Portada de la novela El dulce premio del caudillo

El dulce premio del caudillo

8.5 / 10.0
Kaelyn dedicó tres años de su vida a la recuperación de su esposo, pero al sanar, él la traicionó por un viejo amor. Tras un amargo divorcio, ella se transforma en una eminencia mundial como doctora, piloto y arquitecta. Aunque el éxito la rodea, la sociedad sigue juzgándola con desprecio. Todo cambia cuando el tío de su exmarido, un poderoso caudillo militar, regresa con su ejército decidido a protegerla y reclamar su mano ante quienes la humillaron.

El dulce premio del caudillo Capítulo 1

"Hmm... Landen...".

La voz sensual que se escuchó detrás de la puerta cerrada paralizó la mano de Kaelyn Barnett justo cuando estaba a punto de tocarla.

Un escalofrío recorrió su espalda. El frío subió desde la punta de sus dedos hasta el centro de su cuerpo, como si le hubieran arrojado un balde de agua helada.

Durante años de matrimonio, ella y su esposo, Landen Barnett, nunca habían tenido sexo. Pero ahora, al escuchar la voz proveniente del interior de la habitación, sabía perfectamente lo que estaba sucediendo.

Su respiración se entrecortó y la incredulidad se apoderó de su pecho. No podía creer que su esposo, Landen, hiciera algo así… No, no podría ser.

Cuando se casaron, él había confesado tener una enfermedad que imposibilitaba su vida sexual, así que ella se negaba a creer que él estuviera adentro.

Kaelyn presionó una mano temblorosa sobre su sien, queriendo convencerse de lo contrario. Pero cuando escuchó unos profundos gemidos masculinos, la débil esperanza a la que se aferraba se rompió en mil pedazos.

Era la voz de su esposo, lo sabía muy bien.

Tenía las piernas temblorosas y su espalda presionada contra la fría pared para sostenerse. Las lágrimas nublaron su visión y se derramaron con libertad mientras se cubría la boca con una mano para sofocar el sollozo que amenazaba con escapar.

Hace tres años, después de que un accidente automovilístico dejara a Landen en coma, Kaelyn se dedicó a cuidarlo con una devoción inquebrantable. Durante dos largos años, ignoró por completo las burlas y las miradas despectivas de los demás, todo porque él la había salvado una vez cuando ella sufrió un accidente.

Si bien parecía que solo lo había cuidado, en realidad lo había tratado con sus excelentes habilidades médicas, sacándolo del abismo. Todavía recordaba el día en que él despertó, el calor de su mano mientras envolvía la de ella, así como su promesa de casarse con ella y amarla para siempre. Ese día había quedado grabado en su corazón, al igual que el amor que creía que compartían.

Kaelyn había sacrificado todo por él, entregando su corazón y alma para ser su esposa cariñosa. ¿Y qué había ganado a cambio?

Agarrándose el pecho, su respiración se volvió agitada y entrecortada, como si un cuchillo le estuviera clavando el corazón. Todo lo que había sacrificado, todo lo que había hecho por él, parecía una broma cruel.

Dispuesta a huir de esa pesadilla, se dio la vuelta, pero sus pies se congelaron cuando escuchó las palabras al otro lado de la puerta.

"Landen, hoy es tu aniversario de bodas con Kaelyn. Tal vez esté en casa ahora mismo, esperándote como la esposa devota que es. ¿No es… malo para ti que estés aquí conmigo en lugar de con ella? ¿Y si se entera…?", ronroneó la mujer con fingida preocupación.

"No te preocupes, Claire. Ya te lo he dicho, solo hay espacio para ti en mi corazón. Kaelyn no es más que una suplente. ¡Nunca la he amado ni le he tocado un solo dedo!".

A pesar de que la voz del hombre era casi tierna, sus palabras golpearon a Kaelyn como una daga despiadada.

No pudo soportarlo más. Su pecho ardía debido a la traición y, con manos temblorosas, empujó la puerta para abrirla de golpe.

"Landen, ¿qué fue lo que hice mal? ¿Por qué me engañaste?".

El repentino estallido paralizó al hombre. Rápidamente agarró un abrigo y se lo echó encima de él y de la mujer. Su ceño se profundizó mientras miraba a Kaelyn, bastante irritado.

"¿Qué haces aquí? ¿No te dije que esperaras en la Mansión Barnett?".

Kaelyn sentía sus rodillas temblorosas. Su indiferencia era como una bofetada.

¿Eso era todo? ¿Ni siquiera fingiría más?

Sus labios se curvaron en una amarga sonrisa y las lágrimas nublaron su visión mientras se deslizaban por sus mejillas. "Si no hubiera descubierto esto, ¿cuánto tiempo más seguirías mintiéndome?".

Landen se quedó callado. El silencio era asfixiante. Se le veía tan alterado que ella perdió la poca compostura que le quedaba.

La mujer que estaba a su lado rompió el silencio con una voz temblorosa: "No culpes a Landen, sino a mí. Yo soy la única responsable".

Kaelyn se quedó mirándola, ya que algo en su rostro llamó su atención.

Oh, por supuesto. Era Claire Hewitt, la amiga de la infancia de Landen.

Había visto su foto en el escritorio de su esposo cuando se casaron, pero luego desapareció, así que Kaelyn, de manera ingenua, asumió que él la había olvidado.

Sin embargo, ahora que miraba a la mujer que la había reemplazado, se dio cuenta de su ingenuidad.

Kaelyn la ignoró y centró su atención en Landen. Con voz ronca, apenas audible, declaró: "Si no querías quedarte conmigo, me lo podrías haber dicho. ¿Por qué tenías que hacer esto? ¿Por qué en nuestro aniversario?".

Landen hizo una mueca de desprecio. "¡Está bien! Seamos claros ahora: quiero el divorcio. Claire tuvo que haber sido la señora Barnett desde el principio".

Al encontrarse con su gélida mirada, Kaelyn sintió que su corazón se retorcía dolorosamente, pero su voz se mantuvo inquietantemente serena. "Muy bien, hay que divorciarnos. Pero quiero la mitad de los bienes conyugales, ni un centavo menos".

La expresión de Landen vaciló y Claire se quedó boquiabierta. Ambos intercambiaron una mirada incrédula.

¿Kaelyn, una huérfana que no tenía nada, se atrevía a exigir la mitad de la riqueza de la familia Barnett?

¡Qué ridiculez!

Claire se recompuso a toda prisa, bajó la mirada y dijo con falsa simpatía: "Kaelyn, ¿no te parece un poco injusto? Landen ha dirigido el negocio familiar, mientras que tú te has quedado en casa disfrutando de la vida. La familia Barnett te lo ha dado todo, ¿cómo puedes ser tan codiciosa y desagradecida? Por favor, no conviertas a todos los Barnett en tus enemigos".

Kaelyn le dio una mueca despectiva y una mirada inflexible. "Una rompehogares no tiene derecho a darme sermones sobre justicia. Voy a ser muy clara: no estoy pidiendo permiso, estoy haciendo una declaración. Y créanme que si esto se hace público, no será mi reputación la que estará arruinada".

Sus palabras fueron como un látigo que silenció a la pareja. Sin darles otra mirada, se dio la vuelta y salió de la villa.

La fresca brisa nocturna le golpeó el rostro. Kaelyn sacó su celular y sus dedos se posaron sobre la pantalla. Tras una breve vacilación, marcó un número que no había marcado en años.

La llamada se conectó casi de inmediato. La voz del otro lado de la línea se escuchaba muy emocionada. "¿Kaelyn? ¿De verdad eres tú? ¡Por fin te acordaste de mí!".

"Sí", afirmó ella. "Estoy afuera de la villa de Landen. ¿Puedes recogerme? Te enviaré la dirección".

"¡Claro! Estaré ahí pronto".

En cuestión de diez minutos, el silencio de la calle fue interrumpido por el rugido de los motores cuando varios autos lujosos se detuvieron frente a ella. El que iba en cabeza se estacionó y el conductor salió.

Al ver el rostro familiar, Kaelyn sintió que todo era una ironía. Durante años, había enterrado su verdadera personalidad, encogiéndose en las sombras para apoyar a un hombre que no la merecía.

¡Qué absurdo!

Pero ahora el velo se había levantado y no era demasiado tarde para recuperar su vida.

"Kaelyn", saludó Sebastian Gill, su subordinado, acercándose a ella con preocupación. "¿Qué pasó? ¿Por qué lloras?".

Rápidamente se acercó con los ojos muy abiertos mientras veía las manchas de lágrimas que cubrían su rostro.

¿Alguien tan inquebrantable como Kaelyn... estaba llorando?

El rostro de la mujer permaneció sereno. Su mano secó los restos de sus lágrimas mientras declaraba: "No es nada. Acabo de decidir que me divorciaré de ese cabrón".

"¿Te divorciarás de él?". Sebastian se quedó paralizado, ya que la noticia lo golpeó como un rayo. Le tomó un momento procesarlo antes de que una amplia sonrisa se extendiera por su rostro, para después soltar una agradable carcajada. "¡Fantástico, Kaelyn! ¡Por fin te diste cuenta! ¡Bienvenida de nuevo a ser tu verdadera yo!".

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