Capítulo 2

Meses antes…

- ¡Shinees Van Bisen! – escuché el alarido molesto de mi madre, me volteé a verla – ¿Cuántas veces debo decirte que debes dedicarte a tus clases y no a estar con estas tonteras? – sí, estaba muy molesta por no decir que enojada.

-Madre, estas no son tonteras – me quejé – Nunca está de más aprender un poco sobre armas, ya sabes, para defensa personal – me encogí de hombros para restarle importancia.

-Cariño, déjales ese trabajo a nuestros guardias y, además, estas cosas son solo para hombres – dijo quitándome el arco de mis manos.

-Mamá – me quejé de nuevo – No sé por qué te opones, sabes bien que papá dijo que en algún momento debía aprender a utilizar armas y conocer todo el armamento para una guerra, si quieres que sea una buena reina en las guerras debo tener conocimiento de esto.

-Sí cariño, pero no ahora, eso debe ser más adelante, ahora lo que debes hacer es dedicarte a las artes del baile, de la costura, de la pintura, del maquillaje y el buen vestir – dijo con un tono severo – Sabes que nunca serás la Reina de Costa Mein si no consigues marido – resoplé aburrida, ya va otra vez con la misma cantaleta – Y no conseguirás marido si…

-Si no me cuido – terminé la oración con un tono de voz cansino al mismo tiempo que ella – Lo sé mamá, sé que debo poner más atención a mi cuidado personal, pero soy una princesa y futura reina, hay cosas más importantes que aprender ahora – me excusé.

- ¿No deseas casarte entonces? – preguntó horrorizada.

-Ay por favor, madre, sabes que es uno de mis sueños – sí, a pesar de que me encanta aprender cosas nuevas y diferentes, también deseo conocer al amor de mi vida, casarme y formar una bella familia para vivir felices hasta que la muerte nos separe. Pero mamá siempre replicaba diciendo “no encontrarás un buen marido si no mantienes en línea tu cuido”

A veces me pregunto si la superficialidad será realmente una fachada de reina de mi madre o si de verdad ella será así, nunca logro detectarlo ya que siempre menciona que ella como Reina y yo como Princesa debemos brillar para que todo mundo vea a mi padre como un poderoso Rey, aunque no nos guste, cosa que no entiendo del todo, pero quizás quiera decirme con eso de que si nosotras buscamos la majestuosidad y perfección para mostrarla al público mi padre será visto como un excelente Rey porque un hombre que mantiene a su familia al régimen sabe cómo liderar y mantener el control y el orden.

Sin embargo, dudo mucho de esa afirmación mayormente porque a nadie le importa lo que haga papá con su familia si está dejando que su pueblo sufra y se hunda en la pobreza.

-Entonces, demuéstralo – sentenció para luego darse la vuelta y caminar acompañada de sus dos damas de compañía que parecían más sus siervas, si es cierto que las damas de compañía ayudan a su señora, pero mamá prácticamente las trata como a todo el personal del palacio, para ella no hay diferencia, solo lo que le importa es que sigan sus órdenes a la perfección.

Suspiro y volteo para ver a Lilibeth con una mirada de resignación. Ella también suspira y me sonríe levemente para darme ánimo.

-Vamos – le digo para luego comenzar a caminar y seguir los pasos de mi madre.

(…)

-Muy bien Shinees, me alegra tanto que aprendas lo que es verdaderamente importante – habló mi madre con una sonrisa satisfecha mientras yo seguía con mi bordado.

-No entiendo como esto me ayudará cuando suba al trono, madre – replico algo molesta, pero sin parar de trabajar en la tela – Te recuerdo que yo no soy cualquier princesa, soy heredera de un trono, seré una reina, no una reina consorte – informé sabiendo que era inútil, ya que a mamá eso no le importaba para nada.

-Cariño, créeme, eso ahora mismo no te sirve de nada – reprochó.

- ¿Tú qué sabes? – pregunté ya con impaciencia.

-Mucho más que tú, eso es muy seguro – dijo mientras ella seguía con su propio bordado.

Suspiré cansada – Papá piensa que esto es inútil para mi formación – murmuré tratando de que entrara en razón y me dejara ir.

-Pues claro, él es el Rey de Costa Mein.

-Y yo la futura Reina de Costa Mein.

-Lamento informarte que tu tiempo aún no llega hasta dentro de unos años, y, por lo tanto, debes tener paciencia y seguir con tu adecuada y real formación como una princesa y futura esposa, que eso si urge y es importante – recalcó de nuevo.

-No sé por qué deseas tanto que me case antes de subir al trono, además, la persona que me ame en verdad no le importará sí sé bordar o no – dije ahora sí soltando el bordado y la aguja.

Mi madre suspira y sigue bordando mientras yo me levanto y le hago una seña a Lili para que me siga. En ese instante, la puerta es abierta y mi padre entra.

Todos en el salón a excepción de mi madre, quien sigue bordando tranquila, y de mí, le hacen una reverencia.

-Con que aquí están – habla tranquilo sin saludar, como siempre – Espero que estén listas, mañana será la ejecución – nos informa como si estuviera hablando del clima – Tenemos que ir a la plaza para que todos vean lo que les sucede a los sucios ladrones en mi reino – se sentó en el sillón donde yo estaba sentada hace unos momentos atrás. Su rostro y su voz eran tan duros y fríos que te causaba escalofríos, algo de lo que el personal del palacio padecía muy seguido al estar frente a la máxima autoridad del reino, pero yo sabía que solamente era su fachada de Rey, aunque si era un padre estricto, tenía sus momentos de cariño hacia mí.

-Padre, no es necesario ejecutarlos – traté de implorar sutilmente por sus vidas sin que se viera que le estaba suplicando y rogando delante de los demás, traté de que se viera como una sugerencia – Podrías castigarlos de alguna forma en vez de quitarles la vida, creo que un castigo tiene mejor impacto en la gente – dije con algo de esperanza, deseando que papá tomara mi idea.

Mi padre siendo Rey era demasiado duro y a veces me parecía muy cruel, nuestro pueblo era consumido por la pobreza y a él eso no le importaba, no necesito decir que mi madre es igual. Pero a diferencia de ellos, yo si deseaba cambiar eso a la hora de reinar. Quería imponer mi presencia y mis nuevas normas y reglas, pero estaba segura de que sería muy diferente a la forma de reinar y gobernar de mi padre y de mis ancestros.

Con mi padre, el pueblo ya estaba sufriendo el duro y cruel régimen del mandato de la tercera generación de los Van Bisen.

Los Costa Meinitas odiaban a mis padres, y seguramente a mí también, pero no escuchaba comentarios de odio hacía mí, siempre escuchaba cómo el pueblo se quejaba de sus reyes y de su mandato. Lo que sí escuchaba era del temor que sentían sobre cómo sería mi reinado, sus comentarios eran de súplica, súplica para que mi mandato y gobierno fuera diferente al de mi padre y ancestros, y aunque muchos confiaban en que yo sería diferente, muchos otros no tenían esperanzas en mí.

- ¿Qué es lo que dices Shinees? A los ladrones y delincuentes no hay que tenerles piedad, así como ellos no tienen piedad – replicó papá mientras tomaba su taza de té sin prisa – Además, eso sería ridículo, prácticamente sería una violación a mi reinado, una contrariedad a mi gobierno y mandato, ¿estás sugiriendo que hay que demostrarle al pueblo que somos débiles?

-No padre, esa no es mi intención, pero ellos podrían ver que eres un Rey benevolente que puede dar segundas oportunidades y que incluso da castigos para mantener al régimen a los delincuentes, sin embargo, sabemos que ellos robaron por hambre – terminé esperando convencerlo – La pobreza y la falta de empleo los orillo a cometer ese delito, estoy segura de que si tuvieran una forma de ganarse el pan de cada día no hubieran hecho nada de eso.

Papá se quedó pensativo por un momento y casi pude saborear mi victoria, pero todo se fue a la basura cuando comenzó a reír con ganas.

-No me hagas reír hija – dijo mientras seguía riendo.

-No era para que rieras – contesté molesta.

-Shinees, ese tono – me regañó mamá – No uses ese tono con tu padre, respétalo.

- ¡Solamente quiero que sepa que no era una broma! – exclamé comenzando a enojarme.

-Pues yo tampoco estoy bromeando – sentenció – Yo soy el Rey aquí y yo decido lo que es mejor para gobernar al pueblo, por lo tanto, esa decisión es totalmente mía y ya fueron sentenciados, no cambiaré mi decisión o el pueblo pensará que soy un Rey débil e inseguro.

-Ya te lo dije padre, no van a pensar eso, más bien pensarán lo mejor de ti, de nosotros como la familia real, se darán cuenta que nos importa el pueblo, te respetarán más – está bien, esa última parte era una total mentira, nadie lo respetaba por admiración sino por obligación y temor.

-Shinees Van Bisen, respétame tú a mí, respeta mi decisión ¿o te debo recordar que además de ser tu padre también soy tu Rey? – dijo severo mientras se acercaba a mí para enfrentarme.

Suspiré y desvié mi mirada de la suya – No, no es necesario – volví a enfrentarlo – Su Majestad.

Se separó de mí y volvió a sentarse. Amaba a papá, pero cuando discutíamos odiaba que se pusiera en plan de “YO SOY EL REY, SOY EL QUE MANDO AQUÍ”, mi madre simplemente negaba con la cabeza mientras seguía bordando.

-Si me disculpan majestades, voy a retirarme, iré a mis aposentos a descansar – esta vez sí les hice reverencia a ambos. No debía hacerlo, pero era una forma de demostrarle a mi padre que realmente estaba enojada. Lili venía conmigo y ya me habían abierto la puerta cuando la voz de mi padre me detuvo.

-Ni se te ocurra querer faltar a la ejecución de mañana Shinees, eres la princesa heredera de este reino, y, por lo tanto, debes asistir a tus obligaciones y responsabilidades – habló con un tono de voz calmado.

Solamente porque no podía hacer una escena mucho más grande de la que ya había armado delante de los pocos soldados y personal del palacio. Suspiro por milésima vez en este día, cansada, harta y dolida por el actuar de mis padres. Nunca los entendería, jamás compartiría sus absurdos pensamientos de cómo gobernar un reino, era ridículo.

Salí sin decir nada y lo más rápido que mis pies me permitían avanzar. En mi mente solo podía repetir una y otra vez las, por ahora, inexistentes y horribles escenas que pasarían al siguiente día. Ya me lo imaginaba.

Lili me seguía tratando de alcanzarme y llevar el mismo ritmo de mi paso, cosa que se dificultaba.

-Princesa Shinees, espere por favor, puede accidentarse – escuché que decía mi dama de compañía.

No quise hacerle caso, lo único que quería era llegar y tomar un relajante baño para luego tratar de dormir una buena siesta que me hiciera olvidar las circunstancias.

¿Por qué papá no puede ser benevolente con su gente? ¿Por qué los Van Bisen tienen que ser unos descarados cobardes e insensibles? ¡No quiero eso para mí! ¡No quiero ser así! Mi pueblo, los Costa Meinitas no lo merecen.

Llegué a mi habitación y me dirigí de inmediato a la mesa que tenía encima el juego de té que uso todas las tardes para tomar el té con Lili, sin pensarlo levanté mi mano y lo tiré todo al suelo causando un gran escándalo, todo el juego de té que había en mi mesa cayó y se quebró en pedacitos, mi respiración era irregular, estaba furiosa con mi madre, furiosa con mi padre, furiosa por su manera de gobernar esta tierra, furiosa conmigo misma por no haber podido hacer algo por aquellos hombres que robaron unos panes y frutas porque era la única salida para ellos para saciar su hambre, para saciar sus estómagos vacíos que no habían podido llenar desde hacía unos días, algo que no pasaría si mi padre supiera gobernar como es debido. Costa Mein sería un reino próspero y diferente.

Yo nunca he sabido lo que es vivir en la pobreza, pasar hambre, pasar frío, no bañarme, los impuestos siguen siendo los mismos, a mi padre no le importa si tiene que mandar a sus soldados a embargar el puesto de verduras de una anciana con tal de que pague sus impuestos. Esos dichosos impuestos son los que en su mayoría van al tesoro del rey, esos impuestos son los que me alimentan y me permiten todos estos lujos todos los días. Intenté de muchas maneras tratar de convencer a mis padres de crear alguna obra benéfica que ayude a las personas más necesitadas con una parte de los impuestos o al menos de bajarlos a una cantidad razonable, pero no, nada funcionó y nada conseguí más que regañinas de parte de ambos.

Ya no sé qué hacer. Quiero y necesito ayudar a mi pueblo, aún faltan algunos años más para que yo tome el trono que por derecho de nacimiento me pertenece, todavía quedan años de sufrimiento para el pueblo a manos de mis padres. Mis lágrimas comienzan a bajar, lágrimas de tristeza, lágrimas de impotencia, lágrimas de furia.

Más de alguna vez he visto la desgracia en la que está sumergido mi pueblo y no puedo creer que todo eso no les afecte o les ablande el corazón a mis padres. No sienten empatía por su gente, no tienen compasión.

Pero esto no se quedará así, algo tengo que hacer, algo se me debe ocurrir. Tengo que ayudarlos cueste lo que me cueste. Tengo que actuar.

- ¿Princesa? – escucho la voz de Lili, pero no me muevo por nada – ¿Se encuentra bien? ¿Desea que le ayude o le traiga algo para calmarse?

-En lo privado ya te he dicho Lili que me llames Shinees – le replico.

-Lo siento Shay – dijo llamándome por el lindo apodo que me puso hace ya unos años, Lili no solo es mi dama de compañía, también es mi mejor amiga, la única amiga que tengo en realidad – Pero ¿en verdad no deseas que te traiga algo para calmar esos ánimos alterados?

Suspiré y respiré varias veces para calmarme – Tráeme té y por favor llama a alguna de las chicas para que me haga el favor de limpiar este desastre que hice – dije viendo todo el cristal roto del juego de té.

-Está bien, quédate acá, ya regreso y por favor Shay, cálmate – suplicó preocupada.

-Por ahora no lo prometo, pero sí prometo no tirar ni hacer otro escándalo más – le sonreí levemente, ella me correspondió y salió deprisa de mi habitación.

Me dirigí a mi cama, estaba segura de que, si ponía en marcha mi plan, tanto Lili como ciertas personas del personal del palacio de mi confianza me ayudarían y serían felices de apoyarme porque estaría ayudando al pueblo mortificado por mi padre. Claro tendría que ser a espaldas de mis padres, como casi todo lo que he hecho, pero todo sea por la gente, todo sea por el que algún día será el pueblo que reinaré.

(...)

PD de la autora: ¡Hola! Espero disfrutes de la historia, la he escrito con mucho amor y esfuerzo, esperando que desees conocerla y te guste tanto como a mí me encantó escribirla, no te quedes sin conocer a los Van Bisen y explorar Costa Mein, gracias por el apoyo que le desees dar.

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Capítulo 3

Al día siguiente mamá llegó a mi habitación gritando a los cuatro vientos para despertarme y que así no llegáramos tarde a la desgraciada tragedia que sucedería frente a la plaza del reino. Costa Mein sería testigo de la atrocidad que mi padre hacía alegando que era la única forma de hacer “reflexionar” a aquellos vándalos que solamente querían complicar la vida del pueblo.

Si tan solo supiera que él es el único que complica la vida de los pobres habitantes Costa Meinitas. Siempre y cuando las personas pagaran sus altos e injustos tributos a la corona el rey era feliz y para retribuir ese tesoro él decía que prefería “demostrar que velaba” por el bien de su pueblo, pero solamente era una pantomima mal creada, todos sabían su verdadera careta y a nadie le gustaba, más bien lo odiaban por ello y mi padre hacía oídos sordos. Mamá no era diferente, mientras tuviera sus comodidades, lujos y todo lo que una reina debe tener no le importaba cómo rayos los Costa Meinitas hacían malabares para conseguir el pesado y alto tributo mientras también trataban de sobrevivir.

Nadie vivía en realidad en Costa Mein, todos sobrevivían, o lo intentaban, a excepción de la familia real que nadábamos en las dulces aguas de la vida.

Durante casi toda mi preparación no dije absolutamente nada pensando en lo difícil que sería para mí presenciar algo como la ejecución de personas inocentes que se volvieron delincuentes, según mi padre, por un poco de comida porque quizás sus estómagos no daban para aguantar más, ¿y si tenían familia que alimentar sin poder tener con qué?

Suspiré con tanto pesar.

-No puedo creer que mi padre me obligue a presenciar esa masacre – mascullé a Lili quien me ayudaba con el corsé de mi vestido – Pero menos puedo creer que no pueda darse cuenta de lo que está ocasionando – mi frustración aumentaba más y más.

-Nuestro reino sería tan próspero como otros si tan solo tu padre fuera consciente y diferente – concordó conmigo – Incluso la familia real sería mucho más beneficiada – añadió suspirando como yo.

-Lo sé, quisiera que ya fuera mi turno de reinar, así ya no tendría que suceder todo esto – volteé a verla – Ellos no podrían contradecirme y no necesitaría del consentimiento de ni uno ni de otro, no necesito nada de esto – tomé las joyas de mi tocador – Si sé que allá afuera hay niños sufriendo o muriendo de hambre, personas muriendo de enfermedades porque no pueden pagar un médico, comerciantes con negocios perdidos, quebrados y con deudas – negué con la cabeza – Solo espero que lo que haré sea bueno y servicial para el pueblo – dije al colocarme las joyas en sus respectivos lugares.

-Claro que lo será Shay, no lo dudes, estás haciendo algo por nosotros – volteé a verla con el ceño fruncido – Aunque sea tu dama y mejor amiga – sonrió – Sigo siendo parte de esa gran cantidad de pueblo sufriente, porque el hecho de que trabaje para ti y viva prácticamente aquí en el palacio no significa que deje de ser de la parte plebeya del pueblo, mi familia lo es y yo también – sonrió levemente y yo solo pude abrazarla con tanto dolor, frustración e impotencia golpeando mi pecho. Cuánto quisiera que el pueblo pudiese tener lo necesario y básico para vivir y no sobrevivir.

Me separé de ella y sonreí – Mientras tú seas mi dama y mejor amiga, algo que estoy segura de que no cambiará, porque, aunque sea Reina algún día quiero que sigas siendo mi compañía, no te faltará nada, ni a ti ni a tu familia – ella me abrazó fuerte y yo le devolví el gesto sonriente.

-Gracias, muchas gracias Shay – se soltó – Y también muchas gracias alteza, es usted muy amable, larga vida a la Princesa Shinees – hizo una reverencia que me hizo reír.

-No tienes que agradecer nada Lili y concuerdo con lo que dice Shay señorita Lilibeth – sonreí con elegancia, un gesto que es muy común en mi rostro cuando estoy en público, esa es mi careta de Princesa delante del pueblo. Lili y yo reímos. Nos encantaba jugar a que Shay era un personaje diferente a Shinees, aunque algo me decía que así era, una era la auténtica y la otra era la máscara de la realeza.

La familia de Lili al igual que las familias de todo el personal del palacio eran beneficiados por la buena paga que se les daba, sin embargo, eran el único sustento fijo y mejor pagado de todas las familias porque ellos vivían como los demás, es decir, sin trabajo o a duras penas logrando algo durante el día para comer.

-De todas formas, no tengo cómo pagarte todo lo que has hecho por mí, gracias a ti tenemos la posibilidad de tener ahorros por cualquier situación que se presente, algo que desafortunadamente la mayoría de las familias no tiene, mi familia no sufre de hambre y estamos bien en lo demás que necesitamos. Aunque debo admitirte por no se cuánta vez, que sigo dudosa de seguir aceptando tu pago extra – dijo tímida.

Yo no tenía tanto como mis padres que poseían el tesoro de la corona o como muchos decían “el tesoro del Rey” porque parecía que así fuera, pero mis padres me permitían tener cierta cantidad de ese tesoro por ser su hija, por lo que esa mini fortuna la utilizaba lo mejor que podía y a espaldas de ellos, claro. Una de esas buenas utilidades era brindarle a Lili un pago extra que aumentaba su salario normal, así en su familia podían sostenerse mejor ya que eran cinco hermanos y sus padres.

-Tonterías – agité mi mano con desdén – Tengo más de lo que podría desear y tú junto a tu familia lo necesitan más, créeme, no me sirve de nada viviendo bajo un techo casi que de oro – me encogí de hombros y ella sonrió con el agradecimiento reflejado en su rostro.

-Eres fantástica, algo me dice que cuando seas la Reina de Costa Mein todo realmente cambiará – tomó mis manos – Y deseo que pueda ser pronto, claro sin desearle el mal al Rey – se encogió en su lugar cohibida ante sus palabras a lo que yo reí.

-No te preocupes, entiendo bien por qué lo dices, de todas formas, sea cuando sea si no puedo ahora convencerlo de lo contrario al menos tengo en el trono que intentarlo – dije para luego sentarme en el banco de mi tocador para que Lili pudiera peinar mi cabello mientras yo intentaba maquillarme un poco, aunque realmente no era una ocasión para ello, pero mamá se lanzaría sobre mí si no iba presentable.

-De todas formas, estás aportando demasiado con lo que harás – dijo mientras comenzaba a hacer un recogido – Piensa en lo mucho que ayudarás y a los que beneficiarás. Esa pequeña fortuna que tienes será muy bien utilizada y si por ello ya no puedes darme un pago extra yo no me quejaré en lo absoluto – sonrió mientras la veía por el espejo – Hay gente que lo necesita muchísimo más.

-No te preocupes por eso, seguirás teniendo tu pago extra, del control de la mini fortuna me encargo yo y hasta te aseguro que me quedará para algo más – sonreí segura – Solamente necesitaré que tú si te encargues de lo que te solicité, eso si no podré hacerlo yo.

-Que no te aflija eso, Shay. Hoy mismo hablaré con los demás para ponernos a trabajar lo más rápido que podamos y así avanzar.

-Eso sí, recuerda que solo deben ser los de confianza mía y tuya, no quiero que esto llegue a oídos de los sirvientes leales a mi padre o madre, de ser así todo esto se vendría abajo, incluso antes de comenzar.

-Tú tranquila que de todo eso me encargo yo – me dio una mirada cómplice que no pude ignorar.

(…)

Llegamos a la plaza rodeados de los soldados, la mayor parte del pueblo se encontraba rodeando la misma, mi corazón ya estaba acelerado y la tragedia todavía no había ni comenzado. No pude evitar darme cuenta que el escenario ya estaba preparado.

Todo el mundo miraba hacia el centro de la plaza expectantes de lo que sucedería, unos susurraban con miedo, otros miraban con odio hacia donde estábamos porque seguramente culpaban a papá, otros observaban con pesar a los “delincuentes” y yo simplemente trataba de respirar profundo para soportar esto.

Tomamos nuestros lugares y papá en vez de sentarse dio unos pasos al frente para luego alzar su voz.

- ¡Pueblo de Costa Mein! Estamos aquí el día de hoy para presenciar la medida disciplinaria que estos dos delincuentes merecen por su delito cometido – nadie decía nada – La Reina, la Princesa y yo, su Rey, estamos acá para demostrar que los delincuentes no tienen lugar en nuestro reino y por eso estos dos sucios y descarados ladrones están sentenciados a ser azotados hasta la muerte – los murmullos no se hicieron esperar y uno que otro grito de tristeza se escuchó.

Mi corazón se apretó y mis manos temblaban ligeramente, mi respiración se estaba volviendo irregular, estaba segura de que la angustia que sentía mi rostro no podía evitar reflejar.

-Shinees cambia esa cara – susurró mamá molesta – Pareciera que fueras tú la que será ejecutada – suspiré levemente más no dije nada.

-Que comience la ejecución – ordenó mi padre. La gente comenzó a hacer alboroto, algunos de acuerdo, otros en desacuerdo, pero los guardias no permitían que la gente pasara más allá de donde se encontraban.

-Madre, esto es injusto – susurré de vuelta luego de un momento – Ellos solamente tenían hambre – protesté.

-Tú qué sabes, Shinees, déjale esos temas y decisiones a tu padre, tú concéntrate en poner una buena cara y nada más – contestó bajo con un tono grotesco.

Suspiré – Madre no – volví a protestar, pero mamá tomó mi mano con elegancia por si alguien nos veía, sin embargo, el dolor que atravesó esa parte de mi cuerpo me dejó congelada. Mi madre me había insertado las uñas en el dorso de mi mano lastimándome mientras me dirigía una mirada dura y furiosa por mis protestas. No dije nada y solo pude apartar la mirada con la mayor elegancia que pude.

-Cierra la boca, Shinees, que no te importe lo que está por suceder, esos desgraciados delincuentes pagaran lo que robaron con su vida, fin de la discusión – dijo así sentenciando la situación y sentenciándome a mí a no volver a quejarme. Tragué fuerte.

En ese momento todo inició y yo ya no quería ni estar ahí. Los guardias tomaron a los supuestos ladrones a la fuerza y ellos solamente luchaban por su vida mientras gritaban pidiendo piedad al Rey quien se sentó al lado de mamá sin importarle tales ruegos.

Escuchar esos gritos y lamentos más el alboroto del pueblo que estaba dividido entre apoyar a la realeza y apoyar a los “delincuentes” hacían que mi cabeza se volviera un lío. Mi respiración volvió a acelerarse junto a mi corazón, mis manos comenzaron a sudar y yo ya no quería más. Mis ojos comenzaron a lagrimear y mi madre volvió a apretar mi mano llamándome la atención sin siquiera voltear a verme, esto simplemente era atroz para mí.

Los dos hombres que habían robado algo de comer fueron obligados a hincarse sobre una mezcla de arena y piedritas que seguramente les lastimarían las rodillas mientras tomaban sus manos y los hacían rodear con sus brazos unos grandes postes de madera que no permitirían que se movieran. Estaban siendo amarrados a esos postes mientras seguían suplicando, esos gritos de piedad estrujaban mi corazón mientras que con mis padres era todo lo contrario, esos gritos los llenaban de satisfacción, podía notarlo en la tranquilidad y leves sonrisas que tenían en sus caras.

Mis padres eran demasiado crueles e injustos, morir azotados e hincados en esa arenilla agregando la atadura de las manos era uno de sus métodos más dolorosos y crueles, tenían varias “medidas disciplinarias” y esa era una de las peores, por lo tanto, de sus favoritas.

Los dos hombres seguían gritando por piedad hasta que uno gritó desesperado al escuchar como uno de los soldados azotaba el látigo en el suelo.

- ¡PIEDAD MAJESTAD! TENGA PIEDAD, YO SOLO QUERÍA ALIMENTAR A MI HIJA DE TRES AÑOS Y NO TENÍA CÓMO, LA DESESPERACIÓN ME LLEVÓ A ROBAR – y mi respiración se detuvo solo para sentir como mi corazón latía causándome un gran dolor al apretujarse ante tal confesión, mis ojos se inundaron de lágrimas y recosté mi cabeza en el respaldo de la silla.

- ¡POR FAVOR MI REY! – gritó el otro hombre – YO TENGO UNA ESPOSA ENFERMA Y NO TENGO PARA PAGARLE UN MÉDICO – lloró con pesar el hombre – Y TAMPOCO TENÍA PARA LA COMIDA, PERO NECESITABA DARLE ALGO DE COMER – siguió. Suspiré temblorosamente.

No, ya no, absolutamente ya no.

- ¡A NADIE LE IMPORTA! – gritó papá con una voz de desdén - ¡Ustedes decidieron con su propia mano su destino, ahora afróntenlo como hombres! Los sucios ladrones no tienen lugar en mi reinado.

Los soldados se prepararon para cumplir con el supuesto castigo y antes de acercarse a los hombres volvieron a golpear los látigos en el duro y caliente suelo. El sol del medio día ya comenzaba a calar en todos.

Mi padre levantó la mano hacia sus soldados y ellos obedientemente se acercaron a los dos hombres que serían latigados, en un momento mi padre bajó la mano y para horror mío y de los espectadores los guardias comenzaron con el primer latigazo en las delgadas espaldas de los castigados que provocó un sonido que hizo que mi piel se pusiera de gallina seguido de un escalofrío por toda mi columna. Me encogí en mi lugar al escuchar los siguientes latigazos que las espaldas de los pobres hombres recibían mientras soltaban jadeos, quejidos y sobre todo gritos, muchos gritos de dolor.

Cerré los ojos con fuerza mientras seguía escuchando el aterrador alboroto. En un momento solo pude escuchar el latir de mi corazón en mis oídos y luego de eso no pude tener más el control de mis acciones.

- ¡SUFICIENTE! – grité.

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