Capítulo 2

Estaba sentada en mi nuevo apartamento mientras intentaba entender por qué no decirle a Sergio que su padre y él estaban en la misma ciudad era justo  por qué  yo no tenía eso… un papá o una mamá a la que extrañar. Miré a Octavio ingresar a la habitación, estaba sonriente venía de la universidad, pregunté si sacó diez y él asintió, sabía que en farmacia no era fácil sacarse todas las notas altas, así que me parecía fantástico que estudiando dos carreras pudiese continuar con un récord académico de excelencia. Le pedí que me contara todo sobre la universidad y sus cursos, él  sonrió y comenzó a hablar como nunca hacía y con cada palabra que salía de su boca parecía más emocionado y yo simplemente me emocionaba más con él. Sabía que nuestra relación era un gigante no para todos, primero él es mayor que yo. A diferencia era suficiente y mi tía enloquecía con la idea de que saliera con cualquier muchacho, pero se sentía mucho más  horrorizada con la idea de que su medio hermano y su sobrina estuviesen juntos. Las primeras veces que nos vio juntos intentó disimular la preocupación, sin embargo, conforme pasaba el tiempo y nuestra relación se volvía más.

Íntima, más llena de risas, miradas y anécdotas mi tía comentó a enloquecer y lo que parecía para ella y sus hermanas una ligera y estúpida sospecha se convirtió en algo palpable. Estaba enamorada demasiado de su medio hermano. Y desde tan temprano, súper una cosa, Octavio es el amor de mi vida.

Una tarde, al encontrarnos en la misma habitación riendo y conversando como viejos amigos, no estalló simplemente enloqueció y cuando comenzó a escuchar que nuestras salidas eran cada vez más privadas más y nuestro comportamiento con el otro era cada vez más íntimo fue cuando estalló.

—¡Milena, te lo prohíbo! —advirtió.

—¿O qué?

—Mily es muchos años mayor, es mi hermano. ¡Es un mujeriego, con novia!

—¿Por qué te has enamorado diez veces en tu vida?

—No, porque he visto a muchas mujeres siendo estúpidas con  la excusa del amor, ¿sabes por qué te doblo la edad? Porque tu papá creía que estaba enamorado de tu madre, pero solo quería follársela y volver a su vida perfecta. Ella tenía dieciséis y él terminaba su carrera. ¿Sabes por qué tenemos esta charla? Porque mi mamá creyó dos veces que estaba enamorada; primero de un abogado y nació tu mamá, luego de un millonario que le dejó embarazada y no se hizo cargo de mí cuando ella murió. Las mujeres de esta familia enamoradas producen bebés Milena, y tú no cometerás el mismo error de tu abuela, no con Octavio. No bajo mi techo y mis reglas.

Mis primeros meses de vuelta en Mainvillage estaban cargados de incertidumbre y drama constante. Por ejemplo no estaba solo el hecho de que mi tío Sebastian se reincorporara en nuestras vidas o  más importante que Sergio estuviese en el mismo ambiente y lugar que su padre.

 Yo tenía uno. 

Un papá que no es un yonqui, con una familia enorme y sobre todo unos abuelos especiales, dulces, amorosos y muy divertidos. Es más de lo que imaginaba, pero cada segundo de conocerlos. Lo bueno es que unas semanas más tarde reapareció la persona que verdaderamente es infalible para mí, una verdadera constante en mi vida y gran apoyo;  mi mejor amiga de la infancia Isabela Burwish y eso era no solo tener una amiga, una hermana y aleada, era, y sigue siendo como tener un segundo cerebro y un alma gemela. 

—Milena, con quién te mandas mensajes. 

—Con un hombre. 

—¿¡Está casado?!—preguntó mi amiga sorprendida. 

—No, pero es mayor y me trae problemas. 

—¿Quieres tener relaciones con él?

—Quiero hacerlo con él, quiero casarme, que me ponga el cuerno, reconciliarme y quizá dos hijos porque no sé si pueda con más de dos. 

Isabela me miró confundida antes de soltar una carcajada por la cual nos regañaron en el centro de estudio en el que estábamos. Mi amiga se disculpó y siguió riendo de forma más silenciosa. Tomó nuestras cosas e hizo una seña para que ambas saliéramos del lugar. Le seguí por la ciudad, primero pasó por una farmacia y tomó diferentes cajas de condones y finalmente se acercó al dependiente y le pidió unas pastillas anticonceptivas. 

—¿Isa? 

—¿De qué tipo o marca?

—Nada muy fuerte, pero con buena eficiencia y de las que crecen las tetas. 

—¡Uhh! ¿Hay de esas? —pregunté y el muchacho negó con la cabeza. 

—Es un efecto secundario, chicas. —Comentó el farmaceuta. —Tiene otros efectos secundarios como las náuseas, dolores de cabeza, algunas pueden llegar a sufrir acné. Así que lo mejor es que un médico las examine y les envíen unas adecuadas por peso y edad. Yo puedo venderles lo que considere mejor, pero no es lo mejor para su salud en general hacerlo sin orientación médica. 

—No necesitamos permiso parenteral. 

—Los anticonceptivos son de venta libre. 

Las dos se vieron e Isabela le dio unos billetes y las gracias por los preservativos. Los metió en el bolso y las dos caminamos hacia una cafetería, conversamos ella sobre su nueva madrastra o lo que decían las revistas de la pobre Julianne, yo le comenté como iba con Arturo y me miró. 

—Lo siento—Dijo Isabela avergonzada. —Ahora es tu tía. Prima… ¿Pariente lejana? 

—Lo sé, pero tú eres mi Isa —las dos reímos. 

—Te quiero. 

—Yo también—replicó. —Sigue hablándome de tu papá o como lo llamas.

—Arturo, ya sabes normal. 

—Normal, yo he pensado en llamar a papá Cash, pero me da miedo que me pegue porque obvio he crecido y eso, sé que no es un gigante, pero sigue siendo grande y podría matarme con una cachetada. 

—El tío Cash es muy dulce, solo… se complica demasiado. Yo espero que esta vez sí quede con July. 

—Parece que ella es importante para él. 

La mesera dejó los cafés para casa una y las galletas, Isabela parecía encantada su galleta, las dos rieron y Mily le tomó de la mano. 

—Quiero tener relaciones sexuales con él. No un polvo,  sino que quiero hacerlo con Octavio, a veces pasa por mí, no escapamos por ahí, nos tocamos, es… mágico. Ya sabes todo te vibra y se siente electrizante y el frío en tu cuerpo y por otro lado el calor y las ganas de más, pero, no sé. 

—Nunca lo he hecho Mily, pero, sé que no estás lista para ser mamá. No estás lista para decirle a Olivia que tendrás un bebé y ver a la decepción en su rostro, porque un niño es algo bueno, pero, un niño necesita papás felices, saludables, estables, normales. Así que… no hagas estupideces, usa condón y dile que pague el ginecólogo y un hotel. 

—Gracias. 

—Siempre que me necesites solo tienes que decirlo o insinuarlo—Las dos reímos. 

Tengo que admitir que mi tía Olivia hizo un trabajo inigualable conmigo en una situación en la que tenía que ser mamá de una niña que no era suya y mamá de una drogadicta incontrolable. Yo no quería ser mi mamá, pero tampoco quería ser mi tía Olivia. Así que le pregunté a mi papá el hombre al que había conocido solo unos meses antes si podía ponerme en cualquier método anticonceptivo. Arturo primero se quedó serio, en silencio, luego pareció más tranquilo y me llevó por unas pastillas anticonceptivas. 

Unas pocas semanas más tarde Mily perdió su virginidad con Octavio. Le había gustado cada momento de ello. Era como si fuesen una cerradura y una llave, sentía cada vez que Octavio entraba a su cuerpo que habían nacido para estar juntos, en cierta firma, no me di cuenta de que no era un lazo tan especial, sino algo mecánico, pasional. 

Todo era perfecto desde un punto de vista carnal, pero ahí no había amor uy eso lo descubrirá más tarde. Mucho más tarde descubrí que las mamás siempre saben lo que es mejor para nosotros. 

Recuerdo haber escuchado a mi tía Olivia discutir incontables veces con Octavio sobre si estábamos junto, si me usaba o me quería, pero me di cuenta de la forma más estúpida de que uno no puede ser la principal y la amante. Básicamente porque el amor es respeto, pero yo solo tenía 16 años y mi mundo parecía perfecto.  Hasta que una tarde venía del colegio con un fuerte dolor de cabeza, mi tío Sebas me hizo un té de manzanilla y me lo llevó a la habitación configuró el lugar para que fuese perfecto para descansar y salió de la misma para ver a los gemelos. Me recomendaron no tomar nada, sin embargo, tomé dos pastillas para combatir el dolor en lo que mi papá llegaba, desperté tres días más tarde, en el hospital. 

—¿Qué pasa?—pregunté. 

—¡¡Dios!! Estás viva—respondió Olivia y me llenó de besos. 

—Mamá. 

—Cariño, las pastillas te causaron una reacción. Te están dando anticoagulantes, estás bien, solo algunos cambios alimenticios y de estilo de vida. 

—¿Voy a tener un bebé? 

—No, pero las pastillas ya no son una opción. 

—¿Octavio? ¿dónde está Octavio?

—Ohh, cariño. —Ella negó con la cabeza. —Se ha ido. Lo siento. Se fue ayer cuando te declararon fuera de peligro. 

Mi tía Olivia volvió a abrazarme en espera de alguna reacción, pero aprendí desde muy temprano, todos se van otros vienen y el ciclo se repite.

Capítulo 3

Tenía casi quince  años cuando conocí por primera vez a Maximus, él tenía veinticinco y era una promesa de la abogacía comercial. El primer en su familia a en no dedicarse a la producción y venta de petróleo, estaba en casa de mi mejor amigo, porque tener mejores amigas mayores hacen que te pongas creativa y para ser honesto, el espíritu feliz, dulce y libre de Kent nos atrajo el uno al otro como imanes, probablemente nada de lo que está pasando hubiese sucedido si tan solo él no hubiese decidido pasar de mí para salir con mi primo.  En fin, habíamos estado comiendo unos confites, así que me disculpé para ir al baño del pasillo. Estaba tan concentrada en lavarme las manos que no me di cuenta de que había alguien más hasta que entré.  El joven se estaba sacudiendo el miembro luego de orinar y me miró divertido como si fuese parte de su ritual de orina, sacudírsela, y que alguien entrase, dejó que los pantalones se le cayeran y se inclinó a recogerlos, su falo comenzaba a elevarse y endurecerse y yo seguía en la puerta.

—Maximiliano Waitly.

—Mily Pieth Caine Smith.

—¿Eres hija de un príncipe?

—Mi papá es un príncipe de la medicina y todos mis papás tienen antepasados retratados en las denominaciones de los billetes. ¿Eso me hace una princesa o reina?

—Sí tu nombre dice fundadora, fundadora, fundadora—Asentí y Max acomodó su miembro dentro del pantalón y cerró el zíper así como el botón, no dejó de mirarme y sonreír. Yo hice lo mismo, sonreí. Me acomodé el cabello y me acerqué a lavarme las manos,  él se posó detrás y se puso un poco de jabón no  sin antes pegar su cuerpo contra el mío, le miré a través del espejo y aproveché para disfrutar de sus pómulos marcados, del cabello despeinado, de su altura y la sensualidad que  expedían todos sus movimientos. Besó mi mejilla y luego mi cuello.

—Eres muy guapa Mily fundadora fundadora fundadora.

—Gracias, tú igual—respondí y él sonrió, la puerta sonó y escuché a Kent preguntar por mí. —todo bien, dame unos minutos.

—Iré a buscar a mi hermano, así te lo presento.

Le empujé y corrí hacia la puerta antes de ir rápidamente a la habitación de mi amigo y tomar asiento, Alice su madre ingresó a saludarme y por el pasillo observé rápidamente a Luke el cual estaba ansioso por ir a jugar con Sergio mi hermano, sonreí y su madre igual antes de despedirse.  Me quedé en la silla y escuché a Kent  conversar un par de minutos con el que me pareció era Max.

Esa tarde acosé a mi amigo con preguntas sobre su predecesor y él las respondió todas antes de afirmar que algo había pasado en el baño, le conté lo que vi y aseguró que Maximus era más guarro de lo que creía.

—Le van las cosas guapísimas… es un raro.

—Dilo.

—Le gusta que lo vean en pleno acto.  Está enfermo.

—Entonces todos los hijos de tu mamá están enfermos, Luke muy inquieto, tú muy gay, tu otro hermano muy hetero y Damien, el mayor muy…

—Muy calienta pollas; le encanta jugar de irresistible—Los dos reímos y bebimos un poco de café antes de que mi tía llegase por mí.

En lugar de ello me encontré con mi tío Sebas el cual me miró orgulloso cuando le conté sobre mi trabajo con Kent. Le pregunté por su trabajo y me dijo que había nuevas inversiones en el mercado, asentí porque a diferencia de Sergio realmente lo único que me importaba a los diecisiete eran los bolsos, el modelaje, los diseños y Mily.

Llegamos a casa y me encontré con los gemelos los cuales estaban aprendiendo a hablar, Sergio los confundía hablándoles en otros idiomas, les di un beso a los tres antes de ir en busca de mi tía, la cual estaba diseñando un pastel para una boda exclusiva.

—Esos tres, me quieren volver loca.

—Te creo—ella sonrió y le di  un beso antes de ir a hacer mi propia investigación sobre el más guapo de los Waitly, sin embargo, él me lo puso en bandeja de plata, puesto que me agregó como su amiga y me envió un mensaje al teléfono.

<<Hola, fundadora>>.

<<Hola, falo de museo>>.

<<Miembro de museo, muchas gracias, no sabía que lo tenía tan lindo>>

<<Ya sabes todo el mundo lo ve y dice… no hay chiste vine a ver esa cosita>>

<<Ya quisieras tocar y sentir mi falo, mal educada.>> <<Vayamos a temas más decentes, te gustaría ir por un café>>

<<No sé. ¿Qué tal si además de pervertido eres aburrido? Puedo solo con una cosa a la vez>>

Aquella primera noche hablamos demasiado y lo mejor era que por primera vez en mi vida estaba hablando con un hombre que no insistía en mentirme ni siquiera en el teléfono. Max es demasiado veraz, le gusta o no le gusta, ama o no lo hace, está feliz o triste, no hay intermedios, siempre puedo creer en sus palabras y siempre estoy riendo con sus estupideces.

Ser yo no es fácil, porque tengo tres papás que se conocen, se quieren y son amigos. Mi papá había armado una especie de pantalla en el exterior de la casa para ver el partido de Béisbol de la temporada. Para que no sea complicado de entender Arturo es mi papá biológico, pero mi mamá me dejó con mi tía que se casó con mi tío Sebas que es mi papá y finalmente está mi padrastro que es el primo de mi papá, el tío Emilio. Entonces, mis papás son mis papás, tíos o primos o padrastros, pero es que Emilio es demasiado dulce y divertido, es el amor de mi corazón y hace feliz a Niza lo cual es importante para mí. Lo mismo pasa con mi tío Sebas, pero es más profundo, es la primera persona que alguna vez reconoció que yo era merecedora de una familia, de amor, de cuidado y sobre todo de unos papás, los mejores él y mi tía Olivia. Y finalmente Arturo, Arturo y mis abuelos explican un 89% de mi comportamiento inusual, inapropiado, creativo y hasta mi mal carácter.

Los tres estaban sentados en el sofá, viéndome, en silencio.

—¿Qué les pasa? —pregunté.

—Te amamos—inició Emilio. —Te amamos mucho, princesa.

—Lo sé, pero, algo está pasando. ¿Papá, me mandas a vivir con Niza y Emilio?

—No, cariño. Tranquila. Eso no va a pasar. —Replicó tío Sebastian me hizo espacio en medio de él y Arturo para abrazarme.

—¿Entonces? 

—Aprovechando que somos solo los cuatro —Dijo Arturo y me tomó la mano. —Quiero que sepas que eres libre de tener una vida sexual saludable. 

—No acordamos eso.

—Yo he tenido fornicado de forma extraordinaria en la vida, no voy a mentir—Dijo Emilio.

—Ustedes recuerdan que tienen coito con mujeres que llamo mamá o salgo a cenar.

—Sí.

—Milena, lo que queremos es que tengas sexo seguro, responsable, con hombres apropiados para tu edad. —resumió Arturo.

—Yo estoy de acuerdo que sean un pellín mayor porque hay unos que no saben ni donde meterla y qué horror. No  necesitas pasar por eso o un eyaculador precoz.

—Emilio, vamos a volver a excluirte y te vamos a quitar el cinco por ciento de custodia—anunció Sebas y Arturo asintió después de darle un golpe en la cabeza. —Lo que sí necesitas saber es que tienes que tener el permiso de los tres para tener cualquier tipo de novio o pareja—anunció Sebastián.

Mis mamás llevaban un buen rato con la compra en las manos y cara de horror, entre las cosas que o planes tener que escuchar con los arreglos de sexualidad que tu esposo y los otros papás de tras hijos tienen planeado para una. Mi tía Olivia no puedo resistirlo más y dijo en un tono muy enojado: 

—Todos los días escucho cada mamada—Se acercó a nosotros—No me importa que tengas cinco papás que son demasiados. Tú eres mía. Eres mí responsabilidad y no me importa la opinión de esta gente. No hombres mayores. Nada de fornicar por ahí. No relaciones tóxicas. No relaciones inapropiadas, sobre todas las cosas; no les pides permiso a este trío de imbéciles. Me pides permiso a mí y la respuesta para salir con mi hermano sigue siendo NO.  Todo lo que te dijeron no. Aquí mando yo. Esto es una dictadura y te acostumbras tú, y ellos.  

—Olivia siempre ha sido así—se quejó su hermana y la mujer se volteó.

—No me hagas empezar, Niza.

—Bueno, nosotros somos los papás divertidos —insistió Emilio y su mujer asintió.

—Yo no quiero ser divertido o aburrido. Quiero que estés bien. Eres una empresaria de ropa a los diecisiete, trabajas para una revista, eres hiperinteligente, sabes todo lo que puedes hacer. Espero cosas de ti que están muy lejos de ser la esposa de algún millonario, eres y vas a ser la mejore en lo que decidas y te apoyo incondicionalmente, pero ella liberación sexual arruina vidas de tantas formas, sea una maternidad no deseada o un VIH. Eso es lo que necesito que entiendas que si mañana tienes un bebé, aquí hay cinco bolsillos para mantenerlo, lo que me importa a mí es mi bebé. Mi hija, siendo feliz, haciendo lo que quiere, viviendo su vida.

—Siendo grandiosa —agregó Olivia. —Independiente en su propio apartamento porque Milo y Sebas para que ce no van a mudarse y ese pensamiento es terrible y no me hagas hablar de Sergio que va y viene.

—¿Es mi casa o no? —Preguntó sudado después de ir a correr solo con unos shorts.

—Eres el futuro de esta familia, princesa. Lo más importante es que te amamos incondicionalmente —Dijo Arturo y me abrazó.

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