombre en un certificado de matrimonio, algo provisional. No era más que un fantasma.

Recordó el día en que él fue homenajeado por una técnica quirúrgica innovadora. Se había sentido tan orgullosa; su corazón rebosaba de amor por ese hombre tan brillante y dedicado. Pero ahora se daba cuenta, con una claridad repugnante, de que incluso ese momento le pertenecía a Aria. Cada logro solo era un paso más en su camino de vuelta a su primer amor. Era hora de dejar atrás el pasado y encontrar su propio camino.

Salió del hospital y se adentró en la brillante y despiadada luz del sol. Determinada, sacó su celular y marcó un número al que no había llamado en años. Bridget Kelly, su mejor amiga de la escuela de arquitectura, la que siempre le había dicho que estaba destinada a algo más que ser la señora Santos.

La chica contestó al segundo timbrazo. "¿Caroline? ¿Eres tú?".

"Sí", respondió ella con voz sorprendentemente firme. "¿Recuerdas ese estudio de arquitectura que siempre soñamos con abrir?".

Hubo una pausa y luego se oyó la voz de su amiga, llena de emoción. "¿Estás hablando en serio?".

"Sí", dijo Caroline con una leve sonrisa. Hacía tiempo que no sonreía. "Voy a dejar a Blake. Estoy lista para empezar".

"¡Por fin, gracias a Dios!", gritó Bridget. "¡Empezaré a buscar un local! ¿Algo en Boston, cerca de tu casa, para que te resulte más cómodo?".

La otra miró el horizonte y los imponentes edificios que una vez había soñado diseñar. "No, Boston no. Quiero un lugar nuevo, lejos de aquí".

Capítulo 3

Caroline le dijo a Bridget que se iba a divorciar y que quería establecer su empresa, "Phoenix Arch", en San Francisco. Su amiga, siempre tan leal, no hizo preguntas y de inmediato comenzó a hacer los preparativos. El nombre le parecía adecuado, como nueva vida que renacía de las cenizas.

Durante la semana siguiente, Caroline no se detuvo ni un segundo. Compró libros sobre diseño moderno, códigos de construcción y gestión empresarial. Pasó horas en Internet, estudiando el trabajo de los mejores arquitectos. Otra vez estaba llena de esa energía creativa que había reprimido durante años. Sentía que una parte de sí misma, dormida durante mucho tiempo, se activaba de nuevo.

No llamó a Blake, ni fue al hospital. De hecho, ignoró los mensajes de texto de su suegra, quien no dejaba de preguntarle por qué no estaba al lado de su esposo. Pero no iba a decirle que estaba construyendo un muro alrededor de su corazón.

Una semana más tarde, el día de su tercer aniversario de boda, Blake volvió a casa y la encontró en el estudio, rodeada de un montón de libros y planos. Sorprendido, preguntó: "¿Qué es todo esto?".

"Voy a volver a trabajar", respondió la chica, sin levantar la vista de su mesa de dibujo. "Bridget y yo vamos a montar nuestra propia empresa".

"Eso es... genial", dijo él, aunque parecía más confundido que contento. Estaba acostumbrado a que la vida de ella girara en torno a él. "Supongo que ya no tendrás tiempo para preparar la comidas durante mi recuperación".

Finalmente, ella lo miró. Pero su mirada era fría, distante. "No, no lo haré".

Al escuchar esa respuesta, Blake recordó cómo ella solía preocuparse por él. Si se cortara la mano con un papel, la chica se la vendaría inmediatamente y lo cuidaría durante una semana. Sin duda, su repentina indiferencia era extraña, pero él no le dio importancia, ya que estaba cansado.

"Bueno, te apoyo en lo que necesites", dijo, aunque las palabras le sonaban vacías incluso a él mismo. "Es bueno que tengas un hobby".

Un hobby. Tres años de matrimonio y él seguía viendo la pasión de toda su vida como un simple pasatiempo.

"Blake", comenzó ella en voz baja. "Si te dijera que quiero el divorcio, ¿te opondrías?".

Antes de que el hombre pudiera responder, sonó su celular. Era Aria.

"Discúlpame", dijo. Luego se entró a su estudio y cerró la puerta.

Caroline podía oír el murmullo de su voz, ese tono suave y tranquilizador que nunca usaba con ella. No necesitaba entender las palabras, sabía que se trataba de esa mujer. Entonces volvió a concentrarse en sus planos, determinada.

Más tarde, esa misma noche, él salió del estudio. "Te voy a llevar a cenar para celebrar nuestro aniversario", anunció.

Ella aceptó, puesto que necesitaba ver una última cosa. La llevó a un restaurante muy del centro. Cuando llegaron, el detuvo el auto junto a la acera y le dijo: "Voy a estacionarme. Entra tú primero".

La chica se bajó y lo vio alejarse. Unos minutos más tarde, él regresó, pero no solo. Tenía un enorme ramo de gardenias blancas y una caja de regalo envuelta con cuidado. Por un instante, su corazón se detuvo. Él nunca le había regalado flores, no una sola vez.

"Blake...", comenzó, sintiendo cómo una vieja y estúpida esperanza se encendía en su interior.

Y entonces Aria apareció al lado de él, agarrándolo del brazo.

"¡Caroline! ¡Qué alegría verte!", dijo esta con una sonrisa triunfante. "Blake me dijo que vendrías con nosotros para celebrar el exitoso relanzamiento de mi galería. Es muy amable de tu parte".

La chispa de esperanza se apagó al instante, convirtiéndose en cenizas. Él no pareció notar la tensión de su esposa y le sonrió a Aria. "Esto es para ti", dijo él, entregándole las flores y el regalo. "Un pequeño detalle para celebrar".

Todo era para esa mujer. Por supuesto que era para ella. La cena, las flores, el regalo. Caroline solo era la violinista, accesorio en su perfecta historia de amor.

"¡Blake, te acordaste!", respondió la chica con voz melosa, hundiendo la cara en las gardenias. "Son mis favoritas". Desenvolvió el regalo y descubrió el collar de diamantes que él tanto quería entregarle. "Y este... es exactamente igual al que puse en mi tablero de inspiración el mes pasado. ¿Cómo lo supiste?".

"Solo fue una suposición afortunada", respondió él con los ojos fijos en ella y una expresión suave y amorosa.

Caroline sintió que se quedaba sin aire. Aun así, extendió la mano y tomó el ramo de las manos de Aria, obligándose a sonreír. "Yo te las tengo", murmuró con manos temblorosas.

Arian sonrió radiante. "Gracias, Caroline. Eres una esposa maravillosa".

Esas palabras se sintieron como una burla. En ese instante, comprendió que Blake había usado su aniversario como una tapadera para celebrar con la mujer que realmente amaba. No era su esposa, solo su excusa.

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