Un Año Después...
Resultó ser que la relación de Ismenia y Alonzo era para algo serio y duradero.
Tomaron la decisión de dar el siguiente paso en su relación. Vivir juntos.
Tomaron sus ahorros e hicieron la compra de unas tierras que estaban a la venta justo al lado de la casa de la abuela Eglys.
Para ser sinceros, Exactamente por esto fue que les nació la idea de avanzar al siguiente paso. A mí no me engañan; Vieron la oportunidad y la tomaron.
Por un lado, sería perfecto porque Ismenia y yo tendríamos a la familia cerca. El colegio para mí, Ya que yo en unos meses próximos empezaría la primaria E Ismenia empezaría a la universidad que también le quedaba cerca de la casa de la abuela. Para este entonces Ismenia tenía Veintitrés años.
¿Ya había dicho que es un pueblo pequeño?
Por otro lado, no lo es tanto para Alonzo. Su hijo —Brandon— vive un poco a las afuera del pueblo con su madre; ya no podría verle tan seguido sino los fines de semana que Brandon venga a dormir al nuevo hogar de su padre.
Ese ha sido el acuerdo que ha logrado arreglar Alonzo para estar todos felices. ya que Brandon empezaría también la primaria y el colegio lo tenía prácticamente de frente a su casa, así es mucho más cómodo y factible para su madre y claramente para él.
Pero aún faltaba mucho para ese cambio, ya que construirían una casa desde cero, y eso llevaría mucho, pero mucho tiempo, trabajo y dinero.
Alonzo quiso construirle una casa a Ismenia, tal cual, y como ella la quisiera, el mismo le haría las puertas, las ventanas, cada estructura de la casa, levantaría cada pared, el mismo colocaría el tejado, el mismo haría con sus propias manos todo aquello que conlleva construir una casa.
La construcción de la casa llevó mucho tiempo, a pesar que solo le tomó unos diez meses. Solo unos diez meses, para ser una casa habitable.
Para mí es muy impresionante como Alonzo pudo construir una casa. El haciendo todo el sin descuidar tampoco a sus trabajos y a su hijo.
Bueno el trabajo de bombero, si lo tuvo que dejar para poder organizarse mejor y tener mucho más tiempo.
Tenía tres personas con él, cómo ayudantes. Claro, para construir una casa en poco tiempo, se necesitan muchas más personas que solamente una. Para Alonzo era muy importante colocarle tejado, ventanas, puertas, unas que otras sillas y una mesa a la casa cuanto antes para habilitarla.
¡Pues claro! es un poco obvio ¿no?
De alguna manera pienso que Alonzo quería mantener a Ismenia impresionada y no sé si lo llegó a lograr. Pero a mí, si me impresionó.
Lo miraba todos los días trabajar en aquella casa que un futuro no muy lejano seria su hogar, donde podría establecerse y llegar a descansar después de una larga jornada de trabajo. Lo veía todos los días esforzarse mucho por terminar su trabajo como soldador, como albañil, electricista, plomero, carpintero, para terminar su día como el mejor amante para su querida amada.
En todos estos meses Alonzo me ha empezado a querer y a cuidar como una hija, como su hija. Es muy cariñoso y atento conmigo. Siempre está preguntando si necesito o me falta alguna cosa.
La verdad desde hace mucho tiempo se ha ganado mi corazón, no parece un mal hombre. Le he tomado mucho cariño y respeto. Se lo ha ganado.
Aunque las apariencias engañen...
Quizás porque ya no tengo comunicación con Alexander —Mi Padre—, ni siquiera le veo, ya hace unos cuantos meses de la última vez que le vi. Alonzo ha pasado a ser "Papá Alonzo" para mí... es lo más cercano que tengo a un padre en estos momentos de mi vida. Se ha ganado ese puesto en mi corazón y ahora más que en definitiva seremos una familia.
Él y Brandon son mi nueva familia.
***
En situación con Alexander, lo que escucho decir cuando pregunto por él es que trabaja mucho, que el tiempo no le da para nada más que llegar a su casa —En la que antes vivía con él— y dormir, para el otro día hacer lo mismo y así continuamente.
Alexander trabaja como conductor de transporte público. Esto es lo único que no me gusta de tener padres divorciados. No poder ver a mi padre.
Siempre he sabido que Alexander a la hora de almorzar, siempre llega a casa de mi abuela —Su madre—, mi "Titi". También luego de terminar su turno en el trabajo, a la 6pm. Siempre lo ha hecho así, desde que tengo conciencia, incluso cuando aún vivía con él. Entonces, a partir de ahora, todos los días a las 5:30pm subo a casa de mi Titi.
La casa de mi Titi queda a unas calles más arriba de donde vivo ahora. En el mismo vecindario.
Le digo a Ismenia que quiero ir a visitar a mis abuelos, que los extraño mucho —Mentira—, y quiero helado de la Titi. Y fácilmente con eso consigo que me deje ir a la casa de la Titi.
No me gusta mentir, pero por alguna razón pensé que si le decía la verdad no me permitiría ir a casa de mis abuelos. porque... ¿Por qué otra razón no le he visto a Alexander desde hace mucho?
Aunque bueno, no es que sea una mentira del todo. Sí, quiero ir es para ver a Alexander, pero, es bueno visitar a los abuelos y si, está la ventaja de los helados. Siempre me regala helados. Así que no es del todo una mentira.
La Titi en su casa tiene a la venta helados caseros que hace ella con sus hermosas manos y son súper deliciosos.
Ismenia siempre me dice:
—Está bien, ve con cuidado, te paso a buscar a las 7pm. No se te ocurra caminar ya de noche sola por allí. —Es como si lo tuviera grabado en la cabeza, siempre dice las mismas palabras en el mismo orden. Igual, yo siempre hago caso.
Para mí se había vuelto una rutina, todos los días a las 5:30pm subía a casa de mi Titi, mientras iba de camino saludaba a todos los vecinos que me encontraba por mi camino.
Peor que un alcalde.
En este pueblo al ser tan pequeño casi todos me conocían y conocían a mis padre y familiares. Llegaba a casa de la Titi, justo a la hora favorita de mi Abuelo Alexander para tomar su café. Eso es algo que tenemos en común mi abuelo y yo.
Nos encanta el café.
Luego de beber café y pasar ese tiempo con mi abuelo, hablando de sus programas favoritos de televisión y viendo peleas de boxeo con él.
Me siento con mi Titi en el porche de la casa, veíamos pasar a las personas y hablábamos de todo un poco, a las 6pm llegaban mis tíos de visita y con ellos mis primas. Esto me encantaba porque a mis primas no las veía hace mucho y desde que volví rutina venir a casa de mi Titi Las veo a diario.
Ya no solo venía a la casa de mis abuelos con la intención de ver a Alexander, sino con que la gratificante idea de también ver y jugar con mis primas. Jenny, Dana y Michel. Aunque con Jenny no hablaba mucho porque era mucho mayor tenía unos trece años y siempre estaba sumergida en su teléfono.
Michel tenía apenas unos tres años; con la que si compaginaba y me encantaba pasar el rato era con Dana.
Dana era dos años mayor que yo, tenía nueve años, pero teníamos la misma edad mental.
También he visto casi a diario a Alexander. Me pregunta cómo me he portado, que he hecho en el pre-escolar, y se queda unos minutos, máximo una hora y se va a su casa y así ha sido todos estos días. Pero no siento la misma calidez, siento que siempre que lo veo el tiempo no es suficiente y el lleva prisas. Pero me conformo con verle, aunque sea unos minutos diarios a no verle.
***
Cuatro meses más tarde...
Es mi cumpleaños, 19 de abril.
No esperaba una fiesta ni nada porque sabía que la construcción de la casa, más la compra de los útiles escolares, no había mucho dinero. Pero papá Alonzo tenía otros planes, me compró un pastel y me cantaron "Cumpleaños feliz", estaban mis primas, los pocos amigos que tenía, Brandon y mi primo-hermano "Helmer".
Más Hermano Que Primo.
Helmer, es hijo de mi tía "Paula", hermana de Ismenia. Ellos viven con mi tío "Marcelino", padre de Helmer. Viven a unas calles mucho más arriba de mi Titi.
A Helmer lo veo muy poco, no baja casi a casa de la abuela. Prefiere quedarse en casa de su abuela paterna para jugar con sus otros primos, que viven con él en aquella casa. Desde muy chicos somos muy unidos... normalmente vamos juntos a todos lados en las salidas familiares.
Vale, vale, sé que lo que acabo de decir no concuerda mucho, pero le entiendo, a pesar de que somos muy unidos y pasamos bastante tiempo juntos, prácticamente como hermanos, pueda que siente un poco mejor jugando con sus otros primos, Helmer es muy cuidadoso cuando juega conmigo y quizás con ellos pueda jugar sin medir su fuerza y está bien que sociabilice con su otra familia.
Ejemplo: si mis padres quieren llevarme al parque el fin de semana, invitan a mis tíos y Helmer termina viniendo con nosotros al parque.
Helmer es un mes mayor, el cumple en marzo y yo en abril. Nacimos el mismo año. Por si había alguna duda.
Luego de apagar las velas Papá Alonzo, me tiende un regalo. Es una cajita envuelta en papel de regalo de pikachu —Me encanta pikachu, cada que paso tiempo con Helmer, siempre vemos "Pokémon, Power Rangers, Dragon Ball Z, Los Teletubbies, Los Cubitos y Jay Jay "El Avioncito" —. Me deshago del envoltorio con cuidado de no romper el papel.
Debajo del envoltorio había una caja que decía "Motorola". Era un teléfono.
¡Me estaban regalando un teléfono!
—Cómo vas a empezar el colegio, pensamos, tu madre y yo que sería mejor que tuvieras un teléfono, para que te comuniques con cualquiera de nosotros. Si te pasa algo, si te sientes mal y necesitas saber de nosotros. —dijo Papá Alonzo. Yo no salía de mi asombro. —Pero solo lo vas a usar estrictamente si es necesario, y siempre debes mantenerlo cargado, con batería, para que siempre podamos localizarte. Tu madre no estaba muy convencida, pero yo confió en ti y sé que eres una niña muy juiciosa. —Esas palabras me hacen salir de mi asombro, asentí, dando a entender que sí estoy escuchando, que voy hacer lo que me dicen. —Pídele el número de teléfono a tu padre para que lo tengas y dale a el tuyo, Allí detrás de la caja —dijo señalando la caja en mis manos —dice el cual es el número. Tu madre y yo lo tenemos ya guardado y en los contactos del teléfono están nuestros números, ya más adelante te enseñaremos como usarlo.
— ¡Lo haré! —logré decir, asintiendo con la cabeza.
—Una cosa más... —Dijo—No lo puedes tener en la calle ni mostrárselo a nadie, porque podrían tratar de quitártelo. Solo úsalo en la casa o en la escuela. Y en la escuela SOLO —haciendo énfasis en "solo" —si es muy urgente.
— ¡Vale! Eso haré... Y ¡muchaas gracias por el regalo! No te defraudaré, a ti ni a mi madre. —dije emocionada, abrazándolo.
***
Hoy mi primer día de colegio, no me esperaba encontrar con dos de mis amigos de pre-escolar, como compañeros de clase.
Pero a ver, quien no se lo esperaría si vivimos en un pueblo pequeño y todos en "NorthWalk Town" Se conocen. ¿Pero qué se puede esperar de una niña de siete años? No mucho la verdad.
Aunque Brandon vive a las afuera de pueblo y tiene un colegio cerca, así que no debo de estar tan mal, ¿no?
Esto ha sido, lo más gratificante que me ha podido pasar. Ya saben, con eso de que no me gusta sociabilizar o bueno, la realidad es que no sé sociabilizar. Pero como sea:
¡Gabriel y Manuel Están aquí!
Gabriel, o mejor conocido como "Briel" —le digo así, porque desde un principio no pronunciaba su nombre por completo, sino que solo lograba decir "Briel" y por siempre y para siempre se quedara así, es el diminutivo con amor de mi parte para el—. Fue la primera persona que con la que hable en el pre-escolar.
Lo sé porque cuando fue nuestro primer día de pre-escolar, a Helmer y a mí nos llevaron juntos, nos tocó la misma profesora; una vez que nos dejan en nuestra respectiva clase y nuestras madres se retiran del salón...
Helmer empieza a llorar, pero a llorar de tal forma que estaba gritando y se le había colgado de una pierna a mi tía Paula.
—No me dejes, por favor —decía Helmer entre llantos y gritos. —Yo me voy a portar bien, pero no me dejes —me había quedado en shock, no sabía porque estaba llorando, pero cuando dijo esas últimas palabras, todo el salón, todos niños que había en ese lugar, empezaron a llorar como en un efecto dominó, uno tras otro. Yo ya iba a empezar a llorar también, y no sabía porque, solo veía a mi primo llorar y yo quería llorar.
—No te voy abandonar, acá vienes a jugar, aprender cosas nuevas... —dice mi tía, tratando de calmar a Helmer. —puedes hacer nuevos amiguitos, ¿no te emociona?
—No llores, ya escuchaste a tu tía, —Yo sonreí con los ojos llenos de lágrimas y asentí hacia Ismenia —tienes que ser fuerte y apoyar a tu primo, ¿ok? Nosotras vendremos dentro de unas horas —Se giró hacia Helmer —ya verán que se les pasarán volando las horas y ya luego no se querrán ir casa.
Me acerqué a Helmer y le pasé un brazo por encima del hombro, dándole un medio abrazo, le sonreí y dije —Yo estaré aquí contigo —miré a Ismenia —estaremos bien, ¿no es así? —Helmer me sonrió y asintió.
Ya nuestras madres fuera y pasado todo el drama... se me acerca un niño, con el cabello oscuro medianamente largo, unos ojos marrones muy grandes, pestañitas bastante largas, y las cejas un poco gruesas.
—Yo también quise llorar, pero vi que abrazaste a ese niño y dejó de llorar —dijo señalando a Helmer que estaba curioseando el lugar —y dije: "quiero que sea mi amiga" y me emocioné tanto de que fueras mi amiga que no lloré —lo miré un poco asustada y con desconfianza, pero el chico me tiende la mano y dice —me llamo Gabriel y quiero ser tu amigo.
A ver... ¿Cuánto tuvo que haber practicado este niño, para hacer esto?. Si se le da a si de natural... ¡Quiero que me enseñe hacerlo!
Así que miro la mano tendida de Gabriel y un poco desconfiada y tímida, la tomo. —Hola "Briel", es mi primo le quiero mucho y no lo dejaría solo nunca. —Gabriel me miraba como si esperaba algo más— ¡Ah!, también quiero ser tu amiga. —termino diciendo con una sonrisa.
Y así de la nada y prácticamente gracias a Helmer y la valentía que tuvo Gabriel de acercarse a mí, hice mi primer amigo de toda la vida. ¿Manuel? Manuel un día, se nos acercó a Briel, Helmer y a mí a la hora de comer y desde allí nos volvimos un grupito, éramos lo cuatros siempre. Intercambiamos, nuestras comidas o las compartíamos haciendo todos los días un mini picnic. En nuestras pequeñas cabezas eso era lo hacíamos. Pero en realidad, nos hacíamos cada vez más cercanos.
Y que ahora estuviéramos en la misma clase nuevamente, era especialmente fabuloso. Seriamos... ¡Todos Para Uno y Uno, Para Todos!
Desde entonces, nos volvimos inseparables aún más. Hacíamos todo juntos, seguíamos haciendo un banquete con nuestras comidas. ya no eran picnic sino, banquetes. nuestras imaginaciones iban evolucionando.
***
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Si pudiera volver al pasado y hablar conmigo misma; me diría que no sea muy dura consigo misma, No tenemos a nadie, déjate amar y cuidar por ti misma. Cuando estés cansada, déjame Amarte.
Dos Años Después...
Tengo nueve años. Mi vida cambia, drásticamente.
Un giro de 180º a lo que ya había supuesto un cambio en mi vida hace cuatro años atrás, Cuando tenía cinco años y presencie una pelea entre mis padres que cambiaría todo.
Ese suceso no sería nada comparado con este cambio que se aproxima en mi vida.
Ya me había acostumbrado a la vida nueva que tenía con Papá Alonzo, Ismenia y con el fantasma de Alexander.
Es hora que me despida de todo eso y camine hacia el infierno en la tierra.
¡Y No, No Exagero!
Ismenia había comenzado la universidad hace un aproximado de dos años. Sus clases eran a las 3pm hasta las 6pm, todos los días.
La abuela —Madre de Ismenia— se había separado de mi abuelo, y se fue a vivir a un pueblo vecino que está a treinta minutos de "NorthWalk Town", nuestro pueblo. Con otro señor del cual se enamoró.
Así que ya no veía casi a mi abuela, solo fines de semana. Al salir de trabajar llegaba a casa de Ismenia, para estar todo el fin de semana con sus hijas y nietos —O sea, Helmer y yo—.
Dormía en casa viernes, sábado y domingo, el lunes se iba a muy temprano al trabajo y ya se le volvía a ver el fin de semana siguiente. su enamorado la visitaba por las tardes los días que se quedaba en casa de Ismenia.
Él también trabajaba en nuestro pueblo.
Los fines de semana teníamos casa llena por la abuela y Brandon.
¡Veía a Helmer más seguido!, gracias a la Abuela.
El abuelo seguía viviendo la misma casa con Loreinnys —Hermana de Ismenia y Paula—, que estaba por graduarse del instituto.
Ismenia trabajaba de medio tiempo en las mañanas mientras yo estaba en el colegio, y así tendría tiempo para la universidad, estudiar y pasar las tardes-noches con Papá Alonzo.
Papá Alonzo, siguió con su trabajo de Herrero/Soldador, a tiempo completo. Una que otras veces le hacía retoques a la casa. Cualquier idea nueva que se le planteara en la cabeza, de alguna nueva mesita de noche, de alguna silla, mesas para el comedor. Siempre estaba como reinventando la casa.
La casa había quedado preciosa, contaba con sala, comedor, cocina empotrada, barra americana, taburetes, lámparas, cuatro habitaciones, tres baños cada uno con agua caliente y Jardín delantero.
La sala cuenta con dos sillones y un sofá, televisor y una mesita pequeña en medio de los sofás. Los acabados de la casa son preciosos y la decoración muy hogareña.
Sigo visitando a mi Titi, aunque Alexander ya no aparece mucho por allí. Mi Titi trabaja desde muy temprano, desde las 6am hasta las 3pm.
A mi Titi se le escapó el otro día que Alexander le había dicho que ya no pasaría por las tardes muy seguido, que le dejara la cena lista para el llevársela a la hora de almuerzo.
De igual manera sigo yendo, porque me gusta estar con mis primas y mis abuelos, me encanta pasar tiempo con ellos, ya ni me aflige tanto, no ver a Alexander.
La tía Paula también trabaja, en el mismo lugar que Ismenia, solo que la tía Paula trabaja de tiempo completo.
Cada uno tenía sus responsabilidades.
A mi tocaba todos los días salir del colegio a las 11am, para llegar a casa esperar el almuerzo, darme un baño y vestirme para ir a la universidad con Ismenia.
Para mí era algo muy abrumador, aburrido, sentía que pasaba todo mi día metida en un salón de clases, y toda la noche encerrada en casa porque al otro día había clases, no podía salir a jugar con mis vecinos. Toda Una Pesadilla ¿no?
Esa era la realidad, vivía en un salón de clases. En la mañana no era tan pesado porque tenía a mis amigos, pero en la universidad, era muy, pero muy pesado, solo había adultos hablando de no sé qué. Haciendo exámenes, todo en silencio, mostrando unas imágenes gigantes que expulsaba un aparato hacia la pared. Y Más lo era cuando se acababan las horas de clases.
Siempre al salir de clases, Ismenia con su grupo de amigo, que era prácticamente toda la clase. Iban directos a beber cervezas. Más aburrimiento para mí.
No me gustaba para nada esa situación. No me gustaba para nada el ambiente referente a alcohol, ya estaba tan acostumbrada en estos dos años a esta misma rutina que sabía lo que pasaría.
Ismenia esperaría a que Papá Alonzo pasara por ella en el mismo bar de siempre, a la misma hora. Para irnos a casa. Pero...
¡sí!, hay un, pero.
Ismenia al beber se volvía un poco agresiva. Si yo tenía sed, hambre o hasta en ocasiones si necesitaba de un baño para mis necesidades, le molestaba que se lo comunicara una vez que ya tenía unas cuantas cervezas encima. Me hacía sentir como si para ella yo estuviera estorbando su paz y tranquilidad.
En esos años aprendí a callarme y aguantar hasta poder llegar a casa. A no decir nada para que no me tratase de tal forma.
Ninguno de mis familiares, tenía tiempo para cuidarme y poder quedarme con ellos mientras Ismenia llegaba de la universidad o al menos hasta que llegue Papá Alonzo, mi titi o mi abuelo de su trabajo.
Unas que otras veces si tenía suerte y alguno de mis familiares si podían cuidarme y me libraba de ir a la universidad con Ismenia.
Muy escasamente sucedía.
Una noche Ismenia tenía una reunión en casa con sus compañeros de universidad, estaban bebiendo desde muy temprano, bueno, más bien desde que salieron de clases era viernes y decidieron seguir con la fiesta en casa.
Se hicieron las 11pm y la abuela se había ido a dormir a las 8pm, había sido un día muy cansado para ella en el trabajo, se comió algo que se trajo del trabajo y se dispuso a descansar.
Yo no sabía cómo acercarme a Ismenia y decirle que tenía hambre. Obviamente, sería un movimiento peligroso. El pan y el cereal se habían acabado, que era lo único que hubiera podido comer, porque aún no me dejan entrar en la cocina a cocinar.
Me armo de valor, voy muy lentamente hacia donde está Ismenia, me acerco despacio a su espalda, mientras ella está sentada en el patio con sus amigos y le digo temblorosa y suavemente al oído para que nadie más me escuche.
—Mami tengo hambre, ¿Qué vamos a comer? —supe que había sido muy mala idea cuando su cabeza giró lentamente y su mirada aterradora se encontró con la mía.
—Desaparece de mi vista, ¡AHORA! —dijo con desdén apretando los dientes.
Salí corriendo y me encerré en el cuarto. Hecha un mar de lágrimas, solo podía llorar. Unos segundos más tarde oigo que tocan con cuidado la puerta de mi habitación.
—A-adelante. —Eso fue lo único que pude decir con un hilo de voz.
— ¿Pasó algo? Vi como saliste corriendo, —Preguntó Papá Alonzo entrando en la habitación. — ¿Porque no vienes a la cocina? y hablamos allí mejor, no vaya ser que venga tu madre y...
—Sí —le interrumpí asintiendo.
—Entonces... ¿Qué Pasó? —preguntó una vez nos sentamos en los taburetes de la cocina.
—Pues... verás, —Dije temerosa, agachando la cabeza y mirando mis manos. —Es que tengo hambre y no hay pan ni cereal y le fui a decir a mi mamá que tenía hambre. —Me removí en mi asiento un poco incomoda.
— ¿Cómo? ¿No Hay Pan? —Dijo abriendo muy grande los ojos y parecía bastante sorprendido la verdad. Asentí. —Bueno, voy a comprar unas hamburguesas, no te vayas a dormir ¿vale?
Justo cuando iba a responder entró en la cocina Ismenia, hecha una furia.
— ¿No Ves que estoy tranquila allí afuera con mis amigos? Sabes que si tienes hambre allí hay pan, no me molestes o simplemente espérate a que yo me pare a cocinar algo.
Soy un mar de lágrimas, solo puedo llorar, no puedo hacer más, estoy inmóvil en mi asiento, sin mirar a nadie, con la cara hacia abajo, siento que me encojo.
—No hay pan y son las 11pm ¿Qué puedes esperar? Es normal que tenga hambre. —Respondió papá Alonzo interviniendo y doy gracias que aun esté en la cocina. —Cálmate yo voy por hamburguesas y se resuelve el problema, ya mañana compramos pan.
—Si es tan tarde, entonces debería estar durmiendo. —Levanté la cabeza y me estaba mirando fijamente, mirada llorosa se encontró con la suya. solo asentí y me fui a mi habitación.
Los minutos pasan, me obligo a dormir, pero no lo consigo. Soy un desastre, lo único que hago es llorar, no puedo dormir y el estómago me gruñe.
Todo esto es mi culpa, yo sé que no debo molestarla y es lo primero que hago. Soy una tonta, ¿Cómo se me ocurre...?
Interrumpen mis pensamientos cuando alguien toca a mi puerta nuevamente.
— ¿Estas Despierta? ¿puedo pasar? —Papá Alonzo al otro lado de la puerta.
—Sí, pasa. —Dije limpiándome las lagrimas.
—Te traje una hamburguesa, cómetela para que puedas dormir tranquila. —Me tendió la hamburguesa que había traído.
— ¡Muchas Gracias! —Dije regalándole una pequeña sonrisa, antes de que saliera de mi habitación.
***
Ha pasado una semana desde entonces... Seguíamos en la misma rutina; Colegio, universidad, bar, casa, habitación.
Era viernes nuevamente. Papá Alonzo, no tenía que trabajar hoy, por alguna razón que desconozco. Pero, eso significaba que me podría quedar en casa, en mi habitación, en la paz y tranquilidad que esta me concede. Mi Pequeña Cueva.
Pero no, estaba muy equivocada. Papá Alonzo tenía otros planes en mente y ninguno de ellos era quedarse en casa.
Tenía que salir a no sé qué, luego pasaría por casa de sus padres a visitar. También tendría que pasar por Brandon, para que pasará fin de semana con él. O bueno con nosotros.
Hoy estaba decidida que no quería acompañar a Ismenia a la Universidad. Así que fui a casa de mi abuelo a ver si me podía quedar con el mientras mi madre iba a clases. Justo él estaba llegando del trabajo. Era temprano para el estar en casa. Eran las doce del mediodía y a estas alturas era mi única salvación. Pero no, el universo estaba conspirando contra mí. Y una vez más había otros planes, unos en los que no me incluían.
Mi abuelo había logrado salir temprano del trabajo gracias a un chequeo médico que tiene. Tampoco podía quedarme con él en su casa.
¡Agh! Todo es tan frustrante.
Vuelvo ya cabizbaja de la casa de abuelo, que literalmente está al lado. Entro en el salón de la casa y escucho a Papá Alonzo decir.
— ¿No ves que no le gusta ir contigo?
—Pues no le queda de otra, tiene que estar donde yo esté. ¡Soy su madre!
—Yo vuelvo más tardar en hora y media. Está lo suficientemente grande como para que se quede sola en casa, en su habitación. Ella sabe que no debe abrirles la puerta a extraños ni hablar con nadie. Y es seguro, que ni saldría de su habitación. —Dice un poco cansado, como si hubiera tratado de explicar lo mismo varias veces.
—No quiero que se quede sola, está muy niña aún.
— ¿Por qué no confías en ella? —Murmura ya un poco exasperado Papá Alonzo.
—Simplemente no creo que se deba quedar sola en casa, es todo.
—Pero si debes obligarla a ir a la universidad y bares, solo porque... ¿tú quieres? —suelta haciendo un movimiento con las manos en la cabeza, como si no entendiera. —Estaría mejor aquí en casa, donde se distrae con la Televisión y estará tranquila y cómoda. No contigo en un ambiente de borrachos.
Ismenia lo piensa un Poco, hace a responder y Papá Alonzo habla nuevamente.
—O ¿por qué no dejas que venga conmigo a casa de mis padres? También se distraería y no estaría sola en casa ni contigo en la universidad ni en bares.
—Dices que llegarías más tardar hora y media ¿No? —Papá Alonzo asintió. —Bueno, iré hablar con Martha. Si accede a cuidar de ella hasta que llegues, se queda, sino, se irá conmigo.
No esperó respuesta y salió de casa. Yo estaba en tumbada en el sofá y me levanté de golpe cuando escuché eso último. Eso ya era una victoria para mí. Pero Papá Alonzo no estaba muy tranquilo, ya que no era la solución que el buscaba. Pero nuestras miradas conectaron, le sonreí y de algún modo entendió que para mí eso estaba bien y me sonrió de vuelta. Saboreando conmigo la pequeña victoria.
Martha es mi madrina, por así decirlo. Todos sabemos que los padrinos solo están el día del bautizo y luego se pierden, no existen más. Se olvidan que existimos nosotros sus supuestos Ahijados. A menos que vivieran cerca de ti desde siempre y los ves muy seguido, pero no es que forman parte como tal de tu familia. De alguna u otra manera se lavan las manos y desaparecen.
Ella vive a dos casas de mi casa, o sea, al lado de mi abuelo. Con mi padrino, Pablo. Que es su esposo y sus cuatro hijos: Mateo, Lucas, Hugo y Martín.
Mateo, Lucas y Hugo son los mayores, Mientras que Martín es el último y me lleva tres años. Aunque Hugo solo me lleva cuatro tampoco es que es tan mayor.
Ellos siempre están jugando con los demás chicos nuestra calle y así es como conozco a todos los niños de mi calle.
Solo porque los he visto, yo no juego con ellos. Siempre estoy en la universidad o en la habitación viendo televisión. Puesto que siempre que Ismenia sale de clases termina en un bar, normalmente se llega un poco tarde a casa, ya para cenar y dormir.
— ¡Listo! Asunto resuelto. —Entra Ismenia en la sala, sacudiéndose las manos. —Te quedarás con Martha, hasta que Alonzo llegué y vaya a buscarte.
Asentí muy seria, tratando de ocultar mi alegría de poder quedarme y no ir a la universidad.
—No quiero quejas, ni reclamos, te estoy dando la oportunidad de que te quedes. —Dijo apuntándome con un dedo amenazadoramente.
— ¡No lo hará! —murmura Papá Alonzo mientras rueda los ojos, o como yo le digo: mientras le da la vuelta al mundo. —Hablas como si no la conocieras.
—Como sea, no está demás advertirlo.
Si, si está demás
— ¡Vale, si, lo entiendo! —dije finalmente.
La verdad no sabía porque Ismenia me trataba de tal forma o porque pensaba de la manera como lo hacía. Nunca le he dado razones para desconfiar o para que me trate mal. Siempre que lo pienso me pongo triste.
Ya en casa de mi madrina, estaba jugando a construir mi fuerte o mi casita. Ya saben, cuando tomamos los sofás y una manta.
Tengo los dos sofás pequeños de espalda hacia a mí y el sofá grande lo tengo de frente a mí, cosa que cuando le coloque la manta por encima a ambos, haga la forma de una casita o para mí una fortaleza, allí jugaba sin molestar a nadie.
Debo aclarar que mi madrina me dio permiso y me facilitó la manta para jugar. Ella estaba en su taller de costura que lo tenía allí mismo en su casa. De eso trabajaba. Estaba terminando unas prendas que le habían encargado.
Mientras estuve todo el rato en la sala, dentro de mi fortaleza, desde que la construí. No molestaba a nadie y no quería que nadie me molestara a mí.
Me tumbé en el en sofá —El suelo estaba muy frío como para tumbarme en el— contando los pétalos de las flores de la manta que tenía como tejado de la fortaleza.
Claro, un poco incómodo porque prácticamente tengo la manta en la cara. Cuando de pronto...
— ¿Qué haces?
— ¡Martín! —Dije sentándome de golpe. — ¡ME ASUSTASTE!... tú ¿Qué haces aquí?
—Vi esta Mansión y quise curiosear. —Dijo en un tono de voz que no supe comprender, junto a una sonrisita y una mirada extraña.
— ¡Ah! Este... Mm... ¿Necesitas algún sofá o la manta? Lo puedo quitar si la necesita no tengo problema con... —murmuré intentando salir, de lo que era mi fortaleza, pero que ya habían invadido, me sentí muy incómoda.
— ¿A dónde vas? —Preguntó sin dejarme terminar y tomándome del brazo —No necesito que derrumbes la Mansión que has hecho, solo quiero hablar contigo, nunca sales a la calle, quiero conocerte. —Dijo aun con su sonrisita.
—Eh... bueno, podemos hablar cuando acomode los sofás. —Traté de soltarme de su agarré, pero no funcionó, apretó más fuerte su agarre.
No pude reaccionar cuando Martín tiró de mí con mucha fuerza y me tumbo sobre el suelo frío. Comencé a forcejear con él para tratar de soltarme o que se quitara de encima de mí. Pero obviamente tenía mucha más fuerza que yo, así que todos mis movimientos fueron en vano.
— ¡PARA! ¡PARA! —supliqué con voz temblorosa, pero no se detuvo. Todo lo contrario, su sonrisa se hizo mucho más grande y me miraba de forma muy distinta ahora. El terror hizo presencia en mí.
Quise gritar, pero Martín fue más listo y me colocó su mano sobre mi boca, tapándola, evitando que yo gritara. Estaba muy asustada, no sabía que estaba pasando, seguía forcejeando, entre el pánico y mi forcejeo estaba empezando a cansarme. No podía más. Dejé de moverme por un instante, para tomar fuerzas y aire.
No podía más.
¡Oh, No!
Martín aprovechó ese mínimo momento, ese descuido para usar su otra mano y acariciar todo mi cuerpo. empezó a besarme el cuello, su mano seguía bajando por encima de mi ropa, sin retirar su otra mano de mi boca.
Sentía como su mano acariciaba mis piernas, no importaba cuanto apretara mis piernas, lo seguía haciendo. Sentía como abandonaba mis piernas para tocarme el dorso —a la altura de mis costillas—, mis brazos y terminaba volviendo a mis piernas. Seguía besándome el cuello, Su mano hacia fuerza en mi entrepierna, para poder tener acceso a mi zona intima, yo apretaba mucho más las piernas. Dolía, dolía mucho la fuerza que Martín ejercía en mi entrepierna. Seguí haciendo fuerza para no permitir que me tocara... seguía manteniendo mis piernas una encima de la otra.
Estaba muy inmovilizada, por el miedo y la fuerza que Martín empleaba en mí.
No sabía que estaba pasando. Mi miedo crecía, deseaba estar en un bar o en la universidad con mi madre. No quería estar allí.
Esto me estaba pasando por no hacer caso y querer quedarme. Por intentar ganar algo. Simplemente por no querer ir a la universidad.
Empecé a soltar lágrimas y patalear más fuerte, logré golpearlo en su entrepierna, pero no fue con la suficiente fuerte como para que se apartara. Solo logré que dejara de tocarme por un segundo, y me sujetara con más fuerza.
Lo volví a intentar, esta vez con la intención de darle con mucha más fuerza, pero el cerró sus piernas.
No puede ser que toda yo era un fracaso total.
Quiso quitarme la camisa, mi miedo se multiplicó, empecé a forcejear mucho más fuerte, no sabía de donde estaba sacando tanta fuerza o energía. pero estaba logrando desestabilizarlo.
Su madre quito la manta de un tirón y observó la escena. Martín se quitó de encima lo más rápido que pudo y miró a su madre. Volví a respirar.
Martha no sabía cómo interpretar la escena, no se creía lo que acaba de ver, lo que estaba pasando. Ni yo sabía ¡qué estaba pasando!
Yo me levanté limpiándome las lágrimas, pensando en todo lo que acababa de pasar, el terror que acabo de vivir, ¿Qué había pasad...?
— ¿Qué estabas haciendo? —Dijo Martha molesta hacia mi
— ¿Eh? —Aun aturdida —Yo... Yo no... —Intenté decir, pero Martha estaba furiosa y no me dejó terminar.
—Sé perfectamente lo que están haciendo. —Espetó con los brazos en jarras. —Esto lo sabrá tu mamá.
—P-pero, yo... No sé... No sé qué estaba pasando. ¡No sé qué ha pasado! solo sé que tuve mucho miedo —Dije soltando todo el llanto que estaba tratando de contener. —Él... él fue quien empezó... A hacer todo eso y no me hizo caso cuando le dije que parara, que ¡No!
— ¡No seas mentirosa! —Dijo Martha.
—Y-yo... Yo no tengo porque mentir. ¡NO MIENTO! —Grité llorando a un más.— ¡Yo no hice nada!
—Eso no fue lo que yo vi. —Dijo con un tono de disgusto.
¿Y qué había visto?
Solo podía llorar, y pensar en ¿Qué era lo que había pasado? No tengo ni idea, pero suena a que tengo un problema muy grande con Ismenia. Tengo miedo de que pueda hacer. ¿Cómo le explico que yo no tuve la culpa? ¿Qué no sé qué pasó? ¿El Por qué paso? No sé nad...
Papá Alonzo apareció y me sacó de mis pensamientos. Me vio llorando caminado de un lado para otro y quiso acercarse a ver que tenía.
Lo hice abrazar, pero algo en mí me frenó y me dio miedo, el solo estar cerca de él.
***
Llevo un aproximado de hora y media encerrada en mi habitación. Papá Alonzo no me ha molestado desde que volvimos de casa de Martha. Y yo solo tengo cabeza para pensar en cómo le voy a explicar a Ismenia lo que había pasado, lo asustada que estuve y mucho menos el Por qué había pasado.
Papá Alonzo le preguntó a Martha lo que había pasado, pero Martha le dijo que eso lo hablaría con mi madre. Aún intrigado y preocupado por el cómo me había encontrado me pregunto directamente:
— ¿Qué ha pasado? —Preguntó con un tono de preocupación en su voz. —Lo que haya pasado me lo puedes contar y hablar sobre ello. Lo sabes ¿No?
Eso era verdad. Sabía que con el único que podría hablar de lo que me pasaba sin que hubiera una riña, ni malos tratos era con él, pero también sabía que las pocas veces que me expresé con él, las cosas terminaban mal para él con Ismenia. Y justo ahora lo menos que quiero es eso.
—Sí, lo sé. —Dije con un hilo de voz y mi mirada pegada al suelo. —No pasó nada malo, solo le rompí un jarrón a Martha y yo estoy muy asustada por Ismenia es todo. —Mentí descaradamente y esperaba que no se diera cuenta, porque después de que lo dije me acordé que Martha no tiene plantas. Y sí, soy muy mala para mentir. No me gusta mentir.
— ¿Por eso te gritaba Martha? —Soltó con sorpresa y los ojos muy abiertos. —Si es solo eso, podemos comprarle uno nuevo y asunto resuelto, ¡No te preocupes!
—Sí, por eso. Creo que no lo tomó muy bien —Murmuré Encogiéndome de Hombros, pero sin levantar la mirada. —Iré a mi habitación si no te importa.
No esperé a que respondiera, le pasé por el lado a Brandon ni lo saludé y me encerré en mi habitación. Esperaba que no me siguiera para preguntarme por qué he sido grosera al dejarlo con la palabra en la boca y no saludar a su hijo, pero gracias a dios así fue.
Pero sé que se pregunta qué ha pasado y tratará de averiguarlo.
— ¿¡DÓNDE ESTÁ!? —Escuché junto a un portazo.
De vuelta a la realidad
¡Oh, no! ¡Oh, no! ¿Papá Alonzo había salido a buscar a Ismenia y no me había avisado?
Esto está mal, muy mal... Seguro que Martha ya le ha contado lo que pasó.
Pero... ¿Por qué está Furiosa Conmigo? ¿Qué hice mal?
Asustada, corto mis pensamientos... cuando la puerta de mi habitación se abre de golpe con tanta fuerza que la puerta rebota en la pared. Era Ismenia con cara de querer matarme y estaba claro que nadie me salvaría de eso.
— ¡SE PUEDE SABER!... ¿DÓNDE APRENDISTE ESO? —Gritó entrando en mi habitación
— ¿Q-que... Qué cosa? —Logré decir, mi voz no la encontraba, todo mi pequeño cuerpo temblaba de miedo. Nuevamente.
— ¡Oh, Vamos!... No te hagas la estúpida conmigo. —Dijo apretando los dientes.
—Pero, ¿Qué pasa? —Preguntó Papá Alonzo, un poco harto de que nadie le dijera que había pasado.
—No te metas Alonzo. ¡No es tú problema! —Ismenia se volteó furiosa contra él.
—Claro que es mi problema. ¡Todo lo que tenga que ver con ustedes es mi problema!
—Te dije que no. —Gritó Ismenia, se entró por completo en la habitación y le cerró la puerta en la cara pasando pestillo.
Papá Alonzo empezó a golpear la puerta, pero Ismenia lo ignoró. Hasta que Papá Alonzo se rindió y Dijo en con una voz de derrota que iría a dar una vuelta con Brandon.
¡Oh, No! Me iba a dejar sola con Ismenia.
Pero es entendible, no quiere a su hijo en ese ambiente hostil.
—Entonces... ¿Cómo está eso de que quería tener relaciones sexuales con Martín? —Soltó con furia.
¿Relaciones sexuales? ¿Qué? ¿Qué era eso?
—Yo... no... sé... —No sabía que decir, ni siquiera podía hablar. —Yo no sé qué es eso —Logré decir torciendo mis dedos de las manos y mi mirada en el suelo.
— ¿Dónde aprendiste eso? ¡RESPONDE! ¡ERES UN MALDITO PARASITO! ¡No sabes hacer nada más que molestar!
—Yo no hice nada —Solté de repente, con el llanto ganando la batalla— yo... yo estaba tranquila en el salón y... —Ismenia me interrumpió tomándome con fuerza del brazo.
— ¡NO ME MIENTAS! —Gritó— ¡DIME DE UNA VEZ!
—Yo no... Hice nada, nada. Déjame decirte lo que pasó. Yo... Estaba jugando, Martín llegó... —Cerré con fuerza mis ojos tomando aire. —Y me estaba tomando con mucha fuerz... —Me interrumpió nuevamente.
—Eso no fue lo que me dijo Martha. Ella no tiene por qué mentirme. —Me señaló con un dedo acusador. —Definitivamente donde te pares estorbas.
Justo ahí entendí, que dijera lo que dijera, ella no me creería. Preferiría creerle a cualquier otra persona que a mí. Entendí que sí mi propia madre no me defendería nadie lo haría, solo yo misma podría defenderme.
— ¿No me vas a responder? Bueno... ¡Tú te lo buscaste!
Ismenia se lanzó hacia a mí. Me quedé en mi lugar, sin dar pelea, cerré mis ojos y empecé a sentir cada uno de los golpes y bofetadas. Con unos cuantos insultos que prácticamente no escuchaba, solo quería que acabará rápido, que se desahogara y se fuera.
Pero esto que había pasado, jamás se me olvidaría. Todo lo que ha pasado este día, nunca lo olvidaría. Con más razón para mi Ismenia seria Ismenia y No "Mamá".
Y A partir de este día todos los hombres me daban asco, repulsión e Ira. No dejaría que nunca más ningún hombre se me acercara lo suficiente como para hacerme daño. No más.
A partir de allí, mi pequeña personalidad cambió y aprendí a madurar antes de tiempo. Bueno, no. Tuve que madurar antes de tiempo. Ya no era una niña tan inocente, sino una niña molesta con su madre y todos los hombres del mundo.
Una niña que no comprendía porque su madre no la había escuchado. Creo que era el deber ser de una madre. Escuchar a su hija, buscarla. Conocerla. Pero Ismenia prefirió creerle a Martha.
A medida que pasaba el tiempo Ismenia empezó a ser mucho más agresiva conmigo. Desconfiaba de mí. Todo lo malo que pasaba se encargaba de dejarme en claro que era mi culpa. Cada vez era más seguidos los golpes.
Empecé a desarrollar el sentimiento de querer morirme. Luego ya no era solo un sentimiento, sino una necesidad. Por el simple hecho sentirme una "mala hija". De no ser digna de su amor. Y que gracias a todo eso solo me quedaba nada más que recibir agresiones de su parte. Y estaba cansada de ser su saco de boxeo.
Empecé a tener pensamientos muy malos. A no sentirme suficiente. Simplemente no merecer vivir.
¡Si! Con solo nueve años.
No entendía porque me había traído a la vida si para ella sería un estorbo y un parásito. Palabras propias de Ismenia, y digamos que lo más triste de que te digan esas palabras o insultos, es que terminas creyéndotelo y sintiéndote como un estorbo y un parasito.
Le tomé mucho miedo a Ismenia. Me convertí en una niña Callada, Introvertida, Asocial... por miedo a que la más mínima cosa que hiciera estuviera mal e Ismenia se molestara conmigo.
Y con razón, porque literalmente, cualquier cosa que hiciera, para Ismenia estaba mal y si para ella estaba mal, automáticamente ya sabía lo que me tocaba. Cualquier motivo era perfecto para golpearme. Y siempre me decía: "Si le dices a alguien te irá peor", "Si vas a la policía a denunciarme, nadie te va a creer", "Soy tu madre y no me harán nada", "Si me dejan libre o me ponen una multa te irá muchísimo peor".
Tomé acciones y expresiones agresivas hacia los hombres —Niños y adultos—. Niños de mi edad y más grandes, empezaron a tenerme miedo, porque los agredía una vez que se acercaban.
Nunca les tuve miedo por ser más altos, grandes o ni siquiera me importaba que si alguno me devolvía el golpe sería mucho más fuerte que yo.
Detestaba que se me acercarán con una intensión juguetona, pícara, morbosa, o con doble sentido. Reaccionaba de inmediato cuando percibía lo que querían o cuando me hablan "Bonito". Automáticamente mi derechazo en cualquier parte del cuerpo recibía, normalmente era en los brazos. También acostumbraba a gritarle y tratarlos mal para que no quisieran acerarse.
Así, pasaría toda mi infancia.
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