Capítulo 2

Era muy frustrante pensar que Simón tendría algo que ver con la perdida que tuve, y es que es imposible creer en la idea de que ese hombre que lo ha sido todo para mí estos últimos años, haya podido ocasionarme la pérdida de su propio bebé, el que pudo haber sido su hijo o hija, eso simplemente era algo que no lograba entrar del todo en mi cabeza.

La semana siguiente Simón regresó de viaje, y pensé que ya era el momento de hablar con él:

- Me alegra mucho que ya estés de regreso.

- No tienes una idea de cuánto te extrañé, me preocupé mucho por lo que paso, y el cómo te podías sentir – Mencionó.

Y justo ese tipo de respuestas, eran las que me hacían dudar más, de si realmente él tuvo algo que ver.

- Estuve un poco mal entre semana, y Fabiola me acompañó a realizarme unos exámenes.

- ¿Y cómo salieron?

- Resulta que tenía restos de una sustancia abortiva en la sangre.

Hubo un silencio incómodo por largos segundos que parecieron minutos y horas, y al instante respondió.

- ¿Te ocasionaste la perdida?

De toda la conversación, esa fue justo la pregunta más insultante que había recibido en mi vida, no le respondí, me moleste tanto que le di la espalda, tomé mi cartera y salí de la casa… Como era de esperarse vino tras de mí, me pidió disculpas por la pregunta y se excusó, diciendo – Es que no entiendo lo que paso – pero yo si sabía exactamente lo que había pasado. Cuando le comenté horas más tarde el cómo la policía se había llevado detenido al ginecólogo, solo mencionó – Sus trampas haría – que no me pareció la respuesta correcta, o quizás más adecuada en el momento, pero ¿Qué más podía opinar?

Intente olvidar todo lo que había pasado, y aclarar mi mente y corazón, pensar que estaba realmente loca, y que él, si era el hombre indicado para mí, me dedique nuevamente a trabajar desde casa y resolver algunos asuntos personales.

Una noche antes de cenar, Simón llegó a casa con el Gerente que le manejaba la empresa en México, el Señor Alberto López; al mirarlo me sorprendí, lo saludé como era debido y lo invité a quedarse a cenar… Debo confesar que fue algo incómodo pues durante la cena jamás me quito la mirada de encima, claro que Simón se dio cuenta, pero no hizo comentario de ningún tipo, y al culminar la velada, ambos se retiraron y yo me quede en la cocina acomodando las cosas; al terminar de acomodar todo, subí a la habitación y desde la ventana de nuestro dormitorio vi como conversaban por algo que al parecer a Simón no le gustaba, él negó muchas veces con la cabeza y tuvo reacciones de agresividad, pero al cabo de unos minutos Alberto saco de su vehículo unos documentos, con una chequera, se la mostró a Simón y la tensión bajo.

Pensé que quizás eran negocios, sus cosas de trabajo y lo que menos me importaba era eso, me alejé de la ventana y me metí en la ducha, al minuto Simón subió a la habitación y se metió a la ducha conmigo, nos bañamos juntos, hicimos el amor y nos quedamos dormidos hasta la mañana siguiente.

- ¿Vas a salir tan temprano? – Le pregunté.

- Buenos días mi vida, ¡Sí! Tengo que solucionar un negocio con Alberto antes de que vuelva a México.

- Anoche los vi y pensé que discutían.

- Si… – Dudo en responder – No me parecía algo que están exigiendo los compradores, pero tengo un contrato y debo cumplir.

- ¿Y qué están exigiendo?

- Tú descansa pequeña, no te preocupes por esas cosas – Respondió sonriente.

Minutos después se fue de casa y yo volví a ser la misma ingenua de siempre con él. Insisto en repetir mil veces que el más grande error de mi vida fue haberme enamorado de él, haberle creído y convertirme en la ciega que fui por esos años de fantasía que viví a su lado.

Luego de ese día comencé a notar un cambio en Simón, era mucho más atento y romántico conmigo de lo normal, me repetía constantemente que la perdida de nuestro bebé le hizo entender que la vida es corta y quería pasar el mayor tiempo conmigo, con la mujer que le había cambiado la vida y lo había hecho feliz en tan pocos años, que quería formar conmigo la familia de sus sueños y llenarme de todo el amor que yo me merecía… Pero lo más estúpido es que todo eso me lo creí.

Un día de la nada llegó con la propuesta más hermosa que alguien me había hecho en toda mi vida, y quizás la que yo esperaba con tantas ansias.

- Cásate conmigo, dame el privilegio de poder llamarte mi esposa.

Justo esas fueron sus palabras, las que nunca voy a olvidar, porque fueron las que arruinaron mi vida.

Como toda mujer enamorada, sentí que nada podía hacerme más feliz que eso, me iba a casar por fin con el hombre de mis sueños y el de mis pesadillas. La propuesta tenía dos grandes y hermosas noticias, la primera era casarnos en Verona, Italia, como era mi sueño y la segunda, era quedarnos a vivir allá, claro que le dije que sí, yo me sentía de él, mi corazón, mi cuerpo, mi ser, eran completamente suyo, para mí no existía alguien más perfecto que Simón Ortiz.

Teníamos fecha de boda para mes y medio, queríamos hacerlo rápido por la mudanza, y porque Simón comenzaría a manejar sus empresas por Italia, para él, seria por mayor comodidad, eso fue lo que siempre me dijo y me hizo creer, pero yo no tenía ningún motivo ya para dudar de él.

Dos semanas antes de la boda, Fabiola estuvo en la casa visitándonos, se quedaría a cenar con nosotros y de paso aprovecharíamos para darle la gran sorpresa.

- Tenemos un regalo especial para ti – Mencioné.

- ¿Qué regalo especial me puede dar la pareja del año a mí?

Simón sacó un sobre y se lo entregó, en el sobre estaba una nota que decía “Quieres ser nuestra madrina de boda” y un pasaje a Italia con todos los gastos pagos por una semana, así mi mejor amiga, mi casi hermana estaría conmigo en la fecha más importante de mi vida y también disfrutaría de las mejores vacaciones de su vida.

Como era de esperarse Fabiola se sorprendió, gritó y lloró de felicidad, nos abrazó a ambos y eso fue mucho más que suficiente para saber que su respuesta era sí.

Fabiola y yo habíamos estudiado juntas la carrera universitaria, ambas nos habíamos graduado como Arquitectos y habíamos montado nuestra oficina, fuimos las mejores por mucho tiempo, teníamos contratos grandes, proyectos increíbles que muchos deseaban tener, pero nosotras teníamos la dicha de contar con ellos; personas que habían depositado su confianza en nosotras y claro estaba que nosotras habíamos respondido de la mejor manera… Sin duda alguna las mejores en nuestro campo.

Llegado el gran día de partir, hicimos rumbo los 5 a Italia, Simón con sus hermanos y nosotras dos. Un viaje hermoso, una vista increíble, tres días para terminar de organizar la boda, y tres más para disfrutar la estadía con mi mejor amiga antes de que regresara a nuestro país.

Nos casamos un viernes por la tarde, una ceremonia intima, pero lujosa, romántica y muy cálida, esa misma noche luego de la boda los hermanos de Simón tomaron un vuelo a casa, según sabía, ellos debían volver pronto por temas de estudio, así que yo pase esa noche con mí ahora “Esposo” y la mañana siguiente con mi mejor amiga. Sé que suena extraño pensar que la mañana de una boda no estuve con mi esposo, pero así fue, él se levantó muy temprano, me dejó las llaves de su carro y dijo – Vuelvo en la tarde, aprovecha y sal con Fabiola – en ningún momento lo vi de mala forma pues sabía que tendría la vida para estar y amanecer a su lado, así que me pareció estupendo ir a visitar la ciudad con mi hermana de vida.

Recorrimos tantos lugares que nos parecía increíble que nuestro sueño por fin se haya hecho realidad, estar las dos juntas en Verona, caminando sus calles, conociendo su cultura, su idioma, su gente, simplemente era maravilloso, la gran y famosa casa de Julieta, nuestro lugar favorito, principalmente el de Fabiola que siempre fue amante de su historia; pasamos la mejor tarde de todas, pero no sabíamos que sería la peor noche de nuestras vidas.

Esa misma tarde recibí un mensaje de mí “Esposo” donde me decía que tenía una sorpresa para mí:

- Sigo sin darte tu regalo de bodas, trae a Fabiola, esta noche te tengo una sorpresa, TE AMO.

Ese fue el último mensaje que le creí.

Llegamos al apartamento ambas, y estaban unas personas que jamás en mi vida había visto, todos parecían contentos, tomaban me felicitaban y bailaban al ritmo de la música que sonaba; en un instante Simón me toma de la cintura por la espalda, y dice – Vamos a la habitación un segundo – yo sonreí, me giré, lo besé y lo acompañé. En la habitación nos besamos, y comenzó a quitarme la ropa, recuerdo que le mencioné que en la sala había personas, y dijo – No importa – así fue como entre picardías, besos y caricias, hicimos el amor, y cuando me estaba vistiendo de nuevo para salir él mencionó – Tú siempre fuiste diferente al resto –

Y entonces todos entraron.

Capítulo 3

- ¿Qué está pasando? - Pregunté

- Es un negocio amor

- ¿Qué?...

Y no duró mucho cuando me tomaron, grité como pude, intente defenderme, soltarme, pero es que todos mis intentos fueron en vano, a Fabiola también la tenían, amarrada en el suelo, amordazada, jamás en mi vida había visto una escena tan horrible como la que viví esa noche.

Nos cargaron a ambas y nos metieron en un camión de carga, sin posibilidad de salir, gritar o correr, intentamos escaparnos como era de esperarse, Fabiola y yo como pudimos nos desatamos, manos y pies, pero no sé si eso fue mejor o peor; el camión se detuvo y abrieron sus compuertas, nos volvieron a tomar, pero esta vez nos drogaron, recuerdo que solo sentí el pinchazo de una aguja en mi brazo y al segundo, todo me daba vueltas, mi mundo comenzó a girar y nublarse, poco a poco fui perdiendo el conocimiento y cuando reaccioné, ya habían pasado cuatro horas.

Desperté en una habitación blanca, lo único que aún traía puesto conmigo, era mi ropa interior y un blusón, estaba descalza y despeinada, con mi maquillaje corrido por todas las lágrimas que me hicieron derramar, y un odio tan grande que no podía sacar dentro de mí.

Y entonces él entró:

- ¿Cómo te sientes? – Preguntó, con esa mirada de amor que me mantuvo engañada por años.

- ¿Qué es esto, que está pasando, y Fabiola?

- Ella está bien, no le harán nada, pero tú tienes que colaborarme en esto, somos un equipo.

- ¿Un equipo?

- Los compradores te pidieron a ti, a mi mujer, y yo tengo un contrato que simplemente debo cumplir.

- ¿De qué se trata?

- Una semana en una villa, con personas muy poderosas, te acostarás con todos ellos, cuando ellos quieran y ya, nos dejarán tranquilos.

¿Qué fácil no? Tan simple como convertirte en una prostituta por una semana y ya, regresas a tu casa con tu amado esposo como si nada hubiese pasado, y luego ¿Qué sigue?

Nunca me había sentido tan mal como en ese entonces, un juguete, una muñeca de trapo que no siente, la cual pueden jalar, tirar y romper las veces que quieran, y con solo coserla vuelve a ser como antes… Solo un juguete.

Ni siquiera tenía que pensar nada, como era posible que mi propio esposo me estuviera diciendo esas cosas, hace unas horas nos habíamos prometido amor eterno y cuidarnos y respetarnos hasta la muerte ante los ojos de Dios, y resuelta que ahora me está diciendo que si me acuesto con quien sabe cuántas personas, podemos irnos y ser felices como si nada hubiese pasado, es que de solo recordarlo puedo reír irónicamente.

- ¿Tú te estás escuchando? Simón yo no puedo creer de verdad lo que me estás diciendo y menos con esa calma, cuando ves que yo muero de miedo.

- Pero no sientas miedo, es algo sencillo, solo una semana, es como estar conmigo, pero serán otras personas, luego nos iremos lejos y esto acabará.

Una odisea total, y por tanto rencor y odio en el momento, cometí el peor error de mi vida.

Me enfrenté a él como creí que era correcto, le di una bofetada y le escupí la cara, y era de esperarse que reaccionara… Me tomó por el cuello y me pego contra la pared, él dijo – Compórtate por favor – y se fue de la habitación, me dejaron de nuevo encerrada por unos minutos y de pronto la puerta se abrió nuevamente, eran dos personas, una mujer de cabello largo negro, la reconocí al instante, aquella abogada que conocí en México y junto con ella estaba Fabiola, estaba completamente drogada, mi amiga, casi hermana, no tenía consciencia de nada, no sabía que decía ni que hacía ni mucho menos donde estaba; yo la sostuve en mis brazos y la abracé, me mantuve un buen rato con ella abrazada, cuidándola como lo habíamos hecho por tantos años, y al segundo llegaron dos hombres más que jamás había visto, uno de ellos era alto fornido y el otro más delgado, con la misma estatura, unos 1,81 tal vez, cabello castaño y ojos claros, ambos me quitaron a Fabiola de los brazos y me hicieron la pregunta que ya simón me había hecho:

- ¿Vas a cumplir el contrato?

- Jamás lo haré.

- ¿No te incomoda ver a tu amiga morir frente a ti?

Y mi mundo se paralizó.

Sé que en ese momento solo la vi a ella totalmente fuera de la realidad y la cara enfurecida de estos dos hombres que la sostenían, – Por favor no le hagan nada – fue lo único que pedí, fue lo único que dije, y lo único que suplique sin parar de llorar.

- Claro que lo harás, pero ya me lo habías negado y eso no me gustó.

Y la apuñaló, frente a mí, entre mis gritos suplicando que la dejara, tratando de soltarme de su compañero que me sostenía por la cintura, observé por segundos que fueron horas de tortura, como ese monstruo asesinó a mi mejor amiga frente a mis ojos; y luego se fueron y me dejaron con ella ya muerta.

No tengo padres, yo me crié sola toda mi vida, pase de casa hogar a casa hogar durante mi niñez y adolescencia, nunca tuve amigas en el colegio ni hermanos a quien cuidar o quienes me cuidaran, cuando ingresé a la universidad gracias a una beca de estudio, la conocí a ella, el primer día, las dos perdidas buscando el aula de clase, y desde ese día supe que ella sería esa hermana que nunca tuve, y juramos cuidarnos siempre, pero le fallé, yo misma la llevé a la muerte, y siempre me sentiré culpable de que ella en este momento no esté conmigo.

Todo fue tan rápido que ni note cuando Simón entró a la habitación:

- Te daré 5 minutos para que te despidas, ese cuerpo lo van a quemar.

No tuve palabras, ellos no me dieron opción de nada, y ya la única persona que me importaba no estaba con vida, ¿Qué más podía hacer? Ahora más que nunca los odiaba.

Fabiola tenía puesto un pantalón negro que habíamos comprado un día antes, mientras la sostenía me di cuenta de que tenía algo en el bolsillo derecho del pantalón y lo saque para ver de qué se trataba; era una carta.

“Felicidades, Señora de Ortiz, te acabas de casar y siento que ya no podré estar contigo tanto tiempo como antes, pero amo tu felicidad, y tu sonrisa cuando me hablas de Simón, tu vida es luz para mí, eres la hermana que siempre soñé tener y agradezco a la vida y a Dios por haberte puesto en mi camino, cuando me encontraba más perdida que nunca, tú llegaste y tomaste mi mano para caminar juntas, quería entregarte esta carta en la boda, pero siento que es mejor hacerlo están ya lejos, así la despedida duele menos.

Por cierto, Daniel y yo nos reconciliamos, y tengo que confesarte que es un hombre maravilloso y a veces siento que no me merece, pero la vida volvió a hacer su jugada y ahora serás tía, me enteré hace una semana no me culpes, aún no sé cómo reaccionar, tengo miedo, esperaré eternamente tu respuesta y palabras de aliento, te amo hermana.”

Al leerla sentí que moría junto con ella, mi vida simplemente se esfumó y yo me paralice, no supe cómo reaccionar como actuar, solo sé que entraron unas personas y cuando intentaron tomar su cuerpo yo actué como una leona, me volví completamente loca, me cegué por el odio, el coraje, el rencor, y es así como tuvieron que drogarme nuevamente y dormirme, luego no la volví a ver jamás.

- ¡Despertaste! Ya es tarde, tenemos que irnos – Mencionó Simón mientras manejaba.

Estábamos en su camioneta, pero yo estaba atada de pies y manos, y apenas podía entender lo que me decía.

- Estaba embarazada.

- ¿Quién, de que hablas? - Preguntó

- Fabiola, estaba embarazada.

- No… no lo sabía, yo, si yo lo hubiese sabido – No hubieses hecho nada – Interrumpí.

- Tú mandaste a matarla sin compasión de ella, de mí. – Le respondí con odio

- No fui yo, fue una orden de arriba, yo solo soy un peón igual que tú.

Llegamos a un puerto, había un barco enorme, muy lujoso cargando unas cajas, Simón me bajó del carro, cargada y me dijo que no hiciera ningún tipo de movimiento y escándalo porque nos podían asesinar a los dos – Pero tal vez eso era lo que yo quería – así que me subieron como un rehén, y me encerraron en un camarote. Estuve por varios minutos buscando algo que me ayudara a salir a escapar, pero todo se veía imposible, y de pronto Simón entró y dijo – Ya es hora, partiremos – y fue entonces cuando el barco tomó rumbo a un lugar que aún para mí, era una pesadilla.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

¡Déjame!

Capítulo 2
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED