Capítulo 2

— Tienes tanta suerte. — lloriqueaba una chica rubia a su lado en el espejo. 

— No lo creo. — Contestó Zafiro, limpiándose el carmín sobrante de sus labios. 

— ¿ Estás loca? — protestó la rubia. — Es el sueño de cada una de nosotras, encontrar un cliente que nos saque de esta vida.

— Pero él no tiene intención de hacerlo. 

— A ver… yo sé que eres nueva, pero déjame explicarte algo. Lorenzo Rossi es el jefe de la mafia que controla la costa oeste, además de que posee empresas millonarias y terrenos en todo el país. 

— ¿ Y eso que tiene que ver conmigo ? 

— Que un hombre de tanto poder puede tener a la mujer que quiera y te ha escogido a ti. Podrías hasta acabar siendo su esposa.  

Zafiro lanzó una carcajada. 

— No estaré aquí tanto tiempo .

— No seas estúpida. Apenas acabas de llegar. 

— ¡Zafiro! — la voz masculina la llamó desde afuera y supo que era hora de salir a cumplir con su trabajo. 

En la habitación la esperaba de nuevo Andre y al verlo se sobresaltó. 

— No puedes obligarme a hacer esto .— le dijo al guardia que custodiaba su habitación. 

— Es tu trabajo, cállate y entra. 

— Pero Lorenzo dijo… 

— Nunca entenderé porque las p**tas creen las promesas que les hacen los hombres justo después de follar. — 

— Pero este cliente se negó a pagarme… —

— Sin embargo a la matrona le dio el doble por tu culo. Así que cállate y entra antes de que yo te haga entrar.  — 

Cerró la puerta tras de sí con lágrimas en los ojos. 

— No sabes que duro me pone verte así temblorosa. — 

— ¿ Por qué has vuelto? — 

— Creo que mereces una segunda oportunidad… aún no he probado todos tus agujeros. — contestó acariciando la cama a su lado. 

Zafiro estaba congelada. Tan solo de mirarlo sentía dolor. 

Andre saltó de la cama y la empujó agarrándola por la cintura.

— Yo te haré una buena puta, una perra obediente. — le rompió el vestido y la hizo acostarse de espaldas de nuevo , abriéndole las nalgas. 

El grito de Zafiro retumbó en el burdel y el puñetazo de André en sus costillas la obligó a callar dejándola sin aire. 

— Vez, al menos ya gritas…— murmuró él agachándose para mordisquearle la oreja. 

Concentrada en su dolor Zafiro no escuchó la puerta abrirse. Fue el sonido agudo del disparo lo que la hizo abrir los ojos. 

— Lorenzo… — murmuró llorando al verlo con el revólver humeante en las manos. 

No quiso mirar hacia atrás y se lanzó hacia él queriendo abrazarlo por salvarla. 

— Gracias. — murmuró, pero el italiano la empujó.

— Asquerosa, hueles a él.— apuntó el arma hacia ella. 

— ¡No! — gritó Zafiro.  — Yo no quería… me obligaron.

— Todas son iguales… 

— ¡No! El guardia, él dijo que mentías y me hizo entrar. Yo no quería… tienes que creerme, por favor. 

Zafiro se arrodilló frente a él. 

— ¡ Lorenzo! — la matrona entró al cuarto presurosa. — ¿Que significa esto? 

— Te advertí Jaqueline…  

— No pensé que fueras en serio…yo… 

— Pues ya lo sabes Zafiro es mía y él que se acerque a ella sufrirá el mismo destino que este pedazo de carne apestosa. — 

Levantó a zafiro del suelo y la metió a un coche, cubierta solo con una chaqueta negra. 

— ¿Adónde me llevas ? — preguntó con voz temblorosa. 

— Lejos de la policía que pronto inundará ese sitio. Te daré mi sorpresa... —

La casa estaba apartada del pueblo y el camino de maleza hacía muy difícil verla. 

— Este lugar es hermoso. — confesó Zafiro mirando a través de la ventanilla, con los ojos cautivados por la belleza del sitio.

— Me alegra que te guste a partir de ahora es tu casa. 

— No comprendo. — tartamudeó ella. 

— Ya no quiero que regreses más a ese sitio y a partir de ahora estarás siempre aquí para cuando yo decida venir a verte. — 

— Pero no puedo hacer eso… mi madre…

— He hecho arreglos para que la señora sea trasladada aquí. Tendrá una enfermera las veinticuatro horas y toda sus necesidades atendidas. 

— Pero… yo… ¿ Cómo supiste? — 

—  Te he dicho que soy un hombre muy habilidoso y que tú eres mía. 

 Zafiro sonrió pero por dentro estaba aterrorizada. 

— ¿ Cómo has conseguido esto hija? — le preguntaba su madre cada mańana. Ella no sabía que responderle y solo le daba un beso en la frente. 

— No te preocupes ma. Es solo por un tiempo hasta que te encuentres mejor. Luego volveremos a casa. —

Las visitas de Lorenzo se hicieron cada vez menos frecuentes y Zafiro, se sintió cada vez más libre para retamor su vida, como Elena; lejos del alter ego que la prostitución la hizo adoptar. 

— He sabido que has estado yendo con frecuencia a la ciudad. — dijo él entrando a su habitación en medio de la madrugada. 

Ella se arrascó los ojos confundida y adormilada.

— Hola… — murmuró en un bostezo. 

— ¿Y bien? —. El tono de Lorenzo fue escalando cada vez más. 

— Sí, supongo que he ido un par de veces… quería retomar mi curso en la universidad y …

— ¡Qué! —  gritó él pateando la mesilla de noche.

— ¿Qué pasa ? — ella saltó de la cama asustada. 

— Pasa que no tienes permitido pasearte por la ciudad, pasa que no puedes ni si quiera intentar regresar a ese lugar lleno de hombres con los que te querrás acostar, pasa que has olvidado tu lugar y creo que es mi trabajo recordártelo. 

La paliza la hizo salir arrastrándose al pasillo en busca de auxilio, ni un alma en aquella casa respondió a sus gritos de ayuda, excepto su propia madre. 

— ¿¡ Qué está pasando aquí!? — gritó con esfuerzo la señora que se asomó a la puerta apoyándose en su bastón. 

— Mamá… vuelve adentro… por favor…. Estoy bien. — 

— Detente animal! — le gritó a Lorenzo que seguía pateando a Elena en el suelo. 

— ¡Basta! ¡ Basta! — la anciana levantó el bastón intentando golpearlo, pero la fuerza la abandonó de golpe. 

— ¡Mi madre mi madre… ! — lloraba Elena arrastrándose hacia ella. Escuchando como su respiración se hacía más pesada e intermitente.

 — Esto te enseñará. —  dijo Lorenzo sosteniéndola por el pelo para que mirara fijamente el rostro de su madre. 

— Quiero que mires bien…lo que está a punto de pasar...es solo tu culpa. Tuya y de nadie más. — le susurró al oído antes de soltarla y caminar hacia la señora que desfallecía en el suelo.

Capítulo 3

— Espero que te haya quedado claro… eres mía y confío en que nunca más intentarás nada que pueda disgustarme.  — susurró a su oído frente a la caja de madera. 

Todos se fueron dejándola sola, escuchando en su cabeza las últimas palabras de su madre mientras Lorenzo apretaba la punta del bastón en su pecho débil . 

— Ayúdame…hijaa… — su mano en la mano arrugada y temblorosa de su madre sintió como el movimiento se detuvo y desde el suelo vio su estómago quieto y sus ojos apagarse dejando solo un reflejo vidrioso en sus pupilas. 

— Jaqueline… es Zafiro. — murmuró al teléfono vigilando que nadie la oyese. — Necesito tu ayuda. — 

El plan no tardó en concretarse. 

—¿ Está bien señorita?  — preguntó el taxista al verla comerse las uñas. 

— Sí, apresúrese por favor. A la estación de autobuses.

Llevaba en la maleta todo el dinero que consiguió de la caja fuerte de la casa y el medallón de su madre al pecho. 

— ¿Zafiro? — la abordó un hombre encapuchado al bajarse del taxi. — Me envía Jaqueline.

— ¿Lo tiene ? — preguntó ella bajando la vista. 

— Si. ¿ Y usted? 

— Esto debería ser más que suficiente.— murmuró poniendo en su mano un fajo de billetes. 

— Aquí tiene. Buena suerte… — una sonrisa enferma apareció en sus labios. 

—  Milena Morales… que nombre tan absurdo. — susurró para sí misma al leer los datos en su nuevo documento de identidad. 

Cinco autobuses y casi seis días después Zafiro, convertida en Milena llegaba a su nuevo hogar. 

— Bienvenida a nuestro pedazo del paraíso.— la recibió un amable valet en la entrada d eun pequeño y pintoresco  hotel. — ¿ Cómo podría serle de asistencia? 

— Me gustaría una habitación y el número de teléfono del mejor agente de bienes raíces del lugar… quisiera programar una cita para mirar algunas propiedades 

— ¿Planea quedarse? — preguntó el chico con entusiasmo.

Pero Zafiro calló guiada por el miedo y la paranoia que la llevaban a saberse perseguida por Lorenzo. 

— Por favor lleve las maletas a mi habitación… enseguida estaré de regreso. — ordenó dejando otro fajo de dinero en sus manos. 

Tuvo que andar algunas calles pero al fin lo encontró.

— ¿Jaqueline? — susurró a través del teléfono público. 

— Ele… Zafiro… — contestó su antigua jefa.

— He llegado a un nuevo lugar. Creo que estaré a salvo aquí. ¿ Cómo está todo por allá? 

— No voy a mentirte. No es bueno. 

Zafiro dejó escapar un suspiro aterrado. 

— Sus hombres andan como locos por las calles. El rumor es que le robaron casi medio millón de su reserva especial. Nunca los había visto tan coléricos. — 

— Tal vez debí tomar un avión hacia otro país. — se lamentó. 

— No. De esa manera le sería más sencillo encontrarte, vigilan los aeropuertos. Además mi amigo es bueno pero no creo que sus falsificaciones puedan engañar a los oficiales de la aduana. — 

— Tengo tanto miedo. — 

— El día que empezaste en el burdel supe que no pertenecías aquí, pero está vida no es fácil de escapar y tú al menos lo has hecho . Estarás bien, olvida todo lo que fuiste y comienza de cero, jamás podrá encontrarte. — 

— Gracias amiga… supongo que este es nuestro adiós. — 

— Adiós Zafiro, espero no oír de ti nunca más porque eso significaría que estás en problemas. —

— Adiós Jaqueline y gracias… — 

Levantarse era difícil cada día aunque una nueva rutina la envolvía, su reflejo en el espejo la hacía recordar el fantasma de su vida pasada.

— ¡Señorita Milena! — gritaban en la puerta de su pequeña casa. 

— Pasa Héctor… — contestó bajando las escaleras. 

— ¡Buenos días señorita! ¿ Cómo se siente hoy ?  — 

— Creo que hoy un poco mejor Héctor, pero no voy a mentirte se va volviendo más y más difícil cada día que pasa. —

— Supongo que eso es normal. — murmuró él chico . — Le he traído el desayuno… — 

— Eres un ángel no se que haría sin ti.— contestó ella agarrando la bolsa y poniendo un beso en la frente del adolescente. 

— Soy yo quien tiene que agradecerle… sin usted no tendría trabajo y aún seguiría en la calle, mendigando y durmiendo en los callejones.— 

Ella le dio una palmada en la espalda. 

— Yo también estoy sola, y se lo que se siente estar desprovisto y asustado. — 

— Las orquídeas y los claveles llegaron hace algún rato y hay varias entregas por hacer. He dejado la tienda sola para venir a traerle el desayuno, pero los repartidores no deben tardar en llegar para recoger los encargos de hoy— agregó Héctor cambiando el tema. 

— Yo iré hacia allá ahora mismo. Tú vete a la escuela. 

Milena se levantó de la silla y se tambaleó hacia atrás. Héctor la sujetó por el brazo. 

— Señorita, ¿ está bien? —

— Sí, ha sido solo un mareo. Vete ya… — 

— No creo que deba trabajar en estas condiciones … — 

— Por favor Héctor… es mi obligación preocuparme de ti, no a la inversa. Te he dicho ya que estoy bien. — 

— Pero no sé ve usted muy bien, si me permite decirlo. — 

— No he estado durmiendo mucho, es todo. — 

— Ni comiendo mucho… mire esas ojeras…nada de esto puede ser bueno…— 

Zafiro dejó escapar una carcajada. 

— Que tierno eres… — 

— Yo creo que debería tomarse un par de días libres… yo podría encargarme de la tienda y decirle a mi profesora que faltaré a algunas clases… no creo que le importe mucho.— 

— ¡ Ni hablar! Yo estoy perfectamente bien, no es como si estuviera enferma. — 

— No, yo sé que no,  pero debería descansar más. Es importante que se cuide y se alimente bien.Ambos se lo agradeceríamos…— replicó él poniendo la mano en su barriga y sonriendo al sentir el movimiento en su interior.

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