Capítulo 2

Debía haber desaparecido de inmediato, pero retuve todo lo que pude mi partida. El repentino asesinato de mi hermano, hizo que de alguna manera quisiese despedirme y me aferre a todos los recuerdos que pude.

Tenía que permanecer en las sombras, sigilosa, con pasos tan delicados como una pluma y tan serena como la noche. Subí entonces por la balaustrada del oscuro balcón de los Rudolf, y quedé de pie frente a la ventana de Wada, cubierta completamente por cortinas.

Se alcanzaba a escuchar nuestra canción y me sentí abatida.

No sabía lo que estaba pasando dentro de esa recamara, dentro de su mente, pero ella si estaba lista para desistir, darse por vencida, también quería escapar de la realidadpero de una vez por todas. Este mundo no era para ella, no era para nosotras pero yo no fui capaz de llegar tan lejos.

Cerró la puerta pero no puso seguro como siempre, tomó en sus manos esa nota suicida que había escrito meses antes y le agregó un final, mi falsa muerte había acabado con su razón de vivir y usó ese pretexto para hacerte daño nuevamente.

Llenó la tina hasta desbordarse y se metió dentro, aun con la ropa puesta. Sacó esas navajas de rasurar que guardabas en el último cajón de las gavetas y se cortó por última vez, entre quejidos dolorosos. Temblaba. Luego agarró el pequeño frascos de medicamentos de dudosa procedencia que le compró a aquel traficante, se las tomó todas y cerrótus ojos esperando no volver a despertar.

Pensó que sería rápido pero no fue así, entonces Ronnie vino a avisarle que la cena estaba lista y ella no respondió, él entró buscarla y le vio ensangrentada en la bañadera, apenas perdiendo el conocimiento. Estaba asustado, traumado y confundido, y fue en busca de su madre.

Yo no tenía conocimiento de lo que estaba pasando hasta que vi aquella ambulancia llevándola. Tenía que esconderme y me metí a su cuarto invadiendo su privacidad, me aterre pensando que moriría, vinieron a mícada memoria y secreto confesado en esa habitación.

Y fue cuando vi sobre las gavetas aquella carta, conservaba su colonia y la tinta fresca había sido corrida por una lágrima. Cuando me repuse la leí.

Entonces sentí su dolor, entendí el esfuerzo tan grande que hacía cada día.

¿Cómo podía llevar esa mascara? ¿Cómo no vi las señales? ¿Cómo no me di cuenta?

A través de esa carta conocí a Wada.

Mi falsa muerte había sido el detonante de todo lo que había acumulado y me percaté de que fui una mal amiga.

Siempre estuvo escuchando mis problemas, tan incondicional, los celos con Ethan, claro que estaba enamorada de mí. Claro que le afectaría muchísimo mi muerte, más cuando desaparecí ante sus ojos.

Apreté la nota contra mi pecho y cuando el vecindario estuvo nuevamente vacío me marché.

Su secreto se había ido conmigo a la tumba porque a fin de cuentas, estoy muerta.

De un momento a otro me rompí en mil pedazos y las lágrimas brotaban a mares de mis ojos, solo necesitaba escuchar que estaba bien, pero no había manera, ni siquiera con este disfraz de mendiga.

Capítulo 3

Ethan es el primogénito de Steen Lise, reconocido empresario, informático y filántropo. No solo heredero de la fortuna de su padre, sino además de su inteligencia y bondad, que se supieron mezclar perfectamente con la astucia y belleza de su madre, hasta que quedaron fundidasen una sola.

Desde pequeño parecía sacado de un cuento, tenía las cejas pobladas, los ojos profundamente azules y esos rizos dorados cayendo sobre su frente. A medida que maduraba sus rasgos se profundizaban y eran cada vez más masculinos, volviéndolo sumamente atractivo. Y a sus 20 estaba en la lista de solteros más codiciados del país.

Desde muy temprana edad despertó una pasión por el básquet siendo un jugador estrella, además de serespecialista en el mundo de los negocios y las finanzas. En resumen, un hombre poderoso.

Ethan no me llamaba para nada la atención. Pero luego de tener sexo varias veces, aquellas perfectas abdominales comenzaron a convencerme. Él se crío muy diferente a mí, tenía aquellos conceptos inculcados de la pareja ideal etc., para él no era entendible los amigos con derecho o polvos casuales, entonces quiso formalizar nuestra aventura. Yo no me había enamorado nunca y él era un gran partido, al menos mis padres estarían conformes en lo que encontraba el indicado. Así que comenzamos una relación.

Cuando decidí fingir mi muerte, ya la pasión se había degradado y el amor nunca existió, al menos por mi parte. Pero lo que descubrí mientras deambulaba sin consuelo me afectó más de lo que imaginaba.

Su casa quedaba apartada a las afueras del pueblo, y contaba con una caseta de patio donde podría pasar la noche. Solo el jardinero entraba ahí por sus instrumentos.

Cuando estuve pasos cercanos a la puerta trasera escuchéjadeos y gritos de placer provenientes de la casa en la cual vivía solo, por supuesto tenía a alguien más, alguna chica hermosa calentaba su cama una noche después de mi entierro. Se supone que luego de eso viene el luto. No me dolió, solo me enojé y mi curiosidad quería saber de quien se trataba.

Pasadas las dos horas salieron y se sentaron en los columpios, tuve que esconderme. Apenas escuchaba su conversación, pero ambas voces me eran conocidas.

Cuando terminaron sus helados se acomodaron en el borde de la piscina, con los pies en el agua. Las luces los iluminaban esta vez, aquel cabello corto cobrizo, aquella piel avellanada envuelta en un vestido gris eran muy familiares para mí. Entonces colocó un mechón de cabello detrás de su oreja y se besaron. Había dejado al descubierto aquel tatuaje que recorría todo su cuello y con eso quedaba revelada su identidad. Se trataba de Christina, una de mis hermanas.

Me importó un poco más, esta vez.

Me sentí traicionada, no me lo esperé de Chris. Nunca fuimos las hermanas perfectas, incluso perdimos conversación con los años. Pero nuestros padres nos inculcaron el respeto, y que la familia es lo más importante. Yo era una hipócrita al pensar eso, porque con mi decisión yo le había hecho más daño a mi familia que lo que Christina me hizo.

Ethan estaba enamorado de ella. Conmigo nunca se tomó un helado mientras nos columpiamos…a mí nunca me miro tan fijamente, ni me tomaba la mano todo el tiempo, ni se interesaba por mis cosas…conmigo no entablaba una conversación si no había una tercera persona, conmigo nunca se reía.

Entonces decidí darles su espacio, y los dejé en su romántica velada.

La perfecta realidad de la que buscaba escapar, se estaba resquebrajando. Era yo en el centro de todo el desastre, todo se desmoronaba a mí alrededor. Seguí andando toda la noche, mi cabeza invadida por pensamientos frustrantes y problemas, y mi alma despedaza por múltiples razones.

Pensé en esos rostros falsos que solían mirarme, la hipocresía que me rodeaba porque nada es lo que parece y nadie es lo que aparenta.

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