—En posición —Ariel escucha la voz de Campos en el radio transmisor conectado al audífono que cada uno de los cuatro hombres que fueron asignados a esta misión tienen en el oído.
Diez días tienen en el mismo lugar, cinco días detallando el terreno, y al objetivo asignado, y el resto esperando el momento ideal para cumplir con el trabajo sin fallar y sin levantar polvo. La orden es la discreción, ser pacientes, ecuánimes, no dejar a ninguno del objetivo vivo, pero sin alterar el entorno.
Están en una zona boscosa, expuestos a los miles de animales raros que han tenido la oportunidad de ver allí. El calor es agobiante en el día y en las noches el frío hace de las suyas, lo que aunque Ariel reconoce es tremendo, en nada les afecta. Ya han pasado por pruebas donde la exposición a las altas y bajas temperaturas ha sido objeto de evaluación, y hasta de resistencia en las diferentes misiones a las cuales han sido asignados.
Se dice que los que están allí, incluso Ariel Fuentes, son los mejores en la elite, más, sin embargo, Ariel no siente la misma motivación con la que iniciaba y terminaba cada trabajo que le encomendaban. Otrora, recuerda era uno de los primeros en todo. Su trabajo sigue siendo de calidad, pero no con la misma transparencia que evidenciaba, ante todo.
—Listo, tengo al objetivo enfocado —Responde Ariel, procurando estar concentrado en su objetivo. Habla casi en un susurro por el transmisor que tiene pegado a la chaqueta con la que además de cubrirse para evitar ser identificado, procura cubrir su cuerpo del frío y los bichos raros que salen en horas de la noche.
En lo alto de la montaña donde se encuentran, el viento sopla con violencia, no se escucha ruido alguno diferente al paso del viento chocando en el rostro de cada uno, todo es calma, una tranquilidad ensordecedora, pero tan acostumbrados están a esto que no les afecta para nada. El entrenamiento que han recibido les ayuda a concentrarse y no perderse en medio de tanta tranquilidad.
Este trabajo pudiera considerarse el más aburrido, tedioso, requieren de tanta concentración que el enfocar los pensamientos solo en el objetivo y todas las particularidades que pudieran contribuir o afectar la misión, debería ser el único de sus pensamientos.
¡Qué situación tan compleja para un hombre con tantas situaciones de vida afectándole! ¡Qué retador pudiera ser para cualquiera que, como Ariel, afronte la peor crisis de su vida!
Pasar por una perdida, es duro para cualquiera, y sobre todo para un hombre que puso toda su vida en manos de esa persona que ahora no está. Esta experiencia fácilmente puede distraer a cualquiera, sin embargo, en un militar especializado en tirar del gatillo se espera que no sea así. Están entrenados para suprimir el dolor, se obligan mentalmente a no sentirlo, a ignorar toda señal que los altere.
Esto ha procurado hacer Ariel, solo que la situación parece salírsele de control. La ausencia de ella la ha sentido aun estando a kilómetros de distancia de su país. En todos esos que han transcurrido, desde su pérdida, no ha superado la agonía de no tenerla.
—Atentos —Anuncia Campos al ver que Ariel no acciona el arma—. Fuentes el objetivo se nos va a escapar, esta es la última oportunidad con la que contamos —Le advierte sintiéndose desesperar al ver que el lugar comienza a llenarse de hombres armados.
La orden es disparar sin armar una guerra como la que Campos prevé sucederá de no proceder de inmediato. Ve que el objetivo se mueve y Ariel no aprovechó la oportunidad. Aquel camina hacia un grupo de diez hombres que se reunieron, quedando de espalda a Ariel, perfecto para darle el tiro ganador.
Ariel volviendo en sí decide accionar su rifle disparando dos veces sobre la humanidad del hombre que cayó al suelo de manera dramática y sin darse tiempo a reaccionar. Justo en ese instante al ver que los que estaban alrededor, se pusieron alerta, recordando la orden de no dejar cabo suelto, no le quedó más que disparar a todo lo que comenzó a moverse en el espacio donde cayó su objetivo, pues estos tenían la intención de responder a donde quiera que pudieran estarle enviando las balas.
La oscuridad es tan densa, que pareciera que todo confabuló para que lograran cumplir con la misión. Con el apoyo del resto de sus compañeros, Ariel y el resto de los tres chicos, le dio de baja a todos los que estaban en el terreno.
Conociendo de sobra el procedimiento de retirada, recogieron todo de manera estratégica y arrastrándose por el suelo, llegaron a la zona más densa, donde pudieron ponerse de pie y caminar entre la oscuridad y las numerosas plantas altas, hasta el lugar donde recuerdan dejaron el jeep. Dos horas de camino para no ser descubiertos, dos horas que les dio la oportunidad de relajar los músculos entumecidos por tantos días de inactividad real.
Dos días después retornaron a la base. Ariel se disponía a descansar después de ducharse, cuando recibió un llamado de su superior por lo que le tocó desistir de la idea del descanso.
—Permiso para entrar, Mayor —Solicita Ariel al estar en la entrada del despacho del Mayor Corleone.
—Adelante, Fuentes, cierre la puerta y tome asiento —Le ordena sin quitar la vista de lo que parece un informe.
Aguarda en silencio mientras el Mayor termina de leer. Mientras mira hacia el piso.
—Bueno, Fuentes —Inicia el Mayor—. Una vez más lo felicito por su actuación; pero, no puedo sentirme tan satisfecho porque puso en riesgo la misión y a sus compañeros.
—Comprendo, Mayor —Admite Ariel mirándolo serio.
—Fuentes, he venido observándolo en los últimos meses y, de hecho, pedí a uno de los especialistas que lo evalúe desde la distancia —hace una pausa—. Cuénteme ¿Qué le está sucediendo? Usted no es ni sombra del agente que solía ser.
—No tengo nada, tal vez es agotamiento, solo eso, Mayor —Le responde con tranquilidad.
—Aquí tengo el informe que pedí elaborarán de usted y al resto de los compañeros del grupo. Su trabajo sigue siendo excelente pero no con la pulcritud a la que nos tiene acostumbrados —Le informa—. Voy a ser sincero con usted. Esta es la segunda misión en la que por distracción comete un error, mínimo, pero error al fin. Error que, de proseguir y acentuarse, puede poner en riesgo la seguridad de todo un país —Le expresa con firmeza el Mayor—. No crea que no nos hemos dado cuenta que no ha superado la muerte de su novia. Desde que se reincorporó lo vemos más distante, centrado en el trabajo, pero inconscientemente apático al cumplimiento de ciertas rutinas que usted bien sabe son importantes en la preparación de un agente con la responsabilidad que usted lleva a cuesta.
—No sé qué decirle Mayor —Responde Ariel, reconociendo que el Mayor tiene razón en su observación.
—La junta tomó una decisión, como es tan buen recurso para nosotros, para el país, después de una reunión donde fue evaluada la situación de varios agentes, entre ellos, usted, la junta decidió solicitar una evaluación con un especialista de la fuerza especial —Le informa mirando con atención la reacción de Ariel—. Del resultado de la misma se decidirá que resolución hemos de tomar con usted. Mañana a primera hora deberá presentarse al consultorio del Doctor Capote. Él se encargará de hacerle la evaluación y de inmediato informarnos sobre su observación.
—Así lo haré, Mayor —Responde Ariel conforme con la petición—. Sí no hay más que ordenar, pido permiso para retirarme.
—Concedido —Contesta el Mayor, quien lo acompaña con la mirada en su recorrido por el despacho hasta que cerró la puerta a su espalda.
A paso lento Ariel avanzó por el pasillo. Reconoce que no se siente el mismo después de la muerte de Sherelyn, pero estima que no es para tanto. Sin embargo, es una orden de su superior, y como tal debe cumplirse.
Al día siguiente, siendo las siete de la mañana, no fue a desayunar como acostumbra, sino que se dirigió al consultorio. Una de las reglas que le impone el cumplimiento del deber es la puntualidad y por eso se encuentra frente a la puerta del doctor, esperando ser llamado para salir de esto que le parece una perdida de tiempo. Solo por protocolo trata de cumplir.
—Adelante, agente Fuentes —Le pide la secretaria del doctor.
Durante la evaluación, que pareció más una conversación, donde solo él habló de su vida, comenzando desde la infancia, fue sometido una y otra vez a interrogantes un tanto tediosas, y que vieron su punto de algidez cuando llegó al tema de Sherelyn. En esa etapa, desde el comienzo de la relación hasta el propio día de su muerte e incluso al de hoy, fue donde el doctor se detuvo una y otra vez en interrogantes, de las cuales, muchas Ariel no quería responder.
En este momento se dio cuenta que nunca había hablado este tema con nadie, le cuesta hablar de ella, de su muerte, del efecto que esa experiencia dejó en él, sobre todo la amargura, el deseo constante de morir que lo acompaña en todo momento, los momentos de excesivo apetito y otros en los que nada le provoca, como ahora, solo quiere dormir, escapar de la realidad que lo rodea, y solo por el compromiso que asumió con la institución, se mantiene en pie todavía.
Cansado de tantas preguntas, llegó un instante en el que se mostró más irritado que otros días.
—¿Podemos terminar? —Le pregunta Ariel con brusquedad al doctor, poniéndose de pie de manera inesperada y de golpe—. Necesito salir de aquí, me siento asfixiado.
—Espere, me faltan algunas preguntas —Le pide el doctor al verlo avanzar hacia la puerta.
—Para mí ya fue suficiente —Le dice Ariel con decisión al tiempo que abre la puerta sin la sutileza que se espera de un agente que dista mucho de la serenidad que debe caracterizarlos—. Haga lo que quiera con lo que le conté.
Salió al pasillo azotando la puerta. Se siente desesperar, con deseos de salir de allí y acabar con lo que le rodea, es consciente que no puede actuar como bien quisiera, pero es lo que le pide el subconsciente, es lo que le pide su corazón destruido. Dentro de él no hay un sentimiento pulcro, bonito, como los que tuvo antes de perder a Sherelyn. Ellos murieron con ella, y ahora solo desea acabar con todo y más con su vida, si con eso dejará de sentirse tan mal.
—Hola, mi amor —Anuel saluda a Aliska, le da un tierno beso al recibirla en la entrada del edificio del banco donde la chica lleva tres años trabajando como secretaria ejecutiva del presidente de la entidad bancaria.
—Hola, mi vida —Emocionada ella le responde y se abalanza a sus brazos para corresponder al tierno beso—. ¿Vamos por el bebé?
—No es necesario, mira —Anuel le señala para que mire hacia adentro del auto—. Ya fui por él y antes aproveché por ir por reservas al almacén —Le dice en una sonrisa mientras rodea su cuello con su brazo para ir con ella abrazada hasta el auto.
—Eres lo máximo, amor —Apretándose a su cuerpo Aliska celebra tenerlo a su lado.
—Vamos a casa, ya es tarde para ustedes —Comenta Anuel cerrando la puerta del copiloto luego de que Aliska tomó asiento en su lado.
Dado que viven al otro lado de la ciudad, les tomó casi media hora en llegar a casa. Sin embargo, ante la felicidad que sienten de estar juntos, hasta estos momentos que para otras personas resultan incómodos, ellos lo disfrutan. Se aman tanto que de toda dificultad sacan el lado positivo.
—¿Cuándo piensas decirle a tu hermano de la existencia de Alirio, amor? —Le pregunta Aliska estando ya en casa.
—No sé, ya voy para un año que no lo veo. No se deja ver. Desde la muerte de Sherelyn, Ariel cambió mucho.
—Debió ser duró para él no solo que haya fallecido sino ante sus ojos, yo no lo hubiera soportado —Responde Aliska.
—Mañana intentaré comunicarme con él al comando, le perdí el rastro, ya ni sus números de teléfono tengo, e ir a su casa es perder el tiempo, nunca está allí —Contesta Anuel.
A la mañana siguiente como todos los días, los tres salieron de casa, dejaron a Alirio en la guardería y Anuel dejó a Aliska en la entrada del banco. Luego se dirigió a la empresa de tecnología donde viene trabajando desde hace años después de graduarse.
Llegando a su oficina, recibe una llamada de su único amigo, Jerry Montes.
—¿Qué pasó hermanito? —Le saluda el chico al otro lado de la línea.
—¿Qué más? —Responde Anuel—. Aquí comenzando a trabajar, ¿Dónde has estado qué no se te ha visto la cara estos días? Los muchachos preguntaron por ti.
—Es que sigo haciéndole las vueltas a mi hermano, y la verdad no he tenido tiempo de ir a la universidad —Le contesta Jerry.
Ambos vienen sacando una especialización en su área. Jerry trabaja en una empresa que es de su hermano, o por lo menos eso le hace creer a todos, mientras que Anuel es Jefe de un área en una de las destacadas empresas del país. No lleva vida de millonario, pero si le da para mantener a Aliska y a su pequeño hijo, Alirio, quien cuenta con escasos dos años, el tiempo que tiene Sherelyn de haber fallecido.
Alirio nació ese año, y Ariel por la depresión se apartó de todo, incluso del único familiar que tiene vivo, de Anuel. Este por más que intentó buscar un acercamiento para que no le fuera tan dura la pérdida, Ariel no se lo permitió, y comprendiendo su dolor, decidió no insistir en que conociera a Alirio ni a Aliska. Pensando en que en algún momento Ariel superará la depresión, desistió de la idea, hasta la noche anterior que Aliska se lo recordó.
—Pensé que ya habías terminado con eso, como no me dijiste para volverte a acompañar —Comenta Anuel.
—Es que la situación se puso fea y preferí no arriesgarte —Le dice Jerry.
—¿Cómo así? ¿Qué tan complicado puede ser sentarte dentro de un auto solo a mirar si un hombre entra y sale de un edificio? —Le inquiere Anuel curioso.
—Después te cuento, ¿Nos vemos hoy para tomarnos algo en la noche? —Le pregunta Jerry al otro lado de la línea.
—Nos vemos en la universidad, llevaré a Aliska y a Alirio a casa y salgo de una para allá —Contesta Anuel.
Se despidieron, y en seguida Anuel para no dejar pasar la oportunidad del breve tiempo libre, marcó el número del destacamento de la elite donde Ariel lleva años trabajando.
—Buenos días —Saluda.
—Buenos días, ¿En qué puedo ayudarlo? —Pregunta una voz femenina al otro lado de la línea.
—¿Me puede comunicar con el agente Ariel Fuentes, por favor?, dígale que es de parte de su hermano, Anuel Fuentes —Le pide a la chica.
—Ya le informo —Responde la chica.
Anuel tuvo que esperar en la línea por buen rato.
—Disculpe, me informan que el agente Ariel Fuentes ya no forma parte de la elite, fue dado de baja el día de ayer —Le informa la chica, logrando preocupar a Anuel.
—¿Por casualidad no tiene un número de teléfono donde pueda ubicarlo? —Le pregunta.
—No estoy autorizada para dar ese tipo de información, le sugiero buscarlo personalmente —Responde y cuelga la llamada, dejándolo con el teléfono pegado al oído y con la preocupación marcada en su pecho.
De los dos Ariel siempre fue el disciplinado, organizado, metódico, siempre procuraba cumplir con las reglas, las ordenes de sus padres. Llevó una vida tranquila, y feliz, incluso, al conocer a Sherelyn parece que esa felicidad se multiplicó. Sus padres murieron de la misma forma que Sherelyn, en un accidente de tránsito, y la llegada de la chica iluminó la vida de ambos, solo que Anuel para darles espacio como pareja, decidió irse a vivir solo a otra ciudad. Terminó sus estudios y al poco tiempo conoció a Aliska, de quien se enamoró apenas un par de semanas después de cortejarla ante la belleza de la chica.
En esa época Aliska parecía una niña, poseía, y aun posee, un cuerpo diminuto, delgadita, baja de estura, rubia, ojos verdes, rostro aniñado, era la inocencia en el cuerpo de una mujer. Anuel se enganchó tanto a ella, que no tuvo escapatoria, y al día de hoy permanece tan enamorado como el primer día.
Preocupado, Anuel sacude la cabeza y se remueve en su silla, pensado donde comenzar a buscar a Ariel.
«¿Qué habrá sucedido para que le hubieran dado de baja?» Piensa Anuel interrogante.
El Día Anterior
—Agente Fuentes —Escucha Ariel que lo llaman por el alta voz—, por favor dirigirse al despacho del Mayor Corleone.
Se encontraba entrenando justo en ese instante. Por lo que le tocó dejar la maquina donde venía haciendo algunos ejercicios de cardio, tomó sus efectos personales y corrió hacia el nivel donde se encuentra el despacho del Mayor.
—Buenos días —Saluda a la secretaria.
—Pase agente, ya lo esperan —Le informa la chica sentada detrás del escritorio dispuesto en una esquina.
Haciendo caso a la sugerencia, se encaminó hacia la puerta, dio un leve toque y al escuchar la voz de autorización del ingreso, giró el picaporte y entró para quedarse al lado de la puerta. Allí encontró al Mayor y otros funcionarios de alto rango de la elite, inclusive al doctor Capote, por lo que sin esperar a que le digan algo, Ariel presume que el llamado es con ocasión a la evaluación que le realizaron hace días.
—Pase y tome asiento agente Fuentes —Le pide el Mayor Corleone.
—Permiso —Responde al tiempo que les dirige a los presentes el saludo que se estila en estas instituciones.
Todos esperaron a que él tomara asiento, y una vez seguros de verlo en posición de alerta, el Mayor Corleone comenzó a hablarle.
—Agente Fuentes, ya tenemos el resultado de su evaluación —Comienza a hablarle—. Como resultado de las diversas evaluaciones a la que fue sometido, en junta médica el doctor Capote, como su médico de cabecera y otros especialistas, concluyeron que usted viene padeciendo de distimia, enfermedad del mal humor, presumimos que fue con ocasión a la muerte de su novia —El Mayor hace una pausa esperando ver su reacción—. Como bien sabe no podemos mantenerlo activo en el servicio sin poner en riesgo la seguridad de sus compañeros, la propia y la del país. Será dado de baja a partir de este momento, con la condición de someterse a tratamiento médico y terapia.
—Con el respeto que se merecen, ¿Para qué sométeme a ningún tratamiento sí igual me están dando de baja? —Pregunta Ariel enfurecido, solo que le toca contener la ira.
—Déjeme terminar agente —Le pide el Mayor—. Esta baja está sujeta a una condición especial.
Ariel, sin comprender esta resolución nunca vista en la institución, se remueve en la silla.
—La condición es que de demostrarse en el tiempo que usted se recuperó del todo, luego del tratamiento y las terapias, tendrá posibilidad de volver a la institución. Obviamente deberá presentar algunas pruebas para verificar su total recuperación, y eso le dará una posible reincorporación a la fuerza especial —Le informa el Mayor.
Dado el nivel de pesimismo en el que esta enfermedad sumerge a quien la padece, Ariel, con el respeto que sus superiores se merecen, aun queriendo, no acabó con el despacho del Mayor, pero salió de allí totalmente desesperanzado, pero con la promesa de acudir a partir del día siguiente a la consulta con el doctor que llevara el control del tratamiento y las terapias.