Capítulo 2

2

Pasaron horas antes de que Draco finalmente oyera cerrarse una puerta escaleras abajo. Su padre había llegado. Nadie más se atrevía a dar portazos en Malfoy Manor. Eso también indicaba que su padre estaba enojado y probablemente no estaría de buen humor como para escuchar las quejas de Draco, pero Draco había esperado demasiado. Iba a correr el riesgo de ser enviado de vuelta a su habitación con brusquedad. Se puso en pie de un salto y corrió al salón de entrada.

—¡Padre! ¡Estás en casa! —gritó alegremente y lo abrazó.

Y entonces lo olió. Su padre estaba ebrio. Era realmente el peor momento para acercársele. Lucius Malfoy era peligroso cuando estaba ebrio, muy peligroso. Draco sabía que debía mantenerse lejos del alcance de su padre a cualquier costo bajo esas circunstancias.

Pero era demasiado tarde. No podía retroceder. Lucius lo miró, sus ojos brillando con furia.

****

Se estaba haciendo tarde. Severus Snape estaba paseando por Diagon Alley inseguro sobre qué hacer. Los alumnos finalmente se habían ido y tenía todo el verano por delante para disfrutar, pero su esposa infortunadamente había decidido que era el momento perfecto "para deshacerse de ese perro", como había indicado ella.

"Ese perro" era un lindo pequeño bastardo de ascendencia irreconocible. Tenía pelaje amarillo con algunas pequeñas manchas blancas. Una oreja se mantenía erguida en un triángulo perfecto, la otra colgaba casi hasta su ojo. Tenía, en opinión de Severus, los más lindos ojitos de cachorrito y una adorable sonrisa cuando miraba directamente hacia él, como estaba haciendo justo ahora. Su larga y peluda cola se agitaba con entusiasmo. Era un perrito muy alegre.

Severus lo había encontrado unas pocas semanas antes justo ahí en Diagon Alley cuando había ido de compras por ingredientes de pociones para la escuela. El perrito yacía malherido y no había nadie cerca que pudiera ser su dueño. Así que Severus lo había recogido y lo había llevado a casa para cuidar de su pata herida.

Su esposa, sin embargo, no había estado muy contenta con eso, así que Severus había prometido regresar al perro con su dueño tan pronto como su pata estuviera sana. Y Sarah había decidido que ese era el día perfecto para hacerlo.

Severus había estado paseando por Diagon Alley y todas sus pequeñas callejuelas laterales por casi el día entero. Había preguntado a cada dueño de tienda y cada residente al menos dos veces y había molestado a montones de compradores, pero nadie sabía a quién pertenecía Ese Perro. Nadie excepto Ese Perro, claro está, quien estaba convencido de que pertenecía a Severus y que nadie tenía permiso de interponerse entre él y su amo, como había descubierto un muy enojado dueño de una tienda de mascotas cuando trató de sacar al animal de su tienda luego de que le diera un gran susto a sus preciosos gatos de raza.

Ese dueño de tienda no había probado ser muy útil, por supuesto, y Severus había tenido que pagar a disgusto la cuenta del medimago. Sarah no estaría contenta de escuchar sobre el incidente. Estaban ya bastante mal de dinero, de todos modos.

Severus y Ese Perro doblaron la última esquina en Diagon Alley por tercera vez en ese día y Severus se preguntó ligeramente qué hacer a continuación. Podía ya fuera irse a casa y volver otro día, o podía tratar de preguntar en Knockturn Alley ahora, lo cual era un mal momento, porque ya estaba oscureciendo y era cuando cuando los clientes empezaban a llegar ahí. Por supuesto que necesitaba preguntar a tanta gente como fuera posible si realmente quería encontrar al dueño de Ese Perro, pero de alguna manera no deseaba hablar con el particular tipo de gente que frecuentaba Knockturn Alley. Preferiría conservar a Ese Perro. Sarah, por otro lado…

Repentinamente escuchó un suave sollozo. Ese Perro empezó a gemir con simpatía. Severus siguió el sonido y encontró una pequeña figura muy familiar acurrucada al final de la esquina, sollozando.

—¿Draco? —preguntó Snape sorprendido—. ¿Qué estás haciendo aquí a esta hora? Se supone que debes estar en casa. ¿Cómo llegaste hasta aquí, en todo caso?

Draco levantó la mirada hacia la figura borrosa de su maestro, con ojos llenos de lágrimas, y continuó sollozando. Ese Perro gimió todavía más fuerte, sintiendo pena por el niño que lloraba.

—Vamos, Draco. Te llevaré a casa —ofreció Snape.

—N… no —sollozó Draco—. Él me matará. No puedo ir a casa… nunca. —¿Por qué no? —preguntó Snape confundido. ¿Qué se suponía que iba a hacer con el muchacho? No podía simplemente llevarlo a su dormitorio o con Madame Pomfrey en mitad de las vacaciones.

—Él la mató —sollozó Draco.

"¿Él la mató?" pensó Severus. ¿No había dicho Draco "Él me matará" antes de eso?

—¿Quién mató a quién? —preguntó al muchacho pronunciando cada palabra muy lenta y claramente. Necesitaba una respuesta clara.

—Mi p… pa… padre —sollozó Draco todavía más fuerte—. M… m… madre.

"¿Qué?" ahora esto se estaba volviendo muy confuso. Snape trató de recordar si había un hechizo para hacer que alguien dejara de llorar. ¿Tal vez Draco podría explicarse si tan sólo dejara de llorar?

—¿Qué hay con tu padre? —intentó pacientemente. ¿Qué otra cosa podía hacer? No conocía un hechizo para eso y no era tampoco el lugar o el momento para preparar una poción aún si hubiera tenido consigo todos los ingredientes necesarios.

—Mi padre… mató… a mi madre —finalmente logró decir Draco. —¡¿Qué?!

—Estaba ebrio… Y lo hice enojar… Me golpeó… Y entonces… Entonces llegó Madre. Se interpuso… Corrí… Padre estaba gritando… Lo escuché golpearla… Y ella gritó… Y… entonces ya no oí nada… me acerqué de regreso. Y había sangre por todas partes. Madre estaba tendida en el suelo y no se movía y Padre estaba de pie junto a ella. Me miró y nada más supe que me mataría si me… si me quedaba… ¡Por favor, no me lleve de vuelta!

Capítulo 3

3

Snape sólo miró a Draco durante todo el párrafo entrecortado.

¿Lucius Malfoy golpeando a su hijo y su esposa? Bueno, sabía que Lucius era un hombre serio y en ocasiones cruel, ¿pero perder el control de esa manera?

—Draco, cálmate ya. Esto seguro de que parece terrible, pero debes haber sobrerreaccionado. Tu padre nunca mataría a tu madre. Tal vez ella sólo cayó y se golpeó la cabeza. Las heridas en la cabeza sangran terriblemente, pero eso no significa que esté muerta. Vamos. Te llevaré a casa y verás que tu madre está bien. Estoy seguro de que estará curada ahora —ofreció su mano a Draco otra vez.

—No. Él la mató —insistió Draco sacudiendo la cabeza violentamente.

—De acuerdo, iré primero y veré cómo está. Tú espera afuera y si todo está bien, volveré y te llevaré —sugirió Snape.

—No. Él lo matará a usted también —rehusó Draco, obviamente asustado por la sola sugerencia de que Snape entrara a Malfoy Manor.

—¿Qué? ¿Quieres que consiga a los aurors para ver si tu madre aún vive?

Draco asintió. Parecía gustarle la idea.

—De acuerdo, le diré a los aurors, pero tenemos que esperar hasta mañana. Se ponen muy gruñones si se les llama para nada a una hora tan tardía —¿pero qué hacer con el muchacho mientras tanto?—. Te llevaré a casa para que pases la noche.

—No. Padre me matará —tembló Draco.

—No a tu casa —suspiró Snape—. A la mía.

Con eso Draco parpadeó, dejando de sollozar y empezó a secarse las lágrimas con las manos. Snape le dio un pañuelo.

—Gracias.

Ese Perro dejó de gemir y cuando Draco se levantó y puso gentilmente su mano en la de Snape, empezó a sonreír de nuevo y corrió alrededor de los dos agitando su cola.

—¿Ese es su perro? —preguntó Draco en el camino de vuelta al Leaky Cauldron.

—Eso piensa él —suspiró Snape.

Tomaron la Red Flu hasta la estación flu pública en Hogsmeade y de repente Draco comprendió que no tenía idea de dónde vivía Snape cuando no estaba en Hogwarts. No se dirigían a Hogwarts, pro lo que podía ver. Nadie podía aparecer en Hogwarts, pero se podía llegar bien con polvos flu. Cualquiera que fuera el lugar en el que Snape vivía, obviamente no tenía su propia chimenea. Eso no se sentía bien. Incluso los Weasleys podía pagar su propia chimenea, Draco sabía eso. Repentinamente se preguntó cuánto ganaban sus profesores en Hogwarts.

Snape salió de la chimenea y puso en el suelo a Ese Perro, al cual había cargado a través del viaje flu. Los perros podían simplemente entrar a las chimeneas con sus dueños, pero Severus no quiso arriesgarse a asustar a Ese Perro porque era muy pequeño. Era por eso que había decidido cargarlo como a un gato.

Ese Perro sonrió a los dos humanos y los precedió por el camino hacia el pequeño río que corría a través de la ciudad. Obviamente sabía cuál era el camino a casa. Draco esperaba que eso significara que no estaba muy lejos. Hogsmeade era una gran ciudad aún a pesar de que los estudiantes de Hogwarts sólo visitaban su centro durante sus fines de semana ahí.

Pronto alcanzaron el río y caminaron junto a él por un rato. Draco nunca había estado en esa parte de la ciudad antes. No había tiendas ahí que interesaban a los niños. Ese Perro los guió hacia el puente que cruzaba el río.

—No vamos a ir ahí, ¿o sí? —preguntó Draco a Snape cautelosamente.

Su padre le había advertido no cruzar ese puente.

—Sé que no es la mejor parte de la ciudad, pero estarás bien siempre que permanezcas cerca de mí. No son malas personas cuando los conoces.

Draco miró a Snape con extrañeza. "No la mejor parte de la ciudad" era un eufemismo. De acuerdo con el padre de Draco, era exactamente lo opuesto, un lugar donde sólo vivía la basura del mundo mágico. Squibs, sangresucias, hombres lobo y desempleados. Draco se preguntó como un profesor de Hogwarts encajaba ahí, pero no se atrevió a preguntarlo en voz alta. ¿Tal vez Snape había nacido ahí y simplemente nunca se había molestado en mudarse? De alguna manera eso tampoco parecía verosímil.

Cruzaron el puente y Draco pronto vio a qué se refería su padre. Las casas eran pequeñas por ahí y a medida que caminaban veían más y más cabañas ruinosas urgidas de reparaciones. Siguieron el río más y más lejos del centro de la ciudad y de repente las casas fueron más grandes otra vez. Edificios de apartamentos, comprendió Draco con sorpresa. No sabía siquiera que existieran en Hogsmeade. Hasta los magos más pobres que conocía vivían en sus propias casas. Bueno, obviamente había estado equivocado al respecto.

Snape ahora lo guió apartándose del río. Esa parte de la ciudad era muy oscura, pero Draco podía ver las formas de los arbustos y árboles a su alrededor e inconscientemente se acercó a Snape. Ese tenía que ser el conocido Parque Merlín, la parte más pobre y plagada de crímenes de Hogsmeade. Hasta los aurors, le había dicho Lucius a Draco, temían cruzar el Parque Merlín solos después de oscurecer. Snape sin embargo no parecía tener dudas al respecto. Al menos esta era la peor parte de la ciudad. Eso mejoraría tan pronto como dejaran la vecindad inmediata al parque.

Pero no sucedió así. Ese Perro ladró excitadamente y corrió hacia uno de los edificios de apartamentos que rodeaban el parque. Se detuvo frente a la puerta y esperó agitando su cola alegremente.

—¿Aquí? —preguntó Draco a Snape con duda.

—Sé que no es a lo que estás acostumbrado, pero necesitas un lugar para pasar la noche y esto es todo lo que puedo ofrecer.

Draco contempló la sucia entrada. Era mejor que dormir en el suelo de una esquina en Diagon Alley, supuso. Y al menos ya no estaba solo.

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