Me desperté de golpe, un aura extremadamente fuerte y pesada perturbó la mía, la sacudida casi me hace caer de la cama, en cuanto recuperé la totalidad de mis sentidos pude distinguir los gritos que venían de las calles, había un gran alboroto, así que me cambié lo más rápido que pude y salí para verificar que rayos estaba pasando. No podía creer lo que veía cuando salí, un grupo de banshees había entrado a la ciudad, con sus alaridos atormentaban a las personas y varios caían al suelo aterrados, habían sombras que atacaban a las personas, se movían velozmente, sus manos se tornaban en negras cuchillas que usaban para matar a las personas, los guardias no tenían armas bendecidas para hacer frente a esto, de entre las sombras aparecieron repentinamente dos siluetas que parecían atacarse una a la otra, no podía saber con certeza que pasaba, pero no podía esperar más.
- ¡Shinseina Firudo! - Mi campo sacro repele toda entidad negativa o y malvada, debería bastar para todo esto.
Llevé la energía hasta cubrir a la ciudad entera, nada podría quedarse mientras estuviese allí, o eso pensaba, las banshees y las sombras, incluso una de las dos siluetas había salido disparada hacia las afueras de la ciudad, pero una de ellas seguía allí, no se inmutaba, de hecho, parecía tranquilo mientras se acercaba lentamente, pude notar su rostro, se veía como una persona normal, pero no entendía el porqué de su aura tan sombría. Un estruendo nos sacó del trance, al parecer había ocurrido algo en dirección a la otra silueta, el sujeto frente a mi sacudió su cabeza y en un parpadeo desapareció entre las sombras. Busqué en la extensión de la barrera algún otro problema que tratar, pero no sentí ningún disturbio así que deshice mi magia.
- No hay muchas personas que puedan hacer eso, señorita. . . - De inmediato me alerté.
- ¿Quién anda allí?
- Soy yo, la encargada, salí para tratar de ayudar, pero por lo que veo, usted hizo todo.
- Escóndase, yo no hablaré - Sin siquiera despedirme me desvanecí a toda velocidad y me desplace a mi habitación en lo que llegaban los guardias, muchas restricciones y deseosos de adquirir o mejor dicho robar, a nuevos magos para servirles, no podrían conmigo, pero o me escondo o no podré estar tranquila nunca más en este tiempo.
Pasaron las horas mientras trataba de conciliar el sueño pensando en esa persona tan extraña que no fue afectada por mi magia. Usé el encantamiento del sueño y coloqué una alarma para despertarme a las 10Am, todo ese alboroto entre las 2:30 y las 3:05 fue demasiado para mí, así que preferí dormir plácidamente.
- Buenos días. . . - Me dije a mi misma.
Una ducha, y una comida caliente bastaron para renovar mis fuerzas y emprender mi camino hacia el lugar en el que se desarrollaría esta misión. El Rey gobernante de este Reino, un historiador bastante terco y con una obsesión bastante molesta por las ruinas y todo aquello visto como algo antiguo, se interesó bastante en una ciudad un poco alejada de su Reino, al parecer tenía que ver con runas antiguas o construcciones distintas a las ya conocidas, quiso ir por su cuenta a dialogar con esos arquitectos y herreros rúnicos, pero se lo prohibieron porque por obvios motivos, un Rey no debería abandonar a su Reino por tales nimiedades, a final de cuentas nadie podía dar con tal ubicación debido a que habían pistas casi imperceptibles que guiaban hacia la entrada dentro de un bosque inmenso, eso se explica en un papel encantado en un poste a las afueras del bosque, se dice que tres grupos se adentraron y tardaron un mes en salir, el desafío sonaba interesante desde que me lo contaron en una taberna en Ixforn así que por eso vine aquí, francamente tenía muchísima curiosidad, hasta que me encontré con un desastre de impresionantes proporciones, el gran bosque que se extendía en kilómetros a la ronda, había sido quemado en toda su extensión.
A un lado de la entrada había un dragón negro de espalda al bosque, dragón que inspeccioné con sumo cuidado, aparentemente muerto, rodeado de una gran cantidad de guardias y aventureros, solo quedaba restos de lo que solía ser el bosque, en el medio del mismo había una ciudad, ahora chamuscada, era algo inaudito de presenciar, tal poder devastador, seria abrumador para cualquiera.
- Buen día - Me sobresalté.
- Buen día - Respondí por educación.
- ¿Sabrás que habrá pasado aquí? - Me preguntó un muchacho, al parecer no mayor que yo.
Un guardia y un aventurero se acercaron a responder por mí.
- ¿No lo ves? el dragón quemó es bosque, al parecer estaba herido y en su último esfuerzo llevó a cabo esta deforestación.
- Solo para morir después - Agregó el segundo.
- ¿Acaso les pregunté a ustedes? Le hablaba a la señorita, vayan a donde los llamen, aquí no los ha llamado nadie - Declaró el muchacho.
- ¿Qué sabrá una mujer de esto?
- La verdad desconozco que habrá pasado aquí, pero me hago a una idea - Respondí ignorando a los metiches que llegaron a interrumpirme.
- Me gustaría escucharla - Respondió él.
- Bueno, acabo de llegar, pero por lo que veo, esta ciudad oculta tenía un dragón guardián o algo parecido, eso explicaría el collar que tiene en el cuello, algo o alguien enfrentó a este dragón que trataba de proteger el bosque.
- ¿Qué te hace pensar que el dragón cuidaba del bosque? - Preguntó el muchacho que entre las risas del guardia y el aventurero difícilmente pude escuchar.
- ¿Por qué un dragón moribundo atacaría de espaldas a un bosque? De hecho, si se encontraba moribundo, cuál sería el sentido de quemar un bosque, que en toda su extensión necesitaría toda su fuerza y sobre volar el bosque para quemarlo, además de que el fuego se limitó al bosque, no hay rastros de quemaduras más allá del bosque.
- ¿Me equivoco acaso? - Pregunté tajante a los dos intrusos en mi conversación con el desconocido.
- Si. . . Tiene razón, no hay rastros de fuego más allá del bosque.
- Ahora, si proceden a retirarse, podría inspeccionar mejor, así no interrumpen mi trabajo.
- ¿Le encomendaron a usted este suceso?
- Tenía el trabajo de encontrar la ciudad oculta, pero al parecer habrá una misión nueva, ya que ustedes se largarán de inmediato a la ciudad de Nueva Lynem.
- ¿Quién te crees para darnos ordenes? - Respondieron obviamente molestos.
- Nigrum Omen - Escuché susurrar al extraño.
Segundos después un viento bastante lúgubre los envolvió a ellos y a todos los demás que estaba a poca distancia de nosotros, a pesar de la hora tan temprana, el cielo se oscureció, haciendo mella a través del miedo en las mentes de casi todos los presentes incluyendo a los caballos que habían traído consigo
- ¡Nos retiramos! - Exclamaron los dos cercanos, el resto los siguió tomando sus caballos y marchándose a toda prisa.
- Bunsan suru - Exclamó sorprendiéndome.
Acto seguido, el cielo se despejó, el viento amaino, el sol volvió a brillar como hace rato, en mi cabeza daba vueltas eso. ¿Había usado japonés? "pensé para mis adentros.
- ¿Qué raro es este clima verdad? - Preguntó él, con una gran sonrisa, mucho mas alegre y bastante simpático, como si hubiese estado de mal humor por la presencia de las demás personas.
- Si. . . Bastante - Ignorando su cambio de actitud.
Nos dispusimos a verificar el cuerpo del dragón, bastante dañado, cortes muy profundos, impactos profundos que lastimaron los huesos, alas rotas, piernas severamente lastimadas, era increíble ver todo el daño que recibió una de las creaturas más fuertes de este mundo. El extraño solo se dedicó a acompañarme, siempre cuidando su distancia de mí.
- ¿Quieres un poco de agua? - Me ofreció con una sonrisa, empezando a parecerme más simpático, alto, con un poco de cuerpo, de tez bronceada, ya me parecía hasta atractivo.
- Claro, me gustaría - Respondí sonriendo, acomodando mi cabello detrás de mi oreja.
- Hace mucho sol - Comentó él.
- Déjame arreglar eso.
- ¿Como?
Bajé mi mochila y saqué un recipiente en el cual tenía guardadas semillas variadas y unas bellotas, saqué una y la enterré a unos metros de distancia, guardé el recipiente y me dispuse a usar mi magia.
- Shizen hikari - Conjurando mi hechizo extendiendo mi mano frente a mí.
Un árbol empezó a crecer frente a nosotros de la bellota que había plantado, con la ubicación, el sol y mi magia, creció hasta los 7 metros, con ramas bastante amplias y pobladas para refugiarnos del sol, nos recostamos contra el árbol, uno al lado del otro, bajamos nuestras cosas, sacamos nuestros recipientes de comida, yo había guardado pan y carne de esta mañana, aparte de los peces que ya llevaba, él empezó a comer frutas que tenía guardadas mientras miraba mi comida con cierto disimulo, aunque admito que las manzanas y las naranjas que tenía se veían muy bien.
- ¿Cambiamos? - Le ofrecí, se notaba que amaba la carne y la verdad quería comer manzanas, tenía antojo.
Disfrutamos de la comida, todo cómodo, todo tranquilo, la brisa dejaba el ambiente fresco, todo bajo la sombra, la verdad era un buen ambiente y charlamos de cualquier cosa en el transcurso de la tarde.
- Deberías irte, ya es un poco tarde y hay camino por delante - Expresó porque ya se veía caer la noche.
- ¿Tu no vienes?
- Me quedaré acampando por aquí, tengo un compromiso, dejaré una manzana aquí por si regresas mañana y aún no he llegado - Expresó sonriendo y dejando la manzana entre las raíces del árbol.
- Oh, gracias, de todas formas, nos veremos mañana.
- Gracias por la buena compañía, espero nos veamos mañana.
- Claro, nos vemos mañana - Ambos dejamos nuestras cosas resguardadas en lo más alto del árbol, oculto entre las ramas. Solo me llevé mi bolsa.
Él se quedó de un lado del árbol así que aproveché que no me veía para trasladarme.
- Veil.
- Desgarro - Escuché detrás del árbol, pasando por el velo que me llevó a la ciudad de Akibahara, quería comprar unas cositas para llevar a mi casa en Venezuela.
Mayor fue mi sorpresa cuando al girarme, a unos metros de mí, en ese obscuro callejón a un lado de la estación del metro, estaba él, ese extraño con el que recién me acababa de despedir.
- Vaya sorpresa - Comentó
- ¿Qué haces tú aquí? ¿Quién eres? - Me puse en guardia.
- Calma, calma, no quiero pelear.
- ¿Cómo me seguiste? Solo el manejo temporal puede pasar las dimensiones.
- ¿Temporal? ¿Tú no manejas el espacio?
- El espacio no puede ser manejado
Él con mucha facilidad dirigió su mano hacia la pared, creando una distorsión en esa zona, cuando sacó la mano de la distorsión, tenía la misma manzana que había dejado en las raíces del árbol.
- Javier, portador de la muerte, aquella que llega a todos seres vivos, aquella que trasciende el tiempo y que eventualmente alcanza todo lo que esté vivo y maneja todo aquello que está más allá de la vida.
- Tu. . .
- Tu eres una portadora también ¿Cierto?
- Mei, portadora de la vida, aquella que maneja todo aquello bajo la luz, incluso algunos que no están en su favor, sostengo todo aliento de vida y lo que esta pueda comprender.
- Es un placer Mei.
- Es un placer Javier.
Las aves cantaban, las hojas danzaban mientras transcurría el alba, Mei yacía dormida en una bolsa para dormir, fue ganando sueño al transcurrir la noche, Javier terminó por contarme la historia que tanto interés me hizo tener en el transcurso de lo que debió ser una noche fría, pero al tener compañía se me hizo bastante cálida.
- Esa es la historia del cómo nos conocimos – Sentenció Javier con una sonrisa mientras se levantaba para estirarse.
- Me parece una historia fascinante – Agregué imitando la intención de estirarme.
- Querrás decir fantasiosa.
- Elijo que creer y que no creer Javier, por mí no te preocupes.
- Eres bastante raro. . .
Se quedó pensando unos minutos antes de proseguir con la conversación
- No nos dijiste tu nombre ¿Cierto?
- ¿Recién te das cuentas? Me sorprende lo relajado que puedes estar con alguien a quien no conoces y cuyo nombre desconoces.
- La vida no es tan complicada colega.
- Razón llevas.
- ¿Entonces?
- Dan es el nombre, Montenegro el apellido.
- No tienes cara de Dan.
- No es mi nombre original, lo cambié hace ya algún tiempo.
- ¿Cuál es tu nombre original?
Justo en la mención de mi nombre, escuchamos pasos cerca, tomé el cuchillo en mi bota y me coloqué a un lado de Javier, preparado para lo que fuese a suceder. Momentos después se asomó un venado de entre los arbustos.
- ¿Te dan miedo los venados?
- Solo me puse en guardia, pasa con cualquier ruido de improvisto.
- Bueno, no me pasa, no tiendo a considerar las cosas como una amenaza.
- Muy confiado al parecer.
- Es la costumbre Dan.
- ¿Qué crees que esté buscando?
- Seguramente a Mei, como podrás notar, los animales se sienten atraídos hacia ella.
- Estas cerca de ella, supuestamente no debería aplicar.
- A cierta distancia la suya se escapa un poco de la zona, la mía es más concentrada en un solo sitio.
- Vaya particularidad.
- Cosas de cosas supongo.
- Bueno, ya amaneció, deberíamos buscar las cosas para el desayuno.
- Estaré bien con unas frutas, tenemos en la mochila ¿Te apetece?
- Claro ¿Qué hay en el menú?
- De todo un poco, tu solo pide lo que quieras comer.
- ¿Maracuyá?
- La conozco por otro nombre, pero sí.
- ¿Manzana?
- Afirmativo.
- ¿Pera?
- Claro.
- ¿Sandía?
- Ya estas fastidiando.
- Tu dijiste que preguntara.
- Pero no seas exagerado.
- ¿No que muy risueño?
- Procede a joder a otra persona por favor.
Javier fue por su bolso, pero se detuvo a un lado de Mei para darle los buenos días. Me dispuse a dar una vuelta por los alrededores para contemplar el escenario que proveía la mañana en la sabana, cálido, agradable, tranquilo, me llenaba de paz y tranquilidad, era sin duda alguna una buena elección el pasar el tiempo aquí, contando los días, buscando comida, para despejarse y alejarse de todo aquello que causé algún incordio en lo más profundo de la mente.
- ¡Dan! – Escuché a mis espaldas.
Me giré y era Javier que me llamaba con unas manzanas en mano las cuales me arrojó y atajé sin ningún problema.
- ¿Todo bien?
- Si, solo divagaba en mis pensamientos.
- Deja las tonterías un rato, créeme que no debes ocupar tiempo en nimiedades.
- Lo tomaré en cuenta – Nos acercamos al lugar donde se encontraban los restos apagados de la fogata de anoche.
- Buenos días Mei.
- Buenos días. . .
La noté pensativa, tratando de encontrar alguna forma de llamarme.
- Se llama Dan, cosita.
- Buenos días Dan – Mostró una sonrisa a lo cual le sonreí de vuelta.
Nos dispusimos a comer frutas, como personas sanas, conversando sobre temas aleatorios, algunos animales pequeños se acercaban a Mei buscando comida, ella gustosa les ofreció todo lo que quisieron hasta quedarse dormidos cerca de ella.
- ¿Esto se les hace normal?
- Más de lo que crees, ya estamos acostumbrados, por lo menos yo, Javier aún se pone como niño pequeño.
- Esto nunca me pasaba estando solo – La abrazó – Esta experiencia la vivo gracias a ti, por supuesto que actuare de esta manera siempre, es divertido tener animales cerca.
- Muy fan de la vida silvestre por lo que veo.
- Siempre y cuando no tengan intenciones asesinas hacia nosotros, sí.
- ¿Quejas con el escorpión de anoche?
- Iba a picar a Mei, estando juntos, algunos animales tienden a mantener su comportamiento habitual, los agresivos, sobre todo.
- Hay una falla en tu lógica.
- El gato de ayer no cuenta, se le notaba bastante manso, seguramente era hembra y sus crías estaban cerca.
- Nunca lo sabremos, aunque es agradable ver ejemplares tan dóciles, me cansa tener que lidiar con animales agresivos.
- Bueno, vamos a caminar un poco para bajar la comida, tengo entendido que hay una laguna cerca de aquí, podríamos echar un vistazo y conocer mejor la zona ¿Qué les parece?
- Me agrada la idea ¿Mei?
- Los sigo, solo quiero aprovechar mi tiempo libre para descansar un poco más.
- Dormiste casi toda la noche gran floja.
- Es que dormir es bueno para la salud y yo quiero estar muy sana.
- Floja es lo que eres.
- Que tierno es ver a una pareja que se lleva tan bien como ustedes.
- Somos ideales – Exclamó Mei acomodando su cabello tras su oreja con una sonrisa de triunfo.
- Humilde la señorita.
- La verdad tenemos nuestras discusiones como cualquier pareja, nosotros no empezamos a salir precisamente por estar enamorados.
- ¿Ah no? Qué curioso.
- ¿Algún problema? – Me increpó Mei.
- Para nada, solo me parece curioso que sean tan inteligentes.
- No entiendo – Respondió Javier.
- Las mejores relaciones no siempre empiezan por estar enamorados, la verdad, estadísticamente hablando, empiezan a salir y aprenden a tener amor el uno por el otro.
- Pues básicamente es eso, nosotros lo hicimos de esa manera.
- Pues no soy reacio a seguir escuchando sus historias.
- ¿Ustedes siguieron despiertos toda la noche?
- Si, me gusta contar la historia y a él pareció interesarle, obvio tenemos sueño, pero nada grave.
El viento empezó a soplar con gran fuerza, las ramas de árboles aledaños se estremecían y crujían, tuve que tapar mis ojos con mi antebrazo para evitar recibir parte de la tolvanera.
- ¿Creíste la historia?
Algunos pasos delante de mí se encontraban ellos dos, Mei quien me había hecho esa pregunta se encontraba frente a Javier, ella mostró un destello en sus ojos, una mezcla entre verde y amarillo, ambos bastante brillantes. Javier que apenas y giró la cabeza para mirarme de reojo mostró un tono más sombrío, una mezcla de purpura con negro y un destello azul. Con mi mano derecha tracé una línea imaginaria frente a mí, desde arriba hacia abajo, el viento se calmó, lo que pareció sorprenderlos.
- Yo elijo que creer.
- ¿Acaso tú? – Cuestionó Mei.
- Me pareció una historia fascinante, podría escuchar más historias parecidas, nunca me cansaría, es bueno tener buena compañía – Expresé mientras avanzaba hacia ellos palmeando sus espaldas.
- El día apenas comienza, vamos a disfrutarlos al máximo empezando por una buena expedición Dan.
- Claro. . .
Unos minutos después reanudé la conversación.
- Entonces ¿Cuál es su animal mitológico favorito?
- No he pensado en eso – Respondió Mei.
- ¿Por la cantidad que hay?
- Es más por el hecho de que no me importa mucho pensar en algo a lo que estoy acostumbrada.
- No lo entiendo.
- ¿Hablarías constantemente de la comida que ingieres todos los días?
- Se me hace muy aburrido.
- Es lo mismo, como hablar de los animales que ves hasta que ya no tienes nada más que decir.
- ¿No eres muy creativa cierto?
- Soy realista Dan.
- Aburrida es lo que eres – Agregó Javier.
- Tu tampoco hablas de algo a lo que estás acostumbrado todos los días.
- No, pero tengo algo de creatividad señorita aburrida.
- Si aja, señor no me gusta como cocina Mei.
- ¡Serás rencorosa!
- No me hables.
Javier se acercó para abrazarla y sacudirla un poco.
- ¿Ves cómo consigo lo que quiero?
- Manipuladora.
- Exagerado.
- Ese es mi título señora, no me lo quite – Contesté yo.
- Bueno, cuéntanos una historia ya que te contamos una.
- También estoy interesado en escuchar alguna de tus anécdotas
- No tengo nada que contar que sea tan interesante como la suya.
- Pues es su problema señor, empiece a contar – Contestó Javier.
- Vaya que, si son pesados, no tengo nada interesante.
- ¿Asustado Montenegro?
- Ni un poco.
- ¿Acabas de hacer una referencia Mei? – Preguntó Javier.
- Dijiste que no soy creativa, te quiero ver tragándote tus palabras.
- Bueno ya, ok, les contaré una anécdota de las mías en lo que vamos camino a la laguna, pero si se aburren no quiero quejas después.
No recuerdo la última vez que hice un viaje de exploración, algo que pudiera hacer solo o acompañado con la finalidad de distraer mi mente de todo aquello que me aquejaba, un tortuoso baile sin ritmo, carente de final y con una sinfonía falta de armonía, una melodía desafinada guiaba mis pasos hacia el desastre, todo sin siquiera haber puesto un pie en la montaña, mucho antes de siquiera salir de mi hogar, momentos antes de despertar, ya desde allí me sentía profundamente extendido en el suelo del abismo. Tantos años estuve dándolo todo para que, a final de cuentas, alguien más le diera todo a ella en una cama. Ardían mis ojos, al igual que mi sangre, posiblemente ennegrecida por la toxicidad del estrés en mi sangre, todo acumulado a la falta de descanso y al impacto de ver esa escena frente a mis narices. Estuve a punto de matar al bastardo, sin siquiera verlo a los ojos, pero tuve el atisbo de duda en si hacerlo con mis propias manos o ir a la cocina a buscar un cuchillo, hasta que los vi directamente, ese par de ojos tan familiares, los cuales vi en mis peores momentos, incluso en los mejores, pertenecientes a quien llamé hermano alguna vez.
- Dan, por favor, es una historia, algo interesante, me estas deprimiendo.
- ¿De quién es la historia Mei?
- Si hermano, pero por favor, es un lindo día, cálmate con eso.
- Si quieres conocer una historia, debes saber su origen.
- No tan tortuoso por favor.
- Les dije que no quería quejas.
- Vale, sigue como quieras.
- Gracias.
Llegué a la madre patria y celebre con un trago de vodka, me reuní con unos conocidos que vivían allá, me quedé un par de días pensando en que pasaría con mi vida más adelante, al final dormí un par de días para descansar mi mente y reservar energía para la escalada que haría en otro momento. El monte Elbrús era mi destino, a fuerza de voluntad tengo que superar esta situación y esa escalada, con honor hasta el final por mi propia salud mental.
- ¿Escalaste el Monte Elbrús?
- Si, lo hice hace tiempo ya, este es solo uno de los tantos viajes que he hecho.
- ¿Cuál era tu trabajo antes de todo esto?
- Escritor.
- ¿Escribir te dio para tus viajes?
- En realidad me dio para seguir vivo y cómodo, escribir abrió puertas y me ayudo a conectar con otras personas, personas que me brindaron abrigo y comida en sus hogares alrededor del mundo.
- ¿Eres un escritor famoso?
- No lo sé la verdad, solo sé que recibo invitaciones, cuento historias, disfruto la vida y ya, como Javier dijo, la vida no es tan complicada Mei, en adición a eso, las nuevas amistades traen cosas nuevas y nuevas oportunidades.
- Con buenos amigos la vida es sencilla ¿Correcto?
- Alguien que entiende de que trata la vida, por eso me caes bien Dan.
- ¿Continuo con la historia?
- Por supuesto, veamos cómo termina.
Después de un par de noches de descanso y con esos días buscando el equipo recomendado para escalar, estaba más que listo. Esa misma mañana se acercaron quienes me recibieron, Peter, Ross y Malia.
- ¿Estás seguro de esto Dan? Es un sitio peligroso y pretendes ir solo a un lugar que ni siquiera has visto ni una sola vez en toda tu vida.
- Calma Malia, puedo con esto, conoces mis capacidades.
- Por eso lo digo, eres un flojo.
- Vaya apoyo que me estás dando.
- Malia tiene razón Dan, no deberías hacer esto, vas a morir.
- Vaya, siento tanto apoyo Peter.
- No estamos jugando, Malia y Peter tienen razón.
- Ross. . .
- ¿Estas definitivamente seguro?
- Si Ross, estoy seguro, ustedes tranquilos.
- No queremos que vayas, lo estuvimos hablando y ya antes de eso se escuchaba peligroso, ni siquiera vas a contratar un guía.
- Tengo un mapa.
- Ay hermano, usted no sabe cómo cambian las montañas.
- Bueno basta, me largo – Me sujetó Malia por el brazo derecho.
- Quédate, beberemos y comeremos, veremos películas, lo que sea que quieras, pero quédate – Me solté.
- Les prometo volver cuando baje la montaña, tenga fe en mi fuerza de voluntad y mi fuerza física.
- ¿Cómo podemos tener fe en algo que nunca hemos visto?
- Se pasan. . . – Expresé con los ánimos bajos.
- Ya pues, es jugando, no estamos de acuerdo con que vayas, pero si lo necesitas, te apoyamos.
- Gracias amigos, ya me está esperando el transporte.
- Cuídate Dan – Ocurrió un abrazo grupal.
Atravesé el umbral de la entrada y fui rumbo a la montaña en un transporte que había conseguido con alguien de la zona de Kabardia-Balkaria. El viaje transcurrió tranquilo, me sumergí en mis pensamientos, de nuevo viendo todo el panorama de sucesos en mi vida a tal punto que cuando me despejé, ya estaba en la base de la montaña, estaba sorprendido de mi capacidad de abstracción de la realidad, aunque fue conveniente haber llegado sin prestar tanta atención.
Emprendí el viaje de camino al pico de la montaña, fueron varios días pasando el campamento base, aclimatándome y agarrando un poco más de fuerza y entrenamiento para subir a la cumbre, el refugio era acogedor aunque ninguno de los presentes sabía que subiría solo puesto que habían muchas personas alrededor, no era recomendable hacer este viaje solo, la ruta norte es por mucho la más difícil de las dos y los guardias de seguridad y personal del campamento siempre estaba pendiente de todo, los días seguían pasando y aunque ya estaba allí, realmente me sentía cómodo. Un día más y me dispuse a subir, un extraño se acercó cuando me vio intentando pasar a los guardias y me detuvo.
- Deberías tener cuidado mucho, hay lugares inexplorados en esta montaña, incluso se comentan cosas de avistamientos y monstruos rondando en los lugares alejados de los campamentos.
- ¿Leyendas de que tipo?
- De lo que hay en cada montaña, cosas y sucesos para llamar la atención, fantasmas, espíritus, mendigos, pie grande, alienígenas, ya sabes, lo de siempre.
- Pero nunca he escuchado de esos casos en esta montaña.
- Por eso yo pienso que al menos los de aquí deben ser tomados en cuenta, de una forma u de otra.
- ¿Tratas de evitar que suba solo?
- ¿Quieres subir solo?
- Rayos – Se me había escapado sin querer mi intención.
- Hay un camino, dos mil metros a la derecha de este campamento, hay un camino, evitado por todos y alejados de toda visión del camino principal, da directamente a la montaña, sin atajos, empinado, con varias capas de hielo delgado y el último tramo es una escalada.
- ¿Cómo conoces de este camino?
- Sabrás que los lugareños y los expertos tienen sus cuentos para aquellos que son dignos de merecerlo.
- ¿Me hayas digno?
- Me da igual si lo eres o no, yo solo escuche a escondidas.
- JA, JA, JA.
- ¿De qué te ríes?
- Viejo bastardo, me mataste de risa.
- Te dejaré ir por ese camino con una sola condición.
- ¿Qué deseas que encuentre?
- Si lo encuentras, tráelo, esa noche no estaba solo.
- ¿A qué te refieres?
- Lo sabrás si lo encuentras.
- Bueno, gracias, si lo encuentro, te lo traeré.
Me escabullí por debajo de un cercado que se veía forzado, caminé durante un rato hasta que encontré un sendero que seguía el mismo rumbo que el camino del campamento, pero se me hacía curioso que solo estuviese el camino en dirección a la cima, pero no había rastro alguno de que fuese más abajo del campamento. Sin darle más vuelta al asunto, caminé. Salí del campamento a las 4:00Am y mi primer descanso fue debajo de una saliente donde no llegaba tanto el viento, justo a las 7:00Am me vi contra la saliente para tomar un respiro, el frio me tenía agotado y el camino era bastante empinado, sin dudar continué caminando, esta vez sin descanso, el aire se sentía más pesado, cargaba mucho equipo ¿En realidad era eso? ¿Esto fue una mala idea? ¿De verdad me habré equivocado? ¿Qué estoy haciendo aquí? Joder, mi mente ya me estaba fatigando ¿Es eso o es la razón la que me está hablando? Sacudí la cabeza para disipar la bruma de mi juicio que me estaba planteando retroceder.
- Joder, esto es muy cansado hacerlo solo.
- Si ya lo sabias ¿Para qué lo estabas haciendo? – Escuché a mis espaldas.
- ¿¡Quien anda allí!? – Me giré.
- ¿No reconoces mi voz?
- No veo nada, estoy aturdido ¿Cómo pretendes que lo haga?
- Enfócate, aunque siempre has sido terco cariño.
- No me llames así.
- ¿Ya sabes quién soy?
- No y no quiero hacerlo, vete y jamás regreses.
- Vamos, inténtalo – Sentí unas manos cálidas en mi espalda.
- Ni lo intentes.
- Anda déjate. . .
- ¡Jamás! – Golpeé con fuerza mi propia quijada cayendo de rodillas al suelo con peor orientación que antes.
- No vas a detenerme cerebro, me despedí del sentido común hace mucho, deja el miedo, sé que sabes que podemos hacer esto, pero temes equivocarte, temes a lo que has deseado hacer tantas veces esa noche, te entiendo, pero debemos avanzar, te gusté o no, y lo vamos a lograr – Me puse de pie.
Mi mente ya me estaba jugando sucio, no me detendría, sin importar nada, si era su voz, su calor, su cuerpo, nada ni nadie, ni siquiera yo mismo podrían detenerme.
- ¿Qué hora es?
- No lo sé, déjame revisar – Vi mi reloj, mostraban las 6:17Pm
- ¡¿Qué?! No es posible, hace poco todavía era de mañana.
- ¿En serio no te diste cuenta?
- ¿De qué demonios tengo que darme cuenta Dan?
- De que has estado hablando contigo mismo desde hace horas, aislando tu mente y tus sentidos para no agotarte tanto mentalmente, Dan.
- ¿Por qué me llamas así?
- Porque eres yo y yo soy tu, deberías despertar, estar por colapsar.
- ¿Qué?
Abrí los ojos, todo estaba obscuro, había otra saliente a mi izquierda, debía montar un campamento rápido, tarde me di cuenta de que mis piernas no me funcionaban, no podía caminar, me sentía entumecido y sabía que había subido demasiado, todo era diferente, las formaciones rocosas, lo empinado, el panorama ¿Qué había pasado? ¿De nuevo me aislé? ¿Qué rayos? Tenía la garganta seca, me sentía sediento, tenía mucho frio, tomé una de mis botellas especiales y tomé un trago del chocolate aún caliente y lo tapé con la misma velocidad, golpeé mis piernas, traté de moverlas y pude avanzar un poco, paso a paso hasta la saliente de la cual podía cubrirme, una vez sentí el viento calmarse me quité el protector de los ojos y cuando sentí que iba a golpearme contra la pared, en realidad caí en el suelo, no era una saliente sino una cueva.
- Vaya lotería que me saqué.
Pude moverme un poco, sentí un dolor horrible recorrer mis piernas en cuanto las pude relajar un poco, como pude tuve que montar la tienda para refugiarme del frio, lo estaba haciendo todo muy rápido, me forzaba todo lo que podía para sobrevivir.