Capítulo 2

Un mes atrás.

Abel Black.

—¿Encontraste a esa mujer? —pregunta mi hermano.

—No, Axel. Es como buscar una aguja en un pajar, a estas alturas creo que yo también me dormiré en la muerte.

—No digas eso, hermano, puedo sentir su aura, sé que ella se encuentra aquí en Londres.

Alguien toca la puerta, debería de tener más cuidado cuando hablo sobre mi especie.

—¡Señor, Axel! Su socio está aquí —dice la mujer.

—En un momento iré, Laura —dice Axel— nos vemos más tarde en casa, hermano, piensa en mi propuesta, te vendría bien dirigir la empresa de nuestro padre.

—Hablaremos más tarde sobre eso, no quiero pasar mis últimos días en una oficina.

Axel sale de la oficina, me siento en el sofá a pensar mejor las cosas.

¡Mierda! Creo que esté es mi castigo por las veces que di gracias por ser de esta maldita especie. Aunque no sabría como llamarla.

Lobo, vampiro, o lo que sea yo que soy.

Axel es mi medio hermano menor con tan solo 21 años. Mi padre, un omega que se casó con una mujer vampiro sin medir las consecuencias. Yo soy una especie de los dos, por esa razón necesito la sangre de una mujer en especial, necesito que la sangre de una humana corra por mis venas, pero no es cualquier humana. Mis padres hicieron un trato con sus padres para que ella fuese mi donador, pero después de que los padres de esa chica murieran, mis padres perdieron su rastro.

Ahora tengo que encontrarla, solo me quedan seis meses de vida. Los lobos y vampiros son enemigos por naturaleza, y por ninguna razón deben de procrear.

Si un lobo y un vampiro se juntan uniendo las dos especies, el bebé solo podrá vivir hasta los 30 años. En este momento tengo 29 años y seis meses.

Tan solo seis meses más y cumpliré 30 años, perdí a tres familiares a causa de esto.

Sin contar los amigos que perdí, todos murieron tres días después de cumplir los 30, también sus padres eran de dos especies diferentes.

Mi padre murió a la edad de 60 años. Por otro lado, mi madre murió a los 50 años, fueron asesinados.

Solo somos mi hermano menor y yo.

Sé que mi hermano no está de acuerdo con mi estilo de vida, aunque sé que él a su corta edad es incluso peor que yo por sus poderes.

Mi hermano puede sentir a otros, ya sea lobos o vampiros, yo puedo tener a la mujer que yo quiera, eso lo heredé de mi madre.

Cuando una mujer me gusta y se atreve a rechazarme, primero comienzo a entrar en sus sueños, solo necesito que las mujeres sientan la más mínima atracción por mí y puedo hacer lo que quiera con ellas.

Aunque eso sería un privilegio para cualquier hombre humano, muchas veces no lo es, porque ninguna mujer nunca se ha enamorado de mí, solo puedo manipularlas por sus sueños y después por sus emociones frustradas, pero después de que pierda el interés en ellas, pasa de la misma forma con ellas, también pierden el interés en mí.

En la universidad eso me afecto mucho, pero ahora no me afecta para nada, puedo tener a la mujer que yo quiera.

Mi padre nos prohibió muchas cosas, teníamos que ser los hijos perfectos, por esa razón he decidido una cosa, voy a hacer lo que yo quiera mis últimos meses de vida.

Me iré de casa y viviré como una persona normal y follaré las veinticuatro horas del día con cualquier mujer que se atraviese en mi camino, haré fiestas todos los días.

Soy un hombre de 1,90 de estatura, cabello castaño ondulado y ojos verdes, con un cuerpo perfecto de dios griego. Siempre he dicho que los dioses me esculpieron con sus propias manos.

Tantas fantasías y fetiches que aún tengo por cumplir.

Tomo el teléfono de la oficina de mi hermano y le llamo a Laura, ella es su asistente personal.

Ella entra a la oficina.

—¿En qué puedo ayudar, señor, Abel?

—Laura, quiero que busques un apartamento cualquiera, entre más común sea mucho mejor.

—Disculpe, señor, puedo conseguir un apartamento para usted de su categoría.

—Laura, haz lo que te estoy pidiendo, busca un apartamento de clase media.

—Está bien, como usted pida.

—Me voy a mi casa, cuando lo tengas me llamas, no le digas nada a mi hermano, quiero me avises a mí.

—Sí, señor, como usted diga.

Salgo de la oficina directo a casa.

Sé que en un apartamento de clase media las personas son ruidosas y no les importa guardar apariencia como lo hacemos las personas de clase alta como yo. Quiero divertirme, pero no quiero ensuciar en apellido de mi padre.

Por eso viviré como una persona pobre y normal.

Capítulo 3

【Abel Black】

Llego a casa y me dejo caer sobre el sofá de la sala. Mi celular timbra y veo la pantalla, es Laura, sé que mi hermano la cataloga como la mejor asistente del mundo, si ella logró conseguir un apartamento para mí en este momento yo también le daré el visto bueno.

—Señor, Abel, tengo muy buenas noticias para usted.

—Dime, Laura.

—Tengo un apartamento es de clase media baja, no entendí lo que quiso decir el recepcionista, me envió fotografías del lugar, se las envíe a su correo para que pueda verlo por usted mismo.

—Es perfecto, Laura.

—Señor, pero está ubicado a tres horas de distancia de su casa y también de la empresa.

—Mucho mejor. Laura eres la mejor, ¿toda la  información también la enviaste junto con  las imágenes?

—Sí, señor.

—Muy bien, gracias por todo.

Ahora sé que Laura es la mejor.

Un apartamento de clase más baja que la media es lo que necesito, y lo mejor de todo, está realmente lejos, a tres horas de todos los conocidos y de la empresa, puedo hacer lo que yo quiera y nadie sabrá que soy Abel Black.

Veo las imágenes en mi correo y me gusta el lugar, es pequeño, pero eso no me importa, solo lo quiero para tener sexo. Ser libre de apariencias y ser quien soy.

Me contacto con un tal Sandro.

—Hola, apartamentos Guzmán, estoy a su servicio.

—Hola, quiero uno de sus apartamentos.

—Soy Sandro, el gerente del edificio. Por el momento solo tengo uno disponible, podría venir a verlo por usted mismo.

—No me importa verlo, lo quiero.

—Tiene que venir esta misma tarde, o mañana temprano, porque tengo a otras dos personas más que están interesadas.

—Estaré ahí pronto, puedo darle lo que me pida, el dinero no es ningún problema.

Cuelgo y salgo inmediatamente, es un poco tarde, estaré ahí como a las seis de la tarde, pero quiero ese apartamento. Antes de irme subo a mi habitación y empaco solo ropa cómoda. No quiero llevar ningún traje en mi maleta, antes trabajaba con papá en la empresa como CEO. Pero, ahora deje a cargo a Axel.

Dejo mis cosas en el maletero del auto y después lo pongo en marcha.

Después de tres exhaustivas horas de camino llego al lugar, lo veo por fuera y es horrible, pero eso es lo mejor.

Entro y un hombre me recibe. Por la voz sé que es el recepcionista del edificio.

—¿Señor, Abel?

—Sí, soy yo.

—Quiero quedarme esta misma noche en este lugar, así que, dígame el precio, aunque podría darle lo que usted me pida.

El hombre me pide tres mil dólares de mensualidad por este basurero, pero acepto inmediatamente.

El hombre me ayuda con mi maleta, sé que no es pesada, solo traigo cinco pares de zapatos y algunas camisas, pantalones, y también dos pijamas.

Subimos por el elevador hasta el piso tres.

Por lo que veo cada piso tiene dos apartamentos en cada planta.

Bajo del elevador y Sandro me lleva a mi apartamento. Él abre la puerta y entramos.

Pensé que esto sería peor, pero no lo es tanto.

—Me gusta, es perfecto.

—Me alegro de que le guste, Abel. Bienvenido y lo dejo descansar, si necesita algo solo llámeme.

—Está bien, si necesito algo lo llamaré.

Él sale dejándome solo.

Me levanto y voy a lo que más me importa, necesito ver la habitación. Abro la puerta y al entrar me sorprendo. Creo que a mi padre que en paz descanse se volvería a morir si presenciara esto, pero aún pienso que es una buena idea.

Ahora tengo mucha hambre, busco la llave por todos lados, a ese imbécil se le olvidó dejarme las llaves.

Bajo por el elevador, tengo que ir a comprar comida, y no puedo irme sin mis llaves.

Camino en dirección a Sandro, pero una mujer se encuentra con él.

La examino por completo, piernas hermosas, buen culo aunque decente, no es grande, pero quisiera acariciarlo. Su cabello sedoso y rojo, además de largo como me gusta.

Ella podría ser la primera que caerá conmigo.

Me acerco un poco a ellos.

Sandro se retira por un momento dejándola sola y esperando, esta es mi oportunidad.

—Hola, hermosa.

—No quiero que te acerques a mí, si necesitas a Sandro tienes que esperar.

Ella me está gritando.

Creo que debo decir algo amable.

—¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo?

—¡¿Qué te pasa, imbécil?! —Grita antes de darme una bofetada.

Toco mi mejilla, eso dolió, esta mujer realmente está frustrada, pero no puedo seducirla.

—Disculpe, ella es una de sus vecinas, esta molesta por un problema con su energía eléctrica, pero pronto me haré cargo de eso. ¿Puedo ayudarle en algo?

—Sí, quiero mis llaves.

—Aquí están, lo siento.

—No importa.

Salgo y veo a esa mujer esperando un taxi.

—¿Quieres que te lleve?

—¡¿Quieres otra bofetada?!

—No quiero, ¿sabes por qué?

—No me importa. ¿Podrías dejarme tranquila?

—Te lo diré, porque me podrías provocar una erección, me gustan las mujeres rudas como tú, ¿cómo te llamas?

—¡¿Qué te importa?! ¡Lárgate de aquí!

—¡Paula! ¿Estás lista? —dice una rubia que tampoco está nada mal.

Pero esta mucho mejor la pelirroja.

—Así que, Paula. ¿No preguntarás por mi nombre?

—No. Porque no me importa. Vamos, Dana. Te he dicho que no digas mi nombre en alto —reclama a la otra mujer.

Ella se va muy molesta, esa mujer tiene que ser mía. Lo raro de todo esto es que puedo dominar a las mujeres con tan solo verlas a los ojos, con ella no pude hacerlo. No provoque nada en ella.

¿Será que estoy perdiendo mi habilidad?

Mi celular no para de sonar, sé que es Axel. No puedo contestar ahora.

Subo a mi auto y busco un lugar para comprar comida.

Como a veinte minutos encuentro un pequeño supermercado.

Bajo del auto y tomo una carretilla, esto es divertido, las personas normales lo hacen y me siento por un momento "normal"

Tomo un poco de fruta y después me dirijo a comprar papitas, amo las papás fritas, sé que es comida chatarra, pero me gusta mucho. A lo lejos veo a Paula.

Camino hacia ella, aún está con la chica rubia.

La rubia me sonríe, pero Paula parece que vio a un ser repugnante.

—¿Estás siguiéndome?

—Por supuesto, Paula, vine a comprar comida solo para verte.

—No me importa, solo no te acerques a mí.

Cada vez esta mujer me la pone más dura, sé que terminará cayendo.

Paula se aleja muy molesta.

—Hola, soy Dana. Ella está un poco estresada, por favor perdónala, cuando no está tan molesta te juro que es linda.

—A mí me gusta más así —le digo.

Dana se va detrás de su amiga, creo que la asuste.

Tomo otras cosas y después me dirijo a pagar todo. Después subo las cosas al auto y me dirijo al apartamento.

Cuando estoy ahí subo y entro.

Dejo las cosas en la encimera de la cocina.

Antes de comer voy a darme un baño, me quito la ropa. Estoy a punto de meterme a bañar, pero alguien toca la puerta.

Coloco una toalla alrededor de mi cintura y voy a abrir la puerta. Cuando abro la toalla cae al piso.

Veo a Paula viéndome por unos segundos.

—Olvidaste tu tarjeta en el supermercado, ¡maldito pervertido!

Ella me arroja la tarjeta y se va casi corriendo.

Tengo que hacer mía a esa mujer.

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