Portada de la novela DEJAME AMARTE

DEJAME AMARTE

8.6 / 10.0
Carolina Ferreira se debate entre su marido, Esteban Soler, cuya ternura inicial se desvaneció, y Daniel Blanchett, un amante decidido a protegerla. Impulsada por una supuesta traición profesional y sentimental, Carolina busca vengarse de Esteban sin sospechar que la verdad permanece oculta. En un entorno de secretos y dilemas, los tres protagonistas enfrentarán un destino que les exigirá redención para salvar el amor y sanar las heridas del pasado.

DEJAME AMARTE Capítulo 1

Carolina Ferreira, una chica de 25 años, rubia, ojos azules, tez blanca y estatura promedio, psiquiatra de profesión.

Una tarde se dirige a aquel lugar donde lo conoció aquella cruel noche en la que sufrió el peor engaño por parte de su esposo.

Lleva puesta una bufanda y unos lentes para que nadie la reconociera en la calle, al llegar en su auto corrió a su departamento.

Abrió la puerta con las llaves que tenía, entró algo nerviosa esperándolo como siempre, se quitó lo que la ocultaba su rostro, fue hacia la cama, aquel hombre un apuesto joven de 26 años, cabello platinado, ojos color azul profundo, cuerpo de atleta y vestimenta elegante.

La tomó por sorpresa, abrazándola y besando su cuello de manera sensual.

—Daniel, creí que no vendrías. —La chica lo abrazó de vuelta.

— Sabes que siempre estoy cuando lo necesites hermosa. —Comenzó a besarla en su cuello con algo de desesperación. — ¿No se dieron cuenta?

—No, está en el corporativo Esquivel, no creo que llegue hasta la noche. —Habló con un poco de excitación por sus caricias.

—Entonces tenemos toda la tarde para los dos. —Daniel respondió.

Carolina sonrió, al sentir sus manos sobre ella.

Así es, Carolina vivía una aventura con Daniel Blanchett, desde hacía ya varios meses.

Se acercó a él, tocándolo, aquella rubia no podía evitar sentirse llena de placer.

Comenzó a acariciarle por encima de su ropa, mientras se da vuelta para verlo y besarle, aquellos que la matan, toda la pasión que le daba, que no era capaz de resistirse.

La arrojó a la cama con la fuerza de su cuerpo, no dejaba de besarle, le despoja de su camisa, rompiéndola, muerde sus labios de solo saber que la hará nuevamente suya, cada caricia que le da, es un destello de deseos desenfrenados que no había sentido antes con Esteban, su esposo.

Baja a su intimidad, notando lo húmeda que se encontraba, quita aquella falda negra que trae puesta junto a la lencería que le arranca con facilidad, se acerca a los labios de la rubia para besarla, gimiendo de nuevo de placer.

Ya desnuda, Daniel acaricia su cuerpo entero con sus manos, hasta que llega a su intimidad, sus dedos comienzan a adentrarse en ella, estremeciéndole por completo, no deja de besarla, mientras lo hace más fuerte cada vez.

Sus respiraciones son rápidas, de la excitación que sienten en ese instante.

No pueden más, quiere ser suya ahora, gemía de placer extremo, quería gritar, pero puso su mano en los labios de la rubia, esta sólo respiró, mordiendo aquellos dedos lamiéndolos de aquella sensación que provocaba ese hombre, lo deseaba más cada momento.

El chico nuevamente vuelve a besarle, no podía evitar tocar su cabello platinado, apretándolo fuerte cada vez más, pone sus manos sobre los pechos de la rubia, presionándolos con fuerza que la mujer sabe si ya está en otro mundo, antes aquel éxtasis de pasión que le daba.

Daniel se aleja, sin dejar de mostrar ese deseo inmenso que tiene por Carolina.

De nuevo se acerca, con sus dedos a su intimidad sin que deje de ansiarle, la hacen gemir, era una explosiva combinación de sensaciones que le hacían falta con su marido y él le hacía revivirlas.

Acaricia de nuevo, besándole, dándole la señal de que entraría en ella, mordió los labios aprobando que lo hiciera, lentamente fue adentrándose sintiéndose placenteramente bien, comienza a embestirle, jadeando, esto era el cielo, sólo mordía sus labios de lo fuerte que eran.

Apretaba las sábanas de la cama con desesperación, la besaba sin dejar de embestirla cada vez más rápido, jadeando de placer.

— ¡Eres mí adoración Carolina! —Gritaba mientras lo hacía más rápido.

— ¡Daniel, eres mi mayor placer, te necesito, quiero más...! — No podía casi ni hablar, de lo excitada que ya estaba.

Daniel le besó con locura al oírle decir aquello, hasta que ambos gritaron, llegando al clímax, Carolina no dejó que éste saliera de ella aún.

Daniel le sonrió, se sentaron aun sintiendo sus palpitaciones.

Él no dejaba de mirarle con el deseo, desde que lo conoció esa horrible noche, se besaron nuevamente, para iniciar un nuevo momento de placer.

Después de dormir por un rato Carolina se levantó para cambiarse, debía regresar a casa con su marido, ya estaba anocheciendo.

:::

Horas más tarde:

Cuando fue a casa, notó que Esteban aún no había llegado de la oficina, le preparó algo de cenar como siempre, comió algo, esperándolo.

Lo sintió llegar saludándola, sentados juntos en la mesa como siempre, Esteban le felicitó por la preparación, esta le dio las gracias, pero después se fue a sus ocupaciones en el estudio no sin antes besarle, sonriendo para ella.

¿Le duele engañarlo? La respuesta es, que todo es culpa de Esteban.

Cuando se casaron, todo era felicidad y alegría, pero se fue a pique cuando tomó las riendas del corporativo Esquivel, un lugar que no le correspondía, era el títere de una mujer enferma, hija del empresario Samuel Esquivel, que había muerto hacía dos años, de los cuales le ha lastimado de los tres que llevan juntos, Amanda Esquivel destruyó su corazón y lo que sentía por Esteban.

La noche en que todo ocurrió no lo soportó, pero desde allí, decidió mantener la calma a su lado, ya que encontró refugio en Daniel.

Aun así, no permitirá que esa mujer le quite su papel de la señora Soler.

Nunca quiso engañarlo de esa manera, lo amaba con loca pasión, su vida giraba en torno a él desde que lo conoció.

Su familia la amaba como si fuera su propia hija. Elena era la madre del chico, siempre la había aconsejado en todo por ser una de las alumnas de su clase de Psiquiatría.

Allí fue donde se conoció con Esteban.

Diariamente Esteban iba en busca de su madre para ayudarla en lo que necesitara para llevarla a su casa.

::

Años atrás:

Una mañana la chica llegó muy tempano para ayudar a Elena a preparar las clases del día, ya que siempre necesitaba ayuda necesaria para ciertos alumnos que asistían muy tarde.

Esteban llegó muy enojado y cansado con un par de cajas que su madre le había hecho llevar sólo.

No se dio cuenta que la chica estaba muy concentrada leyendo un libro para un examen realmente importante.

Se quitó la camisa que llevaba puesta alegando que si su madre creía que era un burro de carga.

Carolina se levantó para reclamarle, pero se quedó sin palabras ante la sorpresiva vista que le daba el chico.

Su respiración le estaba fallando ante la musculatura del chico.

Esteban estaba ruborizado que de inmediato se tapó con la camisa.

Elena llegó con lo demás ante la demora de su hijo, Esteban y Carolina corrieron a su ayuda.

La mujer se dio cuenta del nerviosismo que había entre los dos, así que decidió interferir para romper el hielo entre los dos.

—Carolina te presentó a mi hijo mayor, mi pequeñín Esteban Soler. —Se acercó a él.

Carolina estaba en shock al enterarse que era su hijo, pues siempre era una de sus distracciones en su clase cada que llegaba buscando a Elena.

Esteban lleno de vergüenza por los mimos de su madre le extiende su mano esperando estrechar la de ella.

—Mucho gusto, soy Esteban Alfonso Soler...soy del área de finanzas. —Le guiño el ojo sonriente.

—Esteban ella es Carolina —Elena le manifestó a la rubia.

—El gusto en mío Soy Carolina Isabela Ferreira Luna...cuando quieras una cita psiquiátrica no olvides consultarme...—Sonrió muy orgullosa.

Elena llegó a pensar que desde ese momento su hijo y Carolina llegarían a ser grandes amigos sin imaginar que sería su esposa más adelante.

Los días pasaron rápidamente y cada que llegaba buscando a Elena aprovechaban para hacer una actividad juntos después de las clases.

En un inició era sólo una simple salida para hacer los deberes que cada uno no entendía.

—Nunca creí que conocería a alguien tan apasionado por la psiquiatra, como mi madre y que le gustará leer libros. —Esteban le mencionó.

—¿Acaso no te gusta la carrera universitaria que escogiste? —Carolina pregunto muy seria.

—¿Tanto se me nota? —Habló el chico sorprendido.

—Siempre te quejas de los problemas matemáticos, algo que comparto contigo, soy pésima para eso. —Le confesó.

—Mi padre me obligó a ser un experto en finanzas, pero no es algo que me apasione, a pesar de ser bueno en ello. —Esteban suspiró.

—Vaya señor Soler, sí que sufres por eso... ¿Qué querías ser entonces? —Pregunto curiosa.

—Un cantante muy famoso, o un gran compositor. —La observó con unos ojos llenos de ilusión.

Carolina tenía ganas de besarlo ante la bella mirada que había descubierto por sus sueños, pero no quería arruinar la linda amistad que sentían desde que se conocieron.

—¿Quieres salir a algún lado? —Pregunto el chico muy nervioso tomándole las manos.

— Nunca me habían invitado a una cita. —Se sonrojo. —Pero me encantaría salir contigo.

—¿Qué te parece está noche en el teatro de la escuela, te puedo demostrar mis habilidades como cantante? —Esteban le sugirió.

—Tienes muchas influencias al ser el hijo de la profesora Elena. ¿No? —Se burló.

—Bueno, es que le pedí a mi madre que me ayudará con el director para poder estar siempre allí después de clases intentando tocar los instrumentos que hay, además es una de mis primeras canciones que he compuesto. —El chico tenía una gran vergüenza.

—Bien, iré a escucharte y si me gusta, me convertiré en tu fan. —Lo miro a los ojos llenos de alegría.

Esteban de la emoción la abrazó muy contento que dejó anonadada a la chica, pero aquel lindo sentimiento era único en sus corazones.

:::

Esa noche fue muy bien recibida por los sonidos del piano y le ofreció sentarse en la primera fila mientras estaba en el escenario con una de las guitarras.

El chico estaba lleno de nervios ante la letra improvisada letra que había compuesto esa tarde después de verla.

Amar puede hacer daño,

algunas veces, amar puede hacer daño,

pero es la única cosa que conozco.

Y cuando se pone difícil,

sabes que algunas veces se puede poner difícil,

es la única cosa que nos hace sentir vivos.

Guardamos este amor en una fotografía,

construimos estos recuerdos para nosotros mismos,

en donde nuestros ojos nunca se cierran,

los corazones nunca se rompen,

y los momentos quedan quietos, congelados para siempre.

Así que puedes guardarme en el bolsillo

de tus vaqueros rasgados,

abrazarme hasta que nuestras miradas se encuentren,

nunca estarás sola,

espérame a que vuelva a casa.

Carolina estaba encantada por la bella melodía, supuso que era para ella, pero ninguno de los dos lo decía en ese momento.

Simplemente le dijo que, si alguna vez se atrevía a ser un artista profesional, ella estaría allí.

Pocos meses después de sus constantes salidas decidieron hacer formal su relación delante de sus padres.

Todos ellos estaban más que encantados con la noticia y que debían ser muy pacientes en cierto aspecto hasta su boda.

Esteban en eso no tenía problemas, su madre le había enseñado todo lo necesario y Carolina lo entendía ya que primero era terminar sus estudios y después pensar en casarse.

:::

Actualmente.

Carolina tenía ganas de llorar ante aquel dolor que le provocaban aquellos momentos de felicidad con Esteban cuando lo conoció.

Era más de la media noche y aún no había llegado, pero ya no le extrañaba que fuera así, pues se había acostumbrado a no verlo en casa desde que comenzó su trabajo como presidente en uno de los corporativos más famosos de país.

"No sé siquiera como sucedió, pero debía decírtelo antes de que ocurriera más cosas, pero creo que ya es demasiado tarde para lamentarme del porque lo hice, te amaba con locura desde que te vi la primera vez, pero solo con tus constantes ausencias, hiciste que empezara a destruir todo aquello que tenemos, llegue a cometer la locura de engañarte con otro hombre"

Carolina pensaba siempre aquellas palabras que le carcomian el alma.

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