Capítulo 2

—Reclusa, levántate hoy tienes cita en el juicio—avisa el guardia.

Ya estamos en el juzgado, tengo tanto miedo, de testigos tengo a mi ex novio y A mamá, mi ex afirmó y contó de que yo soy una buena persona y que no merecía ser acusada por criminal. Mientras que mamá intento decir que ella había matado a mi tío, pero yo le hice seña de que guardara silencio, así que ella asiento levemente, lo cual me dejó tranquila, mire por todos lados buscando a el abogado que había hablado con migo pero no lo vi, al parecer no se presento en el juicio.

El juez me preguntó que si tenía algo que decir pero lo único que dije fue que yo era culpable de aquel asesinato en su totalidad.

Por lo tanto Un juzgado penal de esta capital me condenó a más de 5 años de prisión por asesinato, La oficina de prensa de la Fiscalía informó que se trata de Lara Padilla, joven de 18 años, responsable de homicidio, muchos periodistas, intentaron sacarme información, me hacían Miles de preguntas como.

''¿Porque lo asesino?''

''¿Díganos su motivo para llegar a ocasionar semejante crimen?''

Me sentía asfixiada, pero en el fondo por qué mi madre estaría bien y libre de cargos. Soy llevada a una cárcel de mujeres que queda en la ciudad ya que en el pueblo donde vivimos no las hay, al entrar me revisan me hacen exámenes y luego me dan mi uniforme, es algo grande de color zanahoria.

—Bienvenida a tu castillo princesita—Me dice una guardia de seguridad.

Me entran en una celda dónde hay 3 mujeres, una morena, otra rubia tatuada y una señora bastante mayor quien sostiene una biblia en sus manos. todas me miran de reojo, pero la rubia tatuada se acerca a mi.

—Que hermosa eres nena—Me agarra las nalgas y yo retiro sus manos de estás.

—Déjame, por favor—Le digo.

—Ay, mi Reyna tienes que atenerte a esto, deja ya de chillar y compláceme—Ella me guiña un ojo y lame sus labios.

—No, no me gustan las chicas—le respondo asustada.

—Bueno, a mi tampoco me gustaban pero el mundo da tantas vueltas.

—Andrea ya déjala—Le dice la señora que sostiene la biblia, luego La rubia se separa de mi pero sin quitar sus ojos azulados de mi.

—¿Y dinos que hiciste para estar en este Maldito lugar?—Pregunta la morena, cruzada de brazos.

—Asesine a mi tío—le respondo hundiendo mi cabeza contra mis rodillas mientras lloro.

—No llores, es normal—Me dice la rubia.

Ya ha pasado 1 año desde que ingresé aquí, y en los cuales mi madre no ha venido a visitarme, y eso me lastima el corazón, las chicas se han vuelto amables con Migo, la rubia sigue intentando robar mi corazón, la morena pasa peinando su cabello crespo y la señora me da estudios bíblicos, bueno algo que sí quiero resaltar es su apoyo, sus palabras todo.

5 Años después.

Ya hoy cumplo mi condena, todo fue horrible hubo momentos buenos y otros malos pero así es la vida en la cárcel, baje mucho de peso ya que las comidas eran un asco nada para mí preferencia, al principio me caía mal en el estómago, pero luego me acostumbre.

Bueno la chica morena salió un año después de que yo ingresara debido a su buen comportamiento, la rubia todavía paga su condena, y la señora de la biblia bueno ella, ella murió. Cada vez. que me acuerdo en la forma en que murió mi respiración se corta en serio era una buena mujer y lo peor de todo es que nunca se quiso defender. Seco mis lágrimas y miro a mi derecha y una guardia me entrega mis pertenencias, con una sonrisa en sus labios.

—Lara, felicidades eras de mis favoritas.

—Gracias, señora Camila la extrañaré—Tomo mis cosas y salgo del lugar tomando un bocado de aire y grito por fin libre...

—¡Lara!—Volteo ante el llamado y hay está mi madre bella, sonriéndome mientras me extiende sus brazos.

—Madre—la abrazo y ella solloza en mi cuello.

—Pe-perdóname hija, yo soy una mala madre—Exclamo entre un mar de lágrimas.

—¿Dime madre, porque nunca me visitaste?

—Hija, no podía lo siento, mira—Me muestra un contrato—Estoy trabajando para una familia.

—Y eso que tiene que ver madre, ¿acaso estas fija?

—Si, lo siento Lara, hija esa familia no sabe sobre tu estadía en la cárcel, les mentí diciendo que tú estudiabas en el extranjero.

—¡¿Acaso te avergüenzas de mi?!.

—No es momento de platicar hija, el joven Milton viene a recogernos en media hora.

—Mamá no, no puedo ir contigo, yo trabajaré y pagaré un arriendo.

Ella me toma de la mano y me lleva hasta la carretera, algo lejos de la cárcel, mientras caminamos ella no se está quieta la noto preocupada, me zafó de su agarre y la hago mirarme a los ojos.

—¿Qué ocurre?—Le pregunto.

—Nada hija, mira—señala un auto blanco—ese es el auto del joven Milton.

De inmediato aquel auto blanco, se acerca a nosotras, y lentamente los vidrios se bajan dejando ver un chico.

¡Espera! ese tatuaje de calavera en su brazo, es... es aquel chico de la cárcel, lo recuerdo perfectamente, pero, ¿Qué pasa? como es que el... detengo mis pensamientos debido a que el habla.

su voz es bastante severa y fría a la vez.

—Señora luz, buenos días.

—Hola, joven Milton.

—¿Esta, es su hija?—arquea una ceja y me mira fijamente

—Si es ella, su nombre es Lara, saluda hija.

No lo salude, solo guarde silencio ya que estaba anonada ante aquel recuerdo en la cárcel.

—¡Saluda hija!—Repitió regañando.

—Hola señor—extiendo mi mano y el la toma, su agarre es fuerte y cálido, sus manos arropan mis pequeñas manos y eso me intimida un poco.

—Adelante suban—añadió el esbozando una ligera sonrisa

Ya vamos en el auto y ese chico no deja de verme por el retrovisor, yo trato de no verlo pero mis malditos ojos me obligan a verlo, luego de algunos 40 minutos el auto se detiene por completo.

—Llegamos—el baja primero y luego nos abre la puerta le ofreció su mano a mamá y luego a mi.

—Gra-gracias señor—le digo nerviosa.

—Hija ven te presentaré—me toma del brazo, miro por encima de mi hombro y el me queda viendo, No sé que le pasa a este.

Entramos a la casa es algo grande es una casa estilo Villa moderna, las paredes son color blanco y los bordes amarillo, en la entrada están dos leones de monumento también hay muchas plantas, flores todo es hermoso aquí, se respira paz y armonía. en el suelo hay una alfombra roja muy larga la cual nos dirige hacia unas puertas doradas. definitivamente esto es genial.

Una mujer blanca de ojos celestes abre la puerta y abraza a mamá y luego me sonríe a mi y me dice: ¿Tu eres Lara?.

—Si señora, ella me abraza sin más ni menos.

—Hijo mira es hermosa, ¿verdad?

Capítulo 3

—Si mamá es hermosa—Responde sonriendo mientras deja ver sus dientes blancos, es una sonrisa que ilumina. luego se acomoda en el sofá, y saca su teléfono para echarle un vistazo.

—Es un amor mi hijo Lara—Susurra ella poniendo sus manos en su boca.

—Hija ella es Judith, somos amigas de la infancia y pues como vez firme un contrato con ella y por ende trabajo aquí.

—Asentí y luego volví al tema de la casa— Pero está muy bonita su casa—le digo a la señora Judith.

—Gracias, pues como vez es tu hogar también—asegura y se sienta al lado de Milton—Y dime, ¿Qué estudiaste en el extranjero?—Sus ojos son iguales a los de el, penetrantes y posesivos.

—Pues yo-yo—Busco en mi cabeza que responder ante esa gran pregunta, y para mi mala suerte, no se me ocurre nada, hasta que mi madre me salva la patria.

—Ella estudio enfermería—Responde mamá y pone sus manos en mis hombros generando tranquilidad.

—Wau, que bueno, mi hijo es médico, ¿Verdad mi bebé?—Aprieta

los cachetes de el, en forma de pechiche.

—Aja—Es solo lo que el responde de manera seca y ligera sin quitar sus ojos del teléfono.

—Luz, lleva a tu hija hasta su habitación—Dijo Judith.

—Ven hija te mostrare nuestra habitación —Ella me toma de la mano y subimos unas escaleras, después caminamos por unos pasillos las paredes son rosa y luego entramos en la habitación.

—Mamá que hermoso—Me tumbe en la cama y pienso; No sé cómo mi madre llegó aquí, no entiendo ese chico "Milton" es el mismo de aquella vez en la cárcel lo reconozco, su tatuaje y ojos celestes, además su voz sigue siendo igual, de hecho esa belleza no se borra de cualquier memoria, bueno por lo menos en la mía no, pero hay algo extraño, aquella vez en la celda era más antipático ahora es "amable" y "educado"

Pero no sé porque no me quitaba la vista de encima en el auto ¿No será que el me reconoce? No, no como crees Lara, me imagino que no se acuerda, bueno han pasado 6 años. Yo tengo mucha memoria fotográfica, por eso lo recuerdo.

—Hija, cámbiate para que me ayudes a preparar el almuerzo.

—Esta bien mamá, ya voy—Mi madre me presta algo de ropa ya que yo no tengo.

Ya estamos en la cocina y un fuerte olor viaja por mi olfato, luego veo a Milton bajando las escaleras con una sonrisa en sus labios.

—Madre, luego vengo, voy a laborar.

—Hijo, quédate ¿Si?—Ella lo mira con los ojos cristalizados intentando convencerlo.

—No, mamá soy un hombre de negocios, además papá anda con la cantaleta.

—No le hagas caso, mira que a la noche tienes que ir al hospital a trabajar, descansa, hijo mío.

Que pasará en esta familia, bueno hay problemas como en todo hogar y el padre tiene algo que ver aquí, por lo que manifestó Milton, ¿pero el tiene dos trabajos? debe ser realmente agotador.

Mientras veo a una madre rogándole a su hermoso hijo que se quede en casa, las puertas se abren y esto me hace reaccionar, saco mi cabeza un poco para lograr chismosear quien vino y veo a dos chicas muy lindas entrando.

—Hola mamá, hola hermano—Dicen ambas en coro.

—¿Cómo me les fue a mis pequeñas?—pregunta Milton, y las abraza.

—Bien, Hermano Como me gusta ese perfume huele a hierbas finas—Dice una de ellas, su voz es dulce y cautivadora.

¿Espera, Acaso son mellizas?

Ah, ella es Lara—Me señala la señora Judith, de inmediato todos me miran, mientras yo picó unas verduras, por suerte no me pillaron chismoseando, creo,—Lara ellas son; Julia y Jimena.

—Hola Lara, eres una morena muy linda—Dice Jimena quien viste de marrón.

—Si es muy bella—Afirma Julia quien viste de blanco, para después preguntar—¿Cuántos años tienes?

—Tengo 24—Ella sonríe pero luego esa sonrisa se apaga al mirar mi brazo izquierdo—¿Qué te paso en el brazo? —Pasa su mano en mi cicatriz.

—Fue un pequeño corte—Le aclaro mintiéndole, en realidad esto tiene un oscuro pasado.

—Tienes que ser cuidadosa—Me advierte mientras abre sus ojos como plato.

—Claro julia, lo hare—Dicho esto se cerro la conversación para luego ellas ponerse a charlar con su madre sobre sus estudios, pero Milton las interrumpe metiéndose en la mitad de la conversación.

—Mamá, hermanas, señora luz en compañía, este bollo se marcha—Sale casi que corriendo de la casa.

En "compañía" Ese tonto tengo nombre, ¿entendiste? y es Lara,—Pienso.

—Ah, Lara ¿Qué estudiaste en el extranjero?—cuestiono Jimena con un tono de voz dudosa.

—Hermana ya deja de preguntar y vallamos a la cancha tenemos que practicar—añadio Julia jalando de un brazo a Jimena—Esta bien, ah, y por cierto tenemos 16 años.

Ellas salen corriendo de la sala, ¿Qué practicarán ni idea? pero cabe destacar que tienen un buen físico, para ser clara me agradan son muy explícitas.

Ya terminamos de preparar el almuerzo, mi madre organiza la comida en el comedor y luego la señora Judith se sienta a comer, toma sus cubiertos llevando un bocado de carne a su boca.

—Tienes mucho sazón Lara, está delicioso.

—Si, mi hija cocina muy rico—responde mamá orgullosa.

Luego las mellizas entran a la casa al parecer en la parte trasera hay una cancha o que se yo, están todas empapadas en sudor y agitadas.

—Niñas en la mesa no las quiero a si de sucias—manifiesta Judith con desagrado.

—Perdona mami, pero tenemos mucha hambre—responde Julia elevando su tono de voz.

Ellas se sientan en la mesa ignorando lo que dijo su madre, mientras que Judith las mira enojada y prosigue con su comida. son algo groseras estás niñas.

Luego de que todas almorzarán mi madre lava los platos y yo limpio el jardín.

de repente el auto de Milton frena de golpe en frente mío haciendo volar las hojas que ya había barrido, el se baja de su auto sus pasos son firmes y seguros tanto que causan escalofríos.

—Lo siento, Lara yo no quise—Lo interrumpo—No tranquilo, señor—respondo mirando su rostro, para otra vez ponerme a barrer las hojas que están todas dispersas en el jardín.

—No me digas señor—El apoya las palmas de sus manos en su auto y me mira con la ceja arqueada.

—Disculpe—le digo—Se acerca a mi y me quita la escoba y empieza a barrer y luego recoge las hojas en una bolsa de basura.

—Pero señor, es mi deber.

—Lara, te dije que no me digas señor—responde con voz cabreada—Dime Milton ¿Está bien?

—Si claro, Milton—el sacude sus manos dando a entender que ya terminó de recoger el desastre de las hojas.

—No se porque pero yo a ti te conozco—Me interroga, su mirada es penetrante y fría a la vez

—Pues yo a usted no—Miento, jamás te diré que te he visto antes.

—Déjame pensar—Suelta la escoba y me toma del mentón haciéndome mirar sus ojos celestes que transmiten miedo.

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