Mateo durmió profundamente toda la noche, sus ronquidos llenaban el silencio de la habitación, mientras yo permanecía con los ojos abiertos, mirando el techo hasta que el cielo comenzó a clarear.
Mi teléfono vibró sin cesar sobre la mesita de noche.
Eran mensajes de felicitación de amigos y familiares.
"¡Feliz cumpleaños, Sofía! ¡Que tengas un día maravilloso!"
"Amiga, ¡feliz 30! ¡Tenemos que celebrar en grande!"
Mensajes de mis padres, de mis colegas, incluso de Ricardo, el amigo de Mateo.
Todos recordaban mi día especial.
Todos, excepto mi esposo.
Me levanté y me preparé para ir a trabajar como cualquier otro día.
Cuando salí de la habitación, Mateo ya estaba despierto, sentado en la mesa del comedor, comiendo el desayuno que había preparado la noche anterior y que ahora estaba frío.
"¿Ya te vas?"
Preguntó, sin levantar la vista de su plato.
Asentí en silencio.
"Ah, por cierto", dijo, como si acabara de recordar algo sin importancia. "El cumpleaños de Daniela es la próxima semana, he reservado un yate para una gran fiesta, tienes que venir."
Me detuve en la puerta, dándole la espalda.
"¿Y mi cumpleaños? ¿También vas a celebrar el mío en un yate?"
Pude sentir su irritación en el silencio que siguió.
"Sofía, no empieces, sabes que la situación de Daniela es especial."
"¿Especial? ¿Qué tiene de especial?"
Me di la vuelta para enfrentarlo.
"Sus padres murieron en ese accidente, ella solo me tiene a mí, ¿entiendes? Necesita que la cuiden, es frágil."
Su tono era de reproche, como si mi pregunta fuera increíblemente egoísta.
Me reí, una risa seca y sin alegría.
"¿Frágil? Mateo, han pasado diez años desde ese accidente, tiene treinta años, no es una niña, y yo soy tu esposa, ¿recuerdas?"
Él frunció el ceño, su paciencia agotándose.
"No es lo mismo, no lo entenderías."
En ese momento, miré su rostro, el rostro del hombre que una vez amé con locura, y sentí un profundo arrepentimiento.
Quizás el error no fue solo suyo, también fue mío.
Mío por haberle puesto un filtro de amor, por haber creído ciegamente en sus promesas, por haber ignorado todas las señales de alerta durante tanto tiempo.