Capítulo 2

Pauline se apresuró en recoger los billetes mientras sostenía con fuerza la maleta, temiendo que el resto del dinero también se fuera volando, pero en ese momento, un trueno retumbó en el cielo, como si este estuviera a punto de colapsar, y la lluvia volvió a intensificarse.

Bajo el resplandor del relámpago, en el puente se podían apreciar las sombras de los árboles y eso envió un escalofrío por la columna vertebral de la mujer, quien sacó su teléfono a toda prisa para llamar a un taxi solo para descubrir que se había quedado sin batería. Entonces dejó escapar un suspiro abatido y, sin saber qué otra cosa hacer, comenzó a arrastrar la pesada maleta bajo la lluvia en dirección a su casa.

Como en todo el camino tuvo la inquietante sensación de que alguien la estaban siguiendo, en cuanto vio que un taxi se acercaba a ella, inmediatamente le hizo señas y se subió sin dudarlo ni por un momento.

"Por favor, llévame a South Mansions", dijo ella y el conductor se dio la vuelta para responderle, pero cuando vio su rostro, tragó saliva y volvió a girarse.

"¿Por qué no arrancas?", preguntó Pauline después de un rato, sintiéndose confundida al ver que el conductor se había quedado inmóvil.

"Enseguida, señorita", le respondió el hombre apresuradamente y, mientras conducía, unas gotas de sudor frío se deslizaban por su frente, pero siguió agarrando con fuerza el volante.

El coche avanzaba a un ritmo tan agradable que, al cabo de unos minutos, Pauline empezó a relajarse e incluso a sentir sueño, aunque justo cuando estaba a punto de quedarse dormida, el conductor se dio la vuelta y le entregó un recipiente. "Esta es la sopa de jengibre que mi esposa me preparó hoy. Seguramente estarás muerta de frío por la lluvia, así que bebe un poco de esto para calentar tu estómago", le dijo él y el primer instinto de Pauline fue negarse, pero el hombre parecía una persona de confianza y no pudo resistirse a su entusiasmo. Sin embargo, al acercarse para recibir el obsequio, la mujer se vio sin querer en el espejo retrovisor y se quedó de piedra, pues su rostro estaba increíblemente pálido y su largo cabello oscuro estaba pegado a la piel de su cara, goteando agua. De hecho, parecía un fantasma y ahora ya no le parecía tan extraña la actitud que el conductor había tenido cuando se subió al auto. Mientras tomaba la sopa de jengibre, Pauline se quedó observando a su benefactor y no pudo evitar pensar que le resultaba un poco familiar, aunque no sabía por qué.

Cuando llegaron a South Mansions, ya era la una y media de la mañana y, en cuanto la chica salió del coche, una ráfaga de viento frío sopló de repente y la hizo temblar.

La mujer entró en la casa con una expresión solemne, llevando la ropa medio mojada y la maleta en la mano, pero mientras subía las escaleras, escuchó una leve risa, así que se acercó a su habitación con el ceño fruncido. A medida que se acercaba, distinguió dos voces que llegaban desde el interior, por lo que se detuvo en la puerta, que no estaba completamente cerrada, dejando que la luz se filtrara fuera del cuarto por el delgado espacio. Desde su posición, Pauline pudo ver un montón de ropa esparcida por el suelo, desde la puerta hasta la cama, y parecía que las dos personas que estaban dentro de su habitación habían tenido tanta prisa que ni siquiera se habían molestado en cerrar la puerta. Mientras ella pensaba en eso, se escuchó otra carcajada, seguida de una voz de mujer, que dijo en un tono seductor y juguetón, "Peter, ¿qué pasa si mi hermana se entera de nuestra aventura?".

El hombre le respondió divertido, "¿Y qué? De todos modos, no hay nada que ella pueda hacer al respecto, pues el anciano ya no tiene las fuerzas necesarias para ayudarla". Al terminar de hablar, el hombre debió haber vuelto su atención al cuerpo de la mujer, porque al segundo siguiente, ella gimió y le dijo, "Mmm... Eres tan malo, Peter...". "Ya sabes que te gusta esto, zorra", soltó él. "Peter, cuál de nosotras es mejor en la cama, ¿mi hermana o yo?", se interesó ella a continuación.

"Ni menciones a esa mujer aburrida. Si ni siquiera la he tomado de la mano, ¿cómo podría compararse contigo, cariño? Si no fuera por las acciones que tiene el anciano...", le respondió el hombre.

Pauline ya había oído suficiente y sintió nauseas al darse cuenta de que las dos personas de la habitación no eran otras que su prometido, Peter Gu, y su hermana mayor, Tiffany Song. Lo peor era que, aparentemente, tenían una aventura desde hace mucho tiempo y le habían estado engañando como a una tonta. Al darse cuenta de todo eso mientras seguía allí de pie, sus hombros se hundieron abatidos y pensó, 'Pauline, tu vida es un desastre. Toda la familia te odia y, de las dos personas que pensabas que te amaban, una de ellas está en el hospital en estado crítico y la otra se está acostando con tu hermana. ¡Qué absurdo!'.

"¿Qué deberíamos hacer con el anciano después de conseguir las acciones que tiene en su poder?", preguntó después Tiffany con una risita y, para su hermana, esa había sido la gota que colmó el vaso. En ese momento, Pauline abrió la puerta para entrar, sin darse cuenta de que la maleta que tenía en la mano cayó al suelo, y soltó una risa burlona al ver a las dos personas que estaban en su cama esforzarse por cubrir sus cuerpos desnudos con la colcha. "¿Por qué no siguen? Teniendo en cuenta lo aburrida que soy, deberían dejarme ver qué es lo que implica ser interesante", dijo ella mientras su hermana se escondía detrás de Peter, con lágrimas en los ojos. "Pauline, esto no es lo que parece", dijo Tiffany y, al escuchar eso, su hermana menor la miró con desprecio. "¿En serio? ¿Por qué no me lo explicas entonces? ¿Acaso Peter quería mostrarte cómo brilla su nuevo reloj en la oscuridad, o fuiste tú la que quería enseñarle a él tu nuevo collar luminoso? Eres una zorra. ¿Cómo te atreves a seguir haciéndote la inocente?", le reprochó Pauline y los ojos de Tiffany se pusieron rojos al oír sus palabras. "Pauline, no culpes a Peter por esto porque yo soy la responsable de todo. Lo cierto es que lo amo demasiado y, aunque he tratado de romper con él, finalmente no he podido controlar mis sentimientos", dijo la mayor con un aire abatido y entonces Pauline comenzó a aplaudir mientras se acercaba a ella exclamando, "¡Qué gran historia de amor! Será mejor que te vistas. ¿Acaso no tienes vergüenza?". Luego extendió la mano para levantar la colcha, pero antes de que pudiera hacerlo, Peter la detuvo y, al mismo tiempo, protegió a su acompañante, quien seguía desnuda detrás de él. "¡Ya está bien! ¿Cómo puedes insultar a tu propia hermana de esta manera? Además, ¡no tienes ningún derecho a culparla! ¿Acaso crees que eres mucho mejor que nosotros?", dijo él, señalando con la mano la maleta que se había quedado cerca de la puerta, "¿O es que me vas a decir que no obtuviste todo ese dinero acostándote con alguien? ¡Eres tú la que se está haciendo la inocente a pesar de ser una zorra!".

Inmediatamente, Tiffany aprovechó la oportunidad para intervenir. "Así es, acuérdate cuando traicionaste a Peter hace tres años. ¿Cómo pudiste hacer eso?", gritó ella y luego añadió en un tono burlón: "¿Qué tipo de hombres te atrae ahora? ¿Acaso ya cambiaron tus gustos en estos últimos tres años?".

Peter se levantó de la cama, dejando a la vista su pecho desnudo, y se paró frente a Pauline para acariciar lentamente su rostro. "Tengo que decir que tienes un aire bastante seductor, pues de lo contrario, no podrías haber atraído a tantos hombres", dijo él, pero esta giró la cara hacia el otro lado para evitar que siguiera tocándola y le respondió con frialdad: "No me toques, asqueroso".

"¡Ahora no te hagas la santa, Pauline! A mí no me permites que te toque, pero en cambio vas y te acuestas con otros hombres. ¿Acaso es porque yo no te doy suficiente dinero?", le reprochó Peter en un ataque de furia, dejando de lado su apariencia amable, y luego gritó mientras señalaba la maleta: "¿Este es el precio por pasar la noche contigo?".

Capítulo 3

Pauline estaba tan enojada que temblaba, y de inmediato abofeteó a Peter.

"¡Debería darte vergüenza! ¡Fuiste tú quien planeó todo hace tres años! Aun así me he sentido tan culpable al respecto que hice todo lo que me pediste después de eso, y desde ese entonces he estado viviendo en el infierno gracias a ti. Si no fuera por el abuelo, ¿crees que merecerías estar aquí? Me enferma el tan solo mirarte", escupió ella. Luego se volvió hacia su hermana. "Y tú, Tiffany Song... Tengo que agradecerte por ser un basurero porque de lo contrario no sabría dónde tirar a este pedazo de porquería", agregó, mirando a su prometido con una sonrisa irónica.

Todavía sosteniendo la colcha contra su pecho, Tiffany miró a su hermana menor con odio antes de burlarse. "¿Sabes algo? El anciano ese pudo haberse curado hace mucho tiempo, ¿pero quién lo mandó a consentirte y estar pendiente de ti? Por eso yo tuve que...". La chica se calló de pronto con una sonrisa engreída.

Abriendo los ojos de par en par por la incredulidad, Pauline preguntó con la voz temblorosa: "¿Cómo pudiste hacer eso? ¿Acaso no es tu abuelo también? ¡Eres una perra malvada!".

El señor había estado en el hospital durante mucho tiempo y no había sido fácil encontrarle un donante de médula ósea compatible. Sin embargo, la semana anterior el hospital al fin tenía uno e incluso programó la operación. Lo terrible fue que a último minuto esa mañana la persona se había retractado inesperadamente. ¡Su abuelo había estado a horas de curarse! Ya la institución había tardado seis años en encontrar a ese donante, ¿cuánto tardaría otro en aparecer? Dado que el señor ya era muy mayor, no había mucho tiempo.

Pauline no lograba entender por qué el donante se había arrepentido de repente, pero resultó que Tiffany era la que se había entrometido en ese proceso y ahora ella se odiaba a sí misma por no poder salvar a su abuelo de los malvados planes de esta.

"No me mires así", le dijo su hermana, viéndose su nueva manicura como si nada. "Es tu culpa. Yo todo lo que hice fue informarle al donante de la verdadera identidad del abuelo y este llamó al hospital enseguida para decir que ya no lo haría. La verdad es que eso me ahorró muchos problemas".

Pauline recordó que cuando había ido a visitar a su abuelo antes de la operación esa mañana pasó por el consultorio y las palabras "médula ósea" y "arrepentimiento" llegaron a sus oídos.

Ella no tenía la costumbre de escuchar a escondidas las conversaciones de otros. No obstante, tenía que estar alerta sobre todo lo relacionado con su abuelo, así que se quedó afuera y escuchó con atención.

Uno de los médicos dijo: "El anciano en la UCI ha estado esperando una médula ósea durante bastante tiempo, y ahora que al fin teníamos una compatible, el donante cambió de opinión a último minuto. ¡Es una lástima!".

"Sí, lo es. De todos modos es comprensible que se retracte, puesto que se trata del multimillonario señor Lu. Tal vez él temió que algo saliera mal durante la operación y que eso pusiera en riesgo su vida", respondió otro médico.

Tan pronto como ella escuchó aquello, entró apresurada a la oficina sin más.

"Doctor Bai, ¡por favor, dígame quién es el donante para que yo pueda ir a hablar con él y salvar a mi abuelo!". Dicho eso, se arrodilló frente al médico y rompió a llorar. "Doctor, se lo ruego".

Al principio, Daniel Bai no tenía la intención de revelar esa información, solo que al verla llorar e incluso arrodillarse frente a él, no pudo evitar sentirse mal por ella. Ante eso, él le informó que el señor Lu se dirigiría a City B por la noche por negocios. Solo una ruta unía Ciudad S con ese lugar, de modo que Pauline fue allí por la noche a esperar; lo que no vio venir era que el donante fuera Edmund Lu. De seguro esa coincidencia fue un castigo de Dios para ella.

"¿Y qué piensas ahora? Te sientes mal, ¿verdad? Pues eso me hace muy feliz", dijo Tiffany con una alegre sonrisa. "Me gusta verte sufrir, así que tomaré todo lo que te gusta y destruiré todo lo que te importa. ¡Nunca te daré lo que quieres! Te odio. Eres una zorra, como tu madre...".

Antes de que su hermana pudiera terminar sus palabras, Pauline la agarró del cabello y la arrastró fuera de la cama, haciéndola caer al suelo de rodillas. Peter iba a ayudar, pero ella lo hizo detenerse al fulminarlo con la mirada. "Si no quieres sus fotos en los titulares de mañana, será mejor que te quedes quieto".

Habiendo lanzado su amenaza, sujetó a la chica desnuda y la abofeteó con fuerza.

"Esta es por el abuelo, por ser una nieta desalmada".

Luego le dio otra bofetada. "Esta es por mi madre, por ser irrespetuosa con tus mayores y con los fallecidos".

La cabeza de Tiffany estaba zumbando, y entre lágrimas, suplicó: "Basta, Pauline. Por favor, para".

Entonces gritó: "¡Papá, ayúdame!".

Eso despertó a toda la familia, que corrió al segundo piso para encontrarla desnuda siendo abofeteada por su hermana menor.

"Señorita Pauline, por favor, deténgase o la matará".

Tras su petición, los sirvientes se la llevaron y enseguida cubrieron a la otra chica con la colcha. Pauline luchó contra ellos e iba levantando los pies para patear a su hermana, aunque fue en vano. Por su parte, la otra se cubrió la cara al tiempo que sollozaba con el fin de provocar lástima. Su técnica funcionó con Anthony Song, su padre, por lo que este inmediatamente se le acercó, y sosteniéndola en sus brazos para consolarla, se volteó enfadado hacia su otra hija. "¿Cómo te atreves a golpear a tu hermana? ¿Mañana me pegarás a mí? ¿Siquiera me consideras tu padre todavía?". Acto seguido le dio una bofetada con tanta fuerza que su rostro se hinchó de inmediato y una gota de sangre cayó de su labio hasta su muñeca.

Mirando hacia abajo, la chica se esforzó por contener las lágrimas. "¡Papá, soy yo quien debería preguntarte si me consideras tu hija! Desde mi niñez, independientemente de lo que pasara, ¡era a mí a quien culpabas cada vez que me pelaba con Tiffany! Mírate, tan pronto como ella gritó pidiendo ayuda, corriste aquí sin siquiera molestarte en ponerte una camisa".

Anthony quedó estupefacto, y tosió antes de cambiar de tema. "¿Qué te hizo tu hermana? ¿Por qué eres tan cruel con ella? ¿No podrías limitarte a hablar las cosas? ¿Por qué tenías que llegar a los golpes?".

"¡Ella es la razón por la que el abuelo no pudo operarse hoy!", gritó Pauline histérica.

"¡Papá, eso no es cierto! ¿Por qué iba yo a lastimar al abuelo?", replicó la otra, cubriéndose la mejilla hinchada y sacudiendo la cabeza mientras lloraba a mares.

"Pauline, entiendo que te enoje que yo esté con Peter, ¿pero cómo puedes calumniarme así? ¡Tú no eres la única nieta del abuelo!", argumentó entre lágrimas.

Peter aprovechó la oportunidad para intervenir. "Señor, ella estaba muy enojada cuando se nos acercó a su hermana y a mí. Dado que todo es mi culpa, quise arrodillarme y suplicarle perdón, pero Tiffany se disculpó primero. Lo que no esperábamos era que Pauline aprovechara esa oportunidad para golpearla e incluso difamarla".

"¡Qué cantidad de mierda! Lo que mi hermana dijo en realidad...". Antes de que Pauline pudiera terminar sus palabras, sintió otra bofetada.

"¡Cállate! Sé qué clase de persona es mi hija, en cambio tú has mentido desde que eras una niña. Ya que trataste de culpar a tu hermana por algo que no hizo, no hay lugar para ti en esta familia", rugió el padre, señalando la puerta.

Apretando los puños, ella miró a su alrededor con incredulidad para notar que nadie la defendió.

Con eso sintió que ninguno de los presentes la consideraba parte de la familia, aunque ella había visto tontamente ese lugar como un refugio durante mucho tiempo.

En vista de la situación, apartó la mano de su padre y salió corriendo de allí sin mirar atrás ni llevarse la maleta debido al apuro.

En ese instante escuchó el rugido de su padre. "Si pones un pie fuera de esta casa, ¡nunca podrás volver!".

Ella se limitó a ignorarlo y siguió caminando, ¡pues a fin de cuentas esa ni siquiera era su casa! Ese lugar siempre le había pertenecido a Tiffany. Desde que falleció su madre Pauline ni siquiera era una de los Song, ya que no le agradaba a nadie allí y mucho menos se preocupaban por ella.

Pasado un rato, se quedó perdida en un banco junto a la carretera, hundió la cabeza entre las rodillas y sollozó.

¿A dónde podría ir ahora?

Entonces levantó la cabeza y miró a su alrededor para encontrarse una pantalla LED que brillaba con intensidad no muy lejos.

Ella se quedó mirando el anuncio que se reflejaba en esta, aunque estaba perdida en sus pensamientos. ¿Dónde pasaría la noche sin dinero?

De pronto unas noticias llamaron su atención.

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Del Odio Al Amor

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