Capítulo 2

-Vaya, parece que se ha marchado -Phil se asombra por lo rápido que ella tomo sus cosas para irse -. Ya no es culpa mía, Phil.

-No te preocupes, nos estaremos viendo.

-Claro, debemos salir una de estas noches.

Phil asiente mientras avanza hasta la salida, pensó que quizás podía verla en recepción así que apresuro el paso para ver si tenía algo de suerte.

[...]

Ciana lanza su bolso sobre la cama y más atrás ella también hace lo propio, mira el techo de su habitación pensando qué demonios iba a hacer ahora.

-Debo encontrar otro empleo, no podré sobrevivir mucho tiempo con lo que me vayan a pagar de liquidación.

En eso su móvil comienza a sonar, sin ánimos de nada saca el aparato para ver la pantalla del mismo, era su mejor amiga Dorelis.

-Sé que estas en el trabajo, pero no me vayas a colgar.

-No estoy en el trabajo, me han despedido de ese jodido lugar.

-Lo siento tanto Ciana, en ese caso lo que te diré te caerá como anillo al dedo.

[...]

No supo cómo es que Dorelis la convenció, pero allí estaba, con un bonito vestido y en el más bonito bar que existía en Chicago. Ciana busca con la mirada a su mejor amiga, pero no la ve por ningún lado.

Y como carajos pensaba encontrarla, era viernes por la noche, aquel lugar estaba atestado de clientes.

-Qué mala idea venir a este lugar, no debería de estar aquí -musita al mismo tiempo que se da la vuelta, pero al hacerlo impacta con el pecho de alguien más -. Como lo siento yo...-sus palabras se ven apagadas al mirar con quien se había cruzado.

-¡Que coincidencia! -era el mismo hombre que frecuentaba la oficina de su jodido ex jefe.

-Hola -lo saluda pareciendo idiota.

-Jamás imagine verla por aquí. Pero me alegra ver una cara conocida.

-¿Qué hace aquí?

-Lo mismo que el resto, a tomar una copa. ¿Le puedo invitar una?

La verdad es que ella pensaba largarse, pero ahora que había encontrado a ese hombre sus ganas de irse se habían esfumado por completo.

¿Qué demonios le estaba pasando?

-Claro, me gustaría.

-Quiero decirte que luego que terminé la reunión con mi socio salí de esa oficina para contarte que no ibas a quedarte desempleada.

-¿Qué está diciendo?

-Hable con mi socio y accedió dejarte trabajando en la empresa, pero como recepcionista.

No lo podía creer, ese hombre había intercedido por su ella. Aún tenía un empleo, era una gran noticia, sin embargo, debía seguir viendo la cara de su imbécil jefe. Por otro lado, continuaría viendo a ese hombre misterioso que apareció de la nada.

-¿Está seguro de eso?

-Por puesto que sí, tienes mi palabra de que así será.

Las recepcionistas no ganaban tan bien, pero al menos no estaba sin empleo.

Ciana sonríe puesto que comenzó a sospechar que le agradaba a ese sujeto, aunque este evidentemente fuese mayor que ella.

Una copa llevo a otra, y la conversación se hizo larga. Ciana se olvidó por completo de que se iba a ver con su mejor amiga, una que estaba de paso en chicago. Disfrutaba de sus vacaciones y ella estaba siendo tan mala amiga que no pensó en ella esa noche.

-Debo ir al baño -se disculpa, ya que cree que debe llamar a Dorelis.

-Espero y no te pierdas.

-Regresaré.

Después de varios de llamadas fallidas, Ciana desiste de llamarla.

-Debe estar furiosa conmigo.

Guarda su móvil en el bolso y al salir al exterior se topa con la figura de su compañero de noche, Ciana se impacta por su presencia a la vez que siente que su corazón iba a explotar.

Phil observa a esa mujer salir del baño y siente la desquiciada gana de querer besarla, y es exactamente lo que hace. Sin decir una sola palabra el CEO besa a Ciana de manera arrebatadora.

Para su sorpresa, la joven le sigue el ritmo y también lo besa con pasión y lujuria. Envuelve su cuello con sus brazos y este rodea su cintura con las manos, sus lenguas juegan un papel importante en aquel beso y la conexión aún más.

-Ciana... yo...-gime contra los labios de ella.

-Si -responde ella rápidamente mientras que ese hombre la mira fijamente.

En cuestión de una media hora, Phil y Ciana se encontraban tumbados sobre una enorme cama con sabanas de seda grisáceas.

Ciana sentía los besos de ese hombre por la curvatura de cuello al mismo tiempo que él tocaba sutilmente el costado de su cuerpo. Sus caricias la hacían jadear de una manera que jamás creyó.

Muerde levemente sus labios cuando ese pelinegro comenzó a levantar la falda de su vestido dejando al descubierto sus piernas. No estaba segura de lo que estaba haciendo, o de lo que estaba a punto de hacer.

Pero de algo si estaba completamente segura y era que le encantaban las caricias de ese hombre. Era tan apasionado, tan masculino, tan atractivo. Encima de eso que Olivia exquisito, y era tan grande, musculoso.

Es que aún le costaba creer que estuviera sucediendo eso con él... en eso él vuelve a posar sus labios contra su boca para besarla tiernamente.

-¿Estas segura Ciana? -pregunta contra su boca abierta.

-Si.

[...]

Antes de que el alba llegará, Ciana abre los ojos y piensa que era buen momento para irse de ese lugar. Ella mira por encima de su hombro a aquel hombre y siente pesar por dejarlo, pero era evidente que ella era un romance de una noche.

Tanta galantería se debía a una sola cosa.

Sin embargo, no se arrepentía de nada, ese hombre valió cada hora que le dedico y todo el dolor que tuvo que soportar esa noche. Sonríe mientras que toma su vestido, lo mira un poco más y muerde la carne interna de sus labios.

-Qué noche más grandiosa he tenido con ese hombre.

Estaba segura de que jamás olvidaría esa increíble experiencia. Acaricia sus propios labios mientras que cierra sus ojos al recordar esa manera en la que la beso. Su propia piel olía al aroma de ese sujeto. Pero debía regresar a la realidad, la rubia se despide con una mirada y sale de la habitación.

Capítulo 3

-Ciana, llegas tarde de nuevo. ¿Qué crees que pasará cuando se den cuenta que siempre llegas tarde?

-Lo sé, lo sé, lo siento mucho. Voy a intentar llegar temprano.

-No puedo cubrir tu turno todo el tiempo, sabes lo que me pasaría.

-Te prometo que a partir de mañana llegare temprano a este escritorio.

Su compañera la mira fijamente no creyendo mucho en su palabra, pero que otra opción tenía.

-De acuerdo, pero que sea la última. Y ponte a trabajar, tienes una pila de documentos en tu escritorio.

-Sí, ya organizo todo esto.

Ciana comienza a organizar su escritorio lo más rápido posible, no quería que la pillaran con las manos en la masa. No estaba en condiciones para que la despidieran. La joven rubia levanta la mirada para ver a través del cristal de la puerta.

Intentaba acelerar el trabajo antes de que...

-Joder, allí viene...-dice quitando todo de su escritorio.

-Date prisa.

Ciana guarda todos los documentos justo cuando su jefa hace acto de presencia en la recepción privada que conecta con su oficina.

-Buenos días, quiero que me pasen todas las llamadas, ahora mismo.

La pelirroja avanza sin siquiera mirarlas, ambas secretarias guardan silencio sabiendo que su jefa no se encontraba muy feliz esa mañana... en cuanto se encierra en la oficina las jóvenes se ponen manos a la obra.

-Esta de malas, iré por su café -dice Ciana poniéndose en pie.

Mientras camina hacia la dispensadora de café, Ciana suelta el aliento. Llevaba 2 años trabajando para esa compañía, y aunque no podía decir que era un infierno, su jefa sí que lo era.

Mónica era la versión más horrible de una mujer, todo el tiempo se encontraba amargada y de muy mal humor y trataba al personal de la peor manera. No comprendía como es que Dorelis la soporto por tanto tiempo.

Ciana niega mientras observa como taza con café va llenándose poco a poco. Si no hubiera sido por Dorelis no sabía que hubiera sido de ella, por suerte su amiga pudo encontrarle un empleo y casualmente este fue como la segunda asistente de la jefa.

Dorelis le contó que ninguna permanecía lo suficiente en su puesto de trabajo, Mónica la enloquecía al punto de querer odiarla. Y ella llevaba 2 años trabajando para esa mujer y realmente la detestaba.

Con tantos desplantes que le hacía a diario comprendía porque todas esas chicas salían corriendo, todas menos Dorelis. Ciana toma la taza con café y regresa sobre sus pasos a la oficina para escuchar el nuevo discurso de su jefa.

Pasa directo a la oficina encontrando a la mujer hablando por teléfono de manera exasperante.

-¿Y yo he dicho que quiero cambiar de opinión? No me importa lo que pienses, no me interesa lo que quieras-Ciana percibe que estaba muy enrojecida, sin embargo, ella deja la taza con café sobre la mesa y hace amago de salir.

Pero no le fue tan fácil, la mano de su jefa se cierra alrededor de su muñeca que la hace detenerse. Ciana permanece allí de pie a su lado mientras que ella insulta a quien sea que estuviera del otro lado del teléfono.

La joven rubia observa la mano de su jefa notando sus perfectas uñas y la extravagante y lujosa joyería que la hace preguntarse cuánto dinero podría tener esa mujer.

-Niña -en ese instante Ciana reacciona al darse cuenta de que había terminado con la conversación -. ¿Porque no tengo en mi escritorio todas las llamadas? Hasta donde sé, tú eres la encargada de eso.

-Fui por su café, en seguida le traigo las llamadas.

-He escuchado que siempre llegas tarde a la oficina, ¿Qué tan cierto es eso? -Ciana se tensa.

-Yo llego temprano señora Mónica.

-Espero que me estés diciendo la verdad, porque si descubro que has estado llegando tarde al trabajo no dudare un segundo en despedirte por incompetente. Ahora ve a buscar mis llamadas.

-En seguida.

Ciana sale casi que, corriendo de la oficina, en lo que cierra la puerta mira a su amiga Dorelis, de inmediato esta le tiende las hojas con todos los registros de llamadas.

-¿Está muy de malas?

-Horriblemente de malas -responde Ciana tomando los documentos -. Creo que sospecha que he llegado muy tarde, si se da cuenta de que lo he estado haciendo me echara.

-Debes intentar llegar temprano, yo te entiendo perfectamente, pero al menos haz el intento.

La joven asiente para luego regresar a esa infernal oficina, en cuanto ingresa su jefa le estaba dando un sorbo a su café y de inmediato frunce el ceño.

-A parte de incompetente, no sabes ni preparar un maldito café -deja la taza con mala gana sobre el escritorio -. Dame esas llamadas y vete de aquí.

Una vez en su escritorio la joven frota su rostro sintiendo ganas de dejar todo tirado, esa mujer insoportable la sacaba de quicio.

-Ten paciencia, es lo único que puedo decirte.

-No entiendo cómo es que pudiste soportarla tanto tiempo.

-No me quejo de mi salario, y tú tampoco deberías de hacerlo.

-Soy básicamente tu asistente, mi salario no se iguala al tuyo. Encima de que ella me quiere fuera de esta compañía.

-Es así con todo el mundo. Hasta con su marido.

Ciana observa a su mejor amiga mientras que teclea en su ordenador, en ese momento la rubia no comprendía como es que esa mujer tenía un esposo. Y mucho menos lo entendía a él por soportarla.

Es que, ¿Quién podía aguantarse el mal genio de esa mujer todos los días por la mañana? Parpadea y siente lastima por la vida que los ricos llevaban. Con tanto dinero y solo eran unos amargos infelices.

-¡NO ME INTERESA LO QUE DIGAS! -en eso la bruja sale de la oficina pegando gritos que hace que las secretarias se enderecen en sus asientos-. No me amenaces con tus estupideces, no me das miedo.

La pelirroja avanza por el pasillo hasta la puerta de cristal siendo observaba por ambas chicas.

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