Keily salió del salón de fiesta sujetando la chaqueta de su objetivo, una vez doblar la esquina se fijó de no ver a nadie y aprovechó para sustraer el pequeño dispositivo que la había colocado horas antes. Su función era duplicar cualquier archivo que tuviera al alcance de 1 metro y servir de grabadora. Escondida en una esquina Keily conectó el dispositivo a su móvil y transfirió toda la información, faltaba menos de 1 minuto cuando una magnética voz llamó su atención.
- ¿Me cuentas lo que descubras? Siento mucha curiosidad de saber que puede ser tan importante para hacer que te cueles en una fiesta a la que no fuiste invitada y causes tanto alboroto. - la chica levantó la vista de su teléfono y vio al guapo hombre que se acercaba. Era alto, pero ella también lo era, así que no sé intimidó. Su mandíbula cincelada y nariz perfecta lo hacían lucir arrebatadoramente atractivo. Keily miró la pantalla de carga de su teléfono faltaban 50 segundo y contando, necesitaba tiempo.
- Qué te hace pensar que no fui invitada a la fiesta o estoy haciendo algo malo. Lo de antes solo fue un pequeño accidente. – respondió Keily haciendo uso de una sonrisa seductora que solía ayudarla a salir de algunas situaciones
- Así que un accidente – agregó el desconocido, sus palabras estaban cargadas de un matiz de diversión, y luego dio un paso más cerca de la chica. Keily lo miró detenidamente, su rostro le parecía conocido, debía ser alguien influyente o importante, pero el círculo empresarial no era su campo de trabajo por lo que no conocía muchas personas. Había logrado colarse tarde en la fiesta siguiendo a su objetivo, pero no conocía a nadie de allí. - a ver pequeña espía si vas a infiltrarte en una fiesta deberías al menos investigar al anfitrión o tratar de pasar desapercibida por los organizadores, mi pequeño asistente se dio cuenta de inmediato que no estabas en la lista de invitados.
- ¿En serio? ¿Pero cómo puede recordar tantas personas? – preguntó ella incrédula.
- Lo sé – rió el hombre – yo pensé justo lo mismo, pero bueno, regresando al tema. Deberías tener más cuidado.
- ¿Bueno y si sabes que no estoy invitada porque no llamaste a seguridad?
- Eso sería aburrido, tú en cambio pareces más interesante. - El hombre se había acercado poco a poco y ya estaba parado frente a ella arrinconándola contra la pared. Keily había escondido el teléfono en su espalda y en ese momento un bip le anunció q la carga había finalizado.
- Me alegra haber servido de entretenimiento- el chico bajó su rostro un poco y quedaron frente a frente solo tenía que inclinarse un centímetro más y se besaban. Keily sintió el aire caliente de su respiración en el rostro y el profundo aroma a cedro que emanaba su cuerpo y por un momento se dejó embriagar con su calor y aroma, pero justo cuando sus labios se rozaron y todo en su interior gritaba pidiendo más, Keily levanto su rodilla y le pego en la parte más cesible de los hombres. – lo lamento, pero es hora de marcharme. – el hombre se dobló a la mitad por el fuerte dolor y gimoteo un
- Espera – mientras estiraba la mano intentando alcanzarla, pero aun así no lo consiguió, en cambio sus dedos alcanzaron a sujetar el pequeño dispositivo que salía del teléfono móvil.
Keily no se percató de lo que dejaba atrás y salió huyendo tan rápido como los tacones y aquel apretado vestido de fiesta se lo permitía. Salió del hotel donde se celebraba la fiesta y en un callejón a la izquierda se montó en una motocicleta negra sin chapa que había estado escondida de la vista de los transeúntes y se alejó a toda velocidad.
En menos de una hora Keily se encontraba en el estudio de su apartamento revisando la información, cuando se percató que había perdido el dispositivo. Maldijo frustrada por su error y lamento haberse desconcentrado por culpa de aquel hombre. No solía ser una chica hormonal que se dejaba llevar por sus impulsos, no, había sido entrenada desde los 7 años para ser espía, sirvió como agente encubierto durante años hasta que se había retirado cuando su grupo fue desmantelado y comenzado su negocio personal, que no distaba mucho de su anterior empleo. Keily era una agente y hacker privada disponible para casi cualquier tipo de trabajo, desde espionaje, secuestro, chantaje, fraudes. La chica hacia prácticamente cualquier cosa. Este había sido un encargo sencillo, el cliente solo había pedido evidencia sobre las actividades ilegales de Alan, ella solo tenía que acercarse lo suficiente para ponerle el dispositivo y luego retirarlo. Se suponía que estaría hecho en menos de 2 horas, pero todo se había enredado. Consiguió colocar el dispositivo en la mañana, mientras Alan hacia una cola para comprar un café, el dispositivo necesitaría media hora para copiar todos los archivos que tuviera cerca, pero sin querer también había escuchado una conversación telefónica en la que Alan quedaba con otra persona para reunirse en la fiesta de la presa y cerrar un negocio. Keily sabía que esa reunión podría ser muy fructífera, así que en lugar de colarse en el trabajo de Alan para recuperar el dispositivo decidió asistir también a la reunión.
No fue fácil colarse, la lista de invitados era bastante selectiva y aunque no eran pocas personas todos eran conocidos del mundo empresarial. A pesar de eso, con sus increíbles habilidades de hackeo Keily consiguió incluirse en la lista y así poder entrar, solo no había contado con la memoria perfecta de un secretario que estuvo a punto de arruinarlo todo. Había cometido el error al no investigar la empresa y el anfitrión de la fiesta, casi había sido atrapada por confiarse, decidida a no cometer ningún error más Keily accedió al servidor del hotel y borro las imágenes de las cámaras de seguridad, desapareció cualquier rastro que podía haber dejado atrás y justo cuando fue desactivar el dispositivo para no dejar cabos sueltos, este se activó y una magnética voz llego a sus oídos a través de los auriculares.
- Te dejaste algo atrás mi pequeña espía, pero no te preocupes personalmente te lo devolveré. ¿Te gustan los juegos? te propongo algo, juguemos un juego, vamos a recrear nuestro cuento, yo seré tu príncipe y tu mi cenicienta y recorreré el mundo entero hasta encontrarte, puede que no tenga tu zapato, pero conservaré este pequeño juguete. Hasta pronto mi pequeña espía, espera por mí, mi Cenicienta.
Keily se quitó los audífonos y sonrió, a ella le encantaban los juegos y le acababan de proponer el mejor de todos. Buscó un momento por internet el nombre de la empresa y sonrió mirando la foto del Ceo, era justo el hombre que había conocido esa noche, el dueño de aquella seductora voz y su nuevo compañero de juegos.
- Henry Meraz – leyó en voz alta – inténtalo cuanto puedas, pero dudo que me consigas atrapar. Que comience el juego.
Al otro lado de la cuidad, Henry, movía el dispositivo en sus manos y sonreía.
- Revisen todas las cámaras de seguridad. Interroguen a todo el que le hablo, la olio o respiro cerca de ella, muevan el cielo o la tierra, pero traigan alguna información útil. Tengo que encontrarla.
Cinco años después
Escondida en una azotea Keily vigilaba el edificio de enfrente, era un barrio bastante tranquilo, solo eran las 10 de la noche y ya todos los vecinos se encontraban recluidos en su casa descansando. Nadie hubiera imaginado nunca que en aquel barrio de la clase trabajadora se escondía aquellos delincuentes.
El objetivo de aquella misión era un rescate, dentro de aquel edificio que ella vigilaba se encontraba secuestrada una chica de 15 años, los delincuentes la habían capturado después de salir del colegio y estaban pidiendo una suma numerosa por su liberación. Los padres de la chica eran los embajadores del país Y en la ciudad X y por miedo a crear un conflicto internacional no habían alertado a las autoridades y habían recurrido a contratar a Kaily. El edificio donde tenían a la chica estaba dividido en 3 apartamentos el primero, en el primer piso con la entrada a la calle y luego los otros dos tenían una entrada independiente por la derecha. Keily observó durante horas el edificio a sus habitantes hasta estar segura en donde la podrían tener, hasta que después de muchas horas de vigilancia vio a uno de los hombres salir de la cocina con un plato de comida fue en dirección a las escaleras, pero nunca apareció en la siguiente ventana del piso superior, lo que significaba que las escaleras llevaban también a algún sótano o tal vez hubiera otra habitación secreta que ella no era capaz de ver desde fuera. Cualquiera que fuera el caso, ya ella había comprobado que la chica debía estar en ese primer apartamento, ahora solo necesitaba entrar.
Keily escaló el edificio en el que vivían los secuestradores, se puso una máscara de oxígeno y luego precedió a lanzar bolas de gas para sedarlos, cuando contó el tiempo necesario de que el gas los hubiera sedado entro por la ventana que daba justo a la escalera y descubrió que efectivamente tenía razón, había un sótano y después de abrir la puerta descubrió a la víctima amarrada en una silla con una tela en la boca. Keily tomó la chica en brazos y salió huyendo tan rápido como pudo, pero justo cuando iba a salir por la puerta principal se dio de bruces contra un cuerpo ancho y peludo, Keily lo reconoció como una de las personas que vivía en el apartamento del segundo piso y no había contado con que todos estuvieran relacionados. El hombre la tomó por sorpresa y la agarró por el cuello apretando con fuerza.
- ¿A dónde crees que vas pequeña zorra? – Keily estaba considerando soltar a la chica para poderse defender, pero de pronto un disparo hizo eco por todo el edificio y el hombre la soltó de su agarre para luego caer al suelo, Keily vio la sangre que salía de su cuerpo y luego siguió la dirección del disparo. Al otro lado de la calle, usando un traje de negocio negro Henry apuntaba con un arma en la mano.
- Parece que nos volvemos a ver Cenicienta. ¿Sera hoy el día en el que te atrape? – Keila le regaló una media sonrisa antes de salir corriendo hacia el coche descapotable que tenía parqueado frente al edificio, lanzó a la chica en el interior como si fuera un bolso de deporte y arrancó al auto. Sacó una mano para mostrarle el dedo del medio a Henry y le respondió.
- No creo que hoy sea tu día mi príncipe.
Sin tiempo que perder Henry se montó en su propio coche y comenzó a perseguirla corrían uno al lado del otro esquivando coches y saltándose semáforos. Henry chocaba su coche contra ella intentando obligarla a frenar, pero ella casi siempre conseguía esquivar los golpes. En un último intento Henry giro el volante y le pego con fuerza consiguiendo por fin hacerla perder el control y se estrelló contra una tienda, debido a la alta velocidad a la que iba a Henry le costó frenar también y choco con un poste de electricidad. Perdió el conocimiento durante algunos segundos casi un minuto y cuando salió del auto y fue a ver como esta Keily ella ya había huido dejando sola en el coche a la hija de los embajadores. Henry maldijo dándole una patada al auto y unos segundos después llegó la policía y lo arrestaron.
A duras penas Keily consiguió llegar a su apartamento, le dolía un brazo que creía haberse fracturado y se había pegado en la frente por lo que estaba sangrando. Pero a pesar de todo el dolor la sonrisa en su rostro no desaparecía. Se sentó frente a su computadora y de inmediato procedió a borras sus huellas, habían llamado demasiado la atención con su pequeño juego debía ser más cuidadosa. Después contactó a sus contratadores para avisarles que la chica ya había sido rescatada, sin embargo, los embajadores se negaron a pagarle alegando su hija había sufrido daños grabes debido al accidente y la amenazaron con denunciarla.
Después de comprobar que Henry había salido bien del accidente procedió a hackear su empresa y robarle 100 millones de dólares y le dejo un mensaje privado en su correo que decía.
Esto es mi pago por mi trabajo, más una pequeña indemnización, hoy tampoco lo conseguiste príncipe.
EN la entrada de la comisaria Henry fumaba un cigarrillo con una mano dentro del bolsillo de su pantalón, se había quitado la chaqueta del traje y la camisa blanca estaba manchada de sangre. Afortunadamente no tenía herida grave y en la comisaria le habían prestado primero auxilios, pero aun así le aconsejaron fuera a tratarse a un hospital por posible contusión cerebral.
- Ya está todo arreglado señor, nos podemos ir. – Elías salió de la comisaria ajustando su impecable traje.
- Ya era hora.
- Si no se empeñara en correr como un loco por toda la cuidad y ocasionar un accidente tal vez no hubieran tenido que detenerlo. – Henry lanzo el cigarro al suelo y lo apago con la punta del zapato de cuero italiano con más fuerza de la necesaria.
- Parece que tanto tiempo al lado de Robert te ha vuelto impertinente.
- Debo discrepar, en todo caso el tiempo a su lado nos vuelve así, después de tantos problemas que ocasiona mi sangre se ha tenido que volver fría para poder resolver las diversas situaciones en las que usted se ve involucrado. – respondió el secretario mientras se acomodaba un rizo rebelde, luego paso al lado de su jefe y le abrió la puerta del coche. – ahora entre por favor y permítame llevarlo al hospital, alguien tiene que revisar esas heridas. – Henry bufo y subió al coche.
- Son solo heridas, llévame a la empresa necesito saber si descubrieron algo más de ella. – Elías se había sentado tras el volante cuando Henry y hablo y perdiendo la compostura se giró y alzando un poco la voz hablo.
- Pero va a continuar con esto, hasta cuándo será este ridículo juego. Acabas de perder 100 millones, tuviste un accidente y estuviste detenido. La vez anterior casi te acusan de fraude empresarial cuando la seguiste a una empresa donde robo información, fuiste atacado con una pandilla en la se había infiltrado y les dijo que eras su ex maltratador, te viste enredado con el bajo mundo y la mafia, pasas 18 horas del día trabajando y luego 5 investigándola, a penas descansas. Debes terminar con todo esto de una vez por todas.
- No, esto acaba cuando la atrape. – sentenció Henry y no dejo lugar a dudas.