PDV. Isabella Di'Giotanno.
Desperté con un grito ahogado, bañada en sudor. Esta pesadilla fue más real que las demás. Soñé que todo era arrasado por fuego. La casa de la manada era reducida a cenizas y picaros nos atacaban por doquier y veía como toda la manada luchaba con fiereza. ¡Diosa! ¡Deja de enviarme esas pesadillas! No es la primera vez que sueño cosas así, pero en este último año, se han intensificado. No se han vuelto realidad así que por lo menos me quedo tranquila. Es muy probable que sea efecto de mi muy activa imaginación.
Me levanté, bajé las escaleras y me dirigí a la cocina por un vaso con agua. Al encender la luz casi pego un grito al ver a Eric sentado en la oscuridad.
“¡Que mierda Eric! ¡Qué haces ahí en la penumbra! Pareces un vampiro con los ojos brillantes en la oscuridad. ¡Casi me matas del susto!” le digo jadeando.
“Perdón, perdón, ¡no quise asustarte!” Me dice.
“Que haces aquí de todos modos. ¿Te ha pasado algo? ¿Por qué no estás durmiendo?”
Eric es el hijo mayor del Alfa y es el amado de toda la manada. Es un chico genial. Dulce, inteligente, gracioso y encantador. Es mi mejor amigo y lo quiero muchísimo. Cumplirá diecinueve años el próximo mes. ¿Creerán que es extraño que, con casi diecinueve años, aun este en preparatoria? No tiene nada de extraño. Cuando cumplió dieciséis y luego de asistir a la Valoración, Eric se fue de intercambio escolar a la manada real. Allí, estuvo un año. Jamás me ha contado que fue lo que hizo cuando estuvo ahí. Se niega a hablar de eso.
Volviendo a la discusión con Eric, él me dijo hace un mes atrás que no podemos ser amigos porque está saliendo con Juliette y que era muy probable que la escogiera como su Luna. Se alejó de todos sus amigos, solo porque ella se lo pidió. Jamás me ha caído bien Juliette. Encuentro que es una chica tóxica, con sus celos enfermizos, la cual no puede aceptar que una persona tenga amigos fuera de su círculo. Es la señorita popularidad, con su pelo rubio platinado, ojos azules y tetas gigantes. Muy diferente a como yo luzco. Bueno, excepto por las tetas.
Por lo tanto, a nadie le causó extrañeza de que Eric la escogiera como novia: La capitana del equipo de porristas y el capitán del equipo de futbol. Así que como podrán deducir, la situación no fue confortante, debido a que vivíamos juntos, pero sin vernos. Las familias de los Betas y de los Alfas, viven en la misma casa de la manada.
Él me mira extrañado, mientras me replica sarcásticamente, “como si te importara.”
Frunzo el ceño, molesta, mientras le respondo. “no seas injusto Eric. Tu no quisiste ser más mi amigo desde que estás de novio con Julie. ¿Acaso no recuerdas la conversación que tuvimos y lo duro que fuiste conmigo?”
Él se enoja mientras me responde desesperadamente, “lo sé, lo sé, la cagué, ¿está bien?”
Al verlo así, mi enojo desaparece. Suspiro y luego le pregunto, “¿me dirás que es lo que te pasa?” Le ofrezco un vaso con agua. El cual recibe.
Él mira hacia abajo mientras me responde, “Juliette me engañó con Mathias.”
Mathias es el “primo” de Juliette. Honestamente no sabemos quién es su familia, ya que llegó a la manada hace unos años atrás. Los padres de Julie dijeron que era un familiar así que para evitar preguntas incomodas, todos dicen que son primos, diez años mayor que nosotros.
“¿¿¿Qué???” Abro mucho mis ojos mientras coloco mis manos en mi boca, totalmente sorprendida.
Él suspira mientras cubre sus ojos con una mano. Luego responde, “sí, ahí está. Siempre tuviste razón con respecto a ella y yo estaba demasiado encaprichado para verlo con claridad.”
Yo le levanto una ceja mientras le respondo sarcásticamente, “¡Querrás decir que estabas muy caliente con ella!”
Eric abre mucho sus ojos, sonríe avergonzado mientras me responde rápidamente, “Está bien, está bien, sí. Ya asumí que tenías razón, como siempre. Como sea, Se acabó. Le dije que no quería que se me cruzara por mi camino. Que no existía para mí. Y que en la escuela más le vale de que no apareciera si no quería que hablara con nuestros padres. Imagínate, que asco verla besuqueándose con su primo.”
Me tomo un momento para procesar lo que Eric me está diciendo. Luego le pregunto, “¡Diablos! ¿Cómo lo tomó?”
Sarcásticamente, Eric responde, “¿Cómo crees?
Yo le digo, “Hum... Se me vienen un par de ideas a la cabeza.”
Eric demuestra su molestia, blanqueando los ojos mientras dice, “Lloró, mucho. Luego, continuó repitiendo que fue un error, que me ama. Ella dijo que me escogió como su pareja y que no le importaba si su pareja destinada aparecía porque creía que la Diosa de la Luna nos había reunido. Todos sabían que éramos la pareja perfecta, y bla, bla, bla.”
“¡Uy! Y a ti como te encanta el drama,” se lo digo con un tono de claro sarcasmo.
El me responde burlonamente, “Ja, ja. ¡Hilarante! Pues se acabó.”
Hago una mueca, mientras le respondo, “Lo siento Eric.”
“¡Como si lo dijeses en serio!” Me replica.
“Hum... No, en lo más mínimo. Honestamente nunca soporté verte con ella, pero respete tus deseos, como siempre lo hago.” Se lo digo mientras sonrío a lo que acabo de decir. Luego añado, “Pero por el otro lado Eric, recuperé a mi amigo... Te he extrañado…” y él me dice con una sonrisa, “¡Y yo también te extrañé a ti Isa!”
Estuvimos en la cocina conversando durante horas. Ya se veía el amanecer cuando Luna Ayme entra y nos mira diciendo, “¿Y ustedes que hacen aquí a esta hora? ¡Son las seis de la mañana!”
“Oh, se nos pasó el tiempo conversando Luna,” le respondo.
“¿Cómo estás mamá?” Pregunta Eric, colocando una mano en su mejilla.
“Por lo que veo, ¡mejor que ustedes!” Replica Luna Ayme.
Jajajajaj ambos reímos a la vez
“¿Ya se reconciliaron?” Pregunta Luna Ayme.
“Sí mamá, ya nos reconciliamos,” replica Eric.
“Eso significa, ¿qué dejaste de ser un idiota? Tú serás un hijo maravilloso, pero en ocasiones, ¡eres igual de testarudo que tu padre!”
“¡Ouch Má!”
Sonrío maliciosamente mientras digo, “Digamos Luna que nuestra Diosa ya le dio su merecido. No creo que vuelva a dejar a sus amigos por una novia, otra vez.”
“¿Qué te hizo Julie?, ¿Debo hacerle una visita?” Interroga Luna Ayme.
“¿Qué? No, mamá, ¡por la diosa! ¡Gracias por eso Isa!”
Estallo de la risa, mientras le respondo, “¡De nada buen amigo! Bueno, esto ha sido divertido, pero si me disculpan iré a ducharme. Con su permiso Luna.”
“Ve tranquila mi niña. Prepararé el desayuno antes de que la tropa se levante,” me dice Luna Ayme.
“Mamá, deberías dejar de hacer eso... ¡Tenemos suficientes omegas en la casa!”
Su voz suena dulce y cálida mientras le responde, “Lo sé cariño, pero me gusta hacerlo.”
Es lo que alcanzo a oír mientras salgo de la cocina. Luego escucho, “¡Wow! pero ¿quién es ese papazote? ¡¡Esta bien bueno eh!! ¡Lo montaría desde la mañana al anochecer! ¡Qué hombre!” Señala una voz femenina desconocida dentro de mi cabeza.
“¿¿¿Ehhh??? ¡Qué pasa hoy con mi monólogo interno!! Debo apresurarme o llegaré tarde a la escuela.”
PDV Eric Lafallete.
Poder volver a hablar con Isabella, me deja más tranquilo. Sé que la cagué. La dejé por Juliette, pero fue un error. Isabella es a la que amo y eso causó muchos problemas en la relación. Peleábamos continuamente por esa razón. Yo no quería asumir nada entre Isabella y yo porque siempre me aclaraba que éramos solo amigos. Ella me devolvía directamente, sin escalas y sin retorno, a la zona de amistad, cada vez que quería llevar las cosas más lejos. Así que me cansé en seguir insistiendo y ahí fue cuando decidí darle una oportunidad a Juliette.
Me desilusioné profundamente cuando cumplí dieciocho y me di cuenta de que Isabella no era mi pareja destinada. Aún mi lobo lo recuerda y se queja. ¡Dándome una gran jaqueca! Anouk, mi lobo negro, es… Hum… como poder ponerlo en buenas palabras. Es un gusto adquirido. Debes conocerlo para saber que es un gran romanticón, con un distintivo sentido del humor, el cual habla como si hubiera nacido en New Jersey.
Él me mira molesto mientras replica, “¡Hey! Te dije que no te alejaras de Isabella y que estar con Juliette ¡era una pésima idea! pero tú nunca escuchas, ¡maldito idiota! Cuando entenderás de que no hay nadie como ella. Ella es nuestra Luna, ella es la luz que ilumina nuestro camino. Creo que sería una excelente idea, una de las mejores que he tenido, a decir verdad, que una vez que cumpla sus dieciocho años y si aún no encuentra a su pareja destinada, ¡podemos tomarla como nuestra pareja elegida!”
Yo replico enojado, “¡Wow! ¡Qué gran idea! ¡Como si Isabella no nos ha puesto unas mil veces en la zona de la amistad! Por la diosa no puedo creer que serás el próximo Alfa... Pareces un perro faldero.”
Y ahí lo veo. Colocando los ojos en blanco y dándose la media vuelta con su cola bien elevada, perdiéndose en los confines de mi mente.
Pero sé que Anouk, tiene razón. Siempre la he amado, desde que tengo uso de razón. Me siento atraído hacia ella como una polilla hacia la luz. Ella ilumina todo. Honestamente no me importa si tiene o no un lobo. ¡La quiero a ella! Solo quiero estar ahí para ella, cuidarla, mimarla, aaww… Si solo ella me diera una oportunidad, sé que la haría feliz. ¡Lo sé! Nunca le faltaría nada. No solo yo la amó, sino que toda la manada la ama. Sería una formidable Luna y sé que sería una maravillosa compañera. Solo si pudiera darse cuenta de que es perfecta para mí, como yo lo soy para ella.
¡¡¡Piiiiii piiiii!!! Suena la bocina del carro.
“Vamos apúrate, Eric, ¡no tengo todo el día! Y me rehúso a llegar tarde ¡por culpa tuya!” me grita Isabella, desde su auto.
Y hasta ahí llego mi estado de ensoñación de cómo sería mi vida perfecta. Saco mi cabeza por ventana de la casa y le grito,“¡Ya voy Isa! ¡Cálmate!" Luego, me subo a su escarabajo, mientras me mira diciendo, “¿Por qué te demoraste tanto? ¡Ni yo me retraso así!”
“En serio, no quieres saber.” Se lo digo moviendo las cejas de forma juguetona y sugerente.
“YUG! ¡Asqueroso! ¡demasiada información! ¡No quería saber tanto! ¡No somos tan íntimos como para compartir eso!” Me replica.
“¡Tu preguntaste!” Le digo moviendo las manos.
“En serio espero que te hayas lavado las manos por lo menos,” me dice.
“Ante todo, soy un hombre muy limpio, princesa.” Le replico.
Ella me dice, “Ja ja, muy gracioso.” Y luego blanquea los ojos.
Antes de que me diera cuenta, Isabella nos condujo a la escuela. Nos bajamos del auto y caminamos hacia mi primera clase. Isabella compartía conmigo casi todas. Se nos une Sophia y Marcos, los cuales son nuestro grupo de amigos.
“Hey chicos, quiero hablar con ustedes, ¿puede ser?” Les digo a los dos.
“¿Qué?, ¿Acaso no eras tan popular como para pasar el tiempo con nosotros? ¿o ya te aburriste de la cabeza hueca de tu novia?” Dice Sophia.
“Está bien, me lo merezco.” le replico.
Sophia me observa con sus ojos brillantes de enojo, mientras dice “Oh no, chico. Tú no tienes idea de lo que te mereces. ¡Estoy recién empezando!”.
Isabella se acerca a Sophia colocándose enfrente de ella, la abraza inmovilizándola mientras le dice: “Déjalo en paz, Sophia. Juliette lo engañó con Mathias. Eso, ya es castigo suficiente para él. Solo necesita de nosotros. Dale un respiro.”
“¿Es eso cierto?” Pregunta Marcos, con su mirada fija en mí, extremadamente preocupado.
Lo miro con mis ojos muy abiertos. Suspiro y respondo, “pues sí. Los vi besuqueándose a fuera de la casa de Juliette. Honestamente, el solo recordar esa escena, me provoca ganas de vomitar.”
“¿Y qué hiciste?” Pregunta Sophia, con auténtica curiosidad en su voz.
“¿Qué se suponía que debía hacer? Rugí de ira e impotencia. Y luego le di un puñetazo en la cara a Mathias, rompiéndole la nariz. Salí de ahí con Julie detrás mío. Gritaba cosas, lloraba, pero no hice caso. Me subí al auto y fui directo a casa. Luego, me quedé en la cocina, perdido en mis pensamientos, cuando Isabella bajó y de ahí nos quedamos conversando y aclarando las cosas”, les explico.
“Amigo, estás perdonado. Ninguna zorra tiene el derecho a tratarte como basura. Eres nuestro futuro alfa. ¡Te respeto!”
“Si Eric, Sophia tiene razón. No vale la pena. Ella no vale la pena. Mejor olvidémonos de ella y vamos a clases. No quiero que La señora Ortega, me desolle vivo por llegar tarde,” dice Marcos.
“Si, tienes razón. Mejor vamos” le digo”. Estamos llegando a la clase de español, cuando Juliette nos detiene el paso colocándose delante de todos nosotros.
“¿No ha pasado ni un día y ya me cambiaste por esta zorra?” dice Juliette.
“Atrás Julie sino quieres que monte una escena,” le digo.
“Eric cariño, ¿podemos hablar?” Me dice.
Enojado le replico, “¡NO!” Rugí de tal modo que Juliette me miró asustada. Luego añado, “te lo dije anoche Juliette. No quiero volverte a ver. ¡Tú lo arruinaste! Y por la Diosa créeme cuando te digo que ¡YA NO MAS!”
“¡Si! ¡Ya vete zorrita! ¡Corre tras tu primo! ¡Que asqueroso es eso!” dice Sophia con desdén.
Y es en ese momento en que no volví a ver a Juliette por el resto del día.
“Diablos, Eric, ¡recuérdame no cruzarme contigo cuando andas de malas!” Dice Isabella.
“Sabes muy bien que jamás te hablaría así,” le replico.
“¿De verdad?” ella pregunta con su ceja levantada.
“Ja! ¡Cállate!” le digo.
“Bien, bien, vamos a clases,” ella dice con una sonrisa.
La mañana paso muy rápido. Sin notarlo, ya es hora de ir a entrenar.
El entrenamiento es obligatorio en la manada. Sin importar el género o la edad, todos deben ser capaces de defenderse tanto en forma humana como lobo. Generalmente los entrenamientos son de dos horas. Una como humano y la otra como lobo.
Isabella solo participa de la primera mitad, debido a su falta de lobo. Así que la veo cómo se va a sentar a las graderías mientras no me quita la vista de encima y observa cómo me saco la ropa para transformarme. Hum… Estoy intrigado… Muy intrigado.