Capítulo 3

La mañana llegó con un silencio inquietante en la mansión. Claudia se despertó, sintiéndose atrapada en un mundo que no reconocía. La opulencia de su habitación no podía ocultar la sensación de claustrofobia que la envolvía. Mientras se sentaba en la cama, su mente seguía girando en torno a Jonathan y sus inquietantes revelaciones.

Un suave golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. Era una de las sirvientas, que entró con la tarea de hacer la cama y limpiar la habitación.

La mujer, de aspecto conservador y rostro impasible, comenzó a mover las sábanas con una eficiencia casi mecánica. Claudia la observó, sintiendo una mezcla de curiosidad y desesperación.

-¿Puedo preguntarte algo? -dijo Claudia, su voz temblando ligeramente.

La sirvienta levantó la vista, pero su expresión no cambió. -No debería hablar contigo, es contra las reglas.

Claudia sintió que su corazón se aceleraba. No podía dejar pasar esta oportunidad. -Por favor, necesito saber más sobre Jonathan. ¿Quién es él realmente?

La sirvienta dudó, mirando hacia la puerta como si temiera que alguien pudiera entrar en cualquier momento. Pero al ver la angustia en los ojos de Claudia, su resistencia comenzó a desvanecerse.

-Está bien, pero solo un momento -dijo finalmente, su voz baja y cautelosa. -Jonathan es... Jonathan De Luca.

El apellido resonó en la mente de Claudia como un eco. De Luca. Era un nombre que sonaba poderoso, imponente. -¿De Luca? ¿Qué significa eso?

La sirvienta suspiró, como si estuviera a punto de revelar un secreto peligroso. -Es dueño de una cadena de clubes nocturnos en Nueva York. Su reputación es... complicada.

Tiene vínculos con la mafia italiana, aunque aquí en Estados Unidos se presenta como un empresario legítimo.

Claudia sintió que el mundo se le caía encima. Un hombre de negocios con conexiones criminales. La idea de estar atrapada en la vida de alguien así la llenaba de terror.

-¿Y por qué me eligió a mí? -preguntó, su voz apenas un susurro.

La sirvienta la miró con compasión.

-No lo sé. Pero he escuchado cosas. Se dice que tiene un ojo para el talento, que busca a personas que puedan ser útiles para sus negocios. Pero también hay rumores de que es... obsesivo.

Claudia sintió un escalofrío recorrer su espalda. Obsesivo. Esa palabra resonaba con las palabras de Jonathan en la cena anterior. La idea de ser vista como un objeto de deseo, como una posesión, la llenaba de horror.

-¿Y qué pasa si intento escapar? -preguntó, sintiendo que la desesperación la invadía.

-No lo hagas -advirtió la sirvienta, su voz temblando-. No te quedará otra opción que sufrir las consecuencias. Jonathan no es un hombre que se detenga ante nada para conseguir lo que quiere.

Claudia sintió que su corazón se hundía. Estaba atrapada en un juego peligroso, y cada vez que pensaba en la posibilidad de escapar, el miedo la paralizaba.

-Gracias por decirme esto -dijo, sintiendo una mezcla de gratitud y tristeza. La sirvienta asintió, pero antes de que pudiera decir más, la mujer se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando a Claudia sola con sus pensamientos.

Se sentó en la cama, sintiendo que el peso de la revelación la aplastaba. Jonathan De Luca no era solo un hombre poderoso; era un hombre que operaba en las sombras, un hombre que podía destruirla si decidía hacerlo. La idea de ser parte de su mundo la aterraba.

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