Capítulo 2

Candy huyo como pudo de aquel hotel, cada paso que daba le dolía, además de estar manchando todo con sangre, y es que Amir la había desgarrado en su arranque de locura.

Tomó un taxi y regreso a su apartamento, tuvo que pedirle dinero prestado a María ya que Ben no se encontraba en el lugar o eso creía, luego de dejar a una María muy preocupada, se dirigió a su hogar, por llamarlo de alguna manera. Ya no sangraba tanto, pero le dolía demasiado, volvió a buscar a Ben, pero no estaba, decidió acostarse y llorar, llorar por haber disfrutado lo que hizo, pero también llorar por el trato recibido. Pensó una y otra vez ¿en qué se equivocó? Pero no encontró respuesta a su pregunta.

Al otro día se bañó, aún le dolía, trataba de mantener la zona herida lo más limpia posible, mientras los días transcurrían, ella siguió esperando a que Ben apareciera, pero pasaron dos semanas y no había señales de vida de él, ya no le quedaba comida, hacia dos días se le había terminado, por suerte María la había ayudado, le llevo todos los días un poco de lo que ella comía, parecía que estaba sola, y se preguntó en más de una ocasión ¿qué será de ella ahora?

Pero de pronto Ben apareció, los demonios son difíciles de exorcizar.

— Ben, ¿dónde estabas? Yo… — El primer golpe fue a la boca.

— ¿Desde cuándo te tengo que decir lo que hago?

— No, no lo tienes que hacerlo. — Dijo sosteniendo su cara, y limpiando la sangre que empieza a escurrir de su labio.

— Entonces no preguntes, ahora quítate la ropa.

— ¿Que? — Candy estaba confundida, después de la ausencia del hombre, ahora estaba frente a ella, ordenándole como siempre.

— ¿Eres sorda? Quiero probar que tan buena eres, rápido, quiero probarte.

La curiosidad de Ben era cierta, en un principio la abandonó, pero cuando una de sus amigas le dijo que Dominic lo buscaba, porque el cliente pedía por Candy, no lo podía creer, incluso ofrecía la misma cantidad, y fue entonces donde Ben descubrió que el cliente había pagado un millón, la primera vez y ahora quería pagar lo mismo, tenía que ver qué fue lo que hizo Candy que lo enloqueció de esa forma, dos millones por dos polvos. Sin lugar a duda él debía follar con Candy.

— No, por favor, no me siento bien.

— ¡¿Que no te sientes bien?! ¡Y ¿a quien mierda le importa?!

La tomo del cabello y la llevo al sofá, comenzó a romperle la ropa, pero Candy no quería colaborar, por lo que comenzó a golpearla, la sangre empezó a salir de la cara de ella, al igual que sus gritos, pero había algo que Ben desconocía y era que María, visitaba todas las tardes a Candy.

— ¡Suéltala maldito o llamaré a la policía! — María le tiró el plato de comida que le llevaba a Candy, esto asustó a Ben, si la policía aparecía se sabría todo, por lo que se fue haciendo una promesa.

— ¡De hoy en adelante estas sola! ¿Me oyes? ¡Sola! — Apenas se fue María ayudó a Candy, la curó y la llevó a su departamento.

— Violeta, ¿qué harás ahora? Él no volverá, la gente dice que consiguió mucho dinero de no sé dónde y que vive en un buen sitio en la ciudad, yo no quería decírtelo para no lastimarte, pero…

— Yo sí sé de dónde saco el dinero… De mí.

Esa tarde Candy abrió su corazón y le contó a María todo, el maltrato de su padre, el abandono de su hermano, como Ben la vendió, incluso su verdadero nombre, también le contó lo que Amir le hizo, pero dijo que no sabía su nombre, fue en lo único que mintió. Por alguna razón no quería decir el nombre de esa persona que la hizo sentir tan bien y al rato la termino de romper.

— Está decidido pequeña, tú vivirás conmigo.

— Pero…

— Candy te desalojaran en unos días por no tener el dinero de la renta, ¿qué harás?

— Tiene razón, es que a veces no pienso muy rápido. Soy tonta

— No es eso cariño, es solo… la vida te ha lastimado tanto en tan poco tiempo. Pero no te preocupes yo te cuidaré.

Los golpes en la puerta las interrumpió, y María fue la encargada de ver quien era.

— Hijo, ¿qué haces por aquí?

— ¿Así me recibes mamá?

— Perdona es que me sorprendiste.

— Es que andaba por el vecindario, tengo un encargo del señor Zabet.

— Bien pasa tengo una noticia que darte, mi vecina Violeta vivirá conmigo a partir de hoy.

María soltó la noticia como si nada, y cuando Charly estaba a punto de protestar por las locuras de su madre, llegaron al salón, donde una delgada y golpeada Candy lo mira con ojos tristes esperando el rechazo, ese que ella conocía desde que nació.

Pero en cambio Charly lo único que pudo hacer fue mirar esos ojos, que aún que estaban un poco rojos, lo habían hechizado.

— Hola, soy Charlie un gusto conocerte.

— Hola Charlie, el gusto es mío. — Y al escuchar esa voz creyó estar en el cielo.

Charly se marchó mucho más tarde de lo que pretendía y es que no pudo dejar de ver a Candy, su madre le resumió la historia, omitiendo el hecho que Ben la vendió, solo dejó saber la parte de los golpes, ya que estaban a simple vista, cuando él supo que era analfabeta se ofreció para enseñarle, además de tratar de conseguirle un trabajo en el sector de limpieza en Diamon.

— Ya verás Violeta, el señor Zabet es bueno, un poco raro, pero bueno, no pondrá objeción a que trabajes en su empresa.

Con esa promesa se fue, pero, aunque su ánimo había mejorado muchísimo gracias a la dulce chica, la angustia y la incertidumbre aparecieron cuando su teléfono móvil sonó

— Señor Amir.

— ¡¿La encontraste?!

— No señor, Dominic solo sabe el vecindario donde viven o vivían, nada más.

— Tienes que encontrarla, si o si Charly, ¡es una orden!

— Lo haré señor, lo haré.

Charly estaba perdido, su jefe había generado una especie de fijación obsesión o algo por la “virgen”, pero él necesitaba encontrarla a ella o a Ben por otro motivo, uno más importante, tenía que cerciorarse que no haya un heredero Zabet dando vueltas por ahí.

Todavía recordaba esa noche hace dos semanas atrás, lo llamaron del hotel porque su jefe estaba rompiendo todo, jamás lo había visto de esa manera, pero lo que más le horrorizó, fue que la pastilla del día después estaba sobre la mesa, ella no la tomó.

“¡Maldición!”

El infierno recién comenzaba para Charly.

El tiempo pasa muy rápido, o muy lento, todo depende de cuan desesperado estás.

Amir por fin se había dado por vencido, parecía que aquella joven de ojos verdes y mirada trasparente no quería ser encontrada, o quizás el dinero que él le dio le sirvió para comenzar una nueva vida, solo le quedaba a él que tendría que aprender a vivir con lo que había hecho, pero ¿y Charly? ¿Él podría seguir callando o debería afrontar su culpa, por guardar silencio?

— Señor, no lo entiendo, durante estas 6 semanas lo único que ha hecho es buscar a esa mujer, Candy, y ahora. ¿Lo deja así? ¡¿Como si nada pasara?! — el hombre se sorprendió por la molestia en la voz de su asistente, Charly jamás replicaba nada, y mucho menos ponía en cuestionamientos sus decisiones, camino hacia el ventanal de su enorme oficina y mirando la ciudad a sus pies lo increpó.

— ¿Qué es lo que te molesta Charly? Solo la buscaba para recompensar mi error, nada más. No entiendo tus reclamos.

— Me molesta mi incompetencia, no sus decisiones y es que... no quise sumarle otro problema y traté de resolver las cosas por mi cuenta. Ya que el objetivo era el mismo, encontrar a esa joven... Candy.

— ¿Qué pasó? ¿Por qué tú la necesitas ubicar?

Amir miraba a su ayudante, cuando él se equivocaba trataba de tenerle paciencia, y es que Charly es hijo de María, la que fue cocinera en la casa de su padre hasta que él marchó a Londres a estudiar, si, le debía mucho a esa mujer que trató de cuidarlo desde niño y aguanto su temperamento. Ella a diferencia de su madre no lo abandonó, y repartió su tiempo entre su hijo Charly y el joven heredero del imperio Diamon.

— Ella no tomó la píldora, la encontré la noche que fui por usted. Pero debido a su estado de... nerviosismo, decidí no sumarle un problema más y tomé el asunto en mis manos.

Amir era un hombre de acero y concreto, aún más fuerte y frío que su padre, eso no lo podía negar nadie, nada afectaba a este hombre, pero desde la noche que esos ojos verdes lo miraron con tanto sufrimiento algo en su interior comenzó a caer, comenzó a desmoronarse, no podía conciliar el sueño con la misma facilidad de antes, sabía que la había lastimado y él, que jamás tomó a ninguna mujer a la fuerza, esa noche lo había hecho, no se detuvo mientras ella le suplicaba, la lastimó, era por eso que la buscaba, para pagar por su falta, Candy solo debía decir el precio y todo volvería a la normalidad, tendría su consciencia tranquila, pero ahora, la que estaba en falta era ella. Así lo vio él. Su rostro cambió al completo, se giró para mirar a Charly directamente a los ojos y dar su orden.

— A partir de hoy tú prioridad es buscarla, y traerla ante mí, como si tu vida dependiera de ello. No me interesa que tengas que hacer, si debes poner una recompensa por ella, o ir en contra de Dominic, ¡haz lo que sea necesario! Y si.... está embarazada, reza porque ese bebé esté bien. De lo contrario acabaré con todos y eso te incluye Charly.

Eso a Charly lo sacó de la jugada, no entendía a su jefe y era la primera vez que eso pasaba. Su mirada azul cobalto denotaba un brillo nunca visto... ¿esperanza? ¡¿Ilusión?!, no, Charly no podía creer eso, su jefe era Amir Zabet, un hombre de corazón duró y sin sentimientos, un hombre tan frio como los diamantes que vendía.

— Disculpe señor, creí que le pediría que se practicara un aborto. Digo, después de todo no se casaría con una... — la mirada de hielo de Amir lo dejó sin habla, Charly podía asegurar que hasta la temperatura de la oficina descendió. No pudo evitar retroceder ante el avance de su jefe, jamás lo había visto así de molesto, se arrepintió de haber hablado.

— Un hijo mío no será abortado jamás, ni tampoco correré el riesgo de que lo dejen en un orfanato, en cuanto a ella le pagaré lo que pida cuando se largue.

— Pero ¿y si ella no quiere entregarlo? Por la descripción que me dio, quizás lo hizo por necesidad o....

— Las mujeres siempre terminan dejando todo, marido, hijos... ellas solo quieren dinero, son todas iguales.

— No mi madre.

— Tienes razón, María es la excepción.

Charly nunca contradecía a su jefe, pero cuando hablaba de las mujeres de esa forma, él se sentía en la obligación de aclarar que su madre jamás lo abandonó, y es que Amir sabía que María quedó viuda siendo muy joven y que cuando su padre le propuso ser la señora de la casa y cuidar de ellos dos, ella no lo podía creer, hasta que le dijo que su única condición era que deje a Charly en otro lugar, ya sería demasiado complicado el hecho de que ella era la cocinera como para que también tuviera en su casa un hijo de otro hombre. Entonces María decidió irse y no volver jamás a esa mansión. Seguía tratando con Amir, pero con su padre no, él entendía que ese viejo terco había arruinado la oportunidad de ser feliz con alguien tan especial como María.

— Solo ve y encuéntrala, ese será tu único trabajo de ahora en adelante.

La ansiedad de Amir alcanzó niveles insospechados durante las siguientes semanas, la bebida se había convertido en algo frecuente, ya no le importaba la hora, ni el lugar, su vida se había reducido a soñar con un niño de ojos verdes, pequeño y sumamente blanco... como su madre, aunque no entendía porque, porque todo lo llevaba a aferrarse a esa ilusión.

Los días de Charly pasaron a ser divididos en buscar a Candy o Ben, amenazar a Dominic con terminar con su negocio o su vida, y pasar tiempo con Violeta, no había podido conseguirle un empleo para la joven, ya que la empresa requería sí o sí que tuviera la primera completa, saber lo básico como leer y escribir, pero eso no le parecía lo más importante para él, lo que más le preocupaba a este joven, era como enamorar a Violeta, cada día que la veía, se enamoraba más de ella.

— Charly, ¿tú no vas a tomar un helado?

— No Violeta.

— Pero le dijiste a tú mamá que querías tomar uno.

— Solo para sacarte a pasear, no entiendo porque te lo pasa encerrada, si entiendes que mi madre solo quiere ayudarte ¿verdad? no es que seas su empleada, te la pasas todo el día limpiando su departamento, eso no está bien.

— Sí, María es mi mejor amiga, sé que solo me quiere ayudar, pero yo necesito hacer algo por ella.

— Violeta, mi madre tiene 55 años, y tú 19, no puedes verla como una amiga, debes conocer gente de tu edad, salir, vivir.

— Eso no importa, ella y tú son mis mejores amigos, sé que en ustedes si puedo confiar, el mundo está lleno de gente mentirosa que solo quiere hacerme daño, yo solo confió en ella y en ti.

El corazón de Charly se aceleraba cada vez que está pequeña sonreía, y a pesar de que su jefe estaba fuera de control, y no podía encontrar ni a Candy o a Ben, siempre veía la forma de pasar un rato con ella todos los días, se había convertido en la luz que hacía brillar sus días, por eso no importaba la hora, él pasaba todos los días a ver a su madre, y le encantaba cuando Candy le calentaba la comida que ella misma había preparado, lo hacía sentir querido.

— Bien dime ¿cómo vas con los deberes que te deje? avanzas muy rápido, eres muy inteligente.

— María dice que lo hago muy bien, ya se escribir sola mi nombre, el de ella y el tuyo.

— ¿En verdad?, me hace muy feliz.

— Si, a mí también y la lectura va mejor, gracias por todo el tiempo que me dedicas, sé que tu jefe es gritón y mandón, María me ha contado que te tiene muy estresado, me gustaría ayudarte.

— Me alegra que avances en tus estudios, pero no me debes nada, somos amigos y los amigos hacen eso, se ayudan sin esperar nada cambio.

— Sabes... no me estoy sintiendo muy bien.

Candy de pronto se puso pálida, y sus piernas temblaron, no entendía que le sucedía, por lo que se apresuraron a volver al edificio, apenas llegaron ella se encerró en el baño.

Mientras que Charly caminaba de un lado al otro, preocupado.

— Creo que el helado le cayó mal. Quizás deba ir a la farmacia y comprarle algo para el estómago.

— Charly...

— Maldición, y si es alérgica, no le pregunte, y por la clase de vida que su padre le daba no creo que la allá llevado a tomar helado antes.

— Hijo, escúchame, eso no es por el helado.

— ¿Como? ¿Acaso a estado enferma? deberías haberlo dicho antes, la voy a llevar al hospital, podría ser apendicitis o algo peor. — Charly comenzó a caminar hacia la puerta para poner en marcha su automóvil, pero su madre lo detuvo.

— Creo que está embarazada Charly. — María hablaba con voz suave y un poco de dolor, al entender que su hijo se había enamorado de aquella dulce niña, y no sabía lo que la noticia de un bebé podría causar en él.

— Pero... tú dijiste que ellos no... Dijiste que ese maldito jamás la tocó. — él recordaba, lo que su madre le contó, como aquel intento de hombre golpeaba a la joven y que era la misma chica por la que ella lo había llamado tiempo atrás, contándole lo extraño de su comportamiento, lo alteró.

— No, ella y ese maldito nunca estuvieron juntos.

— No entiendo mamá, ¿cómo podría estar embarazada si su novio jamás la tocó?

— Mira, ella está muy avergonzada de lo que sucedió, pero sé que tú no la juzgaras. Puedes ver lo dura que la vida ha sido con ella.

— Te escucho, habla claro porque no estoy entendiendo.

— El novio de Violeta, la obligó a vender su virginidad y luego se marchó con todo el dinero.

— ¿Como que la obligó? Nadie puede hacer eso... ¿o sí?

— Hijo, sí que eres ingenuo, ese bastardo le dijo que la llevaría con su padre si se rehusaba y ya sabes como él la golpeaba, Violeta le tiene pánico, además no te olvides que su novio también la sometía, ¿recuerdas lo golpeada que estaba cuando la conociste?

La joven apareció en la cocina en ese momento y la conversación se terminó.

Charly estaba con mil cosas en la cabeza, él sentía que amaba a esa joven, pero apenas tenía 25 años, su trabajo ocupaba casi todo de él, ser el asistente de alguien tan poderoso como Amir tenía sus desventajas, no sabía si estaba capacitado para hacerse cargo de un bebé, como tampoco sabía si Violeta iba a querer a ese bebé, se marchó y mientras conducía repasaba la conversación con su madre en su mente.

De repente la realidad cayó sobre el como una cubeta de agua fría.

— No, no, no puede ser, ella... ¡no maldición!

Giro en U sin importar los insultos y ruido de claxon que se escucharon y retomo el camino a casa de su madre, si estaba en lo correcto o no, lo iba a averigua en ese momento.

Cuando las mujeres quedaron solas, María sintió la necesidad de hablar con Candy, estaba segura de que no se había dado cuenta que estaba en cinta.

— Candy, ven mi niña, hablemos un poco, debo decirte algo.

— De que quiere hablar María, ¿acaso hice algo mal?

— No criatura de Dios, tu no podrías hacer nada mal, pero me gustaría saber, ¿hace cuánto te sientes mal?

— Mmm hace unos días, cuando me despierto las cosas me dan vuelta luego se me pasa, y cuando como, me da muchas ganas de vomitar, pero casi siempre se me pasa, solo que hoy después del helado no fue así, debe ser que no estoy acostumbrada a comer tantas cosas deliciosas, mira, hasta mi estómago ha crecido. — La ingenua Candy levantó su remera y dejó ver el pequeño, pero notable bulto que crecía en ella. María ya no tuvo dudas, aun así, siguió preguntando.

— Pequeña, ¿hace cuánto que no tienes tú periodo?

La joven bajo la cabeza, y contesto apenada, le costaba hablar de esas cosas, ella era sumamente vergonzosa, más porque su padre la humillaba por ese tema, todavía recordaba como la enfermera que la atendió ese día se había burlado de ella, diciéndole que como era posible que creyera que se lastimó, cuando en realidad era su periodo.

— Desde esa noche que él me hizo sangrar tanto, creo que ya no quedo sangre en mi para el periodo, aún me duele si me siento muy rápido o si no tengo cuidado.

— Ese animal, no me puedo imaginar cuánto dolor te causó y las heridas que te hizo, pero eso no tiene nada que ver, ya lo estudiaremos más adelante, creo que debo llevarte al hospital, será lo mejor.

— No, no por favor, María, no me gustan los hospitales, me trae feos recuerdos, ¿y si Ben está trabajando como enfermero nuevamente? Te prometo que no comeré más cosas dulces, y también te ayudaré en los mandados, no sé leer, pero tengo buena memoria y...

— Tranquila niña, jamás te obligare a hacer algo que no quieras, y estoy segura de que ese maldito de Ben debe estar muy lejos, pero… Creo que estás embarazada.

“¡Embarazada! ¿Un bebé crece en mí? ¿Pero cómo?”

La cara de asombro de Candy era única, María jamás la había visto así, luego que una risita nerviosa salió de su boca habló.

— No puede ser, yo no estoy casada y lo sabes, es imposible que este embarazada.

— Candy, para que quedes embarazada no es necesario estar casada, solo debes dormir con un hombre en la misma cama. — Ahora Candy la miraba con la clara confusión grabada en su cara.

— Eso no tiene sentido, papá dijo que los bebés llegan cuando las personas se casan y... — La chica bajo la cabeza y cualquier rastro de alegría desapareció, ahora sus ojos estaban cubiertos por un manto de tristeza.

— ¿Y qué? Puedes hablar conmigo y lo sabes.

— Que los bebés buenos no matan a sus madres como lo hice yo.

Las lágrimas salían, quemaban en su rostro, ese dolor que siempre la acompañaba sin importar que tan buena fuera María o Charly, Candy sentía ese dolor de no ser querida por su padre cada noche.

— Mira, tú padre es un patán, las cosas a veces pasan, los partos se complican y lamentablemente la madre o el bebé mueren. Debes sacarte eso de la cabeza, tú no eres responsable de lo que pasó con tu mamá.

— Entonces, ¿fue un accidente? ¿Realmente es así?

— Claro que sí corazón, estoy segura de que tu madre te amo y cuido durante todo su embarazo, solo que a veces las cosas solo pasan. Ahora, deberíamos ir al hospital para ver si mis sospechas son ciertas y estas embarazada.

Candy comenzó a pensar en las suposiciones de María.

“Mi bebé, solo mío, alguien que, si me va a amar, una persona a la que podré amar y cuidar.”

La joven comenzó a acariciar su vientre sin darse cuenta, era su instinto materno saliendo a la luz, era su esperanza de poder tener un poco de felicidad en la vida.

— Jamás dejaré que lo lastimen, jamás dejaré que le hagan lo que me hicieron a mí. Voy a cuidar a mi bebé.

— Muy bien mi niña, pero para cuidarlo debemos ir al médico, para que vea que todo está bien, y que cuidados debes tener.

Candy comenzó a llenar de preguntas a María, y esta reía sin parar, el rostro de la joven había adquirido un brillo único, ella ya deseaba tener a su bebé en sus brazos.

Hasta que la puerta sonó.

— Iré yo María, descuida. — Candy no podía estar quieta de tanta alegría que sentía, no sabía qué hacer, daba saltitos de un lado a otro, pero cuando abrió la puerta retrocedió como si hubiera visto al mismo diablo, y es que así era.

— ¡Ben! — el grito de Candy alertó a María, pero poco pudo hacer, ya que él no perdió tiempo en hablar, tomo a la joven del cabello y la sacó a la calle.

— Maldita perra, todos me buscan por tu culpa, ¡¿qué rayos hiciste?!

Mientras gritaba la golpeaba, estaba furioso, ninguna de sus chicas podía trabajar, su cabeza tenía precio, Charly había ofrecido medio millón para dar con él, sabía que todo era por Candy, por eso la golpeaba sin piedad, buscando el mejor ángulo para patear su abdomen, él sabía cómo hacer para someterla, pero Candy no se lo iba a dejar tan fácil, ella cuidaría a su hija, porque ella sabía que sería una niña, Blanca de ojos color mar, como los que la miraron esa noche.

Opto por tirarse al piso y se quedó en posición fetal, no importaba las patadas que Ben le diera a su cabeza, su espalda o brazos, ella no dejaría que alguien golpeara a su bebé, Candy antes entregaría su vida.

Charly llegó en el mejor momento y cuando Ben lo vio, no hubo necesidad de decir nada, el cobarde salió huyendo del lugar, y es que por los rumores que corrían, Charly lo estaba buscando por incumplir con la regla más importante, y Ben se imaginaba cavando su propia tumba en algún lugar en el desierto.

Cuando Charly fijo los ojos en la joven no podía creer lo que veía, ella se levantó por sí misma, aun cuando la sangre brotaba de su cabeza y la bañaba. Era una imagen completamente grotesca.

— Dios, ¡ven aquí! — La tomo en brazos y la subió a su auto, mientras trataba de detener la sangre que salía de su cabeza.

María tomó el lugar del conductor y se dirigió al hospital. Charly la veía tan indefensa, tan débil, si parecía una niña, apenas llegaría a medir un metro sesenta como mucho.

Candy se sentía somnolienta, sabía que eso era a causa de los golpes, los recuerdos de su padre rompiendo su cabeza aparecían como destellos, la primera vez fue con un palo de la escoba, explicándole de esta forma como debía barrer cuando tenía 6 años, la segunda fue con un palo de amasar o rodillo como lo llaman en algunas partes, cuando ella tenía 8, de esta forma Candy aprendió a estirar la masa de las galletas, fueron tantas veces que su cabeza sangró que ya había perdido la cuenta.

— No lo entiendo. — Dijo en un susurro.

— ¿Qué cosa?

— Mi padre, me ha golpeado peor y lo eh resistido mejor, pero ahora, me siento rara, todo se está poniendo negro. — La sangre de Charly se congeló, y es que hasta ese momento no tuvo una verdadera noción del maltrato que ella había recibido.

— Te llamas Candy, ¿verdad? Violeta no es tu verdadero nombre. — Charly no sonaba enojado, su voz era suave, quería distraerla, para que no cerrara los ojos.

— No quise mentirte, solo que no quiero que mi padre me encuentre, por favor, no me delates Charly, no quiero que me golpeen, no quiero que maten a mi bebé, mi papá me matará y a mi hija conmigo.

Y esa frase fue como si le colocaran un hierro caliente en el pecho al joven asistente, mientras la revisaban, una y otra vez, él pensaba que debía hacer, Amir o Candy, su jefe o esta joven que tanto había sufrido y de la que se enamoró, ¿a quién le debía lealtad?

Luego de varias horas en urgencias el doctor confirmó lo que todos sabían, estaba embarazada de 15 semanas, pero también dijo otras cosas.

— No sé qué tipo de vida ha llevado, pero no es la primera vez que su cabeza recibe suturas, si no fuera por su larga cabellera lo podrían ver, su cuero cabelludo parece un puzle, su embarazo estará bien mientras siga las indicaciones, esa chica... en los años que llevo como doctor, jamás había visto un cuerpo tan maltratado. Ustedes saben ¿quién es el padre del bebé?

— No, ¿por qué doctor? Ella es una vecina de mi madre a la cual conocemos hace un año, hoy fuimos testigos de cómo la golpeó su exnovio, y no lo permitiremos nunca más, yo me encargaré de cuidar de ella y el bebé. — Charly habló con un fervor que su madre nunca había escuchado.

— Ella asegura que el acto sexual fue consensuado, pero las laceraciones que presentan son compatibles con una violación, aún después de tanto tiempo se pueden apreciar, no sé cómo pudo soportar el dolor sin recibir asistencia médica, puedo decir sin ninguna duda que esa pobre chica no sabe lo que es vivir sin sentir dolor.

Eso despejó todas las dudas de Charly, por fin entendió lo que desestabilizó a su jefe, y por qué buscaba a Candy desde esa noche en el hotel.

A su mente vinieron los recuerdos de esa noche, cuando lo contactaron desde el hotel porque su jefe estaba fuera de control.

— Todo salió mal, ¡todo se salió de control! ¡maldición! ¡debes encontrarla Charly! ¡debes traer a Candy ante mí! — Amir gritaba y rompía todo a su paso, el joven jamás lo había visto así, parecía un animal herido, estaba fuera de sí.

— Encuéntrala, ¡¿entiendes?! ¡Es una orden! ¡la quiero ya! Debo hablar con ella, ¡debo arreglar todo!

Bien, Charly por fin la había encontrado, por fin dio con la joven de ojos verdes que tanto desequilibró a su jefe, era hora de llamar a Amir, ¿verdad?

Pero primero debía llevar a ambas mujeres de regreso a casa, el rostro de Candy no dejaba duda de que a ella no le gustaban los hospitales.

— María, ¿es verdad lo que el médico dijo? ¿mi bebé está bien?

— Si Candy, a él no le pasó nada, pero mira como quedo tu cuerpo, Dios niña, ¿cómo puedes estar hablando como si nada?

— Esto no importa, lo pude proteger, eso es lo importante, yo que nunca puedo hacer nada bien, por fin pude lograr algo, protegí a mi bebé, viviré solo para ella, voy a estudiar mucho y a trabajar, ya lo verás María, mi niña no sufrirá nunca, yo siempre estaré con ella, jamás dejaré que llore, viviré y moriré solo por ella.

Mientras conducía, Charly escuchaba a la joven, veía como su rostro brillaba, a pesar de los golpes, esto cambiaba todo, ella necesitaba a ese bebé más que Amir, su jefe podía tener otro hijo, con la mujer que él eligiera, pero Candy… ella solo tenía a ese bebé, nada más, decidió en ese momento mantener el secreto, él se juró cuidar y proteger a esa muchacha de mirada color Jade.

El tiempo pasaba, y Charly cada vez estaba más contento con su vida, si bien Candy lo seguía mirando como un amigo, el joven se conformaba con eso, él no quería estropear la relación que mantenían, así se lo había recomendado su madre, la joven parecía un animalito, siempre temerosa de la gente extraña, le costaba salir, vivía siempre con miedo de todos, menos de él, quien aprovechaba cada oportunidad cuando salían de la casa para tomarla de la mano, o abrazarla, para enfundarle seguridad y él a cambio conseguía estar aún más cerca de ella.

— ¿Lo viste Charly? Mi bebé está creciendo muy bien. 4 meses, ¡ya tiene 4 meses!

— Lo vi Candy, pero también escuché lo que dijo el médico, tu cuerpo a sufrido mucho, tienes que cuidarte, tomar tus vitaminas y evitar las escaleras o cualquier tipo de esfuerzo, ya deja de limpiar mi casa por favor, sabes que no debes hacerlo.

— No tienes nada de qué preocuparte, no me dejas hacer nada, ni siquiera me dejas lavar tú ropa.

— Nada de eso, y más con lo que dijo el doctor, creo que será mejor si le pido a mi madre que se quede con nosotros, solo así me asegurare que no hagas nada.

— No es necesario, estoy abusando demasiado de ustedes, un día se cansarán y me echarán, ¿que haré sin María...? ¿qué haría yo sin ti Charly? — el joven se derretía como un hielo al sol de pleno verano cada vez que ella decía su nombre con tanta dulzura, le estaba costando tanto no besarla y declararle el amor que le tenía.

— Eso no sucederá jamás, yo nunca te alejaría de mi Candy, nunca, algún día sabrás cuánto significas para mí.

La noche en la que Ben golpeó a Candy, Charly se la llevó con él a su casa, les dijo que eso era lo mejor, por si Ben volvía, no podría encontrarla, después de todo, nadie sabía que él y María eran madre e hijo, pero lo que más le preocupaba era que Dominic o algún otro diera con ella, después de todo, Amir la seguía buscando y no descansaría hasta dar con ella.

También había descubierto con horror que Ben creía que Candy estaba embarazada, y eso era un gran problema, ya que sabía que el hombre no tardaría mucho en querer atraparla nuevamente ya sea para matar al bebé y así poder asegurarse de que nadie lo atacaría o peor aún, usar ese bebé para manejar a Candy y seguir explotando el cuerpo de la joven, por sus contactos descubrió que se gastó todo el dinero en casinos, mujeres y otros vicios, ahora estaba desesperado por conseguir dinero.

Lo que le seguía preocupando era la situación de Amir, su carácter estaba fuera de control y el alcoholismo estaba a punto de entrar en su vida para siempre, no había momento del día que no estuviera bebiendo, su jefe parecía tener un sexto sentido, ya que se la pasaba diciendo que él estaba seguro de que Candy estaba esperando un hijo suyo.

Pero aun sabiendo que todo se solucionaría con decir donde estaba Candy, no lo haría, él se había enamorado de esta joven tan inocente, tan hermosa, tan Candy, y no estaba dispuesto a que se la llevaran de su lado.

— ¿Sabes que tú nombre en castellano significa Dulce verdad?

— Mi hermano una vez me dijo que mi mamá cuando se enteró que sería una niña pasó mucho tiempo eligiendo mi nombre, y eligió Candy, Candy Ángel.

— DULCE ANGEL, se nota que quería que tuvieras un nombre que sumado a tú apellido te describa ante todos, porque tú eres así, un dulce Ángel, para mí lo eres. — Charly quedó embelesado con la cara de Candy que tomo un color rojo, tan exquisito, que la hacía ver más hermosa aún.

— Charly, siempre dices cosas tan lindas. Eres muy bueno. — Ella le sonrió y él miró a otro lado, ¿cómo podría explicarle que se había enamorado de ella? sin que pensara que la quería usar o aprovecharse de la cercanía que tenían.

— Candy, ¿nunca pensaste en contactar a tu hermano? digo... yo puedo localizarlo por ti, ¿cómo se llama?

— Él me abandonó, me mintió, ¿sabes Charly? Yo sé que soy muy tonta, pero estoy aprendiendo a no confiar en quien ya me falló una vez, no quiero saber de él, no ahora, quizás... Cuando mi corazón deje de doler.

— Tu corazón duele, porque tienes mucha pena, pero no te preocupes, yo también te ayudaré a curarlo, lo prometo Candy.

Charly se levantaba todos los días con un solo propósito, hacer sonreír a Candy, solo así valía la pena su día.

Mientras tanto Amir estaba en su mansión, bebiendo y pensando cómo era posible que Charly no pudiera encontrar a Candy. ¿Cómo era posible que nadie notara a una joven tan hermosa como ella?

Decidió hacerse cargo de la situación, no podía seguir esperando, ya no, cada vez que sus ojos se cerraban, la voz suplicante de la joven hacía eco en su cabeza.

Llamo a Dominic y lo que escucho no le gustó. Su asistente hacía más de un mes que no aparecía por el lugar y ya había dejado de preguntar por Ben y su chica, y hasta había retirado la recompensa por alguna información.

Eso lo enfureció, no entendía que pasaba con Charly, ¿acaso quería morir en sus manos? Estaba a punto de llamarlo para pedirle explicaciones, cuando su mejor amigo se hizo presente.

Después de la sorpresa de ambos, y de un efusivo saludo, se pusieron a hablar.

— No lo puedo creer, ¿cuándo regresase al país? ¿Por qué no me avisaste?

— Heces dos días que regrese, pero dime ¿qué rayos te sucedió? Nos vimos hace 5 meses en Londres y.... amigo ¿acaso murió alguien? Estas fatal. — Amir por un minuto reparó en lo desastroso que estaba, su ropa estaba desaliñada, su cabello de color rubio oscuro estaba hecho un desastre por la manía que había adquirido hacía poco tiempo de jalarlo en busca de una respuesta que no tenía, ¡¿dónde está Candy?! Y el consumo diario de whisky, también estaba dejando su huella.

— Es una larga historia, mejor dime, regresaste hace dos días ¿y recién hoy vienes a mi hogar? ¿Qué paso con mi mejor amigo?

— Vine hoy porque es tu cumpleaños creí que por fin podría sorprenderte, pero el sorprendido soy yo, ¿en qué problema te has metido?

— Sí, creo que estoy en problemas, me había olvidado de que es mi cumpleaños, pero no quiero hablar de eso.

— Parece que acudí a ti en un mal momento, créeme si tuviera otra opción no te molestaría, pero necesito de tus contactos, es algo realmente importante.

— Claro, dime a quien necesitas localizar y lo haré. — Y cuando dijo esas palabras una sonrisa irónica ocupó su rostro, y es que él podía tener los mejores contactos y rastrear a cualquier persona, todo el mundo lo sabía, Amir era excelente para encontrar personas, menos a la mujer que podría estar embarazada de él.

— Mi hermanita, verás, regrese hace dos días porque… una joven me dijo unas palabras que me inquietaron, eso me hizo soñar con ella, y eso trajo muchos recuerdos, recuerdos que con el paso de los años entre en lo profundo de mi mente, recuerdos que me atormentan, cuando llegue a la casa de mi padre descubrí que mis recuerdos no eran nada comparado con lo que realmente pasaba, le fallé, no solo a mi hermana, también a mi madre, mi padre me mintió todos estos años, el dinero que envié para la educación de ella, lo uso para emborracharse y pagar deudas de juego, mi hermana huyó cuando la policía la llevó al hospital.

— ¿Cómo es eso? ¿Por qué se involucró la policía y por qué la llevó al hospital? — La mente de Amir que hasta hace un tiempo estaba nublada por el alcohol se aclaró de repente, al ver el rostro de su mejor amigo tan afligido. Amir le debía mucho a Matt, era como su propio hermano.

— Sí, lo mismo pensé, y fui al destacamento policial, donde me dieron una copia de la historia clínica de mi hermana... la golpeaba a diario Amir, el maldito de mi padre, lo hacía... tan fuerte que era frecuente verla en el hospital, pero lo peor es que con el hombre con el que se fue... dicen que se dedica a prostituir a las mujeres, es un cazador, era un enfermero, ubica a las jóvenes más vulnerables, y luego se las lleva. ¿Entiendes mi desesperación? Ella es una niña de apenas 19 años, analfabeta en manos de un depredador de ese tipo, me estoy volviendo loco, yo debía protegerla, debía cuidarla, se lo juré a mi madre.

El hombre de contextura delgada, pero musculoso, de ojos celestes y cabello rubio, se cubrió el rostro y se lo restregó varias veces para no romper en llanto, era la primera vez que Amir lo veía de ese modo, y lo impactó.

Estos hombres que eran poderosos cada uno a su manera, estaban derrumbándose, poco a poco caían en la más profunda desesperación.

— Lo entiendo, dime su fecha de nacimiento nombre completo y si tienes una foto sería mejor.

— 20 de diciembre, Candy Ángel, y esta es la foto que le tomaron en el hospital ese día.

Capítulo 3

En cuanto Amir escucho la fecha de nacimiento automática recordó a esa joven, el día de la cita ella le dijo que era su cumpleaños número 19, y cuando escucho el nombre por primera vez en mucho tiempo sintió miedo, esto no podía ser, ¿qué posibilidades había?

Él tenía una deuda eterna con su amigo Matt, cuando estudiaban juntos en Londres, en una trifulca que Amir había ocasionado, Matt le había salvado la vida, recibiendo una puñalada en su lugar que casi acabó con su vida.

Trato de mantener la calma y tomo la foto, no pudo evitar cierto temblor en su mano y cuando vio el rostro de la joven se dejó caer en el sillón. No solo porque era la joven que llevaba buscando tanto tiempo, sino por los golpes que tenía en su hermoso rostro, aun así, Amir reconocería esos ojos en cualquier lugar, sentía que el aire no le entraba, y es que de la misma impresión había dejado de respirar.

Matt lo vio alterarse y luego recuperar la calma, o por lo menos colocar la máscara que Amir usaba en los negocios. Creyó que todo se debía a lo que veía en la foto, una joven flacucha, con el labio y la nariz rota, además de varios cardenales esparcidos.

— Te juro Amir, si todavía no lo he matado es por el hecho de que es mi padre, pero cuando la encuentre, y ella de la orden, los mataré a todos, Aarón, ese tipo que se la llevó, Ben, y a todo aquel que le haya tocado un solo cabello. — Amir sabía que su amigo hablaba en serio, lo conocí muy bien. Él era Matt Ángel, o como lo conocían en el bajo mundo, El Ángel de la muerte.

— Yo la encontraré.

Y esa promesa era más para él que para Matt, debía encontrarla, y después darle la cara a su amigo, quien sabía bien que no entendería de razón alguna, Amir estaba muerto, Amir era un muerto que aún caminaba, porque su verdugo no sabía que es lo que había hecho a su pequeña hermana.

Era tarde en la noche, cuando Matt se fue al hotel, y por primera vez desde que lo conocía, Amir se sintió aliviado de que no se hospedará en su mansión. Fue cuando se decidió y se dirigió a la casa de su asistente para decirle lo que ocurría, ahora no solo debía encontrar a esa mujer, también tenía que pensar que hacer, como le explicaría a Matt que compro la virginidad de su hermana y peor aún que después abuso de ella. Por un momento el hombre había olvidado las decisiones que Charly había tomado, como retirar la recompensa y detener la búsqueda, pero cuando lo recordó, fue cuando aceleró su automóvil, en menos de 15 minutos se encontraba fuera de la casa de Charly.

Golpeó sin importarle que las luces estuvieran apagadas, Charly tenía mucho que explicar.

Al cabo de un minuto un somnoliento Charly abría la entrada principal, pero cuando vio a su jefe parado allí, se despertó de inmediato.

— ¿Qué sucede? ¡AMIR!

— Charly.

No tenía tiempo de preguntar por qué el tono de pánico en su voz, o la cara de horror con el que lo miraba, como si fuera la misma parca yendo por él, Amir simplemente ingresó en la casa como si fuese suya, y es que, si trabajas para Amir, debes saber que tu vida le pertenece por completo.

— Se cómo se llama, su nombre y su apellido, ahora la encontraremos y...

— No.

— ¡¿Qué?! — Ahora era Amir quien miraba a su empleado como si este tuviera una nueva cabeza naciendo de su cuello.

— No dejaré que le quites a su hijo.

— ¡¿Pero qué mierda?! — todo cobro sentido para el dueño de Diamnons en ese segundo, Charly no solo la había encontrado, sino que sabía que efectivamente estaba embarazada.

El ruido de vidrios rotos los hizo girar, Candy los miraba con pánico en los ojos, a sus pies un vaso con leche yacía hecho trizas, estaba clavada en aquel lugar, sin poder creer lo que veía.

— Tú.

Los ojos de Amir se posaron sobre su vientre abultado, el cual resaltaba bajo la sudadera y el short que usaba de pijama, se veía aún más dulce y Angelical de lo que él recordaba.

“Si, ¡ella está embarazada! Lo sabía, mi hijo, mi niño de ojos verdes pronto estará a mi lado.”

La mente de Amir le estaba jugando una mala pasada, al pensar en aquel niño, ya no lo veía solo o con él, ahora lo imaginaba en los pequeños y blancos brazos de Candy.

Sin embargo, Candy lo miraba y no lo podía creer, ¡ellos se conocían! A su mente llegaron recuerdo de esa noche, sumado a lo que había escuchado, Amir quería quitarle a su hija, y ese olor que lo cubría... olor a whisky, olor a golpes y dolor.

Amir quiso acercarse, pero Candy salió corriendo, ella jamás entregaría a su hija, nunca lo haría, solo muerta entregaría a su bebé.

Los vidrios se enterraron en sus pies, pero eso no la detuvo, siguió corriendo, a pesar del dolor, cuando llegó a su habitación cerró con llave y como si de una niña se tratara corrió y se ocultó dentro del armario, rezaba por un milagro, que llegara un hada y la hiciera invisible, para que nunca nadie la haga sufrir nuevamente.

Cuando su padre la perseguía para golpearla hacia lo mismo, sin embargo, sabía que la descubrirían, siempre era así, siempre era lo mismo, y después, cuando la encontraban los golpes caían sobre ella, uno tras otro, por lo que trató de posicionarse de la mejor manera para cubrir a su bebé.

Amir salió tras ella enfurecido, perdiendo la poca cordura que le quedaba cuando la vio salir corriendo, ¡¿acaso ella pensaba huir con su hijo?! Si, las mujeres siempre huyen, son todas iguales, pero él no dejaría que lo alejaran de su hijo, ese con el que llevaba meses soñando, ese que, aunque no lo conocía y su existencia hasta ese entonces no estaba asegurada, él ya lo amaba con locura.

— ¡¿Que mierda haces Candy?! ¡Abre la puta puerta!

Amir no espero respuesta a sus golpes y gritos, tampoco Charly que trataba de llevarlo de regreso a la sala pudo hacer algo, pero ¿qué era lo que podía hacer el asistente que apenas media un metro setenta y cinco, contra su jefe de un metro ochenta y siete? Amir ante la desesperación que sentía, optó por tomar un pequeño impulso y romper la puerta.

Prendió la luz y vio el camino de sangre que llevaba al armario, aún segado por el enojo y la desesperación lo abrió de forma brusca aquella pequeña puerta, mientras gritaba.

— ¡Te dije que salgas!

— ¡No me golpees por favor! ¡No me golpees!

Los gritos y llanto de Candy le hicieron doler los oídos, mientras que en sus venas parecía que le habían inyectado hielo, estaba congelado ante aquella imagen, ella está hecha una bola cubriendo al completo su vientre, ella estaba protegiendo a su hijo.

—Amir, ¡basta! ¡Aléjate, la estas asustando!

Giró para ver a Charly, él jamás lo llamaba por su nombre, siempre le dijo señor, como tampoco se había atrevido nunca a gritarle de esa forma, por un momento Amir desconoció al joven que tenía delante suyo, quien lo miraba con ganas de .... ¡¿Golpearlo?!

— Candy, tranquila, ven pequeña soy yo, ven Candy sal de ahí, te hará mal ponerte así, ven conmigo.

Amir miraba como su asistente le hablaba con miel es sus palabras, pero aun así la chica no salía de su escondite, y el joven se arrodilló para quedar a la altura de esos ojos verdes, que habían cautivado a Amir.

— Candy... le hará mal al bebé. Recuerda lo que dijo el médico, por favor, Dulce Ángel. — Y en ese momento ella lo miró con una mezcla de pánico y pena.

— No, no mi bebé, él estará bien, yo lo cuidaré, siempre.

— Entonces sal, nadie te hará daño, lo juró, recuerda yo te cuidaré, por siempre.

Y Amir volvió a la realidad, ¡esa promesa! esas palabras dichas tan dulcemente, el frío que sintió en un principio ahora eran desplazados por un calor tan grande que parecía un volcán a punto de hacer erupción.

“¡Charly! ¡Cómo te atreves a si sea a mirarla y mucho más a enamorarte de ella! la mujer que lleva a mi hijo en su vientre, estarás muerto antes de confesarle tu amor”

Amir dejo a un lado los pensamientos homicidas y miró a Candy a los ojos, tenía la misma mirada, que cuando él la tomó por la fuerza, miedo, dolor, sufrimiento puro, el empresario se dio cuenta que tendría que vivir y morir cien veces de las maneras más crueles, para lograr así sea tener una pizca de lo que esos ojos reflejaban.

Estaba por hablar, cuando Charly, ignorándolo completamente la tomó en brazos y la depósito en la cama, con cuidado, era como si él supiera que tan frágil era esa joven.

— Candy, mira como quedaron tus pies, deberé curarlos, Dulce Candy, ¿cuándo aprenderás a cuidar de ti?

Ella no contestó, solo miraba al hombre que tenía delante, Charly la miraba con cariño, demasiado cariño para ser solo un amigo pensó Amir, el muchacho fue por el botiquín, Amir no movió ni un dedo en ese tiempo, solo observaba a Candy, estaba leyendo el rostro de la pequeña embarazada, podía ver miedo, ansiedad, desconfianza, todo dirigidos a él, comenzó a sentir algo raro, acaso eran... ¡¿celos?!

Cuando Charly comenzó a curarla, Amir no pudo evitar mirar las heridas y se sorprendió cuando la muchacha no se quejó o retorció de dolor, los vidrios realmente la habían lastimado, algunos incluso se habían enterrado en sus talones, sin embargo, ella solo acariciaba su vientre de una forma protectora.

— Ahora descansa, todo estará bien. Mírame, Candy, mírame a mí no a él, todo estará bien. Amir, ven conmigo.

“¡¿Amir? ¿Qué paso con lo de señor? ¡Y que rayos es esa miradita de mierda! Charly, Charly, ¡no provoques que te mate con mis propias manos!”

— ¡Quiero que me expliques que rayos significa esto! — Amir estaba en su límite de paciencia, si, él le estaba muy agradecido con María, pero su hijo estaba buscando su propia muerte, por el solo hecho de mirar a Candy.

— Lo haré, esto significa mi renuncia, ya no trabajaré para ti y, sobre todo, no dejaré que le quites lo único que tiene, su hijo ella...

— No se lo quitaré, ya no puedo por más que quisiera.

— ¡¿Que?! ¡¿Acaso es un truco?!

— Ella es la hermana menor de Matt.

— ¡¿Qué Mierda dices?! ¡¿Ella?! No, no, eso es imposible, tú no sabes nada de ella, como su padre la golpeaba, jamás Matt hubiera permitido algo así...

— No lo creas si no quieres, sé que es así, ¡y no tengo que explicarte más! mejor dime que tengo que saber, ¿desde hace cuánto está aquí contigo? ¿Hace cuánto me traicionaste?

— No dormimos juntos si a eso te refieres. — Dijo en tono mordaz Charly, el solo hecho de tener a Amir frente a él queriéndose llevar al amor de su vida le ponía los nervios de punta.

— No, no me refiero a eso, vi el cuarto, ella duerme sola. Quiero darte la oportunidad de hablar, pero también quiero saber que fue eso de " lo que el doctor dijo". — Amir estaba molesto con ese tipo de confianza que ellos tenían, era él quien tenía que saber todo de ella.

— Ella era la vecina de la que mi madre hablaba, solo que para todos se llamaba Violeta, cambió su nombre porque está huyendo de su padre, el maldito del novio se aprovechó de ello para obligarla a estar contigo, esa noche cuando ella regresó a casa él ya no estaba, se largó con el dinero, mi madre le llevaba comida, ya que ese bastardo no le dejo ni siquiera alimentos, un día llego en el preciso momento que Ben había regresado, la estaba golpeando... quería abusar de ella, fue en el tiempo que tu ofreciste otro millón para contactarla, parece que eso despertó la curiosidad del maldito, mi madre la salvó y se la llevó a vivir a su departamento, el día que descubrí que ella y Candy eran la misma persona y que estaba embarazada fui a buscarla para llevarla contigo, pero..

— ¿Que? ¿Dime que sucedió para que te arrepientas?

— Llegue en el preciso momento que Ben la estaba pateando en el suelo, ella no gritaba, no hacía nada, solo cubría su vientre, cuando el muy perro me vio se largó, la llevamos al hospital donde confirmaron que estaba embarazada, y saturaron su cabeza, de regreso ella solo hablaba de SU bebé, de que lo pudo proteger, de que solo viviría para él.

— Y decidiste traicionarme.

— ¡Tú tienes todo cuanto quieres, ella no tiene nada! Déjala en paz, entiende Amir, busca a cualquier otra mujer y...

— ¡No me dirás que hacer! ¡Mejor dime ¿cómo termino viviendo aquí, contigo?!

— La convencí de que era más seguro estar aquí, por si ese idiota volviera a buscarla, es por eso por lo que deje a Dominic tranquilo y retire la recompensa por ella, mi madre y yo la cuidamos, hoy la acompañe al control del cuarto mes, le hicieron una ecografía, el bebé está bien, pero, ella no.

— ¿A qué te refieres?

— Su cuerpo, es débil, ha sufrido demasiado, tiene que estar tranquila y no hacer esfuerzos, o todo puede salir mal, para ella o el bebé.

— ¿Y en qué momento te enamoraste de ella? — Charly entendió que ya no importaba ocultar lo que sentía por Candy, estaba a punto de perderla, lo sentía en su corazón.

—... Antes de saber que era Candy, cuando solo era Violeta la pobre niña analfabeta abandonada por su novio raro, antes de saber que se vendió a ti...

Lo que Charly quería decir era que nunca se quiso aprovechar de esa situación, pero no uso las palabras correctas, y ¿qué es lo que sucede cuando no hablamos correctamente? se nos mal entiende, pero peor aún ¿qué sucede cuando te dicen quédate aquí o no vengas?, correcto, la curiosidad nos lleva a donde no debemos ir. Y el llanto de Candy era la prueba de eso.

Ella trató, trato con todas sus fuerzas de guardar silencio, pero, aunque tapaba su boca con ambas manos, el sollozo se escuchó y ellos la descubrieron, en la mente de Candy, Charly no solo le había mentido, sino que se enamoró de ella, antes, cuando la creía una joven "limpia", antes de saber que se vendió, Candy se sentía nada, se sentía menos que la basura, y eso hacía que su corazón doliera una vez más.

— Candy...

— ¿Siempre me engañaste Charly? Dijiste que eras mi amigo, que me entendía, ¿me engañaste?

La voz de Candy reflejaba lo mucho que eso le dolía, Amir no tenía ganas de ver o escuchar una escena entre ellos, había algo que lo estaba molestando, pero no sabía que era, no le gustaba verla llorar y menos por Charly, por lo que, dando tres largos y rápidos pasos, tomo a Candy es sus brazos y la levanto, como si se tratara de una niña pequeña.

Ella estaba muda, no se atrevió a hablar, el olor que Amir tenía le traía los peores recuerdos y eso la llenaba de miedo, tenía pánico de decir algo y que Amir la golpeara.

— ¡¿Qué haces, Amir a donde la llevas?! ¡Bájala ahora! — Amir se giró y le dedicó una sonrisa a su empleado.

— Ella vendrá conmigo, yo la cuidaré, tú mejor quédate en silencio, sabes que es lo mejor que puedes hacer.

— ¡¿Acaso le preguntaste?! No me importan las consecuencias, si ella no quiere no se irá, ni contigo, ni con nadie.

Miro con enfado a Charly estaba a muy poco de arrancar su cabeza y usarla de adorno en su auto, pero se contuvo, luego miro directo a los ojos de Candy, perdiéndose un poco en ellos, ¿que tenía esa joven que lo hacía sentir de esa forma?

— Vendrás conmigo.

Charly escucho una orden, sin embargo, ella vio que los ojos de Amir hacían una pregunta, ella leía a ese hombre con mucha facilidad, solo que no se daba cuenta y rápidamente pensó.

“Él nunca te mintió, te lastimó sí, pero te dijo que te dolería, Charly te engañó todo este tiempo ¿y si es como Ben? ¿si después te obliga a hacer algo feo?”

Por lo que, para asombro de ambos ella asintió, aún con miedo, ella quiso ir con Amir.

Tenía miedo, tenía pánico, pero estaba tan dolida con Charly que no pensó con claridad. Ahora era tarde para pedir ayuda, ¡¿Que hizo?! Candy se regañaba mentalmente, ella tendría que haber pedido por María, pero ¿si Amir se enojaba con María? ella no quería llevarle más problemas a su amiga.

Amir la colocó en el asiento del acompañante y cuando fue a colocar el cinturón de seguridad no pudo evitar acariciar disimuladamente con el dorso de su mano el lugar donde su hijo crecía.

Su pecho se llenaba con una sensación nueva y maravillosa, su corazón latía tan rápido, que por un momento se mareo, pero se recompuso, Candy sintió algo que le rozó su vientre, pero se negaba a mirar, la cercanía con él la ponía nerviosa, hacía que su corazón se calentará, ya no sentía ese frío tan horrendo que siempre la acompañaba.

El camino fue echo en silencio, pero Candy no se sentía muy bien, estaba mareada y con asco, no sabía qué hacer, los nervios y el olor a alcohol le estaban jugando en contra. Él notó que estaba más blanca que lo normal, y no puedo evitar preocuparse, Charly dijo que ella no estaba bien de salud, y hasta que la llevara con sus médicos de cabecera debía confiar en la palabra del joven.

— ¿Te sientes bien? Estas muy pálida.

— No. — susurro.

Y cuando escucho esa palabra frenó en seco, se asustó con el solo hecho de que a ella le pase algo, la sacudida del auto provoco que ella vomitara sobre sí misma, trato de poner su mano para evitar que eso sucediera, pero fue inevitable.

Amir la miraba sin saber qué hacer, nunca estuvo en una situación similar, jamás había pasado por algo así sea parecido.

— Lo-lo- lo siento, yo... lo limpiare, lo dejaré como nuevo, tu auto. — Candy movía sus manos tratando de limpiar todo, pero solo consiguiendo hacer un desorden peor, un sudor frío cubrió su frente, estaba entrando en pánico, creía que Amir la golpearía en cualquier momento.

— Detente. — Apenas escucho la voz gruesa de Amir, ella hizo silencio y quedó quieta, mientras unas lágrimas caían en silencio.

— ¿Qué sucede? ¿Por qué vomitaste? ¿Por qué estás llorando? ¿Te duele algo? ¡¿el vientre acaso?! — El hombre se estaba asustando, todo ella era nuevo y desconocido.

— No, no me duele nada, es solo... el olor a alcohol, no me gusta, me hace dar ganas de vomitar, lo siento, no quería ensuciar tú auto.

— Deja de disculparte, esto lo limpiarán luego mis empleados.

Amir maldijo en su interior, él era la causa de esto, pero no podía hacer mucho, abrió su ventanilla al completo y la mitad de la de ella.

— ¿Mejor?

— Si.

Candy no podía creer que no la golpeara, recordó una vez que, sin querer, derramo un poco de bebida en el automóvil de Ben, y este le hizo limpiar con la lengua y luego le hizo colocar la mano en la puerta y la cerró, sacándole dos uñas.

Amir Comenzó a conducir nuevamente, mientras trataba de pensar que iba a hacer con todo esto, para cuando llegó a su mansión la única solución que tenía era la de casarse con esa joven y esperar a que se fuera, como lo hacían todas las mujeres, pero con una diferencia, él jamás la amo, ni la amaría y le enseñaría a su hijo a no necesitarla desde el momento que naciera, así cuando ella se largue, ninguno de los dos sufrirá, era el plan perfecto, le respondería a Matt y luego ella se largaria y él se quedaría con su hijo, ¿qué podía salir mal?

Amir bajo del auto y Candy se quitó el cinturón, abrió la puerta, pero cuando estaba a punto de bajar, lo escucho.

— ¡¿Qué haces?! — La reacción automática de ella fue cubrir su estómago, ahora vomitando, quedarse completamente quieta y mirarlo.

— ¿Quieres que limpie con mi lengua el auto? — Pregunto mirando el suelo del vehículo ahora vomitando.

— ¡¿Que rayos dices?!

— ¿O me romperás los dedos con la puerta?

— ¡¿De qué hablas?! Nadie haría algo tan... ¡atroz!

— Ben si me lo hacía. — Los ojos de Candy le hacían ver que tan ciertas eran esas palabras, y en esta ocasión fue Amir quien tenía ganas de vomitar, había leído el expediente médico de Candy, creía que su padre era un monstruo, pero ahora, parecía que Ben se llevaba el primer lugar.

— Te detuve porque tus pies están lastimados, no dejaré que camines.

Se agacho y la tomo en brazos sin importar ensuciar su camisa, y Candy por primera vez miro a su alrededor, no podía creer la enorme casa que está frente a ella.

“Esta casa parece a las de las revistas que lee María. ¡Es muy grande! ¿Cuántas familias vivirán aquí?, ¿cuánto tiempo tendré que quedarme? ¿María vendrá por mí?”

Candy pensaba en muchas cosas, y no le encontraba respuesta a ninguna, Amir por su parte ignoraba por completo a la empleada que le abrió la puerta y que ahora lo miraba como si de un alíen se tratara, tampoco se detuvo en su recámara cuando entro, él se dirigió directamente al gran baño completamente recubierto de mármol negro, Candy observaba todo lo que a su vista pasaba, no se atrevió a realizar ni una de las tantas preguntas que rondaban su mente en voz alta, Amir la sentó en un taburete que había en el lugar y comienzo a llenar la tina, se giró mirando a Candy y comienza a desvestirse, para él eso no significa nada, después de dormir con miles de mujeres estar desnudo frente a Candy, no le causaba nada, lo mismo que estar desnudo frente a un espejo.

De pronto ella recuerdo esa noche, miro hacia otro lado por vergüenza, pero Amir le pudo ver la cara por el espejo que estaba allí, Candy miraba el piso, pero comenzó a sonrojarse al recordar como él la tocaba y lo suave que fue, antes que se enfadara porque ella no se marchó enseguida de aquel lugar, y eso provoco que una lágrima callera sin permiso, mientras ella agachaba su cabeza un poco más, a la vez que pensaba.

“Él no te quería ver después de tener sexo. Ben te lo advirtió, debías irte cuando dijo que se ducharía. Tú lo provocaste, siempre te metes en líos Candy.”

— ¿Por qué lloras? — La voz de Amir a pesar de ser gruesa sonaba suave cuando pregunto.

— Por nada.

— Las personas no lloran por nada.

Al fin levanto la cabeza para contestar, pero se topó con que él estaba a un pie de distancia con su pene al descubierto. Por lo que cerró los ojos y cubrió su rostro completamente rojo con las manos.

Y como aquella noche eso provoco que Amir rompiera a reír.

Candy tenía ganas de ver como lucía cuando reía, y es que desde que lo conocía solo lo había visto serio o con cara de enojado, más esta noche, su cara estaba muy seria al igual que su voz, cuando hablaba con Charly ella estaba segura de que quería golpearlo, por suerte se equivocó.

Poco a poco dejo de reír, hasta que el baño quedo en silencio otra vez.

Candy se tensó un poco cuando sintió que él tomaba su mano, y la retiraba de su cara, por lo que giro su rostro, no queriendo ver su pene, que la hacía recordar muchas cosas, que quizás no debería.

— Mírame.

Y como si de un embrujo se tratara, ella lo hizo, miraba directo a los ojos azules de él, esos ojos con los que sueña que su hija tendrá, ojos color mar, brillantes y hermosos.

Amir se agacho sobre ella y tomo la parte baja de su camiseta sucia, se la retiro con sumo cuidado de no ensuciarla más de lo que ya se ensucio ella misma, Candy se sintió rara, jamás nadie la había tratado con tanta delicadeza. De pronto ante él quedaron al descubierto dos hermosos pechos con pezones rosados, habían crecido, lo pudo notar, estaban más redondos, grandes, y parecían que siguen igual de suaves a como él los recordaba, y su pene comienzo a crecer, Candy estaba ajena a esa situación, o casi, ella solo veía como esos ojos azules se tornan más oscuros, como un mar profundo, vio como sus pupilas se dilataron.

— ¿Cómo quitaré tú pantalón? — De pronto la voz ronca de Amir sonó cargada de deseo.

Candy se puso de pie, y bajo su pantalón corto, que usaba de pijama.

— ¿Qué haces? Siéntate.

Ella lo hizo, pero lo miraba con la confusión gravada en la cara, parecía un cachorro obediente, más que una persona.

Amir se agachó y terminó de sacar la pieza de ropa, cuando lo hizo vio los pies vendados de la joven, como la sangre estaba apareciendo nuevamente porque ella se había levantado.

— ¿Acaso no te duele?

— No más que el corazón, nada duele más que mi corazón, una vez que te acostumbras a ese dolor, lo demás no importa.

— ¿Por qué te duele el corazón? ¿estas enferma?

—No, solo duele... porque tengo miedo de perder a mi hija. Que tú me la saques cuando nazca, me hace sentir frío y dolor, mucho dolor.

— Te puedes quedar el tiempo que quieras en esta casa, después de que MI hijo nazca, pero él día que te quieras ir, será para siempre y te irás sola, ¿entiendes?

— Si, entiendo, entonces te juro que me quedaré toda la vida aquí, no te molestare, y como muy poco, también puedo trabajar, limpiar o cocinar, puedo hacer muchas cosas, te obedeceré en todo, no hablaré si no me lo pides, solo... no me apartes de mi hija, te lo suplico. — Amir vio por primera vez fuego en esos ojos, y acero en ese juramento. Ella estaba segura de lo que decía, ella haría cualquier cosa con tal de estar cerca de su hijo.

— Mientras te quedes aquí no necesitas hacer ningún trabajo, después hablaremos, ahora déjame bañarte.

La tomo en brazos y la llevo a la enorme tina.

— Deja tus pies apoyados aquí, que las heridas no se mojen o no sanara.

— Pero… me caeré y ahogare, esto es muy grande para mí. — Amir no pudo evitar sonreír, pero Candy tenía razón, ella era muy pequeña para aquella tina.

— Coloca tus manos aquí, así podré caber en la tina yo también y te ayudaré a bañarte.

— Lo puedo hacer yo sola, no debes mol--.

— No. Lo haré yo.

Amir sabía perfectamente que ella podía bañarse sola, pero no estaba dispuesto a dejarla, no cuando debía disculparse con ella, además después de pasar cuatro meses pensando en ella, no la quería perder de vista, necesitaba convencerse de que por fin la había encontrado.

Cuando Candy sintió las manos de él en sus caderas y como este la depositaba con sumo cuidado sobre sus piernas se dio cuenta de lo pequeña que era en comparación con él, ella podía perderse en ese enorme cuerpo, blanco, aunque no tanto como ella, de pies largos, al igual que sus piernas, todo músculos, todo duro.

Sintió como Amir movía sus manos hacia su vientre y como acto reflejo lo cubrió con las suyas, ella siempre lo cubría ante la presencia de algún extraño, y por más que conociera a Amir, la costumbre ya está instalada en ella.

— ¿Que sucede?

— No, nada.

— Estas rígida. — Candy permanecía en silencio y Amir lo entendió, ellos tenían una conexión.

— Jamás lastimaría a mi hijo. — Lo dijo con voz tranquila y suave.

— ¿Y si es una niña? — Pregunto ella con un hilo de voz, quería estar cien por ciento segura, y sabía que Amir no mentía.

— Jamás lastimaría a mi sangre, sea niño o niña.

Candy se relajó y quitó sus manos lentamente, no sabía porque, pero creía en lo que él le dijo, estaba segura de ello.

Fue consiente cuando él llegó al lugar donde se encontraba creciendo su bebé.

Amir trataba de controlar el temblor en sus manos, pero parecía imposible, toda la ansiedad que sintió estos cuatro meses se reflejaba ahora, pero también era el hecho de saber que él había ayudado a crear esa vida.

Candy podía sentir como temblaban sus manos y el latir acelerado del corazón del hombre, sabía lo que sentía, ella sentía lo mismo todos los días, colocó sus manos sobre las de él y las presiono con cuidado sobre su vientre, y estas dejaron de temblar, una sensación rara de paz y tranquilidad recorrieron el cuerpo de ambos.

— Yo lo cuidaré con mi propia vida si es necesario.

Esas palabras, más el aroma de su cuerpo, desarmaron por completa a Amir, ya no lo soportaba, esta joven había pasado por tantas cosas, y, sin embargo, allí estaba, sobre sus pierna, jamás pensó en ir a pedir ayuda y abortar a su hijo, sino todo lo contrario, ella juraba que lo cuidaría aún a costa de su propia vida.

— Perdóname… Necesito tu perdón. — le dijo mientras apoyaba su frente en la cabeza de Candy, ella sabía a lo que se refería, sintió una gota caer sobre su espalda, pero no se imaginaba a ese hombre tan importante llorando por ella, precisamente ella que no era nadie.

— Fue mi culpa, no debí dormirme, Ben me lo advirtió, yo debía salir cuando tú fueras a bañar, pero tenía sueño, eso que hicimos me dejó muy cansada. — eso en vez de apaciguar la mente de Amir provocó que su corazón sintiera como si una lanza lo atravesara, primero fue obligada por Ben a estar con él y luego él la había abusado, en un arranque de estupidez, pero era ella la que se culpaba, como si realmente hubiera fallado.

— Te lastime mucho, ¿verdad? — Estaba seguro de eso, pero aun así necesitaba escucharlo de sus labios.

— Sí, pero las heridas sanan, no debes sentirte mal por eso. — A pesar de que ella no lo veía podía oír su voz, estaba cargada de sufrimiento.

— Sí, las heridas sanan, pero también dejan cicatrices.

— Pero esta dejo lo que yo más amo en la vida, mi bebé.

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Dulce Ángel.

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