Portada de la novela Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.

Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.

8.1 / 10.0
Dianco hereda el trono de Aethelgard en un momento crítico tras perder a sus padres y a su pareja por una traición. Ahora, como el Alfa de Hielo, el joven soberano debe defender sus tierras y tesoros de feroces enemigos. En esta batalla aprendió que la pasión es un riesgo mortal, decidiendo congelar sus sentimientos para evitar debilidades. Con una voluntad inquebrantable, lidera un reino hostil donde la fidelidad ya no existe y el deber es su única ley.

Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo. Capítulo 1

En el vasto y místico mundo de Dravonis, donde las leyendas no se cuentan, sino que se respiran, el continente de Aethelgard se alzaba como el monumento definitivo a la longevidad y el poder. Era un territorio de relieves dramáticos, donde las montañas de cumbres perpetuamente nevadas vigilaban las ciudades de mármol como centinelas de roca. Allí, la jerarquía no era una sugerencia social ni un acuerdo político; era una ley biológica absoluta: la sangre de lobo dictaba el destino de las naciones. El aire cargaba un matiz metálico y puro, el aroma del poder establecido que solo los de linaje superior podían saborear.

Bajo el mandato del Rey Alfa Filippo y su Luna, la Reina Laura, el reino florecía. De esa unión de linajes puros nacieron los pilares del futuro: la princesa Lira, de inteligencia afilada, y el príncipe Dianco.

A sus veinticuatro años, Dianco era una obra maestra de la genética y la estrategia militar. Su estampa recordaba a las estatuas de los antiguos dioses de la guerra talladas en obsidiana: hombros anchos, mandíbula de granito y una estatura imponente. Se le había moldeado sin piedad para ser un depredador implacable en el campo de batalla, un estratega capaz de ver tres movimientos por delante de sus enemigos y un líder de sabiduría precoz. En Aethelgard todos esperaban el despertar de su lobo interno, una bestia que la línea real aguardaba con ansias pero que, por ley de su casta, no despertaría hasta que cumpliera los veinticinco años. Mientras tanto, Dianco suplía la falta de su bestia con un entrenamiento brutal en letales artes marciales y en la fría e implacable política de Estado.

Sin embargo, tras los muros de su perfeccionismo, Dianco albergaba una grieta. Un secreto que durante nueve años había sido su único contacto con la humanidad más pura: su amor ciego por Aurora. Durante casi una década, su tiempo y su alma habían sido de total entrega hacia ella. Para protegerla de las víboras de la corte, le construyó un santuario privado de jardines colgantes en el sector alto de la ciudad. En ese rincón, él no era el heredero sin lobo de una estirpe; era simplemente un hombre enamorado.

Aquel viernes, el ritual más sagrado del continente comenzó cuando el sol tiñó de violeta el horizonte: la Cena Familiar. Por decreto ancestral, un silencio absoluto y casi tangible se derramó sobre Aethelgard. Las avenidas quedaron desiertas, los carruajes se detuvieron y nadie osaba cruzar el umbral de su casa. Romper este Silencio Sagrado era un sacrilegio contra los ancestros.

Aprovechando las sombras de los túneles ocultos del castillo —pasajes de piedra fría que solo el linaje real conocía por nacimiento—, Dianco se escabulló. Su corazón, usualmente una máquina de precisión militar, latía con una calidez inusual. Quería sorprender a Aurora, la mujer que había sido su refugio emocional desde que era un adolescente de quince años. En sus brazos, el peso de la corona simplemente desaparecía.

Al cruzar el umbral de la casa de Aurora, el silencio del santuario se transformó en una emboscada para sus ojos. Dianco avanzó por el pasillo sin hacer el menor ruido, guiado por una extraña tensión que flotaba en la atmósfera. Al asomarse a la penumbra de la habitación, el mundo se detuvo con una violencia devastadora.

No le hicieron falta sentidos de lobo ni rastros aromáticos. Su mirada captó la escena de forma directa e incuestionable: Aurora estaba en los brazos de otro hombre. Dianco vio, con una claridad que le desgarró el pecho, cómo se besaban apasionadamente mientras las manos del intruso tocaban los pechos de la mujer que él había venerado durante casi una década. Su mente táctica, fría incluso en el caos, registró en un microsegundo la ropa descartada en el suelo: los detalles del uniforme delataban al hombre como un oficial común de la guarnición, un sujeto sin casta noble ni linaje superior.

La traición, ejecutada en el corazón mismo del silencio sagrado y ante sus propios ojos, fue una aniquilación espiritual completa. Dianco no rugió de rabia, porque no había un lobo dentro de él que guiara su furia. En su lugar, ocurrió algo mucho más aterrador: su mente y su carácter se transformaron en un bloque de hielo sólido que se expandió por todo su ser. Nueve años de entrega absoluta, de promesas susurradas y de protección incondicional se hicieron trizas ante esa exhibición de lascivia y complacencia.

Sintió cómo su inocencia moría de un golpe seco. Sin pronunciar una sola palabra, con el rostro convertido en una máscara de frialdad inhumana, abandonó la propiedad. Sus pasos resonaron con un eco metálico sobre el pavimento de la plaza principal, un espacio vasto y vacío bajo la luz moribunda del atardecer.

Se sentó en un banco de madera fría. En ese momento de soledad absoluta, Dianco experimentó una metamorfosis dolorosa; su humanidad se desprendía de él como piel muerta. A lo lejos, el tañido de las campanas del palacio comenzó a llamar al banquete real, un sonido que ahora llegaba a sus oídos carente de cualquier significado. En ese banco, el hombre que creía en el amor exhaló su último suspiro. Y en su lugar, con el pulso lento y el alma blindada en escarcha, nació el temperamento del Alfa de Hielo.

Inmóvil como una estatua de mármol, Dianco recurrió a su último recurso dinástico: el enlace mental de linaje real, un poder de sangre que poseía aun antes de su transformación física. Cerró los ojos, visualizó el hilo de plata que lo conectaba con su círculo más íntimo y lanzó un comando imperioso:

— Carlos. Ven a la plaza. Ahora.

A varios kilómetros, el mensaje golpeó a Carlos en plena cena como un látigo mental, haciéndole soltar su copa y manchar el mantel de un rojo profético. La urgencia gélida que emanaba de la mente de Dianco era tan abrumadora que Carlos salió de su casa rompiendo todo protocolo. Al llegar a la plaza, se detuvo en seco al ver al imponente príncipe reducido a una sombra.

— Dianco, ¿qué te sucede? —preguntó Carlos con el aliento entrecortado—. Te ves... como si hubieras visto el fin del mundo.

Dianco alzó la cabeza; sus ojos azul glaciar estaban fijos, vacíos de cualquier calidez humana.

— Aurora... me ha traicionado —soltó con una voz desprovista de emoción.

Carlos retrocedió, atónito. La traición al heredero de la corona era una ofensa imperdonable.

— ¿Cómo? Dame detalles —insistió.

Pero Dianco ya había levantado su muro. Lo miró fijamente, sentenciando el fin de su antigua vida:

— No quiero decir absolutamente nada.

Al emerger tras un tapiz en el ala este del palacio, Dianco ya no era el hombre destruido; era la máscara perfecta e inexpresiva del príncipe heredero. Entró en el gran salón justo cuando los sirvientes disponían manjares que despedían aromas a especias exóticas sobre mesas de roble.

— Llegas tarde, hijo —observó el Rey Filippo con su habitual autoridad natural.

— Mis disculpas, padre —respondió Dianco, ocupando su lugar frente a su hermana Lira—. Me distraje en la biblioteca real; el silencio era tan profundo que perdí la noción del tiempo.

La cena comenzó con una armonía que resultaba insultante para el tormento silencioso del príncipe. Fue entonces cuando Dino, el jefe del ejército, entró al salón con una reverencia impecable.

— Majestades, todo está en orden. He venido a presentar mi informe final.

— No te marches todavía, Dino —intervino la reina con una sonrisa—. Quédate para un brindis familiar. Sería un honor.

Dino aceptó y sirvió el vino en las copas de oro de los soberanos. Mientras el jefe militar vertía el líquido, la mente analítica de Dianco, hiperalerta tras el golpe de la tarde, notó un sutil parpadeo de nerviosismo en la mirada del general y una rigidez antinatural en su postura. El cristal de los cálices chocó con un sonido agudo que resonó en los oídos del príncipe como una campana fúnebre.

Dino bebió, compartió risas falsas y se despidió. Nadie en la mesa sospechó que la ponzoña ya estaba corriendo.

La velada continuó hasta que un agotamiento de golpe cayó sobre los reyes.

— Siento que la corona pesa más hoy. El sueño me reclama —murmuró Filippo, extrañado al sentir cómo su lobo perdía fuerza de forma inexplicable.

Tras la retirada de los soberanos, Dianco dejó caer la máscara. El alcohol empezaba a nublarle los sentidos, dándole la excusa perfecta para escapars.

— Me retiraré también. Que descansen.

Al llegar a sus aposentos, cerró la pesada puerta y se derrumbó en el diván frente al ventanal, sirviéndose una última copa de licor fuerte. A lo lejos, las luces del sector alto parpadeaban, recordándole el lugar exacto donde su alma humana había sido ejecutada. Un gemido sordo escapó de su garganta, el lamento de un hombre que acababa de perder su norte. Bebió hasta que el mundo empezó a girar y se desplomó en la cama con la ropa de gala puesta.

Con el pecho agitado por sollozos silenciosos y el sabor amargo de la traición, Dianco se quedó profundamente dormido. Fue un sueño pesado, el último donde despertaría siendo el príncipe vulnerable que solía ser.

Mientras tanto, en los aposentos reales, el veneno de Dino terminaba su tarea silenciosa, decapitando el reino y preparando el escenario para el nuevo, implacable y calculador gobernante, cuyo primer acto de reinado sería bautizado en sangre, astucia y una absoluta, brillante y seductora frialdad.

Continuar leyendo

Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo. de contenidos

Ch. 1 Ch. 2 Ch. 3
Ch. 4
Ch. 5
Ch. 6
Ch. 7
Ch. 8
Ch. 9
Ch. 10
Ch. 11
all

También te puede interesar

Nuevos lanzamientos de novelas

Portada de la novela Ángel o Demonio
8.0
Lejos de la percepción humana, se desarrolla una guerra espiritual que desafía las doctrinas religiosas tradicionales. Este relato profundiza en la reencarnación y el misterio del más allá, cuestionando la verdadera naturaleza de la moralidad. En este escenario, dos personas aparentemente normales hallan su origen en un propósito predeterminado. ¿Su llegada traerá redención o ruina? Una trama de misterio y acción sobre nuestra identidad y el fin de la existencia.
Portada de la novela Atada a ti por contrato
8.3
Liz Navarro vive bajo las estrictas reglas del testamento de sus padres: debe terminar Derecho y seguir casada con su misterioso tutor legal hasta los veinticinco años. Su monótona existencia da un vuelco al conocer a Henry McNight, su seductor profesor de Derecho Penal. Henry desconoce que su alumna es la joven con la que contrajo nupcias por un acuerdo familiar. En un entorno de mafias y traiciones, él luchará por protegerla del peligro inminente.
Portada de la novela La amarga venganza de una esposa
9.5
Lo que parecía el matrimonio perfecto en México resultó ser una cruel red de engaños tejida por Bernardo. Alegando una falsa enfermedad para no darme hijos, mi esposo contrató en secreto a Camila como vientre de alquiler. Al descubrir su plan de boda oculta y sus constantes mentiras, mi desolación se convirtió en un gélido deseo de justicia. Mientras él simula viajes de trabajo, yo ya coordino con expertos para ejecutar mi amarga venganza.
Portada de la novela La heredera no deseada y su CEO frío
8.0
Hanna, la verdadera heredera Wheeler, vuelve para encarar el desprecio familiar y la deslealtad de su prometido con una usurpadora. Tras cruzarse con Chris Willis, el influyente tío de su antiguo amor, su destino da un giro. Él desentraña sus secretos como doctora y diseñadora, presionándola a una boda imprevista. Aunque Chris juró cuidarla, descubre que Hanna no necesita protección; es una mujer ingeniosa y capaz de forjar su propio camino.
Portada de la novela Mi dueño
8.1
Adam Salamanca es un magnate cuya soberbia solo es igualada por su atractivo. En su entorno laboral, su secretaria Simona Guerra ha ocultado un amor profundo por él durante dos años, resistiendo el carisma de su jefe en silencio. Sin embargo, la dinámica entre ambos da un giro radical cuando surge una oferta nupcial imprevista. Simona se encuentra ante el dilema de su vida: aceptar o rechazar la propuesta de matrimonio del hombre que tanto ama.
Portada de la novela Mi mejor amigo en la cama
9.0
Logan Hunt, heredero de un imperio empresarial, necesita limpiar su imagen de donjuán para concretar un acuerdo crucial. Con este fin, persuade a Emma Sanders, su amiga más cercana, para simular un compromiso matrimonial en Las Vegas. Lo que inicia como una simple farsa pronto desata una atracción prohibida que pone en riesgo su lealtad mutua. En un entorno de opulencia, Logan enfrentará el dilema de confesar su pasión o proteger el lazo que siempre los unió.

Dramas cortos populares

Capítulos
Leer ahora
Compartir
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED