Phill guió a la agente Michelle Gómez hasta su oficina y una vez a puertas cerradas dentro de ésta, puso su taza de café en el escritorio a un lado de la computadora, para luego sentarse frente a ésta y buscar en la base de datos del FBI a los "Collins de Florida". El resultado, simplemente no fue agradable.
– Aquí están –dijo Jester y dejó que Gómez leyera por si misma todo el documento.
– Oh por Dios –dijo ella mientras leía el documento en la pantalla.
– Recuerdo haber leído el encabezado de esa noticia hace exactamente unos veinte años atrás: "El karma no perdona: El hijo de Charles Jean Collins, mejor conocido como "CJ", líder del club de motociclistas JDM, es secuestrado bajo la nariz de su padre" –citó Phill al pie de la letra mientras bebía un sorbo de su café.
– ¿Qué es JDM? –preguntó Gómez apoyada en el escritorio e inclinada hacia el monitor.
– Las iniciales para "Jinetes de la Muerte" qué es el nombre de su club –respondió rápidamente el asesor de la policía.
– Y ¿dices que el líder de esta banda de motorizados podría ser el padre biológico del muchacho? –preguntó Gómez abandonando la posición anterior para entonces sentarse en una silla adyacente.
– Tú lo has dicho "podría" serlo. Tal vez sí, tal vez no. Pero aun así es una gran coincidencia, ¿no lo crees? –preguntó Phill analizando internamente la probabilidad con cierta emoción e interés en esto. Incluso cuando dijo que era una gran coincidencia pareció saltar de su asiento.
– Un poco más que otras –dijo Gómez y llevó una de sus manos a su barbilla con actitud pensativa– y ¿cuál es tu asunto con estos "Jinetes de la Muerte"?
–Phill se mostró extrañado por un momento, pero al siguiente cambió su semblante por uno de duda e inquirió– ¿Por qué supones que tengo un asunto con esos "Jinetes de la Muerte"?
– ¿Por qué quieres ayudarme? –preguntó Gómez en el mismo tono y con el mismo gesto. Sabe que Phill es una persona muy lista, por lo que se da el lujo de escoger en cuales casos trabajará y en cuales no y hasta ahora, todos los casos en los que ha trabajado; o él conoce al perpetrador o la víctima le recuerda a alguien que perdió, alguien que fue cercano a él.
– ¿Acaso no puedo ayudar a un pobre chico, que fue raptado por una psicópata y ahora sufre de baja autoestima y depresión, a reencontrarse con su familia biológica? –pregunto Phill con algo de dramatismo y haciendo énfasis en los puntos importantes.
– ¿Cómo sabes que tiene trastornos? –preguntó Gómez sorprendida y colocando las manos en las caderas, ya que no lo había puesto en el reporte.
– Generalmente cuando hay un trauma de la infancia o una situación de estrés al extremo, como abuso físico o sexual, siempre queda algo en el cerebro y se manifiesta como: depresión, baja autoestima, tendencias suicidas, psicosis, déficit de atención con hiperactividad, –el rubio enumeraba cada una con total normalidad, e incluso ladeaba un poco la cabeza al mencionarlas– pero siempre las más comunes son las dos primeras y las siguientes pueden variar según la persona.
– Ah, vaya –fue todo lo que respondió Michelle con las cejas alzadas y los ojos abiertos en par.
– Sí, así es –dijo y tomó el mouse junto a su café para cerrar la sesión en su computadora– bueno, esperare tu llamada y el ADN del muchacho para comenzar con la búsqueda.
– No tan rápido –dijo Gómez llamando nuevamente la atención del hombre junto a ella– aún no contestas mi pregunta.
– Te lo dije –dijo con un tono de obviedad y con sus manos procedió a explicarle paso por paso– trauma es igual a: depresión y baja autoestima.
– Muy gracioso Phill –dijo ella con el semblante serio– me refiero a mi primera pregunta: ¿Cuál es tu asunto con ese club de motociclistas? –inquirió con el tono serio que siempre suele utilizar con él, como si estuviera regañando a un niño pequeño.
– También te respondí eso –dijo Phill con un tono algo más nervioso, pero que quería hacer pasar por uno serio– no tengo ningún asunto con ellos, solo quiero ayudar al muchacho –insistió– hacer un gesto de buena fe para ganarme mi lugar en el cielo.
– ¿Por qué? –preguntó Gómez con duda en su semblante fruncido y sus ojos achicados, pero luego tranquilizó ese gesto para explicar el "porqué" de su duda– digo, es algo muy considerado de tu parte pero, no lo conoces y este caso ni siquiera se lo dieron a la policía. No sé por dónde empezar y nisiquiera he visto al muchacho aún –dijo con cierto pesimismo en cada palabra.
– Bueno –dijo Phill y sacó una pequeña sonrisa triste– supongo que puedes llamarlo "compensar" –respondió con simpleza.
–Al escuchar su respuesta Gómez relajó el ceño y lo cambió por uno de empatía, junto con una pequeña sonrisa ladina– ya me lo imaginaba.
– Pues, siéntete alagada –dijo Phill queriendo hacer una broma luego del triste momento– no muchos pueden hacerlo.
–Viendo que su amigo ya no quería hablar del tema, Gómez optó por cambiarlo– ¿Y? ¿qué sabemos de esos "Jinetes de la Muerte"?
– Bueno –dijo Jester acomodándose en la silla para tomar nuevamente el mouse e iniciar la sesión en su computadora, otra vez– pudiste haberme hecho esa pregunta antes de que cerrara la sesión.
.
La ciudad de Collinstown en Florida despertó como todos los días: temprano y todo normal, con las personas yendo de aquí para allá a sus respectivos trabajos y tareas, y claro los Jintes no eran la excepción.
Han pasado veinticinco años desde que el pequeño Dean Thomas Collins fue raptado en la guardia de su hermano mayor y padre, un suceso del cual ninguno de los dos pudo recuperarse jamás, y una prueba fehaciente de ello fue lo que le sucedió al patriarca años más tarde. Sin embargo y aunque suene cruel, la vida siguió aún con la ausencia del pequeño. Apenas el rastro se enfrió la policía dejó de buscar al infante luego de cinco años. Su padre, CJ Collins, resistió unos años más, pero al final se rindió de una manera muy dolorosa. No podía vivir sabiendo que una cualquiera simplemente entró y se llevó a su hijo bajó su propia nariz, fue algo que jamás logró perdonarse.
Aun así y como ya dije, la vida siguió con o sin el "segundo príncipe de Collinstown" o ya bien "el décimo caballero de la mesa rectangular" y aunque todos los miembros de su familia lo extrañaban y lo recordaban, a pesar de lo doloroso que es el recuerdo de haber perdido a un hijo y hermano, todos tuvieron que aceptarlo y adaptarse tarde o temprano. La madre del pequeño, la fría, astuta y muy ruda Gwendoline Collins "Gwen", enloqueció en cuanto la noticia del secuestro de su hijo se le fue dada, a tal punto que terminó por quebrarle el brazo a uno de los enfermeros que intentaban calmarla, por lo que tuvieron que sedarla o ya bien, amarrarla a la camilla de hospital.
Gwendoline, persistente e insistente, como solo una madre puede serlo, buscó sin cesar a su hijo por toda la ciudad y todo el estado, al lado de su marido y los hermanos de club de éste, incluso lo siguieron buscando por años más cuando la policía se rindió. Ella y CJ siguieron en la incesante búsqueda del pequeño aun cuando su propio club, sus hermanos, les decían que ya era un caso perdido, que el niño podría estar muerto y su cuerpo enterrado en algún bosque o ahogado en algún lago. A estas suposiciones, Gwendoline Collins respondía: "que hasta no ver a su hijo frente a ella, ya sea sano y salvo o como un cadáver, ella jamás dejaría de buscarlo" y luego intentó romperle la nariz a alguien.
Desde ese día los JDM no hablan del tema, al menos no frente a ella.
En veinticinco años, Gwen no ha superado el tema, no ha dejado de buscar a su niño y por supuesto, no ha perdido la esperanza de que algún día pueda verlo por primera vez. El día del alumbramiento ella se desmalló por la pérdida de sangre, por lo que tuvieron que practicarle una cesárea de emergencia y llevarse al bebé antes de que la madre pudiera verlo. Lo único que quiso ella al despertar fue abrazar a su hijo, cosa que claramente nunca pudo hacer.
Quizás eso es lo que a ella más le duele, lo que ella más lamenta, nunca haber conocido a su hijo.
Troy, "el pequeño de seis años que vio como una enfermera se llevaba a su hermanito en frente de él" Collins, creció para convertirse en: Troy "el vicepresidente de los Jinetes de la Muerte, orgullo de su madre, legado de su padre y dolor de cabeza de todos los demás" Collins.
Troy al principió afrontó muy mal lo que le pasó a su hermanito, sobretodo estando bajo su cuidado, y aún siendo un infante de seis años se culpó a sí mismo por lo que pasó. Creía que él debió haber hecho algo más, que él debió detenerla de alguna forma pero, ¿siendo solo un niño que podría haber hecho? ¿Morderle los talones?
Entonces, conforme fue creciendo, su punto de vista en cuanto a la culpabilidad fue cambiando radicalmente, y pasando de su persona a la de su padre. Su padre debió estar ahí junto a él cuidando de Dean y no en asuntos del club, ese era un momento solo para su familia no para asuntos del club. Y según esos pensamientos fueron aumentando, también lo hacía el odio que sentía hacía su padre. Lo culpaba por el secuestro de Dean, por la ruptura de su familia y lo acusaba de que el club siempre fue primero para él. Esto, cuando fue dicho en voz alta, terminó en una gran pelea que acabó con Troy yéndose de Collinstown.
Durante sus años lejos de la ciudad, Troy conoció a una joven llamada Sarah Teller con la cual ha compartido una longeva relación de casi diez años hasta hoy en día, pero solo llevaban seis años juntos cuando Troy recibió la noticia del suicidio de su padre. Al apenas enterarse de esto, decidió regresar a Collinstown y hacer las paces con el ataúd del viejo. Días después del funeral, le dijo a ella que lo acompañara a quedarse en su ciudad natal y ella aceptó.
Una vez con uno de sus hijos de vuelta en casa y una nuera (a la cual evaluaría después), Gwen no tardó en sacar sus garras para convencer a Troy de que se uniera al club de su padre como su heredero. Troy, queriendo honrar la memoria del hombre al que odio por mucho tiempo en su vida, terminó aceptando la propuesta y se hizo prospecto del club que fundó su padre. Luego de que recibiera su parche como miembro oficial del club, no pasó mucho tiempo para que los demás miembros votaran por él para que fuera el nuevo Vicepresidente.
Todo Collinstown sabe que Gwen es un águila de rapiña en cuanto a su hijo se trata, por lo que ser su nuera es como estar dentro de "el Juego del Calamar" por cualquier error que cometas estarás eliminada, y Sarah no fue la excepción. La presionaba y evaluaba continuamente, pero cuando una ex novia de Troy (a la cual Gwen odiaba más que a la actual) regresó al pueblo, la mujer de 54 años pareció aceptar a Sarah prácticamente de la noche a la mañana, y ahora se la pasa diciendo lo bonita pareja que son Sarah y su hijo sobre todo en presencia de la ex novia de éste. Troy ya conoce a su madre así que, se conformaba con que aceptara a Sarah, aunque solo fuera "conveniente" para ella.
Y bueno, esa es la situación actual de los Collins, aunque el problema actual es otro y se llama: "Ángeles Caídos". Una banda de motociclistas rival de los JDM que no hacen otra cosa más qué molestarlos cada que pueden. Sin embargo habían estado quietos por un tiempo, pero ahora decidieron volver a aparecer solo Dios sabrá para qué.
Los Jinetes iban en caravana por la ciudad de Collinstown rumbo a un almacén suyo que había explotado la noche anterior. Connor Maynard es un hombre de la mediana edad siempre con la chaqueta del club y una bandolera negra adornando su frente, junto con sus lentes oscuros. Él fue la mano derecha de CJ Collins en vida y ahora es el nuevo presidente del club, por lo tanto va a la cabeza. Junto a él va Troy Collins, vicepresidente, como ya dije. Es un joven de 31 años exactamente, alto y musculoso que, por supuesto, también lleva la chaqueta con la insignia del club.
Siguiéndolos de cerca está Freddy, quién es tesorero del club, es decir: quién lleva las cuentas de todos los gastos y adquisiciones. Es un hombre que llega también a la mediana edad, de baja estatura y corpulento. Y por último está Gel, el Sargento de Armas, que es un hombre alto y delgado como de cuarenta años.
Cuando los cuatro miembros del club llegaron a la escena, los bomberos aun apagaban pequeñas llamaradas y conjuntos de fuego en el estudio de películas para adultos que fue incendiado la noche anterior. En cuanto aparcaron las motos el sheriff del condado, al cual el club tiene en su nómina, se acercó a ellos para darles la triste noticia.
– Bueno, todo se quemó –dijo con algo de obviedad, a lo que Connor le respondió con una mala mirada, por lo que el sheriff siguió hablando– había propano, armas y todo explotó.
Se notaba a leguas que Connor estaba enojado. No, no enojado, ¡estaba furioso! Apretaba la mandíbula con los dientes pegados, los de arriba con los de abajo, y con sus manos estrujaba los guantes de cuero negro que se ponía para conducir.
– El técnico dice que fue provocado –volvió a hablar el sheriff mientras los acercaba a todos a los escombros– hay huellas de botas por todos lados.
– ¿Botas de montaña? –preguntó Connor acercándose un poco más al sheriff.
– Los malditos AC, Con –intervino Gel llamando a sus rivales "Los Ángeles Caídos" por sus siglas, y adelantándose hasta Con para poner una mano en su hombro.
– ¿Y dónde mierda estaba Ginley? –Troy también estaba empezando a perder la paciencia y eso se notaba por el tono con el que empleó la pregunta.
– No hay rastro del guardia –contestó el sheriff.
Connor, ya harto de toda esa situación, tomó al Sheriff Dogherty del brazo y lo llevó a un lugar apartado de ojos chismosos y oídos agudos para preguntarle:
– ¿Quién más lo sabe? –susurró una vez que estuvieron en un rincón.
– Oficialmente los bomberos y yo –respondió el sheriff– pero puedo convencerlos de cambiar el informe.
– ¿Y extraoficialmente? –preguntó Troy.
– Extraoficialmente todo el condado. La explosión tomó demasiada altura para ojos chismosos y no chismosos –al decir eso, todos giraron hacia el líder preocupados hasta que este volvió a hablar.
– Por el amor de Dios –dijo pasando sus manos por su cabello– ¿Y las Marc-5? –preguntó susurrando, refiriéndose a algunas armas ilegales que tenían guardadas en una de las bodegas del estudio.
– No están, y la mayoría de las F-6 tampoco.
Con eso, oficial y extraoficialmente, la paciencia de Connor acabó por terminarse y empezó a dar patadas a los escombros mientras lanzaba improperios y los demás del club tan solo lo miraban, ninguno tenía la intención de intervenir, lo mejor era que se calmara solo. Sin embargo, Troy no tardó mucho en reaccionar y como el buen e inteligente vicepresidente que es, buscó una solución temporal:
– No queremos que esto llegue al FBI –dijo y sacó un puñado de billetes doblados por la mitad para entregárselos al sheriff y con eso decirle– dale la mitad a los bomberos, que cambien el informe. La gente dirá lo que quiera. Vámonos de aquí –dijo dando una señal para que todos volvieran a las motos.
–Una vez empezando a caminar hacia allá, el presidente sacó su pistola de detrás de su pantalón y se la tendió a Troy para decirle en broma– dos tiros, aquí –se señaló la nuca sin dejar de caminar– no me dolerá y estaré muerto.
–Troy rió sin gracia por el chiste– no es fácil ser el "rey", ¿cierto?
– No –dijo Con volviendo a guardar su pistola para luego apuntar a Troy con su dedo– y será mejor que no lo olvides.
La doctora Carmen estaba en su escritorio terminando de llenar el informe de su último paciente, cuando la hora dio exacta para dejar entrar al siguiente y último del día. Dejó el lapicero sobre el escritorio y salió al pasillo del hospital para luego abrir la puerta de su consultorio y encontrarse, con una sonrisa en su rostro, a sus dos hermanos favoritos: los Colt.
– Thomas, es tu turno –dijo suavemente mirando al muchacho de veinticinco años, alto, bien parecido, de complexión delgada, pero con buena alimentación y ejercicio. Era en definitiva un chico bendecido en apariencia, más no en la vida.
Thomas le dio una palmada en el muslo a su hermano adoptivo, Clay y se dirigió al consultorio de su psicóloga desde hace cinco años. La doctora Carmen le dio una sonrisa a Clay y diciéndole que saldrían en cinco minutos cerró la puerta.
Thomas, desde que tiene memoria, ha sido un chico abusado física y mentalmente por la mujer que creía era su madre. Fue víctima del síndrome Munchausen por poderes, inculcado por la misma persona que lo secuestró y apartó de su familia biológica, la psicópata Julia Fuller. Ésta mujer lo maltrataba e ignoraba, sin mencionar que le hacía creer a diario que no podría hacer nada sin ella, además de que lo "castigaba" si él llegaba a desobedecerla.
Sus castigos no eran físicos, pero sí mentales, cómo por ejemplo: pintar patrones específicos de círculos y pequeños rectángulos en las paredes sabiendo que Lance es tripofóbico y a veces ese tipo de patrones podrían llegar a hacer, incluso, que se fuera en vómito. Todo cambió para Thomas cuando conoció a Clay en la escuela secundaria "Lincoln High School", él se hizo su amigo a pesar de las insistencias (y amenazas) de Julia de que se alejara. Fue Clay quién descubrió el secreto oscuro de esta mujer y él único que corrió a socorrer a su amigo antes de que una loca le arrancara el corazón.
Thomas a formado parte de la familia Colt desde los doce años, cuando Clay lo trajo en una carretilla desde la casa de Julia, salvándole la vida. Al principio se mostró tímido y asustadizo, se exaltaba con cualquier sonido, y siempre iba a esconderse a su habitación cuando algún extraño los visitaba. Nadie a su alrededor (a excepción de los Colt) le inspiraba ninguna confianza, pero según su primera psicóloga, era normal, pues estaba empezando a experimentar los primeros síntomas del "estrés post traumático" por lo que recomendó que le buscaran ayuda profesional, más profesional, es decir: un psiquiatra.
Thomas tardó seis meses en acostumbrarse a los Colt y darse cuenta de que ellos querían ayudarlo, criándolo como a su hijo. Lo habían recibido en su casa, lo habían alimentado, vestido, enviado a terapia y a la escuela. Habían comprado todas las medicinas que necesitaba e incluso lo inscribieron en el equipo de futbol cuando él demostró interés en el deporte.
Finalmente, luego de nueve meses, toda la familia decidió hacerlo oficial y adoptarlo. Thomas empezó a mejorar luego de eso, su TEPT (Trastorno de Estrés Post Traumático) fue pasando con el tiempo. Tom iba a terapia, tomaba sus pastillas: sertralina y paroxetina para aliviar sus problemas de ansiedad, y sobre todo, su nueva familia lo hacía sentir a salvo y querido.
Luego de dos años empezó a recuperar su sonrisa y su confianza en las personas, incluso llegó a tener uno que otro amigo en la escuela; también le gustaba dibujar y hacer deportes. Hablando de deportes, se hizo un muy buen jugador de futbol y su familia nunca se perdía ni un partido. El futbol lo hacía sentir feliz, hasta que su equipo perdió un partido "por su culpa". La verdad solo fue un gol que no logró anotar, pero la decepción de su equipo, de su entrenador y de todos los que vieron el partido fue suficiente para que su frágil y recién adquirida estabilidad emocional se tambaleara y amenazara con derrumbarse más de una vez.
Pero como si eso no fuera suficiente, empezaron a hacerle bullying en la escuela por ser un niño medicado, una especie de "freaky". Empezaron con burlas y comentarios fuera de lugar, a lo que Tom sólo decidió ignorarlos. Pero un día, todo se salió de control cuando uno de esos niños tomó sus pastillas y las escondió. Thomas, al no verlas donde siempre las dejaba, le dio un ataque de pánico preguntándose: "¿dónde estarían?". Luego de un rato así, corrió al baño y se encerró en este para entonces sacar su celular y enviarle un texto a sus padres diciendo que les agradecía todo lo que habían hecho por él hasta ese momento, pero él se "iría".
Jeff y Sam llegaron a la escuela desesperados buscando a su hijo, creyendo que él se "iría" literalmente, es decir: "saldría" de la escuela y se perdería, pero en realidad, lo encontraron quince minutos después en el baño con cortaduras en sus muñecas. Llevaron al niño a urgencias de inmediato y por suerte, ninguna de las cortadas que tenía era profunda, pero era más que obvio lo que intentó hacer.
Inmediatamente lo sacaron de esa escuela y lo pusieron en una especial para niños con todo tipo de problemas, a sugerencia de su psiquiatra, claro. Allí, Thomas terminó la secundaria más tranquilamente y además, conoció al amor de su vida. Ahora estudia literatura en la universidad "Charleston" en Reno, Nevada, junto con su novia, su mejor amigo (quién también debería visitar a un psiquiatra) su hermano Clay, y su ex novia, pero de ella hablaremos después.
– Entonces, Tom, ¿cómo has estado? –preguntó la doctora Carmen Aguilar una vez que Thomas tomó asiento.
Thomas ha visto a la doctora Aguilar desde los diecinueve años, que fue cuando su antigua psiquiatra le recomendó ver a un especialista en adultos. Carmen es una persona dulce y animada que siempre tiene una sonrisa en el rostro. Su carácter apacible y su paciencia para escuchar le dan a Thomas total seguridad para abrirse con ella, además de que su método, aunque no sea ortodoxo, es muy efectivo. No hay nada que Thomas Colt le oculte a su psiquiatra y gracias a ella, él siente que mejora con cada sesión.
Durante sus sesiones suelen hablar de muchas cosas, por ejemplo: Carmen sabe que Tom tiene una gran personalidad. La mayoría del tiempo es inocente, tierno y algo tímido, es verdad, pero cuando entra en confianza le gusta hacer chistes, comenta sobre cualquier tema de su interés e incluso se vuelve un poco irónico y hasta filosófico, pero de una manera graciosa. Cuando ha tenido un ataque de depresión recientemente o algo le está preocupando, Carmen ya lo sabe, pues Tom se vuelve cerrado y cortante, casi no habla y no la mira a los ojos; pero cuando esto pasa la doctora ya sabe cómo romper su caparazón: canciones y grupos de rock clásico.
A Thomas le encanta el rock de los 70's 80's, dice que puede identificarse con la letra de muchas canciones, así que cuando el muchacho se encierra en sí mismo y no quiere hablar, ella pone una de sus canciones favoritas cómo: "Starway to Heaven", "Back in Black", "Sweet Cherry Pie" o su primera opción en todas sus playlist: "Carry on, my wayward son"
Thomas y Carmen llevan una buena relación como doctora y paciente, podría decirse que son bastante unidos, incluso más que paciente y doctor son como dos amigos reunidos en una plaza hablando de todo y de nada. Tom siente que puede desahogarse con ella, pues Carmen jamás lo ha juzgado por nada, es muy comprensiva y a diferencia de muchas personas, ella nunca lo ha mirado con lástima o asco, en cambio diría que se encanta de verlo, al igual que él con ella, cómo dos viejos amigos que se reencuentran siempre cada semana.
.
A Clay le gusta acompañar a Tom a sus sesiones de terapia, pues el lugar es silencioso en general y así, mientras su hermano y mejor amigo pone su mente en orden, él puede aprovechar y terminar trabajos escritos de la universidad o estudiar para algún examen. ¡Por la santa madre de Dios! Éste apenas es su primer año de universidad, ¿y ya le están mandando cinco trabajos por semana? Algo que sin duda agradece es que Thomas y él hayan entrado a la universidad tarde. Mientras que otros entran a la universidad de diecisiete o dieciocho años, ellos dos entraron a los veinte, ¿Por qué? bueno, les dijeron a sus padres que era para escoger una buena universidad y que además diera la especialidad que ellos quisieran, pero la verdad era mentira, solo querían descansar dos años de las tareas, los profesores y de levantarse temprano a diario. Ni idea de cómo, pero cumplieron su cometido.
Sin embargo, se dice que todo lo que se nos da, tarde o temprano debemos pagarlo, y eso es justo lo que está pasando con Clay y su ola de tareas. Aunque ya bien, nadie dijo que ser ingeniero civil fuese cosa fácil. Mientras tecleaba en su laptop miró el pequeño reloj electrónico de veinticuatro horas en su barra de herramientas y se dio cuenta de que ya había pasado media hora, por lo que ya deberían estar a punto de salir, ya que cada sesión duraba entre veinte y treinta minutos.
Dicho y hecho, la puerta del consultorio se abrió y reveló a Tom despidiéndose de su psiquiatra. Realmente la puerta del consultorio no está en frente de las sillas donde todos los pacientes esperan, está unos dos metros más allá, por eso el lugar es tan silencioso; en el consultorio no se escucha lo que pasa en la sala de espera, y en dicha sala no se escucha la conversación dentro del consultorio, para salvaguardar la privacidad del paciente.
–Clay cerró la laptop y se levantó de la silla para acercarse a su hermano y la psiquiatra– hola –dijo con una sonrisa tierna al llegar con ellos– ¿todo bien?
– Sí, nuestro Tommy sigue avanzando –respondió la doctora para mirar al mencionado con una sonrisa de orgullo– buenas calificaciones, se esfuerza mucho, sigue tomando sus medicamentos y quiero decirte lo orgullosa que me siento de que hayas iniciado una relación –dijo dirigiéndose solo a Thomas con la misma enorme sonrisa– primero tu cactus, luego tu gato, luego tu mejor amigo y ahora tienes novia. Estás siguiendo la escala que te dije, estoy súper orgullosa de ti Thomas.
– Gracias –dijo Tom con la misma sonrisa alegre.
– Excelente, entonces, supongo que nos veremos la próxima semana –dijo Clay con buen ánimo.
– Así es. Próxima semana, misma hora –les dijo a ambos con tono autoritario pero bromeando, antes de sacar una sonrisa juguetona y meterse a su consultorio.
.
Los dos hermanos iban caminando por la acera del hospital de vuelta a su casa, cuando Clay decidió cortar por el parque por dos motivos, A: la sombra de los árboles los protegería de los ardientes rayos del sol, y B: quería comprar helados para él y su hermano. Clay, odiaba que el helado se le derritiera en la mano y que el preciado líquido corriera por todo su puño embarrándolo, pero tampoco se esforzaba por evitar que esto pasara, ya que siempre se tomaba su tiempo para disfrutar de su helado postre.
– Pareces un niño pequeño –se burló Thomas viendo a Clay batallando con su helado derritiéndose al sol.
– ¡Déjame en paz! –protestó Clay mientras lamía su puño y Tom lo veía con diversión y un poco de asco– entonces –dijo limpiando algo de su desastre con la servilleta del cono– ¿qué te dijo la psiquiatra?
– Tú la escuchaste –respondió Tom lamiendo las orillas de su cono para no crear un desastre igual al de Clay– estoy avanzando al tener una relación. Cree que es un gran progreso, que me estoy abriendo más a las personas.
– Bueno –dijo Clay alzando un poco las cejas antes de decir– no es tu primera relación –mencionó y siguió comiendo su "desastre" llamado helado.
–Thomas, tomó una pequeña respiración y sin perder el buen humor le dijo– pensé que ya no mencionaríamos los errores del pasado.
– ¿Errores? –preguntó Clay alzando una ceja inquisitiva, pero con una sonrisa de diversión– ¿"ella" fue un error? Por qué, siento decirlo pero, sonreías más cuando estabas con Alina que ahora estando con Megan.
– No estaba listo para una relación en ese entonces –respondió Tom bajando un poco la mirada.
– ¿Y ahora sí? –preguntó Clay con cierta ironía.
– Se supone que el paciente hace un proceso primero –respondió Thomas casi como una protesta– primero su psiquiatra lo pone a cuidar de una planta, luego de una mascota, luego de un pariente o un ser querido o un amigo y entonces, de último, vienen las relaciones amorosas.
– Okey –dijo Clay alzando los brazos en rendición– yo solo digo que te veo igual de calificado para tener una relación que hace cinco años con Alina –dijo y quiso seguir comiendo su helado, cuando se le vino a la cabeza una pregunta importante– y otra cosa: si todo lo que tenías que hacer antes de tener una relación "formal"… –dijo haciendo comillas en el aire– era seguir un procedimiento y luego entonces tener novia, ¿por qué no le dijiste a Alina que te esperara?
–Como Tom no poseía ninguna respuesta concreta para ello, decidió bromear al respecto– no habría historia de amor.
– Hablo en serio –le dijo Clay sonriendo por la broma.
– No lo sé, yo no… –hizo una pequeña pausa para pensarlo– no quería hacerle eso a ella.
– ¿No querías hacerle eso a ella? –preguntó Clay con cierta ironía otra vez, a lo que Tom se encogió de hombros– ahora, gracias a ti, ella está con el patán de Matt, ¿tampoco querías hacerle eso a ella?
– Las decisiones que ella tome no son asunto mío –dijo Thomas tratando de quitarle importancia.
– Pero tus decisiones sí son asunto tuyo –dijo Clay casi como un reclamo– y déjame decirte que fueron malas –dijo y se adelantó en el camino hacia la salida del parque.
– ¡Gracias por siempre estar ahí y hacerme sentir bien! –gritó Thomas para que Clay (y las personas alrededor en el parque) pudieran escucharlo y luego se adelantó hacia su hermano.