Capítulo 2

Pronto, Edwar queda totalmente desnudo. Los ojos de Selena se abren como un par de platos, se cubre el rostro con los dedos semi abiertos. Es la primera vez que ve a un hombre totalmente en cueros frente a ella y que su cuerpo reacciona ante esa imagen de forma inesperada.

Selena siente como su vagina comienza a contraerse y dentro de ella un líquido recorre su intimidad. Se siente avergonzada y quiere irse de aquel lugar cuando de pronto, el hermoso hombre se retuerce del dolor y cubre con su manos la herida que lleva en la nuca. Ella se aproxima a él.

—¡Oye! ¿Qué tienes? por Dios, no te vayas a morir —Edwar tiembla de escalofríos y al rozarlo, ella puede sentir su calor.

—Estás hirviendo en fiebre. Iré a buscar ayuda —le dice y él la sujeta del brazo.

—¡No! No lo hagas —le pide.— Correrás peligro si sales.

—No puedo dejar que te mueras, vivo cerca ¿o eso creo? —a pesar de las palabras de Edwar, la inquieta y rebelde chica se levanta para salir, el estruendo de un relámpago la paraliza y de la nada comienza a llover a cántaros.

—¡Mierda! —Se echa hacia atrás.

—Te dije, no puedes salir. Corres peligro, niña.

—¡No soy una niña! En unos días cumpliré mi mayoría de edad. —él sonrió— ¿Por qué intentaron atacarme, quienes son?

—Son de la manada de oriente, no sé como supieron que andabas por aquí, pero te estaban esperando.

—¿Yo que tengo que ver con todo esto? Creo que te has vuelto loco.

—Quisiera estarlo, y que no sea lo que supongo.

—¿Y qué supones? —pregunta Selena un tanto confundida, arrastrando sus palabras.

—Qué vienen por ti. —ella se sorprende con aquellas palabras— Es posible que te hayan estado buscando.

—No, eso es una broma, estás queriendo ponerme nerviosa. —Edwar se pone de pie y la ayuda a levantarse, la toma de ambos brazos y la mira.

—No estás sola. Yo estoy aquí para protegerte. —Ella lo mira fijamente, se refleja en sus ojos. No tiene muchas opciones, excepto confiar en él, asiente y le dice:

—¡No me has dicho tu nombre! —espetó ella.

—Todos tenemos un secreto, y este es el mío.

Él la mira a los ojos con una extraña ternura, se acerca lentamente, ella cierra sus ojos, siente su respiración agitada y desea probar sus labios.

—No sé si está bien que lo haga, pero llevo rato queriendo hacer esto —la besa y ella corresponde a aquel beso.

Sus labios danzan en un mismo compás, ella puede sentir su manos deslizarse por su espalda y su cintura; las de ella recorren ligeramente sus musculosos y firmes brazos, quería abrazarlo, pero podía lastimarlo, como si él hubiese leído sus pensamientos, la rodeó con sus abrazos y atrajo su cuerpo presionándolo contra el suyo; aquella sensación de sentirse en brazos de aquel hombre era maravillosa. Él era capaz de protegerla y de cuidarla.

De pronto, Edwar se alejó de ella, la miró a los ojos, como si deseara decirle con ellos lo que siente:

—Disculpa, no está bien que te haya besado. Pero no pude resistirme. —Selena está confundida con su rechazo, por momentos pensó que él sentía lo mismo que ella, esa necesidad repentina de estar junto a él, entre sus brazos cálidos.

—Tienes razón, no estuvo bien —responde ella, un tanto desconcertada por su actitud.— Es mejor que descanses. Tu herida no se ve muy bien.

—Sí, me arde un poco y me duele. —Ella observó la herida y con sus finos dedos bordeó la zona enrojecida e hinchada de su espalda.

—Sigue algo rojo el borde y se siente caliente —dijo ella.

—Sentir tus manos me alivia un poco. —la chica sonrió tímidamente.

—Acuéstate y descansa un poco.

Edwar asintió. Todo aquello que le estaba pasando era algo inesperado para él. Aún sentía que Beatrice era la mujer que amaba, a pesar de que ella estaba comprometida para casarse. Sin embargo, aquella aún adolescente era hermosa y muy tierna, eso lo pudo notar cuando estuvo cerca de ella segundos atrás, aún así no quería dejarse llevar por el deseo. Lo mejor era mantenerse alejado y no sucumbir en la tentación. Mucho menos si sus pensamientos y suposiciones terminaban siendo reales.

Era posible que Selena fuese la mate de algún lycántropo de la región oriental. Que todo hubiese sido parte de su destino, que todo formase parte de un plan predestinado para ella. ¿Por qué entonces, él la defendió? Se pregunta a sí mismo. ¿Qué tenía él que ver con aquella chica? ¿Por qué sentía que debía cuidar de ella y protegerla? Nada parece tener sentido para él en ese instante.

Quizás más adelante descubriría su verdad.

Selena tampoco lograba entender con claridad sus enigmáticas palabras, como tampoco lograba entender lo que ocurrió minutos atrás. La manera en que él logró defenderla y ahora su deseo de protegerla.

De pronto, escucharon un ruido a pocos metros de allí, la agudeza auditiva de Edwar en su condición lycantrópica le permitía escuchar perfectamente ese tipo de sonidos que ningún humano lograría oír con facilidad.

—¿Escuchaste eso? —preguntó ella y él se sorprendió de que Selena poseyera esa misma habilidad.

—¡Lo escuché! —contestó con asombro—, pero… ¿tú lo oíste? —ella asintió. Él se incorporó rápidamente— Debemos salir de aquí. Estoy seguro de que vienen hacia acá.

—¿Quiénes? —refirió ella confundida.

—Ellos, vamos cúbrete. Hay que salir de aquí.

—¡Pero, tú estás desnudo!

—¿Piensas que eso les importa? —la chica lo miró aterrada.

—Creo que tengo algo en mi mochila —Ella la abre, registra y saca un suéter que guardaba como recuerdo de su padre.— ¡Úsalo! —Edwar se cubre la parte superior de su cuerpo.

—Jamás se detendrán por nada. Están dispuesto a todo para llevarte con el alpha de su manada.

—¿Qué? —preguntó y su rostro se tornó pálido como una hoja de papel.— ¿Qué es lo que está pasando?

—Te lo explico en el camino, por ahora, salgamos de aquí.

—Tendremos que tomar la zona más peligrosa para poder huir. Necesito que confíes en mí,. —dijo él, sujetándola de ambos brazos y mirándola.— ¿Estás de acuerdo? —ella asintió varias veces.

Selena estaba realmente aterrada con lo que estaba pasando, sólo podía confiar en él. Aquel lycan, era su única esperanza para ese momento. El lugar era algo montañoso, la neblina se desdibujaba a lo lejos, el aire era fresco y puro, pero a esa altura también bastante frío. Él camina delante sujetando su mano, quien intentaba no entrar en un ataque de pánico.

En la parte baja de las altas montañas se podía ver un río caudaloso fluyendo con fuerza y energía, creando rápidos y cascadas a medida que avanzaba. El río serpenteaba a través del valle, rodeado de rocas y acantilados escarpados. Sus aguas cristalinas reflejaban el cielo azul y la vegetación alrededor de este era boscosa. A lo largo de sus orillas, se pueden encontrar pequeñas playas de guijarros y bancos de arena donde podían detenerse para descansar y planificar su huida.

—Debemos bajar hasta el río y cruzar antes de que logren encontrarnos.

—No creo que pueda cruzar ese río —dijo temblando de miedo.

—Debemos hacerlo. Creo que no has entendido de que se trata todo esto, por ahora no tenemos tiempo para detenernos y explicarte lo que ocurre. Esto no se trata de mí, ellos te buscan a ti. Y yo sólo estoy aquí para protegerte. Quieras o no, tendrás que cruzar el río.

Selena se sujetó con fuerza del brazo de Edwar, la humedad provocaba que algunas partes de la montaña estuviese mojada y resbaladiza. En algunos momentos, ella temió resbalar y caer al precipicio.

—Tengo miedo. Tengo mucho miedo.

—Estamos juntos, Selena. Yo no dejaré que te hagan daño. Sólo sujétate de mí y no mires hacia abajo.

Finalmente logran llegar hasta el río. La proximidad de los lycántropos era cada vez mayor.

—Es hora, Selena. Están muy cerca. ¿Estás lista? —ella tragó en seco y asintió.

Conscientes de la presencia de lobos en las montañas, se apresuran a cruzar el río. El sonido ensordecedor del agua chocando contra las rocas llena el aire mientras ellos se aferran a las piedras y tratan de mantener el equilibrio. El agua fría y espumosa les llega hasta las rodillas mientras luchan contra la corriente, sintiendo la adrenalina correr por sus venas.

A medida que avanzan, pueden escuchar los aullidos distantes de los lobos, lo que aumenta su sentido de urgencia y determinación. La pareja se apoya mutuamente, se miran a los ojos con determinación y continúan cruzando el río, sabiendo que la seguridad y la libertad los esperan al otro lado.

En medio del río, Selena pierde el equilibrio soltando el brazo de Edwar, y siendo arrastrada un par de metros por la fuerte corriente.

—¡Ayúdame! —grita ella desesperada. Edwar también siente la adrenalina recorrerle por completo, ver a la chica en peligro de ser arrastrada hacia los acantilados, le paraliza momentáneamente. Mas, no puede demostrarle a ella, miedo o ella podría entrar en una crisis nerviosa, lo cual provocaría un nefasto final.

—Sujétate de esa roca. Ya voy por ti.

Edwar se lanza al río, la presión del agua lo arrastra hacia las rocas, con mayor velocidad, como puede lucha contra corriente, llegando hasta la roca donde se encuentra la chica. La toma de la cintura con uno de sus brazos, mientras con el otro, se sostiene de la rama seca de un árbol.

—Agárrate de mi cuello, Selena —ella enlaza sus brazos hacia él y con sus piernas rodeado su cintura. Edwar debe soportar el dolor en su cuello tras el roce de sus brazos.

Con precisión e intentando alejarse del caudal, Edwar logra apartarse de la corriente con Selena a cuestas. Sus pasos son largos y firmes. Dando algunas zancadas, finalmente logra atravesar el río y llegar a la orilla opuesta, empapados y agotados, se sienten aliviados y llenos de esperanza. Saben que han superado un obstáculo y han tomado un paso importante hacia su libertad.

Luego de unos segundos, mientras él intenta recobrar las fuerzas, Selena lo observa con ternura, aquello que sentía era especial, definitivamente lo era. Pudo ver como la herida comenzaba a sangrar al ver la mancha roja en el suéter.

—Creo que te lastimé, tu herida está sangrando. —Selena, acarició su espalda provocando que su piel se erizara por completo. Él sujetó su mano, deseaba a aquella chica; mas, no podía correr el riesgo de que los lycan los atraparan.

—Ya habrá tiempo para que me cures. Debemos seguir —dijo arrastrando las palabras, con la respiración entre cortada.

Emprenden la marcha nuevamente, él mira hacia atrás y ve en la cima de la montaña al lobo lanzando un aullido a la luna llena. Con el río rugiendo detrás de ellos y las montañas majestuosas extendiéndose frente a ellos, continúan su huida, decididos a dejar atrás a sus enemigos y lograr encontrar un refugio seguro en las montañas…

Capítulo 3

La noche se volvía cada vez más oscura y fría. La lluvia era dispersa, aún así Edwar caminaba delante de Selena, asegurándose de protegerla de los peligros que pudieran aparecer en medio del bosque, conocía aquel lugar a la perfección, había crecido en él. En tanto, los pasos de Selena eran cada vez más pesados y lentos, estaba agotada, el cuerpo le dolía.

—¡Vamos! No puedes detenerte. Sé donde podremos ocultarnos. Pero debemos atravesar las montaña. —dijo él.

—¡No puedo! Estoy exhausta. Las piernas no me dan. —contestó ella. Él se detuvo parra esperarla. De pronto, la tomó por la cintura, la echó sobre su hombro y comenzó a andar, aquello complicaba su situación de escape, ya que debia por lo mucho más lento de lo debido.

En tanto, a través del bosque denso y ominoso, los aullidos aterradores de sus enemigos se escuchan más de cerca. Edwar y Selena se aferraban con fuerza, él sostenía su mano y corría delante de ella. A ratos la dejaba ir adelante y guardaba sus espaldas, luego la alcanzaba y continuaba corriendo a su lado. Su respiración era agitada y sus corazones latían desbocados por la adrenalina y el miedo. Sabían que debían encontrar un refugio seguro antes de que los licanes los alcanzaran.

—¡Bájame! —dijo con voz firme.

—¿Estás segura? —preguntó él.

—¡Sí! Así nos atraparan a los dos y si es como tú dices, que vienen es por mí, no puedo dejar que te atrapen por mi culpa.

—Dije que voy a cuidarte y eso haré —respondió parcamente. La colocó en el suelo, ella tomó aire, él sujetó su mano y echaron a correr.

Corrieron sin descanso, esquivando ramas y troncos caídos, escalando colinas empinadas en su desesperada huida. El aullido de los licanes resonaba en el bosque, acercándose cada vez más, haciendo que los pelos en la nuca de la pareja se erizaran y su determinación se fortaleciera.

Finalmente, divisaron a lo lejos una cabaña abandonada, una construcción antigua y deteriorada en lo alto de una colina rocosa, iluminada débilmente por la luz de la luna. Sin dudarlo, redoblaron sus esfuerzos y corrieron hacia la cabaña, con los licanes pisándoles los talones y la esperanza de que allí estarían a salvo.

Al llegar a la cabaña, entraron precipitadamente y cerraron la puerta con fuerza, sintiendo un alivio momentáneo al estar a salvo, al menos por el momento. El interior de la cabaña estaba polvoriento y abandonado, pero ofrecía un refugio temporal de la amenaza que los acechaba afuera.

—Estaremos a salvo por lo menos por un buen rato. —dijo él, mientras intentaba recobrar el aliento.

Selena sintió que su desvanecía, la frialdad de la noche y su ropa mojada, la hacían temblar involuntariamente. Al verla temblando de frío, él se quitó el suéter, lo exprimió lo más que pudo y se lo entregó de regreso. Ella miró la perfecta anatomía de aquel hombre y su virilidad.

—Cúbrete, por ahora no tengo nada más para darte. —dijo y se lo entregó, ella tomó el suéter.— Creo que lo mejor es que te quites ese vestido mojado.

—¿Qué quieres verme desnuda? —espetó ella.

—De regreso la niña malcriada —contestó en tono burlesco.

Ella se levantó, se desvistió delante de él, quién no pudo resistirse y mirar su cuerpo.

—Sí quieres puedes voltearte —dijo y él se giró de espaldas a ella, entonces ella contempló su trasero y mordió su labio inferior mientras pensaba “que bueno está”.— Ya puedes voltearte.

Edwar sonrió y sin verla se sentó en el piso, evitando recostar su espalda de la pared y lastimarse, la herida le ardía aunque rápidamente se iba cicatrizando. Agotado se dejó caer, adoptando una posición fetal y sin darse cuenta se quedó dormido. Selena se refugió en una esquina de la cabaña, no había muebles, apenas tablas regadas por todo el piso.

Mientras él descansaba, ella buscaba entender lo que acababa de ocurrir con los tres lobeznos, para ella todo fue producto de un encuentro casual, aunque él insistía en que la estaban buscando. ¿Pero por qué a ella? Revivió entonces en su mente aquellas imágenes de aquel momento de terror, de ver como el lycan expuso su vida para defenderla de aquellos seres perversos y salvajes. De no ser por él, no sé imagina lo que podían haberle hecho.

Verlo dormido, le provoca mucha ternura, una brisa helada se sintió dentro de la cabaña, había escapando, quizás podía huir mientras él dormía, pero algo se lo impedía nuevamente. ¿Qué tenía ese extraño que lograba atraerla de aquella forma, al punto de doblegar su propia voluntad? Su piel se erizó por completo, se cubrió con sus propios brazos, temblando de frío. De pronto, lo escuchó quejarse por segunda vez, él también estaba temblando. Se acercó a él a gatas, colocó su mano sobre su brazo y sintió que su piel ardía mucho más. Debía tener mucha fiebre, sus temblores eran producto de ello.

—¡Agua! Por favor. —Selena sacó las manos por una pequeña ventana, recogiendo con ambas manos el poco de agua que caía desde el tejado y le dio de beber de sus manos.

—Tienes mucha fiebre —dijo ella, tocando su cuello.

—Tengo frío —dijo temblando aún más.

Selena sabía que aquella fiebre podía causarle escalofríos e inclusive convulsiones, debía buscar la manera de evitarlo. Se colocó detrás de él, se recostó y lo cubrió con sus brazos. Al sentir la tibieza de su cuerpo poco a poco dejó de temblar. Ella en tanto, sentía que ardía desde dentro, la proximidad con aquel extraño era algo perturbador para ella.

—Gracias. —dijo él volteando su cabeza hacia ella.

—Vas a estar bien. —Le contestó.— Duerme.

Durante la noche, él despertó agitado varias veces, la fiebre había cedido un poco con el calor de Selena, aún así todo el cuerpo le dolía en extremo. Como pudo se sentó y observó a la pelirroja, ella se había quedado dormida junto a él, la observó y contempló su silueta, sus senos redondeados, apenas cubiertos por el escote del vestido rasgado; su piel era tersa y blanca, deseaba tocarla, sentir y comprobar su suavidad, pero a la vez sentía una gran ternura y admiración por aquella chica. Ella había cuidado de él como no lo hizo antes ninguna otra mujer.

—¡Eres hermosa, Selena! —dijo y apartó el mechón de cabello que caía en su rostro. Pronto sintió su suaves mejillas y deslizó sus dedos por el contornos de sus labios. Ella se movió un poco y él quitó su mano rápidamente con miedo de despertarla.

Al ver que no despertó, se recostó nuevamente pero de frente a ella, quedando tan próximo que podía sentir la respiración de ella; Edwar la cubrió con sus brazos, la noche estaba fría y su rostro quedó frente al de la chica. Sus labios se sintieron como un imán atraídos y sin querer evitarlo, la besó. Ella despertó al sentir su lengua entrando a su boca, y se dejó llevar por completo. También deseaba sentir sus labios, sus manos y caricias, su cuerpo ardiendo en llamas.

Pronto las manos se desataron, las de él acariciaron la espalda semi desnuda, la de ellas sus brazos y cuello, su cabeza, entrelazando sus dedos en el cabellera del apuesto lycan. Los labios de él iniciaron el recorrido por su cuello, mientras Selena se estremecía al sentirlo, sus cuerpos parecían reconocerse tras cada roce y contacto de sus pieles.

Selena se giró de frente, quedando boca arriba, él se subió sobre ella, la chica abrió sus piernas ligeramente dejando que él encajara su pelvis entre ellas. Sus labios continuaron descendiendo hasta llegar hasta sus senos turgentes y ávidos de ser saboreados, Edwar liberó el primero de ellos con una de sus manos y se dedicó a saborearlo, la hermosa chica, se movía cadenciosamente al sentir como la lengua húmeda de aquel hombre jugueteaba con su pezón haciéndolo endurecerse. Luego continuó con su otro seno, liberándolo y propagando en ella el deseo y la lujuria cada vez que mordía suavemente sus pechos.

Aunque la rojiza quería detenerse, no podía, quería decirle que no continuara. Mas su inconsciente la empujaba a hacerlo. Una lucha mental entre razón y deseo se enfrentaban dentro de su cabeza, pero un tercer implicado parecía no importarle nada de lo que estaba ocurriendo: su cuerpo, no quería dejar de sentir aquellas caricias, ni detenerse ante lo que estaba por ocurrir entre ellos.

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