Valeria regresó a casa y se encontró con un desastre y descubrió que su padre se había ido tras enterarse de la infidelidad de su madre. A pesar de sentirse en conflicto sobre qué hacer, decidió darse un tiempo y espacio para ella misma al final del día. Se quedó sola en su habitación, sin dejar de pensar sobre la situación mientras luchaba por conciliar el sueño.
Un nuevo día había llegado, el sol se filtraba a través de la ventana y ella no quería levantarse de la cama. Decidió quedarse un poco más tiempo acostada, ya que no se sentía descansada a pesar de haber dormido varias horas. La razón era que no había podido conciliar el sueño debido a que su mente estaba preocupada por la discusión de sus padres. Se quedó sentada en la cama, pensando en todo lo sucedido, y recordó la discusión que había escuchado la noche anterior.
Estaba convencida de que su madre seguía encerrada en su habitación, sin intenciones de salir ni de comer, pero antes de verificarlo, decidió ducharse. Rápidamente se duchó, buscó ropa cómoda en su armario y se dirigió hacia la habitación de su madre, notando el creciente silencio que reinaba en la casa. Antes de entrar, tocó la puerta, pero no recibió respuesta. Abrió la puerta y se encontró con su madre tendida en el suelo junto a un frasco de pastillas. La escena era aterradora, y la dejó paralizada.
La desesperación se apoderó de ella al darse cuenta de que su madre ya no tenía pulso. Llorando, abrazó a su madre y le suplicaba que despertara, aunque en el fondo sabía que ya no regresaría. Se negaba a aceptar la trágica realidad. Gritaba pidiendo a su madre que abriera los ojos, pero todo era en vano.
— Mamá, por favor, despierta, ¡por favor! - gritaba desconsoladamente, aferrada a su madre.
Incansablemente buscaba alguna señal de vida en su madre, pero sabía que ya no la encontraría. La angustia la invadía y no podía comprender por qué su madre había tomado una decisión tan drástica. Aunque las cosas no estaban bien entre ella y su padre, no esperaba que todo terminara de esa manera.
A pesar de su negación, sabía que debía informar a las autoridades y marcar al número de emergencias. Con voz temblorosa logró explicar lo sucedido y pedir ayuda. El shock la mantenía en un estado de confusión.
— ¿Por qué, mamá? No debiste hacerlo, no es justo - murmuraba entre sollozos.
Con el corazón destrozado, se acercó al frasco y leyó el nombre de las pastillas que su madre había tomado en exceso. El dolor y la rabia se apoderaron de ella.
— ¿Lograste lo que querías? ¡¿Por qué?! - gritó, arrojando objetos al suelo en un intento de liberar su ira y tristeza.
Finalmente, buscó el número de teléfono de su padre y marcó, sintiéndose incapaz de darle la terrible noticia. La llamada se tornó en un torbellino de emociones, incapaz de aceptar la cruel realidad que tenía ante sí.
***
Miraba el cielo y notaba que estaba envuelto en tristeza, la misma que asustaba su alma y la atrapaba en un sufrimiento eterno, mientras su cabello era mecido por la brisa y las hojas caídas volaban a su alrededor. Aferrada al brazo de su padre, veía cómo la despedida se acercaba y un futuro sin su madre se perfilaba ante ella; su corazón estaba destrozado, y la idea de que su madre la hubiera dejado la paralizaba.
Aún estaba luchando por aceptar la pérdida, sabiendo que las cosas nunca serían iguales. Con su padre a su lado, se enfrentaba a pensamientos negativos que la atormentaban. La vida se volvía más difícil de lo que ya era; lamentablemente, no podía hacer nada para recuperar el tiempo perdido, y eso la atormentaba. Tuvo que decir adiós cuando no era su deseo hacerlo.
La injusticia de la vida la golpeaba sin piedad. No merecía estar pasando por aquello.
Los sucesos inesperados se precipitaban sobre ella, sumiéndola en el dolor. Las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas, sin indicios de detenerse. La muerte de su madre la dejaba desolada, reflexionando sobre lo que sería su vida sin ella, una vida marcada por la ausencia. La pena era abrumadora, y la sensación de vacío era insoportable.
—Vamos a casa, cariño —le dijo su padre con voz afligida, pero Valeria quería quedarse un poco más en ese lugar. Sabía que el regreso a casa sería doloroso, reavivando recuerdos que la harían llorar sin cesar, prolongando su duelo.
—Papá, déjame quedarme un poco más. Prometo que luego iré a casa. No es necesario que me esperes, ve y descansa. Lo necesitas —aseguró Valeria a su padre.
Él asintió y dejó un beso en su frente antes de alejarse, consciente de que su hija necesitaba estar a solas un poco más. Aunque él también sufría por la pérdida de su esposa, anhelaba que todo el dolor recayera solo sobre él, deseando proteger a su hija de esa carga. Pero las circunstancias eran implacables, y todos compartían el sufrimiento por la partida de un ser querido.
Suspiró hondo antes de subirse al auto y alejarse. No estaba seguro, pero sabía que su hija necesitaba ese espacio. La imagen de Valeria destrozada quedaba grabada en su mente, recordándole que el dolor no distinguía entre edades ni roles familiares.
Valeria se dio cuenta de que su padre se había alejado, quedando completamente sola en ese lugar, y se dejó caer de rodillas al suelo. Sentía como si le estuvieran arrancando el corazón desde su propio hogar, y no era suficiente con llorar una noche o incluso toda la vida. Todo parecía haber perdido sentido para ella, aunque sabía que era normal sentirse así en una situación tan dolorosa. Sin embargo, se sentía culpable por creer que todo estaba perdido cuando su padre la necesitaba tanto, y se culpaba aún más por eso.
—Vine tan pronto lo supe, lo lamento mucho... —dijo Amanda, apareciendo y captando la atención de Valeria, quien se levantó del suelo rápidamente para abrazarla, recibiendo un abrazo aún más fuerte por parte de Amanda, quien sabía cuánto lo necesitaba en ese momento.
—Dios, duele tanto, no puedo creer que mi mamá se haya ido. Hay tantas cosas que no alcanzamos a vivir juntas. Me siento mal, muy mal... —lloró Valeria.
Amanda, con los ojos también llenos de lágrimas, podía sentir el dolor palpitante de Valeria y se unió a su llanto, conmovida por el sufrimiento de su amiga.
***
Su madre le había dejado una carta doblada que solo entonces descubrió. Lo primero que quiso hacer es tirarla a la basura sin siquiera echar un vistazo. Aunque ya había hecho una bola de papel con la hoja y tenía la intención de tirarla al tacho de basura, no lo hizo. La carta estaba ubicada en el filo de la cama y decidió leerla, una decisión que la llevaría a un profundo dolor.
La madre había abierto su corazón en la carta, exponiendo su razón, que para la joven parecía absurda. No tenía justificación y cada línea estaba rodeada por las lágrimas de la joven.
La carta decía lo siguiente: "Hija, empezaré diciendo lo mucho que te amo y pidiéndote disculpas. Sé que en este momento te sientes enojada, frustrada y triste, y piensas que no tiene sentido vivir. Pero quiero que sepas que todo eso está lejos de la realidad, no debes sentirte así. He fallado como madre y esposa, me siento una persona miserable y sucia por haber hecho algo tan horrible como apuñalar por la espalda a la persona con la que formé una familia y construí hermosos recuerdos. Por favor, sigue adelante, avanza y no mires atrás. Te harás daño si te volteas, eres fuerte y eres lo más hermoso que tuve. Te llevo en mi corazón y me quedaré en el tuyo."
Después de leer la carta, la joven salió casi a rastras por el pasillo y al abrir la puerta de la habitación, vio a su papá con un papel en la mano. Su madre también le había dejado una carta de despedida.
El empresario había permanecido sentado en la silla de su oficina mientras revisaba algunos papeles, tenía la cabeza en el asunto de la niñera. Hasta ese día no tenía información sobre ella, lo cual le provocaba un mal humor y la sensación de que había sido engañado por la joven que no se había presentado ni se había comunicado con él. Sus pensamientos se centraban en la importancia de encontrar a alguien adecuado para cuidar de su hija, Abril.
Isaac irrumpió en la oficina sin previo aviso, lo que sorprendió al empresario. A pesar de que prefería ser informado sobre las visitas, estaba dispuesto a escuchar lo que su amigo tenía que decir.
—Paul, necesito hablar contigo sobre un asunto importante —comenzó Isaac.
—Si es tan relevante como para aparecer sin previo aviso, adelante. Estoy ocupado y algo estresado, así que espero que no sean malas noticias —respondió el empresario con impaciencia.
Isaac mencionó a la abuela de Abril, lo que despertó la curiosidad del empresario. No tenían relación con ella debido a eventos pasados, por lo que la noticia de su fallecimiento lo dejó perplejo.
—Lamentablemente ha sido encontrada sin vida en su departamento. Según las investigaciones, parece que no fue una muerte natural y están trabajando en resolverlo —explicó Isaac.
—No tengo interés en ese asunto. Aunque sea cercana a ella, no quiero saber nada de esa gente. Lamento lo ocurrido, pero no me concierne en absoluto —respondió el empresario con firmeza.
Isaac asintió y cambió de tema, ofreciendo su ayuda para encontrar a la niñera de Abril y aliviar la carga de trabajo del empresario.
—¿Estás ocupado? ¿Has podido encontrar a la niñera? Puedo ayudarte con eso y aligerar tu carga de trabajo —propuso Isaac.
El empresario consideró la oferta de ayuda de su amigo y agradeció el gesto, aunque seguía sintiendo la necesidad de encontrar a alguien adecuado para cuidar de Abril.
—La última vez pude incluso entablar una conversación con una chica que parecía ser la adecuada para cuidar de Abril, pero hasta ahora no he recibido ninguna respuesta por correo electrónico ni se ha comunicado conmigo. Creo que puede que no esté interesada en el trabajo, o tal vez debí pedirle su número de teléfono y así poder llamarla para confirmar su interés, o buscar a otra persona. Todo fue muy extraño, la conocí en la calle por accidente, chocamos y ella estaba leyendo el volante sobre el trabajo de niñera, así que la invité a cenar para hablar más. Parecía ansiosa por el empleo, por lo que pensé que me llamaría, pero al parecer me equivoqué, ya que no he recibido ningún mensaje de su parte.
—Todo suena como sacado de una película. Podrías esperar unos días más, si ella no aparece entonces puedes descartarla para el trabajo. Puede que le haya pasado algo o que simplemente haya perdido tu información, pero al final la decisión es tuya.
—He estado pensando en esperar un poco más. Lo peor que pudo pasar es que haya perdido mi tarjeta o el volante con el número de teléfono. Aunque su falta de contacto es extraña.
Isaac notó su extraño comportamiento.
—No me digas que te has enamorado de esa chica... Vamos, parece que sí.
Paul lo miró con incredulidad por la ocurrencia de su amigo. No podía creer que pensara de esa manera.
—Todavía tengo mucho por hacer. Si no tienes nada más que decirme, preferiría que me dejaras solo. Podemos hablar más tarde.
—Entendido. ¿Quieres que vaya por Abril? Le dije que la llevaría a tomar helados.
—Si no te importa, puedes ir a buscarla. Recuerda su alergia. Y si necesitas algo, házmelo saber.
—Entendido. Avísame si necesitas algo.
—Por supuesto, muchas gracias -respondió el empresario a su amigo, quien se retiró de su despacho dejándolo nuevamente solo.
En ese momento, el empresario se puso a pensar en planificar unas vacaciones para llevar a Abril. Sentía que ella merecía un descanso diferente y quería disfrutar de su compañía más de lo que podía en ese momento. Nunca antes había tenido la oportunidad de viajar con ella, por lo que consideraba que era el momento perfecto antes de que empezara la escuela. Decidió que Italia sería el destino ideal, un lugar fresco y junto al mar con un clima estupendo que le haría muy bien a la niña.
En medio de sus pensamientos, volvió a recordar a aquella misteriosa chica que había visto en el parque. A pesar de no destacar por nada en especial, seguía causándole intriga y curiosidad. Se preguntaba cuándo enviarle el correo electrónico y sentía cierta ansiedad por recibir su respuesta.
Frustrado consigo mismo por seguir pensando en ella, decidió intentar sacarla de su mente. Sin embargo, no podía evitar preguntarse si ella había cambiado de opinión y no le respondería, lo que lo llevaría a llamar a otra persona para el puesto de niñera.
Confundido por sus propios sentimientos, decidió concentrarse en su trabajo y en asegurarse de que Abril estuviera bien cuidada mientras él estaba ocupado.