Gustavo estaba llegando al hospital, estaba nervioso, no tanto por pedirle matrimonio a su chica sino por el alboroto que haría Horacio, no sabe absolutamente nada de él desde ayer solo un mensaje que le dijo “ve de traje” sabiendo que casi no usa trajes, se lo pidió y ya, solo ha sido eso.
Llegó a la esquina del hospital y vio no solo tres patrullas y dos motos, sino que vio a demasiadas personas que estaban sin hacer nada. Estaciono su auto frente al hospital y busco a Horacio. No sabía qué tanto habrá planeado, pero se estaba poniendo nervioso.
— ¿Qué demonios es todo esto?
— Ya verás – sonrió Horacio – Será épico.
— Tengo miedo.
— Tranquilo, que debes verte bien para tu chica – le arregló la corbata – No hay vuelta atrás, una vez le des el anillo y ella diga que acepta será para siempre.
— Lo sé, no me metas miedo, se a que me enfrento – suspiro – La amo Horacio, amo tanto a esta mujer que no quiero perder un segundo mas, quiero una vida con ella.
— Bueno, pues hacelo saber – sonrió mirando a la puerta del hospital donde Natalia salía con más médicos.
La canción “Candyman” comenzó a sonar, las personas que no hacían nada comenzaron a bailar, Gustavo casi le da un ataque de risa, con esa canción conoció a Natalia y parecía que ella la había reconocido.
Gustavo comenzó a caminar hasta que llegó frente a ella.
— ¿Qué es todo esto? – sonrió – No me digas que olvide algún aniversario.
— No, nada de eso solo quería sorprenderte.
— Lo has hecho – los dos se besaron tiernamente – Pero dime ¿Qué es todo esto?
— Bueno es oro blanco con diamantes incrustados hecho solo para ti.
— ¿Qué? – lo miró confundida, las sirenas de las patrullas comenzaron a sonar y eso atrajo la atención de la chica, que al ver vio que cada uno de los bailarines sostenia una hoja de color con una letra, juntado todo decía ¿Te casas conmigo? Cuando volvió su mirada a Gustavo ya estaba de rodillas – Oh Dios.
— Llevamos mucho tiempo juntos, eres perfecta, te amo con todo mi corazón y quiero pasar cada minuto de mi vida contigo – le sonrió y abrió la cajita que sostenía – Natalia Campell ¿Te casarías conmigo?
La chica que conoció en el hospital mientras le sacaba fragmentos de una bala del pecho, a la chica por la cual fue al hospital más veces con tal de solo verla. La chica que lo aceptó y que estaba con él en todo su negocio, convirtiéndose en su Reina. Esa chica es con la que deseaba pasar su vida entera, formar una familia, solo la amaba a ella, no había nadie más, Natalia era su chica.
— Sí – sonrió en grande – Si, si y si.
— Oh Dios mio – Gustavo se levantó y la abrazó, levantándose del piso para darle vueltas - ¡Dijo si! – grito y todos gritaron celebrando – Ven aquí – la beso tiernamente y le puso el anillo.
— Si que sabes mi talla.
— Sé todo de ti – le guiño – Ahora porque no vamos a casa usas ese traje que prometiste usar – susurro junto a sus labios – Y en la noche celebramos inaugurando la tercera planta del club.
— Eres perfecto – sonrió antes de besarlo.
{…}
— ¿Qué sabemos de él? — dijo Horacio, reuniéndose con los de rango importante en la comisaría a la hora del almuerzo.
— Veamos, fue difícil saber algo de él, parece que no existiera este hombre — dijo Brown mientras comenzaba a revisar lo que encontró.
— O que asuntos internos no quisiera que supiéramos quién es realmente él — dijo Kyle mientras le ayudaba a encontrar lo que tenían de Rusell.
— Aquí está – susurro – Es un Marine con honores, estuvo en la guerra, cosas realmente irrelevantes. Esperen, parece que encontré algo, parece que estuvo casado y tuvo hijos pero fueron asesinados. No hay más información, parece como si él hubiera muerto después de eso, no hay nada más.
— ¿Familia muerta?
¿Por qué enviaron a alguien que prácticamente no existe en la base de datos oficial? Tenía al menos dos razones, una es porque sabían que la policía era corrupta o porque querían sacar a Gustavo del mapa.
— Así es, pero no me deja acceder a nada más – suspiraron – Sea quien sea ese hombre, está aquí por algo no solo por esta comisaría, debe haber algo más.
— Ya veremos – dijo Horacio – Gracias, de todas formas.
— No es nada, comisario – le sonrió.
Apenas habían pasado tres días y ese nuevo jefe ya los había puesto a comer mierda, más de la que ya estaban comiendo.
Salió a recepción donde estaba el resto de comisarios, se acercó a ellos.
— ¿Salió algo? – dijo Ivanov.
— Nada relevante – carraspeo – Necesito un trago.
—- Yo igual – dijo Greco – Horacio – lo miro - ¿Cómo está el nuevo club de Gustavo? – sonrió de lado.
La curiosidad estaba matando a la mayoría de comisarios, querían saber más del club…
— Saben que no puedo decir nada, acuerdo de confidencialidad – sonrió Horacio – Pero, si de verdad se quieren desestresar y al mismo tiempo pasar un buen rato, es el lugar indicado.
— ¿Es cierto lo que se dice? – sonrió Ivanov con un brillo en sus ojos.
— No sé que has escuchado – sonrió divertido – Vayan chicos, digan que vienen de parte mía y si quieren el pack completo, firmen el acuerdo.
Todo el mundo sabía lo prestigioso que era el club Ginebra y que había un acuerdo de confidencialidad, lo que hacía que la curiosidad en todos creciera aún más.
— ¿Qué dices Greco? ¿Vamos? – dijo Ivanov, mirando a su compañero.
— ¿A dónde irán, anormales? – dijo Rusell entrando en su conversación.
— A un bar – dijo Greco - ¿Quiere venir? – Horacio e Ivanov lo miraron de inmediato ¿estaba loco? – Solo el mejor whisky en el mejor lugar.
— ¿Mejor whisky? Eso debo verlo yo ¿a qué hora irán?
— Las 9:00 – dijo Ivanov – ¿Pasamos por usted?
— Solo díganme donde está y yo iré, no necesito una puta niñera.
— 10-4 Yo se la mandaré superintendente – dijo Greco.
— Hagan 10-33 no quiero que solo estén planchando bragas.
El jefe se fue dejándolos de nuevo solos.
— ¿Qué coño te pasa? – dijo Horacio – No es un bar cualquiera.
— Por favor, lo único malo es que nos degrade a oficiales – suspiro – Además ¿de verdad creen que quiera entrar?
— Pero si entra — dijo Ivanov mirándolos. — Nuestro nuevo jefe en un maldito club y no cualquier club, todos sabemos que hay en ese lugar.
— La guardia baja, tenemos de donde tomar al nuevo jefe — sonrió Greco. — Tenemos una cita perros, nos vemos.
Horacio suspiro, pero admitía que tenían un buen punto, tomó su teléfono y marcó el número de Gustavo.
— Hola bebé ¿Qué ocurre?
— Gustavo, puede que tenga algo – soltó una risita – Ire en la noche con los comisarios.
— ¡Maldición! Esa es la actitud guapo, gracias por informar, sacaré lo mejor para ellos – rieron divertidos - ¿A qué hora vendrán?
— A las 9:00 pero no solo iremos nosotros – suspiro – A Greco se le ocurrió invitar al nuevo jefe, Jack Rusell.
— ¿Cómo?
— Como lo oyes.
— ¿Es el de las pistoleras, verdad? - escucho un “ajam” por parte de Horacio – Tener al enemigo aún más cerca — una sonrisa perversa se le formó a Gustavo — Me encargare de él.
— ¿Seguro? No quiero que tengas problemas.
— Horacio ¿Qué hacemos con los problemas? – escucho una risita - ¿Qué hacemos?
— Nos los comemos – susurro.
— No escucho.
— Nos los comemos – dijo más fuerte – Me escuchaste, los problemas me los como.
— Así se habla perro, ahora debo hacer unas cosas nos vemos esta noche.
— Vale, adiós.
{…}
Gustavo se puso uno de sus mejores atuendos, su prometida tenía el turno nocturno y por desgracia no estaría esa noche con él en el club, así que tendría mucho tiempo para poder disfrutarlo con los policías que fueran esa noche. Pensar en tener al nuevo Jefe de rango superior en su club le gusta, porque es literalmente meterlo a su mundo, donde él tiene el poder, donde puede controlarlo, donde es el Rey. Sabiendo como sería de obstinado en no querer sobrepasar su curiosidad, ya tenía algo preparado, algo que lo haría romper todas sus reglas y firmara el acuerdo.
Comenzó a preparar algunas bebidas, cuando vio llegar a Horacio junto con sus compañeros, no tenía duda alguna que todos estaban muy bien.
Greco era de los que más imponen, todo su cuerpo bien trabajado, músculo, pecho, espalda ancha, su ropa parecía algunas veces que se iba a romper de tan grande que estaba, barba de leñador y cabello siempre bien peinado aunque en esa ocasión tenía el cabello revuelto, más rebelde.
Ivanov, ese bulgaro de piel morena, barba bien delineada, alto, también hacía ejercicio pero no estaba tanto como Greco. Al igual que Greco, él también tenía cierta actitud rebelde, con ganas de romper las reglas.
— Buenas noches caballeros – sonrió Gustavo.
— Buenas – dijeron todos.
La primera cubierta del club era un simple bar con un pequeño escenario donde estaban las chicas de Gustavo en muy poca ropa. Las luces neón, el ambiente, la música y sin duda las chicas coquetas, de grandes pechos y curvas, llamaban mucho la atención y aumentaba más su curiosidad.
— Esto es una puta locura Gustavo – dijo Ivanov con una gran sonrisa. – Me encanta.
— Y solo estás viendo la cubierta amigo mío – dijo Horacio tomándose la libertad de servirse una cerveza de barril.
— ¿Qué más hay? – dijo Greco curioso.
Gustavo y Horacio compartieron una mirada pícara, sabiendo que estaban logrando lo que querían.
— No puedo revelar nada – sonrió y dio una señal a dos de sus chicas que de inmediato llevaron los acuerdos de confidencialidad personalizados para cada uno – En cuanto tengan su firma en ellos podré hablar libremente.
— No perdamos el tiempo – dijo Brown tomando un lapicero y firmando donde decía “firma”.
— ¿No vas a leer antes? – dijo Greco.
— ¿Qué puede decir? Esto es un club exclusivo – dijo Brown – No me detendré a leer esta mierda.
— Les explico – dijo Gustavo ignorando a Brown – Esto no es un club cualquiera, mis chicas y mis chicos no son cualquiera – en ese momento un par de chicas llegaron, la música de fondo cambió y comenzaron su trabajo atrayendo la completa atención de los agentes – Un solo rasguño y los desaparezco en un chasquido – trono sus dedos atrayendo la atención nuevamente de los maderos – Se los advierto.
— Entendemos – dijo Greco.
— Perfecto – sonrió de lado - ¡Cervezas aquí! – ordenó y las meseras llevaron las cervezas, esperando que terminaran de firmar el acuerdo de confidencialidad. Él se acercó a servirse un trago, mirando con una sonrisa como todos firmaban el acuerdo de confidencialidad. – Ahora sí, vamos a lo bueno. Como ya lo dije mis chicas y mis chicos tienen una vida fuera de aquí, así que si se los encuentran fuera de este lugar, son desconocidos para ustedes así como ustedes lo serán para ellos. Me vale una mierda si es su puto vecino, su compañero de trabajo, ustedes entienden lo que es la palabra confidencialidad.
— Si – dijo Ivanov – Todo lo que pase se queda aquí.
— Así es – suspiró – Al igual que entre ustedes no pueden hablar de esto, si no es aquí. Chicos este lugar será su puto santuario, si están en el closet aquí podrán ser libres, si son curiosos y quieren abrirse paso a nuevas cosas, este es el lugar – les sonrio – Tenemos está planta, donde puedes relajarte, disfrutar de buenos tragos y de bailes y si alguna te gusta y ella accede podras llevarla a la segunda planta donde están nuestras habitaciones privadas, lo advierto una vez mas, nada de abuso aquí, si ellas lo quieren lo harán si las obligan, olvídense de sus vidas – asintieron todos – Perfecto, también en nuestra segunda planta están las zonas donde es solo para hombres – sonrio de lado – Si quieres experimentar, ahí puedes ser tú mismo, asi como también esta la zona para chicas. Lo mismo, si se agradan y quieren entrar más a fondo, tenemos habitaciones. En resumen, mente abierta, relájense y a disfrutar.
— Así se habla – dijo Ivanov.
— Pues a divertirse – sonrió divertido.
Horacio no perdió más el tiempo ahí y se fue a su zona favorita donde Ivanov lo siguió solo por “curiosidad” Greco se quedó sentado mirando el baile de una de sus chicas y Brown desapareció de su vista.
— ¿Cómo vamos?
— Todo bien jefecito – sonrió Pablo – Todo como en un día normal.
— ¿Cómo está nuestra tercera planta?
— Funcionando y con mucho ruido – los dos rieron – Daré mi rondín, te avisaré cualquier cosa.
— Está bien – Gustavo estaba por irse a la segunda planta cuando lo vio, traje negro, fumando un cigarro y lentes oscuros – Vaya, vaya – susurro sonriendo, se acerco hasta quedar cerca de él y su acompañante.
— Esto es un jodido putero – dijo Rusell.
— Un club de calidad – dijo Gustavo sonriendo – Soy Gustavo, dueño del lugar.
— Creí que era más grande tu “club” — dijo con un poco de gracia.
— Mi club es como un culo, jamás sabes que tan grande es hasta que lo tienes en la cara – sonrió divertido – Adelante, les serviré lo que gusten, la casa invita la primera ronda.
Cómo comenzaban a seguir a Gustavo miraban como las luces neón guiaban a otras partes del lugar lo que les causaba intriga ya que también tenía flechas llamativas. El par de agentes se sentaron en unos bancos cerca de la barra, Gustavo les preparó whiskys de calidad y se los llevó.
— ¿Qué más hay aquí? – dijo Petrov señalando las flechas.
— La curiosidad mató al gato ¿estás dispuesto a correr ese riesgo? – sonrió Gustavo – Cómo dije es un club de calidad y muy reservado – suspiro – Para saberlo, deberán firmar un acuerdo de confidencialidad.
— ¿Acuerdo de confidencialidad? ¿Qué demonios hay ahí para que tengas acuerdo de confidencialidad? – dijo Rusell.
— Mi vida entera – sonrió Gustavo mirándolo, Rusell dio su primer trago a su whisky, no lo pudo ocultar, era un whisky de calidad - ¿Qué tan curiosos están esta noche caballeros?
— No está… - Petrov no dijo nada ya que vio salir a Horacio de ese pasillo, tenía un atuendo muy apretado y parecía estar sonrojado aunque las luces neón lo hacían ver así, estaba jadeando y sonriente. Ese era parte de su plan.
— Oh, hola – sonrió Horacio acercándose.
— Horacio – dijo Petrov mirándolo, al tenerlo cerca lo vio jadeando, labios hinchados y sudando.
— ¿Qué pasa Horacio? – dijo Gustavo.
— Ammm – su mirada pasó de Rusell a Petrov hasta llegar a Gustavo.
— Puedes decirlo – sonrió juguetón.
— Rompimos unas esposas – dijo Horacio – No encuentro las de repuesto.
— ¿Rompiste unas esposas? ¿Cómo coño…? No me digas, se que tan rudo puedes ser – dijo Gustavo – Donde estaban esas esposas ahí mismo hay un fondo falso – le dio un guiño – Sigue jugando.
— Gracias – sonrió y se retiró sin decir más.
— Seguiamos – sonrió Gustabo.
— ¿Esposas? – dijo Rusell dirigiendo su mirada al rubio.
— No sé de qué me habla – sonrió divertido – Dejaré esto aquí – dejo dos acuerdos de confidencialidad – Saben que significa la palabra confidencial, todo lo que pase aquí, todo lo que vean y a quien vean aquí, se queda aquí. Nada sale de este lugar – suspiro – Y si sale, me encargó rápidamente de ello – le dio un guiño – Los estaré esperando en la barra.
Rusell no pudo evitar ver como el rubio se iban contoneando las caderas y gracias al pantalón que tenía puesto podía ver su perfecto culo, redondo y levantado.
— Lo siento Rusell, pero soy el gato – dijo Petrov.
— ¿Lo harás? – dijo incrédulo.
— Claro que lo haré, tengo curiosidad y según la página dos, no podemos hablar de esto estando fuera de este lugar lo que me parece estupendo porque no me jodas con el tema cuando estemos trabajando – le sonrió – Te veré mañana en el trabajo – se levantó y se acercó con Gustavo. Los dos hablaron un poco, Gustavo le sonrió llamó a una de sus chicas y dejó que ella lo guiara por el club como un gatito curioso.
Rusell se quedó solo, tomó el acuerdo y comenzó a leerlo. Era muy específico sobre no sacar nada del club. No quería firmar nada de eso, solo acabarse ese buen whisky e irse, pero entonces vio como uno de sus comisarios, Greco iba tomado de la mano de una sexy morena que lo guiaba a la segunda planta.
¿Qué demonios tenía esa planta?
Al final ganó su curiosidad, necesitaba saber que tenía ese club y quería saber que ocultaba su dueño.
— A la mierda – susurro para sí, tomó el lapicero y firmó todo el acuerdo.
Gustavo podía ver como el nuevo Jefe de policía firmaba el acuerdo.
— La curiosidad mata hasta al más fuerte – sonrió Gustabo, sintió una fuerte mirada sobre él, no tenía que indagar sobre quién era. Saco algunas cosas y preparó la famosa “mamada” tomó el vodka, crema irlandesa y crema batida, sabiendo que Rusell lo estaba mirando lo comenzó a chupar como si fuera un pene y al final, usando solo su boca, bebiendo el contenido del chupito. Cuando abrió los ojos, Ruell estaba frente suyo, limpió la comisura de sus labios que tenía residuo de crema batida y le sonrió - ¿Y bien?
— Juegas bien para ser el dueño del lugar – dijo Rusell entregando el acuerdo firmado – Pero se jugará mucho mejor.
— No importa que juego sea, yo sé jugar sucio y todo esto es solo un juego sucio – sonrió Gustavo – ¿Qué quiere Jefe Rusell?
— Llévame a la segunda planta — ordenó con la voz ronca y profunda.
— Como ordenes – le dio un guiño antes de darle la espalda.
La segunda planta…
La segunda planta…
Conforme subieron a la segunda planta, un gran letrero que decía “Boys” señalaba una puerta que estaba abierta. Gustavo se detuvo un poco para que Rusell pudiera mirar con detenimiento la primera puerta.
Sus ojos analizaron el lugar, luces neón, un bar, junto con un escenario donde bailarines hombres se presentaban, pudo incluso divisar en una mesa a Ivanov casi babeando por un pelirrojo con uniforme de policía que bailaba en su mesa.
— Sígame, no quiero que se pierda – susurro Gustavo a su oído, sacándolo de su mente.
No dijo nada, solo carraspeó y continuó siguiendo al rubio, poco más adelante había una puerta más esta tenía el letrero de “Girls” era básicamente lo mismo, solo que en vez de hombres bailando eran mujeres. Nuevamente pudo divisar a lo lejos una de sus oficiales, Kylie si bien recuerda, que tenía una rubia sentada sobre ella besándola apasionadamente.
Bendito acuerdo de confidencialidad.
Siguieron caminando por el pasillo hasta llegar a más puertas, algunas estaban cerradas, algunas abiertas o semiabiertas, pasaron por una que estaba abierta, Horacio estaba en ella, tenía a un chico esposado a una X en la pared mientras lo torturaba un poco.
Gustavo estaba tan acostumbrado a ver a Horacio así, jamás cerraba la puerta, le gustaba ser un explícito total.
Pero pudo ver como Rusell recorría con la mirada la habitación, entreabrió los labios y pasó su lengua por ellos. No pudo evitar sonreír.
Tomó la mano de Rusell, sorprendiéndolo. La sonrisa del rubio se hizo evidente tanto como su perversa mirada.
Puede que Rusell sea el enemigo, pero en verdad quiere adentrarse al infierno con él.
Rusell no es el único curioso está noche…
— Como buen anfitrión te dará un pase VIP – le sonrió y lo guió hasta la habitación contigua a la de Horacio. Entraron en ella, era casi la misma habitación. Gustavo soltó su mano y cerró la puerta.
— ¿Qué demonios haces? – dijo Rusell con la voz ronca, no podía ocultarlo, estaba excitado. Su cuerpo hablaba por él.
— Demostrarle lo que la segunda planta hace y qué mejor que hacerlo yo mismo, quien creó este lugar.
Cerró la puerta tras él, puso el seguro y fue cuando Rusell se le quedó mirando, intrigado por saber que pasaría. La curiosidad por entrar a ese infierno comenzaba a quemarles las manos. Bajo la luz roja neón, la sexy música de fondo, Gustavo se quitó su camisa, le sonrió y poniendo una mano en su pecho lo empujó hasta tirarlo en la cama. Rusell desvió un poco su mirada, solo para confirmar si de verdad en el techo había un espejo.
— Mejor vista – susurro a su oído, comenzó a besar el cuello de Rusell, movió un poco sus caderas tratando de friccionar sus miembros.
Rusell se estaba dejando llevar, estaba tan drogado de todo ese lugar, del dueño de ese lugar y no entendía bien el porqué, seducido por los besos del rubio, pero en cuanto cayó en cuenta retiró a Gustavo de un rápido y ágil movimiento, lo dejó sobre la cama. Gustavo soltó una risita.
— Daddy quiere tomar el control ¿eh?
Rusell no sabía cómo responder a eso. No sabía cómo llegó a la habitación. ¿Cómo es que se dejó llevar tan fácilmente?
La curiosidad.
Ver a Gustavo desnudo de su cintura para arriba, ver sus tatuajes, como movía sus caderas, provocándolo, como movía su cuerpo y jadeaba.
La curiosidad de recorrer el cuerpo de ese rubio era más grande que su propio deber…
Se quitó las gafas oscuras, junto con su saco y camisa, se acercó a uno de los cajones, lo primero que encontró fue lubricante, condones y algunos “dulces” saco el lubricante y un condón. El siguiente cajón tenía algunos consoladores, vibradores, anillos de diferentes tamaños y más juguetes. El cajón de abajo tenía esposas, vendas y cuerdas.
Miro al rubio, este se estaba mordiendo el labio, impaciente por ver lo que haría, lo que sacaría, lo que usarían.
Rusell volvió su mirada a los cajones.
Pasó sus dedos por las cuerdas, gruesas y duras.
Su boca se resecó, sentía el fuerte latir de su corazón y pequeñas gotas de sudor por su frente…
La curiosidad pudo más con él.
Saco las cuerdas, tomó un látigo del mueble contiguo a ese y lo dejó caer sobre la cama.
Tomó a Gustavo de la nuca y comenzó a besarlo hasta quitarle el aliento, mientras el rubio recuperaba el aliento, tomó sus manos, las puso sobre su cabeza y tomando la cuerda las amarró junto a la cabecera de la cama.
A Gustavo le sorprendió lo bien que hacía los nudos ¿Dónde habrá aprendido a hacerlos?
Cuando sus manos estuvieron inmovilizadas, Ruell pasó sus manos sobre el pantalón de Gustavo, no perdió más el tiempo y lo sacó junto con sus calzoncillos. No pudo evitar soltar un gemido, le encantaba la fuerza con la que le estaba tratando.
— Tan rápido te has calentado nena – sonrió Rusell al ver la erección de Gustavo.
— Usted es muy caliente Rusell.
— Para ti seré señor, nada de Rusell, no somos amigos.
— Está bien, señor – sonrió Gustavo.
Rusell tomó el látigo y comenzó a deslizarlo por el cuerpo desnudo de Gustavo, sentir el frío de la soga de cuero, involuntariamente jalaba sus manos.
Le gustaba, le gustaba ver como el rubio perdía el control con solo un tacto suyo.
Dio el primer latigazo, no fue muy rudo pero sí lo bastante fuerte para hacer que gimiera fuerte.
No conforme con ver al rubio asi, siguió dando latigazos hasta que se canso, la piel roja de Gustavo donde habia estado dando los latigazos le encanto a Rusell.
Gustavo por su parte estaba tan excitado que si recibía otro latigazo más, estaba seguro de que se correría, por suerte no recibió otro latigazo más. Lo que agradeció internamente.
Rusell tomo el lubricante, lubrico tres de sus dedos y sin que el rubio estuviera listo, lo penetro haciendo que Gustavo arqueara la espalda y soltara un grito.
— ¿Te gusta nena?
— Sí Señor – gimió Gustavo al sentir como volvía a ser penetrado por los dedos de Rusell. No era su primer sexo anal, pero si que era su primera vez con alguien tan rudo.
— Esto es solo el principio…
Gustavo trago seco, no sabe lo que le espera pero está más que ansioso por descubrir lo que le espera.
Rusell sintió que ya estaba preparado, o al menos ya estaba algo dilatado. Bajo la atenta mirada de Gustavo, se quitó el resto de su ropa quedando desnudo, se acercó hasta quedar frente al rostro del rubio, acerco su pene a la boca del rubio y delineo sus labios con la punta de su miembro erecto. Gustavo, sin dejar de mirar a Rusell a los ojos, abrió la boca y con su lengua lamió la punta del pene de Rusell.
Un gruñido se escuchó por parte de Rusell, con una sonrisa maliciosa se acercó lo más que pudo hasta poder chupar el miembro de Rusell, admirando cómo echaba la cabeza para atrás y gemía, disfrutando de la mamada de Gustavo.
Si tan solo tuviera movilidad en sus manos, la magia que no haría con ellas y de lo profundo que podía llegar a ser su garganta.
Cada vez lo sentía más duro, sentía el palpitar del miembro de Rusell en su boca, quería seguir y sentir como el semen recorría su boca y su garganta, pero su deseo no fue concedido ya que Rusell sacó su miembro antes.
Con un hilo de saliva y jadeando, Gustavo lo miró, ansioso y queriendo descubrir qué más tenía en la mente Rusell.
— ¿Creí que querías jugar? – sonrió de lado.
— Quiero ver como tus ojos se ponen en blanco, como tu voz se hace cada vez más ronca debido a los gritos que me darás, quiero sentir como tus piernas flaquean cuando estés en la cumbre del orgasmo, quiero ver como te corres por y para mi.
Gustavo estaba por responderle algo, cuando sintió como el miembro de Rusell entraba en su cavidad anal. No vio ni cuando se puso el condón. No pudo pensar más, por más que Rusell lo haya dilatado, no fue lo suficiente para recibir semejante tamaño dentro de él.
Sus manos jalaban las cuerdas, eso complació a Rusell, no dejo que pasara un minuto para que Gustavo se acostumbrara a su tamaño cuando comenzó a embestirlo, lento pero cada vez llegando más profundo.
Gustavo sentía como si lo partieran a la mitad, literalmente.
Rusell se sujetó de las caderas del rubio para poder moverse mejor y llegar mas profundo, ver como el rubio gemía, echaba la cabeza para atrás, jalaba sus manos, y movía sus caderas para satisfacción suya, le encantaba verlo bajo los efecto del éxtasis y lujuria que él mismo le estaba provocando.
La curiosidad de ver como se corría era muy grande, así como sus ganas de follarlo hasta verlo llorar.
Una de sus manos viajó hasta el cuello de Gustavo, apretándolo con cada embestida, cada vez un poco más fuerte, mirando como su piel se tornaba roja, sus lágrimas por falta de oxígeno corrían por sus mejillas, era algo excitante para él.
Aumentando la presión en su cuello, aumentó sus embestidas, sintiendo como el rubio lo estaba apretando, dedujo que estaba por correrse así que con su otra mano lo comenzó a masturbar al ritmo de sus embestidas.
Gustavo estaba en la cumbre del placer, no trato de contener su orgasmo solo se dejó llevar, corriéndose por completo. Rusell satisfecho de ver como el rubio puso los ojos en blanco, y sus piernas flaquearon al correrse, él se corrió dentro de Gustavo liberando por completo todo lo que tenía.
Pasaron unos segundos cuando Rusell soltó su cuello y salió de él, tomó el condón lo amarró y lo tiró. Gustavo comenzó a toser, tratando de recuperar el aliento, jadeando muy fuerte y mirando como Rusell sacaba un cigarrillo de su pantalón.
— Eres intenso – dijo Gustavo aun jadeando.
— Y tú muy bueno – dijo Rusell con la voz ronca, se acercó a él y lo desató – Verte en la cumbre del placer será inigualable.
— Y sentirte dentro es algo inexplicable – le sonrió, masajeando sus muñecas marcadas por las cuerdas.
— ¿Podrás caminar? – sonrió divertido.
— Eso espero – soltó una risita Gustavo levantándose de la cama para recoger su ropa – Agradezco tener buenos analgésicos porque sino, estaría en silla de ruedas – le sonrió y terminó de vestirse.
— ¿No quieres segunda ronda?
— Tal vez otra noche Rusell – suspiro – Tengo que ver que mi club no sea destruido – soltó una risita – No por ser exclusivo signifique que haya imbéciles que se pasen de listos – lo miró – Quédate todo lo que quieras, te traeré algo en unos minutos – se acercó y le dio un corto beso en los labios disfrutando los labios de Rusell – Eres fascinante, Señor.
— Lo mismo puedo decir nena – sonrió Rusell mirando como se iba Gustavo dejándolo solo en esa habitación – La curiosidad mató al gato – susurro para sí sonriendo divertido.
Gustavo tomó dos analgésicos de los fuertes con un poco de vodka, se acercó a sus chicas, para ver que tal estaba su noche.
— Todo bien señor – los dos se sonrieron.
— Perfecto chicas – sonrió Gustavo – Melissa ven un minuto – la castaña lo siguió quedando un poco lejos del resto de sus compañeras.
— ¿Qué pasa Gustavo? ¿Quieres un trabajito?
— Está noche no cariño – le sonrió acariciando su mejilla – La habitación 6 de lado derecho, tiene un semental que necesita ser empotrado – la chica sonrió coqueta – Es especial por eso le mandó a la mejor.
— Que halagador.
— Trátalo bien cariño – le sonrió.
— Lo haré Gustavo – le dio un corto beso en los labios antes de irse a la segunda planta.
Rusell terminaba su cigarrillo, al ver que no llegaba Gustavo comenzó a recoger su ropa pero el sonido de la puerta abrirse lo detuvo. Esperando que fuera Gustavo, encontró una chica alta, buen cuerpo, castaña, con un atuendo de enfermera que mostraba todo.
— El señor Gustavo manda algo especial para usted, lo mejor de la casa.
— ¿Qué? – preguntó curioso, intrigado por saber que era.
— A mí – sonrió coqueta.
Rusell estaba por negarse, pero una noche de descontrol nada le quitará. Así que no dudó más y tomó a la castaña en su poder.
{…}
El día en comisaría había estado algo ajetreado, sin duda, todos adoraban el acuerdo de confidencialidad. Era como si ninguno hubiese ido a ese club.
Rusell estaba incluso de mejor humor, sin duda el sexo hace maravillas.
Estaba de camino al hospital ya que habían herido a dos de sus oficiales y quería saber su estado cuando vio a Gustavo con unas rosas en la mano, quería acercarse pero según el acuerdo de confidencialidad no puede hacerlo a menos que la persona implicada quiera hacerlo.
Gustavo había tenido una mañana bastante relajada, le dolía horriblemente la cadera pero la cogida había valido la pena. Había estado perfeccionando la tercera planta para todos sus invitados. Pero, no lo haría sin su prometida.
Salió de casa, tomó su Audi R8 y condujo hasta una florería donde compró un ramo de rosas rojas y después condujo hasta el hospital para darle una sorpresa a su chica.
Al llegar al hospital vio todo el alboroto que había, si bien había escuchado, hubo un robo al banco central así que podía entender el alboroto. Inconscientemente buscaba con la mirada al Jefe pero no pudo verlo. Así que se concentró en buscar a su chica, quien estaba bajando las escaleras lista para irse y evitar aquel caos.
— ¡Nat! – grito Gustavo a lo que su chica se giró y vio a su prometido, los dos se acercaron casi corriendo, se abrazaron y después se besaron como si no se hubiesen visto en semanas - ¿Cómo está el amor de mi vida?
— Cansada y estresada – suspiro – Pero ahora estoy mejor – le sonrió.
— Perfecto, por cierto, estaba por el camino y vi esto – le entrego el ramo de rosas – Lo mejor para la mejor.
— Eres un romántico cuando te lo propones – le dio un corto beso – Pero por eso te amo.
— También te amo – la abrazo por la cintura y comenzaron a caminar a la salida, cuando la mirada de Gustavo se encontró con la de Rusell, detuvo un poco sus pasos para verlo mejor.
— ¿Qué pasa amor?
— Nada – sonrió Gustavo sin mirarla – Creí ver a Horacio, eso solo eso – le dio un guiño a Rusell y siguió su camino junto a su chica.
Rusell quedó descolocado al ver toda esa escena y encima ver como Gustavo le dio un guiño con su novia al lado. ¿Acaso estaba loco? ¿Cómo es que tiene novia y ayer estaba disfrutando ser follado por él? ¿Qué rayos pasaba con Gustavo?
Gustavo era la incógnita más grande para Rusell.
{…}
— ¿Hablas en serio? – sonrió divertida.
— Muy en serio – sonrió Gustavo terminando de cocinar.
— Joder, debo decir que es un gran hijo de puta, siempre con mal genio y tratando a todo el mundo como si fuera un estupido. Pero sin duda querido tienes efecto en esa clase de personas – le sonrió.
— Claro que sí – se acercó a su chica y la beso – Te tuve a ti ¿no?
— Bobo – le sonrió - ¿Y supiste que tal le fue a Mel cuando la mandaste con él?
— Salió casi igual que yo – los dos rieron – Deberías probarlo cuando lo veas en el club.
— No quiero que me dejen inválida, suficiente tengo contigo – volvieron a reír – Por cierto, hablando de dejar inválidos a todos, escuche rumores sobre los Miller.
— ¿Qué escuchaste?
— Que irán al club – lo miró – La tercera planta para ser específica – le sonrió – Tal vez podamos ir esta noche.
— No tengo problema con ello – le sonrió – Sirve que vemos cuantos más se unen al rodeo.
— En verdad serás el mejor esposo que podre tener – Nat lo beso tiernamente.
— Y tú serás la mejor esposa que alguien podrá tener – le sonrió Gustavo – Y hablando de eso, tengo el contacto de una buena organizadora de bodas.
— Perfecto, llamémosla mañana y hagamos una cita. Nuestra boda tiene que ser perfecta.
— Al igual que la luna de miel – le dio un guiño.
{…}
Rusell volvía al club esa noche, con la esperanza de encontrar a Gustavo y tal vez hablar con él.
— No está esta noche aquí – dijo Melissa.
— ¿Qué?
— Buscas a Gustavo lo se – le sonrío – Él está en la tercera planta – le dio una cerveza.
— ¿Hay alguna planta más? ¿Y qué hay ahí?
— ¿Eres soltero o tienes pareja?
— ¿A qué viene eso? – dijo Rusell confundido.
— Bueno porque si eres soltero ni de coña entras ahí, pero si tienes pareja entras con facilidad – le dio un guiño – Diviértete esta noche, Señor – dijo antes de irse y dejarlo descolocado.
¿Qué demonios hay en la tercera planta?