Dos días después, se realizó con éxito el traslado de Kelsey al centro de cuidados paliativos; los médicos informaron que él se encontraba estable, al menos por el momento, pero esas palabras se sentían como una gran mentira.
Elaine estaba de vuelta en el apartamento que compartía con Brett, sintiéndose como una extraña en su propia casa; el espacio se encontraba repleto de siete años de recuerdos, pero ahora todos estaban manchados.
Brett le envió un mensaje breve esa misma mañana: "Tengo que asistir a una conferencia en Chicago. Regreso mañana. Compórtate durante mi ausencia".
La chica respondió con un par de palabras: "Está bien". Era más fácil ser cortante que pelear.
Ya había enviado por correo electrónico su renuncia al departamento de recursos humanos de la empresa, pero no hubo ninguna respuesta. Sin embargo, esto no la sorprendió, después de todo, su novio ejercía un control absoluto sobre toda la organización.
Mientras empacaba, descubrió que toda su vida cabía en una maleta grande y una bolsa de mano. Planos arquitectónicos, algunos libros que apreciaba mucho y ropa eran los artículos que más se destacaban; el resto eran cosas comunes y corrientes, objetos que pertenecían a una vida que ya no reconocía.
De repente, se escuchó el sonido de una llave girando en la cerradura de la puerta; era la asistente de Brett, una joven llamada Chloe que le era más leal a su jefe que a la empresa.
"Elaine", la saludó la asistente con un tono profesional y frío. "Brett te necesita. Ven conmigo".
Los ojos de Chloe de inmediato se fijaron en la maleta a medio empacar en el suelo. "¿Planeas ir a algún lado?".
Antes de que Elaine pudiera responder, la asistente la sujetó del brazo; la chica ni siquiera se resistió, por lo que fue sacada del apartamento y llevada a un auto negro que esperaba al lado de la acera.
El auto avanzó por las calles hasta llegar a un rascacielos reluciente que se encontraba en las orillas de Central Park; ambas ingresaron y luego tomaron un ascensor privado que las llevó directamente al penthouse en el último piso.
Cuando las puertas se abrieron, las recibió un espacio amplio y vacío; enormes ventanales ofrecían una vista espectacular de la ciudad. Se trataba del proyecto con el que Brett había estado tan obsesionado el último año.
Chloe la llevó a un dormitorio donde esperaban un perchero con ropa de diseñador y una maquillista. "Prepárala", ordenó la asistente antes de retirarse.
Una hora después, Elaine estaba ataviada con un elegante vestido de seda y su rostro cubierto de maquillaje; se sentía como una muñeca, hueca y manipulada.
Brett apareció con una sonrisa triunfal adornando su cara; se colocó detrás de su novia y la atrajo para envolverla con ambos brazos. "¡Mira, Lainey! ¡El futuro que nos espera!".
La chica miró su reflejo en la ventana, perdida en sus propios pensamientos; de repente recordó a Kelsey, quien estaba acostado en una sala estéril, equipada con una ventana donde solo podía apreciarse un muro de ladrillos.
"¿Dónde está el reloj que te regalé?". La voz de Brett llegó en un murmullo, con su aliento acariciando la oreja de Elaine. Él de inmediato se percató de la ausencia del artículo mencionado, el cual tendría que estar en su muñeca. "No me digas que lo perdiste".
Brett ignoró el silencio de su novia y continuó: "Este es el acto final. Hablo de la fiesta de esta noche. Organicé para Daniella una fiesta para celebrar el lanzamiento del proyecto. Se realizará aquí mismo. Frente a todos, le haré creer que lo hice solo por ella".
El hombre la giró, mirándola con unos ojos que brillaban con un fervor intenso. "Y luego, cuando se encuentre en la cúspide de su gloria, voy a despedirla, exponiéndola como el fraude que es. Será perfecto".
Luego habló sobre su futuro, sobre los hijos que tendrían y crecerían en este palacio vacío; incluso mencionó a Kelsey, expresando sus intenciones de internarlo en un hospital donde lo atenderían los mejores médicos.
Sus palabras se sintieron como agujas que atravesaron el corazón de Elaine; sabía que su hermano ni siquiera podía abrir los ojos y que jamás podría contemplar el paisaje que ofrecía este lugar.
Recordó la última vez que él visitó su antiguo apartamento, antes de que cayera gravemente enfermo; se sentó en su pequeño balcón, mirando la franja que dividía al cielo y los edificios. Entonces, le dijo a Brett: "¡Eres el mejor cuñado del mundo!".
Brett le prometió que algún día lo llevaría a vivir a un lugar con una vista impresionante, idéntica a la que ofrecía este penthouse.
Tristemente, ese sueño estaba muerto, desvaneciéndose en el momento que Brett prefirió su juego por encima de la vida de su cuñado.
"Yo…", comenzó Elaine, con las palabras atorándose en su garganta.
Antes de que pudiera terminar, las puertas del ascensor se abrieron de golpe; Daniella Chen irrumpió, exhibiendo una expresión furiosa. "¡¿Así que esta es tu supuesta reunión de negocios?!".
Brett se quedó helado mientras su sonrisa confiada se esfumaba; lucía genuinamente sorprendido.
Daniella continuó su diatriba con unos que ardían salvajemente: "¿Pensaste que podías engañarme? ¿Crees que soy estúpida?".
Sacó de su bolso las llaves del auto de la empresa y se las arrojó al hombre; el metal chocó inofensivamente cuando cayeron sobre el suelo de mármol.
Luego se volvió hacia Elaine, arrancó la placa de vicepresidenta de su chaqueta y la arrojó directamente hacia su rostro.
La esquina afilada logró cortar la mejilla de la chica, provocando que una sola gota de sangre brotara y recorriera su piel dramáticamente.
Sin embargo, su novio ni siquiera se tomó la molestia de mirarla y tampoco corrió a su lado para socorrerla; sus ojos todo el tiempo permanecieron fijos en Daniella.
Elaine vio en su expresión la misma lástima desgarradora, la misma ternura afligida que solía darle solo a ella; la vio de la misma manera cuando murió su madre y también el día en que detectaron la enfermedad de Kelsey.
Ahora, esa mirada le pertenecía a otra mujer, la misma que acababa de agredirla.
Al ver la reacción del hombre, Daniella dejó escapar un sollozo ahogado, con su ira disolviéndose hasta convertirse en una dramática exhibición de dolor. "Jamás creí que serías capaz de hacerme algo así". Se tambaleó de manera exagerada a la vez que se llevaba una mano al pecho.
Brett corrió a su lado, atrapándola antes de que pudiera caer. "Daniella, no es lo que piensas".
Ella lo empujó débilmente. "¡No me toques!".
Elaine intentó hablar para explicar que fue Chloe quien la trajo aquí, que no fue idea suya. "Yo no…".
"¡Cállate!", espetó su novio, atravesándola con unos ojos que emitían una frialdad que nunca antes había presenciado. "¡Solo mantente al margen de esto!".
El cuerpo del hombre estaba rígido, su mente completamente consumida por la mujer que lloraba frente a él.
Elaine se quedó paralizada, con una gota de sangre en la mejilla y su corazón congelándose.
Brett persiguió a Daniella, su voz convirtiéndose en un murmullo desesperado mientras la seguía hacia el ascensor; las puertas se cerraron, dejando a Elaine sola en el penthouse amplio y lujoso.
La maquillista llegó rápidamente con un pañuelo. "¡Señorita Mccray, está sangrando!".
Elaine le hizo un gesto con la mano para apartarla; luego caminó hacia el ventanal y tocó su mejilla, tiñendo sus dedos de rojo.
Sacó su celular, cuya pantalla seguía rota, pero al menos funcionaba; abrió su correo electrónico y envió su carta de renuncia directamente al correo personal de Brett.
En el asunto solo escribió una palabra: "Renuncia". El resto contenía un mensaje igual de contundente: "Renuncio".
Menos de un minuto después, apareció una notificación donde indicaba que acababan de leer el correo. Luego llegó otro mensaje automatizado de Recursos Humanos; su renuncia acababa de ser procesada, siendo hoy el último día en que se presentaría a trabajar en su empresa.
Seguramente Brett lo aprobó todo desde su celular, mientras se encontraba en el ascensor; fue increíble la facilidad con la que él la dejó ir.
La chica se quitó el vestido de seda, dejándolo tirado en el suelo, y volvió a ponerse su ropa sencilla.
Cuando terminó, fue a su oficina para empacar las últimas pertenencias que se llevaría consigo.
Aunque era sábado, el piso del departamento de diseño bullía de actividad; en el instante que entró, escuchó a los empleados cotilleando en voz baja a su alrededor.
"¡Es ella! La mujer a la que Brett abandonó".
"Escuché que Daniella se convertirá en la nueva vicepresidenta y ocupará la oficina de Elaine".
Elaine recordó todas las veces que ayudó a su novio, trabajado incontables noches para terminar sus propuestas, sacrificando sus propios proyectos por el bien de su sueño compartido; al final, todo su esfuerzo no significó nada.
Ignorando las miradas despectivas, la chica avanzó hacia su escritorio solo para descubrir que ya habían retirado su placa de identificación.
Mientras empacaba la última caja, abrió Instagram y lo primero que vio fue una nueva publicación de Daniella.
Era una foto donde aparecía su mano entrelazada con la de Brett. En la descripción decía: "Él dijo que lo nuestro comenzó como un juego, pero su corazón siempre supo la verdad".
En la muñeca de Brett podía apreciarse claramente un reloj Patek Philippe.
La mitad de sus colegas le dieron "me gusta" a su publicación; incluso Brett hizo lo mismo.
Por alguna razón, Elaine sintió una extraña calma; ya no quedaba esperanza que pudiera ser aplastada, permaneciendo solamente la fría y dura verdad.
Elaine llevó su caja al apartamento, el cual ahora se encontraba totalmente vacío. Se sentó en el suelo y comió un vaso de ramen instantáneo; Brett siempre decía que era "comida para pobres" y tiraba cualquier envase que llegara a encontrar en su alacena.
Cuando cayó la noche, se escuchó el sonido de alguien abriendo la puerta. Brett entró, envuelto en el hedor de whisky costoso y una sonrisa adornando su rostro; obviamente logró reconciliarse con Daniella.
Él tropezó con la maleta que estaba junto a la puerta, el pasaporte y el boleto de avión de Elaine salieron volando del interior.
Cuando el hombre los recogió, su sonrisa se convirtió en una mueca burlona que hizo más evidente su estado de ebriedad. "¿Planeas ir a Londres? ¿De verdad vas a huir solo por una discusión insignificante?".
La chica no respondió y simplemente siguió comiendo su ramen.
Brett se acercó y derribó la comida que ella tenía en las manos, provocando que el caldo caliente salpicara sus pantalones de mezclilla.
"Ya te había dicho que esto solo es un juego", dijo él, arrastrando ligeramente las palabras. "Necesitaba calmarla. Dame un mes. Es todo lo que necesito para encontrar una nueva manera de arruinarla. Te lo prometo".
Elaine lo miró con un rostro impasible antes de responder con una voz firme y clara: "Brett, lo nuestro ya terminó...".