2
***
Seis meses después, Camila aún sufría por la ausencia de Felipe. Perderlo había sido de los momentos más difíciles para ella. Sobre todo, ahora era viuda y tan solo había estado casada por mediodía.
Su dolor era enorme, las noches eran interminables. Se quedaba dormida, con la almohada empapada en lágrimas. Pero sabía que tenía que seguir, se había recibido hace poco de ingeniero en administración.
Tenía que intentar por todos los medios, olvidar a pesar de que era muy difícil.
Ingresó a la empresa, lo hizo con unos leves temblores en el cuerpo.
—Bienvenida, tú debes ser nuestra nueva compañera —comentó una voz cálida a su lado.
Al levantar la vista, se encontró con una chica de cabello rubio, y ondulado. Tenía puesto un pequeño traje de color marrón, el cual se ajustaba su silueta.
—Muchas gracias —murmura con una sonrisa un poco queda, debido a que últimamente desde que Felipe se fue, ella había dejado de sonreír.
—¡No seas tímida!, ven con nosotras, te presentaré a todo el equipo —murmuró llena de entusiasmo, fue contagioso para Camila.
Ella, conoció cada uno de los rostros. En total eran 10 compañeros, cada uno con un nombre diferente obviamente y una historia cargada entre sus hombros.
Se sentó en su escritorio.
—Huele a nuevo.
Se preguntaba si acaso lo habían comprado hace poco, o simplemente eran imaginaciones suyas.
—Ahora te toca irte a presentar con el jefe, pero descuida, él no es muy hablador ¡Oh, tienes escritorio nuevo! Que raro... —comentó Ana, encogiéndose de hombros.
—Está bien, no hay problema
Se puso de pie, Slsus tacones, algo bajos, resonaron a través de el suelo inmaculado de mármol. Al estar frente a una puerta doble, tragó saliva.
—Yo puedo...
Se sintió completamente triste, y un poco ofuscada, porque empezar una nueva etapa de su vida, conllevaba hacerlo sin Felipe.
3
Su madre, le había insistido, tenía que volver a vivir. Pese a que ella se negaba a hacerlo.
Al ingresar, dió un leve golpeteo y sus labios fueron mordidos por sus finos dientes, una hilera blanca y derecha.
—B-buen día, soy Camila —comentó tímida.
—Mucho gusto, soy su jefe —dijo.
Aunque ella no vió un rostro. Sus ojos solo apreciaron, el respaldo de una silla de color oscuro. Y unos pies, que estaban cruzados, sin embargo no vio nada más.
No pudo contemplar rostros, y mucho menos a una persona.
—Es un gusto para mí.
—Sobre el escritorio te dejé todas las carpetas que tienes que revisar, te sugiero que lo hagas lo más antes posible —demando, sin ningún tipo de temblor en la voz.
Ella, levanta una ceja, aquel sonido le pareció brevemente conocido. Sin embargo pensó que estaba teniendo un poco de alucinaciones, movió la cabeza de un lado al otro para olvidar.
—¿Sigues ahí..? —preguntó.
—Estoy aquí Señor.
—Muy bien, ahora necesito que te marches a trabajar —comentó y ella asintió
No había esperado, aquello de parte del, su corazón revoloteo con fuerza. Obligándose a ser consciente de la realidad. Una realidad extraña, oscura y en parte gris. Su jefe, al parecer era mandón, y un poco extraño.
De igual forma, llegó a su escritorio con una sonrisa.
—¿Qué te pareció nuestro jefe?, es bastante gruñón —dijo divertida.
—Lo es, incluso me sorprendió la manera en la cual me revisó.
—Tranquila. Ya verás que con el tiempo, eso vuelve un poco, un centímetro, un milímetro más amable.
—Entonces... No sé si sentirme más calmada o aterrada —comentó con gracia.
—Tranquila todo saldrá bien.