Scarlett no supo cuánto tiempo estuvo llorando en esa habitación de hotel. Al final, cuando ella sintió que ya no le quedaban más lágrimas gimió pasándose un pañuelo por la cara, pero sus mejillas ya estaban secas. Le enfurecía que ya ni siquiera podría seguir desahogando su ira.
Se puso de pie con las piernas temblorosas y esperó a que la sangre volviera a fluir por ellas, pues había permanecido en la misma posición durante mucho tiempo. No se atrevía a mirar la cama desordenada, ya que vomitaría si volviera a ver las manchas de sangre en las sábanas.
Poco a poco, se dirigió al baño tambaleándose como un borracho, por lo que tuvo que agarrarse a la pared para no caer. Luego encendió la luz que iluminó el pequeño cuarto oscuro y al reflejarse en el espejo, ella tuvo que cerrar los ojos al sentir que el intenso brillo del foco la cegaba. En ese momento, se encontró con su propio reflejo.
“Uf, no. ¡Qué horror!”.
Scarlett gimió tapándose la boca mientras miraba su cabello totalmente enmarañado. Tenía el rímel corrido debajo de los ojos y un camisón transparente colgaba de sus delgados hombros apenas tapando su desnudez. Parecía una prostituta barata.
Se acercó al espejo para verse mejor, pero tuvo que aferrarse al fregadero para no perder el equilibrio. Volvió la cabeza ligeramente hacia un lado y luego hacia el otro observando su cuello lleno de repugnantes chupetones.
"No, esta no soy yo", gruñó. “¡No puedo ser yo!”.
Sin embargo, lo era. A cada segundo que pasaba, Scarlett se convencía de que, efectivamente, la mujer en el espejo era ella, por vergonzoso que fuera. Se echó a llorar de nuevo y se sorprendió al ver que, después de todo, aún le quedaban algunas lágrimas. Entró en la ducha y abrió el agua caliente. Quería borrar cualquier indicio de la noche pasada. ¡Si tan solo pudiera arrancarse la piel!
Se untó con jabón y se frotó con fuerza. Ni siquiera le dolía, ya que el asco era mayor que cualquier otra cosa. Se frotó hasta que el agua que rodeaba sus pies se volvió roja. De alguna manera, se sentía sucia, así que repitió el proceso una y otra vez hasta que ya no pudo sostener sus brazos. Luego, se envolvió en una toalla y regresó al dormitorio.
Arrancó las sábanas de la cama y las puso en una gran pila con su camisón. Si pudiera, le prendería fuego en ese mismo instante.
Scarlett recogió del suelo la ropa que usó la noche anterior. Era un vestido corto que no quería volver a utilizar después de lo que pasó, pero no tenía otra opción. Ella cepilló su pelo, demasiado enfadada como para pensar siquiera en atarlo. Recogió su teléfono, las llaves y el dinero que estaba sobre la mesita de noche para arrojarlos en su bolso, antes de salir corriendo del hotel.
Una vez en la calle, le hizo la parada a un taxi y después de subirse le dio al chofer la dirección de Megan. Sus pies temblaron durante todo el viaje, ya que iba muy nerviosa, sin idea de lo que iba a hacer una vez que la viera. Sin planes y sin la capacidad de pensar en uno, todo lo que sabía era que necesitaba entender por qué alguien tan cercano a ella le haría algo así. ¿Por qué de entre toda la gente tenía que haber sido su mejor amiga? Después de todo ellas pasaron por cosas muy significativas para ambas.
Cuando llegó a su destino, Scarlett se bajó del taxi y se detuvo durante unos minutos frente al complejo de apartamentos de su amiga. Posteriormente, llamó a la puerta y esperó ansiosa a que alguien abriera. Estaba a punto de volver a oprimir el timbre, cuando la puerta se abrió y los ojos confundidos de Scarlett se encontraron con los de la madre de Megan.
Ya era mediodía, por lo que le pareció muy extraño que la mujer estuviera usando una bata de noche. Sin embargo, su mirada llena del más puro horror fue lo que llamó la atención de la chica. Era como si ella estuviera viendo a la última persona con quien quisiera encontrarse. ¿Estaba escondiendo algo?
"Oh, hola, Scar", dijo la mujer, arreglándose el cabello. "¿Qué... qué te trae por aquí?".
La madre de Megan estaba sudando como un cerdo. Scarlett la observó entrecerrando los ojos. “Vine a ver a Megan. ¿Está aquí?".
“¡No! Lo siento mucho querida, pero ella se fue muy temprano. En este momento no se encuentra. ¡T-Tal vez podrías volver más tarde!”.
Scarlett empujó a la madre de Megan por el hombro, para abrirse paso. Por suerte, ella conocía la casa mejor que nadie, así que caminó por el pasillo, gritando tan fuerte como podía.
“¡Megan! ¡Sal, maldita p*rra! ¡Sal, de dónde estés!”.
“¡¿Qué estás haciendo?! Ya te dije que mi hija no está aquí. ¡Tienes que irte, ahora!", dijo la mujer yendo atrás de ella apresuradamente.
Se dirigió hacia la habitación de su amiga, pero al pasar por delante del dormitorio de la madre, la puerta estaba entreabierta y por la rendija ella vio algo que la hizo detenerse abruptamente.
"¡Scar!", gritó la mujer con voz temblorosa. “Vete, yo le diré a Megan que viniste".
Pero la chica no estaba dispuesta a obedecer, así que irrumpió en la habitación de la madre donde inmediatamente un fuerte olor a licor y sexo golpeó su nariz. Ella se la tapó con la mano mientras miraba al hombre que estaba de pie medio desnudo junto a la cama. ¡No podía creer lo que veía!
"¿Papá?", preguntó con tono de incredulidad.
No había dudas. Allí estaba su padre, quien se veía totalmente fuera de lugar dentro de la habitación de esa mujer.
"¡¿Qué estás haciendo aquí?!", gritó Scarlett con enojo.
El hombre frunció el ceño y se movió de un lado a otro en silencio, mientras el rostro se le ponía tan rojo como un rábano.
"¿Por qué estás desnudo en la habitación de esta mujer? Papá, supongo que podrás explicarlo”.
"No tengo nada que decir, hija".
Fue como si le hubieran sacado el corazón del pecho para arrojarlo contra la pared. Scarlett abrió la boca, pero no salió ninguna palabra de ella. ¿Habría algo que decir? Las cosas que estaba viendo se explicaban por sí mismas. De pronto, su padre la señaló con un dedo acusador.
“¡Entraste aquí como alma que lleva el diablo! ¿No sabes lo que es el respeto? Fue tu culpa encontrarme aquí".
Scarlett dejó escapar una risa irónica. Luego se volvió para mirar a la madre de Megan, quien estaba apoyada contra la puerta, mirándola con ojos fríos.
"Yo traté de detenerte, pero no me hiciste caso", sentenció como si verdaderamente fuera culpa de la chica.
Ella los miró uno a uno, todavía incapaz de creer que la escena que se desarrollaba fuera real. Nunca en su vida podría haber adivinado que su padre tenía una aventura con la madre de Meg. Vivían en mundos completamente diferentes. Le pareció bastante irónico que al ir a resolver sus problemas con su mejor amiga, se topara con esa absurda escena entre su padre y esa mujer.
“Escucha, esto no es lo que parece. Creo que estás entendiendo todo mal, pero no hay absolutamente nada entre tu padre y yo. Nosotros solo...".
"¡Cállate!", la interrumpíó Scarlett. “No quiero oír mentiras. Si no pasa nada entre ustedes, ¿cómo explicas que él esté desnudo en tu habitación? ¿Ahora qué mentira dirás? ¡Lo que está sucediendo es evidente!".
"¡Scar!", gritó su padre.
"¡Cállate tú también! Estoy harta de todo. ¡De tal madre, tal hija! ¿O no? Ambas son repugnantes. ¿Durante cuánto tiempo has tenido los ojos puestos en mi padre? ¡Contesta! ¡¿La misma cantidad de tiempo que Meg ha querido robarme a mi prometido?!”, preguntó la chica temblando de ira.
"¡Son un par de z*rras y espero que se pudran en el infierno!".
En ese momento, se oyeron los pasos de alguien que se acercaba apresuradamente por el pasillo. Entonces las miradas de todos se dirigieron hacia la puerta para mirar a la recién llegada, que no era otra que la propia Megan. Estaba sin aliento, pero sus ojos ardientes se posaron sobre Scarlett.
"En primer lugar, ¿qué estás haciendo en nuestra casa y por qué le dices z*rra a mi madre?".
Scarlett empuñó las manos con impotencia. Nunca pensó que algún día sería capaz de asesinar, pero en ese instante, todo lo que quería era apretar el cuello de Megan y exprimirle la vida.
Las chicas se desafiaron con la mirada y Scarlett se dio cuenta de que su amiga nunca había sido sincera con ella. En realidad, ella nunca le interesó, a pesar de que le juró un sinfín de veces que se preocupaba por ella. Ya no podía ocultar su verdadera manera de ser, la cual era horrenda. Ahora, todo lo que se veía en ella era su envidia y la maldad que acechaba detrás de sus ojos.
“¡Llegaste justo a tiempo, Megan!”, exclamó, lanzando sus manos al aire. “¡Tal vez puedas explicar esto! Algo me dice que siempre supiste que tu mamá se estaba tirando a mi papá, pero nunca pensaste que yo merecía saberlo. ¡¿Qué más me has estado ocultando?! Parece que no te conozco en absoluto. Quiero decir, anoche me tendiste una trampa y lograste que un extraño me violara. ¡Me queda claro que no te conozco!”.
La madre de Megan abrió unos ojos enormes debido a esa revelación, mientras que Scarlett se preguntaba cuál sería la reacción de su padre. Sin embargo, ella no estaba dispuesta a romper el contacto visual con su amiga, así que no volteó a comprobarlo por sí misma.
La chica solo se quedó mirándola fijamente sin decir una palabra, y fue su madre quien enfrentó dicha acusación.
"¿De qué estás hablando? ¿A qué te refieres con tenderte una trampa? Mi hija nunca haría eso. ¿Tuviste una aventura de una noche con un hombre y ahora quieres culparla? ¡Meg, di algo!".
Pero ella permanecía en absoluto silencio con el rostro color rojo carmesí. La indignación de Scarlett era tal, que levantó la mano y le dio una bofetada tan fuerte que le volteó la cara hacia un lado mientras que el sonido se quedaba resonando en el aire durante algunos segundos. Megan se tambaleó unos pasos hacia atrás sobándose la mejilla, con una mirada mezcla de asombro y dolor.
Todos se quedaron en silencio sumamente conmocionados durante unos segundos, hasta que la madre de Megan sostuvo la muñeca de Scarlett apretándola con fuerza.
"¡Tú! ¡¿Cómo te atreves a meterte en mi casa para golpear a mi hija?!”.
En ese momento, la mujer intentó darle una cachetada también a ella, pero la chica reaccionó rápidamente y, sin pensar, empujó a la madre de Megan con todas sus fuerzas. Como esta no se lo esperaba, lo único que pudo hacer fue gritar antes de caer desplomada en el piso frente a ellos. Lo peor de todo fue que, al caer, se golpeó la cabeza contra la esquina de la mesa.
Megan gritó al darse cuenta de que escurrían gotas de sangre de la parte posterior de la cabeza de su madre, por lo que se apresuró a arrodillarse frente a ella. Sin embargo, estaba demasiado asustada como para reaccionar adecuadamente, ya que no se atrevía ni siquiera a tocarla.
“¡Mamá! ¡Dios mío, mamá! ¡¿Puedes oírme?! ¡M*erda!".
Scarlett parpadeó sin saber qué hacer, por lo que solo empuñó las manos con impotencia, observando a la mujer que estaba en el suelo con la mirada perdida. De repente, su padre la empujó para quitarla de en medio y arrodillarse junto a la madre de Megan.
Con cuidado, él levantó la parte superior del cuerpo de la mujer y lo apoyó sobre sus muslos para revisarle la parte posterior de la cabeza. Al sentir el movimiento, ella gimió de dolor, en tanto que Scarlett miraba con horror el cuidado y la atención que su propio padre mostraba hacia esa extraña.
“Joyce…”, susurró él. "Joyce, ¡contesta, cariño!".
¿Cariño? Scarlett se habría reído si la situación no la hubiera dejado boquiabierta. Al parecer, la madre de Megan recuperó la consciencia, ya que lo miró ofreciéndole una dulce sonrisa.
Entonces Megan empezó a gritar, señalando a Scarlett. “¡Lastimaste a mi mamá! Tu problema es conmigo, ¿por qué la involucraste? Podrías haberla matado, ¡por el amor de Dios!".
"¡Meg, basta!", gimió la mujer. “Y-yo e-estoy bien… Por favor, no culpes a Scarlett. ¿No te das cuenta de que ella está muy alterada?".
Madre e hija intercambiaron miradas poniéndose de acuerdo en silencio. Entonces, Megan empezó a decir algo que le hizo saber a Scarlett que su pesadilla apenas comenzaba y dirigiéndose al hombre que seguía arrodillado junto a su madre, realizó un fuerte reclamo.
“¿Por qué estás tan callado, papá? Viste lo que hizo, ¿o no? ¿Hasta cuándo vas a seguir ocultando la verdad y fingirás que todo está bien? ¿Seguiremos mamá y yo siendo las que paguemos por esta situación tan injusta sin que nos des el lugar que nos corresponde?".
Scarlett se rio entre dientes. Todos los ojos convergieron hacia ella, ya que estaba comportándose como si estuviera loca. Megan, por su parte, estaba aterrada. Así que retrocedió un par de pasos, al darse cuenta de la mirada asesina de la otra chica.
“¿Acabo de oír que lo llamaste papá?”.
A pesar de su miedo, Megan mantuvo la cabeza en alto. "Sí, escuchaste bien".
Luego se volvió hacia el hombre, quien seguía arrodillado en el suelo, a pesar de que la madre de Meg se había recuperado suficientemente como para sentarse sola.
"Papá. Estoy harta de ser una hija ilegítima, ¿me entiendes? Ahora es tu oportunidad. Tienes que decir la verdad para que todos podamos seguir con nuestras vidas de la manera en que deberíamos de haberlo hecho desde un principio. Ya no hay forma de echarse para atrás”.
Él se puso lentamente de pie bajo el escrutinio de sus miradas. Sabía que era verdad, que ya no podía seguir ocultando ese secreto, pero cuando empezó a hablar, no fue capaz de mirar a Scarlett a los ojos.
“Escucha, hija, ella está diciendo la verdad. Ustedes dos son hermanas”. Cuando acabó su frase, la miró de reojo y se dio cuenta de que el rostro de la chica estaba carente de cualquier emoción. De alguna manera, eso lo molestó y alzó el tono de voz.
“No me mires así, ¿de acuerdo? Traté de ocultártelo porque no quería que sufrieras, pero no me dejaste otra opción. Viniste aquí e irrumpiste en la habitación sin siquiera... Bueno. No importa de todos modos tenías que averiguarlo de una forma u otra. La cosa es que he estado saliendo con Joyce desde hace tiempo, incluso antes de casarme con tu madre. Y cuando rompimos yo no sabía que ella estaba embarazada. Conocí a Megan unos años después, pero no podía decirles nada ni a ti ni a tu mamá, así que mantuve todo en secreto. Pero siempre quise contarte sobre tu hermana. Nunca pretendí que las cosas fueran así. Es posible que te sientas agraviada, pero ponte en el lugar de tu hermana. Ella ha tenido que vivir siempre como una hija ilegítima, en cambio, tú gozaste de todos los privilegios con los que ella solo podía soñar. No puedes estar más enojada que ella en este momento”.
Él dio unos pasos hacia Scarlett, quien estaba congelada, en silencio. Entonces su padre respiró hondo y sonrió torpemente:
“Veo que estás tomando esto bastante bien, Scar. ¡Bueno! Ahora que sabes la verdad, podemos comenzar un nuevo capítulo en nuestras vidas, ya que podremos estar juntos y convertirnos en una verdadera familia”.
"¡Basta!". La chica movió la cabeza con desaprobación, sin poder creer lo que estaba oyendo.
"¿Qué ocurre?", preguntó su padre, consternado.
“¿Una familia? ¿Con estas mujeres? ¡Nunca, papá!".
"¡Tienes que dejar de ser tan egoísta, Scarlett!".
"¡¿Egoísta?! ¿Así llamas a alguien que no quiere estar relacionada con una mujer que no dudó en tenderle una trampa a su mejor amiga porque le tenía envidia? No lo sé. ¿Estás seguro de que eres mi padre? Suenas como un extraño en este momento”.
“Las mentiras no te sacarán de esta situación, hija. Te lo advierto, de ahora en adelante Meg y su mamá son tu familia. Es más, a partir de ahora, tendrás que llamarlas hermana y madre”.
"Moriré antes de que esas palabras salgan por mi boca, ¿me oyes?".
Joyce se acercó para poner su mano sobre el hombro del padre de Scarlett con suavidad. Luego dijo: “Por favor, no la obligues. Si ella no quiere, no importa, todo estará bien. Hemos vivido todo este tiempo sin ella, seguro que podemos seguir así. Dale tiempo".
Scarlett puso los ojos en blanco ante la muestra de amabilidad de la mujer. ¡Cómo si le importara su bienestar! ¿Cómo podía su padre ser tan ciego y no ver la mirada astuta en el rostro de esa mujer? ¿De verdad no sabía que se estaban aprovechando de él? La chica apretó los dientes. Era una estúpida al seguir preocupándose por su padre, después de todo lo que había hecho.
"¡No importa!", escupió él con ira. “Actuar como una mocosa malcriada no cambiará el hecho de que Megan sea tu hermana. Tendrás que aceptarlo, te guste o no. Y ahora que conoces toda la historia, ellas vendrán a vivir con nosotros. No tiene sentido permanecer separados”.
Scarlett jadeó en estado de shock, ya que las sonrisas astutas en el rostro de esas mujeres la enfermaban.
"¡Nunca!", gritó ella. “Esa casa era de mi madre y no permitiré que metas gente extraña, papá. Si insistes en hacerlo, tendrá que ser sobre mi cadáver, créeme".
“¡Esa casa me pertenece, jovencita!”.
“Sí, pero solo porque mi mamá murió; nunca permitiré que lo hagas. Sería indignante para ella. ¡No dejaré que te lleves a estas p*tas a vivir ahí!”.
En ese momento, él le asestó una bofetada implacable en la mejilla, sin embargo, lo que más le dolió a ella fue saber que su padre, quien siempre se había comportado de manera afectuosa con ella, ahora se atrevía a abofetearla para defender a otra persona. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras lo miraba fijamente.
"¿Me pegaste por culpa de ellas dos?".
Él no respondió, solo apretó su mano temblorosa, dándole a entender que lamentaba lo que había hecho, pero ya era demasiado tarde. La chica salió corriendo por la puerta sin detenerse, a pesar de que él la llamó. Tan pronto como estuvo adentro del ascensor, ella rompió en llanto. ¡El corazón se le había quebrado en pedazos!
¡Qué ironía! Había ido a confrontar a Megan por la trampa que le tendió, pero ni siquiera pudo hacerlo. En cambio, rompió su relación con su propio padre, quedándose completamente sola. Había perdido a toda su familia.
Scarlett salió del edificio llorando, mientras sacudía la cabeza confundida, al pensar que solo le habían bastado unas a horas a Megan para arruinarle la vida. Le había robado todo lo que le importaba, primero la virginidad y ahora a su padre. Se preguntó si su objetivo siempre habría sido ese y solo por eso se había hecho su amiga. ¿Tendría desde un principio la intención de arruinarle la existencia?
Caminaba perdida en sus pensamientos, así que no se dio cuenta de un vehículo oscuro que se detuvo no muy lejos de ella. De pronto, bajó un hombre del asiento trasero, quien la observó a lo lejos, dándose cuenta de que ella chocaba con un par de personas que caminaban en dirección opuesta. La chica siguió caminando como hipnotizada, sin siquiera disculparse. Era como si estuviera atrapada en una burbuja y el mundo exterior se hubiera vuelto invisible para ella.
Él corrió tras ella y la detuvo del brazo.
"¡Espera!".
Al mirarlo, ella frunció el ceño, pues lo reconoció de inmediato. Era el mismo tipo de esa mañana, el que despertó en su cama. Tenía una mirada de preocupación en el rostro, pero Scarlett sabía que lo mejor sería dudar de sus intenciones.
"No me toques", siseó la chica, apartando su brazo lejos de ella.
"¿Qué te pasó?", preguntó él, metiendo la mano en su bolsillo para sacar un pañuelo y dárselo, pero Scarlett se negó a aceptarlo.
"Dime qué sucede", insistió él. "Yo podría ayudarte. Mira, si es por lo de esta mañana...".
“¡Sí, hijo de p*ta! Se trata precisamente de eso. ¡Bueno! Además de algo que me acaba de pasar. ¡¿Y sabes qué?! ¡No hay nada que puedas hacer por mí e incluso si pudieras, nunca aceptaré ningún tipo de ayuda que venga de ti!".
Scarlett estaba tan enojada, que podría haberle escupido en la cara, pero decidió no hacerlo. De todos modos, ella no se dio cuenta de la forma en que el guardaespaldas que los seguía la estaba mirando, pues esperaba una sola palabra de su jefe para actuar. El hombre tenía las manos preparadas sobre su arma.
"Señor…".
"Deja que se vaya", suspiró él, viendo cómo se alejaba. “¡Existe tanta ira en ella…!”.
En ese momento, se preguntó por qué deseaba tanto ayudarla, si era solo una mujer entre tantas otras. Ya había intentado ser amable con ella un par de veces. ¡Eso era más que suficiente!
"Vamos a la empresa", dijo caminando hacia su automóvil. De cualquier modo, la imagen de esa chica no salía de su cabeza, por más que lo intentaba.