Taylor llamó a su asistente inmediatamente y se puso a trabajar, cualquiera que lo veía sabía que estaba enojado y nadie trató de interponerse en su camino.
Un golpe en la puerta lo sobresaltó antes de que se repusiera.
—¡Adelante!
La puerta se abrió y entró un hombre joven, su cabello es rubio arena y ojos azul claro, llevaba una pila de documentos y rápidamente caminó hacia el escritorio de Taylor y los dejó caer.
—Tú... tú... ¿Usted mandó a buscarme, señor? —Preguntó nervioso.
Taylor lo miró con frialdad —¿Morris por qué tardaste cinco minutos en llegar aquí?
—Em... señor, todavía estaba de camino a la oficina cuando recibí su llamada, así que me apresuré a encontrarme con usted, lo siento si lo hice esperar.
—Me hiciste esperar ¿Qué asistente se queda en casa y su jefe llega a la oficina antes que él? —Taylor bramó.
—Lo siento mucho señor, pero la compañía se reanuda a las ocho y media, todavía son las siete y cincuenta y cinco. No sabía que llegaría temprano —Morris trató de defenderse.
Taylor bajó las pestañas y miró a Morris con frialdad —¿Entonces ahora me dices cuándo reanuda el trabajo en mi empresa? —Inquirió en un tono nada amable.
—No... No... No... Señor, solo estaba... —Hizo una pausa y suspiró profundamente —. Lo siento señor, no volverá a suceder —dijo pensando que no tendría caso dar una explicación, Taylor su jefe siempre encontraría la manera de ser el quien tenga la razón.
Después de recibir su disculpa, Taylor apartó la mirada de él.
—Un nuevo caos surgió en la casa de mis abuelos ésta mañana —Hizo una pausa y se pellizcó el puente de la nariz —. Me están dando condiciones.
—¿Qué condiciones señor? —Preguntó Morris, con curiosidad.
—Seré el único propietario del Imperio Baldwin solo después de un año de mi matrimonio.
—¡¿Qué?! —Exclamó Morris con exageración, poco le faltó pegar un grito.
—Sí —dijo Taylor soltando un suspiro frustrado, se levantó de su escritorio y caminó hacia la ventana con las manos en los bolsillos de los pantalones.
—Ahora éste es un problema realmente grande, no me veo casándome pronto e incluso no lo voy a hacer, un año es demasiado, debo ser el director ejecutivo de Baldwin, debo serlo —Concluyó.
Morris se quedó en silencio mientras sus pensamientos se volvían locos —Hmm, hasta donde yo sé, el viejo jefe Desmond, hará lo que diga.
—Exacto —Taylor volteó a mirarlo —. ¿Por qué crees que estoy molesto por ésto? Incluso dijo que lo pondrá así en su testamento.
Él caminó hacia su escritorio, con las manos en los bolsillos de su pantalón y el ceño fruncido.
—Estaba pensando mucho, algo se tiene que hacer, debo tenerlo antes del aniversario el próximo año, debido a esa membresía en el World Club, solo puedo ser aceptado si soy dueño del Baldwin ya que solo aceptan compañías legendarias. No puedo unir a ninguna de las mías, pero no tardaré mucho en establecerlas, el Baldwin ha existido durante cién años, solo puedo llevar a Taylor Corp y al resto al mundo con el Baldwin como su paraguas. Así que ya ves, tengo que casarme este año —Miró a Morris.
—Entonces ¿Qué va a hacer ahora? —Morris preguntó antes de que se le ocurriera una nueva idea —. Espere un minuto ¿Qué tal si finge un matrimonio? —Inquirió sin pensar en sus palabras.
Taylor lo miró con confusión evidente en sus ojos —¿Fingir un matrimonio? ¿Es eso posible?
—Por supuesto, solo necesitas encontrar una chica, contarle tus planes, ofrecerle algo de dinero que no pueda rechazar y conseguirte una esposa —dijo encogiendo sus hombros —. Además ¿Que podría salir mal? Solo sería un año.
—Hmm... —Taylor consideró la idea hasta que una dulce sonrisa apareció en sus labios —. Ofrécele dinero, las damas no pueden rechazar dinero, solo necesito contratar a un sacerdote, falsificar el certificado y conseguir un contrato con la chica, una vez que el abuelo me haga el dueño de la Baldwin vamos a reclamar tener descendencia y pedir el divorcio. El abuelo y la abuela se quedan en la oscuridad, yo le pago a la señora, ella se va, y la vida sigue para mí.
El tronó sus dedos soltando una risita, dando por hecho que había acabado de resolver su problema, Taylor se sentó en su silla giratoria apoyando su espalda en el espaldar con comodidad, dejó que la tensión de su cuerpo se fuera.
—Es por eso que todavía estás a mi lado Morris, tu cerebro es realmente por lo que estás aquí —Habló Taylor con su mirada fija en el techo.
Morris no sabía si aceptar su comentario como un cumplido o un insulto —Gracias, señor —dijo aun así.
—Ahora, el problema es encontrar una novia adecuada —Expresó Taylor con cierto pesar.
—Ha tenido muchas aventuras señor ¿No puede elegir a una de sus ex? —Morris sugirió.
—No, no, todas quieren casarse conmigo, ninguna de ellas aceptará ser la Sra. Baldwin por un año y luego dejarme ir, podrían exponerme ante el abuelo porque les gustaría seguir siendo mi esposa, necesito encontrar una nueva chica, una inocente que solo busque dinero y no fama.
Taylor se incorporó y apoyó sus codos en el escritorio, miró pensativo y un movimiento en la perilla de la puerta de su oficina llamó su atención. Se puso de pie y en silencio caminó hacia la puerta.
Morris lo miró confundido —¿Qué...? —Quiso preguntar cuando Taylor puso un dedo en sus labios silenciándolo.
Taylor abrió la puerta abruptamente y una mujer mayor cayó en sus brazos, la mujer se puso de pie inmediatamente.
—Lo siento mucho señor, es... es... no es lo que usted piensa —La mujer se disculpó de inmediato.
Taylor la miró fijamente. —¿Qué la trae a mi oficina, Sra. Smith?.
—Em... em, esta carta llegó y solo quería pasársela —Ella buscó a tientas con su ropa y le pasó un sobre con nerviosismo. Raymond tomó el sobre de su mano
—Bien.
—Volveré a mi escritorio ahora, señor —Anastasia se giró para alejarse.
Raymond miró fijamente a su figura que se iba con las pestañas bajas.
—Creo que ella escuchó todo, señor, escuchó que... —Morris susurró detrás de él y asintió.
—Lo sé —Respondió con indiferencia.
—¿Qué debo hacer, señor? ¿Cree que ella puede mantener sus labios sellados? —Preguntó Morris.
—No lo sé, aunque lo haga, no confío en ella —Respondió Taylor, ya que lo menos que hacía era confiar y mucho más cuando se trataba de una mujer. —¿No tiene una sobrina? —Inquirió sabiendo ya la respuesta.
Morris lo pensó —Sí, la tiene, la hija de su difunto hermano, la ha estado cuidando desde que era pequeña —Contestó recordando haber escuchado la historia de los empleados.
—¿No necesito una novia en este momento, Morris? —Lo miró con una sonrisa maliciosa.
Entendiendo su significado oculto, Morris sonrió —Sí, asi es, señor.
Taylor sonrió —Puedes irte ahora, dile a Smith que venga a mi oficina durante su período de descanso.
—Sí, señor —Morris asintió y salió de la oficina mientras Taylor cerraba la puerta y regresaba a su escritorio con una sonrisa astuta jugando en sus labios.
Anastasia regresó a su escritorio con el corazón en la garganta ¿Qué acababa de escuchar? ¿Los abuelos del jefe se negaron a entregarle la empresa familiar a menos que esté casado? ¿Y cuál es su solución? ¿Quiere fingir un matrimonio y engañar a sus abuelos?
Anastasia se estremeció ante aquel pensamiento —Todas estas familias ricas y sus problemas —Murmuró un poco aturdida por lo que pensaba hacer su jefe.
Ella sentó en su escritorio y encendió su computadora cuando un pensamiento repentinamente la golpeó. ¡Oh Dios mío! El jefe no es tonto, es imprescindible que él supiera que ella estaba escuchando a escondidas su conversación, pero... ¿Simplemente la dejó ir? ¿Realmente hizo eso?
—¡Oh Dios! Por favor ayúdame, por favor guarda mi trabajo por mí.
¿Y si el jefe decide dejarla fuera de su deber? ¿Qué va a hacer ella? ¿Cómo se las arreglarán ella y Venus? Ese trabajo es su única fuente de dinero.
Ella espera que el jefe realmente la dejara ir ésta vez.
—¿Por qué escuchaste a escondidas su conversación Anastasia? Que tonta eres —Se reprendió a sí misma, solo le quedaba rezar para que la deje ir esta vez.
Ingresó su contraseña e inició sesión en su computadora, justo cuando estaba a punto de ponerse a trabajar, alguien llamó a su escritorio, levantó la vista y su corazón dió un vuelco cuando vió a Morris, el asistente personal del jefe, el corazón de ella gritó.
—Anastasia Smith, el jefe quiere verte en su oficina durante tu descanso, será mejor que no lo hagas esperar —dijo Morris y se alejó sin esperar respuesta alguna de la mujer mayor que palideció como un papel.
Anastasia miró fijamente a su figura que se iba con el corazón en la boca —Parece que no te dejó ir esta vez, Anastasia, que estúpida eres ¿Por qué diablos te pusiste a escuchar detrás de la puerta? Pensaste salir ilesa, que ingenua eres —Se burló de sí misma y trató de concentrarse en su trabajo, pero no la ayudó a creer que hoy podría ser el último día de trabajo para ella.
Anastasia entró nerviosa a la oficina de su jefe, miró al hombre más joven que estaba sentado en su asiento como un rey en su trono, su corazón se estremeció y sus labios temblaron, su mirada se desvió hacia Morris que estaba de pie al lado del hombre con una expresión inexpresiva en su cara, ella tragó saliva y dió un paso adelante.
—¿Me mandó llamar, señor?
Taylor levantó la vista de los papeles en sus manos, una suave sonrisa apareció en sus labios cuando la vio —Ah sí, Sra. Smith —Cerró los papeles y se relajó en su silla, su mano derecha apoyada bajo su barbilla mientras estudiaba a la mujer mayor, luciendo como si estuviera a punto de dictar una sentencia de muerte.
—Estabas en mi oficina ésta mañana —Soltó él sin rodeos.
Anastasia sintió que su corazón dio un vuelco —Sí, pero eso fue para pasarle la carta a usted, señor —Habló ella negándose a admitir haber escuchado la conversación de ambos hombres, si eso le permitía seguir trabajando y poder mantenerse ella y sobre todo a su sobrina Venus, ella lo negaría hasta la muerte.
Los labios de Raymond se curvaron en una leve sonrisa, el simple temblor en las manos que su empleada trataba de ocultar la delataba —Te paraste en la puerta quién sabe cuánto tiempo y no estabas lista para entrar si no te hubiera abierto la puerta —Recalcó él.
—No realmente señor, acababa de... llegar —Aseguró ella, esforzándose en que su quijada no temblara y la delatara.
—¿En serio? ¿Por qué parecías haber visto un fantasma cuando abrí la puerta? —Preguntó Taylor con incredulidad, arqueando sus cejas.
—Simplemente no esperaba que abriera la puerta, señor —Anastasia tragó saliva, podía escuchar los fuertes latidos de su corazón en sus oídos.
Ella Temía quedarse sin trabajo cuando la situación de encontrar un nuevo trabajo era difícil y más cuando ella ya era una persona mayor, por lo general todos los dueños de empresas sabían escoger chicas bonitas y con buen aspecto para puesto de secretaría y ella no era nada de eso, por eso cuidaba tanto su trabajo desde hace años ya.
Taylor miró a Morris y ambos se comunicaron en silencio con sus ojos.
—No hay necesidad de andarse por las ramas Sra. Smith, sé que escuchaste mi discusión con Morris esta mañana, entonces ¿Qué tienes que decir por ti misma?
Anastasia abrió la boca para hablar, pero no salió ninguna palabra, pensó en una mentira que contar y decidió sincerarse como mejor opción, después de todo Taylor Baldwin no es el director ejecutivo de cuatro compañías diferentes por nada.
—Lo siento mucho señor, no quise hacerlo a proposito, le prometo que lo que escuché morirá conmigo.
—Hmm, esa es una promesa interesante, pero... ¿Te lastimaría si digo que no te creo? —Levantó una ceja.
Anastasia se mordió el labio inferior y se miró los pies —¿Qué quiere que haga entonces, señor? —Ella preguntó en un susurro, no queriendo ser despedida, incluso si tendría que humillarse ella lo haría solo por el bienestar de su sobrina.
Taylor se quedó mirando su lamentable figura, la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa astuta, la tiene justo donde quería —Como escuchaste, mi abuelo prometió darme la compañía de nuestra familia después de un año de matrimonio, pero la cosa es que, no tengo ninguna intención de casarme e incluso si lo hago, no tengo una novia adecuada, así que he decidido alquilar una novia, pero también me resulta difícil encontrar una buena chica ¿Verdad? ¿Tiene alguna referencia Sra. Smith? —Levantó una ceja al final de su pregunta.
Anastasia lo miró y miró hacia abajo inmediatamente cuando vió que él la estaba mirando —No... no, en realidad no señor, no tengo ninguna referencia.
—Hmm ¿Es así? —dijo Taylor y miró a Morris, quien asintió y le entregó un documento.
Taylor hojeó las páginas del documento mientras miraba a Anastasia que aún tenía la cabeza gacha.
—Aquí dice que tienes una sobrina.
Ante eso, la cabeza de Anastasia saltó mirando sorprendida.
—Venus Lucia Smith, la hija de tu difunto hermano. ¡Ah! Y ya a alcanzado la mayoría de edad, veinticuatro, eso es bueno ¿No cree que es una candidata adecuada, Sra. Smith? —Argumentó él, lanzándole una mirada astuta a su empleada.
—No, en realidad no señor, ella es solo una niña —Si hay algo que Anastasia no hará, es entregar a su inocente e ingenua sobrina a este despiadado mujeriego.
—¿Solo una niña? —Taylor miró a Morris —. ¿Es posible alguien que tiene veinticuatro años sea sólo una niña?
—En absoluto, señor —Respondió Morris.
—Por favor, señor, ella no es más que una niña en su presencia. Si he de calcular correctamente, usted está once años por delante de ella —Protestó Anastasia recia.
El semblante de Taylor se oscureció —¿Me estás llamando viejo?
—¡No! Por supuesto que no, ¿Por qué haría eso? Solo digo que todavía no tiene experiencia como las mujeres que usted suele tener —Anastasia negó nerviosamente.
—¿Me estás llamando mujeriego? —Inquirió.
—¿¡Qué!? Oh no, yo... —Tartamudeó, buscando una palabra mejor para tranquilizarlo, por mucho que no quiera entregarle a su sobrina, todavía tenía que mantener su trabajó por lo que no se podía dar el lujo de ofender al diablo —. Señor, por favor, comprenda, mi sobrina, ella es diferente a las demás chicas.
—¿En serio? ¿Cómo es eso? —Con cierta curiosidad Taylor se inclinó más cerca de su escritorio, con las dos manos apoyadas debajo de la barbilla.