Capítulo 2

Daemon POV

—¿Por qué no vino en persona?

Mi voz resuena en mi gran oficina, mientras estoy hablando con el hombre que es la mano derecha de otro clan mafioso, el Sr. Russo, es enano y calvo, y tiene la típica descripción de un ladrón. Bueno, no es realmente un enano, pero me encanta llamarlo así.

—El Sr. Alessandro está ocupado, y como su mano derecha, estoy aquí para discutir la venta. —Él me dice.

Me siento derecho, —¿Qué sabes del paquete? —le pregunto, poniendo mis manos en mi barbilla, mirándolo con una mirada aburrida.

—Sé que el paquete es muy importante para ti, sé que tu padre te lo dejó y no has descubierto cómo abrirlo… Sé que puedes sacrificar tu vida por él, y sé que intentas engañar al Sr. Alessandro, porque no puedes dejar que nadie ponga sus manos en ese paquete —me responde.

Lo miro, con una mirada satisfecha en mi cara mientras asiento.

—¿Y me vas a ayudar a engañar al Sr. Alessandro? —le pregunto.

—Sí, lo haré… Pero por algo a cambio.

¿Este enano cree que puede llegar a un acuerdo conmigo?

—¿Qué quieres a cambio? —le pregunto.

Sonríe con una sonrisa maliciosa.

—Vamos a compartir lo que haya en ese paquete cincuenta, cincuenta, más 4 millones de dólares en drogas.

Me burlo internamente.

El paquete es muy importante para mí, si hubiera una palabra mejor que importante, entonces tomaría esa… ¡El paquete es más importante que mi vida!

Mi padre me dejó este paquete antes de morir, dijo que cualquier mafia compraría ese paquete, por cualquier cantidad de dinero, billones, trillones… Yo no sé lo que hay dentro, ni tampoco ninguna otra mafia, y eso es lo que hace que el paquete sea querido por todos.

En realidad, mi plan era engañar al Sr. Alessandro, recoger su dinero y tramar una historia sobre la policía, incautando el paquete de la entrega, sabiendo muy bien que todos los mafiosos de Vino da Vinci, odian involucrarse con la policía.

—¿Tenemos un trato, Daemon? —La voz de Russo resuena en mis pensamientos.

Lo miro con una media sonrisa.

—Sí, Sr. Russo, tenemos un trato.

Él me sonríe felizmente.

—Estoy deseando trabajar contigo Daemon, ¿a quién tienes en mente para entregar el paquete? Ambos sabemos que no puedes dejar tu mansión por una estúpida entrega —comenta.

—Tengo a alguien en mente —le digo.

Él se mofa:

—¿Quién demonios estaría dispuesto a ir a la cárcel por ti? —pregunta Russo.

—Eso no es asunto suyo, Sr. Russo. —Me levanto y extiendo mis manos para un apretón de manos—. Brindo por un corto tiempo de asociación… Espero ver más de usted en el futuro. —Sonrío… ¿Adivina qué? Nunca sonrío.

Él se levanta y acepta el apretón de manos.

Después de eso, el enano sale de mi oficina.

Este cabrón tiene que ser muy estúpido para pensar que yo haría un trato con él. Soy Daemon Banister, y no hago tratos.

Levanto mi teléfono y le envío un mensaje a Gray.

Es la única que quiero ver ahora mismo, es la única en la que confío para satisfacerme, en la cama y en la cocina.

Gray es un ángel enviado por Dios para mí, me pregunto cómo terminé con una mujer tan hermosa y sexy.

La conocí el día después de que maté a su padre, sí, maté a su padre porque era un asno y era mi enemigo. Me pregunto cómo un hombre puede tratar a su familia como basura.

Eso es algo por lo que respetaba a mi padre, nunca descuidó a su familia, no importaba qué, todavía tenía tiempo para nosotros en cualquier cosa que lo necesitáramos.

Pero Simón Chandler trataba a su familia como a extraños y yo lo odié desde el principio, trabajó para mí cuando estaba vivo, me dedicó su tiempo y su vida entera y luego, así de fácil, me traicionó, estaba tratando de vender unas tierras mías sin que yo lo supiera.

Así que lo maté, le disparé entre los ojos.

Su hija vino a recoger su cadáver y así fue como la conocí… La mujer más caliente y sexy que he conocido en toda mi vida.

La mujer más sumisa y obediente que ha pastoreado la tierra. Ella es una persona que me hizo olvidar a mi madre.

Gray también es la mejor cocinera… Le gusta cocinar para mí y a mí me gusta degustar sus platos.

No me malinterpreten, no me gusta Gray ni nada, solo disfruto mucho de su compañía, sé que no debo dejar que nadie me guste, ¡no puedo tener ninguna debilidad!

En este juego de la mafia, nunca debes tener a nadie cerca de tu corazón, si lo haces, entonces otros mafiosos o clanes tendrán algo para tenerte entre sus manos.

Y odio sentirme débil o inútil, por eso hice creer a todos que descuidaba a mi familia y desde ese día no tengo contacto con ellos.

Llamo a mi madre en secreto por la noche con un móvil privado que nadie conoce, ni siquiera Gray.

Me dirijo a mi habitación y espero a Gray.

Mientras la espero, saco el teléfono privado, olvidé llamar a mamá anoche, probablemente estará muy preocupada.

—¡¡Daemon!! —Me quito el teléfono de los oídos inmediatamente, la voz fuerte de mi madre casi me deja sordo.

—Ma —digo.

—¡Daemon! ¡He estado tan preocupada por ti! Con todos esos otros hombres armados buscando ese paquete, pensé…

—Deja de pensar en cosas malas Ma, estoy bien, estuve ocupado anoche.

—¡Eso no es excusa! ¿Sabes que he rezado por ti?

Pongo los ojos en blanco.

—Ma, solo quería llamarte para hacerte saber que estoy bien… que estoy ocupado y que voy a colgar ahora.

—Bien, llámame más tarde, ¿vale? —dice.

—Sí Ma.

Dejo caer la llamada y escondo el teléfono en su lugar habitual.

Inmediatamente después la puerta de mi habitación se abre de par en par, y allí está Adriana Chandler, o como yo la llamo Gray.

—Hola Banister. —Ella dice, caminando hacia mí, mientras mis ojos se enfocan en sus caderas sexys, balanceándose con cada paso que da.

Me rodea el cuello con sus brazos y me da un pequeño beso en los labios, dándome hambre de más.

—Hola, Gray —digo, mi voz ya profunda ahora tiene con lujuria absoluta.

Ella suspira y frunce el ceño.

—Todavía no recuerdas mi nombre.

—Lo que sea —digo. La lujuria está sobrepasando mis sentidos y no puedo pensar en otra cosa que no sea follarla.

Mis labios se encuentran con los suyos con hambre y deseo, inmediatamente ella responde y me devuelve el beso, damos unos pasos perezosos hacia mi cama, sus labios aún se mueven tentadoramente sobre los míos, la pongo en la cama, mientras sus manos ya están desabrochando los botones de mi camisa.

En segundos, ambos estamos desnudos y disfrutando del momento de gran felicidad y placer.

Pongo el café caliente delante de ella.

—Gracias. —Gray dijo, tomando un sorbo del café, y gimiendo con placer al sabor.

Ella lleva mi camisa blanca y yo estoy sin camisa en la cocina, ella está sentada en un taburete del mesón, mientras yo estoy de pie al frente de ella, sorbiendo mi café y mirándola fijamente.

—Vale, ¿por qué no lo sueltas ya? —me dice.

Levanto las cejas.

—Sé que quieres algo de mí —dice, dejando caer el café sobre la mesa—. No todos los días vemos a Daemon Banister haciendo café y haciendo esfuerzos extras en la cama.

Me estrujo las cejas.

—Siempre hago un esfuerzo extra —digo, guiñándole un ojo.

Ella pone los ojos en blanco.

—¿Qué es lo que quieres? —pregunta de nuevo.

Me pregunto ¿cómo me conoce tanto?

Suspiro.

—Necesito tu ayuda —le digo.

—¿Mi ayuda? ¿Con qué necesitas mi ayuda? —pregunta, con su voz llena de confusión.

—Necesito que le entregues el paquete al Sr. Alessandro —le respondo.

Levanta las cejas, la confusión se ha apoderado de toda su cara.

—¿Perdón? ¿Está hablando del paquete?

Asiento con la cabeza.

—¿Quieres venderlo? —Ella pregunta.

—Sí, parece que no puedo encontrar la manera de abrirlo, así que… ¿por qué perder el tiempo con él?

Confiar a Gray el paquete es lo correcto y el Sr. Alessandro lo sabe, si envío a alguien más, él sospechará algo.

Parece sorprendida por esto.

—Um… yo no…

—Si no quieres hacerlo, está bien —digo, dejando mi café y alejándome, este es otro truco que he aprendido con ella. Conociéndola como lo hago, sé que no querrá decepcionarme.

Ella corre detrás de mí.

—Daemon, espera, espera.

Me vuelvo para mirar sus hermosos ojos grises.

—No es que no quiera hacerlo, es solo que… nunca me has pedido que me involucre realmente en tus… tratos, y también me sorprende que quieras arriesgar tu paquete conmigo —me dice.

—Bueno, solo confío en ti, y quiero que hagas la entrega, pero está bien si no…

Ella suspira.

—Yo lo haré.

Me sorprende, una pequeña parte de mí no quería que dijera que sí, pero una parte más grande quería que dijera que sí… No sabe realmente mis planes, si se los digo, nunca en esta vida estará de acuerdo con ello.

—¿Lo harás? —le pregunto.

—Sí. —Se encoge de hombros—. Si tú… quieres que lo haga, entonces supongo que debo hacerlo. —Sus inocentes ojos me miran.

Lucho contra el insano impulso de sonreír, de sonreír de verdad.

—Bien, sígueme…

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¡¡Daemon, qué estás haciendo!! ¿Se arrepentirá algún día?

Agreguen la historia a sus librerías y voten que lo que se viene es candente ♥♥♥

Capítulo 3

Adriana POV

—Todavía no puedo creer que estés saliendo con ese tipo. —Drex, mi mejor amigo dice…

Ruedo los ojos y tomo un sorbo de mi café caliente. Estoy en el apartamento de Drex, pasando el rato como siempre, Daemon no me ha enviado un mensaje hoy, pero sé que lo hará pronto.

Se supone que tengo que entregar el paquete hoy, y… todavía no puedo creer que accediera a hacerlo, simplemente no quise herir a Daemon diciéndole que no; esta fue la primera vez que me pide que haga algo como esto.

Y algo dentro de mí se alegró de que Daemon confiara en mí lo suficiente como para entregar su paquete, sé lo importante que es ese paquete para él… Quiero decir, esa fue la razón por la que mató a Simón, mi papá.

—Daemon es un buen tipo —digo…

Drex me mira y dice:

—¿En serio?

Suspiro, —Vale, quizás no es muy bueno, está entre bueno y malo… y me gusta pasar el rato con él.

—No puedo esperar a que el encanto que ese tipo te dio, desaparezca… Extraño a mi mejor amiga.

—Drex, Daemon no me ha encantado, y ahora estoy aquí, contigo —digo, sorbiendo mi café.

—Oh, no, no estás… Has estado revisando tu teléfono de vez en cuando, esperando algún mensaje de Daemon —se ríe.

Se me cae el café, —Bueno, eso es porque se supone que debo ayudarlo con algo.

—¿Con qué? —pregunta Drex.

—Es confidencial. —Simplemente digo.

—Ese tipo te meterá en problemas, Adri, se supone que no debes andar con mafiosos, que matan gente y dominan, no sé, lugares… —Drex hace una pausa y continúa—. Si tu madre se entera de esto, estás muerta… Ella te llevará a la iglesia y expulsará al demonio que te está haciendo hacer estas cosas con Daemon.

Esto me hace reír… Aunque es cierto que mi madre haría justo eso… No puedo imaginarme el escenario cuando mi madre finalmente se entere… Será tan vergonzoso.

—Solo ten cuidado, si ese tipo te hace algo loco… Va a desatar el infierno. —Drex advierte.

—Sí, sí… Como si pudieras enfrentarte a un rey de la mafia —Le digo.

—Oh, puedo, no subestimes mi estatura. —Drex suspira—. En fin, sabes que te cubro las espaldas.

Sonrío. Y en esto, suena mi teléfono…

Podría mi mamá, pienso.

Miro el nombre que parpadea en la pantalla del teléfono y mis ojos se abren de par en par.

—¿Qué pasa? —pregunta Drex.

Lo miro.

—Es Daemon —digo…

—¿Y?

—Él nunca llama.

Drex se encoge de hombros.

Cojo la llamada y me lo pongo el celular en la oreja.

—Uh… ¿Hola? —pregunto, sin saber qué decir.

—¿Por qué no cogiste la primer timbrada? —Su voz suena aún más hermosa en el teléfono.

—Um… no lo sé —digo, Daemon nunca llama, quiero decir, él prefiere los mensajes de texto a llamar, esta es la primera vez que me llama.

—¿Qué pasa con tu voz? —me pregunta.

—No lo sé… —tartamudeo.

Le oigo dar un suspiro al otro lado de la línea.

—¿Dónde estás? —pregunta.

—En casa de un amigo.

Hay una pequeña pausa, y yo pienso que colgó, hasta…

—¿Hombre o mujer? —pregunta.

Miro a Drex.

—Hombre —le respondo.

¿Por qué le importaría el género de mi amigo?

Hay una breve pausa. Suspiro antes de hablar:

—Daemon, ¿estás ahí?

—Sí, ven… Es la hora —dice.

Después de eso, hay un sonido de clic en el otro extremo.

Esto fue raro.

—Déjame adivinar, tienes que irte. —Drex dice.

Le doy un suspiro de disculpa…

—Volveré pronto… —Me pongo de pie, haciendo una pausa—. Te lo prometo. —Le doy un pequeño beso en la mejilla y salgo corriendo de su apartamento.

Entro en la mansión de Daemon.

No está tan lejos del apartamento de Drex, solo a una hora de camino.

Me dirijo a su habitación, pero luego me detengo cuando veo a Daemon en su cocina…

¿Cocina?

Me sorprende, nunca he visto a Daemon Banister cocinando.

Entro de puntillas en la cocina, él no se da cuenta de mí todavía, está de espaldas a mí.

Pongo mis dos manos sobre sus ojos.

—¿Adivina quién? —pregunto.

Suspira antes de responder, —Gray.

Junto las cejas.

—Adivina otra vez —digo…

—Gray —repite.

¿En serio?

Con un suspiro molesto, le quito mis manos de los ojos y él se gira para mirarme fijamente.

—¿Por qué siempre tienes que arruinar la diversión en cada cosa divertida? —le pregunto.

Me agarra de la cintura para que mi cuerpo esté pegado al suyo.

—Porque no soy una persona divertida —dice, inclinándose para besarme.

Lo detengo poniendo mis dedos en sus labios.

—Me llamaste para la entrega —le digo.

—No, en realidad no, eso es hasta mañana… Haré que un auto lleve el paquete a tu apartamento. Por ahora, me enseñarás a hacer espaguetis y albóndigas —dice…

Junto las cejas nuevamente.

—¿Quién eres y qué le has hecho al verdadero Daemon? —sonrío.

Él rueda los ojos.

No puedo evitarlo, me inclino hacia adelante para besarlo, bueno, planeé dejar un ligero beso en sus labios, pero desde el momento en que sus brazos me acercan a él, sé que vamos a hacer más que eso.

Mis dedos encuentran camino a su cabello, lo acerco a mí y él hace un sonido sexy… Siento que me lleva a la sala de estar, y me pone en el sofá. Con mis labios todavía en los suyos, sus manos se deslizan por debajo de mi camisa, desabrochando mi sostén con un movimiento rápido y luego agarra uno de mis senos, apretándolo ligeramente.

Gimo al sentirlo, sus labios se mueven hasta mi cuello, arrastrando besos y dejando mordiscos de amor dondequiera que sus labios pueden llegar.

Siento que mi intimidad se calienta, duele por él, por todo él.

Sus manos libres se mueven peligrosamente hacia mi vientre, siento sus manos deslizarse a través de mi falda y dentro de mis bragas, y me frota suavemente.

Me quejo, queriendo más y más.

—Estás mojada por mí, Gray —dice, con su voz se entrelazaba con el deseo y la lujuria.

Ni siquiera me molesto en enojarme porque me llama con el nombre de otra mujer, todo lo que quiero es a él… Todo lo que me duele en el cuerpo es por él.

Sus manos continúan frotándome a un ritmo lento, me vuelve loca con un intenso placer.

—Daemon… —gimo su nombre, no puedo reconocer mi propia voz, la voz que escucho es la de una chica que nada en un intenso placer.

—Joder, no sabes lo sexy que suenas. —Daemon dice, con su voz reflejando la mía.

Su dedo se mueve ahora a un ritmo más rápido…

Todo mi cuerpo está en sobremarcha mientras me complace con sus dedos.

—Oh, joder —dice mi voz.

Echo la cabeza hacia atrás por placer, mientras la presión ya se está acumulando en mi vientre, puedo sentirla venir.

De repente, se detiene.

¿Qué…?

Se lleva el dedo a los labios y lo lame.

—Sabes tan jodidamente sexy como siempre —dice, una sonrisa astuta en sus labios—. ¿Pero sabes qué sabría menos bien?

Le doy una mirada interrogante.

—Espaguetis y albóndigas. —Él responde.

¡¿Qué?!

Se pone de pie.

—Vamos, tienes que enseñarme cómo hacerlo. —Él dice.

No puedo creer que esto esté sucediendo.

—¡¿Ahora?! —le pregunto, sentándome derecho y ajustándome la camisa.

—Sí, ahora. —Simplemente dice que mientras se dirige a la cocina…

Me quedo boquiabierta, ¡¿por qué me deja así?!

—Oh, vamos Daemon… ¡Tenemos todo el tiempo para hacer eso! ¡¿Por qué te molestaste en tocarme cuando sabías que no ibas a terminar lo que empezaste?! —pregunto, poniéndome de pie y caminando furiosa tras él.

Se detiene bruscamente y se vuelve hacia mí y casi me choco con él. Se estruja las cejas.

—¿Acabas de gritarme?

Cruzo las manos sobre mi pecho.

—¡Sí! ¡Acabo de hacerlo! —le respondo. Una mirada desafiante se me pega en la cara.

Sus labios se levantan un poco, —Uh... eres tan linda, ¿lo sabías?

Frunzo el ceño.

No me gusta que me llamen linda. Lo odio.

Daemon pone sus manos alrededor de mis hombros y me lleva perezosamente a la cocina.

—Vamos, tengo hambre… Podemos divertirnos más tarde. —Me pellizca las mejillas como si fuera una especie de niña o algo así.

Lucho contra las ganas de hacer pucheros, si lo hago, eso hará que me llamara linda otra vez.

—Pensé que no eras del tipo divertido —le digo, sabiendo muy bien lo que quiero decir.

Se encoge de hombros y dice:

—Para todos… tú eres una excepción.

Me estremezco moviendo la cabeza y me pongo a trabajar; ante esto, siento los brazos de Daemon serpenteando alrededor de mi cintura por detrás, su constante respiración en mi espalda me hace tan consciente de nuestra cercanía.

Su mandíbula está en mi hombro izquierdo mientras mira desde atrás.

Este simple acto suyo hace que mi estómago se emocione. Sus brazos me rodean con fuerza, como si tuviera miedo de soltarme, y eso me hace sonreír.

Tenía razón, Daemon puede actuar duro por fuera, pero por dentro, es como una almohada muy suave.

Una almohada suave que creo que está destinada solo para mí y solo para mí.

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¡Ay, Adriana! No sabes lo que se te viene y por mano de tu querida almohada jejeje

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