Capítulo 2

Cuando Maya llamó a Anne para informarle que había aceptado, la chica tuvo que retirar el auricular de su oreja ante los gritos de júbilo de su jefa, por un momento sintió que se quedaría sin volver a escuchar debido al ruido.

—Lo sabía, no podías ser tan tonta, el avión privado de Arched te estará esperando, irás a Sicilia, saldrás a primera hora, el señor Arched enviará a su asistente al aeropuerto para  recogerte.

Maya puso los ojos en blanco, Anne parecía saber que aceptaría aquel trabajo, y ya tenía todo arreglado.

—Le recé a los mil santos mujer, me arriesgué a decir al señor Arched que habías aceptado —Anne se sentía orgullosa de lo que había hecho.

—Uhmmm, envíame lo necesario, te mantendré al tanto —Maya prefirió ya no discutir sobre el tema con su jefa.

—Sí el señor Arched se mete a nadar con poca ropa, me envías una foto —Maya no contestó, enseguida cortó la llamada.

Al otro día por la mañana, Maya se encontraba a bordo del avión que en ese momento despegaba, si era sincera consigo misma, tenía algo de miedo, estaba decidida a buscar la forma de que aquel hombre pagara por lo que había hecho, pero no sabía si podría controlar su ira al estar frente a él.

Sentía odio y un poco de morbo, tendría acceso por completo a la vida de Marcus Arched, siempre había evitado ver los programas, o leer los chismes que hablaban sobre ese hombre, pero la noche anterior no pudo evitarlo.

Había estado investigando un poco en internet lo que se decía sobre él, tenía que aceptar que era muy guapo, de facciones definidas, alta estatura y un cuerpo musculoso, lo que más llamaba la atención era la intensidad de su mirada, sus ojos azul oscuro, le daban un aire misterioso, muy a su pesar tenía que reconocer que era demasiado atractivo.

Tanto que a su madre no le había importado arriesgar todo lo que tenía por estar con él tan solo un momento, porque por lo que sabía, el canalla al despertar había salido huyendo, lo hizo saltando por la ventana de la habitación sin importarle que se encontraban en un segundo piso, cuando su padre bajó, el cobarde se había alejado corriendo.

En internet había logrado encontrar una página que hablaba sobre la infancia de Marcus, era un buen niño, había crecido olvidado por su padre, ayudaba a su madre trabajando para sacarla adelante.

Lo hizo en cuanto tuvo edad para hacerlo, pues su madre había enfermado de cáncer, y le era imposible levantarse de la cama, hablaban tan bien de él, que Maya se burló pensando que debería de ser canonizado.

¿Cómo podría ser buena persona cuando había ocasionado todo un desastre? Además las páginas que hablaban de él desde que era CEO, lo catalogaban como todo lo contrario, ¿Qué había sucedido en su vida que había provocado que pasará de santo a diablo?

Durante el vuelo que tardó varias horas, no pudo dormir, su mente analizaba todos los escenarios posibles de cómo sería su reacción cuando lo tuviera enfrente, era el hombre al que le debía todo su sufrimiento.

Estaba dispuesta a incluir lo sucedido con su familia en el libro, aunque eso costara que perdiera su trabajo, al parecer la gente no sabía que también había sido un gigoló que se metía con mujeres casadas aprovechándose de su trabajo.

Pronto notó el lugar que era su destino, el territorio de Sicilia se extendía como una mancha de color claro al lado del oceano, hasta entonces puso atención en el interior del avión, ese hombre si que sabía darse una gran vida, la aeronave estaba equipada con todos los lujos posibles, se notaba el buen gusto.

Se había perdido en sus pensamientos durante todas aquellas horas, ni siquiera se había acercado al bar que estaba a un costado de la espaciosa sala, ni probado los aperitivos que habían colocado en la mesa a un lado.

Su estómago rugió en ese momento, tenía hambre, se levantó rápidamente antes que la sobrecargo le pidiera colocarse el cinturón para el aterrizaje.

Se acercó a la mesa, y engulló rápidamente varios de aquellos bocadillos tan exquisitos, no se dio cuenta que justo en ese momento, unos intensos y profundos ojos azules la observaban a través de las imágenes enviadas a través de una cámara.

El hombre sonrió al ver la premura con que la chica apuraba la comida, tal vez pensaba que en Sicilia no había, se mantuvo parado frente a la pantalla observando lo que Maya hacía.

Maya limpió su boca rápidamente después de tomar un refresco, la sobrecargo le pidió que regresara a su lugar para el aterrizaje,enseguida la mujer le colocó el cinturón de seguridad apropiadamente.

Iba a replicar, ella podía hacerlo perfectamente, entonces recordó que las personas que esa mujer estaba acostumbrada a atender, era del tipo de persona que necesitaba que hiciera todo por ellos.

Al bajar del avión en el hangar privado, un enorme hombre vestido elegantemente se acercó a ella, el color verde encendido de sus ojos, parecía endurecer las facciones de su rostro.

—Señorita Jones, sígame por favor —dijo en tono serio.

Maya hizo lo que le pedía, mientras ella seguía al hombre, otro llevaba su equipaje, una camioneta en color oscuro, de la línea más lujosa, esperaba por ellos.

Mientras la camioneta avanzaba por las calles de Palermo, Maya observaba por la ventanilla el hermoso paisaje, pronto llegaron a una reserva, era un lugar maravilloso que inspiraba tranquilidad, al otro lado, un enorme portón se abrió para que entraran.

Dentro avanzaron por un camino empedrado, después de algunos minutos, Maya observó una enorme villa situada a la orilla de la playa, era en color blanco, construida en piedra, con algunos detalles en madera.

En cuanto la camioneta se detuvo, el chofer abrió la puerta para que la chica bajará, enseguida un atractivo hombre vestido con un pantaloncillo hasta las rodillas, y una playera sin mangas, se acercó a ella, le sonrió amigablemente, y tomó sus maletas.

—Por aquí, señorita, le mostraré dónde va a hospedarse.

El hombre era amable y atractivo, Maya no pudo evitar preguntarse quién era, hablaba un perfecto inglés, pero con un sexy acento italiano, inconscientemente pasó su lengua alrededor de sus labios para humedecerlos, se reprendió mentalmente por los pensamientos pasados de tono que estaba teniendo.

Lo siguió al interior de la villa, enseguida subieron las escaleras, hasta detenerse frente a una puerta, al entrar, Maya se sorprendió al ver el interior de la habitación, la decoración le daba un toque hogareño,  era en colores claros, las paredes al igual que el exterior, eran en madera y piedra.

Una enorme puerta de cristal corrediza, daba a una gran terraza, Maya imaginó que desde ahí se podría observar una esplendorosa vista del océano.

—El jefe ha escuchado hablar de usted, quiere conocerla, la espera en dos horas para cenar en la terraza principal, es en la parte de abajo, al bajar se dirige a la izquierda, ahí podrá encontrarlo, el jefe preferiría que usted al vestir usará colores claros, sí no ha traído algo adecuado, podremos proporcionarlo.

El encanto inicial provocado por aquel hombre desapareció mágicamente en ese momento, ¿Acaso su jefe creía que ella iba a obedecerlo? ¿Colores claros? Ya vería el color que usaría para conocerlo.

—Perfecto, en dos horas bajaré a la terraza, gracias —contestó tratando de ocultar su desagrado.

El hombre le dirigió otra sonrisa sexy, antes de darse la vuelta y desaparecer por la puerta, Maya pensó que era muy guapo y sexy como para trabajar para alguien como Arched.

—Así que colores claros, uhmmm.

Entró al baño, deseaba darse un baño rápido, dentro había una canasta de bienvenida, con productos para la piel, jabones y perfumes caros, el enorme jacuzzi la invitaba a relajarse un rato, pero tendría que ser más tarde.

—Vaya, esta gente sí que sabe como tratar a sus invitados.

Se bañó rápidamente, tanto el jabón como las cremas, tenían un exquisito aroma a durazno.

Al vestirse eligió un vestido en color oscuro, sencillo y largo, unas sandalias de tacón bajo, y su largo cabello color castaño lo dejó suelto, peinado en suaves ondas.

Se colocó un poco del perfume del que usaba habitualmente, minutos después salió de la habitación para dirigirse hacia la terraza, empuñó las manos para darse fuerzas, pronto estaría frente a frente con ese hombre.

Cuando llegó a la terraza, vio que el lugar estaba bellamente decorado, había arreglos florales sobre la elegante mesa y a los lados, más que una cena de trabajo parecía una cita romántica, se sintió molesta, no sabía qué era lo que había planeado ese descarado.

Al voltear hacia un lado, pudo ver que había un hombre parado, vestía casualmente, su ropa era en color negro, estaba de espaldas, parecía estar perdido en sus pensamientos.

Una fragancia de notas amaderadas y ámbar, se sentía en el ambiente, tal vez era la fragancia que usaba aquel hombre.

Era muy alto, la camisa que llevaba marcaba su ancha espalda, se quedó parada sin saber que hacer, no se animaba a hablarle, se dio la vuelta lentamente para regresar a su habitación, cuando iba a retirarse, escuchó una voz ronca y fuerte.

—¿A dónde va, señorita Jones? La he estado esperando —su voz era fuerte y a la vez magnética, como el sonido de las olas cuando se deslizan por la arena.

Al escucharlo, Maya sintió el impulso de salir corriendo, se detuvo mientras trataba de controlar su respiración, acostumbraba a hiperventilar cuando se sentía nerviosa.

Se dio la vuelta lentamente, al alzar la mirada, ahí estaba Marcus Arched frente a ella, el momento que tanto había temido, había llegado.

Capítulo 3

Marcus sonrió ampliamente, Maya desvió la mirada, a ese hombre no se le podía observar de frente, corría el riesgo de quedar hechizada por su encanto a pesar de que lo odiaba.

—Es un verdadero placer conocerla señorita Jones —dijo mientras extendía su mano hacia ella, Maya no deseaba tocar a ese hombre, pero si quería hacer que pagara, tendría que fingir que le agradaba. 

—El placer es mío, señor Arched —contestó extendiendo su mano, Marcus la tomó y la sostuvo un poco más de lo necesario.

Maya mintió, lo que deseaba era decirle que ella no podía decir lo mismo, sentía un fuerte impulso por gritarle a la cara unas cuantas verdades, pero sabía que no era posible, así que se vio obligada a sonreír, lo primero que tenía que hacer era investigar si él sabía que era hija de Rita.

—Llamame tan solo Marcus, dejemos a un lado las formalidades, después de todo pondré en sus manos toda la información sobre mi vida —dijo para después soltar la mano de Maya que aún sostenía.

—Entonces, es un gusto conocerte, Marcus.

Marcus acomodó una silla para que Maya se sentara, después hizo lo mismo quedando justo frente a ella, la mesa era redonda, pequeña, así que la distancia entre ellos era muy corta.

—Y dime, Marcus, ¿Por qué pediste específicamente que sea yo quién escriba sobre ti? ¿Te has dado cuenta de que pondrás en manos de una completa desconocida los detalles sobre tu vida?

—Bueno, le pedí a mi representante que buscara a la mejor escritora para escribir sobre mi vida, y en algún lugar te han recomendado, me ha dado referencias sobre ti, y otro poco que he investigado, así que creo que a pesar de ser tan joven, eres la más capacitada para hacerlo —dijo para después tomar la copa que estaba a su lado y beber un poco del vino que había en ella.

Maya alzó una ceja y se le quedó viendo fijamente, tenía la sensación de que ese hombre no estaba siendo del todo sincero, o era que tal vez estaba siendo paranoica, por lo sucedido con su madre.

Marcus sonrió al ver la seriedad con la que la chica se le quedaba mirando, tuvo la sensación de que lo estaba analizando.

—¿Ha terminado? —preguntó mostrando una perfecta sonrisa, casi magnética, Maya se sonrojó al instante,¿Qué demonios le estaba pasando?

—Perdón, me quedé pensando en sus razones para contratarme.

—Creo que escribir mi vida en un libro ayudará a muchos que dicen admirarme a superarse, otros creen que he nacido en cuna de oro, y que para mí todo ha sido muy fácil.

—¿Y usted va por ahí haciendo caso de lo que dicen? Créame, jamás le dará gusto a todos, ni podrá evitar que hablen.

—Eso lo sé perfectamente, pero quiero que se queden con un palmo de narices después de conocer mi verdadera historia.

—Dígame, Marcus, piensa plasmar en este libro toda la verdad sobre su vida, o ocultara el pasado oscuro que pueda tener como muchos hacen —Maya cambió su voz al hacer la pregunta.

—No pienso ocultar nada, después de todo esa oscuridad también me ha formado.

—Sí, como la ruina de mis padres  —susurró Maya entre dientes.

—¿Perdón? No la he escuchado.

—No haga caso, suelo susurrar mis propias notas mentales.

—Ja, ja, ja, eso es extraño.

Ahora que lo tenía frente a ella, Maya se daba cuenta de que todo el encanto que atribuían al hombre era real, lo estaba escaneando por completo sútilmente, intentando encontrar en él algún defecto físico, hasta ahora no había encontrado ninguno, parecía ser perfecto.

De pronto la imagen de ese hombre, desnudo junto a su madre empezó a atormentarla, Maya sintió náuseas de repente, Marcus pensó que se debía al aroma del exquisito filete que acababan de poner frente ellos.

—Si no es de su agrado pediré que lo retiren inmediatamente.

—No, creo que debo de retirarme, tal vez es debido al cambio de horario y al vuelo que no me siento bien por completo, una disculpa.

Después de disculparse, Maya se levantó para retirarse, justo cuando se dio la vuelta, sintió que la tomaron por el cabello fuertemente.

—Así que es por está golfa que me has terminado —una hermosa, pero furiosa chica, había enredado el largo cabello de Maya en su mano y tiraba de él fuertemente.

—Jeanne, sueltala inmediatamente —ordenó Marcus, mientras se levantaba para acercarse rápidamente.

—¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? Sabes que te amo profundamente.

Marcus tomó a la chica por el brazo, mientras con su otra mano intentaba que soltara el cabello de Maya, la chica tiraba cada vez más fuerte.

—Maya, le pido una disculpa, buscaré la manera de recompensarle —dijo apenado, mientras lograba que la chica soltará el cabello.

—No se preocupe, me retiro, espero que pueda solucionar las cosas con su novia.

Maya se alejó casi corriendo, la chica que había llegado, aunque estaba loca, era muy bella, no supo porque eso la hizo sentir molesta.

Frotó su cabeza, era claro que amanecería con un fuerte dolor de cabeza, imaginó que Marcus al estar con muchas mujeres, una tras otra, ya estaba acostumbrado a aquellas escenas.

—Ufff, creo que veré esto muchas veces mientras esté al lado de este hombre.

Dijo mientras se dejaba caer en la cama de su habitación, se quedó mirando el techo por un rato, de pronto las lágrimas empezaron a mojar su rostro, al recordar la imagen de su padre, su madre gritaba mientras ella lo abrazaba y besaba tratando de despertarlo.

—Marcus Arched, hiciste de nuestras vidas un completo infierno, y te juro que pagarás caro todo lo que nos has hecho.

Dijo con profunda amargura, enseguida abrazó la almohada para apretarla fuertemente, se sentía sola, tan sola como había estado desde hacía años, su única compañía era Tacy, cuando viajaba la dejaba al cuidado de su vecina, una noble anciana que tampoco tenía compañía.

Sentía que el corazón se saldría de su pecho, le gustaría golpear a Marcus fuertemente hasta agotarse, pero sabía que ni así podría sentirse mejor, quería verlo destruido completamente.

Mientras tanto Marcus, sostenía las manos de su ex pareja, la chica le había arañado el rostro varias veces.

—¡Basta! ¿Qué diría tu padre si viera tu comportamiento?

—No te atrevas a mencionar a mi padre, te ofreció la mitad de su inmensa fortuna si te casas conmigo, te has atrevido a despreciarlo, nadie nos había humillado tanto.

—No entiendes que el amor no puede comprarse, Jeanne, espero que encuentres a un hombre que te ame sinceramente, yo lo intenté, pero no pude lograrlo.

—¿Tan fea estoy? ¿O es que acaso te parezco despreciable?

—No es eso, debes entender que no te amo, aún eres muy joven, si te detengo a mi lado, terminarás odiandome.

—Ya lo hago —dijo con profundo pesar, mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas.

Jeanne, yo… —alzó la mano para limpiar sus lágrimas, pero la chica se lo impidió, dandole una fuerte bofetada.

—No vuelvas a tocarme, debí saber que aunque tengas éxito, tu y yo somos muy diferentes, eres un bastardo, y yo la heredera de una de las fortunas más grandes, no vuelvas a buscarme.

Jeanne se alejó corriendo, amaba a Marcus y había hecho de todo para atraparlo, sí pensaba que se desharía de ella tan fácilmente, estaba muy equivocado.

Marcus regresó a la silla donde estaba sentado antes de que Jeanne llegará, colocó su mano sobre el lugar dónde había dado la bofetada.

—Ja, ja, ja, hermano, ahora sí que te han dado un buen golpe

—¿Acaso estabas espiando?

—Estaba pasando, y la verdad es que no podía perderme el espectáculo, ¿Y la escritora? Pensé que cenarían juntos?

—Ufff, te has perdido el verdadero espectáculo, Jeanne la ha tomado por el pelo, ha armado un lío tremendo.

—Ja, ja, ja, con gusto voy a consolarla, mira que esa escritora tiene todo lo que he soñado para casarme.

—¿Estás de broma? No puedes hablar en serio —dijo Marcus algo molesto.

—Ja, ja, ja, tu rostro es todo un poema, no has querido decirme, amigo mío, pero descubriré la verdadera razón por la que has insistido en que sea ella quién escriba sobre tu vida, es verdad que es exitosa, pero apenas empieza.

—Ese es mi problema.

—¡Huy! Qué sensible andas amigo, mejor me voy —Dan alzó las manos antes de darse la vuelta, su amigo estaba de malas, y cuando estaba así, era mejor huir lo más lejos posible.

Esa noche, Maya se despertó incontables veces, en medio de pesadillas horribles, en ellas, su padre le exigía vengar la ruina de su familia.

Ya estaba por amanecer cuando decidió no dormir más, sobre un mueble había una cafetera, se preparó un café y se sentó sobre un sillón en la terraza para ver el amanecer.

Tenía que buscar el punto débil de Marcus, algo debía de ver en su vida que le sirviera para atacarlo, y por supuesto que escribiría en el libro lo sucedido con su familia, cambiaría los nombres, no quería verse inmiscuida en otro escándalo.

Ya había tenido suficiente de eso durante años, poco después llenó la tina para darse un relajante baño.

Una hora después, Dan llamó a su puerta, ella abrió de inmediato.

—Señorita, Jones, el jefe la espera en la terraza principal para desayunar, lleve lo necesario para comenzar con su trabajo.

—Perfecto, ahora bajo.

Dan le dedicó la mejor de sus sonrisas, ella correspondió de la misma manera, era muy atractivo el italiano.

La chica había intentado llevar una relación varias veces, pero cuando intentaba tener intimidad, terminaba arruinandolo, la imagen de su madre junto al cuerpo desnudo de Arched aparecía cada vez que un hombre la acariciaba.

Así que terminaba corriendolos de su departamento, comportándose como una desquiciada, durante años acudía a terapia.

Bajó poco después, Marcus ya estaba en la terraza, vestía de nuevo con ropa en color negro, Maya recordó que en todas las fotografías que había visto, él vestía de igual manera.

—Buen día, señor Arched.

—¿Señor? Volvemos a las formalidades.

—Perdón, buen día, Marcus.

—Buen día, Maya.

Desayunaron rápidamente, Marcus tenía que salir para la oficina de la filial que tenía en esa ciudad, y quería que Maya lo acompañará para que tomara nota de cómo era su ambiente de trabajo.

—Perfecto, Marcus, estoy lista para empezar mi trabajo.

Armada con una laptop, una tableta y su celular en mano, siguió a Marcus hasta su camioneta, el chofer ya los estaba esperando, él subió junto a ella en la parte trasera.

Durante el camino, ella trató de concentrarse en el paisaje, la llamativa y sexy fragancia de Marcus la ponía nerviosa, jamás le había pasado.

Se preguntaba sí él sabía que lo había visto desnudo al lado de su madre, su cuerpo había cambiado mucho, ahora se veía más imponente, y grande, era claro que pasaba muchas horas en el gimnasio.

—Cuéntame de tu familia, Maya, si va a escribir sobre mí, creo que es justo que sepa un poco sobre ti, ¿No crees?

¿Era en serio? Era tan descarado de preguntarle aquello, ¿Acaso esperaba que le dijera que recordaba perfectamente lo sucedido hacía diez años? ¿La estaba probando?

—No hay mucho que decir, Marcus, mi familia es pequeña.

Contestó de manera cortante, Marcus guardó silencio, se dio cuenta de que había tocado una fibra sensible, decidió ya no incomodarla.

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