Capítulo 2

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Días después

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Laurence iba pedaleando por un camino lleno de árboles inmensos, era una vista hermosa. Montana es una zona montañosa rocosa a llanuras, era una increíble vista. Llevaba recorriendo tres días sin importarle mucho la suciedad de su cuerpo continuó pedaleando hasta encontrar un río y tomo un pequeño baño y un enorme descanso hasta tarde porque no había dormido bien los días anteriores; sus comidas eran pequeñas porciones sin intención de terminárselo, esos días perdió peso.

Cuando despertó por la noche continuó su viaje por Dakota del Sur, el dormir lo hacía en lugares donde él se encargaba de limpiar y le parecía que no era peligroso. En la ciudad de Wisconsin le dieron un aventón hasta la ciudad de Chicago, donde el chico de ojos verdes se sorprendió de ver los rascacielos.

—Gracias por el viaje, señor Wellington.

—De todos modos, tenía que venir a la ciudad por unos pedidos, cuídate, muchacho y espero te vaya bien en tu viaje.

—Gracias.

Laurence se sintió agradecido por ese hombre mayor que le ayudo cuando sintió que no podría avanzar. El joven de ojos verdes continuó su viaje olvidándose de la vida anterior, estaba dispuesto a crear nuevos recuerdos. Ohio era un sitio frío, se detuvo durante esos meses por el frío y posible tormenta de nieve que duraría hasta principios de marzo; una familia amable le ofreció asilo y él les ayudo en hacer leña para los días fríos y ellos le regalaron ropa de su hijo que tenía la misma edad que Laurence.

—Le contaste a mi familia que vivías en Seattle ¿Hay algo bonito ahí? —El chico era de aspecto normal, con el cabello medio largo, mucho trabajo en agricultura.

—Si, donde yo vivía no es nada distinto a esta ciudad, a excepción que vivía en una casa tradicional.

—Entiendo, es difícil la vida de agricultor, pero más adelante en la ciudad encontrarás una vista agradable y lo mejor de Ohio. —Los ojos del chico brillaron—. Me encantaría dejar esta zona y vivir en la ciudad.

—Vivir en un rancho también es bonito, Alec. ¿No te gusta nada de Ohio? —Ambos chicos levantaban leña a una carretilla que llevarían adentro de la casa.

—Solía gustarme lo que hacía, pero desde que visite el año pasado la ciudad tengo la idea de irme a la ciudad.

—Está bien tener ambiciones de no quedarse en el mismo lugar, pero no es bueno rechazar donde te tocó nacer. —El chico le sonrió—. A veces las grandes ciudades solo son un espejo que te muestra lo hermoso, pero has pensado ¿Qué harás cuando estés allá? ¿De qué vivirás? ¿Dónde dormirás?

—Estoy aburrido de mis padres que solo andan detrás de mí como si quisieran controlar mi vida.

—No digas eso, cuando seas mayor y tengas tus propios hijos te darás cuenta por qué te cuidaban tanto. —El chico se quedó callado y continuó ayudando a Laurence con los leños.

Por la noche se sentaron juntos a convivir como una familia, Laurence sintió el cariño y bromas familiares, el hijo mayor de esa familia entendió que al irse lejos de su familia no podría vivir sin ellos, no sabría cómo comenzar a vivir sin ellos y sobre todo no tendría un techo cálido y no estaría su madre esperando por él. Su madre solo quería lo mejor para él y para su pequeña hermana, cuando la cena termino Laurence estaba viendo su mapa de viajes se acercó Alec.

—Tienes razón, Laurence —El chico de ojos verdes le miro no entendiendo de que hablaba—, la familia es importante y no sabré qué hacer sin ellos. —Laurence le sonrió y asintió—. Descansa, amigo.

—Igualmente, Alec.

Laurence se quedó más tiempo despierto pensando en sus amigas. Hace unos días, tuvo la oportunidad de hablar con Verónica. Ella le dijo que Alice no mostró interés con su desaparición. Al ver que no le importaba a su madre decidió continuar con su viaje sin importar el frío en el camino.

—Gracias por darme asilo en su hogar, señor Charles, pero tengo que continuar con mi camino.

—Pero el frío provocará que enfermes, Laurence —dijo preocupada la mujer de algunos cuarenta años.

—Gracias, por preocuparse, pero me detendré en algún lugar a pasar las tormentas.

—Alec, dale alguna de tus chamarras para el camino, te prepararé comida.

—Gracias. —La mujer le preparo sándwich y el chico le dio protección para sus oídos, guantes, pantalón y chamarra que impedían que su cuerpo perdiera el calor.

—Ahora sí, vas más preparado.

—Les agradezco por todo lo que hicieron por mí estos dos meses.

—Cuídate mucho, hijo —le dijo la señora haciendo que el corazón de Laurence se sintiera dolido porque no tiene a una madre que se preocupe por él.

—Lo haré, gracias.

La navidad se aproximaba, pero poco le importo al chico y continuo con su viaje llegando a Cleveland, donde le fue imposible continuar con su viaje porque enfermo de gripe y tuvo que rentar un departamento. Los dueños del edificio eran de edad avanzada, la señora llamada Minerva se preocupó por el ojiverde y lo cuido en su agonía. Cuando se curó de la fiebre y gripe, la señora Minerva le contó todo lo que menciono durante su agonía, el chico sintió vergüenza por la vida que le toco.

—No tienes por qué avergonzarte, Laurence. Es esa mujer que debe de sentirlo, tú eres un buen hijo, permíteme ayudarte.

—G-gracias. —Se limpió las lágrimas—. Buscaré trabajo el tiempo que esté aquí.

—Mientras tanto sería bueno que pases el fin de año con nosotros. Porque no tomas un baño y bajar a nuestro departamento a pasarla con nosotros.

—No quiero causar molestias, señora Minerva.

—Ninguno, te esperamos. —El chico asintió y se levantó a ver por la pequeña ventana que a un nevaba y las calles estaban cubiertas de nieve.

Decidió tomar un baño y subir a celebrar el último día del 2016. Al tocar la puerta el señor Samuel le atendió y lo hizo pasar a sentarse y hablar un poco.

—Estos meses que me quede aquí buscaré un trabajo porque las llantas de mi bicicleta se averiaron y necesito respuestas y los instrumentos para cambiarlas en el camino.

—Se dé un lugar, aunque no están recomendable para que sea tu primer empleo.

—No importa. Solo quiero comprar esos repuestos y continuar mi viaje.

—Te daré la dirección.

—Ahora llego el momento de la cena, ¡ven, Laurence! No seas tímido —dijo contenta la señora Minerva. Laurence se entretuvo escuchando su historia romántica de cuando se conocieron en 1950, cuando las relaciones eran a través de cartas, Laurence pensaba que podría enamorarse de esa forma no le gustaba el contacto físico con las mujeres y se lo permitió a la señora Minerva porque ella escuchó sus miedos y tuvo que contarle lo que paso en su vida.

El año nuevo llego, Laurence espero dos días y fue a buscar la industria que le menciono el señor Samuel. El siguiente mes se la paso trabajando y ayudado a la pareja de edad avanzada como si fuera un hijo y ellos siempre le invitaron a comer e incluso le rebajaron el costo del cuarto que estaba rentando. La tarde de la jornada laboral termino y Laurence regreso cansado de las largas horas cargando partes de autos porque era una industria automotriz.

—Hola, muchacho, ¿Cómo te fue en el trabajo?

—Cansado es normal. —El señor mayor asintió.

—¿Quieres pasar a comer? Minerva siempre se emociona cuando la pasas en el departamento con nosotros. ¿Qué dices?

—Por supuesto, iré a cambiarme. —El señor Samuel asintió, Laurence entro a su pequeño departamento a tomar un baño de una larga jornada, tendría que terminar los quince días para que le pagaran, 2448 dólares como le habían prometido.

Laurence bajo con los dos señores mayores, saludo a la señora Minerva. Los tres se sentaron a cenar y platicar algunas anécdotas de su vida pasada, eran solo ellos dos, pero no se arrepentían ahora que le habían brindado abrigo a un joven que lo necesitaba.

—Ahora cuéntanos un poco de ti, querido —dijo con ese tono cariñoso la señora Minerva.

—No tengo buenas cosas de mí, señora Minerva. El próximo mes cumpliré dieciocho años.

—¿Cuándo cumplirás años?

—El 8 de marzo.

—Te haré un pastel por adelantado, hace tiempo que no horneo.

—No es…

—Lo es. Tu cumpleaños son cosas buenas de ti.

—¿Cómo puedes no tener más cosas buenas de ti?

—M-mi madre dice que soy un monstruo y no debía ser feliz.

—¿Cómo puede maltratarte de esa forma tu madre?

—Yo nací diferente. No es un problema tan conocido en sus tiempos, pero se ha hecho tendencia en los últimos años. —El chico suspiro—. Nací siendo intersexual. —Los dos señores mayores se quedaron con un rostro confundido—. Lo siento, esto quiere decir que un bebé nace con el aparato reproductor sexual femenino y masculino… en algunos hay excepciones nacen con solo un aparato reproductor sin importar el género del bebé. En mi caso nací siendo niña, pero con mi parte íntima masculina cuando cumplí diez años me operaron y recibí un tratamiento de hormonas masculinizantes.

—Oh, pero ¿Cuál es el problema? Ahora eres un niño.

—Pero soy raro —dijo sintiéndose mal al ser diferente.

—Nada de raro, eres demasiado fuerte y guapo —le dijo con una sonrisa sincera, Samuel—. Mira que lo dice un macho alfa que se respeta.

—Gracias, señor Samuel —dijo avergonzado.

—Ahora brindemos por ti, Laurence, que tu viaje te traiga buenas personas y encuentres lo que buscas.

—Gracias.

Días después, cuando estuvo terminado su trabajo, Laurence paso a cobrar su dinero a la industria.

—Fuiste un ejemplar trabajador, pero no tienes seguro, papeles de Ohio y eso hace que te quede un total de 1632 dólares. —La sonrisa del hombre era de desprecio hacia las personas que trabajaban con él.

—Algún día alguien le cobrará todos sus robos. —Tomo su dinero y salió azotando la puerta.

Laurence se fue a comprar las ruedas de la bicicleta dejándole solo 1100 dólares, fue rápido al departamento a recoger su ropa y bajo al departamento de los dos señores mayores.

—¿Qué paso, Laurence?

—Ya he terminado mi trabajo y quiero darle esto. —Le extendió el dinero.

—No puedo aceptarlo, Laurence, nos has contado que vas a viajar hasta Pensilvania y te falta millas que recorrer.

—Lo sé, pero tengo dinero para ese viaje, esto no lo voy a necesitar —La señora mayor lo acepto un poco apenada—. También vine a despedirme.

—No pensé que llegaría tan pronto este día. Deseo que encuentres muchos amigos en tu camino. —La señora Minerva lloro.

—Gracias, señora Minerva, por su hospitalidad, comidas y ese sabroso pastel. Ustedes dos hicieron mi cumpleaños adelantado agradable.

—Cuídate mucho en el camino. ¿Me permites darte un abrazo?

—Por supuesto. —El chico fue abrazado de manera maternal.

—Cuídate mucho, Laurence. Deseo que encuentres a tu padre.

—Es lo que más quiero. Nos vemos. —Laurence salió del departamento y del edificio se encontró al señor Samuel al dar la vuelta que lloro un poco porque se acostumbró a las pláticas con el joven ojiverde, pero entendía que él buscaba a su familia (el señor Samuel no se enteró de la historia de sufrimiento del chico).

—Buen viaje, Laurence. —El chico le sonrió y se subió a su bicicleta.

Laurence disfrutaba manejar rápido, pero antes de salir de la ciudad decidió buscar una caseta telefónica y marcarle a Verónica. Ella le contó que tuvo problemas con Bella, pero días después lo pudieron resolver, también se enteró de que Emily, su hermana menor, estaba embarazada de Logan. Decidió descansar casi a las afueras de la ciudad de Ohio, quería ver el letrero “bienvenidos a Pensilvania, Estados Unidos de América”. Por la noche escucho el sonido del bosque, se cubrió bien por él, poco frío de la noche que en verdad las noches sin techo se volvían frías.

La mañana llegó, Laurence sentía entumecido el cuerpo debido al frío, decidió comer una enorme barra de chocolate para entrar en calor; el viaje empezó con titubeos, pero al entrar en calor no le importo mucho el clima, durante el viaje de algunos minutos la bicicleta perdió los frenos y al ver el letrero de Pensilvania la llanta trasera sé poncho provocando una espantosa caída que lo dejo en el suelo por media hora. Al levantarse, arrastro la bicicleta hasta una tienda cercana a la carretera, Laurence se limpió el rostro porque no pudo tomar un baño durante su viaje, tenía heridas pequeñas en los dedos, codo y rostro, cuando estuvo presentable entro. El señor le saludo en cuanto vio al chico alto, atlético y atractivo. Laurence busco un sándwich y una botella de agua, cuando encontró una pequeña botella de alcohol para curar sus heridas paso a pagar.

—¿Cuánto le debo, señor?

—Son 27 dólares. —Laurence asintió y le dio el dinero. El chico sintió que le veían al buscar quién era encontró a una chica delgada, bonita y de piel canela. Laurence no sabía cómo reaccionar, ninguna chica de su edad le veía de esa forma como ella lo hacía, el vendedor le dio su cambio regresándolo a la realidad.

—Gracias. —Salió de la tienda, el joven de ojos verdes se sentó en la banqueta de la tienda a curarse los dedos, codos y rostro; estaba preocupado por donde dormiría ese día porque las noches se volvían más frías. Eran las diez de la mañana, tenía que continuar su búsqueda caminando y debía preguntar por Michael Wood.

Kailyn Miller es una joven de familia agricultora en la ciudad de Pensilvania, el rancho que tiene su padre está lleno de animales como: ovejas, vacas, caballos, cerdos, gallinas, gallos y pollitos; Kailyn vive con sus padres (Susan Pearson y Alexander Miller) y hermana menor Sofía. Ambas hermanas Miller cuidan de los animales, Alexander Miller es muy conocido en la ciudad de Pensilvania por tener la mejor familia y las mejores cosechas. Los Miller son felices con su vida tranquila y de campo; Susan se levanta muy temprano a preparar el desayuno para que hagan sus actividades por la mañana.

A Kailyn le faltan dos meses para cursar al segundo año del instituto y aunque tiene problemas con varios compañeros que le hacen la vida imposible, está contenta de tener a sus dos amigas. Kailyn se encontraba en la tienda a comprar kilos de azúcar porque Susan olvido comprar en la ciudad, las tiendas en la zona de ranchos eran escasas y se ubicaban a varios kilómetros de distancia. Kailyn esa mañana decidió irse en su bicicleta, era una buena forma de pasar un domingo por la mañana, cuando llego a la tienda saludo como de costumbre a don José que es el vendedor. Kailyn busco los kilos de azúcar, pero al escuchar la campanita de un nuevo cliente quedo hipnotizada por el guapo chico, Kailyn nunca en su vida adulta había sentido tanto interés en alguien, no después de que el chico más guapo de Pensilvania se burla de ella, Alexander está empeñado que su hija sea pareja de Félix Graham; hijo de la familia encargada de exportar las cosechas de los agricultores.

Esa era la ambición de Alexander que sus hijas se casen con los mejores hombres de la ciudad. Kailyn al ver a ese chico irse de la tienda recordó cuando tenía cinco años y conoció al hijo del Michael Wood, el único día que le vio y quedo flechada para toda una vida de esos bellos ojos verdosos y le prometió que le buscaría cuando creciera para casarse. Kailyn salió de su trance al darse cuenta de que se mantuvo mucho tiempo en sus pensamientos, se llenó de valor y decidió acercarse al chico, pago los kilos de azúcar y compro dos galletas que traían notitas al azar. Kailyn salió de la tienda y lo vio curándose la herida que tenía en su codo, se acercó con lentitud.

—H-hola, no eres de aquí, ¿verdad? —El chico le miro cubriéndose un poco de la poca luz que le lastimaba los ojos.

—Eeh, hola. Soy de Seattle —dijo con timidez.

—Creo que queda lejos, soy Kailyn Miller, un placer conocerte… —Laurence tenía timidez de verle a los ojos porque tenía esos pensamientos que todas las mujeres le juzgan.

—Laurence Wood.

—¿Eres algo del señor Wood? —Kailyn tenía la esperanza de que ese chico de ojos verdes fuera ese niño de hace doce años.

—Si es mi papá, ¿Lo conoces? —Laurence sintió alegría al escuchar el apellido de su padre.

—Si vive como a un kilómetro de mi casa. ¿Qué te trae por aquí? —dijo con un poco más de confianza.

—Es una larga historia, Kailyn, ¿me ayudarías a llegar a la casa de mi papá? Por favor

—Por supuesto, pero ahorita, él está fuera de la ciudad, por lo que sé, va a regresar como en mayo.

—¿Estás muy informada?

—Él es uno de los más conocidos aquí, aparte de mi papá, bueno, y otras familias. —Laurence asintió.

—Bueno, me sería de ayuda si me acompañas.

—Sí, vamos. —Kailyn miro la bicicleta en mal estado que estaba a un lado del chico de ojos verdes—. Tu bicicleta quedó inservible.

—Viajar desde Seattle hasta aquí fue largo y cansado, pero tendré tiempo de arreglarlo.

—Vamos caminando, ¿o te molesta?

—La verdad, no. Estoy realmente cansado, pero otros kilómetros más no me harán daño. —Ambos sonrieron.

—Si quieres le puedo pedir a mi papá que te dé asilo, mientras regresa tu papá.

—Gracias, ¿pero no crees que me estás dando mucha confianza?

—No lo pienso, además te conocí cuando tenía cinco años. —El chico se quedó pensativo al ver el rostro melancólico de Kailyn. La chica decidió contarle algunas cosas del pueblo logrando que Laurence le diera toda su atención y preguntara algunas cosas, ambos caminaban con comodidad.

—Iniciaré mi segundo año aquí otra vez —menciono el chico de ojos verdes, Kailyn sentía esas mariposas en su estómago de cuando te gusta alguien, la piel del cuerpo de Laurence se veía bronceada por el viaje, Kailyn sentía muchas ilusiones con un chico guapo, pero la realidad le golpeo al recordar un chico guapo jamás se fijaría en ella porque terminaba siendo rara.

Capítulo 3

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Pensilvania, 2017

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Laurence y Kailyn continuaban caminando bajo la sombra de árboles tan verdes que se veía surrealista, el camino al principio era tierra, pero en cuanto doblaron por una curva se volvió más estrecho con piedras. El clima bajo un poco por el viento haciendo temblar ligeramente a Kailyn, el chico de ojos verdes lo noto.

—Protégete con esto. —Laurence le dio una chamarra que tenía en su mochila.

—Gracias, Laurence.

—¿Falta mucho para llegar? —Kailyn sonrió y asintió de forma tímida. En unos segundos tuvo pensamientos tontos con el chico atractivo. Laurence pensaba que Kailyn es una persona agradable y que confió en él sin conocerlo lo suficiente, le parecía rara, pero igual creía que era agradable—. Entonces, ¿vas a comenzar el segundo año de instituto? —pregunto Laurence.

—Sí, estoy muy emocionada que termine el año y comenzar el segundo.

—¿Tienes otros amigos?

—Eeh, no soy tan conocida en el instituto. La mayoría que asisten vienen de la zona centralizada.

—¿Entonces el instituto dónde queda?

—Como a dos kilómetros, de esa tienda donde compraste hacia la izquierda porque tú llegaste del lado sur, ¿no?

—Sí, no entiendo la razón por la cual no tienes muchos amigos, eres bastante amigable y hablantina.

—Eso no es importante aquí.

—Supuse que las personas clasistas no existían en una zona tan tranquila.

—En todo lugar hay distinción de clases, puedo enseñarte algunas costumbres en Pensilvania, ¿si gustas?

—Por supuesto —dijo con timidez el chico por el cambio de ánimo de Kailyn. El camino se volvió un campo verde para ambos lados del camino.

—En cuanto el clima cambie a primavera, mi papá sembrara maíz.

—Eso se escucha genial.

—Lo es, los tractores arando la tierra, ¡Te acostumbrarás! —dijo emocionada, Laurence asintió y continuó caminando mirando el pasto verde a lo lejos—. Estamos llegando a lo que es el rancho de mi padre.

—Es muy bonito. —La casa se apreciaba desde donde estaban—. Supongo que es tu casa esa que se ve desde aquí.

—Así es. Papá prefiere tener una cerca enorme alrededor para que nuestros animales no se vallan, pero le falta la parte trasera del enorme rancho.

—¿No tienen problemas con los otros dueños?

—No, cuidamos muy bien que no se escapen del rancho, papá ha estado muy ocupado por esa razón, le ayudo. —Laurence no dijo nada y continúo caminando—. Puedes dejar tu bicicleta en mi casa para que no sea tan incómodo el camino a la enorme casa de tu papá.

—Gracias, Kailyn. —Le sonrió un poco mientras Kailyn sonreía emocionada.

La casa de Kailyn era grande y detrás de esta había otra más pequeña, de cerca se veía muy bonito.

—Es muy bonito y la casa es preciosa. —Laurence dejo su bicicleta donde le menciono Kailyn y continuaron caminando con destino a la casa del señor Michael Wood.

—Eso que no has visto todo el terreno y los animales. —Kailyn se notaba feliz con solo hablar de la vida en el rancho y de su familia.

—Cuéntame, ¿tienes hermanas o hermanos?

—Una hermana menor, su nombre es Sofía, pero le gusta que le digan Sofí, tiene diez años y es muy amable.

—Igual que tú. —Kailyn miro algo interrogante al chico de ojos verdes—. Creo que también eres alegre, son buenas cualidades en una persona. —La chica de vestido floreado se sonrojó.

—No soy eso, solo actuó como me han enseñado mis padres, tú eres misterioso y tímido.

—No soy nada de eso, suelo meterme en problemas, debo mostrarte algo. —Abrió un poco su mochila mostrando el marranito que Verónica le dio, decidió conservarlo para una emergencia, pero siempre le brindaron ayuda.

—¿Te lo dio tu n-novia? —dijo con duda, pero por dentro sintió dolor.

—No, mi mejor amiga. —Laurence sintió que no debía de darle detalles de su vida en Seattle—. Ella sabía un poco de la locura que haría y sin dudarlo me ayudo regalándome parte de sus ahorros.

—Es muy noble de su parte, ¿Por qué decidiste hacer este viaje? —Laurence se mantuvo callado y Kailyn decidió agregarle algo chistoso de ella misma—. Yo no hubiera sobrevivido tanto tiempo lejos de mi familia.

—No tengo una buena relación con mi madre y hermana.

—Oh, te presentaré a mi familia, ellos son agradables.

—¿Cómo es mi padre? —pregunto con pena.

—¡¿No sabes?!

—Era muy pequeño para recordarlo, solo he visto fotos.

—Veamos… ¿Recuerdas algo de ese viaje?

—No, mi mamá no me contaba cosas de mi niñez, por eso lo olvidé.

—Entonces debemos hacer nuevos recuerdos. —Laurence asintió—. Recuerdo que papá hizo una fiesta grande en honor al día de la cosecha… eso me lo contó mamá. Ese día te vi por primera vez, lo recuerdo porque nos tomaron una foto con ese trajecito de vaquerito y mi papá me ha contado que en esos tiempos no tenía una buena relación con el señor Wood, pero son buenos amigos. El señor Wood le ha ayudado en los peores momentos como agricultores, el año pasado nos ayudó con las ovejas.

—Supongo que aprenderé nuevas cosas, aunque estoy acostumbrado a trabajar de muchas cosas.

—La verdad es muy emocionante, pero estoy consciente que fuera de esto hay cosas mucho mejores.

—Hay cosas buenas, es difícil encontrar hijos unidos a sus padres, pero no parece molestarte en ayudarles. —Le sonrió con amabilidad.

—Trato de ser amable para que tenga el mismo trato, tal vez eso es lo que me hace diferente a las chicas de ciudad.

—Sí, todo se resuelve con ser amable.

—Como digas... Ya estamos por llegar a tu casa. —Se podía ver de lejos una casa grande y lujosa, circulada con una enorme reja. Ambos jóvenes se acercaron a la mansión color crema con techo de teja color ladrillo, un hombre alto y robusto se les acercó.

—¿Qué se les ofrece? —El hombre tenía una voz irritada al ver la vestimenta del chico, el hombre era la mano derecha de Michael Wood en la casa encargado de que todo estuviera preparado para el regreso del millonario, pero últimamente lo llegaba a molestar la pandilla de Félix Graham, eso hizo molestar a Laurence.

—No estamos interesados en robarle, estoy interesado en otra cosa, señor —dijo en tono alto y molesto.

—¿Entonces qué buscan?

—En primer lugar, no nos hable en ese tono que entendemos perfectamente lo que habla y vengo a buscar al señor Wood.

—¿Quién eres y por qué lo buscas? —pregunto con un tono irritante.

—Solo a él le voy a dar explicaciones, no a usted. —El rostro del hombre enrojeció, Laurence había aprendido de Verónica a fastidiarle la vida a las personas, le pareció gracioso porque de esa forma defendía a las personas, odiaba llegar a los golpes, pero no le importaba si podía defender a los débiles, pero él no se podía defender de Logan.

—¡No me hables de esa forma!

—Tal vez tenga razón, pero soy el hijo del señor Wood. —El hombre palideció porque el señor Michael Wood no era de hablar del tema de su vida privada con las personas ajenas a la familia.

—¿Qué estás diciendo?

—Soy Laurence Wood. —Kailyn miraba un poco molesta al chico por el tono que uso para hablar con ese hombre. Saco de billetera la identificación de la escuela porque a un no tenía una oficial.

—Lo siento mucho, Joven Wood.

—Está bien, ¿sabe a dónde fue mi padre? He venido desde lejos y quiero verlo, por favor.

—Él fue a New York porque dirige una empresa de modelos, él dijo que volvería en mayo. Deberían entrar a la casa.

—Voy a quedarme en casa de los señores Miller.

—Puedes cambiarte o asearte, les prepararé algún bocadillo —dijo con entusiasmo.

—¿Tiene ropa para mí? —El chico sintió alegría de saber que su padre le tomara en cuenta la edad que tendría en ese año.

—Sí, el señor Wood tiene muchísima ropa para sus hijos, también hay para tu novia. —Laurence sintió un poco de pena porque nunca había sido considerado como posible novio.

—No es mi novio —dijo con pena Kailyn.

—¿Quieres pasar, mientras tomo una ducha rápida y me cambio de ropa? —pregunto el chico hacia Kailyn.

—Si. —Los dos entraron, caminaban detrás del mayordomo—. ¿Así que decidiste quedarte en mi casa?

—No conozco a nadie del pueblo y me has hablado de tu padre grandes cosas y parece que él conoce a muchos. —Laurence no parecía expresar nada con su rostro.

—¡Te enseñaré el pueblo! —Se quedó callada al ver la casa por dentro—. Te debo aconsejar que debes ganarte a mi padre porque de la familia Miller es el más difícil. —Sonrió al recordar a sus dos amigas en el gallinero cuando decidieron ayudarle y todas las gallinas le siguieron asustándolas—. Hablando de otras cosas, si eres un año mayor ¿no deberías comenzar a estudiar el tercer año de instituto?

—Debería, pero tener bajas calificaciones y un viaje de meses me dejo nuevamente en segundo año, continuare cuando inicien las clases.

—Bien, entonces podemos ayudarnos. —Laurence asintió.

—Por aquí, joven Wood. Me llamo Roberto.

—Un gusto, Roberto. Discúlpame por hablarte de forma grosera.

—Discúlpeme, joven Laurence, pero han estado molestando algunos jóvenes y es la razón de mi molestia.

—Ya veremos quienes son ellos, ¿Cuál es mi cuarto? —Roberto lo llevo al cuarto de pequeño de Laurence, que solo estuvo unos días ahí, pero no lo recuerda.

—Este es su cuarto de cuanto era pequeño, es lo que me ha dicho el señor Wood. —En la puerta se podía ver “Laurence” con letras bonitas, Roberto entro mostrando un cuarto bonito—. Aquí está su cuarto de ropa. —Era un closet grande donde había ropa especial de Laurence, pero hasta el fondo se dejaban ver algunos vestidos que le pertenecían a Alice. La mirada de Kailyn termino al fondo al ver los vestidos bonitos y floreados—. Solo tiene que decirme para remodelarlo. —El chico de ojos verdes asintió y miro a Kailyn que veía los vestidos.

—Si los quieres te lo puedes llevar, nadie los usará. —Kailyn negó haciendo que el chico sonriera un poco—. Creo que eran los vestidos de mi madre.

—No puedo aceptarlos, Laurence. —El chico se acercó a los vestidos y Roberto le ayudo a meterlos en una bolsa y entregárselo a Kailyn.

—Eres conocida de mi padre, y quiero dártelo.

—Pero no somos…

—Podemos ser amigos y te lo doy como un obsequio.

—Lo tomaré, gracias. —Laurence busco playeras para llevar a casa de Kailyn.

—¿Piensas que debo llevar, para diez días? —La chica asintió—. Bien, entonces lo llevaré. —Rara vez dormía en otra casa y no sabía cómo comportarse con una chica tan bonita y llena de vida como lo es Kailyn.

—Puedo ayudarte a lavar si se pasan los días.

—Gracias, pero prefiero estar ese tiempo o menos, además yo también sé lavar mi ropa.

—Bien, puedes quedarte el tiempo que tú consideres justo.

Kailyn tenía una corazonada con ese chico de ojos verdes.

—Me siento con la obligación de ayudarte porque me has obsequiado esos preciosos vestidos.

—Está bien, ¿podrías continuar ayudándome a escoger ropa en lo que me baño?

—Por supuesto. —Kailyn se dedicó a buscar ropa mientras Laurence se sentía sucio en el baño y lloraba, al ver su cuerpo sin ropa lo primero que pasaba por su mente era asco y enojo. Tenía que pedir ayuda, de lo contrario escapar de casa no tendría sentido si él no superaba su vida en Seattle.

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