Capítulo 2

Leandro se encontró con una una compañera de facultad y luego de cenar fueron al departamento de su hermano, que después de la tragedia, porque realmente lo fué, su hermano volvió a vivir a la casa de su padre, es decir que vivían los tres juntos.

El departamento lo usaban como bulín, más de una vez que Mateo reprendió a Leandro porque no le avisaba que estaba allí y cuando él llegaba con alguna compañía se encontraba con su hermano.

El departamento era enorme, cuatro dormitorios, más el living comedor, que era inmenso y tenía una cocina generosa.

Por lo que si Leandro llevaba compañía, con ir a un dormitorio se terminaban los problemas, pero Leandro usaba el sillón del living y casi nunca un dormitorio.

En realidad eran dos los dormitorios disponibles, los otros dos estaban infantilmente decorados, con tonos rosas y lilas y en una pared había afiches de las princesas de Disney, pero esos dos dormitorios casi no tenían muebles, ya que cuando Mateo volvió a la casa de su padre, llevó las cunas y demás muebles para sus dos pequeñas hijas.

Mateo llegó a su casa, o mejor dicho, a la casa de su padre y lo recibieron Ámbar y Jazmín, sus dos pequeños soles.

-¡Papá!

-¡Amores!

Las levantó a upa a las dos a la vez.

Tenían dos años y medio.

Eran gemelas.

Eran su vida entera y por supuesto, toda su responsabilidad.

No se había arrepentido jamás de tenerlas, menos de cuidarlas. 

Sabía que por ellas tenía que renunciar a muchas cosas, pero lo hacía con gusto.

Eran sus hijas.

Dependían total y exclusivamente de él.

No podía dejar de reconocer que su padre lo ayudaba muchísimo y hasta su hermano lo hacía.

Tenían a una señora que los ayudaba con la limpieza y les dejaba la comida preparada, ahora era más simple porque las niñas ya comían casi de todo.

Cuando eran recién nacidas, con el tema de prepararles las mamaderas, que las dos tenían hambre al mismo momento y sobre todo de madrugada, se le hacía injusto despertar a su padre y a su hermano para que lo ayuden, habían sido tiempos difíciles.

Luego con las papillas se simplificó un poco.

Ahora es más fácil.

Claro que había temas que no podía resolver, cómo llevarlas a un lugar de comidas rápidas o a peloteros y le pedían ir al baño.

No podía meterlas en el baño de hombres ni entrar él al baño de mujeres.

Por suerte tenía algunas amigas, que cada tanto lo acompañaban y se hacían cargo de ese problema.

Así se acercó más a Josefina, eran compañeros de secundaría y estaban en el mismo grupo de amigos, Josefina estaba separada y tenía una nena de 3 años, alguna vez las llevaban juntas a peloteros, a Mc Donalds, hasta que en un momento, terminaron envueltos en la cama, eran amigos, que cada tanto, una vez por mes o quizás cada dos meses tenían relaciones, luego, cada uno seguía con su vida, muchas veces se encontraban solo para que sus hijas jugaran y pasaran un buen rato, ahí no había ni un roce, ni una mirada, no era su momento, eran solo amigos.

No extrañaba verla todas las semanas, ni siquiera un vez por mes, ni nada de eso y los dos tenían la misma posición, cada tanto se llamaban y si se daban las circunstancias, se veían y sino, seguían siendo tan amigos, no había reproches de parte de ninguno de los dos, ni sentimientos que no sean más que el cariño de su amistad.

Acostó a sus pequeñas, se quedó un rato charlando con su padre.

Le contó cómo había sido su día y que su hermano no volvía a dormir.

Mateo sabía que su padre había vuelto a la vida por sus nietas, se ocupaba de buscarlas al jardín, aunque las pobrecitas iban desde muy pequeñas a un jardín maternal.

Jorge, su padre, tenía una inmobiliaria y entre alguna venta de alguna casa y la comisión por los alquileres, le permitía vivir cómodo, aunque ya estaba grande y tal vez se jubilaría en poco tiempo, pero como era cómodo lo que hacía y le llevaba su tiempo, se entretenía con su trabajo.

Extrañaba demasiado a su esposa y Mateo lo sabía.

Nunca le reprochó no haber estado allí ese día y se lo agradecía con el alma, porque la culpa, aun hoy, lo seguía carcomiendo.

La poca empatía que tuvo su novia en ese momento hizo que su relación se enfriara.

No habían sido de esos novios que no podían dejar de tocarse y de acariciarse, es más, se veían una o dos veces por semana, nada más.

Salieron durante 8 años.

Tuvieron varios vaivenes en su relación, Mateo que en general era un tipo fiel y tranquilo, siempre decía que no preciaba otra cosa si con ella tenía buen sexo.

Tuvo algún que otro affaire, pero siemprefuecuando estaban distanciados.

Liliana era una mujer bastante difícil y fría en algunos asuntos, pero en la cama se llevaban bien.

Nofuemuy compañera, le molestaba que se reuniera con sus amigos de secundaria o de facultad.

Él tenía su grupo de amigos y en las reuniones terminaba yendo la mitad de las veces que se encontraban.

A Liliana le molestaba bastante participar de esas reuniones y no se llevaba muy bien con sus amigos, ni con su madre, ni con su hermano.

No se metió nunca con su trabajo ni con su socio, pero sí Mateo iba a cenar con Gustavo, ella tampoco iba.

Su relación era bastante aburrida, por describirla de alguna manera. salidas a centros comerciales, a cenar afuera los sábados por la noche y dormir juntos después.

Al principio el tema era que como Mateo estudiaba, se veían poco por eso, luegofueayudante de cátedra, más tarde titular y con el tema de las investigaciones en la facultad, no tenían mucho tiempo para verse.

Ella era profesora de matemáticas, tenía un montón de horas en distintos colegios.

Un año después del fallecimiento de la madre de Mateo, Lliliana, su novia le informó que estaba embarazada.

No era lo que esperaba Mateo, ya que la relación con ella estaba en un punto muerto y se estaba planteando que no tenía sentido seguir, estaban acostumbrados el uno al otro pero él sabía que ella no era su gran amor y suponía que él tampoco lo era para Liliana.

Después de charlar con ella, decidieron casarse.

Después de todo, ya estaban acostumbrados y tampoco sería tan terrible y venía un hijo en camino.

Se casaron con una ceremonía por civil e hicieron una reunión de unas 50 personas, que entre familiares y amigos llegaron a esa cifra sin saber cómo.

Algo sencillo.

Compró el departamento donde vivirían los dos.

Grande, cómodo y hasta con cierto lujo.

Se enteraron que ella esperaba mellizas, sí dos niñas.

Lo tomó como algo normal y con la tranquilidad de que a las pequeñas no les iba a faltar nada.

Tampoco era que estaba desesperado por el embarazo ni por sus hijas.

Cuando llevaba cerca de seis meses de embarazo, su suegro falleció y ahí se desencadenó todo.

Trató de acompañar a su mujer lo más que podía, pese a que ella no lo hizo cuando él perdió a su madre, pero no eran momentos para rencores cuando ella esperaba dos hijos suyos.

A Liliana, luego de eso, se le complicó el embarazo, estuvo internada, Mateo siempre la acompañó, era su deber como esposo.

Él era un hombre correcto, su padre también lo era y lo aprendió desde chiquito.

También acompañaba a su padre, que aún no había superado la muerte de su madre y a su hermano que iba descontrolado por la vida.

Leandro tuvo un accidente con la moto, la sacó realmente barata, no sabía cómo dividirse en tantas partes para estar con todos al mismo tiempo.

Por suerte, lo de Leandro nofuenada grave y eso lo hizo recapacitar y dejó de tomar.

Comenzó a manejar la moto con más cuidado y respeto por su vida.

El embarazo de Liliana se complicó aún más a último momento y de forma inexplicable, ella falleció en el parto, dejándolo a él con dos pequeñas recién nacidas, las pequeñas sin madre y a él sin saber qué hacer.

Le dolió la muerte de Liliana, hacía 9 años que estaban juntos y era la madre de sus hijas.

No estaba llorando a su gran amor y eso también le dolía y estaba en su conciencia, que a pesar de haber estado 9 años juntos, nuncafuesu gran amor.

Si, la respetaba como madre de sus hijas y siempre le iba a hablar de la mejor manera de su madre, nunca iba a ensuciar su nombre.

Lilianafueuna mujer egoísta en muchos sentidos, no lo acompañó cuando se murió su madre, eso creó una distancia enorme entre ellos y si no hubiera sido por el embarazo, se habrían separado sin vuelta atrás.

Lo sabía él y lo sabía ella, tal vez por eso se embarazó.

Liliana tenía unos años más que Mateo, pero era joven, tenía 34 años cuando falleció y Mateo 30.

Ni su suegra ni su cuñada se acercaron a él después que falleciera Liliana, nunca llamaron para saber cómo estaban las pequeñas.

Nunca más las vieron.

No tenían una gran relación, pero tampoco habían discutido o dejaron de hablarse en algún momento.

Mateo sabe que la abuela  y la tía de sus pequeñas no saben ni que nombre les puso.

En un momento pensó en ponerle a una el nombre de su madre y a otra el nombre de su esposa, pero lo descartó, ella no se llevaban bien.

Aparte no le podía poner a una el nombre de madre, que era una mujer a la cual adoraba y a otra el nombre de su esposa, que sabe bien Mateo, que nunca pasó de un cariño lo que sintió por ella.

Capítulo 3

Volvió a casa de su padre, eran dos las niñas y si alguna se enfermaba o le sucedía algo, no tenía con quién dejar a la otra y entre los tres hombres se fueron acostumbrando a vivir pendientes de las pequeñas.

Hasta Leandro daba todo por sus sobrinas.

Eran hermosas y parecidas a Mateo, tenían su mismo color de ojos, azules, de mirada profunda y el cabello rubio, de su madre sacaron los rulos y tal vez su contextura física, pero eran pequeñas aún para saber eso, porque al ser mellizas y si bien lograron nacer casi en término, fueron un poco más pequeñas que lo normal, pero de a poco iban recuperando peso y tamaño.

Liliana era una mujer de contextura pequeña, con bastante busto, quefuelo que lo volvió loco, en un principo, a Mateo, cabello negro y con rulos, ojos marrones, bajita, apenas llegaba al metro y medio.

Aún así era una mujer bastante bonita, sin ser una gran belleza.

Mateo no sabe porque ese día la recuerda tanto.

No era una fecha especial, ni su cumpleaños, ni nada.

Tenía en sus manos la responsabilidad de sus hijas, de su educación y de su bienestar.

Por eso su departamento quedó para pasar un rato con alguna chica y nada más.

Estaba seguro que lo usaba más su hermano que él.

No es que él no saliera.

Se encontraba, ahora sí, con sus amigos.

Lo solían hacer muchos sábados por la noche, ellos se encontraban para cenar y Mateo salía luego que sus pequeñas estuviesen dormidas, las dejaba con su padre, porque ningún sábado por la noche Leandro estaba en su casa.

Cuando Mateo no se encontraba con sus amigos, salía con Gustavo, su socio y con algún otro amigo de la facultad.

Alguna que otra vez iba a bailar con su hermano, o a tomar algo a algún lugar donde se sabía que rápidamente podría encontrar compañia.

Los domingos, las niñas se despertaban un poco más tarde y en general era su padre quién se encargaba de darles el desayuno, si es que él no había vuelto o si lo había hecho tarde, de madrugada y no estaba despierto.

Por la tarde, los domingos, las llevaban a algún parque, daban una vuelta corta, por si alguna quería ir al baño.

Les iba a agradecer eternamente a su padre y a su hermano todo el apoyo que le brindaron a él y a las niñas.

Lo de volver a casa de sus progenitores,fueidea de su padre y Mateo admitía quefueuna excelente idea.

Otro tema era el de la ropa, la lavaba la señora que los ayudaba, ese no era el problema.

Pero las nenas de bebés crecían mucho, como todos los chicos y la ropita le quedaba chica, había que salir a comprar y ocuparse de los talles era bastante difícil.

Por suerte tenían el mismo talle y compraban todo por dos, trataba que sea de distintos colores, pero eso no era un problema, si se vestían igual era lo mismo.

Pero salir a comprar ropa con ellas era difícil, a veces iba con su hermano y otras, con su padre, extrañaba una mano femenina.

Cuando salían con su hermano en general Leandro volvía con el número de teléfono de la vendedora que los atendían.

Él solía separar las cosas si estaba con sus hijas, no aceptaba coqueteos de nadie.

Era realmente difícil ser padre soltero y de mellizas.

Las mujeres piensan que tenía que estar disponible en todo momento.

En el jardín de infantes, había madres que se le acercaban descaradamente y hasta una docente lo hizo.

Cuando están sus niñas a su lado es como si las mujeres no existieran.

Así debería ser siempre.

No dejaba de ser hombre, simplemente respetaba a sus hijas.

No era ningún esfuerzo para él dejar de mirar mujeres, las veía cuando salía solo o con sus amigos.

Tenía su tiempo de distracción, gracias a su padre que se encargaba de sus nietas, mucho más de lo que le correspondía.

No como su ex suegra que no las conocía.

Su cuñada tampoco las había visto jamás.

Entendía el dolor de madre y de hermana, pero las niñas no tenían la culpa, no pidieron venir a éste mundo.

Ellos siempre se cuidaron, en los últimos años que estuvieron juntos, lo hacía Liliana, con pastillas, por lo que Mateo siempre sospechó que ella se embarazó a propósito.

Dolía el desprecio o el desamor que su ex suegra y su ex cuñada tenían por sus hijas.

Aunque las pequeñas no las necesitaban, con ellos tenían suficiente y recibían todo el amor del mundo.

A pesar de eso seguía sin entender porque ni siquiera las quisieron conocer, entendía que los primeros días estuvieran dominadas por el dolor de perder a su hija y a su hermana, respectivamente, pero las niñas eran sangre de su sangre.

Fue Liliana la que se embarazó a propósito para no perderlo o para retenerlo, al menos su hermana, eso lo debía saber, tal vez pensaban que si se acercaban a las pequeñas, él iba a desentenderse de ellas.

Evidentemente lo conocían muy poco, a pesar de la cantidad de años que lo trataron por ser el novio de Liliana.

En su casa debían conocer muy bien y deberían saber que Liliana era egoísta, no él.

Realmente no las necesitaba y las niñas estaban muy bien sin su tía y su abuela materna, no precisaban mendigar cariño de personas tan poco empáticas como lofuesu propia madre, eso debía ser parte de su familia, a sus hijas él las criaba de forma distinta.

A esta altura hasta estaba agradecido que ellas no fueran parte de la vida de sus hijas.

Por eso él separaba tanto su vida íntima cuando estaba con las pequeñas.

Ellas dependían exclusivamente de él y estaba feliz por eso.

Tampoco se tiraba a ninguna empleada de su oficina, trataba de ser correcto y evitarse complicaciones.

Ni tampoco a sus alumnas de la facultad...hasta hoy.

Mateo estaba dando vueltas en su cama sin lograr dormir.

Karina no tenía idea como lo hizo sentir,fuealgo inexplicable.

Algo que él venía reprimiendo desde hacía mucho tiempo.

Primero, cuando ella se acercó, estaba desconcertado, pero sintió sus labios y ya no pudo parar.

Era bella, sí, pero no era sólo eso.

Había infinidad de mujeres bellas y no sentía por ninguna lo que le provocaba ella.

Tenía algo turbio, peligroso, que lo hacía descontrolar.

Ella era distinta, muy sexi.

Fué delicioso besar su boca.

Rozar su pecho era algo con lo que soñaba desde hacía meses.

Era tan peligroso que lo atraía sin poder evitarlo, lo que ella le hacía sentir era distinto.

Sin embargo, él sabía que nada iba a pasar.

No podía ofrecerle nada.

Era un padre soltero y tenía como prioridad a sus hijas.

No cabía en su mente tener pareja, ni novia, ni nada.

No podía ofrecerle nada de nada, no iba a dejar a sus hijas.

Aunque desde hacía meses se sentía atraído como un imán por esa chica.

Después de ese beso no podía sacar de su cuerpo el cosquilleo que le produjo ese acercamiento.

Era una locura pensar así.

No se podía acostar con ella y después nunca más, no lo sabía con exactitud, pero presentía que ella no era así. 

La deseaba mucho, no podía ni dormir, su cara, sus besos, su piel, esa suavidad que ella tenía.

Probar su bocafueuna trampa mortal.

Tendría que dejar pasar un tiempo sin verla.

No iba a impartir su próxima clase, eso iba a hacer.

Durmió intranquilo toda la noche.

Al día siguiente dejó a las niñas en el jardín yfuea trabajar.

Estuvo toda la mañana rugiendo cuando le hablaban.

Hasta Gustavo tuvo que intervenir en una discusión con un capataz.

Tenía razón Mateo, pero se enredó en una discusión sin sentido.

Era lo raro, porque siempre había sido el más tranquilo de los dos.

Momentos después, en la oficina, Gustavo le preguntó qué le pasaba, pero Mateo no abrió la boca.

Fué a buscar a sus niñas al jardín, les dió la merienda y sefuea la facultad.

Ellas no tenían la culpa de estar allí, no eran un peso para él, sin embargo sabía que por ser padre soltero tenía sus limitaciones.

Nunca podía estar en serio con ninguna mujer.

Ni por sus hijas, ni por la mujer.

Aunque era un tipo tranquilo y casi que prefería estar en pareja que andar revoloteando por ahí, pero de alguna manera tenía que saciar sus necesidades.

Tal vez por eso estuvo 9 años con una mujer que no amaba realmente, tampoco quería cometer ese error nuevamente.

Fue con el auto hasta la facultad, porque sabía que estaba irascible y poco concentrado, como para andar en moto.

No esperaba encontrarse con ella en un pasillo.

Apenas la saludó y huyó como un maldito cobarde.

No entraba en su mente descontrolarse tanto solo por verla.

¿Qué tenía esa mujer?

Karina todavía estaba confundida por la actitud de Mateo.

La besó como si en ese beso le fuera la vida.

Hacía mucho que sentía su mirada penetrante, casi desnudándola, provocando mil sensaciones en ella.

Aunque él, luego, desviaba la mirada.

Es verdad que ella terminó en el departamento de investigación sólo porque él estaba como director de varios proyectos.

Lo admiraba mucho, era un hombre muy inteligente.

Aprendía mucho en sus clases.

Nunca se acercó a una alumna ni a una docente.

Tenía ese aura casi fría, era como qué existía una barrera entre él y los demás.

Era intrigante.

Nada que ver a su hermano, claro que Leandro era bastante más joven que su profesor.

Leandro había salido con un montón de chicas de la facultad y en varias oportunidades con algunas chicas a la vez.

Sin embargo, no había mujer que no cayera a sus pies cuando él lo decidía.

Mateo era distinto, era más calmado, se tomaba su tiempo para analizarlo todo.

Por lo que pudo averiguar, con mucha discreción, en la facultad, antes no era así, era un tipo mucho más alegre, tampoco era mujeriego como su hermano, pero se decía que era más relajado que ahora.

Sin embargo no parecía un tipo triste, solo daba la sensación que tenía algo que resolver en su vida.

Karina pensó que debía estar casado, aunque no tenía alianza.

Pero le devolvió el beso de forma hambrienta, como si la deseara.

Luego ese llamado de alguien llamada Ámbar.

Leandro la piropeó, o algo así.

¿Será que tiene novia?

Lo que sintió con ese beso no lo había sentido en la vida, si antes era un hombre que le gustaba, a partir de ese momento, era alguién con quién quería tener algo, algo en serio.

Lo iba a conquistar de algún modo.

Tenía que averiguar si estaba casado, aunque eso estaba casi descartado.

Podía tener novia, o estar conviviendo con alguien, tampoco le gustaría ser la tercera en discordia.

Pero ese beso no lo da un hombre que no siente deseo por una mujer.

También estaba Ámbar, que lo llamó por teléfono y que Leandro la conocía…

Leandro era el que le podía dar la información más certera.

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